Capítulo 11: Se acabó el tiempo


Kotori.

—¡No puedo creer que se hayan olvidado de mí! —se quejaba Nico-chan mientras tomaba de su bebida.

Llevé la comida hasta la mesa y procedí a darle una mordida a mi hamburguesa. Las hamburguesas de este parque de diversiones sí que eran muy buenas.

—Cuantas veces más tenemos que decirte que lo sentimos, Nico-chan~

Soltó un pesado suspiro, agarró y comenzó a observar su hamburguesa.

—¿Dónde están las demás?

—Bueno… No sabemos con exactitud donde están Rin-chan y Hanayo-chan. De seguro todavía deben estar siendo perseguidas por ese policía obeso dentro del parque… Honoka-chan, Tsubasa-san y Umi-chan fueron al baño. Y Eli-chan y Nozomi-chan, pues…

—¿Qué pasa con ellas? —preguntó alzando la ceja.

—Veras… Lo que sucedió fue que cuando estábamos en el laberinto, el TsubaHono nos estaba ganando por una buena distancia a mí y a Umi-chan. Entonces sin que ninguna de las cuatro se los esperara, alguien se tropezó, mejor dicho, escuchamos que alguien tropezó. Pero no fuimos ninguna de nosotras cuatro, fue Eli-chan que recién acaba de entrar junto a Nozomi-chan. Entonces, Honoka-chan y Tsubasa-san se detuvieron. Pero Umi-chan en ningún momento se detuvo y logramos alcanzarlas y forzar un empate al TsubaHono.

—Para ser honesta, pensé que si alguien fuera a caerse serian una de ustedes cuatro —dijo Nico-chan—. ¿Entonces, Eli se lastimo y Nozomi está cuidando de ella?

—No exactamente… Sino que lo que paso fue…

Ya que fue un empate y ustedes dos fueron las que perdieron, tendrán un castigo —anunció Tsubasa-san a Eli-chan y Nozomi-chan. —Y como Kotori y Umi-chan, no quieren participar en esto del castigo. Yo se los daré.

¡Y yo! —agregó Honoka-chan.

¿Cu-cuál será…? —preguntó Eli-chan avergonzada.

Veamos…

Tsubasa-san y Honoka-chan comenzaron a susurrarse cosas a los oídos. Luego de unos segundos, ambas decidieron. Se veía la confianza en los ojos de ambas.

El castigo será… ¡Un beso!

¡En los labios!

Acabemos con esto de una vez, Elicchi.

Nozomi-chan extendió sus brazos alrededor del cuello de la rubia y empezó a acercar su rostro.

¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!

Antes que el rostro de Nozomi-chan pudiera acercarse más, esta fue interceptada por la mano de Eli-chan.

¡N-Nozomi! ¡No puedo creer que estés de acuerdo con esto!

Elicchi. Nosotras perdimos. Hay que ser buenas perdedoras y aceptar nuestro castigo.

¡Y-yo no pedí participar en esto! ¡A-además, si lo haces ya no podré casarme!

¡Entonces tendrás que casarte conmigo!

En un rápido movimiento Nozomi-chan aparto el brazo de Eli-chan y aprovechó el momento de desconcierto de la rubia para unir sus labios a los de ella. Eli-chan abrió los ojos como platos y su rostro se fue poniendo rojo con el pasar del tiempo.

No se separaron a lo largo de diez segundos. Nozomi-chan tenía totalmente domada a Eli-chan.

Al final, se separaron de manera abrupta. Eli-chan se llevó la mano a los labios, sus ojos daban vueltas y con el rostro al rojo vivo, dijo:

¡N-no puedo creer que mi primer beso haya sido con una chica!

Y… se desmayó.

—Eso fue lo que paso —dije.

A Nico-chan se le cayó la hamburguesa de las manos, la cual no dio ningún mordisco porque estaba muy atenta a la historia.

—Ya-ya veo…

La expresión de Nico-chan parecía preocupada. Quise preguntarle la razón, pero no tuve oportunidad porque llegaron las demás.

Umi-chan se sentó a mi costado y Honoka-chan y Tsubasa-chan al lado de Nico-chan.

Cuando volví a ver a Nico-chan, ella ya tenía una expresión normal.

—¿Y qué haremos ahora, además de comer? —Preguntó Tsubasa-san—. Ese desafío de parejas de la carpa fue una estafa, no había nadie en la salida para darnos un premio.

—Bueno, tampoco cobraban la entrada… —comentó Honoka-chan.

—Si les parece bien, cada una puede irse por su cuenta, o en parejas, a explorar el parque.

—Me parece bien —dijo Nico-chan—. Yo iré a ver cómo están Nozomi y Eli.

—¿Tsu-chan quieres ir a ese paseo en balsa?

—Uff… —Pasó una mano por la frente—. Es una excelente idea, pancito. Pero, primero iremos a la montaña rusa.

—Está bien... ¿Umi-chan, Kotori-chan, quieren venir con nosotras?

Por mí no había problema. Aunque, a decir verdad, quería pasar un rato a solas con Umi-chan.

Dirigí mi mirada hacia ella. El brillo de sus ojos que se avivo por la competencia, estaba desapareciendo. En su lugar, las tinieblas que los cubrieron el día de ayer estaban volviendo.

—Creo que —agarre la mano de Umi-chan que estaba debajo de la mesa —, Umi-chan y yo nos tomaremos un tiempo a solas.

Ella me miro un poco confundida, a lo cual le devolví una sonrisa.

—Po-por mí, no hay ningún problema en ir a la montaña rusa… —dijo.

—Pero Umi-chan, yo quiero pasar un rato a solas contigo… —Acerque mi rostro al de ella, mirándola con ojos de cachorrito indefenso. Eso siempre funciona. Quizá no fue la mejor elección de palabras porque las demás se nos quedaron mirando…

—P-pero…

—Onegai~

—Es-está bien…

—Como esperábamos. Kotori la tiene domada.

—¡Ca-cállate!

Así pasamos un buen rato entre pláticas y risas.

En el transcurso de la conversación Honoka-chan le pregunto a Tsubasa-san (En realidad le susurró al oído y aun así todos escuchamos claramente): ¿Qué castigo nos hubiera puesto?, En el caso en que Umi-chan y yo hubiéramos perdido. Ella no respondió nada y se llevó el dedo a los labios.

Ante eso las dos nos pusimos rojas. Lo cual me hace preguntarme: ¿Estoy deseando que algo suceda? No lo había pensado. Lo único que quería era animar a Umi-chan. Y creo que así debería seguir esta "misión".

Al terminar de comer, todos nos levantamos de nuestros sitios y nos fuimos a recorrer las atracciones del parque.

—Ne Umi-chan, ¿A dónde quieres ir?

—No hay un lugar en específico al que quisiera ir… Así que está bien si tú decides.

—Mmmm… —me pegue a su brazo, era cálido—. Entonces sigamos caminando. De repente de esa forma nos encontramos con algo interesante.

Asintió sin decir algo y seguimos caminando.

Caminábamos sin decir una palabra. Volvía esa sensación de tranquilidad. Esa sensación que hacía que estos momentos en los que ninguna decía palabra alguna se sintiera tan bien y de lo más normal.

—Kotori —pronuncio, acabando con el silencio, dirigiendo su mirada hacia la mía. Su voz salió de forma natural, uniéndose con el ambiente que nos envolvía.

Una brisa de otoño recorrió el lugar.

—Gracias —dijo—, por todo. Me siento feliz por el hecho de saber que has hecho esto por mí. De verdad. Eres la persona más importante en mi vida.

Me ruborice.

—No tienes que agradecerme… También eres la persona más importante en mi vida. —No resistí más. Tome valor y trate de no tambalearme con mis palabras—. Sabes Umi-chan. Creo que yo, desde que nos conocimos, no-no recuerdo exactamente. Pero, el caso es que, yo te-

—¡Umi-chaaaaaaaaaan! ¡Kotori-chaaaaaaaaaaan!

Un ensordecedor grito sonó a nuestras espaldas. Cortando mis palabras en el peor de los momentos.

Apareció Rin-chan y salto a nuestras espaldas.

—¿Qué hacen nya?

—Rin, no está bien interrumpir así a las personas —regaño Umi-chan a Rin-chan—. Discúlpate con Kotori por favor.

—L-lo siento nya…

—N-no es necesario que te disculpes Rin-chan…

—Bien. ¡Ah! ¿Qué era lo que ibas a decirme Kotori?

Las dos me miraron expectantes.

Había olvidado por completo la "misión". Debí suponer que nada bueno saldría de eso…

—N-no es nada Umi-chan… Te lo diré en otra ocasión~

—Está bien… ¿Por cierto Rin para que nos llamaste?

—Verán nya, estaba con kayochin caminando por el parque, y entonces encontramos un establo con animales, el cual resulto ser una mini-granja, con caballos, ovejas, vacas y alpacas nya.

—¡Alpacas! —grite.

—¡Si! ¡Alpacas! A Kayochin le gustan mucho, no sé porque, pero es así nya. Y en un momento ella dijo: "Ojalá Kotori-chan estuviera aquí... A ella le gustan mucho las alpacas" Y dada la casualidad de que las vi pasar. Entonces las llame a ustedes y así es como terminamos como estamos ahora nya.

—Y-y Rin-chan, ¿Dónde queda esa mini-granja?

—A nuestras espaldas nya. Ahora vengan conmigo porque eso hará muy feliz a Kayochin nya.

Rin-chan nos agarró de las manos y nos condujo corriendo hasta donde estaba la mini-granja. No puedo esperar a ver a las alpacas~

La sección de las alpacas no era muy diferente a la de los caballos. Todas las alpacas estaban en establos de madera con heno y una porción del suelo de tierra. Con un comedero y un bebedero. La única diferencia era que por establo había dos alpacas y no una.

No podía dejar de acariciar a las alpacas~ Eran tan adorables y esponjosas. Siempre me gustaron las cosas esponjosas al igual que mi almohada amarilla~

—¡Jovencita, no puedo acariciar a los animales!

—¡Ah! Lo siento…

—Sé que también quieres acariciarlos Kotori-chan —dijo Hanayo-chan—, pero los señores no quieren que lo hagamos. Yo también las acaricie y los señores me regañaron feo. Me dijeron que algo paso la semana pasada y desde entonces no dejan acariciar a los animales.

—Es una pena Kotori. Pero tendrás que controlarte —me dijo Umi-chan.

—¡Es muy injusto! —me quejé—. Entonces solo podre acariciar a Umi-chan~ —la rodee con mis brazos y frote mi rostro contra el suyo, a lo cual ella se sonrojo—. Es tan suave~

—¡M-me estas avergonzando!

—Es raro ver a Umi-chan avergonzada nya. Hazlo más seguido, por favor Kotori-chan nya~

—¡Rin!

—Por cierto —dijo Hanayo-chan—, ¿A dónde irán después de aquí?

—La verdad, no lo sabemos. Supondré que seguiremos caminando por ahí como hasta ahora ¿No, Umi-chan? —Ella asintió.

—¿No quieren venir con nosotras nya?

—Nosotras iremos a la parte trasera del parque. Al parecer va a ver un concierto de Uchimorin of tiger a las siete. Gratis. ¿Seguras que no quieren venir?

—Pero Hanayo-chan, apenas son las seis…

—Sí es que… el lugar se va a llenar…

—Creo que pasamos esta vez.

—Bueno, ustedes se lo pierden nya. Nos vemos más tarde Umi-chan~ —se despidió y agarro por los hombros a Hanayo-chan, sacándola fuera del lugar.

—Sí, más tarde…

—¿Sucede algo, Umi-chan?

—No es nada. Vamos, Kotori —esbozo una sonrisa.

—Sí…

Las tinieblas volvían.

—¿Umi-chan estas bien?

—Sí, Kotori. No es nada, no te preocupes —soltó un suspiro—. Es más ¿a dónde debemos ir? No podemos seguir caminando para siempre.

—Jeje~ Tienes razón…

No podía creer que estando en un parque de diversiones, me estaba quedando sin ideas para la diversión. Era un poco comprensible, viendo que la zona de los juegos estaba un poco alejada de donde nos encontrábamos.

Seguimos caminando y nos adentramos a una muy concurrida por personas. No era equivocado decir que, un poco más y esto se asemejaría a un banco de peces.

Con mucho esfuerzo, mire a mis alrededores y encontré la perfecta actividad que podíamos hacer en el momento. Algo que siempre quise hacer desde hace tiempo.

—¡Umi-chan, sígueme!

—¿Qué? ¡Oye! ¡Kotori espera!

A pesar de sus gritos, continúe corriendo entre la muchedumbre. Sabía que a pesar de eso, Umi-chan sería capaz de seguirme el ritmo. Tampoco es que yo sea la corredora más rápida sobre la faz de la tierra. Diría que es todo lo contrario.

Por fin logre llegar y afortunadamente el puesto estaba sin clientes.

—¡Kotori! —dijo Umi-chan que llego unos segundos después de mi—. No vuelvas a… hacer eso… ¡Podríamos separarnos!

—Lo siento Umi-chan~ Es que me emocione muchísimo al ver este lugar.

—¿Este lugar? ¿Qué es este lugar?

—¡¿No lo recuerdas?!

Ella movió la cabeza de lado a lado. Solté un suspiro.

—Muy bien… veamos…

—Déjeme que se los explique señorita —dijo el señor barbudo del puesto.

—Aaa… está bien…

—Veras señorita —se dirigió a Umi-chan—. En este puesto puedes ganarte cualquiera de los peluches que ves ahí.

El puesto era madera. Por un lado estaba en ventanal donde podíamos ver al señor y el otro lado estaba dividido en varias repisas con peluches coloridos a cada lado.

—El juego es simple —dijo el señor—. Pagas, te doy un boleto y tres oportunidades, tres pelotitas. Si logras tirar con unas de las pelotas al peluche, te lo quedas. Si no, te quedas con nada ¿Captas? —finalizo rascándose la barba.

—Y-ya veo… ¿Esto era lo que querías hacer, Kotori?

Asentí con alegría.

—Está bien. Deme un boleto.

—¡Espera Umi-chan! ¿Qué estás haciendo?

—¿Eh? Pues voy a comprar un boleto para ganar el peluche que quieres…

—¡No! ¡Absolutamente no! ¡Yo voy a ser la que juegue y gane un peluche para ti!

—¿Pe-pero porque? No es que quiera un peluche o algo así…

—Parece que lo has olvidado —suspire—. No tienes remedio, Umi-chan... En ese caso, déjame refrescarte la memoria. Cuando éramos niñas tú ganaste un peluche de conejito azul en una feria para mí. Durante mucho tiempo quise devolverte el favor, pero no tuve la oportunidad.

Ella abrió los ojos y se me quedo mirando con la boca abierta.

—Kotori… no tenía idea… Tampoco era que pretendiera que me debías algo y no es necesario que me devuelvas lo que hice-

—Pero Umi-chan —le dije, viéndola a los ojos—, yo quiero hacerlo. ¿Así que déjame hacer esto? ¿Sí?

Todavía se me quedo mirando sorprendida. A los ojos de Umi-chan parecía que acababa de ver algo sorprendente.

Ella asintió y dio un paso hacia atrás.

—Un boleto por favor —le pedí al señor, entregándole el dinero.

—Aquí tienes jovencita. Buena suerte. Aunque si te soy sincero, desde que llegue, han sido muy pocas las personas que han logrado llevarse un peluche de aquí. Quizá por eso la gente ya no viene y estoy en la quiebra…

—Y-ya veremos…

Agarre las tres pelotas, parecían pelotas de tenis, pero eran más ligeras. Me posicione en frente de todos los peluches.

Había varios de los que podía elegir. Pero ya tenía uno en la mira, el peluche de un pajarito gris. Se veía adorable y fácilmente podía ver a Umi-chan con él entre brazos.

Respire hondo y me prepare para lanzar.

Dirigí la vista a mi objetivo y lance la pelota hacia mi objetivo. Sentí como esta se deslizaba por mis dedos y salía en dirección hacia el peluche. Más perfecto no pude haber sido el primer tiro.

Fue directo a impactar hacia él. Sin embargo, este ni se inmuto.

No se movió ni un solo centímetro ni hizo movimiento alguno.

—¡Hey! ¡Eso es trampa! ¡Se vio claramente que le dio! —vociferó Umi-chan desde atrás.

—Puede que si le haya dado jovencita. No obstante, parece que la jovencita no tiene la suficiente fuerza para mover el peluche. Si se moviera tan fácilmente ¿Acaso no crees que las personas ya se habrían llevado todos los peluches?

—Tch…

—Está bien Umi-chan. Lo lograre.

Me prepare y lance la segunda pelota.

Esta apenas logro rozar el peluche.

—Que mal… —dijo el señor—. Te queda un tiro.

—Kotori-

Alcé la mano indicándole que no diga nada. Esta vez tenía que lograrlo.

Lance la tercera pelota. Esta formo una parábola hacia el peluche y logro darle en la cabeza. El peluche se tambaleo un poco, pero después volvió a quedarse en la misma posición.

Desilusión.

—Mala suerte niña. Puedes intentarlo otra vez si deseas.

—No lo hagas Kotori. Es una estafa.

—Deme otro boleto por favor.

—¡Sí que eres persistente jovencita! Aquí tienes.

—Kotori…

—Yo puedo hacerlo Umi-chan.

Por cuarta vez, lance una pelota hacia el peluche, pero el resultado fue el mismo. Nada paso. ¿Qué tan difícil puede ser hacer caer un peluche? ¿O es que soy muy débil?

—No quiero sonar pesimista jovencita. Pero la única forma de que logres hacer caer uno de estos peluches, es que tengas el doble de masa en tu brazo. Si sabes a lo que me refiero.

Básicamente me estaba diciendo que era muy débil. Genial.

—Entonces, dos brazos deberían poder hacer caer uno de esos peluches —dijo Umi-chan que se acercó detrás de mí y pego su cuerpo al mío, sujetando mi mano.

—¡¿U-Umi-chan?!

Su rostro estaba muy cerca al mío, podía sentir su aliento cosquillearme el cuello.

—Uu-mi-chan no es un buen momento para que quieras darme un abrazo…

—¡N-no es eso! De esta manera deberíamos ser capaces de tirar al peluche. Dos brazos haciendo un mismo lanzamiento. ¿No hay ningún problema con esto? ¿Verdad? —le pregunto al señor.

—Hagan lo que quieran. De cualquier forma no van a poder lograrlo.

—No perdemos nada intentándolo, Kotori.

—Umi-chan ya te dije que yo quiero-

—Devolverme el favor. Ya lo sé. Pero… si tú quieres algo, yo también lo quiero. Así que por favor, déjame ayudarte en esto. ¿Está bien?

Suspire. Cuando Umi-chan se pone así, puede a ser tan terca como yo. No podía dejar de ver su blanca sonrisa y su mirada sincera.

—Bien —mire al frente—. Está bien Umi-chan. Lo haremos juntas.

Su mano era cálida.

—Les quedan dos tiros.

Me hacía sentir segura.

Sin más que esperar, lanzamos la pelota.

Esta fue en línea recta a impactar contra el peluche. Al igual que una bala.

Retrocedió, un poco. Pero no lo suficiente.

—Un tiro.

—Puedes hacerlo Kotori.

Podemos, Umi-chan.

—Sí, tienes razón.

Ejercí más presión en mi agarre. Alcé mi mano y sentí como la pelota se desplazaba por mis dedos, tocando por última vez mi dedo medio.

El lanzamiento fue como la última vez. Muy rápido, solo que esta vez se generaba una pequeña parábola.

Me aterrorice al ver que la pelota no alcanzaría su objetivo. El lanzamiento fue muy corto o eso creía. Alcanzo el suelo de la repisa, rebotando contra esta y golpeando al peluche en la cabeza. Finalmente, este se tambaleo y termino cayendo. Lo habíamos logrado.

—¡Lo hicimos Umi-chan! —Acto seguido la abrace.

El señor se nos quedó viendo con los ojos abiertos.

—Pero esto no puede ser posible… —dijo.

—Usted dijo que no había ningún problema. Eso quiere decir que ganamos limpiamente.

—Tch… Supongo —agarro el peluche y me lo dio—. Aquí tiene señorita. Ahora háganme un favor y no vuelvan.

Y tal y como dijo el señor, no volvimos.

Continuamos caminando por el lugar. Yo llevaba el peluche en manos y Umi-chan estaba a mi costado. Parecía que habíamos irritado al señor. Después de que nos fuéramos, llego una pareja que quería participar, sin embargo, el señor se puso a discutir con ellos. Estaba muy enojado. A ese ritmo, su tienda quebraría tal y como dijo.

A nuestro alrededor, ya no habían tantas personas como antes y el vasto cielo azul comenzaba a juntarse con tonos anaranjados y rojos que venían desde el ocaso.

Me detuve y Umi-chan también lo hizo.

—Toma Umi-chan. —Alcé con las dos manos el peluche en dirección a ella.

—Kotori, ya te dije que no es necesario —respondió en tono modesto—. En serio. Si deseas puedes quedártelo…

—Umi-chan, yo quiero que lo tengas. ¿Acaso eso está mal?

—… No. Para nada. —Recibió el peluche, lo miro por un momento y lo abrazo—. Gracias, hoy ha sido un maravilloso día. Gracias —sonrío, me sonrío.

En ese momento, sentí que podía seguir observándola para siempre, así como estaba, por el resto de mi vida. Su silueta contrastaba con la del cielo y todo a su alrededor se llenaba de color.

Desearía tener una fotografía de ese momento.

—¡Y el día todavía no termina Umi-chan! —Agarre su mano—. ¡Todavía nos queda mucho por hacer!

Ella cedió. Umi-chan no sabía a donde nos dirigiríamos. Yo tampoco. Lo único importante es que estábamos las dos juntas y que nos divertiríamos a donde sea que vayamos.

El oscuro cielo azul de la noche se había puesto sobre nosotras.

El día se acababa y después de obtener el peluche, habíamos subido a unas cuantas atracciones, además de la montaña rusa.

Nos dirigíamos al centro del parque. Nozomi-chan nos había llamado, diciéndonos que quería que todas nos reuniéramos ahí porque quería hacer algo. Le pregunte a Umi-chan si tenía alguna idea de lo que tramaba y ella dijo que no.

—Nozomi puede llegar a ser muy impredecible. Aunque si la pones contra las cuerdas puede llegar a mostrar un lado de ella que no muchos conocen. En situaciones incomodas es otra historia.

—Mmm… ya veo…

—Umi-chan —la llame—, ¿Quieres que guarde el peluche? Veo que no dejas de observarlo~

—Ah-ah, eh… Es que me da miedo que se vaya a ensuciar… no es que este avergonzada o algo por el estilo…

—Ajá, si quieres lo guardo en mi mochila~

—Es-está bien…

Me entrego el peluche y lo guarde.

Continúe mirándola. Quería que me dijera aquello que no quería decir.

—Quizá si era un poco vergonzoso ir con un peluche en brazos…

—¿No fue tan difícil decirlo? ¿Verdad~?

—S-si me hubieras dicho que traiga una mochila no estaría pasando por esto…

—Jeje no hubo mucho tiempo…

Por un momento, el ambiente se puso tenso y ninguna dijo palabra alguna.

—Es una pena que el día se esté acabando… —susurró mirando al cielo.

—Umi-chan no te preocupes —le anime dándole palmadas en la espalda—, ya vendremos otro día.

—¡Chicas! —llamó alguien que estaba a unos metros de nosotras, era Nozomi-chan. Junto a ella estaban todas las demás. Nos acercamos rápido hacia ellas—. Al fin llegaron —dijo.

—¿Y bien? ¿Para qué nos llamaste a todas Nozomi? —preguntó Nico-chan.

—Que cruel eres Nicocchi... Y yo que pensaba en que podíamos irnos todas juntas a nuestras casas… Bueno, dejando eso de lado —su ánimo cambio totalmente—. La principal razón para que las llame fue para ver los fuegos artificiales.

—Pero Nozomi-chan —dijo Hanayo-chan—. ¿No sería mucho mejor verlos más de cerca, que desde aquí?

—Quizá estés en lo cierto, Hanayo-chan. Pero en realidad, este es el mejor lugar por una razón —hizo un ademan con sus manos mostrándonos lo que estaba a sus espaldas.

—¡La rueda de la fortuna!

A las espaldas de Nozomi-chan había una inmensa rueda de la fortuna de un intenso color rojo, con luces doradas que pasaban por cada una de las cabinas que tenía.

—Exacto. Ya falta poco para que lancen los fuegos artificiales. Si nos subimos ahora podremos verlos desde la altura.

—¡Es una fantástica idea nya! ¡Vamos kayochin!

—¡Espera Rin-chan…!

Al parecer esas dos no podían esperar más. Se subieron después de que Nozomi-chan terminara Nozomi-chan.

—Jeje~ ¿Nozomi-chan subiremos todas o cómo será la…?

—Kotori. Ya se fueron…

—¡¿Qué?! ¡¿Nos dejaron solas?! —¡Espera! ¿Eso significa…? Que… subiré con Umi-chan…

Enseguida, escuche un mensaje proveniente de mi celular. Era un mensaje de Nozomi-chan.

Nozomi-chan:

Kotori-chan. Un pajarito me dijo, ¿Un pajarito?, digo, un gatito me dijo que intentaste confesarte a Umi-chan.

En ese caso, espero que no desaproveches esta nueva oportunidad que te estoy dando ;)

No estoy segura si mi rostro reflejaba mis emociones en ese momento. Pero de ser así, debía tener la cara de una idiota que acababa de recibir la oportunidad de su vida. ¡Gracias Nozomi-sama! ¡No desperdiciare esta oportunidad!

—¡A-ah! Umi-chan-

Voltee hacia ella, lucia insegura y decaída.

—Kotori. A-a decir verdad, tengo algo que decirte.

—¡Que coincidencia! Yo también tengo algo que decirte, Umi-chan. Vamos. —agarre su mano y subimos a una de las cabinas de la rueda.

La cabina tenía un espacio muy reducido, diría que máximo para cuatro personas. El interior era de color rojo oscuro con dos ventanas pequeñas al lado derecho e izquierdo y una grande al frente de la puerta, con dos asientos color negro a cada lado.

Nos sentamos en el lado izquierdo. Éramos las últimas para que iniciara el transcurso normal de la rueda. Después de unos segundos podía sentir como la cabina se elevaba y todo comenzaba a hacerse más pequeño desde la ventana.

—Ne, Umi-chan. ¿Qué era lo que me ibas a decir?

—T-tú también tenías algo que decirme ¿No? Tú primero…

Algo no andaba bien.

—Ah sí… Pero lo mío no es tan importante…

Su voz…

—¿E-en serio?

Se estaba…

—Sí…

Desmoronando.

—E-está bien…

El silencio se hacía presente y por la expresión de Umi-chan, ella no sabía que palabras utilizar.

—Jaja, no tengo idea de cómo comenzar —intentaba cubrir sus palabras con un optimismo que tanto ella como yo, sabíamos que era forzado—. Veras…

Es una pena que el día se esté acabando…

Algo no andaba bien.

Estaba erguida en su asiento, mirando al piso, con las manos echas puños sobre cada pierna.

—K-Kotori yo…

Algo no andaba bien.

Comenzó a temblar y sus ojos se humedecían.

La cabina estaba llegando a su máxima altura.

Subió la mirada, sus ojos marrones se encontraron con los míos.

Los fuegos artificiales empezaron, sonando a nuestras espaldas e iluminando parte de la cabina y el rostro de Umi-chan. Sus ojos brillaron en un semblante de tristeza.

—Mi padre quiere que mi madre y yo nos vayamos fuera de la ciudad —dijo en un hilo de voz.

El corazón se me hundió al estómago. Todo mi mundo se encerró en esa cabina y no me importaba nada más. No oía más que sus palabras y no veía nada más allá de la cabina. Algo no anda bien…

—¿Qué?

No podía comprender nada. No quería comprender nada.

Si esto era una broma, era una muy mala broma.

—P-pero —dije—, él no puede. ¡No puede-

—Sí puede Kotori —volvió a dirigir su mirada al suelo—. T-tú sabes quién es… Dice que no es un buen momento para que nos quedemos aquí... Quiere que vayamos a la casa de mi abuela en Osaka…

Otra vez no… Otra vez no… Esto no podía estar pasando otra vez.

—Umi-chan qui-quizá si lo convences…

—¡Ya lo intenté! —vociferó—. Intente convencerlo… Me dijo que si ganaba la competencia de kyudo, lo consideraría… Pero no gane… ¡No gane! ¡Lo único que tenía que hacer era darle en el centro a la estúpida diana, pero ni eso puedo hacer bien! —Abrió aún más los ojos al ver que levanto la voz. Tomo un rápido respiro y dijo—: Lo siento…

—¿Cuándo te vas? —pregunte, a pesar que no quería saber la respuesta.

Ya no sentía el latir de mi corazón. Mis ojos también comenzaban a humedecerse.

—Mañana a las ocho, en la noche…

Se me trabo la lengua. No sabía exactamente qué decir. Solo me quedo formular una pregunta que podría confirmar mis dudas.

—¿P-por cuanto tiempo te iras?

—No lo sé… Podrían ser días, semanas, meses o… —Ella no se atrevió a terminar esa oración. Yo tampoco quería.

Volvió el silencio.

—Lo siento —dijo de nuevo. Su voz sonaba frágil y débil—. No puedo creer que te esté haciendo esto otra vez —lagrimas se deslizaban por sus mejillas—. Me siento como una idiota… Otra vez me estoy yendo, y justo como la otra vez no puedo hacer nada para impedirlo… A pesar que te prometí que no me iría a ninguna parte… ¡Lo estoy haciendo otra vez! ¡Me siento tan…! Impotente…

Impotente. Esa era la palabra. Pero Umi-chan, tú no eres la única que se siente así ¿Sabes? Yo también me siento igual. No puedo hacer nada. Yo tampoco pude hacer nada la última vez que te fuiste.

—Lo siento… —se inclinó sobre mí, con los brazos sobre mi regazo. Mirando hacia abajo. Era muy doloroso verla en ese estado—. Lo siento Kotori… Yo-yo… soy una inútil…

Sus lágrimas caían. Como gotas de lluvia, esperando un impacto inminente contra el suelo. Pero a pesar que estas estaban separadas por la distancia, unas de otras; no estaban solas. Umi-chan no era la única que lloraba, yo también lo hacía.

Mis lágrimas se juntaron con las suyas, al igual que nuestros sollozos.

Ella detuvo cada acción suya al percatarse de esto. Levanto su mirada hacia la mía. A pesar que yo estaba llorando, a pesar que las lágrimas no iban a dejar de caer, a pesar que dolía, sonreí.

La tome de los hombros y la ayude a volver a su posición inicial. Quedamos una frente a la otra. Ella me miraba sin entender el porqué de mis acciones.

Envolví su cuerpo entre mis brazos. Ella correspondió el abrazo. Y refugiadas en nuestros cuellos, dije:

—Está bien, Umi-chan. Está bien…

—¿Cómo puedes decir que está bien?

Nos separamos y volvimos a estar en frente de la otra.

—Porque me gustas —dije—. Me gustas mucho y este sentimiento que tengo por ti no se extinguirá. Existió en el pasado, existe ahora y seguirá existiendo. —Tome aliento y continúe—: Así que, ¡Estaré esperando! ¡Estaré esperando tu regreso, Umi-chan!

Nos abrazamos. Sus manos se aferraron a mi espalda. No quería dejarla ir. Sin embargo, tendría que hacerlo otra vez.

«¿Cómo eres capaz de decir algo así en un momento como este?» me preguntó entre lágrimas y con una sonrisa en los labios. «No lo sé…» respondí, «Si no lo hacía ahora, ¿Cuándo lo haría?» El tiempo se nos había acabado por segunda vez.

La cabina bajaba y su recorrido finalizaba.

¿Cuándo fue la última vez que lloramos tanto? Ah… ya recordé. Hace 11 años cuando tuvimos que separarnos por primera vez…

—Lo siento —volvió a decir en un susurro.

—Yo también. Lo siento, Umi-chan. —Lo siento por ser tan débil y no poder mantenerte a mi lado.

Bajamos de la ruleta y había llegado la hora de que todas volvamos a casa. En el camino intercambiamos números entre todas para estar en contacto.

Caminábamos hacia la entrada del parque bajo la luz y el ruido de los fuegos artificiales. Las primeras en irse fueron Nico y Eli. Después de eso, nos dirigimos a la estación para volver a casa. Al bajar nos despedimos de Tsubasa-san.

A mitad del camino, Umi-chan les contó a las demás que mañana se iba y les agradeció por lo del día de hoy. Las reacciones de todas fueron muy variadas. Nozomi-chan, pareció comprender un poco lo que estaba pasando Umi-chan. Rin-chan aunque lo entendió, se veía ligeramente molesta, en especial cuando topábamos miradas. Honoka-chan y Hanayo-chan se pusieron tristes, en especial la primera.

Umi-chan dijo que podíamos venir a despedirla mañana. Saldría de su casa hacia el aeropuerto. Ella prefería que la despidiéramos a las puertas de su casa.

Todas compartimos un abrazo y nos fuimos cada una por su lado.

Miraba al techo, recostada sobre mi cama. Intente conciliar el sueño durante horas, pero las lágrimas de mi tristeza me mantenían despierta. Me mantenía aferrada a mi almohada amarilla queriendo que se detuvieran. No lo harían. Sentía los parpados irritados y un pequeño vacío en mi corazón que se iba haciendo más grande con forme pasaba el tiempo.

Por fin había respondido a ese "Me gustas" que me dijo Umi-chan el primer día que nos volvimos a reencontrar. El sentimiento era mutuo. Pero ya era muy tarde.

Umi-chan se iba a ir. Eso era una realidad y un hecho que ya no podía ser cambiado.

Había sido muy lenta y despistada.

Intentaba pensarlo entre lágrimas. ¿Cómo no había visto esto venir? ¿Habría podido hacer algo?

Ninguna respuesta llegaba a mi cabeza. Lo único que llegaba era el desgarrador recuerdo del intercambio de palabras que tuvimos en la cabina, provocando que mi llanto aumentara con solo rosar aquel recuerdo. Al igual que cuando metes un dedo en una bañera de agua caliente. Te quemas al primer toque.

Mi cabeza estaba hecha un revoltijo de emociones. Algunas de estas emociones parecían guardadas bajo llave en un cofre. Y cuando este fue abierto, no me esperé la magnitud con la que me golpearían. La tristeza que me causaba el saber el que Umi-chan se marcharía, era mucho más amarga de lo que la recordaba.

El cofre también abrió otro tipo de emociones. Unas emociones que no creí que llegaría a experimentar debido a la naturaleza de mi persona.

Sentía odio hacia alguien. No era un odió dirigido a Umi-chan, sino a su padre.

Otra vez se la estaba llevando lejos de mí. Me causaba una rabia el saber que ese hombre tenía tal poder. Sentía que, si no golpeaba algo en ese momento, enloquecería.

Termine golpeando mi almohada durante unos minutos. Después de terminar exhausta, me di por vencida tirándome en la cama.

Mi mente se aclaraba y comenzaba a recordar sus palabras:

—…no es un buen momento para que nos quedemos aquí. Fue lo que dijo Umi-chan.

Tal vez no estaba viendo las cosas con total perspectiva. ¿Qué quería decir con eso? ¿Tiene algo que ver los individuos que menciono el papá de Umi-chan la última vez? ¿Por eso las estaba alejando? ¿Qué es exactamente lo que está pasando ahora? Esas preguntas me hundían en la intranquilidad.

Quizá el señor Sonoda no era tan malo como yo pensaba. Pero entonces, ¿Quién es el malo de esta historia?

Sin poder responder a esa pregunta, caí en un profundo sopor.

Nos encontrábamos a las afueras de su casa. Umi-chan ya había salido junto a sus padres y después de un rato llego una camioneta color negro que los llevaría al aeropuerto.

Umi-chan vestía ropas casuales y llevaba una pequeña maleta en mano. Su mamá no llevaba su típico vestido tradicional, en cambio vestía ropas casuales al igual que su hija. Ella no llevaba maletas, los hombres en traje negro se encargaban de eso. Agarraron las maletas junto a la de Umi-chan y las pusieron en la camioneta. Su papá usaba el terno negro, sombrero del mismo color y corbata azul con la que siempre lo vi vestir. Lo único fuera de lo normal eran las gafas negras que usaba. Mi mirada nunca se topó con la suya y aunque lo hiciera no podría ver a través de esos lentes. Su expresión permanecía seria. Subió a la camioneta junto a su esposa sin decir palabra alguna. Umi-chan se quedó con nosotras para despedirse.

—¡Te enviare mensajes todos los días nya!

—Umi-chan no te olvides de lo que hablamos —dijo Nozomi-chan en tono juguetón.

—Ustedes dos se preocupan demasiado… Estaré bien.

—¿Segura?

Umi-chan soltó un suspiro y sus ojos denotaban cierta inseguridad.

—Sí. Gracias.

Las tres se unieron en un abrazo.

—Te queremos Umi-chan —dijeron las dos en unísono. —No lo olvides —agregó Nozomi-chan—. Cualquier cosa puedes mandarnos un mensaje o una llamada.

Ella asintió.

—Gracias —dijo—. Las quiero.

Se separaron del abrazo. Honoka-chan y Hanayo-chan se acercaron.

—Umi-san, aunque la conocí poco tiempo, debo decir que la admiro mucho. Espero que tenga un buen viaje.

—Gracias. Espero que cuides de Rin.

—¡P-pero por supuesto!

—¡Umi-chan!

—Honoka…

—Espero que tengas un buen viaje Umi-chan —se acercó y le dio un abrazo—. A pesar que nos conocimos poco tiempo, siento que hemos formado una bonita amistad… ¡Ay dios sueno como mi madre!

—Fue un gusto ayudarte con la tarea Honoka —contestó con una sonrisa.

—¡Umi-chan no arruines el momento! —Las dos rieron y volvieron a abrazarse—. Te aprecio mucho.

—Yo igual, gracias.

Ya todas habían dicho lo que tenían que decirle a Umi-chan y solo faltaba yo. Me acerque a ella y quedamos una en frente de la otra. A sus espaldas podía ver la camioneta que se encargaría de llevársela lejos de mí.

—Vamos chicas —habló Nozomi-chan—. Has que darles su espacio a las tórtolas.

La noche caía sobre nosotras, envolviéndonos entre penumbras y teniendo como única protección la farola que a nuestro costado nos iluminaba con su blanca luz. Ningún ruido se escuchaba proveniente de la casa ni del vecindario. Todo estaba calmado y solo teníamos de la compañía de la otra y el leve silbido del viento.

—Kotori, yo…

Coloque mi dedo entre sus labios, callándola. Sabía exactamente lo que iba a decir.

—Está bien, Umi-chan. No es necesario que lo digas. Ya lo escuche lo suficiente y no tienes que disculparte. —Sujete sus manos.

Ella mostró una pequeña sonrisa.

—¿Guardaste el peluche? —pregunte.

—Sí. Está en la camioneta.

—Bien. No lo pierdas.

—Y-yo no podría perder algo como eso —contesto avergonzada—. Desearía quedarme más tiempo… Contigo...

—Estoy segura que la siguiente vez que nos encontremos, no nos volveremos a separar —respondí sonriente.

—¿Cómo lo sabes?

—Mmm… Como decirlo… La tercera es la vencida… ¿Supongo?

Ella rio junto a mí por mi comentario. Me encantaba escuchar su risa, tan dulce y melodiosa.

En ese momento, aproveche que ella estaba con la guardia baja. Me acerque a ella y deposite un beso en su mejilla derecha que no tardo en adornarse con un leve rojo.

—Espero que tengas un buen viaje Umi-chan.

—… Gracias Kotori…

Nuestras manos se separaron despidiéndose en último roce, llevándose su calidez.

Doy media vuelta y avanzo. Era mejor así... Ahora, solo la estaba retrasando y no creo poder soportar el verla marcharse.

—¡Kotori! —escuche mi nombre y mi corazón se aceleró.

Giró, y lo primero que veo es a Umi-chan acercándose a donde me encontraba.

Estando frente a mí, notó sus mejillas sonrojadas y respiración agitada.

—¿Umi-chan?

—Hay… Hay algo que siempre quise hacer contigo desde que regresé... Y tengo que hacerlo antes de irme.

Abrí los ojos por su respuesta y di un pequeño paso al frente.

—¿Y-Y eso es?

—No-no puedo decirlo con palabras… Es muy vergonzoso… Así que simplemente déjame hacerlo…

Asentí nerviosa y ninguna palabra más fue necesaria. Las dos sabíamos de qué se trataba.

Sin poder percibirlo, mi espalda termino recostada sobre la farola. Umi-chan se acercó más, uniendo nuestros cuerpos. Ella acariciaba mi mejilla con su mano derecha y con su mano izquierda sostenía mi cintura. Rodee su cuello con mis brazos y lentamente nuestros rostros ruborizados fueron acercándose. Su agitada respiración chocaba contra la mía y sus ojos llenos de deseo me llamaban junto a sus labios. Cerré los ojos y nuestros labios se encontraron, uniéndose junto a nuestra silueta en medio de la luz que brillaba dentro de la oscuridad.

No nos molestamos en ser gentiles. Ella me deseaba y yo la deseaba a ella. Tardamos en despegarnos. Fue un beso lleno de ansias y sentimientos cargados por los años. Después de que nos separáramos, volvimos a besarnos, una y otra vez. Un beso por cada primavera que estuvimos alejadas de la otra. Cada uno fue distinto, pero con la misma pasión del primero que había empezado todo.

Finalmente tuvimos que separar nuestros labios, terminando jadeantes por el repentino despliegue de adrenalina. Luego, nos abrazamos; seguras en el cuello de la otra. Su rostro estaba caliente al igual que su cuerpo y con su pecho pegado al mío, podía sentir el acelerado latido de su corazón.

—Estoy feliz… —confesé—. Muy feliz… pero a pesar de eso, una parte de mí no puede evitar estar triste… No sé si podré soportar el estar ahora sin tu compañía…

—Yo tampoco sé si podré soportar estar sin ti… —contestó—. Sin embargo, once años nos han separado, y esto no puede ser nada comparado con eso... Además, siempre existirán los mensajes y las llamadas.

—Sí… Pero sigue siendo injusto. Por fin estamos seguras de lo que sentimos por la otra, tuvimos nuestro primer beso y más, y justo ahora, una de nosotras tiene que irse…

—Kotori… —Nos separamos y entrelazó su mano derecha con la mía—. Yo volveré. Lo prometo. Y antes de que puedas pensarlo, volveré a estar entre tus brazos.

—Umi-chan…

Acerco su otra mano y acaricio mis labios.

—Tus labios me pertenecen. Al igual que los míos son tuyos. No lo olvides.

Asentí feliz.

Íbamos a volver a besarnos. Sin embargo, antes de que pudiéramos concretar algo, el claxon de la camioneta sonó detrás de nosotras.

—Debo irme —dijo y acto seguido, concretó el beso de hace unos momentos—. Nos vemos. Prometo enviarte mensajes todos los días.

Se separó y comenzó a correr hacia la camioneta.

—Por cierto, Kotori —se detuvo y volteo por un momento—, ¿Quién dijo que este fue nuestro primer beso? —dijo con una sonrisa y siguió su camino.

—¿Eh? —Me quede en blanco—. ¡U-Umi-chan! ¡Umi-chan a que te refieres con eso!

Intenté alcanzarla, pero caí de rodillas y solo podía ver como su silueta se acercaba a la camioneta y entraba en ella.

La camioneta se encendió y después de unos segundos comenzó a avanzar dejándome atrás.

Por la ventana del lado derecho, se asomó Umi-chan. Tenía el rostro ruborizado y el viento movía sus cabellos azules.

—¡Te amo! —gritó a la distancia.

Esas palabras tuvieron un efecto mágico en mí. Me levante y empecé a correr en dirección a la camioneta. Solo quería que me escuchara.

—¡Yo también te amo! —grite a todo pulmón.

Ella lo escuchó. Mostró una sonrisa y volvió a meter la cabeza dentro de la camioneta.

Dejé de correr y me detuve a observar como esa camioneta se llevaba al amor de mi vida.

A medida que la camioneta se alejaba, mi mundo iba perdiendo color. Hasta que desapareció de mi vista, dejando un mundo en blanco y negro junto a tonos grises.

Quería llorar y a la vez no. La tristeza de su partida seguía presente, pero el recuerdo de lo que hicimos el día de hoy y el saber que iba volver me hacía sentir feliz.

—¿Por qué me dejas con estos sentimientos, Umi-chan?

Mi mundo volvía a estar incompleto y esta vez era consciente de ello.

FIN.

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Bueno... sí, este es el capítulo final de la historia. Después de mucho pensarlo decidí darla por terminada. El ciclo se cerró y esta historia ya no la puedo avanzar más porque siento que ya cumplió su función. Mis ánimos con este fic ya no son los mismos y ya no me veo capaz de continuarla. Lo siento mucho.

Como siempre críticas constructivas y opiniones son bienvenidas (Con respeto pls). Muchas gracias por leer esta historia. Nos vemos en la siguiente. Saludos.