Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
A partir de aquí los encuentros serán del tipo "relleno" XD Soy una fanática hereje y pecadora que sólo sigue el animé y no el manga, y cuando escribí este fic la serie iba por el asunto de Pain. Por eso de aquí en más inventé circunstancias que justifiquen sus cruces, sepan disculparme.
En los próximos días subiré los tres capis restantes, no pude subir los siete juntitos y a la vez por una cuestión de tiempo. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
Cuarto encuentro
Avanzaban tratando de no hacer ruido. Habían decidido acercarse a pie para disminuir el riesgo de ser descubiertos antes de haber alcanzado el objetivo, un grupo de atracadores que tenían a maltraer a varias poblaciones cercanas a la Aldea de la Cascada. Según algunos aldeanos solían acampar en ese bosque, y la información resultó ser fidedigna.
A cierta distancia se advertía una fogata encendida con varios bultos alrededor y un par de centinelas de pie, aunque medio dormidos. "Punto a favor", pensó el joven líder del grupo asignado para la misión.
-No entiendo por qué nos dieron una misión tan tonta, Shikamaru –se quejó Naruto con fastidio, haciendo que sus compañeros se detuvieran en seco con la piel erizada por su falta de precaución.
-¡Shhhh! ¡Eres un torpe, Naruto! –le recriminó Sakura en susurros girando hacia él para taparle la boca con una mano, casi abofeteándolo-. ¡Dijimos en silencio!
-¡Sakura-chan! –intentó defenderse él, aunque casi no se le entendía nada debido a la violenta presión de la mano de la kunoichi, quien, indignada, se la restregaba sobre la boca haciéndole daño-. ¡No lo dije tan alto! ¡Sakur... mbmbm!
Shikamaru observaba la escena con gesto resignado mientras esperaba que terminasen de forcejear. Todavía distaban del objetivo, por lo cual su presencia no había sido detectada. La verdad era que en el fondo coincidía con Naruto, toda esa misión era un aburrimiento, pero necesitaban el dinero para seguir con la reconstrucción de la aldea. Ansiaba acabar con ello pronto y lo menos problemáticamente posible.
-Oigan, ustedes –dijo en voz baja-, ya, déjenlo para después o no terminaremos nunca.
Al final se impuso la prudencia y los chicos se calmaron. Antes de seguir avanzando, sin embargo, discutieron a media voz los pormenores de la situación.
-¿Se habrán dado cuenta? –consultó Sakura.
-Espero que no –respondió Shikamaru.
-Entonces sigamos –dijo Naruto-. No me gusta que estemos tan alejados de la aldea en estos momentos, ¡y la verdad es que tendría que estar entrenando!
-Todos tendríamos que estar haciendo cosas más importantes –repuso Sakura, ofuscada con su obstinación-, pero en la aldea cuentan con nosotros.
-No digo que no debamos ayudar, sólo digo que...
-¡Cállate, Naruto!
-¡Sakura-chan!
Y otra vez empezaron a discutir. Shikamaru, dándose por vencido, se sentó en el suelo, apoyó su cara en la mano y suspiró con fastidio. Pensó que no había nada más patético que un chico y una chica discutiendo por tonterías, sobre todo cuando el interés romántico de al menos uno de ellos resultaba evidente. Gracias al cielo él estaba a salvo de tan vergonzosos espectáculos.
Mientras los veía pelear, su mente comenzó a divagar. ¿Dónde estarían Choji e Ino? Cierto, ellos también tenían una misión que cumplir.
-... ¡Pues deja de quejarte y pon de tu parte, pedazo de...!
¿Y Sai? ¿Por qué no lo habían convocado a él? ¿Estaría en otra misión? ¿Y Temari? Con este pensamiento, un íntimo calor comenzó a expandirse por todo su cuerpo. Maldito si sabía dónde estaba. No la veía desde hacía semanas, ya que sus retrasadas obligaciones en Suna la forzaron a regresar.
-... ¡Ya Sakura chan, te arrugas cuando me insultas así...!
Por tácito acuerdo, no se habían despedido. Una despedida era un final y ellos estaban muy lejos de querer terminar aquello que apenas había comenzado. Tampoco le contaron a nadie, ni siquiera a sus amigos más cercanos, en qué nivel se hallaba su relación. Aunque, ¿tenían una relación?
Cada vez que pensaba en eso, cuando lo racionalizaba o lo analizaba, ninguna conclusión podía satisfacerlo, por más empeño que pusiese. Ninguna lógica veía él en una relación que se hallaba atravesada por tres días de distancia, por más afecto que hubiese entre los protagonistas. Y sin embargo, tampoco podía ser de otra manera. Para el caso, ni uno ni otro eran personas muy normales, por lo que tal vez de nada valdría esperar una relación precisamente normal.
Distraído con esas cavilaciones, no se percató del momento en que sus amigos dejaron de discutir. De pronto se encontró con que Naruto y Sakura lo miraban con interrogación aguardando a que se dignara a descender de las nubes, y se sintió avergonzado. Cuando por fin reaccionó decidieron continuar.
Iban agazapados entre el follaje. A unos diez metros del campamento se dividieron hasta trazar una especie de triángulo alrededor de los dormidos ladrones, no sin antes haber decidido cómo los capturarían: de a uno, y de la forma más silenciosa posible. Ya estaban ubicados en forma equidistante, aguardando la señal del chunin, cuando un terrible viento surgido de la nada los vapuleó a todos, ninjas y delincuentes, levantándolos por el aire como si fuesen plumas y haciéndolos caer violentamente contra el suelo.
-¡Aagh! –masculló Shikamaru, mientras se tocaba la cabeza a causa del dolor de la caída y trataba de ponerse de pie-. ¿Qué demonios?
De inmediato comenzaron a escucharse los quejidos de los sujetos que habían sido despertados tan cruelmente, quedando dispersos y magullados. Los tres ninjas consiguieron reponerse, no sin cierta dificultad, para poder averiguar lo que había ocurrido. Cuál no sería su asombro al ver a tres conocidas figuras paradas a corta distancia.
-¿Tú? –inquirió Shikamaru, incrédulo.
-¿Shikamaru? –articuló Temari, sorprendida. De pie entre Kankuro y Matsuri, la kunoichi sujetaba su extendido abanico volcado hacia un costado.
-¿Qué hacen ustedes aquí? –preguntó Sakura, curándose los golpes con una mano.
-Pues... ¿en una misión? –respondió con sarcasmo Kankuro, aunque sin entender muy bien por qué estaban también ellos ahí.
-¿Una misión? –repitió Shikamaru- ¿Capturar a esos ladrones?
-Evidentemente –respondió Temari, tratando de superar la confusión y de contener las emociones que la embargaban al verlo de nuevo.
-Pero si es nuestra misión –dijo él, comenzando a notar lo problemático de la situación. Por dentro el corazón se le salía del pecho, feliz de verla otra vez, pero ahora tendría que dedicarse a aclarar la confusión.
-Te equivocas, es nuestra misión –replicó ella. No habían viajado de tan lejos para que Konoha se lleve todo el crédito.
-A nosotros nos contrató la aldea de la Cascada –arguyó Shikamaru.
-Pues a nosotros también –aseguró ella, cerrando su abanico.
-A nosotros ya nos pagaron por la misión.
-¡A nosotros también! –insistió Temari, ya menos emocionada y más irritable.
-Pues menudo problema, ¿no crees? –concluyó Shikamaru con el mismo estado de ánimo de su bella interlocutora.
Ella puso los brazos en jarra; él los cruzó. Resoplando, el ninja le lanzó una furibunda mirada. Ofendida, la kunoichi lo observaba como si fuera a partirle la cara definitivamente.
-Ya, discutamos esto más tarde –intervino Kankuro, para apaciguar los ánimos.
-¡Cállate! –rugieron los dos, haciéndolo tambalear de la impresión.
Mientras tanto, Naruto, Sakura y Matsuri se habían encargado de atar a los ladrones uno por uno para evitar cualquier peligro de fuga. Sin embargo, los sujetos habían quedado tan maltrechos después de ese ataque que ninguno tenía fuerza para resistirse o escapar, por no decir que algunos todavía yacían inconcientes. Naruto conjeturó que serían muy hábiles para robar, pero su estado físico dejaba bastante que desear.
Terminada la tarea, se acercaron a los que seguían discutiendo. Sakura intentó atender los golpes de Shikamaru, aunque al percibir su irritación prefirió dejarlo para después.
-Es evidente que se trata de una confusión. ¡No entiendo por qué haces tanto alboroto por una tontería! –decía Shikamaru, maldiciendo por dentro.
-¿Tontería? –repuso Temari, dolida-. ¿Y cuándo se iban a decidir a atraparlos?
-Estábamos en eso cuando tú revoleaste tu abanico.
-Si no fuera por mí no hubieses podido.
-¡Tenía un plan!
-¿Cuál?
-¡No tengo ganas de explicártelo!
-¡Perezoso!
-¡Problemática!
-¡Vago!
-¡Terca!
Una gigantesca gota de sudor se dibujó en el grupo de ninjas que los observaban, no muy seguros a estas alturas de intervenir en la disputa. Sakura y Naruto tuvieron la impresión de haber vivido ya ese momento, mientras que Kankuro y Matsuri procuraban mantenerse a prudente distancia.
Distraídos en esos asuntos, ninguno de ellos pudo advertir que uno de los delincuentes había logrado zafarse y había comenzado a liberar al resto de sus compañeros.
-o-
-¿Están seguros de que no hay nada romántico entre ustedes? –inquirió de pronto Naruto apuntándolos con el dedo, haciendo gala de su falta de tacto.
Shikamaru y Temari enrojecieron hasta las raíces del cabello, pero no dijeron nada. En cambio, miraron amenazadoramente al inoportuno muchacho.
-Creo que mejor te callas, Naruto –le susurró Sakura al oído.
-¿Mm? Yo sólo decía –agregó él por lo bajo, cruzando las manos en la nuca.
-Sólo hay una manera de resolver esto –decidió Shikamaru, un poco más calmado.
-¿Cómo? –quiso saber Temari.
-Será molesto, pero tendremos que buscar al que nos haya contratado para preguntarle.
-Vaya, habló la Sabiduría.
-¡No empieces! –le advirtió él con el ceño fruncido.
Un ruido llamó la atención de todos. Alertas, escudriñaron en derredor hasta que por fin divisaron cómo los últimos ladrones que quedaban echaban a correr hacia lo profundo del bosque, tras el resto.
-Maldición –se quejó Shikamaru, al tiempo que se arrodillaba y unía sus manos. Por suerte había luna llena, facilitando que finas y ondulantes sombras se abrieran paso desde su cuerpo y se extendieran en dirección a los fugitivos.
-Lo que nos faltaba –dijo por lo bajo Kankuro, mientras ponía en funcionamiento a dos de sus marionetas y las manipulaba para alcanzar y atrapar a varios desesperados delincuentes.
-¡Kage Bunshin no Jutsu! -exclamó Naruto, y un grupo de clones se lanzó con él y Sakura al bosque para ayudar en la persecución.
Mientras tanto, Temari y Matsuri avanzaron a través de las ramas para tomar la delantera y frenarles el paso, lo cual la jounin consiguió haciendo uso de su poderoso abanico. Los delincuentes no pudieron llegar muy lejos, pues aunque eran numerosos, ninguno era ninja y no pudieron evadirse de los diversos ninjutsus de sus perseguidores. Incluso algunos, resignados, se entregaron sin más.
Poco tiempo después, Shikamaru los paralizaba a todos con su sombra para que los demás pudieran volver a atarlos. Le parecía insólito haber llegado hasta esa ridícula situación.
-Por obstinarse con tonterías casi los perdemos –comentó.
-Tú no puedes resolver nada si yo no intervengo –aseguró Temari.
El otro hizo una desagradable mueca.
-Creo recordar que yo también te he salvado en ciertas ocasiones.
-Lo recuerdo –comentó ella con sarcasmo-, casi originas un cataclismo universal por realizar tal esfuerzo.
-¡Je! ¡Qué ingeniosa! –exclamó él con fastidio.
Naruto y Kankuro revisaban las ataduras sin perderse ni una palabra de la discusión. Sakura y Matsuri se sentaron a cierta distancia de la pareja, contemplándolos sin hacer ruido, absortas, como si de una apasionante telenovela se tratase.
-¡No te esfuerzas ni siquiera para comer!
-¡Y tú no te quitas ese abanico ni para ir al baño!
Los espectadores enrojecieron. Un murmullo recorrió el auditorio, pero los protagonistas no lo registraron.
-¡Te cansas hasta para discutir!
-¿Y tú no te agotas de ver plantitas?
-¡Insensible!
-¡Antipática!
-¡Insolente!
-¡Desquiciada!
Temari, indignada, juntó aire para una respuesta contundente, pero su hermano la cortó.
-Eh, chicos, ya los atamos a todos. Shikamaru, puedes deshacer el jutsu.
El joven se puso en pie de golpe y se tambaleó, pues había utilizado demasiado chakra. Temari lo miró de reojo, preocupada, pero Sakura enseguida lo asistió. De todos modos se hallaba muy enfadada todavía como para correr a su lado.
Un repentino susurrar de arbustos les hizo desviar la vista para encontrarse con un sujeto que apareció de la nada, sonriente.
-Buenas noches –saludó el individuo haciendo una profunda reverencia-. Soy el guardián provisorio de la Aldea de la Cascada y quien los contrató para atrapar a estos malhechores. Quiero que sepan que tanto mi gente como los habitantes de las villas vecinas estamos muy agradecidos por su trabajo –y volvió a inclinarse.
Los jóvenes lo miraron con una ceja levantada.
-Eh, disculpe, señor guardián –acotó Naruto-, tenemos un problema aquí y nos gustaría resolverlo pronto.
-Somos dos equipos de ninjas –explicó Shikamaru-: uno viene de Konoha y el otro viene de Suna. ¿Puede decirnos a cuál contrató en verdad?
Todos se acercaron más hacia el guardián, expectantes. Una gotita de sudor se dibujó en el rostro del mismo, que empezó a tartamudear.
-Bu-bueno, yo... nosotros... –El tipo tragó saliva-. Sa-sabíamos lo que había pasado en Konoha, y como no estábamos se-seguros de que pudiesen venir... bueno... c-contratamos también a la gente de Suna... jejeje. –Y al notar las muecas de disgusto de los ninjas, agregó con timidez-. ¿Acaso hicimos mal?
-o-
De regreso a sus respectivas aldeas, el grupo de seis ninjas caminaba en fila india con cansancio y apatía. El viaje sería largo, por lo que decidieron ir juntos todo lo que el trayecto les permitiera. Una vez que pusieron en prisión a los asaltantes y después de haberle explicado al guardián, con toda la amabilidad posible, que no debían contratar a veinte aldeas shinobis para una misión como ésa, se despidieron y emprendieron la marcha.
Los que iban más rezagados eran Shikamaru y Temari, ambos en obstinado silencio. Ella se convencía de que no le interesaba hablar con él, y a él le daba pereza hacer las paces. En el fondo, se lamentaba por no haber podido tocarla ni siquiera una vez.
Concentrados en sí mismos, no se dieron cuenta de que cada vez se quedaban más atrás con respecto a los otros. Cuando Temari lo advirtió, tuvo la excusa perfecta.
-Nos estamos retrasando porque caminas muy lento, flojo.
-Pues adelántate –repuso él, fingiendo indiferencia.
-No puedo hacerlo si te quedas atrás.
-...
-Veo que cada vez te cansas más rápido.
-...
-En otras circunstancias te esmerarías mucho más –comentó la joven sugestivamente-. Vamos, camina, sé que puedes hacerlo.
Shikamaru estaba completamente rojo, pero se alegró de recordar.
-Eres una molestia... y una jounin de cuidado.
Ese cumplido la embelesó, haciéndole sonreír. Cuidando que nadie los viera, aproximó el brazo hacia el suyo para rozarle la mano con los dedos. Él como respuesta los acarició y juguetearon durante un buen rato de ese modo sin dejar de caminar ni de mirar hacia el frente, animándose con ese simple contacto.
-Tú tampoco estuviste mal –concedió finalmente Temari.
El otro alzó una ceja, incrédulo por el halago, pero también sonrió. Se llevó la mano libre a la nuca, resignado.
-Eres terrible, maldición.
-Por eso te gusto.
-Tal vez.
