Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Continúo con el proceso de edición y republicación del fic, en la presente ocasión terminaré de subir el resto de los capítulos.
Ya saben que este encuentro es "rellenito", pero espero que igual les guste. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
Quinto encuentro
-Ya Temari, déjalo.
-¿Mm?
-Sé que no te gusta.
-Dije que quería hacerlo.
-Pero debes disfrutarlo, no padecerlo.
-Shikamaru, si dije que lo haré es porque lo haré.
-Como quieras.
-...
-...
-Me rindo, el único que lo disfruta eres tú.
Temari se sentó, resoplando. Flexionó las piernas, apoyó los brazos sobre las rodillas y luego recostó su cabeza allí, mirando hacia su compañero. Shikamaru permanecía acostado sobre el césped, los brazos cruzados debajo de la cabeza, una pierna sobre la otra. No lograba entender cómo podía pasar él tanto tiempo inmóvil observando el cielo, ella ya se había hartado.
La bella kunoichi había llegado por la mañana. La accidentada misión que los reuniera la última vez no les había dejado espacio para la intimidad, por lo que llevaban mucho tiempo sin tocarse un pelo. Tenía la ilusión de que él, con su "mente brillante", trazara un plan para un reencuentro con todas las de la ley, pero Shikamaru, al verla, sólo le propuso que lo acompañara a la colina para observar el cielo hasta el atardecer. Y allí estaban, lo más campante él, fastidiada ella.
Como en la invitación venía la palabra "cielo" (no "nubes"), como la colina era la misma en la que se habían besado por segunda vez en sus vidas y como, siempre que lo veía, las mariposas del estómago se le subían al cerebro, Temari creyó que el chico le había leído los pensamientos y procuraba tener un poco de acción. Tarde recordó que dicho concepto le resultaba completamente ajeno. La propuesta era honesta, sin segundas intenciones.
-No puedo resistir tanto tiempo recostada sin hacer nada, Shikamaru. Juro que quisiera encontrar en las nubes el interés que tanto les tienes.
-No es difícil –explicó él perezosamente-, es el mismo que tú sientes por las plantas.
-Hum, puede ser –concedió ella con desgano. Llevó sus brazos hacia atrás para sostenerse y volvió a mirar el cielo, reflexiva-. Pero debe haber algo más que podamos hacer juntos, ¿no crees?
Él desvió sus ojos hacia ella.
-¿Algo como qué?
-Pues no lo sé... ¿Qué suelen hacer las parejas?
-No tengo idea –declaró el ninja, bostezando.
Temari se irritó. ¿Acaso se hacía el tonto? Era lo único que le faltaba. No estaba dispuesta a ahorrarle el trabajo y ser directa, quería que él tomara la iniciativa. Otras veces lo había hecho, incluso sin haberlo ella esperado, ¿por qué se mostraba tan parco ahora?
Shikamaru la observaba sin que ella lo notase, distraída con sus pensamientos. Sabía muy bien lo que la chica pretendía y él quería lo mismo, pero esta vez no tenía ganas de iniciar la acción. En el cielo había muchas nubes para ver aún.
-¿Ya no te gusto, Shikamaru? –preguntó repentinamente la joven.
-¿Qué? –exclamó él, sobresaltado, como si lo hubiesen despertado con una cachetada. "¿Habré exagerado con la indiferencia?".
-Seguramente no puedes con esto, debe ser problemático para ti tener una relación a la distancia –continuó Temari.
El chico comenzó a ponerse nervioso. Se sentó, mirándola con preocupación.
-Temari, yo...
-Quizás hayas conocido a alguien menos molesta –interrumpió ella.
"Menudo problema", se dijo Shikamaru, palideciendo, notando con inquietud que el gesto de la joven se tornaba inexpresivo, lejano.
-Tal vez hayas llegado a la conclusión de que no somos compatibles, que tenemos intereses encontrados.
Tenía que pensar rápido. Si esto seguía así había un 85 % de posibilidades de terminar desastrosamente su ya por demás problemática relación. Pero si se sinceraba y reconocía que no tomaba la iniciativa porque le daba pereza, aumentaba al 98 % el riesgo de que Temari por fin obtuviese su revancha.
-En definitiva –prosiguió ella- tú miras hacia el cielo, en cambio yo miro hacia la tierra.
Ahora Shikamaru enrojeció. Se sentía un tonto por haber fingido que no le importaba, cuando en verdad se moría por tocarla y por besarla.
-Yo los hago volar… tú los atrapas...
Un momento, ¿desde cuándo era tan ingeniosa? Shikamaru entrecerró los ojos. Oh, ¡la maldita mujer había estado jugando con él todo el tiempo, envolviéndolo!
Ella se mordió el labio inferior y lo miró a los ojos, desafiante. El pez había picado. El cielo estaba más oscuro, pero pudo distinguir perfectamente la irritación contenida en la mirada del chunin. "Mejor que se ofendan y no que se duerman", sentenció para sí misma.
-Me hiciste creer que te sentías mal por mi causa... no te lo perdonaré –le advirtió él.
-¿Qué pasa? ¿Vas a llorar otra vez, niñito?
-Me las pagarás.
-Oblígame.
Como sordo no era, captó muy bien la invitación. Sintió su corazón acelerándose al verla ahí quieta, aguardándolo, escrutándolo hechiceramente, al tiempo que sus sentidos se disparaban. La endiablada mujer se saldría con la suya.
Estiró su brazo para alcanzar la nuca de la joven y acercó su cabeza hasta él. Ella se dejó de buena gana, orgullosa de su pequeña estrategia, dichosa por el resultado. Sin embargo, en lugar de besarla, la retuvo a milímetros de su rostro. Ambos se quedaron observando los labios del otro, expectantes, extasiándose con la agitación que crecía en cada uno.
-Shikamaru –musitó Temari.
-Ahora seré yo el que juegue –murmuró él, rozándole los labios.
Permanecían sentados uno al lado del otro, las caras frente a frente. Shikamaru se ayudó con su otra mano para sostener entre ambas el rostro de Temari y así tenerla a su merced. Atrapó el labio inferior de la chica con los dientes, mordiéndolo con suavidad. Cuando lo soltó, sacó la punta de la lengua para deslizarse sobre él despacio, desde una comisura hacia la otra, por el exterior primero y luego por su cara interna, degustándolo como si se tratara de un apetitoso dulce. Se sonrió interiormente al verla jadear.
Temari trató de atraparle la boca, pero él adivinó el movimiento y se alejó lo suficiente para quedar fuera de su alcance, apenas por unos milímetros.
-Eres malo –se quejó ella a media voz.
Sin hacerle caso, Shikamaru repitió la acción en el labio superior de la rendida kunoichi con la misma parsimonia, torturándola y torturándose, pero también disfrutándolo. Luego besó apenas una comisura, su lengua se deslizó hacia el mentón y subió hasta la otra, trazando un húmedo surco en la piel.
-Tú eres deliciosa –replicó, haciéndola estremecer.
Después la besó levemente. Cambió el ángulo y volvió a besarla, sin extenderse. Repitió el contacto buscando otra inclinación, como si estuviera tanteando, degustando, dejando que esta vez ella participe un poco correspondiendo al breve impacto de sus labios. Luego comenzó a acelerar sus intermitentes toques con roces más llenos, hasta que se fusionaron en un cálido y embriagador beso.
Temari lo invitaba a entrar, pero él necesitaba seguir saboreando esos suaves labios, imprevistamente laborioso, obrando como si quisiera devorarlos. Cuando ya no pudo más, el muchacho permitió que su lengua hiciera su voluntad dejando que se adentrara, ansiosa, en esa maravillosa calidez. Se deslizó dentro de su boca hambriento, necesitado, lujurioso. Al fin podía besarla con libertad, porque ella era suya, había sido hecha para él.
Con sus bocas completamente unidas y sus lenguas enlazadas en un arrebatador combate, se dejaron caer sobre la hierba, quedando ella debajo. Dispuestos a revivir aquellos lejanos encuentros, dejándose llevar por los ardorosos impulsos que les recorrían el cuerpo, permitieron que sus manos también tomaran posesión, entre suspiros urgentes.
Temari le acarició la espalda, se aferró a sus hombros, recorrió la línea de sus brazos... Se sentía dichosa de estar así con él y trataba de transmitírselo en cada gesto, en cada presión de sus manos sobre su cuerpo, en el ininterrumpido juego de sus bocas. Sólo con él se sentía completa.
Shikamaru estaba decidido a llegar lejos, necesitaba saciar su alma con la pasión de la única mujer que lo ponía de cabeza. Su mano se cerró sobre uno de sus generosos senos para amasarlo con insistencia, arrancándole a ella un gemido de satisfacción. Luego acarició su vientre, su cadera, y volvió a posarse sobre su pecho, donde continuó con el vehemente masaje, mientras la besaba con denodado entusiasmo.
En este punto, el joven advirtió que cierta parte de su anatomía se apretaba dolorosamente contra sus pantalones demandando atención, por lo que, con inimaginable osadía, atrapó una de las manos de su pareja y la guió con resolución hacia el palpitante centro de su ser. Temari no lo impidió, porque creyó con felicidad que sus tan postergados deseos al fin se realizarían. Cuando su predispuesta mano rozaba donde él quería, una voz resonó a lo lejos.
-¡Shikamaru!
Ella abrió los ojos con espanto y se detuvo en el acto, cortando el beso de forma abrupta.
-¿Qué pasa? –exclamó el chunin, que se hizo el desentendido.
-¿Acaso no oyes?
-¿Oír qué cosa? Yo no he oído nada –afirmó, y volvió a capturar los apetecibles labios de la joven.
Sin embargo, al instante volvió a escucharse aquel inoportuno llamado, por lo que tuvieron que interrumpirse de nuevo. Esta vez no pudo hacerse el tonto, alguien más lo requería con creciente insistencia. Masculló una maldición, mientras dejaba que Temari se liberara de su abrazo.
-Te están llamando, Shikamaru, demonios –bufó ella con incontenible irritación.
-o-
Los amigos son un gran pilar en la vida, ¿quién podría negarlo? Sin ellos nuestra existencia sería más solitaria, no tendríamos a quién confiarle nuestras dudas, con quién compartir nuestras alegrías o con quién llorar nuestras penas. En las aldeas shinobis, el sentido de la amistad y el compañerismo son especialmente cultivados desde la más tierna edad, ya que también constituyen un valor esencial para la supervivencia. Pero a veces los amigos no aparecen en el momento más apropiado.
-Kakashi-sensei me envió a buscarte porque tenemos una misión –explicaba Chouji sin detener su cotidiana ingesta de frituras-. ¿Qué hacías aquí tan lejos, y con Temari?
Los aludidos no pudieron evitar enrojecer, lo cual llamó más la atención del ninja.
-La invité para contemplar el atardecer –contestó Shikamaru sin lograr contener del todo su nerviosismo. Fue muy frustrante haber sido interrumpido de esa manera, aunque no podría culpar a su mejor amigo por ello.
-¿Qué? ¿El atardecer? ¿No te parece cursi hacer eso con una chica? –indagó Chouji entre bocado y bocado, desconcertado por esa extraña conducta. Shikamaru nunca jamás en la vida había involucrado a una mujer en sus pasatiempos favoritos.
-Sí, es muy cursi –admitió él, encontrando una decorosa vía de escape-, por eso ya nos íbamos, ¿verdad?
-¿Eh? –repuso Temari, distraída-. Oh sí, ya nos íbamos –secundó. "Maldita misión, malditas frituras y malditas nubes", farfulló para sus adentros
Chouji los observaba, gruñía y masticaba. El asunto no le cerraba para nada pero lo dejó pasar, porque ya se había demorado bastante buscándolo y los estaban esperando.
Sin agregar mucho más, los tres emprendieron el descenso de la colina para regresar a la aldea. Chouji iba unos pasos más adelante, por lo cual los otros dos pudieron intercambiar algunas palabras a media voz.
-Otra misión, qué aburrido –fue el comentario de Shikamaru.
-¿Es todo lo que tienes para decir? –preguntó Temari, arqueando una ceja.
El muchacho suspiró, agobiado por lo que vendría y por lo que dejaba sin concretar.
-La próxima jugaremos shogi en mi cuarto, bajo llave.
Temari lo miró, asombrada. Shikamaru era realmente desconcertante: por momentos no accionaba ni siquiera para arrojar un papel al cesto (o para iniciar una sesión amorosa por sí mismo, sin chicanas), y otras veces demostraba una iniciativa tal que a los demás sólo les restaba seguirlo. Era un tipo raro, aunque debió admitir que esa paradójica personalidad era quizá lo que más le atraía de él.
-Como te parezca –respondió, sonriente.
-Y no creas que me olvidaré de lo que me has hecho hoy –le advirtió él-. Me las pagarás... y con intereses.
Ella se regocijó ante tal perspectiva.
-Tal vez sea mucho trabajo para ti –ironizó.
-Sí, será problemático –repuso perezosamente el chunin, llevándose una mano a la nuca-. Tendré que pensarlo.
-Sin esfuerzo no hay recompensa, Shikamaru.
