Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Este penúltimo encuentro en realidad sería el último, sólo que está dividido en dos partes. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Sexto encuentro.

-Parte I-


Observó las primeras casas de la aldea y suspiró con desaliento. Se arrepintió en el acto de haber rechazado el guía que le habían ofrecido en la entrada, el lugar era prácticamente un laberinto.

-Qué pereza –dijo por lo bajo Shikamaru, y comenzó a caminar con desgano.

Suna era tal cual se la habían descrito, salvo que a él no le caía tan mal la monotonía del paisaje. Si le daban un asiento en los acantilados que la rodeaban, estaría más que dispuesto a pasar algunas horas contemplándola, porque la monotonía visual siempre lograba captar su atención. Sin embargo, había viajado hasta allí buscando otro tipo de panorama.

El mensaje que llevaba no era urgente, pero contenía información que debía ser entregada en persona y requería de una respuesta. Él se ofreció desde el primer momento para hacer de recadero al saber que el destino era Suna, y se ruborizó al recordar la forma como casi se delata frente a sus compañeros al mostrar un inusitado interés por encargarse del asunto. Lo habían observado con tal estupor… Sacudió la cabeza para deshacerse de esos molestos recuerdos.

De pronto, lo acometió la problemática sensación de haberse perdido. Estuvo a punto de preguntarle a un aldeano para asesorarse sobre la dirección correcta, cuando divisó a lo lejos lo que claramente era el edificio del Kazekage. Entonces su cerebro capturó el desafío, calculó a vuelo de pájaro qué pasajes lo conducirían más rápido hasta allí y reinició la marcha sin más vacilaciones.

Al poco rato de transitar por el último trecho que lo separaba del edificio, una inusitada circunstancia lo detuvo en seco. Una sorprendente escena se desarrollaba a escasos metros de él, una que lo dejó patitieso: Temari estaba conversando muy animadamente con cierto ninja, nada menos que otro chunin, con un nivel de confianza que lo estremeció. Y lo más perturbador: ella le sonreía abiertamente y con naturalidad.

Shikamaru tragó saliva, contrariado. ¿Quién era ese tipo? ¿Por qué hablaban con tanto entusiasmo? ¿Desde cuándo ella sonreía de esa manera? ¿Cuántas veces le había sonreído así también a él? Empezó a rememorar contando con los dedos y descubrió, consternado, que bastaban los de una sola mano.

Apretó los dientes, irritado, y ahogó una maldición. Una vena palpitaba dolorosamente en su sien, marcando el pulso de su enfado. "¿Quién demonios es ese payaso?", se preguntó sin decidirse a avanzar.

Por si fuera poco, en ese preciso momento el atrevido chunin acercaba una mano al rostro de Temari para apartar de su frente algunos de sus cabellos. A Shikamaru la cabeza le dio vueltas. Estaba paralizado, furioso y una segunda vena se dibujó en su frente, palpitando hasta la exasperación.

Tuvo que tomarse algunos segundos para tratar de recomponerse. "Tranquilo", se decía, "la calma es tu amiga. ¿Pero por qué todo tiene que ser siempre tan problemático con ella?" Finalmente suspiró, desalentado. Sólo cuando se sintió un poco más seguro se decidió a encararse con la dicharachera pareja.

Temari sintió pasos pesados acercándose y giró la cabeza, extrañada. Al instante la sonrisa se le esfumó de la cara, porque la descolocó encontrarse de lleno con los ojos del único chico que tenía la facultad de cortarle la respiración.

-Shikamaru –murmuró pasmada. Se le quedó mirando con asombro, sin poder reaccionar. Le resultó difícil digerir la sorpresa de verlo en su propio hogar, le pareció inesperado, casi inverosímil. No atinaba a sobreponerse, hasta que de pronto se fijó en que traía el ceño contraído-. ¿Estás bien? –le preguntó, observándolo con interés.

-Estoy bien –respondió él de mala gana, aunque Temari percibió perfectamente la falta de calidez en sus palabras.

-¿Qué haces aquí? No sabía que vendrías –dijo ella con tono casual tratando de entender por qué parecía tan disgustado.

-Vine a traer un mensaje para el Kazekage –explicó él con sequedad-. ¿Acaso debería haberte avisado? –inquirió luego, observando al otro chunin como si quisiera fulminarlo.

Al advertir esa mirada, el misterio se reveló claro como el agua ante los ojos de la astuta kunoichi. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no echarse a reír.

-Claro que no, tonto –le dijo con toda la seriedad que pudo-. Es sólo que me sorprendiste. Déjame presentarte a Yutaro, la nueva incorporación de mi equipo. Yutaro, él es Nara Shikamaru, chunin de Konoha y un viejo amigo mío.

El joven Yutaro lo saludó alegremente. Parecía exudar simpatía por cada uno de sus malditos poros, pensó el celoso ninja, que le correspondió con un leve movimiento de cabeza como si apenas se dignara a reconocer su existencia. Eso a Temari le divirtió, pero también la incomodó un poco.

-Shikamaru no es muy conversador, tendrás que disculparlo, Yutaro.

-No necesito que des excusas por mí –dijo él, mirándola ceñudamente.

-Parece que el viaje fue muy agotador para ti, no me sorprende –repuso ella, sin hacerle caso-. Si nos permites, Yutaro, más tarde continuaremos con lo nuestro –y acentuó adrede cada palabra del enunciado-. Ahora tendré que ocuparme de las visitas.

El otro sonrió, alcanzando a entrever que había mucho más que una simple amistad entre su superior y ese huraño chunin de Konoha. Se encogió mentalmente de hombros, saludó con la mano y se alejó, dejándolos solos. Temari se volvió hacia el recién llegado.

-¿Algún problema? –preguntó, simulando la risa con una tos.

-¿Tendría que haberlo? –repuso él, observándola con ojos entrecerrados. ¿Por qué le había sonreído tanto a ese idiota y con él se comportaba tan seria?

-Actúas muy extraño, Shikamaru.

-Me preguntaba por qué te reías tanto con ese tipo –se aventuró a decir el aludido por fin.

-Es un muchacho muy simpático.

-¿Y por qué hablaban con tanta confianza?

-Cosas del trabajo.

-¿Cosas del tra...? –Aquí el chico ya no se aguantó y lanzó una indignada exclamación-. ¿Del trabajo, dices? ¿Sonreírle todo el tiempo son cosas del trabajo? ¿Dejar que el idiota te toque? ¿"Continuar con lo nuestro"?

-¿Qué pasa? ¿Acaso estás celoso?

-¿Quién está celoso? –exclamó él, cruzándose de brazos y mirando para otro lado.

Temari no pudo más y soltó la risa, provocando que la indignación del chunin fuera en aumento. Si fuesen una pareja normal, quizá hubiese debido enojarse y mandarlo a volar con el abanico por montarle una escena de celos tan absurda, no obstante, con tan pocas oportunidades para verse, entendía perfectamente la irritación del joven. ¿O debería decir la desesperación? Viéndolo así de celoso y perturbado, lo quiso todavía más.

A fin de cuentas no sólo los unía el amor, sino también la fe.

-Me alegro de verte, Shikamaru –le dijo simplemente mientras lo abrazaba en plena calle, sin cuidarse de las posibles miradas indiscretas. Se aferró a su cuello con firmeza, tratando de transmitirle todo lo que sentía al tenerlo de nuevo consigo.

-Te-Temari –balbuceó él, confuso por esa espontaneidad.

Entonces el encono se evaporó en el aire. Shikamaru sintió que todo el enojo acumulado se iba haciendo pedacitos y se dispersaba con la suave brisa que sopló en torno a ellos. Al segundo siguiente la estrechó con fuerza entre sus brazos.

-o-

El mensaje fue entregado. Gaara necesitaría tiempo para redactar la respuesta, por lo que Temari se encargó en persona de entretener al mensajero mientras aguardaba. Lo primero que hizo fue llevarlo a recorrer la aldea para que la conociera mejor.

Durante algunas horas el paseo resultó muy instructivo y agradable, ameno e interesante, pero Shikamaru aún no había descansado del viaje y pronto se sintió cansado. Además tenía hambre y necesitaba una ducha, por lo que la joven lo condujo a su propia casa para que pudiese asearse y reposar.

La vivienda era simple pero amplia, contando con varias estancias. Para ser el hogar de una mujer al chunin le pareció bastante despojado, carente de muebles y de ornamentos más allá de los indispensables para la vida cotidiana. El único detalle que revelaba la personalidad de su dueña era una serie de macetas con diversas plantas que se amontonaban junto al ventanal. Al verlas, Shikamaru no pudo evitar sonreír.

-El cuarto de baño está por aquí –indicó Temari llevándolo de la mano hacia una de las habitaciones-. Puedes tomarte tu tiempo, aunque no mucho –explicó, mientras llenaba la tina con agua-. Calcula que ya está anocheciendo y que seguramente mañana por la mañana debas partir –aquí su voz flaqueó, pero siguió con su tarea sin mirarlo.

Shikamaru la observaba en silencio con las manos en los bolsillos, sintiéndose algo incómodo, en parte contento y en parte perturbado. Pensaba que, estando así, casi parecían una pareja normal.

-Iré por unas toallas –anunció la chica mientras salía del cuarto. Al rato regresó con ellas y las acomodó en un estante. Cuando terminó de prepararle todo, se volvió hacia él con los brazos en jarra-. ¿Crees que necesitarás alguna otra cosa?

Un repentino brillo asomó en los oscuros ojos del ninja, un brillo que a Temari le pareció sospechoso. Tarde cayó en la cuenta de que la pregunta había sido demasiado sugerente, entonces enrojeció hasta las raíces del cabello.

Claro que él no se encontraba mejor que ella en esa situación, pero tenía muy en claro lo que quería. Para eso había venido, para tener una nueva oportunidad con la chica que lo traía de cabeza, para verla y sentirla durante el tiempo que se pudiese. Se sorprendió a sí mismo al preguntarse qué cosas no haría por Temari.

Sólo un paso tuvo que dar para acercársele, y su pulso se aceleró. Recordó la última vez que se vieron, cuando le había prometido que se vengaría de su juego de seducción, por lo que no iba a mover un dedo más aunque se estuviese muriendo por dentro. Sólo la miró y esperó su reacción.

Temari también recordó y entendió perfectamente cuál era su intención: quería que ella tomara la iniciativa, porque de esas tontas bravatas también estaba hecha su relación. "Muy bien, niño del cerebro mágico", pensó con resolución, "yo no soy ninguna perezosa".

Comenzó por posar las manos sobre el pecho del expectante ninja durante un momento, como si meditara. Lo primero que notó fue el enérgico ritmo de sus latidos, cosa que la subyugó. Es imposible medir la magnitud de los efectos que generamos sobre la persona que amamos y nos ama, pero ese simple indicio siempre resultará más que revelador, y a Temari la emocionó.

Motivada por ese descubrimiento, fue hasta el cierre del chaleco y lo bajó. Se lo quitó, dejó que cayera en el suelo y a continuación sujetó el borde de otra prenda para sacársela también. Lo desvistió sin apuros, como si fuese una ceremonia habitual entre ellos, sin serlo en realidad. Era casi tan íntimo como besarse. Por último le quitó la musculosa, obteniendo por fin la visión de su torso desnudo.

Ante semejante panorama ella no pudo menos que deleitarse la vista y el tacto, deslizando apenas los dedos por el contorno de su incipiente musculatura, percibiendo que su respiración se hacía más pesada. Era tal cual lo recordaba, sólo que ahora lo veía desnudo por primera vez. Él no tenía un cuerpo escultural ni fornido, nunca entrenaba y nunca lo haría, lo conocía bien, pero no era eso lo que ella buscaba. Le encantaba así, con su pecho moreno, liso, bien formado, masculino. Era imposible dejar de acariciarlo. Le dio un beso en la base del cuello y otro donde estaba el corazón.

Sobrecogido, Shikamaru también necesitó besarla. Se posó de lleno en su boca, que lo recibió de buena gana. Durante unos instantes se mordieron los labios, regocijándose con ese maravilloso contacto, abrazándolo ella por debajo de los brazos para aferrarse a su espalda, él cerrando el abrazo en torno a su cintura, anulando la distancia. Después la creciente embriaguez los instó a ir por más, dejando que sus ansiosas lenguas se exploraran con apetito, haciendo que el beso se volviese más húmedo y apasionado. Suspiraron y gimieron a la vez, dichosos de volver a experimentar ese ardiente cosquilleo que les corría por el cuerpo cada vez que sus labios se tocaban.

Temari acarició con parsimonia la piel desnuda de la espalda del joven como si quisiera memorizar cada detalle, cada irregularidad, cada región de ese nuevo territorio. Después fue descendiendo poco a poco hasta posarse sobre su trasero, donde cerró sus manos a modo de retrasada devolución de favores. Él intentó hacer lo mismo, pero una inesperada maniobra de la kunoichi lo paralizó. Después de presionar brevemente sobre esa firme superficie recién descubierta, Temari dirigió sus resueltas manos hacia la parte delantera. Un gemido escapó de los labios del fascinado ninja al sentir la audaz caricia.

-Temari –balbuceó, pero no pudo agregar más porque ella volvió a atrapar su boca con autoridad. Parecía que no estaba dispuesta ni siquiera a dejarlo respirar.

Su mano se cerró con posesividad sobre la tela del pantalón, masajeándolo con habilidad. Shikamaru experimentaba una continua descarga eléctrica circulando por sus venas y socavando su autodominio. Ahora él la abrazaba por los hombros tratando de estrecharla más contra sí, profundizaba la invasión de la lengua en su boca, expresándole de ese modo cuán delicioso era sentirla.

Ella dejó de acariciarlo sólo para bajar su cremallera y empujar la prenda hacia abajo. Aquí no les quedó más remedio que desprenderse para que él pudiera quitarse el calzado y ayudarla en la tarea. Luego volvieron a besarse con renovada pasión, pero esta vez Temari fue llevándolo poco a poco hasta la tina, obligándolo a meterse. Cuando lo tuvo allí, se soltó suavemente de su beso y de su abrazo. Pareció que se le ocurría algo. Mirándolo seductoramente a los ojos, llevándose las manos a la espalda, fue retrocediendo hasta la puerta, donde se apoyó. Su lujuriosa mirada paseó por todo su cuerpo desnudo.

-Eres hermoso –le dijo.

-¿Entonces? –indagó él, ansioso, ruborizado, y muy excitado.

Ella le sonrió de forma sugestiva, pero en sus ojos brillaba una chispa desafiante.

-¿Recuerdas hace años, cuando nos ayudaron a rescatar a Matsuri?

-¿Qué? –preguntó él, contrariado.

-La vez que te apareciste en medio de mi pelea con aquella ninja de la aldea Takumi.

Shikamaru frunció el ceño, tratando de entender a qué se refería. ¿Acaso bromeaba? No conseguía conciliar ese insólito diálogo con lo que estaban haciendo anteriormente.

-Temari, no creo que...

-¿Recuerdas lo que te dije después de haberla vencido entre los dos? –lo interrumpió ella.

El otro hizo una mueca.

-No sé a qué te refieres –dijo con despecho-. ¿Por qué no vienes aquí y…?

-Cuando lo recuerdes, Shikamaru –prometió ella mientras daba media vuelta y se retiraba del cuarto-. Sólo cuando lo recuerdes.

-¡Temari! –intentó el muchacho, pero ella ya se había ido.

El perplejo chunin se quedó mirando desorbitadamente la puerta, parado en la tina, solo, desnudo y frustrado. Sin lograr recomponerse, se detuvo a observar aquella forma erguida que palpitaba por debajo de su cintura.

-Qué problemático –masculló.