Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Tal y como lo prometí, esta es la segunda parte del último encuentro que he imaginado allá por el 2011 para este hermoso pairing. Hace tiempo que ya no escribo sobre ellos, por eso ha sido un placer releer y mejorar un poco esta historia.

Agradezco a todos los lectores que se siguen sumando a lo largo del tiempo y a aquellos anónimos que han dejado sus comentarios y que no puedo responder personalmente, pero que siempre leo con cariño y agradecimiento. Los que comenten con cuenta, sepan que les responderé.

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Sexto encuentro.

-Parte II-


Y pensar que siempre había soñado con tener una vida tranquila, casarse con una mujer común y pasar el tiempo observando las nubes. Pero se había enamorado de la mujer más problemática de la tierra.

Shikamaru estaba sentado a lo indio en la cama de un cuarto que supuso para él, porque allí Temari había dejado sus cosas. Vestido con una simple remera negra y un pantalón igual al de siempre, la única muda que se había llevado, permanecía solo, meditando. Ella había salido por comida sin hacer el menor comentario con respecto a lo sucedido en el cuarto de baño, lo cual aumentó su fastidio. "La muy descarada", pensó.

Parecía que la chica había tenido un nuevo brote de sentimentalismo, o al menos ésa era la explicación más plausible. Como en las novelas de caballería, su hermosa dama lo ponía a prueba antes de aceptar entregarse a él. "¿Acaso no hemos hecho el amor antes?", pensó con irritación. "¿Y no decía que no le gustaban los caballeros?"

Shikamaru intentó serenarse. En definitiva sólo le había hecho una pregunta, una simple y sencilla pregunta, nada más. Todo lo que tenía que hacer entonces era recordar. Tratándose de Temari podría haber sido peor. Estaba jugando, lo provocaba, pero esta vez él no se rendiría fácilmente. Ya lo había hecho una vez, y vean las consecuencias.

Suspiró con resignación. Decidido a cumplir con esa inopinada misión, unió las puntas de los dedos de sus manos, inclinó levemente la cabeza, cerró los ojos y el mecanismo echó a rodar. Siempre tuvo que trazar estrategias para enfrentarse con diversos rivales, en cambio ahora tendría que remontar la cadena de los hechos, recapitular. Se habían dicho tantas cosas a lo largo del tiempo...

Antes del secuestro de Matsuri se habían cruzado en dos ocasiones fundamentales: durante los exámenes chunin, cuando se conocieron, y durante la búsqueda de Sasuke.

La primera vez que se fijó en ella con interés fue en la pelea contra Tenten. De inmediato notó que era una gran estratega, que ganaría el combate. Luego llegaron las accidentadas rondas finales. Él ni siquiera tenía ganas de pelear, actitud que el público recompensó lanzándole todo tipo de objetos contundentes. A fin de cuentas su participación se debía pura y exclusivamente a la insistencia de Asuma, que quién sabe qué diablos había visto en él. Si no fuera por eso, no la hubiera conocido. "Asuma, viejo, apúntate un tanto".

Ya en ese entonces, siendo un niño, le pareció una mujer terca, un hueso duro de roer. Luchar contra ella fue difícil, él estaba traumado por tener que pelear siempre con mujeres, pero no le quedó más remedio que enfrentarla. Quedarse sin chakra fue la excusa perfecta para darse por vencido. Sin embargo, para su contrariedad, poco después lo premiaron con el grado de chunin. "Una lógica bastante singular", masculló.

Luego fue la partida de Sasuke y de nuevo tuvo la desgracia de enfrentarse a una mujer, la tal Tayuya, a quien prefería olvidar. Eso sí que fue problemático. Temari llegó a tiempo para socorrerlo, riñeron porque no le gustaba contar con el auxilio de una chica y luego riñeron porque él se sensibilizó con los resultados de la misión, la primera que dirigió. Y ella lo vio llorar. "Vaya forma de impresionarla".

La siguiente vez que se encontraron fue por el secuestro de Matsuri. Temari estaba en las últimas con esa ninja de la aldea Takumi, hasta que él pudo alcanzarla e intervenir. "¿Me había recibido con una luminosa sonrisa, como aquéllas que le hacía al tal Yutaro? Claro que no, ¿cómo podría?", pensó con ironía. Aun así, trabajando juntos, vencieron. Entre los sarcasmos, burlas y provocaciones habituales, ¿qué le había dicho ella al final?

Shikamaru abrió los ojos. Enrojeció, sorprendido.

-o-

La noche se había cerrado sobre Suna. De regreso a casa, Temari masticaba con desgano una castaña. ¿Por qué había actuado así con él? ¿Qué pretendía? En realidad, tendría que estar agradecida por esta nueva oportunidad, Shikamaru había recorrido los tres días de marcha que los separaban sólo para verla, más que para otra cosa. No solía hacer ese tipo de esfuerzo, a menos que el objetivo le interesase.

Ella también se sentía frustrada, no había sido fácil separarse e irse del baño cuando se encontraba tan excitada como él. De nuevo la había traicionado un inoportuno costado sensible, porque necesitaba escuchar al menos una razón que explique por qué continuaban intentando entretejer sus existencias aun cuando el tiempo y la geografía se empeñaban en mantenerlos separados.

"¿Qué le dije al terminar esa batalla? Bah, ¡qué desafío más tonto!", se reprochó. Sin embargo, se asombró al pensar cómo una frase meramente circunstancial de alguna manera había sellado sus destinos. ¿Él la recordaría?

De todos modos qué importaba, ella no era ninguna debilucha, podía hacerse cargo de las consecuencias si él se enojaba. También podía reparar los daños. Antes de que se marchara, lo acorralaría, lo besaría y se lo llevaría a la cama, kunai en mano si fuese necesario.

Al llegar a su casa se detuvo unos momentos en el umbral, indecisa. En una mano llevaba la comida y en la otra el paquete de castañas. Se dio ánimos, respiró hondo y entró.

Una vez adentro se dirigió hacia la cocina, dejó las bolsas en cualquier parte y se giró para ir a buscarlo a su habitación, pero él ya estaba parado en el vano de la puerta con las manos en los bolsillos, observándola con atención. No supo por qué, pero le recordó la mirada de aquel niño vago que había enfrentado en las rondas finales, sólo que esta vez no parecía que fuera a rendirse.

Su corazón bailaba, siempre era así cuando lo veía, porque para ellos verse constituía en sí mismo un regalo.

-¿Y bien? –preguntó la joven.

-Fue problemático –declaró él.

-Ya veo.

-Tuve que repasar algunas situaciones.

-Habrá sido agotador.

-Lo fue –dijo él suspirando, llevándose una mano a la nuca-. Hemos reñido bastante.

-Tenemos un carácter muy particular, difícil de compatibilizar.

-Yo no estaría tan seguro de eso.

-Puede que tengas razón –admitió Temari, mirándolo a los ojos. Le gustó verse reflejada en ellos, era como si formara parte de él. De repente hacía mucho calor.

Durante un lapso de tiempo que ninguno de los dos pudo medir permanecieron retraídos, en silencio, sin saber muy bien cómo continuar. Hasta que Shikamaru encontró su voz.

-En fin, con respecto a tu pregun... –Temari se abalanzó sobre el chunin y le cerró la boca con un beso. Sus brazos le rodeaban el cuello, lo atraían con fuerza hacia ella, lo apretaban, buscando sentir sobre sí cada línea de su cuerpo… y retenerlo.

Shikamaru la aceptó, sorprendido, regocijado y bastante desconcertado, abrazándola por la cintura en cuanto fue capaz de reaccionar, encerrándola contra la pared más próxima. Su respiración se volvió agitada, lo mismo que ella. Que lo aspen si entendía a las mujeres.

Lo besó con una sed abrasadora. Sentía su lengua demandando, exigiendo, deleitándolo con su sabia exploración, elevando peligrosamente su temperatura corporal. Sí, esta mujer era la más problemática de todas, ¡quién la entendía!, pero le encantaba.

Se encaminaron, besándose y tropezando con cualquier cosa, hacia el primer dormitorio que encontraron, que era el de ella. Una vez situados al lado de la cama se desprendieron, tratando de calmarse.

-Shikamaru, hoy tenemos que hacerlo bien –pidió Temari, agitada y muy ruborizada.

-¿Acaso hay una forma de hacerlo bien? –preguntó el joven, en el mismo estado que ella.

-Sabes a qué me refiero.

-No, no tengo la menor idea –reconoció él-. De todos modos qué importa. Disculpa pero ahora es mi turno de desvestirte.

La besó. Fue tierno y breve porque quería concentrarse en su anhelada tarea, ignorando que era precisamente eso a lo que Temari se refería. Al ninja le parecía injusto que ella se haya dado el gusto de verlo desnudo y que a él se lo privara de tal espectáculo, por lo que, algo nervioso y emocionado, empezó a desquitarse.

Lo primero que hizo fue retirar metódicamente la cinta roja que envolvía su cintura. A partir de allí, con sólo empujar los límites de su kimono obtendría lo que quería. La miró a los ojos y lo que vio lo alentó, porque reconoció en ellos su propia ansiedad.

Temari lo esperaba, casi sin aliento. Le costaba un poco permanecer quieta y dejarse hacer, pero se mantenía firme en su postura de realizar las cosas bien. Vio que él dirigió sus manos hacia su ropa, sintió un beso en el cuello y luego la prenda deslizándose.

Shikamaru la recostó sobre la cama, en silencio, impresionado por su belleza. Después le quitó el calzado, las medias y se colocó sobre ella, sosteniéndose con los brazos para no molestarla con su peso. Volvió a besarla en la boca con mayor deseo, con urgencia.

Cortó el beso para quitarse la remera, se inclinó de nuevo y recorrió su cuello con sus hambrientos labios, lamiendo por momentos, o mordiendo, imprimiéndole su pasión en la piel. Después bajó besando la línea central de su pecho, mientras que su mano describía apremiantes caricias sobre uno de esos senos que tanto lo enloquecían. El chico advirtió que aún llevaba puesto el sostén, lo cual entorpecía el disfrute completo de tan seductores atributos. Sin demorarse más, lo desabrochó y se lo quitó.

Todo lo que pudo registrar Temari en ese momento fue la boca del chico en su piel, lamiendo sin ningún recato cada centímetro de sus senos desnudos. Y cuando atrapó uno de sus pezones, succionándolo, una electrizante sensación disparó por sus venas, arrancándole gemidos. Shikamaru no pudo menos que sentirse complacido al escuchar esos estimulantes sonidos, incitándolo a profundizar en su labor. La sostenía por la cintura porque ella se arqueaba tratando de obtener más, y él estaba más que dispuesto a dárselo, desviando sus atenciones hacia el seno descuidado. No importaba lo que le hiciera, cada uno de sus avances la encendía, fuese sutil o ardientemente intencionado.

La sensualidad, la ternura y la pasión construyen la intimidad de una pareja. Difícil era para estos adolescentes sustraerse de la delicia y del asombro, asimilando las sensaciones propias y aprendiendo las generadas en el otro. Si bien ya habían hecho el amor, en aquella otra oportunidad obedecían a un irreprimible impulso inaugural, era apenas el despertar de la necesidad de unirse. Ahora por primera vez estaban dispuestos a entregarse.

Cuando se sintió satisfecho, Shikamaru extendió el húmedo recorrido de besos hasta su vientre donde se entretuvo por breves instantes, ansioso por llegar al centro más sensible de su ser. Anunció sus intenciones con una caricia que la hizo estremecer.

-Shikamaru –susurró Temari, y había ruego en su voz.

-Lo siento, pero tendré que quitarte esto –dijo él, tomando de un extremo la última prenda que conservaba la muchacha.

-Entiendo –dijo ella a media voz, tragando saliva-, trata de no romperla esta vez.

-Lo intentaré –repuso él en un apagado murmullo, a la vez que le levantaba las piernas para deslizar por ellas esa molesta ropa interior.

La visión de esa hermosa mujer totalmente desnuda lo cautivó. Ella se ruborizó al verse expuesta así, pero él la obligaría a disfrutar. Empezó por acariciar uno de sus blancos y suaves muslos, luego posó sus labios allí y cubrió con besos el trayecto hasta su intimidad. Temari gimió ruidosamente al sentir su lengua en ese lugar. Era una sensación demasiado intensa, nueva, ardiente. No podía controlar su cuerpo, que se retorcía e iba más hacia él, aceptándolo y requiriéndolo.

-Shikamaru –repitió con voz apagada, porque el placer la embargaba y la enceguecía. Sólo pudo posar una temblorosa mano sobre su cabeza para incitarlo a permanecer.

Al notar cuánto le gustaba, Shikamaru profundizó la acción. La sujetaba de sus caderas y se adentraba más en ella, extasiándose con su lloriqueo, con su entrega. Ya podía sentir la firmeza que su propio sexo adquiría, reclamando lo que era suyo. Succionó por última vez, se retiró de su interior con suavidad y reinició el camino de vuelta hasta su boca, donde la besó con renovada pasión.

-Temari, te necesito –susurró ansiosamente sobre sus labios.

La joven entendió. Se sentó para ayudarlo a quitarse el pantalón y la ropa interior. Al volver a verlo desnudo, tan hermoso y sensual, su deseo se incrementó y necesitó realizar su propia exploración. Lo recostó sobre la cama y se acomodó a horcajadas sobre él, tratando de no rozarse demasiado con su erección. Quería besarlo un poco más mientras pudiera resistir.

Lo besó en el cuello, se deslizó hacia su atractivo pecho, continuó por su vientre y volvió hacia arriba, para lamerlo y morderlo con devoción en cada línea y detalle de su torso, que tanto le gustaba. Notó su respiración agitada y tuvo la audacia de dirigir una de sus manos hasta su palpitante miembro, donde se cerró. Shikamaru gimió.

-Temari –balbuceó-, no cr-creo que sea b-buena idea.

Ella supo a qué se refería, pero aun así se sentó derecha, sin soltarlo, y lo miró a los ojos mientras lo acariciaba de arriba abajo, lentamente. Se sentía poderosa teniéndolo entre sus manos, reconociendo su textura, torturándolo. Le encantaba oír los eventuales gruñidos de su chico, mirándola como si de ella dependiera su vida. Cuando la misma Temari no pudo soportarlo más, se acomodó mejor sobre su sexo y se dejó caer con suavidad, hasta sentirlo dentro de sí por completo.

Un apagado quejido escapó de sus labios cuando por fin sus cuerpos y sus almas obtenían lo que tanto tiempo habían deseado. Durante unos segundos se sostuvieron la mirada, redescubriendo ese doloroso placer. Era increíble volver a estar juntos como amantes, adueñarse y pertenecerse. Temari se movía despacio, subiendo y bajando, sintiendo que su interior ardía. Shikamaru, hechizado por la fogosa tersura que lo apretaba, se aferró a sus caderas para incitarla a acelerar el ritmo. La voluptuosa maniobra no tardó en volverse frenética y alucinante.

Era sublime para el ninja verla saltando de esa forma sobre su miembro. Experimentaba una fricción exquisita, recibía un placer inimaginable, pero necesitaba retomar el control. Con sólo mirarlo ella entendió lo que quería y se dejó recostar sobre la cama, mientras él se acomodaba arriba y reiniciaba el impetuoso ritmo de la penetración. Lo envolvió con sus piernas y se aferró a su espalda, dejándose llevar.

Él jadeaba palabras arrebatadas en su oído mientras la embestía con energía, con entrega, con felicidad. Ella le correspondía con continuos gemidos, con caricias apremiantes en su espalda y con demandas verbales de mayor intensidad. Fue tal el frenesí que alcanzaron el éxtasis casi a la par, aunque él se esmeró para que ella llegara primero, friccionándose con fuerza en las zonas que recordaba más sensibles. De inmediato la indómita descarga los abrumó, generando ardientes espasmos en sus ansiosos cuerpos. Por unos instantes, sólo tuvieron sentidos para percibir el arrollador fuego del orgasmo que se prodigaban.

Entre lamentos de placer y suspiros de satisfacción permanecieron abrazados, disfrutando hasta la última sensación. Luego, en paz con el cielo y el universo, intentaron reponerse.

-o-

Sería una larga, intensa e inolvidable noche para ambos, la primera que pasarían juntos con relativa normalidad. Les quedaban pocas horas para disfrutarse y por nada del mundo las desperdiciarían.

Más tarde, cuando recordaron que tenían hambre, se envolvieron con las sábanas y fueron hacia la cocina. Nunca fue tan problemático para Shikamaru terminar de comer. De hecho no pudo hacerlo, porque Temari lo arrinconó para hacer otro tipo de cosas sobre la mesa, que se sacudía contra la pared.

Después de tanto ejercicio, la joven necesitó tomarse un baño. Una vez que la tina estuvo lista a Shikamaru se le ocurrió que tal vez necesitase ayuda, y se metió con ella. Al rato se acordó de que la kunoichi le debía una y se la cobró allí mismo.

Luego de esa tercera acometida, si fuera por ellos se hubieran quedado holgazaneando y jugueteando en el agua como chiquillos, pero ya era de madrugada y lo mejor sería irse a dormir para reponerse de la jornada. Entonces se secaron el uno al otro con muy poco respeto y se fueron a la cama.

Yaciendo de costado frente a frente, pensativos, se observaban con atención. A pesar de todo ese ajetreo el sueño aún no los vencía.

-Tienes dieciseis cicatrices –informó Shikamaru.

Temari alzó una ceja.

-Vaya, parece que mientras hacíamos el amor encontraste un nuevo modo de entretenerte –ironizó, aunque se sintió impresionada porque lo conocía y sabía que no estaba mintiendo.

-Es que tienes un cuerpo muy… interesante –declaró el ninja, mientras paseaba su mirada sobre él.

-¿Sólo interesante?

El otro profirió una exclamación que podía interpretarse como una afirmación o como una evasiva, la cuestión es que no iba a decirle lo que quería escuchar. Temari suspiró con resignación. Tuvo la ligera impresión de que sus conversaciones siempre serían una especie de vehemente pulseada entre el orgullo y la pereza, que para peor eran los pecados capitales más impopulares. Sin embargo, la idea no le desagradó del todo, ya que los conflictos siempre podrían resolverse de forma muy placentera.

Shikamaru aprovechó ese reflexivo silencio para cambiar de tema.

-¿Con hacerlo bien te referías a hacerlo desnudos en una cama?

-Sí –admitió ella-, aunque creo que a partir de ahora dará igual.

-Entiendo –dijo él. Era difícil hablar de lo que sentían, ninguno de los dos era romántico y se la pasaban huyendo de las cursilerías. Sin embargo, habría que buscar el modo, porque en algunas horas más él tendría que irse y quién sabe cuándo volverían a encontrarse. Trató de jugar con la pieza que le quedaba.

-¿Por qué me dejaste plantado esta tarde en el baño con esa pregunta? –inquirió.

Temari se removió un poco, aunque no dejó de mirarlo a los ojos. Ella también percibió que era necesario hablar.

-Sé que comparado con las batallas, llevar adelante este tipo de… relación que tenemos no implica un esfuerzo mucho mayor, pero ¿nunca te has preguntado por qué, a pesar de las circunstancias, seguimos juntos?

-Esas cosas no tienen explicación, Temari, lo sabes.

-Sí, lo sé. Pero también sé medir las distancias, el tiempo, los intereses... Y sé que de todas formas, por más que lo deseemos, la sombra no puede retener al viento.

-No, no puede, si crees que somos sólo eso. Y sé bien que no lo crees.

-¿Entonces qué somos, Shikamaru? ¿Qué somos tú y yo?

Shikamaru apartó algunos cabellos que le caían sobre los ojos.

-Hoy me lo preguntaste –le dijo, acercándose a ella hasta estar nariz con nariz-. Lo que me dijiste aquella vez, cuando vencimos, lo recordé. –Bajó un poco la voz pero habló subrayando cada palabra, convencido de lo que decía-. Tú y yo somos mucho más que eso porque somos dos en uno, Temari, aunque suene paradójico. Somos dos en uno, aliados, y lo demás carece de importancia.

FIN