Nació en un día de esos de calor y pereza.
Ya saben, los personajes pertenecen a su respectivo creador.
Titulo: Prueba tu fidelidad, bastardo...
Pareja: Spamano, SpainxRomano
Genero: Shota
—Bas-bastardo español, ¡aléjate! No quiero tus estúpidos arrumacos, apestas a agua de mar…
—¡Oh, mi querido Romano? Eres muy cruel conmigo. Mira que te he extrañado tanto mientras estaba fuera, déjame abrazarte y darte el beso de buenas noches.
Empezó el forcejeo amistoso del español contra el pobre chico vestido de encaje, que envuelto en tantas sabanas no pudo escapar.
—¡Qué no, maldito español! ¡Quién sabe con cuántos más te anduviste besando por ahí, hueles raro!
—¡Sólo pensaba en ti, mi amado Lovino! Te he traído cacao.
—¡Puedes meterte tu cacao por donde te plazca!
Logró zafarse de los brazos del mayor, para salirse de la cama y encerrarse en el armario. Entonces comenzó a llorar. Se sentía ofendido. Triste. Dejado. Traicionado. Antonio había ido a un viaje para ver si era cierto que se habían encontrado nuevas tierras por el occidente. Entonces además, encontró nuevas civilizaciones, entre las que destaco la de un joven canela llamado México. "Stupido Messico" había dicho el italiano apenas se enteró de las aventuras de su tutor en el mar.
—Vamos, sal. Prometo no molestarte si vienes a dormir.
— ¿Ni estar de empalagoso, bastardo? —preguntó limpiándose con la manga las lágrimas.
—Prometido — respondió el español, plantado fuera del armario.
Abrió la puerta bajando el rostro, y arrastró las plantas hacía la gran cama, donde se acomodó y comenzó a cubrirse con las sabanas. El mayor continuó con ello, mientras terminaba de echarle el último edredón y se sentaba a su lado. Acariciaba sus cabellos.
—Has tardado meses…
—América es un continente muy lejano, lo siento.
—Ya no te quiero, estuviste con alguien más…
—¡Oh, mi pequeño Romanito esta celoso! —gritó mientras se acercaba a besarle las mejillas.
—¡No!... Só-sólo que me da asco que anduvieras besando a desconocidos y lu-luego… vi-vinieras a besarme a mí… No eres serio conmigo.
El español miró la ventana, bien… no podía negar nada. Incluso andaba planeando pasar más tiempo en América con el niño nuevo.
—Pero, tú eres único para mi, querido italianito
—Pruébalo …— retó el chico descubriéndose las piernas, mientras el español se acercaba a sus labios.
…
Con el cuerpo moreno arremetiendo entre sus piernas, abrazado del cuello del mayor, gemía en su oído, mientras contestaba con la danza de sus caderas. Levantando la mirada al techo sintió como llegaba, viniéndose prematuramente en el vientre del mayor.
"Più".
Sin aún venirse, se separó de su colonia, sonriendo ladino el español apoyó en la cabecera de la cama su espalda, señalando al menor que se sentara en sus caderas. Gateando el italiano se acercó, acomodándose, y por su propio peso logró enterrarse aquella hombría, soltando un chillido que poco después se convirtiera en silencioso, opacado por sus gemidos mientras se acomodaba sobre su tutor.
"Più …".
El hispano le tomó del antebrazo, y con la otra mano le sujetó firmemente de la cintura, comenzando el vaivén que el menor sonrojado, aturdido y pareciendo una marioneta recibía. Las lágrimas de su principiante lujuria recorrían sus mejillas, mientras miraba indefinidamente puntos al vacio. No pasaron más de cinco minutos para que sintiera adormecido el vientre y volviera a venirse… Agitado se dejó caer sobre el pecho de su dueño.
"Voglio di più"… Pedía el italiano olvidándose por completo de su recién aprendido español.
Sin rozar siquiera el orgasmo, pero muy divertido, se levantó de la cama, llevando de la mano a su protegido se dirigió a una esquina de la habitación, misma donde una silla mecedora estaba colocada, junto al balcón. El mismo lugar donde de pequeño le contara cuentos, Antonio lo ocupó para acomodarse con el jovenzuelo sobre sí, volvió a invadirlo abrazándolo de la cintura, meciéndose y aprovechando el vaivén para penetrarlo.
"M-mi piace…"
Con los ojos semicerrados, sentía como el mayor le acariciaba y lo hacía sentir amado. Y entre los cariños y besos en la espalda volvió a rozar el cielo.
-¿Quieres más, amor? –preguntó, sintiendo apenas los nervios electrificados por el naciente orgasmo interrumpido.
- Se più …
Cargó a romanito, replegándolo a la pared, haciendo que su espalda caliente rozara el frío, provocando escalofríos. Abrió sus piernas con su cintura, y volvió a acomodarlo para a hacerle el amor. El menor pasó sus manos por el cuello, y se repitió la magnífica danza que su tutor tan bien conocía.
Cómo le quería, y le mataban los celos de imaginarse a su español con alguien que no fuera él. No por nada lo eligió como su primer amante. Cuando su cuerpo comenzó a crecer y fue consciente de los deseos que sentía entre las piernas, no dudó en contarle al otro. Cuál fue su sorpresa, que sin miedo y con mucho amor y paciencia lo instruyó en las artes amatorias.
Lovino entendía que no había un amante tan bueno como el suyo, ni alguien que más lo amará como él. Por eso le entregaba su alma y su todo, porque sabía que era correspondido con igualdad. Y de repente, volvió a llegar…
-Ti amo… An-Antonio…
-También te amo, Lovi…
El menor esperó a que su tutor lo soltara, o saliera de su cuerpo, pero al contrario, notó que las embestidas se hacían menos pausadas y su varonil fuerza aumentaba.
-Lo siento… no he acabo…
-Ha-hazlo en… mi…—contestó, cerrando los ojos y sujetándose con fuerzas, después de entrebuscar las palabras en español.
Sintió las uñas enterrarse en sus piernas, los suspiros entrecortados y sensuales, hasta que después de unos minutos sintió el gemido acallado, y luego la sensación hirviente en sus entrañas.
Había acabado.
Salió del chico, soltándolo lentamente hasta que sus pies tocaron el piso de madera, mientras el licor viril escurría de éstas, luego besó su frente y labios. Cansado lo cargó hasta la amplia cama, donde lo acostó en su pecho, mientras acariciaba sus hebras rojizas.
-An-Antonio… idiota… te amo porque me haces tan feliz… -dijo antes de cerrar los ojos cansado, mientras el mayor sonreía.
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