Tenía esto terminado pero no lo había publicado porque tenía que checar la ortografía y otras generalidades y no había tenido tiempo…y de hecho no tengo mucho tiempo en este momento pero si no es ahora no será nunca! :c

Es decir, muero lentamente. Aún así puede que tenga errores, así que pido una disculpa por adelantado.

One Piece no me pertenece a mi sino a Oda- sama (*-*) yo solo cree la historia que están leyendo.

Free World Now

Capítulo 4: Sangre gris

Se despertó sintiendo una pesadez extrema en su cabeza. Lo primero que vio sobre él fue el techo de su habitación, blanco e inmaculado. Parpadeó dos o tres veces antes de restregarse los ojos con las manos y respirar profundo. Se puso de pie de una manera tan brusca que en seguida sintió un fuerte mareo y tuvo la necesidad de dejarse caer otra vez en la cama y sujetarse de la orilla lo más firmemente que pudo, pues sentía como si estuviera a bordo de un barco que se mecía bruscamente con las olas.

Finalmente consiguió salir de la cama y caminar fuera de su habitación. Escuchó un murmullo proveniente de algún lugar en los alrededores y ubicó con la vista el final del pasillo, donde encontró la puerta de la habitación donde estaba la televisión. Se rascó un poco la cabeza y en un esfuerzo por concentrarse pudo distinguir la voz de Franky…y después la voz de Robin.

Abrió la puerta y ambos voltearon hacia él. La televisión estaba apagada y ellos estaban sentados uno a lado del otro en el sillón. Chopper dormía acostado en el regazo de Robin, que lo acunaba de la forma más dulce.

-Vaya, amigo, no te ves nada súper- expresó Franky mientras se ponía de pie-, pensaba ir por algo de café a la cocina, ¿Quieres una taza?

Zoro movió su cabeza afirmativamente, de una forma tan pesada que Franky dejó salir un soplido de incomodidad.

-¿Qué me dices de ti, muñeca?

Zoro no pudo evitar que un ruido de alerta hiciera molestia dentro de su cabeza cuando escuchó a Franky decirle esto a Robin. Ella volteó hacia él, que ya estaba en la puerta, sonriéndole de esa manera tan encantadora y desconcertante que tenía.

-Me vendría bien.

-¿Crema?

-Un poco.

-¿Azúcar?

-Una cucharada.

Franky asintió con una pequeña sonrisa. Zoro rodó los ojos y se cruzó de brazos. No se iba a poner en ese plan con Franky. No era nada serio y no era su incumbencia cualquiera que fuera el trato que tuvieran entre ellos. No se iba a poner así con Robin.

Suspiró casi tan incómodamente como lo había hecho Franky y caminó para sentarse en el sillón a lado de Robin. Recargó su cabeza hacia atrás y se cubrió los ojos con una mano mientras extendía sus piernas hacia adelante.

Luego de un momento, se distrajo escuchando que Robin tarareaba suavemente a Chopper. Le habían quitado el sombrero que siempre llevaba y ella se las había arreglado para acomodarlo en su regazo sin que sus cuernos la molestaran. Realmente parecía una madre cargando a su pequeño y esto provocó en Zoro una extraña sensación de desconcierto.

-Chopper no suele…

Robin levantó su mirada hacia Zoro. Él tenía su mirada fija en Choper y había hablado para sí mismo. Volteó a ver a Robin y le explicó sus pensamientos.

-Es raro. No suele dejarse cuidar de ese modo. Frente a nosotros siempre trata de ser…

-¿Rudo? ¿Fuerte? Será porque nunca habían tenido mujeres por aquí- observó ella mientras le daba otra caricia en la cabeza- ¿Nunca actúa así con nadie?

Zoro negó con la cabeza.

-Suele ser un poco menos tierno- se limitó a decir y no agregó nada más porque notó algo que no había visto antes. Robin tenía unas ojeras muy marcadas. A decir verdad, se veía cansada y demacrada.

Zoro levantó su mano hacia ella, la tomó de la barbilla y la hizo voltear hacia él.

-¿Qué pasa?

-Tus ojos.

Robin volteó la mirada hacia otro sitio pero no pudo mover su cara porque Zoro la sujetaba con fuerza.

-Estoy bien.

Zoro negó con la cabeza y la sujetó con ambas manos, para obligarla a mirarle. Ella finalmente lo hizo, bajando los hombros en seña de derrota.

-¿Qué ocurrió?

Ella se mordió los labios y Zoro hubiera jurado que le iba a contestar pero justo en ese instante Franky entró por la puerta llevando una bandeja que dejó sobre la mesa.

En ella había dos tazas de café, un plato de galletas y una botella de refresco de cola.

-Ahí tienen-anunció el ciborg con amabilidad-sobre todo tú, Zoro, te caerá bien.

Zoro tomó su café luego de darle otra mirada a Robin, que también tomó el suyo. Lo sopló un poco antes de probarlo, y se quedó en silencio mientras ellos al parecer continuaban su conversación donde la habían dejado.

-Entonces a ti tampoco te hacen pruebas.

-No exactamente. Como estoy registrado como un ciborg me tengo que hacer las pruebas en un lugar diferente y son distintas que las que les hacen a ellos. Nos tratan como si fuéramos vehículos o electrodomésticos, pero, ¿qué puedo decir? A veces es una gran ventaja.

-Puedo imaginarlo- contestó ella, visiblemente interesada en lo que Franky le contaba- Entonces supongo que tú no necesitas tomar esa droga.

-No, apenas comer mejor que lo usual y dormir un par de horas más- le dio un trago a su botella- cuidar un poco mi parte humana, si quieres verlo así.

Robin asintió.

-Igualmente, no siempre consumen la droga antes de las pruebas. Para aparentar algo de normalidad no tiene nada de malo que de vez en cuando uno o dos de ellos estén un poco tristes o simplemente tranquilos. Solo que las cosas han estado bastante difíciles estos días.

-Me doy cuenta. ¿Siempre terminan así de mal?

-Cuando el efecto pasa el cuerpo sufre una severa descompensación. Necesitan dormir por bastante tiempo y comer cosas tibias y dulces.

Por eso le había puesto tanta azúcar al café de Zoro. Pero no le molestaba pues sabía que era algo necesario, ya antes habían pasado por eso en muchas oportunidades.

Cuando Franky se terminó su refresco, puso la botella vacía sobre la mesa, miró un reloj en la pared y se puso de pie con cierta pereza.

-Será mejor que vaya a ver si los demás están descansando bien. Despertarán en unas dos horas más.

-¿Dos horas? –Robin volteó a ver a Zoro entornando una ceja. Franky rio mientras se estiraba para ahuyentar la somnolencia de sus miembros.

-Zoro siempre se despierta un poco antes, pero esta vez rompió el record- le sonrió de una manera cómplice a Robin- será que había algo que lo llamaba, ¿No?

Robin se cubrió los labios con la mano para reír de una manera encantadoramente tímida, mientras Zoro se ponía rojo y miraba con furia a Franky retirarse de la habitación.

Zoro le dio otro trago a su café y dejó la taza en la mesa. Creía sentirse mejor aunque no le gustaban las cosas dulces. A su lado, Robin suspiró y recargó lentamente la cabeza contra su hombro.

-¿No me piensas decir entonces?

Robin movió la cabeza negativamente. Zoro suspiró en aceptación. Le pasó un brazo por los hombros y alcanzó su rostro con la mano. Le acaricio la mejilla y dejó que sus dedos viajaran a sus ojos, tocando suavemente las ojeras. Zoro se movió, permitiendo que ella se acurrucara mejor contra él. Sintiéndose extrañamente cómodo en su presencia.

Besó su cabello y acarició su brazo.

-Aquí no, Zoro. Chopper duerme- le advirtió ella de una manera juguetona. Zoro gruñó, sus mejillas enrojecieron tan abruptamente que sintió el calor agolpándose en sus orejas mientras ella se burlaba de él.

Chopper se removió en los brazos de Robin.

-¿Ves? Lo despertaste.

Zoro volvió a gruñir, y apretó el hombro de Robin con su mano antes de volver la cabeza a un lado.

Chopper se incorporó en los brazos de Robin mientras se tallaba un poco sus ojos.

-Zoro- llamó al espadachín, extendiendo sus brazos hacia él. Se inclinó hacia adelante para alcanzarlo pero solo consiguió tambalearse y caer su regazo. Zoro se tensó, no estaba acostumbrado a ese tipo de cercanía con sus compañeros pero al pequeño reno no pareció importarle. Se acomodó mejor allí y se aferró a la camisa de Zoro, quien apenas acertó a levantar una mano y darle pequeñas palmadas en la cabeza, como arrullándolo.

-Eres bueno en esto- comentó Robin, aún en su hombro, y si Zoro podía ponerse más en tenso en esas circunstancias, lo hizo.

Robin extendió su mano y acarició la oreja de Chopper, y acto seguido bostezó.

Zoro la miró, bajando su mano de la cabeza de Chopper.

-Necesitas descansar. Aunque no me quieras decir lo que te pasó…

-Vaya, Zoro, estás preocupado por mí- le sonrió, acariciándole la barbilla- Nunca pensé que me tomarías cariño tan rápido.

Zoro respiró profundo, rodando los ojos, y acto seguido se inclinó sobre ella para atrapar sus labios con los suyos en un beso. En su regazo, Chopper seguía removiéndose pero no le importó, porque ella correspondió sin dudar. La sintió reír bajo sus labios y decidió que no iba a permitir que tuviera espacio para hacerlo, por lo que buscó que ella abriera su boca y le permitiera entrar, pero ella se negaba a dejarlo. En cambio ella también hizo presión para que él abriera sus labios. Se separaron después de un momento y cambiaron el ángulo de sus cabezas para besarse de una manera más cómoda, casi como si se hubieran puesto de acuerdo para ello, pero ninguno permitió que el otro tomara por completo el control. Ninguno abrió sus labios y esto provocó que Robin se separara y riera mientras pegaba su frente a la de él. Luego sus ojos se cerraron pesadamente durante varios segundos.

-Si estás tan cansada deberías dormir.

-Preferiría esperar a volver a casa. Aquí todos los cuartos están ocupados.

-El mío está disponible- repuso él y ante la risa que ella le dedicó solo volvió a rodar los ojos con fastidio- quiero decir que ya que no estoy ahí, ese cuarto está libre y puedes tomar una siesta si quieres. ¿Por qué tergiversas todo lo que digo?

Chopper volvió a removerse y Robin le acarició la cabeza para ayudarlo.

-Shh. ¿Ves? Lo despiertas.

Zoro volvió a gruñir, observando las atenciones que Robin le daba a Chopper.

-¿Celoso?

-¿Debería?

Ella lo sujetó de la cara con cuidado y lo volvió a besar, pero con una mayor suavidad que antes. Él correspondió pero esta vez ninguno de los dos buscó profundizar ni dominar al otro.

-Vaya, vaya, pero si parecen una linda familia aquí- Nami entró con una taza de café en la mano. Zoro se separó de Robin abruptamente y la miró con el ceño fruncido- Nunca pensé que alguna vez vería a Robin tan cariñosa con alguien, menos a alguien como tú, Zoro.

Lo poco que Zoro había alcanzado a convivir con Nami en esos escasos días que llevaban como alianza no habían servido para que la pelirroja le cayera muy bien que digamos. Le estresaba que fuera tan chantajista, que le fuera tan fácil mezclarse con ellos, pero sobre todo que parecía que ella estaba tomando el mando desde que habían hecho su acuerdo ella y Luffy, quien le hacía mucho caso, casi demasiado para su gusto.

Pero lo que más le desagradaba de ella, era que hiciera este tipo de apariciones, comentarios y burlas hacia él con respecto a Robin.

-Llevaré a Chopper a su habitación-declaró mientras se ponía de pie abruptamente sin responderle a la pelirroja.

-Oh, iré contigo- Robin se puso de pie con él, tomó el sombrero de Chopper del otro sillón y miró a Nami- ¿cómo te encuentras?

-Bien, el café me hizo sentir un poco mejor. Los demás también están despertando, al parecer. Sanji ya estaba en la cocina preparando la cena.

Robin asintió y salió detrás de Zoro, quien ya se había adelantado por el pasillo con Chopper en brazos. Se detuvo en la puerta de la habitación del renito y abrió.

Entró sin encender las luces y lo dejó sobre su cama. Lo arropó.

Robin entró a su lado y dejó el sombrero en un perchero que había a lado de la cama.

-Robin…-llamó la voz adormilada del renito y ella se acercó. Le acarició la cabeza para asegurarse de que dormía y al levantar la vista se encontró con la mirada de Zoro.

Sin agregar más, salieron ambos en silencio de la habitación.

-La habitación que dejó Nami también está desocupada ahora. Puedes usar cualquiera que gustes.

-Creo que lo haré.

Robin comenzó a caminar por el pasillo y abrió la puerta de una de las habitaciones. Se dio la vuelta al darse cuenta de que Zoro la estaba mirando otra vez.

-¿Ocurre algo?

Zoro agitó la cabeza, incómodo.

-Nada.

Y desapareció por el pasillo sin más. Ella sonrió mientras entraba a la habitación.

Justo mi habitación, ¿por qué mi habitación?

.

.

.

A Ace le pareció muy extraño que lo llevaran en una dirección diferente a la que solían tomar cuando lo llevaban a ver a sus visitas habituales –casi en todas las ocasiones, Luffy. Por un momento pensó que quizás lo matarían de una vez, pero el pensamiento se esfumó tan pronto cuando llegó a su cabeza. No eran tan idiotas para hacer tal cosa.

Su mente dio un salto cuando se detuvieron frente a una puerta que decía "Especial". La abrieron y le sorprendió encontrarse en una habitación muy diferente a la de interrogatorios, más aún, le impresionó el hecho de que hubiera una mujer en el interior y que ésta saltara a sus brazos apenas lo vio entrar.

-¡Oh, Ace, te he extrañado tanto!-lo abrazó con fuerza y él se quedó dónde estaba completamente confundido, sin saber si debía de corresponder o…no se le ocurría nada. Ella se separó de él y lo miró a la cara, era muy bonita, debía tener su edad pero a él no se le hacía familiar.

-¿Disculpa…?

-¡Oh amor! ¿Qué te hicieron?- preguntó dramáticamente, sujetándolo de la cara como si tuviera que revisarlo- ¿No me reconoces? Soy Nojiko, tu novia… ¡¿qué te han hecho estos salvajes para que me mires de ese modo!? ¡¿Qué le han hecho?!- al preguntar esto último se fue contra los guardias con todas sus fuerzas y aún no muy seguro de lo que pasaba Ace atinó a sujetarla de la cintura para evitar que se metiera en problemas. Los guardias dieron un paso hacia atrás mientras ella pataleaba. Cuando ella sintió que él la jalaba, volvió a voltear y a sujetarlo en sus brazos -¡Oh, mi amor! ¡Hemos estado tan preocupados todos por ti! ¡Te he extrañado tanto! Y Luffy… ¡Pobre Luffy!

Al escuchar la mención de su hermano, algo hizo click en la mente de Ace. En respuesta, hizo acopio de sus mejores habilidades actorales y abrazó a la mujer de vuelta, de modo que ella quedó callada, sollozando convincentemente, atrapada en su cálido abrazo. Ambos guardaron silencio un momento antes de que Ace le acariciara la nuca y sonriera para sí mismo.

-Perdóname. Tranquila, estás conmigo, ya pasó- volteó a ver a los guardias-, haré uso de mi visita conyugal ahora mismo.

-Esta mujer no es tu esposa- objetó uno de los guardias- No se puede.

-Hemos estado juntos mucho tiempo, la ley nos protege- protestó ella soltándose del abrazo y caminando hacia ellos de nuevo, y de nuevo Ace la sujetó firmemente para evitar una situación difícil. Los guardias volvieron a retroceder a la vista de esa mujer enojada y Ace se hubiera reído de no ser porque estaba preocupado por su hermano y tenía la sospecha de que lo que ella le fuera a decir era muy importante.

-Bien, pero no se tarden demasiado- dijo el que no había hablado. Salieron de la habitación y cerraron la puerta.

Ace soltó a la mujer una vez que escuchó la llave dar la vuelta del otro lado.

La habitación parecía un cuarto de hotel. Había una cama pequeña y una mesita. Todo se veía limpio e indiferente.

Ella caminó hacia la cama, se sentó en una orilla y permaneció callada un rato mientras parecía rebuscar en su bolso de mano. Ace la observó mientras tanto.

-No te preocupes, interceptamos todas las cámaras antes de que yo llegara aquí. Lo que digamos será confidencial. Tengo una amiga que se hará cargo de los guardias si cualquier cosa sucede.

-No entiendo.

Nojiko le hizo una seña invitándolo a sentarse a su lado, y él así lo hizo.

-Tu hermano está bien, si eso es lo que te hizo seguirme la corriente. Ahora, el motivo por el que estoy aquí es que tenemos que discutir lo que se puede hacer para liberarte.

Ace levantó una ceja.

-Van a matarme. Si tratan de sacarme de aquí solo se conseguirán problemas. No quiero que nada le pase a Luffy.

Nojiko sonrió.

-Somos sus aliadas ahora. Yo y unas amigas, y somos buenas en esto. Todo lo que necesitamos es su ayuda y protección. Pude entrar aquí sin problemas y estamos hablando abiertamente, ¿no es suficiente prueba de nuestra habilidad?

-Podría ser.

-Tenemos un plan. Créeme que no estaría aquí si no creyéramos en ello. Queremos salir de esta ciudad, queremos ser libres tanto como ustedes y si lo conseguimos no tendrás que preocuparte más por Luffy.

Ace dudaba, sobre todo porque no sabía qué respuesta podía querer esa mujer de su parte.

-Bien, me esperaba esta actitud desconfiada de ti. Por eso le pedí a Luffy que escribiera algo, para que creyeras en mis palabras.

Nojiko le dio una hoja de papel doblada a Ace, era lo que había estado buscando en su bolso un momento antes. Él la tomó, la desdobló y la leyó con atención. Tuvo una extraña sensación de alivio al reconocer la letra de su hermano.

Cuando terminó la volvió a repasar. Ella esperó. Pasaron varios minutos antes de que Ace la bajara y volviera a enfrentar a Nojiko.

-¿Sabes que al leer esto entiendo mucho menos de lo que pasa?

Nojiko sonrió.

-Sí, Sanji me advirtió eso. Solo queríamos una forma de que me escucharas y confiaras en mí.

Ace dobló la carta de su hermano y la guardó entre su ropa.

-Te escucho.

-Bien. Como dije, podemos encontrar una forma de sacarte de aquí. Es obvio que nos meteríamos en problemas si algo pasa, y es por eso que requerimos tener algo que nos respalde. Planeamos contactar a Dragon.

La mención de su padre adoptivo hizo a Ace abrir mucho los ojos, y voltear a verla con alarma. Ese nombre no se pronunciaba a la ligera y mucho menos en un lugar como ese.

-No es un hombre que puedan tratar como si nada- advirtió-. De todos modos no sé si le importe tanto mi libertad, ¿sabes?

Se reclinó hacia atrás, descansando su espalda sobre la cama.

-Entiendo, entiendo- Nojiko no volteó a verlo cuando realizó tan despreocupada acción-. Pero toma en cuenta que tu hermano también está metido en esto. ¿Crees que Dragon sea tan cruel para no mover un dedo por su propios hijos? Estando ambos involucrados…

Lo que fuera a decir Nojiko entonces se vio interrumpido por un sonoro ronquido que llamó su atención a donde estaba Ace acostado. Estaba profundamente dormido, con los brazos extendidos en cruz y la boca abierta. Un hilillo de saliva bajaba por su barba.

Nojiko sintió que una vena se le saltaba de la frente y contuvo sus ganas de darle un buen puñetazo en la cabeza. En cambio, respiró profundo, contó hasta tres y alargó su brazo hacia él.

-Ace. Ace kun, despierta- le dijo mientras movía su brazo firmemente para hacer que despertara. Ace la sujetó de la muñeca sin despertar y se quedaron así un par de minutos que ella aprovechó para observarlo bien.

Ciertamente era parecido a Luffy, pero había cosas bastante notorias en que se diferenciaban.

Su piel era un poco más blanca, y tendía a un tinte rosado, mientras la de Luffy era más bronceada. Sus ojos no eran tan grandes, sino más bien medianos y ella diría que precisos, no soñadores como los de su hermano. Su cuerpo tenía una complexión distinta. Independientemente de que Ace fuera mayor, se notaba que siempre había sido más corpulento que Luffy, y un poco más alto también. La forma de su rostro era diferente. Mientras el de Luffy era suave y redondeado, casi como el de un niño, el de Ace era más alargado y sus facciones estaban más definidas y marcadas. Aun cuando estas características lo hacían ver mucho mayor que su hermano (aunque la diferencia no fueran más d años), unas graciosas pecas sobre su nariz y mejillas lo hacían tener el gesto de un niño.

Nojiko removió a Ace una vez más y éste le soltó la muñeca y abrió los ojos, dejando salir un respingo e incorporándose casi de golpe.

-Lo siento- volteó hacia el colchón y lo tanteó con una mano mientras con la otra se rascaba la cabeza-, hacía mucho que no me acostaba en un lugar tan cómodo.

-Franky san me habló de tu narcolepsia. ¿Nunca has tenido problemas?

-Por esto no. Supongo que he tenido suerte.

Ambos se quedaron en silencio, habiendo perdido por completo el hilo de lo que conversaban.

-¿Qué tanto me miras?

-Eres muy parecido a tu hermano. Difieren en algunas cosas pero a pesar de eso se parecen mucho.

Ace suspiró.

-Somos hermanos adoptivos. No tendríamos qué parecernos en nada.

Nojiko rio como si supiera algo que él no, y Ace la miró con sospecha. Ella le sonrió.

-Mi hermana y yo tampoco somos hermanas de sangre y todos dicen que somos idénticas. Somos distintas en algunas el color de piel y cabello pero en general es como si hubiéramos nacido de los mismos padres.

Ambos miraron al piso antes de que cualquiera agregara algo.

-Supongo que compartir tantas cosas nos hacen parecidos a ellos de algún modo, ¿no?

Ace sonrió, más para sí mismo mientras pensaba en su pequeño hermano y las ganas que tenía de verlo y de salir de allí. Ya habían sido más de seis meses. Estaba harto.

Nojiko suspiró y decidió seguir hablando de lo que le interesaba.

-A lo que quería llegar con esta visita, Ace, es que antes de arriesgarnos a llevar a cabo un plan, cualquier plan, necesitamos saber qué tan dispuesto estás a poner de tu parte mientras estés aquí. Yo puedo seguir viniendo a verte para tenerte informado de esta forma, es lo más seguro. Pero eso será solo si tú quieres.

Ace miraba sus manos, que descansaban sobre sus rodillas. Luego volteó y miró a Nojiko.

No parecía una persona en que tuviera que desconfiar, pero estaba en prisión. Realmente tampoco era sencillo para él confiar en alguien que había aparecido recién en la puerta, solo porque había mencionado a su hermano en un intento por acceder a él. Por más agradable que la chica fuera, Ace no podía bajar la guardia.

-Hablaremos en otra ocasión. Quiero que me traigas alguna otra prueba de que puedo confiar en ti.

Nojiko rodó los ojos.

-La tendrás. Traeré a tu hermano en la próxima visita y entonces espero una respuesta.

Ace asintió. Se quedaron sentados al borde de la cama esperando a que llegaran los guardias a tocar la puerta porque "se habían tardado demasiado", y cuando esto sucedió ellos hicieron caso omiso, buscando hacerlo todo más realista. A la tercer advertencia ignorada forzaron la puerta y arrancaron a Nojiko de los brazos de Ace, en medio de un "grito desesperado" por parte de ella con la promesa de volver a verlo pronto.

Ace se quedó en la habitación hasta que otro par de guardias llegaron a recogerlo y se lo llevaron por donde habían llegado en primer lugar. Los gritos de Nojiko se seguían escuchando por el pasillo, y Ace tuvo que pensar que era una buena actriz.

Cuando lo dejaron en su habitación, esperó hasta encontrarse solo para leer la pequeña carta de Luffy que Nojiko le había proporcionado. El cielo sabía que Luffy era pésimo explicando cosas, pero había algo en su forma de escribir que le decía Ace que al menos por el momento podía estar tranquilo.

Por su parte, Nojiko salió del edificio y suspiró. No tenía ningún problema en hacer lo que había hecho pero casi se destroza la garganta. Pensó que era normal que Ace no creyera en ella tan fácilmente. En eso también era diferente a su hermano. No era tan confiado como él…y bien hacía.

.

.

.

Ya era tarde cuando Tashigi llegó al entrenamiento. A Zoro se le saltó una vena en la frente cuando la escuchó dando tumbos por el dojo, cargando y acomodando sus cosas en un rincón, interrumpiendo con sus ruidos la meditación que él y los alumnos trataban de hacer. Caminó hasta el frente y dos de los chicos se tuvieron que mover para darle espacio, cosa que a Zoro no le agradó en absoluto.

No era que le gustara demasiado ser maestro de un grupo de muchachillos, pero era mucho mejor que formar parte de la policía y prácticamente pertenecerle al gobierno. Esas eran sus únicas opciones por ser espadachín. Y ya que él mismo había tenido un muy buen maestro en su juventud, pensó que no sería una mala idea. Ocasionalmente era convocado a torneos o a ayudar a la policía con algún caso pero en general su vida monótona en el dojo estaba bien. Sobre todo considerando que fuera de eso pertenecía a una pequeña –pero poderosa-división de la resistencia.

De modo que los minutos de meditación eran sagrados para él.

Y Tashigi haciendo su escándalo al llegar al lugar no contribuía en nada a alegrarle el día.

Pasaron algunos minutos y cuando todos se pusieron de pie para continuar con los ejercicios, Zoro alzó la voz.

-Tashigi, la próxima vez que llegues tarde, has el favor de entrar en silencio y ubicarte al fondo del dojo.

-Sí, sensei- contestó ella agachando la cabeza y a partir de ahí Zoro trató de no voltear si quiera a verla. El resto del entrenamiento transcurrió en tranquilidad, excepto por las dos o tres veces que la joven cometía algún error, por puro nerviosismo.

Zoro se dijo que tenía que tener paciencia y así lo hizo. Cuando terminó el entrenamiento, sin embargo, decidió hablar con ella, así que la llamó por encima de las cabezas de sus discípulos que ya se preparaban para irse.

Cuando Tashigi se acercó a preguntarle qué se le ofrecía, él la miró fijamente y fue directo al grano.

-¿Qué pasa contigo? ¿Por qué llegaste tarde y porqué estabas tan nerviosa?

Tashigi se puso roja como un tomate y Zoro rodó los ojos. No tenía pensado presionarla, pero ella sola se ponía en posición de víctima sin que él dijera demasiado.

-Es que...antes del entrenamiento me reuní con Smoker san…

Zoro hizo un gesto de cansancio mientras se daba la vuelta para guardar bien sus katanas. En el pasado había tenido muchos encontronazos con Smoker. Siempre terminaban mal porque el sujeto sospechaba hasta de las piedras y el hecho de que Zoro se hubiera negado a entrar al cuerpo de policía- pudiendo con ello acceder a tantos beneficios-, tantas veces, le parecía muy extraño.

Solo oírlo mencionar le ocasionaba un ligero dolor de cabeza, pero al parecer Tashigi interpretó su gesto de fastidio de una manera un poco distinta. Más personal, por ponerlo de algún modo.

-Oh, por favor no se enoje conmigo- pidió, temiendo que Zoro estuviera decepcionado con ella-, me contactaron porque dicen que yo podría ser un buen miembro de la policía. Si paso los exámenes correctos podría ser ayudante de Smoker san…es una oportunidad muy grande para mí.

-Perfecto. Pero eso no significa que puedas llegar e irrumpir en el entrenamiento como si nada.

Tashigi asintió. Zoro respiró profundamente mientras terminaba de verificar que sus cosas estuvieran en su sitio, cuando la mano de Tashigi se colocó sobre la suya, buscando que él le volteara a ver.

-Zoro san…siempre me he preguntado por qué no quiere usted ser parte de la policía o el ejército.

Zoro no contestó.

-Es usted tan poderoso…y tiene esas katanas… ¡Sabe que no cualquier persona en este mundo puede manejar armas como esas! ¿Por qué no usar sus habilidades para hacer el bien a otras personas?

Zoro cerró los ojos y dejó salir una risa burlona que hizo que Tashigi enrojeciera. Tomó el estuche donde llevaba sus espadas y se lo acomodó en la espalda con facilidad aun cuando era bastante pesado.

-Hacer el bien…- dijo en un tono pensativo ante la mueca incrédula de Tashigi.

Si algo había aprendido él desde que comenzó a comprender un poco mejor el mundo en el que vivían (tendría unos 9 o 10 años en ese entonces) era que no podía garantizar que la policía, el ejército o el gobierno fueran caballeros de armadura blanca en busca del bien. Era algo muy relativo. Una cosa era que siguieran las reglas –sus propias reglas- y otra muy diferente era que hicieran algún bien verdadero.

Tashigi era de esas personas que se dejaban cegar por las muestras de heroísmo por parte del ejército y suponía que a eso se debía su emoción por trabajar con Smoker, pero Zoro sabía que incluso "Humitos" estaba consciente de que no estaba en el bando de los buenos y que probablemente estos bandos como tales ni siquiera existían.

Su expresión por el momento era lo que le estaba causando molestias a Tashigi.

-¡No lo entiendo! Zoro san, si usted se animara le iría muy bien. Podría ser comandante de alguna división en poco tiempo como Smoker san.

-¿Quieres dejarlo por la paz? No es algo que me interese. Si crees que vas a estar bien allí, genial por ti, pero a mí no me metas en tus asuntos, ¿de acuerdo?

-Pero…Smoker san dijo…

Zoro había comenzado a caminar pero al escucharla de nuevo se detuvo. Se dio la vuelta hacia ella e inspeccionó su rostro con interés. La miró a los ojos un momento y Tashigi se puso roja, pero de una manera diferente que antes. Era evidente- más que evidente- que la cercanía de Zoro provocaba sensaciones interesantes en ella.

-¿Le dijiste algo de mí?

Ella asintió cerrando los ojos.

-Dice que cuando usted quiera puede ir a hacer las pruebas y que no duda que pasaría con facilidad.

Zoro gruñó. Lo único que le faltaba.

Ahora había un conector directo entre él y Smoker: Tashigi. Y eso no le gustaba nada.

-Hazme un favor- le dijo entonces en un tono más que severo-, cuando estés con ese sujeto no le digas una sola palabra sobre mí, ¿de acuerdo? No estoy interesado en unirme a ninguna división del ejército o de la policía y no tengo ninguna intención de discutir otra vez con Smoker sobre eso, ¿está claro?

Tashigi asintió y Zoro caminó hasta que salió del edificio.

Una vez afuera alcanzó a ver a Robin caminando hacia él como una semana antes. Zoro no la había vuelto a ver desde el día de las pruebas luego de la cena especial que Sanji preparó para las chicas. Lo único que sabía era que Nami y Nojiko habían discutido con Franky, Sanji y Luffy la mejor manera de acercarse a conversar con Ace en la prisión y al final Nojiko fue la enviada, con ayuda de Robin, Nami y Vivi, por supuesto.

Después de eso todos estuvieron muy ocupados y el contacto se perdió por varios días.

Y ahora allí estaba.

Zoro sintió un nudo formarse en su estómago al verla llegar a él. Tan tranquila y tan alegre como siempre, hacía que Zoro se preguntara cómo alguien con un carácter así podría haberse fijado en el gruñón amargo que él era.

Por otro lado, ella seguía sin recuperar esa frescura que a él tanto le había llamado la atención en un principio. Más bien se le notaba cansada, aunque un poco menos decaída que antes.

Al llegar a él, le saludó con un beso en la mejilla que Zoro recibió con una sonrisa ladeada.

-Oh, hola, Tashigi- saludó Robin viendo a chica que pasaba tras Zoro. Le mencionada la miró y saludó con una inclinación de cabeza, pero no dijo nada y se fue caminando, volteando a verles un par de veces mientras se alejaba.

Decidieron no prestarle más atención, ninguno de los dos lo dijo pero simplemente no necesitaban saber nada de ella.

-Pasaba por aquí y me preguntaba si tienes tiempo de ir a caminar. He estado muy ocupada y…me hace falta despejarme un poco.

Zoro aceptó la proposición y comenzaron a caminar por la calle.

Robin puso a Zoro al tanto de lo ocurrido cuando Nojiko fue a visitar a Ace, y Zoro consideraba que el hermano de Luffy no pudo haber hecho mejor. No porque fuera necesario desconfiar de Nojiko, sino porque en su situación no era inteligente darse el lujo de ser tan inocente como Luffy.

Continuaron caminando y hablando de cosas sin importancia, pero Zoro aún se preguntaba qué era lo que sucedía con ella, porqué se notaba tan cansada. No parecía algo normal, pero no sabía cómo podría sacarlo a la luz y conseguir que ella le dijera algo.

Pasaron unos minutos caminando hasta que llegaron a una pequeña plaza pública que a esa hora estaba llena de familias. Caminaron hasta un lugar donde había un árbol bajo cuya sombra podían sentarse. No era que la luz artificial de la ciudad fuera tan fuerte o peligrosa como la luz natural del sol, de todas formas.

Ella de pronto parecía inquieta. Zoro la miró, esperando por si le decía algo, pero si bien sus piernas se movían de un lado a otro en nerviosismo su rostro permanecía inmóvil como siempre.

Zoro se recargó hacia atrás balanceándose sobre sus manos, estiró su espalda y miró hacia el cielo.

-Dime qué ocurre- la animó- cualquier cosa es mejor que guardárselo como lo estás haciendo, ¿no?

Robin volteó a verlo y aunque trató de sonreír se dijo que no valía la pena si él no la estaba mirando. Se encogió de hombros y rebuscó en su bolso hasta que encontró un sobre. Lo tomó y lo colocó sobre su regazo. Zoro miró el sobre, lo levantó y la miró como preguntándole si estaría bien abrirlo.

-No es nada del otro mundo pero no creo que sea tu tipo de situación…- explicó ella antes de que él abriera el sobre- cada cierto tiempo tengo que asistir a fiestas y reuniones. Debido a mi estatus tengo que dar una buena impresión y necesito a alguien que me acompañe.

Zoro abrió el sobre y verificó su contenido. Solo era un pequeño cuadro de papel blanco con letras negras que comunicaban una impersonal invitación a la Reunión Anual de Socios de la Élite. En la esquina inferior derecha del papel se podían leer en letras pequeñas la palabra "acompañante".

-Esta es por obvias razones la más importante del año. No solo vamos los miembros, también van los directivos y los mandatarios más importantes del ejército y del gobierno.

-Pues tienes razón- contestó él, comenzaba a sentirse nervioso- este no es mi…tipo de situación- agitó la cabeza- además, ¿por qué me querrías como acompañante?

Robin sonrió.

-Bueno, eres bastante guapo y aunque siempre aparentas ser muy rudo en el fondo eres un caballero. Yo no pido más. Además, apuesto lo que quieras a que te verías muy bien en un tuxedo.

Zoro sintió la sangre agolpándose en sus mejillas y Robin comenzó a reírse. Él gruñó, volteando hacia un lado para ocultar su rostro de ella y así evitar que se riera más, solo que este gesto le causó a la mujer tanta ternura que no pudo dejar de reírse hasta un minuto después. Entonces se puso seria.

-Me vendría bien tu compañía- susurró, recargando la cabeza contra su hombro, mirando el sobre que aún estaba en sus manos.

Zoro bufó.

-Bien, bien, ¿cuándo dices que es esta cosa?

-En tres días.

Zoro se rascó la nuca. Volvió a sacar la invitación del sobre y la observó como si entre lo negro de las letras estuviera la respuesta que tenía que darle a la mujer, pero la respuesta no llegó a su mente como lo había imaginado. Suspiró y dejó la tarjeta dentro del sobre otra vez.

-¿Con quién irás si no voy yo contigo?

Robin abrió mucho sus ojos y luego miró sus manos, que descansaban en su regazo.

-Siempre voy con alguno de mis compañeros. No es la situación más cómoda, pero es soportable. Sería lindo ir con alguien que me guste de verdad, para variar.

Zoro sonrió por lo bajo.

-Déjame pensarlo. Tengo que verificar si puedo tomar esa noche libre y…te diré mañana, ¿de acuerdo?

Le iba a devolver el sobre pero ella lo hizo sostenerlo en las manos.

-Quédatela. Si al final tengo que ir con alguno de mis compañero no la voy a necesitar, solo es para…ya sabes, externos.

Zoro la guardó en un bolsillo que tenía el estuche de sus katanas. En algún momento lo ocurrido con Tashigi y todo el problema de la policía le vino a la mente y pensó que podía hacerle una pregunta a Robin, quizás solo para tener alguna idea más que lo que había podido pensar hasta el momento.

-Mujer- ella lo miró- ¿Cómo fue que te uniste a la Élite?

-Bueno, como te dije antes, cuando mi madre murió…- se detuvo, y Zoro pudo notar que algo estaba brillando en su mirada, algo muy importante había sucedido. Robin lo miró a los ojos fijamente, como preguntándose si podía confiar en él. Zoro adelantó su mano hacia ella y le quitó un mechón de pelo que le había caído en la frente. Robin sonrió por lo bajo antes de continuar-. Nosotros no tenemos permitido tener una pareja a menos que sea aprobado por el resto de los miembros. Si se nos descubre es…casi como un crimen.

Zoro levantó una ceja. Si ellos dos se suponía que eran una especie de pareja

Robin entendió su confusión y le sujetó un brazo, como pidiéndole que esperara antes de preguntar.

-Mi madre tenía una posición parecida a la mía y se enamoró de un miembro del ejército revolucionario antes de que el gobierno inventara que habían atrapado a Dragon- continuó, mostrando algo de nerviosismo-. Mi padre se negó a presentarse a la Élite como pareja porque iba en contra de sus principios, y entonces planearon escaparse porque ella también creía en los principios revolucionarios. Quedó embarazada de mí y creyeron que todo iba a estar bien pero él fue asesinado por el ejército del gobierno y mi madre no consiguió reunirse con Dragon antes de que escaparan. Tuvo que quedarse y ocultar su embarazo. Una amiga suya era médico y le indujo el parto a los 7 meses para evitarle más problemas.

Zoro la miró. Robin le tomó las manos, como si necesitara algo para calmarse. Era evidente que le era difícil contar la historia.

-Ella fue descubierta. Alguien la había espiado y sabían que yo había nacido. Me dejaron viviendo en casa de unos familiares hasta que cumplí 8 años. Un amigo de mi madre me contactó y él fue quien me explicó toda la historia- sonrió-. Finalmente la Élite decidió que tenía edad. Me reclutaron y un par de años después me enteré de que mi madre había muerto en la prisión- Robin negó con la cabeza, sonriendo ante el descubrimiento de lo mucho que se había desviado del tema-. Pero me preguntabas porqué me uní a la Élite. Supongo que puedo decir que no tuve opción. Una cosa es que apliques para unirte y otra que prácticamente te críen allí. Me eligieron porque no querían dejar cabos sueltos y….ya sabes lo que dicen. Somos la semilla de nuestros padres, ¿no?

Zoro suspiró. Pensativo, miró la mano de Robin enredada con la suya, y asintió. No dijo nada más aunque ambos sabían perfectamente que había una pregunta flotando en el aire. Ambos la conocían, lo importante era discutir la respuesta.

-Yo entiendo que… nuestra relación es extraña. Y entiendo perfectamente si prefieres mantenerte al margen… no puedo forzarte a hacer nada. Podemos tratar de mantenerlo en secreto hasta que…

Robin se detuvo. La asaltó entonces la idea de que probablemente estaba a punto de repetir una historia que no iba a terminar-bajo ninguna circunstancia- bien.

-Supongo que si tú quieres puedo hacerlo- se apresuró a decir Zoro antes de que pasara cualquier otra cosa, y que la interrumpiera fue como un gran alivio para Robin-. Es como te dije antes. No quiero ponerme en evidencia hasta asegurarme de que mis amigos estén a salvo. Mi vida tiene que seguir lo más normal y tranquila que se pueda y si eso incluye tener una relación formal contigo…

Antes de que terminara la oración Robin lo tomó de la mano y le dio un ligero apretón.

Entonces escucharon las sirenas, como de una patrulla.

Lo demás fue caos. La gente comenzó a correr y a buscar donde esconderse, y a gritar. Robin se puso de pie en seguida y le dio a Zoro un jalón. Se veían las luces azules y rojas por todas partes, pero ellos no sabían de dónde venían, ni a quién estaban persiguiendo.

Zoro vio a una niña caer al suelo y regresó para ayudarla pero alguien llegó antes que él y se la llevó al vuelo.

Alguien chocó contra él y todo le empezó a dar vueltas, pero no por efecto del golpe si no porque todo lo que estaba pasando le parecía irreal. De pronto todo parecían manchas. Todo era gris y rojo. Todo eran manchas.

-¡No te quedes atrás!- fue todo lo que dijo Robin mientras regresaba y lo jalaba, y corrieron hasta llegar a un callejón.

De pronto Zoro escuchó disparos y los gritos se volvieron mucho más desesperados, pero Robin no lo dejó regresar.

Ella continuó corriendo hasta el fondo del callejón y allí abrió una alcantarilla y saltó al interior, y al seguirla para Zoro todo se volvió oscuridad, el sonido de los disparos y los gritos menguó, pero él no pudo sacudirse la sensación de tristeza que inundó su corazón al presenciar tan de cerca semejante masacre.

Continuará…

Bien… por lo que puedo prever, esto tendrá algo de NojikoxAce también, y algo de LuffyxNami. No mucho pero al menos lo suficiente para que la historia avance de un modo más o menos natural.

Gracias por leer y por comentar la historia :)

Nos leemos!

Aoshika