Hijo mío eres la única alegría de mi vida

Habían ya pasado los nueve meses desde que nació Laval y en esos nueve meses ocurrió algo terrible para Lagravis quien había desterrado a su hermano Lavertus, por creer que él se estaba robando el chi, y cuando lo hizo una parte de él se desvaneció solo tenía la compañía de Leona y de su pequeño cachorro, una noche mientras su esposa dormía Lagravis se acercó a la cuna de su hijo, quien dormía tranquilamente y lo miraba muy feliz pues era su pequeño cachorro su bebe de él y de Leona, pero al parecer su felicidad no duraría por mucho tiempo ya que había un mal que estaba celoso de su felicidad así que un día decidió quitársela para siempre:

Sir Fangar.- ya no soporto más su felicidad, ese rey lo tiene todo, una hermosa esposa y un inocente bebe, bien pues entonces yo me encargare de quitárselo de una buena vez.

Fue un día cuando Lagravis fue a hablar con su amigo Crominus sobre lo que en realidad paso antes de que desterrara a Lavertus mientras hacía esto Leona estaba paseando con su pequeño cachorro en brazos esperando a que su hijo empezara ya a pronunciar sus primeras palabras, mientras esperaba le platicaba:

Leona.- hijo mío, ¿Cuándo dirás tus primeras palabras? Estoy muy ansiosa con que digas papa o mama.

Laval.- (dando una pequeña risita) aguuu.

Leona.- sé que puedes, inténtalo de nuevo mi pequeño.

Laval.- pa…pa…ma…ma…

Leona.- lo lograste, estoy tan feliz hijito.

Laval.- mama… ma…ma…

Leona.- mi niño, mi cachorro.

Cuando Laval dijo sus primeras palabras, Leona empezó hacerle cosquillas, mientras Laval reía se hoyo que su padre, regresaba y los encontraba afuera del castillo viendo que lo estaban esperando, cuando Leona le contó a Lagravis sobre las primeras palabras de Laval, el cielo se cubrió de nubes que predecían la llegada de una horrible tormenta:

Lagravis.- Leona lleva a nuestro cachorro a dentro y refúgiense ahora.

Leona.- (obedeciéndolo) vamos mi pequeño.

Laval.- papa…pa…pa…

Lagravis.- tranquilo hijo mío, yo también voy a entrar después de ustedes.

Leona.- ya lo escuchaste todo va estar… ¡ahh! (siendo atrapada por un gran remolino hecho de agua, con granizo) ¡Lagravis!

Lagravis.- (viendo lo que ocurría) no, no Leona, Laval (corriendo hacia ellos).

Leona.- (protegiendo a su hijo) ¡Lagravis! ¡Ayúdanos!

Lagravis.- resistan (tomando la mano de Leona) te tengo no te voy a soltar.

Leona.- (observando que el remolino quería arrebatarle a Laval) Lagravis, por favor salva a nuestro cachorro.

Lagravis.- no te preocupes, puedo… (Siendo interrumpido).

Leona.- ¡no! No puedes salvarnos a ambos, (entregándole a Laval) prométeme que lo cuidaras, que lo guiaras por un buen camino y que lo amaras por siempre.

Lagravis.- (sujetando a su hijo con el otro brazo) resiste Leona.

Leona.- Lagravis, te amo y siempre te amare (soltando su mano).

Lagravis.- (viendo lo que hizo) ¡noooo! Leona (viendo como el remolino se la llevaba).

Laval.- (llorando) ¡Mama…ma…!

Lagravis.- (viéndolo llorar y tranquilizándolo en sus brazos) tranquilo mi cachorro, mi hijo, yo estoy aquí, yo te cuido.

En ese mismo día la noticia de que la reina Leona desapareció en medio de la tormenta todas las tribus se pusieron tristes, sobretodo porque Lagravis, ya había sufrido la pérdida de su padre y de su hermano, y ahora perdió a su amada esposa la única a la que amado en toda su vida, usualmente Crunket y Crominus (ya casados y con dos hijos) iban a visitarlo para que no se sintiera soló ya que a ellos les afecto también la pérdida de su querida amiga, además porque Lagravis se había vuelto muy distante, ni siquiera pasaba tiempo con su hijo y Crominus siempre le decía que no hiciera eso y que cuidara de su hijo; fue una noche cuando Lagravis paseaba por el castillo cuando escucho el llanto de su pequeño y se dirigió a su cuarto cuando entro encontró a Laval llorando y llamando a Leona:

Laval.- (llorando) Mama… ma…ma…

Lagravis.- (acercándose a su cuna y cargándolo) ya hijo mío, no llores más, yo también la extraño mucho.

Laval.- (dejando de llorar) Papa… papa.

Lagravis.- (mirando su carita inocente y llena de lagrimitas) si estoy aquí mi cachorro, nada malo te va a pasar a ti.

Laval.- (sonriendo y durmiéndose lentamente) Papa…papa.

Lagravis.- (colocándolo sobre su cuna y acariciando su carita) Hijo duerme ya que estoy aquí.

Laval.- (durmiéndose) papa.

Lagravis.- (tocándole la frente y dándole un beso en la frente) Hijo mío eres la única alegría de mi vida (sonriendo).

En ese momento Lagravis cuidaría de Laval ya que él era lo único que le quedaba en la vida, su única alegria, su corazón lleno de esperanza, su única felicidad en el mundo de chima.

Este es el último episodio espero que les haya gustado. No soy dueña de legend of chima.