#2 Shooting Stars

Todoroki x Midoriya

-Hoy es el último día- comentó Todoroki a través de las gruesas barras de metal. Estaba nervioso, por no decir desesperado. El tiempo se le escapaba de las manos como fina arena y la sentencia se llevaría a cabo a medianoche.

-Midoriya, por favor-imploró el chico a sabiendas que él no cedería.

-Si, ha pasado un mes-contestó con voz seca Izuku, que seguía recostado sobre la dura cama de madera. Observaba el techo, porque desde el primer día se negó a mirar a quien le había traicionado. En cambio, por una de las fisuras de la celda, podía ver un poco del cielo nocturno.

-Midoriya, yo sólo seguía órdenes- Shouto no sabía si aquello lo decía para lavarse las manos o para justificar sus acciones. Sin embargo, apenas esa afirmación dejó su boca, se odió a si mismo más que nunca. Quien debería morir ese día era él, no el mago.

-Los brazaletes están hechos de excelente calidad- comentó Izuku alzando sus brazos hacia el techo. -All for One debió pagar una fortuna por ellos. Dime, ¿fue uno de los nuestros? ¿Un elfo? Ni siquiera puedo conjurar el hechizo mas simple.-

-No lo sé-

-Sabes muy poco, Shouto. Y esa falta de sabiduría es la que terminará siendo la ruina para todos ustedes.

-Fui tu amante. El no confía en mi-

-Por un tiempo, si. Pero tenías que elegir entre tu reino y yo y.. aquí estamos. Esa debería ser una razón suficiente como para ascenderte a general de su ejército. O caballero de alguna cosa, no se, sus títulos me parecen un poco confusos.

-Sabes que esa no es toda la verdad- Shouto no era de las personas que perdían la calma con facilidad pero aquel no era el momento de evidenciarlo, necesitaba salvar a Izuku y aquel era el único camino.

-No puedo traicionar a mi gente, Todoroki. No puedo decirte dónde se esconde One for All y mucho menos si se trata para someterlo ante tu rey-

-Él sólo quiere unificar a todos en una gran nación.

-Las ideas tan grandiosas suelen terminar en una barbarie-

-¿Entonces no obtendremos de ti lo que necesitamos?- Ya no había tiempo de conversar. El tiempo se acababa.

-Lo siento mucho- Izuku, a pesar de que se sentía débil, se puso de pie lentamente y observó al chico que se encontraba al otro lado de los barrotes. -No te ves bien-

-Por favor, sólo dime dónde está. Juro proteger a tu reino-

-Hoy surcará en el cielo una estrella fugaz muy especial-

-¿Perdón?-

-Puedo sentirla. Se aproxima a nuestro cielo y con ella, el cambio. Observa- Todoroki pensó que el chico se había vuelto loco. Sin embargo, de un momento a otro, los brazaletes, hechos del metal más duro, se convirtieron en polvo frente a sus ojos.

-¿Cómo…?-

-El problema con tu rey es que se cree invencible. Pero no conoce nuestro reino. Ni de lo que somos capaces- Izuku se acercó hacia la puerta de su celda y tocando uno de los barrotes, se convirtió también en polvo. Sin prisa, Midoriya se acercó hacia el chico, quedando frente de el.

-Las estrellas fugaces nos liberan de nuestras ataduras terrenales- Izuku cerró los ojos, como si absorbiera la energía de su alrededor. -Pelea duro Todoroki- Midoriya acarició su mejilla con una de sus manos y le dio un suave beso en la frente. -En un par de horas podrás ir con tu familia. Claro, lo que queda de ella-

Shouto quiso detenerlo pero no podía moverse. El mago había usado algún tipo de hechizo sobre él.

Todoroki observó cómo Izuku desaparecía por el pasillo de las mazmorras. Escuchó cómo sonaban los tambores de guerra y cómo se cimbraba la tierra con cada explosión. Necesitaba salvar a su madre, a su hermano, quería luchar junto a su padre pero Izuku no le permitía intervenir en esa guerra. Ese era su castigo.