#3 Morning

Bakugou x Todoroki

Una batalla siempre tenía su límite. Había una regla, no escrita, que dictaba que sólo podían combatir hasta que el sol se ocultara entre las arboladas montañas.

"La oscuridad no trae nada bueno" Amenazaban los ancianos cada que su emperador enviaba a un nuevo ejército a combatir. Y no era para más, el sol les brindaba los colmillos, las garras, la piel dura como el acero y la fuerza para combatir a sus enemigos con gran destreza. La oscuridad los convertía en humanos débiles y casi ciegos, a merced de los peligros de su alrededor.

Sin embargo, aquella noche, el general del ejército estaba en los límites del campamento, del lado contrario a la zona de ataque, completamente sólo.

Miraba ensimismado el bosque que quedaba. Su ejército había talado demasiados árboles y ahora la lluvia de unas horas antes había transformado el suelo en un lodo rojizo y pegajoso, cuyo hedor amenazaba con contaminar aquel lugar.

-Fumar te va a matar algún día-

-Preferible a oler la mierda de este lugar- respondió mordaz.

Todoroki, su capitán favorito, caminó lentamente hasta quedar a su lado.

-Es peligroso estar aquí. Apenas puedo verte- amenazó Shouto sin mirar a su general.

-Ya lo sé-

Los dos soldados quedaron en silencio. Hacía pocas horas habían recibido un mensaje de su superior: llegarían nuevas tropas en el frente enemigo, que los superaba no sólo en número, sino en poder de ataque.

Tanto Todoroki como Bakugou no pronunciaron palabra. La derrota era inminente y no había nada que pudieran hacer. Podían luchar, si. Pero sus limitaciones eran muchas y su adversario ganaría terreno a cada instante.

-Falta un par de horas para que acabe la noche- comentó el rubio, cayendo en la cuenta que quizá sería la última vez que vería la luna.

-Extrañaré este lugar. A pesar de todo-comentó Todoroki, observando la luna que resplandecía sobre el cielo nocturno.

-¿Podremos durar un día más en batalla?- Bakugou tenía que preguntar. No por que no lo supiera, pero necesitaba esa confirmación que hacía que todo se volviera real.

-Duraremos hasta el mediodía. Quizá más. No quiero repetir la amenaza de ese emperador pero dejó muy claro que no querían prisioneros-

-Ese es un gran hijo de puta-

-Lástima que no pudimos decírselo a su cara-

Los dos hombres estallaron en carcajadas. Aunque aquello distaba mucho de ser el mejor chiste del mundo, tomaron aquel momento como la última vez que reirían y lo aprovecharon hasta que las lágrimas aparecieron en sus ojos.

-Siempre he tenido una duda- Bakugou exhaló el humo de su cigarro hacia arriba, sintiendo el aroma de la nicotina impregnar el ambiente -¿Por qué te enlistaste?-

-Muy fácil. Porque tú lo harías- respondió Shouto sin titubear

Bakugou no pudo sino más que sonreír ante tal confesión. Mirando de reojo al chico, observó un pequeño rubor en sus mejillas y una sonrisa cómplice. Aquel tipo era alguien especial, sin duda alguna.

-Valiente hora de confesarse-

-Pienso que no podría haber tenido mejor ocasión -

Los dos hombres quedaron en silencio, esperando el amanecer. Cuando el sol comenzó a salir entre las montañas y sus cuerpos se transformaron, se dirigieron a la batalla a sabiendas del resultado. Era su deber y por esa era una buena razón para morir.