#5 Dog Park
Present Mic x Aizawa
Shota amaba a los perros pero ese amor nunca era correspondido. Cada que uno de ellos pasaba cerca de él, el animal comenzaba a gruñir sin razón aparente y adoptar una posición de ataque. Así que la mayoría de las veces, y después de intentar agradarles por múltiples formas, prefería mejor esquivarlos.
Había logrado con éxito eludir a aquellos animales hasta el día en que terminó en medio de un gran parque para perros. A su defensa, días antes habían instalado algunos juegos para ellos y obviamente él no sabía nada.
Sólo pasaron algunos minutos de adentrarse en el parque cuando fue recibido por el ladrido de varios perros que jalaban las correas de sus dueños con fuerza, intentando arremeter contra él. En medio del pánico por ver a aquellos animales furiosos, escapó lo más rápido que pudo por las veredas del parque, sin importar que el día anterior hubiese llovido y el piso estuviera enlodado.
Sus zapatos golpeaban con fuerza el suelo y no podía sino entrar en pánico cada que escuchaba algún ladrido. Por fin, alcanzó a divisar la salida del parque. Volteó instintivamente una vez más hacia atrás pero aquel movimiento, más sus zapatos llenos de lodo, hizo que se resbalara y cayera de espaldas sobre el duro suelo.
Hablando de mala suerte.
Por el impacto, su vista se nubló por algunos segundos y un dolor punzante comenzó a esparcirse por su nuca.
-Por Dios, ¿estás bien?- escuchó que alguien decía.
Desorientado, dejó que aquella persona lo ayudara a sentarse.
-Ese si que fue un gran golpe- el chico que lo estaba ayudando parecía ser de instituto (quizá de su misma escuela, la verdad es que todavía estaba un poco confundido) de cabello rubio y ojos verdes. ¿Sería un extranjero?
-Thor, no pegues tu carota en él, déjalo respirar-
Thor.
Ese podría ser el nombre de un perro.
Con un terror inimaginable, volteó hacia la derecha, sólo para encontrar a un perro olisqueando felizmente su cabeza.
Soltó un grito peor que el de una colegiala en medio de una atracción de terror. Sin saber si correr, esconderse o dejarse morir, sólo atinó a abrazar fuertemente al chico, hundiendo su cabeza en su pecho.
-Ey, ey. Tranquilo-el chico, mitad impresionado por tal grito y mitad enternecido por aquella reacción, respondió al abrazo y comenzó a acariciar su cabeza.
-No pasa nada. Thor es totalmente amigable-
-Voy a morir-
-Claro que no-
Shota seguía esperando frente al portón. Hizashi seguía sin poder organizar su tiempo y casi siempre se traducía a esperarlo por lo menos media hora antes de que saliera triunfante de su casa.
-¡Está abierto!-gritó desde la ventana de su recámara, viendo a Aizawa en la entrada-
-No puede ser…- el chico se adelantó a la puerta. No debería estar gritando a los cuatro vientos ese tipo de cosas pero ya se había acostumbrado a su extravagante forma de ser.
Apenas entró por la puerta principal, se encontró con Thor, que meneaba su cola felizmente al verlo llegar.
-Hola muchacho- Aizawa se inclinó para saludar al perro. Acarició con suavidad sus orejas, disfrutando lo suaves que eran.
-Ver a un gato consintiendo a un perro siempre es un espectáculo- comentó Hizashi mientras bajaba por las escaleras.
-Que no soy un gato-
-Te persiguen los perros, tienes la energía de un gato (o sea, nula), la primera vez que nos conocimos sólo te pude calmar acariciando tu cabeza como un gato y….-
-OK. OK. YA NO SIGAS-
Hizashi amaba recordarle ese día. Pero amaba más que el chico se hubiera convertido en su amigo. Y quizá, con el tiempo, podrían ser algo más.
-Entonces ¿nos vamos? -
