#12 Flores

Flores (Hanahaki)

Bakugou sólo necesita un pretexto, por más tonto que fuera, para iniciar una pelea con Midoriya. No piensa mucho en el por qué necesita descargar su odio contra el chico, pero a veces es lo único que lo calma. De alguna manera.

Siente el hervor de su sangre cada que el chico se defiende con excusas tontas y sus respuestas las hace hirientes y cortantes, esperando hacer mella en el corazón de Izuku. En algún punto, Iida y Kirishima lo están deteniendo ya que está a punto de golpear hasta dejar sin sentido a Midoriya. El chico, como siempre, es capaz de controlarse y sólo lo observa como si fuera un maldito loco.

Deja de forcejear y se retira del lugar. No porque no quisiera seguir la pelea, sino porque ya no puede. Camina rápidamente, controlando su respiración a pesar de que cada vez le cuesta más pasar aire a sus pulmones. Sus ojos, con lágrimas contenidas, nublan su vista pero se fuerza a caminar más rápido.

Llega a su habitación y cierra con llave. Comienza a toser sin parar e intenta no desmayarse del dolor. Se repite que ya ha pasado por eso y que eventualmente se calmara. Sin embargo, cada segundo se siente como mil agujas y aun así, en medio de ese suplicio, su determinación no cambia. Nunca le dirá nada.

Los pétalos carmesí adornan el suelo. Los ve con odio y mil sentimientos más que no puede y no quiere identificar. Al final, sólo los recoge y los incinera lejos de los ojos curiosos.

Al destruirlos, su alma se siente en paz. Puede regresar con Kirishima y obligarlo a que se quede con él toda la noche. Le puede obligar a que lo bese en la oscuridad y que le diga que nunca lo va a abandonar.

A veces se pregunta si Eijiro sabe la verdad. Es probable. Después de todo, es demasiado observador. Si lo sabe, nunca dice nada. Sólo lo abraza fuertemente, entendiendo que sólo el rubio puede cambiar aquella situación.

Obviamente, Kirishima lo sabe. Pero no lo obligará a darle nombre a aquel sentimiento. Porque Bakugou era suyo y nunca se lo cedería a Midoriya. Nunca.