Orenji
Summary: Y solo sé que en la próxima vida iré a buscarte al principio.
Disclaimer: Naruto es propiedad de Kishimoto. La historia a continuación es mía.
Era su cumpleaños número catorce y sería presentada en sociedad. Anhelaba asistir a las grandes fiestas en donde habrían muchachos que tendría el gusto de conocer y considerar como futuros candidatos a marido. Sakura estaba ansiosa por encontrar al que sería el amor de su vida y no se conformaría sólo con la guapura y los refinados modales de dicha persona sino también en sus sueños y deseos a futuro, su apasionamiento y, en especial, la chispa que la haría reaccionar tan sólo al sentir su contacto en la piel.
La ansiedad había provocado que no durmiera del todo bien y que se reflejara en su dulce rostro de niña. Su madre había alzado su voz al cielo y había llamado a las criadas para que comenzaran a prepararla. La mayor de todas ellas se encargó de su rostro, logrando que sus ojos se deshincharan mediante la presión de una cuchara helada sobre ellos. Sakura no se quejó ni habló, sólo dejó que se encargaran de todo para que su madre no la siguiera regañando.
El corsé la estaba asfixiando y a pesar de que hizo un comentario sobre ello, nadie prestó atención alguna. Su pálida piel fue bañada con agua perfumada y su rostro maquillado a la perfección. El vestido de satén color verde le quedaba como un guante, gracias a la faja, y realzaba sus hermosos ojos delineados con polvos oscuros que su madre había guardado para aquella ocasión. Sus pies calzados en unos delicados zapatos, a los cuales no estaba tan acostumbrada, y su cabello peinado hacia arriba como un remolino sujetado por un precioso broche de oro blanco que tiraba de su cabeza, le hacían ver las estrellas por el dolor intenso.
Pero era su gran día. No podía tener ninguna queja. Así que con mucha fuerza y buenas vibras, sonrió a todas sus criadas y dio las gracias. Esperaba que todo aquello lograra enamorar a los jóvenes acaudalados e inteligentes de la ciudad.
Caminó junto a su sonriente y satisfecha madre a su carruaje. Su padre las esperaba en la entrada de la mansión; para ser un hombre mayor, aún seguía manteniéndose fuerte y guapo, y en aquel traje oscuro haría a más de una suspirar a pesar de estar felizmente casado. Su madre se agarró del brazo de su padre y sonrió cuando éste alabó su hermoso vestido color lavanda y lo preciosa que se veía esa noche.
El viaje fue largo y mientras miraba por la ventanilla, veía al sol naranja caer una vez más como todos los días. Amaba ese momento del día porque daba paso a la misteriosa noche que envolvía a todo el paisaje con su extraña magia, haciéndolo ver hermoso y maravilloso. Sakura amaba las noches de luna llena. Ese día se veía enorme en el cielo, brillando más de lo normal. Parecía que la noche la acompañaba en el sentimiento.
Y ese sentimiento de ansiedad que sintió, se fue cuando lord Inuzuka la sacó a bailar, rompiendo el hielo para ella y el resto de la velada. Pasó de brazo en brazo, bailó con casi todos los muchachos aquella noche y rió feliz por sentirse exitosa esa noche. Que alabaran su belleza era buena señal y que no se sintieran ofendidos ante su rápida y coqueta inteligencia, le daba más puntos a ella.
Lord Uzumaki, un lindo y divertido joven de cabellos alborotados del color del sol, se detuvo casi abruptamente cuando la pieza de vals terminó, dejando entrever su torpeza y avergonzando a su madre que estaba observando a unos cuantos puestos de la pista de baile. La dejó con una radiante sonrisa cerca de la mesa de los aperitivos y se mostró lo bastante educado al agradecer la pieza que habían bailado. Sakura asintió con una tenue sonrisa que se congeló cuando sus ojos se cruzaron con unos rasgados y atractivos ojos negros que la observaban desde el otro lado de la mesa.
El rostro de Sakura comenzó a arder de forma extraña, dejándola anonadada por tan repentina sensación. El chico mantenía sus ojos en ella como un halcón sobre su presa y no parecía inmutarse ni dignarse a acercarse hasta que la voz de su madre la trajo a la realidad. Asintió a lo que dijo sin haber escuchado realmente y cuando volvió la vista hacia él, ya no estaba.
Decepcionada, se sirvió una de las copas con jugo de fruta y bebió un sorbo para aplacar la sed que le provocó reír y hablar con cada chico que la había sacado a bailar. Una corriente eléctrica le recorrió la espalda, dejándola paralizada por unos segundos. Se giró para ver que había ocasionado aquello y allí estaba el extraño de ojos oscuros, a sólo dos pasos. Le sonrió, él le devolvió una mueca más que una sonrisa y se inclinó, saludándola. La mano de él se extendió y la de ella, automáticamente, se posó sobre la de él, haciendo una pequeña reverencia y aceptando su mudo pedido de un baile.
Sintió que era arrastrada por una corriente de sensaciones locas que la estaban desequilibrando y asustando. Era maravilloso sentir sus manos y ser mirada con tal intensidad. Era realmente guapo a pesar de sus rasgos exóticos y poco comunes. No habló en toda la pieza, parecía no dispuesto a romper aquella atmósfera armoniosa que se había generado entre ellos dos.
Sintió una leve presión en su cintura y las chispas saltaron frente a sus ojos como brillantes colores de un arco iris reflejado por la luz del sol. Era él. Desde el momento que lo vio lo supo y ahora que lo tenía entre sus manos lo pudo confirmar. Bailaron el resto de la velada pero cuando la música cesó y su madre la llamó, se preocupó. No sabía nada de él y él no parecía dispuesto a hablar. Así que antes de irse y despedirse de esa noche, le preguntó por su nombre.
Sasuke Uchiha.
Sasuke era medio japonés; su estadía en Gran Bretaña estaba ligada a una sucesión de tierras que le correspondía como Conde de Sharingan. Había arribado hacía una semana y había estado apurado por entregar esas tierras para volver a su Japón natal, pero a último momento había cambiado de planes y todo fue por ella.
Los encuentros fueron tanto en público como clandestinos. Estaban locos el único por el otro y él estaba dispuesto a abandonar su tierra para instalarse en sus posesiones adquiridas por su abuelo materno para poder reclamarla a ella como su condesa.
Todo parecía ir perfecto, encaminado hacia la propuesta de compromiso. Pero la aparición de un tío lejano, pariente de los Uchiha, lo complicó todo. Sasuke comenzó a no tener tiempo para estar con Sakura y ella comenzó a temer por su futuro. Si bien ella estaba con Sasuke, sus padres no sabían nada de ello y parecían no tomarlo en cuenta por ser un extranjero de raíces poco convencionales para ellos.
Sakura estaba preocupada por él mientras que él intentaba que no se entrometiera en asuntos que no le concernían. Eso hirió a Sakura, pero sabía que tenía razón. No era su lucha porque aún no eran nada más que una parejita que se besaba y se abrazaba a escondidas. Sasuke era el ejemplo de caballerosidad en público, pero lejos de los ojos curiosos se convertía en el amante apasionado que ella adoraba sentir entre sus dedos.
El mundo se vino abajo cuando su padre le comentó que la había prometido a un lord que conocía y sabía que sería el marido perfecto para ella a pesar de pasarse por dos décadas de su edad. Ella se indignó ante aquella actitud y renegó de ello, pero su padre pareció no escucharla y siguió adelante con ello. Sintió asco cuando supo que el individuo tenía cuarenta años y que la deseaba. Se sintió enferma. Podría ser su padre y odió a su progenitor por acceder a dicho compromiso sin su consentimiento de una forma tan repentina.
Su padre parecía nervioso cuando tuvo que comunicarle que se casaría con tal hombre en menos de un mes y parecía apurado por lograr aquello. Sus sueños se hicieron trizas y Sasuke que no aparecía. Su madre lloró cuando Sakura, descorazonada y destrozada, le imploró que no le permitiera que su padre le hiciera eso. Fue entonces que se enteró que su padre la había vendido. Había adquirido deudas y como comprobante de ello, la había utilizado a ella para ese maldito viejo perverso.
La depresión hizo mella en ella y cuando Sasuke volvió a aparecer, se llevó una gran sorpresa cuando la encontró más pálida de lo normal y delgada por la falta de apetito. La abrazó, pero ella se mantuvo quieta. Los reproches llegaron y con ellos, las confesiones y verdades se expusieron. Sasuke sintió morir cuando supo que ella estaba comprometida y más aún cuando supo que el futuro esposo de su amada era el infeliz de Madara Uchiha, un tío lejano que había venido a reclamar su herencia.
Comenzó a temer de verdad. No le interesaba su título de conde realmente, pero para tener a Sakura debía conservar aquello. Y ahora que peligraba todo aquello y que el maldito había tocado su punto débil, sintió ganas de vomitar.
Madara era todo lo que ella podía detestar en un hombre. Era arrogante, frío y perverso. Se había mostrado violento y hasta amenazador ante ella y todavía no podía creer que su propio padre la entregara a tan horrible ser. Cada que intentaba mirarlo, su padre le esquivaba la mirada y se desentendía de todo. Comenzaba a darse cuenta que su padre no era el ser maravilloso que ella creía.
Su madre le acarició el rostro cuando vio un pequeño corte. No había ocurrido ni dos semanas desde el compromiso y ya la había lastimado. Su madre intentó interceder entre su padre y ella para poder liberarla, pero él se rehusaba a cambiar los planes y seguiría adelante aún ignorando el hecho de que entregaba a su hija al mismísimo diablo.
Los encuentros con Sasuke siguieron. En público hacían como si no se conocieran, pero cuando los invitados estaban demasiado ebrios para saber quienes eran ellos, se escondían en los jardines para darse besos y jurarse amor eterno.
Mei, una viuda de casi treinta años, estaba destrozada cuando supo que el amor de su vida estaba comprometido a una niña. Si bien Madara seguía acudiendo a ella para hacer el amor, él no parecía dispuesto a proponerle aquello que ella tanto deseaba de él. Ni obtenía las palabras que añoraba que sintiera él por ella. Sufría por ello y quería venganza. Quería destrozar a esa pequeña rata que había robado el corazón de su hombre y cuando la conoció, entendió porqué la había elegido a esa y no a ella. No sólo era hermosa, había algo en ella que la hacía brillar con luz propia aunque esta estaba menguada por una capa de amargura y tristeza.
Entonces supo que algo raro ocurría allí porque cuando estaba sola, sus ojos se escurrían entre el público y se llenaban de vida cuando reparaban en el joven japonés y se amargaban cuando la mano callosa y áspera de Madara se paseaban por la pequeña y pálida mano de ella. Sintió un sollozo morir cuando fuera de la multitud de gente, él la obligó a besarlo. Ver cómo la niña peleaba por ser liberada de sus garras la hizo sentir enferma. Pero cuando la vio derretirse bajo los labios del joven lord entre los matorrales, lo supo. Esa era su oportunidad.
Madara salió de la ciudad por unas semanas y Mei lo maldijo por inoportuno, pero sabía que cuando volviera le diría toda la verdad sobre Sakura y Sasuke para que él la dejara y la mirara a ella de verdad. Sólo que cuando volvió, apuró la boda. Si bien, ella logró decirle lo que sabía de aquel romance juvenil, Madara no se inmutó ni comentó algo sobre ello. Parecía no importarle realmente.
Entonces, cuando llegó el día, Sasuke había ejecutado el plan de escape para ellos dos. Mei rogaba que el niño fuera rápido y se largara con Sakura. Y Sakura deseaba que no hubiera contratiempos. Se había despedido de Sasuke con un beso y con la promesa de verse a medianoche para fugarse.
Pero Sasuke jamás llegó y ella se convirtió en la señora de Uchiha Madara. Lloró cuando aquel monstruo la desvirgó casi a los golpes. La mantenía controlada todo el tiempo y bajo amenaza, no sólo por su integridad física sino por la de Sasuke, quien estaba bajo las garras de dicho ser. Intentó dar con él, pero no había caso.
Por las noches se mantenía recta como una tabla mientras él abusaba de ella y se sintió asqueada cuando quedó embarazada de él. Y si bien se merecía el infierno por odiar a su hijo, ella siguió adelante por el bien de Sasuke.
Pero fue un descuido de Madara y una de sus tantas borracheras que lo supo. Sasuke ya no existía en el plano físico. Esa noche que jamás apareció fue su último día con vida. Madara lo había mandado a matar y si bien Sasuke luchó con todas sus fuerzas, el golpe mortal de su cabeza contra una filosa roca fue lo que acabó todo.
Lloró amargamente luego del descubrimiento y supo que ya no quería esa vida para ella. Dejó de comer y de cuidarse. Ya no le interesaba nada y su madre comenzó a temer lo peor. Y todo pasó una hermosa noche de luna llena. Sin importarle el perdón de Dios ni que sus padres sufrieran por ello y menos el niño que llevaba dentro, se lanzó desde la habitación más alta del castillo.
Mientras el viento le rozó un instante la piel, sintió que Sasuke le susurró:
Nos encontraremos de nuevo.
1790-
N/A: Hola, segundo capítulo. Espero que les haya gustado y muchas gracias por sus comentarios, los favs y follows, me hace mucha ilusión este proyecto porque lo vengo trabajando en mi cabeza casi un año y haciendo viñetas y dibujos de esto.
Hikari el capítulo que más te gusta está aquí(? xD
Cambié el summary, más adelante les explicaré por qué y de donde viene. No quiero hacer spoiler xD
Bye~
