Orenji
Summary: Y solo sé que en la próxima vida iré a buscarte al principio
Disclaimer: Naruto es propiedad de Kishimoto. La historia a continuación es mía.
Su familia estuvo realmente en contra del camino que ella eligió para su vida. Era aún joven cuando comentó cual era la vocación a la que se quería dedicar y explicar cómo el llamado de Dios había tocado su corazón había hecho renegar mucho a su madre.
Criada por su madre y su abuela, Sakura creció en un hogar lleno de confort y amor. Siempre había sido una buena niña, solidaria y amorosa con sus pares. Jamás había deseado ni hecho el mal a nadie ni siquiera sentido odio por el padre que la había abandonado de pequeña. Su madre había dicho pestes sobre él, pero Sakura sólo se mantuvo callada y abrazada a su madre para calmarle el dolor que le había causado que su marido la dejara. La niña sólo había deseado que su padre tuviera una vida feliz aunque no fuera a su lado.
Era buena haciendo los quehaceres y era muy buena con los niños. Solían burlarse de ella por el supuesto esfuerzo que hacía para ser la chica perfecta. Pero Sakura no buscaba ser perfecta, ella sólo hacía lo que creía que era correcto para ella.
No había tenido novio, no había sentido atracción por ningún muchacho y menos amor por alguno. Tampoco por las chicas, en aquella época en la que se vivía no era nada extraño que hubiera ese tipo de inclinaciones sexuales.
Su madre se preocupaba por lo solitaria que era, por lo poco que salía y el tiempo que parecía dedicarle a cosas que no estaban mal que las hiciera pero que se le hacía extraño para una niña en plena adolescencia. Mientras sus compañeritas salían a divertirse y a hablar de muchachos, Sakura salía al patio a leer un libro o iba a lugares poco agraciados a ofrecer su ayuda sirviendo platos de comida o cuidando niños de la calle. Se sentía orgullosa por su hija, pero temía que se condenara a una vida de privaciones y reclusiones.
Y lo que más temía se cumplió.
Sakura tenía quince años cuando dijo que Dios había llegado a su corazón. Había sido tan hermoso y emocionante que aún podía sentir la piel erizada y los ojos humedecerse por la sensación. Había sido lo más maravilloso que había sentido en sus cortos años de vida y supo con ello que su vida debía dedicársela a Dios.
Mantuvo su idea en secreto por un tiempo, pues sabía que aún era joven y su madre no estaría de acuerdo con ello. Ella deseaba que formara una familia y tuviera hijos, deseaba nietos a los cuales mimar como lo habían hecho con ella.
Pero Sakura ya tenía claro lo que deseaba para su vida y su camino a los brazos del Señor comenzó. Su madre intentó detenerla, pero fue inútil. Los primeros pasos dieron al noviciado y si bien podía mantenerse allí y en un futuro poder retirarse, la voz de Dios llegó más y más, y ya no pudo parar. Decidió que debía culminar sus estudios religiosos hasta llegar a la profesión de monja. Era de por vida, pero su vida la entregaría con gusto a Dios.
Sólo faltaba el paso final y tendría lo que siempre había soñado. Una pena que el destino arruinara todo sus planes.
Un nuevo sacerdote entró al clero. Las aspirantes suspiraban por él y si bien no estaba permitido que hicieran aquello porque iba contra las reglas, las monjas solían reírse de ello. Sakura recordaba que su madre la asustaba contándole historias sobre monjas malas y crueles, pero ella estaba rodeada de las hermanas más buenas y amables del mundo. Al menos, en el convento en donde vivía eran todas muy afables y agradables.
Sakura había escuchado del nuevo sacerdote y esperaba que fuera tan bueno y agradable como lo había sido el Padre Sarutobi. Estaba espantada por el revuelo entre las más jóvenes y el que pasaran chismes sobre aquello le pareció una conducta muy reprochable. No quería ser soplona, pero comentó a la Madre Superiora para que hablara con las aspirantes y postulantes.
No entendía que era lo que tanto ocasionaba el disturbio hasta que lo conoció. La Madre Superiora había mandado a llamar a todas para presentar al nuevo Sacerdote del convento y fue allí dónde entendió el revuelto entre las nuevas. El hombre era joven, alto y muy apuesto. Sakura sintió una opresión en el pecho cuando sus ojos se cruzaron. El Padre Sasuke pareció sorprendido de verla, pero la expresión se volvió serena y apartó la vista de ella.
Esa noche no pudo dormir. Comenzó a pensar en cosas que no había pensado jamás en su juventud. Eso la asustaba, pero decidió espantar dichos pensamientos y dedicarse a rezar por el bien de ella y todo el convento.
Creyó que sería solo esa vez, pero no. Comenzó a tener pensamientos poco puros y a sentir eso que en su juventud jamás experimentó. Si bien no tenía trato directo con el Padre, Sakura solía cruzarlo por el convento, verlo en las misas dar la palabra de Dios y caminar por el jardín con la Biblia bajo el brazo.
Temía por su alma cada que soñaba algo obsceno y quiso llorar cuando sintió ardor al ser mirada por el Padre Sasuke. Se pasaba el tiempo suspirando y sufriendo en silencio, creyendo que enloquecería y se iría al infierno por sentir tal atracción y deseo por su superior.
Había elegido ese camino porque Dios lo quiso así y ella lo aceptó en su corazón, aceptó dedicarse a serle fiel hasta el día de su muerte. Pero ahora esas elecciones comenzaban a hacer mella en ella y a hacerla dudar de todo su camino.
Lamentablemente, ya era tarde para retractarse. Había dado sus votos finales y había perpetuado su vida a Dios y a su iglesia. Tenía deseos de llorar.
Y no era la única.
Sasuke no podía creer que, a tal altura de su vida, sintiera amor por primera vez y por una de las Esposas de Cristo. Había elegido ese camino porque no creía poder soportar una vida compartida y porque algo, no sabía qué, lo había empujado a ello. Creyó que había sido Dios, pero ahora que lo veía bien, se había dado cuenta que era para conocerla a ella.
La reconoció en sus ojos. Era ella. Era la mujer que aparecía en sus sueños, en diferentes apariencias pero con los mismos ojos de un verde intenso y hermoso, como dos joyas. Sasuke comenzó a lamentar su vocación, pero era tarde para ambos y lo mejor que podía hacer era resignarse. El amor que sentía por ella era pecado y ante los ojos de Dios se merecería el infierno por desear tocar a una de sus hijas sagradas.
Lo intentaron. Cada uno por su lado, pero algo siempre los atraía como imán y metal. No podían quitarse los ojos de encima y evitar pensar en cosas deshonestas para su mundo religioso.
Él oraba por su alma y por el perdón de Dios cada que iba a dormir. No podía evitar soñar que la tenía bajo su cuerpo, abriéndose camino a ese paraíso prohibido. Cada que la tenía cerca sentía la tentación como la que había sentido Adam por Eva, de probar la fruta prohibida y perderse en el mar de lujuria que el mismo Diablo intentaba contaminarlo.
Sonrió al pensar en ello. La tentación cada vez era más fuerte y presentía que no sólo iba en una dirección.
Sakura no soportaba aquello. Por primera vez estaba nerviosa al confesar un pecado del que se sentía culpable y arrepentida. Ella entró al confesionario y pronunció las palabras concretas pidiendo ser absuelta y perdonada por el representante de Jesús en la tierra. Rezó tantos Padre Nuestro que perdió la cuenta y oró por su alma frente a la cruz en la capilla.
Sasuke se mantuvo en silencio, aún dentro del confesionario sintiéndose extraño por las palabras de la Hermana Sakura. No era el único con pensamientos impúdicos y sintió desolación ante la sensación de plenitud y bienestar que le dio aquello.
El tiempo fue pasando y negar sus sentimientos se volvió un calvario en tierra sagrada. Por más que lo ignoraran, no podían contra ello y fue una dulce tarde de verano cuando las cosas se fueron de las manos. Estaban cometiendo un pecado horrendo en la casa del Señor. Y mientras ella entregaba su virtud al Cura del convento, sus mentes torturadas se pusieron el blanco. Las sensaciones y vibraciones que corrían por sus cuerpos los llenaron de un gozo y una libertad que jamás habían sentido en sus vidas.
Las lágrimas corrían por el rostro de Sakura, sintiendo que él era lo que faltaba en su vida, en la vida que ella dejó atrás. Sasuke era el indicado, la persona a la que pertenecía realmente y si bien estaba siendo infiel a Dios, aún así rogaba por su perdón. Ella no había querido que las cosas pasaran así, pero la vida los había reunido en el lugar y el tiempo equivocados y debía existir una razón.
Sasuke sintió todo menos culpa. Al fin podía tenerla y sentirla entre sus brazos, después de tantos años, por fin la había encontrado. Los ojos le ardían tratando de contener las lágrimas de dicha por tenerla con vida. Sakura era la misma de siempre, la que había amado década tras década y ahora era suya para siempre.
Si eso se descubría, no sabían lo que sería de ellos. Sakura comenzó a sentirse mal luego de un tiempo. No sólo sentía culpa por lo que había hecho sino que también comenzó a sentir cambios en su cuerpo. Todo lo que ingería lo vomitaba y su abdomen comenzó a crecer. No podía creer que le pasara eso, sólo lo habían hecho sin protección una sola vez y ocurría eso.
Intentó esconderlo bajo sus ropas, pero llegado a cierta instancia del embarazo y las sospechas que la Madre Superiora tenía sobre ella, se descubrió la verdad de que había pecado y que ese pecado venia en forma de niño. Lloró mucho por haber sucumbido y Sasuke sintió morir cuando lo supo. Sakura había evitado que se acercara o la tocara y no entendía muy bien porqué había cambiado de repente. Sabía que estaba mal, pero era inevitable estar lejos de ella.
Fue un escándalo aquello. Sakura no quiso dar el nombre de Sasuke, quería mantenerlo seguro y que toda la culpa recayera solo en ella. Sasuke estaba en contra de ello y quería hacer frente a lo que había ocurrido, había abusado de su confianza y había tomado lo que no debía.
Las cosas fueron de mal en peor. Las monjas se mostraron agresivas con Sakura y muy frías, estaban decepcionadas de ella y su comportamiento. Sakura temía por lo que ocurriría una vez que naciera el bebé, quería irse de allí pero no podía, la mantenían encerrada en su habitación sin acceso a visitas. El único que tenía permitido el acceso era la Madre Superiora y Sasuke, cosa que fue un alivio para ella.
Sasuke intentaba calmarla y le prometía que solucionaría aquello, que lograrían salir de eso. Pero su embarazo llegó a término, el niño nació y se lo llevaron. Ella sólo supo que era un niño de cabello oscuro y bastante pequeñito. Sasuke le había dicho que era un niño precioso y que haría lo que fuera por llevarlo con ella. Siguió hablando de una vida juntos con el bebé sin saber que estaba siendo escuchado tras la puerta.
Sasuke fue removido de su cargo y excomulgado de la Iglesia y el convento. Sakura fue obligada a seguir en otro monasterio, en el cual eran mucho más estrictos y serios.
Todo se había acabado, su pequeño mundo de fantasías había terminado una vez más y sólo podía llorar. Lloró por su bebé, el cual había sido dado en adopción sin haber podido verlo ni siquiera una vez. Lloró por Sasuke de quien no sabía nada y por ella, por el destino solitario y amargo que le había tocado.
Porque una vida sin Sasuke no tenía sentido.
Ya había pecado mucho en esa vida, un pecado más ya no le haría más daño a su alma. El suicidio no era algo bien visto por Dios y ella ya se había descarriado de su rebaño el día que sus ojos se cruzaron con los de su amado todo porque en su mundo amar de forma carnal era considerado un pecado. Ni siquiera aquella punzada en el corazón atravesado por una punta filosa le había dolido tanto como el que le arrancaran a Sasuke de su lado.
Sasuke sintió un intenso dolor. Fue extraño, pero presentía cual era la razón de ello por lo que no dudó en hacerlo también. Sonrió al astro rey, brillando por última vez en el cielo lleno de matices amarillentos y anaranjados como el esplendor que rodeó a Sakura el día en que la conoció, y se dejó caer de la silla. La viga crujió por el peso, pero se mantuvo estable. Y mientras el oxígeno lo abandonaba poco a poco, su mente deseó lo que su triste corazón le exigía a cada pausado latido…
Si hay un próximo encuentro, por favor, que sea por última vez.
Y el destino les concedió dicho encuentro, otra vez…
2005-
N/A: Seguramente me odien pero bueno, fin(?
De verdad, amé hacer estas historias hiper trágicas. No soy fan del angst ni de hacer este tipo de cosas, pero sentía que era hora, me carburó mucho tiempo esto y espero haber cumplido sus expectativas.
Esta vez toqué un tema más serio: la religión. La idea me la dio una amiga aunque ella pensaba algo entre una monja y un militar pero yo quise ir más allá. Fue duro, investigué un poco así como los anteriores, ninguno fue escrito así nomás, me informé antes de abordar cada tema porque quería hacerlo un poco más real, pero este fue el que más me costó escribir y hasta lo sentía horrible. Pero lo releí y la verdad que para haberlo escrito muerto de sueño, lo hice bastante bien y me gustó como quedó.
En cuanto a este encuentro, Sasuke sabía de ella y por eso, esta vez, algunas partes fueron contadas desde su perspectiva ya que quería mostrar su parte de conciencia ante sus encuentros. Ellos siempre supieron inconcientemente del otro, pero en esta historia lo remarqué más en Sasuke. Sakura inevitablemente siempre se enamoraba de Sasuke. Aquí lograron tener un descendiente ;; lo que lo hace más doloroso para mí porque se los arrebataron. Sasuke y Sakura se fueron juntos esta vez y pues su bebito tiene otra familia :c
Muchísimas gracias por los comentarios, los favs y los follows, también a los lectores silenciosos y a Hikari por darle el visto bueno a este fic.
No se vayan, siempre hay algo más que contar.
Bye!
