#17 Mitología

Kirishima x Bakugou

Kirishima custodiaba los alrededores del castillo. Sus escamas, rojas y negras, brillaban con la luz de la luna, confiriéndole un aura etérea y magnífica.

El bosque que rodeaba aquel lugar se encontraba en silencio. A pesar de que los árboles eran frondosos y las ramas crujían con el viento invernal, los animales que usualmente salían durante las noches, se encontraban escondidos en sus madrigueras. Como si supieran que algo malo se avecinaba.

Eirijo escuchó el llamado de su amo en el viento nocturno. Desplegando sus alas, alzó el vuelo, cubriendo la distancia rápidamente.

El puente levadizo siempre estaba abajo. Aterrizando lo más suave posible, pisó la tierra, levantando una pequeña polvareda en el lugar.

Odiaba convertirse en humano. Lo hacía débil y frágil. Podían romper su cabeza fácilmente o perforar su corazón en un instante, pero a Katsuki no le complacía verlo en su forma original. Su deber era complacerlo y así lo haría.

Sin embargo, la transformación era dolorosa. Sus escamas caían poco a poco y cada una de ellas arrancaba la piel en el proceso. Sus uñas se contraían, lastimando sus huesos y sus dientes hacían sangrar profusamente su boca.

Cuando terminaba, siempre contemplaba sus brazos y piernas, ambos bañados en sangre. Era curioso observar la piel humana, pálida y suave contrastando el color carmesí de su sangre de dragón.

-Lo que los humanos harían por esta sangre- era el último de su clan. Todo por los humanos, creyentes que la sangre de dragón les concedería algún tipo de poder místico. Qué equivocados estaban.

Sin perder más tiempo, atravesó el puente levadizo y en el camino hacia el trono, se vistió apropiadamente.

-Los humanos son tan débiles ante el frío- pensó mientras se ajustaba su capa forrada en piel de lobo.

La habitación donde se encontraba Bakugou era el salón principal. Había cientos de velas a los costados, iluminando los tapices y las banderas de batallas y reyes desconocidos para él. Bakugou se encontraba hasta el final, sentado en lo que había sido el trono del rey.

-Tardaste- espetó el rubio, observando con detenimiento al hombre que se acercaba hacia él.

Eijirou caminó hasta llegar a una distancia respetuosa. -Sabes que esto tarda, ¿verdad?-

-Como sea- el rubio, para variar, no quería iniciar una pelea por lo más absurdo -El hechicero se acerca-

Eijirou lo sabía. el bosque estaba demasiado callado. El viento olía a podredumbre y metal.

-No dejaré que nadie se acerque-

-Lo sé. Pero es muy poderoso. Tiene hielo y fuego en sus manos- Bakugou estaba preocupado. Por primera vez, desde que comenzó a ser el guardián de ese castillo, no sabía si Kirishima sería lo suficientemente fuerte. -Si pasa algo, tienes que protegerla-

El dragón sólo pudo sonreír. A veces los humanos eran tan estúpidos.

-Oh, pero si tu mueres se termina el trato- se acercó lentamente, deleitado por el rostro del rubio. A pesar de que sabía que estaba furioso, el chico no hizo ningún movimiento. -Tu..- se inclinó sobre él, con una mano sobre el respaldo del trono y la otra fijando la barbilla del chico

-Eres mío. No puedes morir si no lo deseo- Al dragón le gustaba la forma en que las pupilas del chico se dilataban ante esa verdad. No tenía escapatoria y a Eijiro le encantaba recordárselo continuamente.

El rubio cerró los ojos y suspiró lentamente. La carga de su deber era muy pesada. -Entonces… ¿nos vamos?- preguntó sin dejar de ver al pelirrojo.

El pelirrojo sonrió ampliamente-Por supuesto-