Los siguientes relatos son breves y son independientes. Todos pertenecen al mundo de Dragon Age, saga de videojuegos de RPG desarrollado por Bioware. Y surgieron como parte de un desafío de un relato por día a lo largo de Octubre (Taletober), aunque nunca llegué a completarlo.

Espero los disfruten

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El Velo:

Un niño se halla perdido en el mundo de los Sueños

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El lugar no tenía formas.

Los sonidos eran colores y los colores eran sensaciones. Podía llorar el azul, odiar en rojo y temerle al verde. Ahí todo era tan diferente.

Comenzó a avanzar por lo que se le antojó un charco. Un paso, una ondulación en la superficie; otro paso, y otra perturbación… todos sus sentidos le decían que avanzaba. Un pie delante del otro. Pero se sentía vacío, etéreo. Su cuerpo flotaba como la más grácil pluma al viento.

Sabía dónde estaba, y se sintió maravillado, aunque al mismo tiempo aterrado. Aunque no sabía en qué parte de aquel inmenso lugar, exactamente.

Alguna vez había oído que los lugares en el Velo no tenían tanta importancia; como sí la tenían los símbolos que rodeaban al soñador. Buscó con la mirada a la Ciudad Negra, visible en el horizonte desde cualquier punto.

Y por supuesto, la vio. Sin pensar en nada en concreto, de sus labios surgió el Cantar:

"Y entonces dijo el Hacedor: A partir del Velo os he creado y al Velo regresaréis. Cada noche en sueños, para que podáis recordarme. Y entonces, el Hacedor selló las puertas de la Ciudad Dorada, y allí aguardó"

Estiró una de sus manos, como cada vez que necesitaba sentirse a si mismo real.

Pero alguien susurró a sus espaldas.

- Si es la Gloria lo que buscas, yo puedo otorgártela. – La voz era desagradable y revolvió a sus entrañas con una instintiva repulsión - ¿O acaso lo quieres es mantener tu libertad… apóstata?

Y el joven corrió. No quería oír al demonio, y no quería oír la última palabra. La intentó alejar de sus pensamientos. La palabra no tenía sentido, no aplicada en él al menos.

Su corazón desbocado latió con fuerzas en sus oídos. Deseaba ser un niño que soñaba, y sólo eso. Nada más que eso.

"¡Despierta!" Se gritó internamente. Y aspiró con desesperación, como si se hubiera ahogado.

Sudado, entre sus sábanas, oyó las voces de sus padres, en la cocina. Su madre lloraba, su padre sonaba tenso. Otra voz, desconocida, pronunció la misma palabra que el demonio: apóstata.

Las sillas se corrieron. Y escuchó unos pasos que se dirigían a su habitación.

Y la pesadilla no se esfumó.

Y los pasos se acercaron.

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