Los siguientes relatos son breves y son independientes. Todos pertenecen al mundo de Dragon Age, saga de videojuegos de RPG desarrollado por Bioware. Y surgieron como parte de un desafío de un relato por día a lo largo de Octubre (Taletober), aunque nunca llegué a completarlo.

Espero los disfruten

...

En la Muerte, sacrificio:

Aunque nadie lo había creído posible, tan sólo dos guardias grises, supervivientes de Ostagard, lograron reclutar a antiguos aliados, haciendo uso de los tratados de la Orden. Tras haber vengado a su familia, y habiendo participado de la Asamblea de Denerim, en la que se proclamó como soberano de Ferelden a Alistair, la guardia Gris Cousland dirige a su variopinta compañía hacia Risco Rojo.

...

Se habían abierto camino hasta Risco Rojo a fuerza de mandobles y estocadas. Todavía cubiertos de sangre, se habían dirigido presurosos hasta el Salón, dónde se encontraron con las fuerzas del Arl Aemon, apiñadas. Riordan ya estaba allí, esperándolos.

Riordan… el guardia gris que habían rescatado de las garras de Howe. En aquel entonces, al verlo fuera de los barrotes, la joven Cousland había sentido un gran alivio. Habían encontrando a un hermano veterano de la Orden, sacándose así el liderazgo de sus hombros. Y ella pelearía a bajo su comando, y lo haría con orgullo.

Pero, durante la cena que les había ofrecido el Arl, aquél hombre se había transformado en una obsesión. A través de la mesa, le había dirigido miradas furtivas.

"El Archidemonio se ha mostrado. El dragón va a la cabeza de la Horda" les había informado apenas arribaron. Y Aemon los había urgido a marchar hacia Denerim, con las fuerzas que ya habían reunido con los Tratados. Pero, tras concordar que las tropas de Risco Rojo estarían listas recién para el amanecer, todos se habían permitido distenderse por un momento.

Antes, sin embargo, Riordan les había dicho que debían hablar sobre asuntos de los Guardias previamente a retirarse a sus aposentos. La joven Cousland no había nacido ayer. La mención del archidemonio y dichos asuntos no podían estar separados.

Hacía ya tanto tiempo atrás, en Ostagar, Duncan les había dicho (A ella y a Alistair) que si al encender la señal en la torre de Ishal aparecía el Archidemonio, no hicieran ninguna tontería, y que se lo dejasen a los veteranos.

A su lado, en la mesa, Zevran bebía vino, y bromeaba con Leliana con respecto a cierta grosería que Oghren había dicho frente al Bann Teagan. Sus risas sonaban naturales. Pero los músculos de sus cuellos lucían tensos. Mientras el elfo volvía a levantar la copa, la guardia gris sintió que se helaba hasta la médula. El movimiento de su compañero la había trasladado hasta su Iniciación, cuando ella misma había llevado un cáliz a sus labios.

Tras beber la sangre que habían recolectado en la Espesura del Korcari, ella lo había visto por primera vez: la corrupción en sus venas le mostró al enemigo que surcaría los cielos para devastar Ferelden. Al que continuaría viendo en sus sueños rugiendo, a su espera.

Se levantaron los comensales, y todos, salvos los soldados que vigilarían el Castillo esa noche, se dirigieron hacia sus dormitorios. Pero la joven Cousland sabía, que aunque sus músculos estaban extenuados, no podría dormir esa noche.

Cruzó palabras con los hombres, tanteando la escasa moral de las tropas. Les sonrió, mostrando confianza en que "El Rey Alistair" les traería la victoria. Sabía que era vital levantar los ánimos, aunque los suyos propios estuvieran por los suelos.

Los enanos discutían con fervor. Les preguntó si podía ayudarles con algo, pero negaron con la cabeza diciendo que eran noticias de Orzammar, problemas con las casas Klarent y Rumold que escapaban a su gentil ofrecimiento.

Observó a sus compañeros a través de las puertas, mientras caminaba rumbo al encuentro con Riordan: Sten usaba una piedra de amolar, en un vaivén minucioso a lo largo de su Asala. Oghren ya roncaba, pero había colocado a Inmortal al pie de su cama, como un amuleto. Wynne leía el Cantar, ya recostada. Leliana se cepillaba el cabello, sumida sus propios pensamientos. Zevran fue el único que percibió su presencia; el elfo miraba por la ventana, pero se volvió cuando ella pasó por ahí, levantando una ceja. Shale se había retirado al patio, divertida ante la perspectiva de aplastar engendros tenebrosos en el campo de Batalla. Y sólo el Hacedor sabía dónde se hallaba Morrigan.

Riordan se enfrentó a los jóvenes guardias grises. "¿Se han preguntado por qué los guardias grises son necesarios para detener la Ruina?" Había preguntado el guerrero. Por supuesto, ella lo había hecho. Su melancolía ya sabía la respuesta, incluso antes de que aquél terminara de exponer el motivo. "Sin nosotros no hay esperanza" Había dicho Riordan "Es tradición que el guardia gris más experimentado sea el que dé la estocada final" Alistair se volvió a mirarla, con ansiedad, pero ella esquivó los ojos de su amigo. Entonces, el nuevo monarca concluyó con "Esto terminará pronto, de una forma u otra" y se retiró primero. Ella había estado por hacer lo mismo, pero sintió la mano del guerrero deteniéndola.

- No tengo derecho a pedirte esto. Pero…

- Pero si tú fallas, debo ser yo quien lo haga – Concluyó ella. Él asintió secamente – Descuida, no privaré a Ferelden de su monarca. – Ella le palmeó la espalda – En la muerte, sacrificio ¿Verdad, Riordan? – El guardia gris dejó escapar una carcajada, aunque sin dejar traslucir alegría en ésta.

- No, hermana. En la guerra, la victoria.

Ella se dirigió a su propia habitación. Sus botas resonaron en el pasillo, con un eco de ultratumba.

Adentro la esperaban.

Morrigan quería hablar con ella.

Le dio un ofrecimiento críptico, que la hizo dudar… Todo el tiempo que transcurrió desde que habían partido juntas desde la cabaña de Flemeth, había logrado forjar una amistad sincera con la Bruja. Su corazón, sin embargo no quiso dejar el destino de todos a un ritual del que desconocía las consecuencias. Por supuesto, la bruja se enojó con ella. "Eres una tonta" La increpó, pero luego la maga la había mirado con tristeza "Entonces, este es el adiós, mi amiga. No iré contigo a la batalla".

Y desapareció. Pero la habitación continuaba llena. Los fantasmas continuaban observándola.

- Descuida, padre. Lo recuerdo – Le dijo a las sombras - Somos Cousland, y hacemos lo que debe hacerse.

...