Los siguientes relatos son breves y son independientes. Todos pertenecen al mundo de Dragon Age, saga de videojuegos de RPG desarrollado por Bioware. Y surgieron como parte de un desafío de un relato por día a lo largo de Octubre (Taletober), aunque nunca llegué a completarlo.
Espero los disfruten
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Caravana:
Antes de que el Cónclave se llevara a cabo, la compañía mercenaria, Valo-Kas es contactada por la Capilla. (DAI)
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La larga caravana de brontos avanzó a través de la noche, guiados por la mano de sus amos quienes estaban presurosos por llegar a Therinfal.
Tan corpulentos eran los custodios de la caravana que se asemejaban más a las monturas que a los custodiados. Que enanos y Qunari caminaran a la par, era otro ejemplo de la locura que le había proseguido a la explosión de la Capilla, en la Ciudad-Estado de Kirkwall.
La guerra había estallado.
Y Adaar no podía culpar a sus actuales patrones. Los templarios necesitaban lirio, los magos necesitaban lirio y el Cartel traficaba lirio. Los mercaderes oficiales del Reino Subterráneo eran un blanco fácil. Toda Thedas se movía por el polvo: el regalo de la Roca constituía más de la mitad de los ingresos del tesoro de Orzammar. Y sólo un puñado de familias de la casta de los mineros se arriesgaba a extraer el mineral. La exposición al mismo contraía grandes riesgos, incluso con la resistencia natural de los enanos a la sustancia.
Adaar miró a sus camaradas. Ninguno de los cuáles practicaba el Qun y eran, por tanto, Tal-Vashoth a los ojos de los de su raza. Pero sus cuernos siempre ponían distancia entre ellos y los demás. Siempre había sido así, pese a que se habían criado en las Marcas Libres. Los mercenarios eran tratados como si fueran tan sólo armas, herramientas; casi como una ironía tras marginarse de la doctrina del Norte.
Los enanos no parecían cómodos con criaturas que equivalían a casi tres de ellos mismos. Pero la compañía Valo-Kas se había hecho de respeto. Cumplían sus contratos, sin importar qué.
- Llegamos a Therinfal, le damos el cargamento a los templarios y nos largamos. – Anunció no por primera vez, el líder de la expedición – Fácil, simple… Y el Rey Bhelen estará complacido.
- ¿Y si los templarios no pagan? – Preguntó uno, al que Adaar había apodado Nervioso. No había parado de contemplar al cielo desde que habían salido a la Superficie, como si con su mirada pudiese evitar que aquél se desplomase.
- ¡Ja! Si no pagan… - El líder apuntó a los Tal-Vashoth con la cabeza – Además, a Bhelen no le interesa sí los de la Superficie se destrozan. Si están tan tocados como para faltar el respeto a la casa Aeduncan, el flujo de Lirio parará. Ya verán si no lo hace.
Adaar se sonrió. Dudaba que eso pasase. El conflicto entre magos y templarios estaba enriqueciendo a Orzammar. Pero en su entendimiento de estrategia, sabía que los enanos siempre tendrían la ventaja en las negociaciones.
De pronto, Shokrakar corrió hasta ponerse a su altura. Los patrones miraron a la colosal mujer con preocupación, y luego escrudiñaron a sus alrededores. Los otros miembros de Valo-Kas, sin embargo, parecían relajados (O lo suficientemente relajados siendo éstos unas moles rígidas de puro músculo) Los brontos tampoco mostraron nerviosismo, y los mercaderes pronto se desentendieron del asunto.
- Adaar – Le interpeló la líder. Él le gruñó en señal de que la estaba oyendo. - ¿Sabes quién es la Divina, verdad?
- Tengo una idea, sí – Le sonrió tensamente. Todo el mundo estaba atento al accionar de la cabeza de la Capilla.
- Bien. – La formidable mercenaria parecía contrariada – Está convocando a un Cónclave, para poner fin al conflicto. – Se encogió los hombros: en su fuero interno ella no terminaba de creer en las negociaciones de paz – La Capilla sabe que eso será peor que un depósito de Gaatlok. Cualquier palabra errónea… y estallará.
- ¿Y por qué me dices esto?
- Nos quieren a nosotros.
- ¿A un puñado de Tal-Vashoth?
- A alguien neutral, y – Levantó un dedo - piénsalo por un momento. Nadie más es neutral en esto – Dijo señalando discretamente a los mercaderes – que unos mercenarios sin religión, atados a un contrato.
- ¿Y qué haremos en medio de los Bas?
- Ya sabes. Fuerza de choque – Le respondió, como si fuera algo obvio - Luego de cumplir con esto del Lirio, marcharemos hasta el Templo de las Cenizas Sagradas.
- Bien
- Y, Adaar – Él la interrogó con la mirada - Intenta no morir. Todavía me debes un cuchillo.
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