Capítulo IV.

-¡Vamos!

-Espera un minuto, Sam. -Pidió por radio la voz metalizada de Tony.

-¿Qué cosa? ¡Robó algo muy importante y sumamente peligroso!

-El problema es que aquello que robó es muy delicado y puede estallar con algún movimiento demasiado brusco, borrar la mitad de la ciudad no está en nuestros planes.

-Era la Hawkeye de Fury. -Steve susurró por radio, tratando de notarse sereno. -La única manera en la que pudo entrar tan lejos fue por Clint.

-Clint no es capaz de…

-Clint es completamente capaz de hacerlo. -Confesó Falcon. -Que no dejara que nos percatáramos es parte de su talento.

-Vuelvan a la torre. -Pidió el Capitán. -No creo que su intención sea destrozar la ciudad si es que tuvieron la delicadeza de robarlo, además Tony es capaz de rastrear ese aparato, quiero suponer.

-Supones bien. -Dijo el nombrado.

-Bueno, Cap… hay un problema con eso.

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La gente comenzó a correr, gritando aterrorizada, huyendo hacia la parte sur de la ciudad con toda la prisa que cabía en su carrera; de pronto, cayó contra una camioneta el imponente Hulk, aplastándola casi en su totalidad, mientras un enorme lobo color negro y plata le caía encima con toda la intención de clavarle sus poderosos colmillos y garras. Falcon, desde el aire, intentó quitárselo de encima disparando unas cuantas navajas afiladas provenientes de sus alas mecanizadas, pero éstas se quemaron al ser rodeadas de una fuerte llamarada rojiza, la cual provenía del suelo; allí se encontraba una hermosa chica de rubio y ondulado cabello largo hasta su cintura, la cual llevaba una capa aperlada y larga que cubría parcialmente una negra armadura que ceñía su esbelto cuerpo.

-¡Deja en paz a Fenrir! -Gritó la dama.

-¿Fenrir?

Se distrajo mirándola, y sus alas se quemaron en ese momento, derritiéndose de manera casi imposible para arrojarlo contra el pavimento desde tres metros, salvándose de partirse algo únicamente por la armadura que llevaba encima; pronto aquella adolescente, que parecía esforzarse para verse más dominante, se había colocado a su lado y le apuntó con una cromada espada, la cual se percibía como un si fuera una brasa incandescente.

-Dile a tu amigo que deje en paz a Fenrir, o voy a lastimarlo.

-No creo que puedas…

La chica frunció el ceño, y el calor alrededor de ellos comenzó a subir aun más, al grado de sofocarlos; de pronto el pavimento había comenzado a fundirse hasta formar una especie de río negro y espeso, y los pies de Hulk se pegaron inmediatamente a éste mientras el enorme lobo se colocaba sobre uno de los vehículos, bien consciente de lo que sucedía, así como Falcon que comenzaba a fundirse un poco y aguantaba el calor por su misma armadura.

-Por favor, no quiero hacerles daño. -Pidió aquella dama.

-Hulk no puede calmarse, no así como así.

-¿Calmarse?

Fenrir, al ver que el gigante verde estaba hundiéndose entre el suelo y el pavimento por el incesante calor de la chica, lanzó una especie de llamarada gélida desde su enorme hocico, el cual solidificó de nueva cuenta el suelo, aunque de forma irregular, atrapando a Hulk y por poco dejando a Falcon en una especie de sarcófago oscuro, solo porque aquella niña lo había tomado del brazo y le había tirado hacia el lado sólido para evitarlo.

-¿Quién eres? -Cuestionó, impresionado y muy dolorido.

Ella iba a hablar como si de una adolescente tímida se trataron, pero fue interrumpida por la llegada de Ironman, en su distintivo traje color rojo y oro, quien llevaba al Capitán América afianzado por la mano; en respuesta a esa intromisión, el lobo se colocó de nueva cuenta en frente de la chica rubia, cubriéndola de los posibles agresores mientras mostraba sus afilados dientes blancos como una dolorosa advertencia.

-Fenrir, basta. No queremos causar más problemas.

Aquél lobo resopló ante las palabras de la chica, cediendo de forma inmediata a su petición; su tamaño disminuyó lentamente, para la impresión de los presentes, tomando la forma humana de un hombre que no pasaba de veintitantos años, negra cabellera lacia y corta hasta su pómulo a excepción de un mechón plata cayendo sobre su ojo derecho, de un color verde intenso, vistiendo una especie de armadura negra que hacía verlo como un príncipe oscuro de cuentos de hadas. Sam intentó calmar a Hul, aunque era incapaz de dejar de mirar a aquella niña, tan delicada del rostro como una muñeca de porcelana, y a su compañero que le recordaba bastante a…

-¿Eres parte de los X-Men? -Cuestionó Steve con bastante calma, pero era evidente que la apariencia familiar del muchacho le había puesto sumamente nervioso.

-¿Quiénes? -Cuestionó la chica.

-Ha dicho Fenrir. -El hombre bajo la armadura habló, retirado su máscara de forma parcial para dejar ver un poco su negro cabello y los azulados ojos. -He de asumir que son conocidos de Thor.

-¿Conocen a Thor?

-Es un viejo amigo. ¿Cómo se encuentra?

-Eh, bueno…

-¿Son conocidos de Thor? ¿Cómo es eso posible? -Habló con bastante claridad el muchacho que antes era el enorme lobo. -Son solamente midgardianos.

-Fenrir, espera. -Aquella chica dejó la mano blanca sobre el brazo del muchacho, para adelantarse un poco y colocarse en frente de aquellos hombres, sin mayor temor a pesar de ser mucho más altos que ella. -Ustedes conocen a Thor… Soy Sigyn de Muspelheim, estoy buscando al hermano de Thor, Loki. He seguido su rastro a través de varios reinos hasta este lugar.

-¿Loki? -Cuestionó el rubio Steve, nervioso, mirando al muchacho que la acompañaba. -No hemos sabido de él en años, así como de Thor.

-¿Años? -Se extrañó considerablemente.

-Claro. -Dijo Fenrir como si cayera en cuenta, aun defensivo. -El tiempo corre distinto entre los reinos, el Thor que ellos conocieron probablemente fue el del ciclo anterior al Ragnarök.

-Creo que lo mejor es retirarnos de este lugar, llamamos demasiado la atención. -Decidió el líder de roja armadura. -Además estamos en una situación algo delicada ahora.

Alrededor de ellos había cámaras encendidas con gente filmando.

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-…En donde murieron cerca de 49 efectivos de Shield, y otros 79 se encuentran en estado crítico. -Hablaba una pulcra mujer al micrófono, con un fondo destructivo detrás de ella. -El líder de la asociación Nick Fury está en el área de cuidados intensivos, pero se espera que en corto tenga una respuesta favorable y así se pueda esclarecer algunos detalles del atentado. Según testigos no hubo disparos de arma de fuego hasta el momento que la nave comenzó a caer en picada…

Natasha miraba las pantallas del noticiero junto a una veintena de personas que tenía opiniones compartidas, las cuales exponían en voz salta sin temor alguno; ella sabía exactamente quién era el causante de aquella catástrofe, era la manera en que él sabía brillar, pero aquella cifra de muertos la hizo dudar bastante. No era un hombre que tuviera una cifra de muertos de la cual enorgullecerse.

-Ya era hora de que alguien los bajara del cielo. -Exclamó en voz alta.

Era la cuarta vez que soltaba un comentario negativo esperando encontrar algo más; no había tenido mucho éxito en varias calles anteriores, pero pronto dos hombres la miraron con sumo interés, y esperó finalmente haber encontrado lo que buscaba. Aquellos dos sujetos no se miraban como si fueran parte de una enorme insurrección, sino como dos hombres de clase media que habían salido de su jornada para comer algo y charlar de nimiedades.

-Sí, es como si hubiese un ojo que nos espiara. -Dijo uno de ellos.

-Me frustra estar aquí sin poder hacer algo para apoyarlos. -Siguió Nat, cruzándose de brazos por sobre el pecho, sin dejar de mirar aquellas pantallas. -Lo mío no es esperar sentada a que los demás se muevan, me gusta la idea de ser parte del cambio.

-Tal vez te interese entonces. -Dijo el otro hombre, acercándose a ella de forma insinuante. -Ser parte de ese cambio, conozco un cuartel que está reclutando gente que quiere cooperar, así como tú.

-¿Hablas de los Powerless? Eso sería fascinante. -Sonrió la pelirroja.

Aquellos dos cayeron redonditos ante ella.

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La flamante adolescente Sigyn, que había dejado a los presentes tan absortos en ella como si estuvieran bajo un extraño embrujo proveniente de ella, de pronto estaba caminando por el enorme vestíbulo de la torre con un amplio vestido blanco y oro, de hombros descubiertos, haciéndola ver como una curiosa princesa sobre todo por el hecho de que no tenía que ver con la negra armadura de obsidiana que cargaba hacía rato; era seguida de cerca por aquél muchacho, Fenrir, como si de un perrito faldero se tratara, la negra capa de príncipe siniestro ondeando levemente a cada paso que daba. Para esa hora ya se encontraban con ellos Bárbara Morse, el doctor Hank Pyn junto a Scott Lang, sin invitación alguna por supuesto.

-Fue Clint, estoy segura de eso. -Comenzó Bobbi, en atuendo civil de mezclilla, chaqueta y botas, sin prestar atención a la niña rubia a diferencia de sus compañeros masculinos. -Esa es su firma, pero él es incapaz de matar gente.

-No lo sabemos, Bobbi. -Dijo Tony, obteniendo una mirada casi amenazante por parte de todos. Bruce estaba muy agotado para verlo, recargado en una pared al lado del enorme ventanal. -Él decidió marcharse en contra de nuestras expectativas, en este momento es completamente impredecible para nosotros.

Steve pensó en Natasha, pero ella era un ser cambiante para todos y de poco fiar, además, mencionarla quizá solo crearía un problema más grande, una preocupación extra con la que no tenían necesidad de cargar; en ese momento se percató de cuán cerca estaban ellos ahora, el uno del otro. Le pesó bruscamente su ausencia.

-¿Cómo puedes decir eso…?

-No estamos aquí para hablar de romanticismo. -Comenzó Pyn con un tono muy amargo, reflejando lo irritado que se encontraba. -Hay un problema más grande ahora. Hemos detectado un cambio en la radiación natural, un deceso de gamma para ser más exactos, el cual suena a un precursor de problemas.

-Deceso de… espera. -Tony se vio alarmado. -Hace un momento nos robaron el generador Arc que sostiene este edificio.

-Por eso la oscuridad.

-No me digan que fue él también. -Habló Bobbi.

-No, pero si fue un agente de Shield.

-¿Quién es la princesa? -Cuestionó el pelirrojo Scott, apuntando a la chica.

Aquella niña miraba por el enorme ventanal como una especie de, sí, princesa, la cual estaba parada junto a su guardaespaldas siniestro que solamente les lograba encrespar los nervios. Hubo un curioso silencio entonces, el cual fue incomprensible para la rubia espía, la cual miró a los hombres con cara de molesta duda.

-Ella dice ser conocida de Thor. -Comenzó Tony.

-Hace bastante que no sabemos de Thor. -Siguió Scott con voz suave. -¿Le pasó algo?

-Sigyn. -Le llamó Steve, firme pero cortés. -¿Podrías decirnos qué es lo que haces aquí?

La dama, al notar que la llamaron, caminó hacia ellos con suma delicadeza, contrastando con las llamaradas y la negra armadura que llevaba antes, a diferencia del caminar agresivo del hombre que la acompañaba, como si en cualquier momento fuese a tomar nuevamente la apariencia de aquella bestia en negro y plata capaz de hacer pedazos el lugar completo. Era un completo contraste, ella una rubia beldad de ojos muy azules y rostro angelical, él con la mirada verde severa y maliciosa que les sonaba muchísimo a…

-Estoy en busca de Loki, el hermano de Thor. -Contestó ella con voz dulce cuando llegó entre ellos, firme, sin embargo. -He seguido su camino caótico a través de varios reinos del Yggdrasill, y éste ha sido el siguiente… pero no noto su caos, sino el de los mismos Midgardianos.

-¿Puedes percibirlo?

-No a él exactamente, pero si puedo percibir la espada que él posee ahora, la cual tiene el poder suficiente para crear o destruir reinos enteros.

-Bien, más problemas. -Espetó la espía de mal humor.

-¿Puedes hacer algo para detenerlo? -Cuestionó Tony.

-Puedo quitarle la espada tan pronto pueda sentirla cerca de mí.

-Bien. No hemos tenido todavía un encuentro con el hermano de Thor, así que podemos esperar a eso, primero lo relevante. Pyn, ¿qué crees que está planeando hacer esos de Powerless con mi reactor Arc?

-Dificil de saber, ¿un arma?

-Su intención es reducir a los humanos súper. -Dijo Sam, acompañado de un Bruce más calmo y usando ropa nueva. -Asumo que el reactor debe tener una finalidad, sí, nociva para ellos.

-Los puestos de The Powerless están muy visibles en la ciudad. -Habló Bobbi.

-No podemos simplemente ir con ellos y hostigarlos, están tan comprados por los medios que lo único que obtendríamos sería más problemas.

Tony presionó discretamente un pequeño aparato que llevaba en la mano. La rubia Sigyn se percató de ese sutil movimiento.

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Nat escuchaba a través de su manos libres toda aquella conmoción que había ocurrido en la torre; se había alojado en una pequeña habitación de hotel, en el cual ese estaban hospedando aquellos que tenían interés en enlistarse en el grupo The Powerless, esperando a que vinieran a recogerlos para su primera introducción. Envuelta en la oscuridad, apretaba con algo de fuerza su teléfono con la mano derecha mientras trataba de controlar sus emociones por escuchar las voces de sus compañeros.

-Los puestos de reclutamiento son muchos y bastante pequeños como para ser marcados, además de que cambian de lugar de manera errática. -Habló la pelirroja por el micrófono con tono grave y bajo. -Parecen una organización dispersa y sin una cabeza bien establecida, pero es todo lo contrario. Eso es lo que ellos quieren aparentar solamente, es obvio que tienen un líder muy firme y astuto.

-Es el doctor, no ha sido precisamente discreto. -Contestó al otro lado de la línea. -Atacaron el Hellcarrier de Fury justo en el momento que esa agente entraba a la torre y robaba el generador Arc, ahora tenemos al arrogante de Pyn encima, además Bobbi está obsesionada con la idea de que fue Clint el que lo derribó del cielo.

-Clint fue el que lo derribó, Tony.

-Maldita sea. -Se escuchó estresado.

-No sé que es lo que trama, no puedo predecir lo que hará. Solo nos queda tomarlo como un enemigo también.

-No quiero tener que hacerlo.

-Mañana a la misma hora te enviaré un mensaje, aun no sé con exactitud a qué me estoy enfrentando, no voy a arriesgarme demasiado con las llamadas. ¿Están todos… bien?

-Tuvimos una situación extraña, tenemos Asgardianos entre nosotros.

-¿Thor está de vuelta?

-No. Steve está ahora con ellos.

Al escuchar su nombre, sintió un fuerte escalofrío recorrerle.

-Nos escuchamos después.

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-Lamento mucho haber llegado en un momento tan problemático para ustedes. -Habló Sigyn, sentada con propiedad de princesa sobre un sofá individual en el salón principal, siempre con el oscuro Fenrir a su lado. -Pero deben comprender que no estaría aquí a menos que fuera realmente importante.

Steve había sido el único que no se había quedado tan absorto en aquella niña, por eso había sido el elegido para cuestionarla, además de ser el más centrado de todos y el hecho de que Fenrir lo tolerara más que a Bruce Banner, pues lo recordaba bien cómo aquel sujeto verde al que se había enfrentado la calle.

-Eres Sigyn. -Comenzó Steve, cauteloso. -La esposa de Loki, según la mitología nórdica.

Ella asintió con calma, mientras el hombre a su lado dibujaba un gesto de molestia en el rostro. No pasó desapercibido para el soldado.

-Cada reino por el he que cruzado ha quedado en ruinas, señor Rogers… por eso es importante que lo encuentre lo más pronto posible. Ha sido mi culpa al haberle entregado la espada de mi padre, y es por eso que ahora debo hacerme responsable de ello.

-Hemos tenido encuentros con él tiempo antes, pero hace más de dos años que no tenemos razón de nuestro amigo Thor, o de cualquier otro asgardiano hasta la llegaba de ustedes.

-No somos asgardianos, me temo. Yo vengo de Muspelheim, y Fenrir pertenece a Hellheim.

-Una disculpa, no estoy muy enterado de los lugares de los que provienen.

-Por favor, permítanos quedarnos en este lugar hasta la aparición de mi esposo. -Suplicó aquella damita con suma dulzura. -No es nuestra intención el ser un problema para ustedes, sino todo lo contrario. Podemos incluso apoyarnos en cualquier problema que tengan.

-Ma… Sigyn. -Le llamó Fenrir.

-No hacemos mal, Fenrir. Nuestro padre Odín protegía todos los reinos, sobre todo Midgar, por eso permitía a Thor viajar por éste-

-No podemos permitir que resulten heridos por problemas que no les conciernen directamente. -Dijo Steve con suma suavidad. -Pero no creo que exista un problema si se quedan en este lugar, sobre todo para evitar una calamidad tan grande como la que están planteando.

La chica sonrió con ánimo, quizá con un tanto de ilusión.

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Kiss from a rose.

Tenía el reproductor de Clint en la mano, escuchando su música para intentar olvidar lo abatida que se sentía en ese momento por dentro. Había tomado muchas veces decisiones tan fuertes como esa, pero era la primera vez en muchos años que sentía incertidumbre ante el paso que estaba por dar, soledad. Inseguridad. Estar lejos de sus compañeros a los que se había acostumbrado la hacía sentirse muy vulnerable.

-No es amor. -Pronunció.

Era realmente parte de un equipo, en el cual podía confiarles su vida, y ellos confiar en ella. Una emoción maravillosa.

"Pensé que estábamos avanzando, en eso de la confianza."

-Lo siento. -Susurró contra la almohada, encogida en la cama. -Pero debo hacerlo, por el bien de todos.

But did you know that when it snows

My eyes become large

And the light that you shine can't be seen?

Steve estaba de pie frente al enorme ventanal que daba hacia la ciudad, contemplando la nocturna madrugada sin poder conciliar el sueño con todo el ajetreo de esos días. Tony se encontraba de pie en el elevador, silenciosos, sintiendo quizá un poco de culpabilidad por ello; le encantaba la idea de tener tanto control sobre Natasha, puesto que ella un espíritu libre capaz de trabajar por sí sola y tener éxito, además de lo terriblemente eficiente que era para enredarlo en una noche larga entre sus piernas y contra sus labios… pero Steve…

Quiso hablarle, pero no se le ocurrió qué decirle. Acabó cerrando las puertas y planificar la manera para recobrar la energía del edificio con rapidez.