Los siguientes relatos son breves y son independientes. Todos pertenecen al mundo de Dragon Age, saga de videojuegos de RPG desarrollado por Bioware. Y surgieron como parte de un desafío de un relato por día a lo largo de Octubre (Taletober), aunque nunca llegué a completarlo.

Espero los disfruten

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Eluvian:

Relato de Merrill, desde su encuentro con el espejo.

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Entre los helechos, se escondió una pequeña niña. La Custodio Marethari, había estado regañándola por no prestar atención a sus lecciones. Y las lágrimas afloraron en sus brillantes ojos. Todavía sentía nostalgia de su Clan, donde la cálida voz de su madre solía calmarla de sus recurrentes pesadillas. Pero el Clan Alerion ya tenían a un Primero designado; y aquellos dalishianos que poseían el don de los Creadores no debían permanecer juntos, para evitar llamar la atención de los templarios. Ella era la tercera en nacer con magia entre su grupo. Y por eso mismo, se había acordado su traslado al Clan Sabrae.

Su sollozo convulsionó su pecho, pero una voz amable la llamó

- Lethallan – El niño, algo mayor que ella, se inclinó entre el follaje, y le acarició la cabeza – No debes huir así. Afuera del campamento siempre es peligroso.

- Lo siento – Se disculpó con la voz quebrada. El elfo la abrazó con fuerza

- No lo sientas – El futuro cazador sentía pena por ella. Nadie mejor que él entendía lo que era criarse sin padres, aunque Ashalle hubiese hecho lo imposible para que él no se sintiera desamparado – Ven, haremos unas carreras con Tamlen y Fenarel.

- ¿Y puedo participar?

- Claro, Lethallan. – El elfo la tomó de la mano, y tiró de ella. Pero se mordió el labio por un momento. Sabía que el resto no la aceptarían tan fácilmente y que la Custodio vendría a por su aprendiza – y luego hablaré con la Custodio, y le diré que fue mi culpa

- Ma serannas, Theron. – Le agradeció ella, dichosa de poder jugar. El chico asintió en silencio, con ese sentido del deber que lo caracterizaría por el resto de sus días.

Theron Mahariel siempre defendía a Merrill, y lo seguiría haciendo, incluso cuando él transitaría la Vir' Tanadhal y ella se avocaría al Saber del Pueblo. Incluso en aquella jornada que se despertó, con su sangre envenenada, varios años después, sin que nadie hubiera encontrado rastros de su amigo Tamlen.

- Aneth ara, Lethallan. La Custodia me dijo que te acompañe de regreso a la cueva. Como la Primera, tal vez vea algo que a ti se te escapó. Aunque nuestra prioridad será encontrar a Tamlen, por supuesto. – Le había dicho la elfa, cuya mirada mostraba preocupación por su palidez, como si temiese que fuera desplomarse frente a ella.

Theron, débil ante las jornadas de postración, sintió un terrible miedo. Las extrañas ruinas que había hallado estaban plagadas de arañas, esqueletos, e incluso de un Bereskarn corrompido. Y además aquella cosa que había tocado Tamlen, pese a su vehemente advertencia, tenía alguna especie de magia antigua. Magia del tiempo de la magnífica Arlathan, pero peligrosa.

- Puedo ir sólo, Merrill – Le dijo, intentando no ser brusco.

- Lethallan, fueron ordenes de Marethari. Debemos apresurarnos, si Tamlen está tan enfermo como tú estabas, tal vez no le quede mucho tiempo

- ¿Y tú no tienes miedo de enfermarte también?

- Un poco, pero la Custodia te curó a ti ¿Qué tan peligroso puede ser? E incluso si lo hiciera, encontrar a Tamlen, o algo de valor, bien valdría la pena

Mahariel sacudió su cabeza, disgustado, pero decidió apresurarse por el bien de su amigo. Avanzaron raudos por el bosque. Él con las armas listas, dispuesta a protegerla. Por el camino que él recordaba haber tomado, se toparon con Engendros Tenebrosos. Y aunque en aquel momento ambos ignoraban qué eran esas criaturas, Merrill se asustó ante sus presencias "Se puede oler su maldad, nunca vi nada parecido" Le susurró inquieta.

Y luego llegaron a las ruinas. Adentro, el Guardia Gris que había rescatado a Theron, Duncan, observaba al majestuoso Espejo. Y ante el desconcierto de ambos elfos, el humano lo rompió con su espada, y se volvió a mirarlos, anunciándoles que no había rastros de Tamlen.

Los fragmentos se dispersaron en el suelo, con el eco de un pasado inalcanzable. El portal que había llevado más allá del mundo terrenal y del Velo; antaño había hecho poderosa a la civilización Elvhenan: cuando los elfos caminaban por la tierra como dioses. Los vidrios hirieron en lo más profundo del corazón de Merrill, mirando con impotencia lo que había sido una reliquia de su gente. "El trabajo de un Custodio es preservar la historia, y recordar, incluso aquellas cosas que son peligrosas" Se dijo a sí misma. Y se prometió no olvidar.

En el campamento, el Hahren Paivel preparó un servicio fúnebre para el cazador extraviado. Pero, durante los cantos y las oraciones, Mahariel miró discretamente a Merrill. Lucía diferente, más ajena a su entorno que lo habitual y llamativamente intranquila. El nuevo recluta de los guardias grises llegó a preguntarse, si la corrupción del Espejo no la habría afectado de alguna manera. Le deseo suerte, puesto que la suya ya estaba echada. El elfo se despidió del Clan, se marchaba con Duncan, rumbo a Ostagar.

Tiempo después, pese al Arulin'Holm que Hawke le había solicitado a Marethari para reparar el espejo; Merrill continuó con un trasto inútil, que ni siquiera podía reflejar su imagen.

- Este espejo tuyo, ¿Qué hace? – Le preguntó un buen día, Aveline.

- Sobre todo adorna mi casa, es un poco espeluznante a decir verdad

- Pero es mágico, ¿verdad? Así que ¿Puede hacer... cosas mágicas? ¿Es peligroso, Merrill?

- Bueno… Podría caer sobre alguien, pero tendrían que empujarlo muy fuerte. Es bastante pesado.

- Merrill, ¿Es un peligro para la gente de Kirkwall, sí o no? – La presionó la guardia.

- ¡Oh! Sólo para quien se haya sentado justo debajo de él.

La paria del Clan Sabrae decidió olvidarlo. Y el artefacto continuó en la elfería, juntando polvo.

Lejos, en la Encrucijada, desde el otro lado del espejo, una Bruja de la Espesura llegó a mirarlo. Una entrada bloqueada. Pero no era la que necesitaba.

Un par de los Eluvians volvían a funcionar. El pasado élfico fue presente, y los espejos fueron caminos.

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