Capítulo VI.
Cedió ante él, sí.
Aquella sesión en la habitación que le habían asignado a James fue tan extenuante tal como siempre había sido con él, en el pasado, a pesar de esa extraña limitación que tenía (hipnotismo, quien sabe); sin embargo, acabó sentada en la orilla de la estrecha cama con solamente el cabello rojo cubriendo su cuerpo desnudo, escuchando la regadera del baño donde él se estaba duchando en ese momento… cargando en ella una extraña sensación de culpa. De traición.
¿Traición? ¿Por qué?
"Solamente fue un sueño."
Notó que James apenas la había mirado poco después de salir de la regadera y dejarse caer sobre la cama, como si hubiese estado bajo un estrés enorme que lo hizo caer sobre la cama, agotado; su garganta se había cerrado, y lo agradeció ya que el sobresalto que le había provocado el pensarlo le había hecho dar un grito mudo. Se vistió con prisa, aunque se forma sigilosa, para luego retirarse de la manera más discreta posible de la habitación… topándose en la salida con Clint, en ese traje negro que lo distinguía como un miembro importante de la organización, cargando en brazos a una inconsciente Kate como si fuese una especie de muñeca antigua.
-Clint. -Pudo pronunciar.
-Guardia baja. -Contestó con gravedad.
-¿Qué le pasó?
-Agotamiento, algo bastante normal por aquí. -Y comenzó a caminar por el elegante pasillo.
Pensó que iba a indagar por haber salido de la habitación de James a esa hora de la madrugada, pero parecía más preocupado por otros motivos, la culpa, a ojos de Nat; tan pronto aquella palabra pasó por su cabeza se quedó clavada en ella grado de hacerla temblar y respirar de forma agitada. Así como de un enorme deseo por verlo. A Steve.
-No. -Se dijo mientras bajaba por las escaleras. -No vas a poner en riesgo todo por un impulso.
Pasó a los guardias de largo, acabando por salir del enorme edificio, pero sin abandonar aquellas murallas resguardadas tan celosamente, solo dando un paseo tranquilo a ojos de los guardias y, para sorpresa de ella, del mismo doctor, que estaba despierto y miraba con atención los pasos de la pelirroja desde su amplio ventanal en la segunda planta. Estaba bien si le llamaba la atención, si de pronto se acercaba.
-Son las dos de la mañana. -Escuchó la voz de Tony en su comunicador.
-¿Estabas dormido? -Susurró apenas audible, pero nítido.
-No, sabes que no.
-¿Están todos bien?
-Sí, y no. Steve salió a la calle, solo. El resto no se atreve ni a asomar la nariz por temor a repercusiones.
"Steve salió a la calle." Dio un prolongado suspiro, solamente para evitar alterarse.
-James y la chica Kate están bajo una especie de hipnotismo, son incapaces de actuar por sí mismos, solamente obedecen órdenes del doctor.
-¿Te topaste con ellos?
-Con James.
-¿Pudiste hablar con él?
-Me especificó que no lo hiciera, ya que, si el doctor hacía las preguntas adecuadas, podía descubrirme. Parece como si él los controlara de una manera física más que mental. -Escuchó pasos tras ella. -Me desconecto.
-Ten cuidado, Nat.
Se detuvo en ese momento, contemplando los árboles a través de una de las puertas con cerco de acero entrecruzado con una curiosidad completamente real. Le pareció haber visto una silueta en la oscuridad del ramaje, como la de un enorme perro…
-¿Disfrutando la noche, señorita Rushmore?
Se sobresaltó, pero fue completamente capaz de ocultarlo; al darse media vuelta se topó con el doctor Evans, vestido con camisa blanca remangada hasta los codos y sin la corbata de hacía rato, pantalón negro de mezclilla y botas de trabajo. Se notaba joven y más alto de lo que hubiese creído, y a pesar de su aspecto no perdía ese porte formal, como el de un príncipe.
-Soy un ánima de la noche. -Contestó ella, sonriendo con coquetería.
-Tenemos eso en común. ¿Qué era lo que miraba con tanto interés?
Natasha volvió la vista aguamarina al bosque. Tendría que tener mucho más cuidado con ese hombre, quizá tanto como el que tenía con Clint.
-Creí haber visto un lobo.
-¿Un lobo? -Se notó algo incómodo.
-Sí. -Volvió a verlo. -¿Acaso le desagradan, doctor?
-Tuve una mala experiencia con uno hace un tiempo. -Se llevó la blanca mano al pecho, y ella dedujo que había sido un ataque. -No son tan gratos cuando los tienes muy cerca.
-Qué pena, son bestias muy hermosas.
-Me temo que una bestia "hermosa" por poco me arrebata algo preciado.
-¿Su vida?
-La mirada de una dama.
-No sabía que tenía a alguien especial.
-No. -Pareció pensar un poco, perderse en sus memorias quizá. -No en este lugar, ni en este momento. ¿Usted sí?
La manera en que el hombre había hablado le había parecido extraña, como si aquellas palabras tuvieran una connotación que solamente él podía comprender; sin embargo duró poco tiempo su cavilación, pues allí estaba de nuevo ese pensamiento, incomodándola. Atinó a sonreír y se acercó a él hasta quedar a su lado, pues había visto en sus ojos verdes un naciente interés por ella, gesto que ella ya había aprendido a provocar e identificar.
-Lo tenía, pero no comparte mi ideología. Por ahora prefiero un poco de soledad antes de volver a buscar.
-Me pregunto si el pasear con alguien irrumpe demasiado tu soledad.
-¿Es una invitación formal, doctor?
-Llámeme Liam. -Sonrió el joven.
-.-.-.-.-.-
Había acostado a Kate en la cama de su habitación, ya que, a pesar del tiempo y de su gran capacidad de observación, no tenía idea de dónde se encontraba la de ella, si es que existía; tras la puerta de esa alcoba podía volver a ser él mismo, sin aparentar el hombre despreocupado que era ante aquella enfermiza organización. Sin embargo, no tenía tiempo para deprimirse, estaba ocupado sintiéndose preocupado y culpable por la chica que yacía en la cama, una mezcla completamente ilógica para la mente pero muy real y factible para él: rostro golpeado, heridas ya sanas pero marcadas sobre la piel visible, aquel gélido carácter que era, evidentemente, culpa del doctor… apenas había tenido oportunidad de tomar asiento sobre la misma cama para comenzar a sumirse en esa oscuridad que lo seguía desde hacía un tiempo, cuando la chica se levantó de golpe, los ojos azules muy abiertos aunque su rostro se notaba inexpresivo, dándole un susto de muerte que lo arrojó al suelo alfombrado, llevándose un poco de la blanca colcha.
-¡Katie! -Exclamó con incontrolado tono de voz.
Ella mantuvo la vista al frente unos momentos, respirando de forma agitada como si intentara deducir dónde se encontraba; la chica lo notó entonces, sin cambiar esa expresión neutra que la acompañaba desde que era prisionera de ese desalmado, y abrió los labios en una muda expresión, como si no tuviera voz.
-¿Qué te pasó? -Se mantuvo sentado en el alfombrado, intentando mostrar una serenidad que en realidad no tenía. -¿Te atacaron?
Kate negó con la cabeza suavemente.
-No has dormido bien, ¿cierto?
Quería decírselo. Acerca del hombre que había aparecido en el techo del edificio, ese que se parecía tanto al doctor, pero con aura distinta a pesar de su porte agresivo. Que tenía tantos días sin dormir de largo debido a las pesadillas que le aquejaban. Que la última misión encomendada estaba carcomiéndole la cabeza, solo con la idea de…
-No. Tengo pesadillas. -Pudo susurrar con un tono casi monótono.
-Entiendo. -Clint había sonreído con levedad. -No me alegra tu condición, pero sí el que estés hablando con mayor fluidez que cuando llegué. ¿Encontraste algo interesante allá afuera?
-Un lobo. -Y su garganta se cerró, tanto que se le dificultó tragar.
Pudo notar que Clint había decaído un poco al notar su esfuerzo por hablar, y ella sabía perfectamente la razón. Culpabilidad. Aunque si ella no le hubiese tirado con su arco en la torre quizá se había alcanzado a defender… quizá no.
-Supongo que un lobo no es un problema para…
-No es tu culpa.
El arquero calló abruptamente al escuchar la enronquecida voz de la chica, quedándose congelado en ese momento tan solo mirándola fijamente; la chica había tomado asiento sobre la orilla de la cama, los pies sobre el suelo, mirándolo fijamente con la intención de seguir hablándole. No pudo, pero en esta ocasión no era por su limitación, sino por la visión que él le estaba obsequiando. Él había comenzado a llorar sin dejar de mirarla fijamente, algo completamente incontrolado pues estaba segura de que no iba a dejarla ver su vulnerabilidad tan fácilmente. Tuvo el impulso de abrazarlo en el suelo, consolarlo, pues le dolía verlo así, desecho. Ese era el mismo motivo por el que se habían enfrentado en la torre el día que la secuestraron, le dolía verlo destruirse. No pudo mover un dedo sin embargo.
-Kate… ¿qué…? -Balbuceó.
-No es tu culpa. -Susurró nuevamente.
-No, no hagas esto. -Se levantó entonces, solamente para arrojarse contra ella y abrazarla con fuerza tras arrodillarse sobre la misma cama, ahogándola contra su pecho. -Es mi culpa que estés así, me di cuenta de ello cuando creí que te había matado. Tú… tú querías ayudarme, y yo me encargué de condenarte… estuve a punto de matarlos en ese helicóptero…
Cerró los ojos, escuchándolo hablar acerca de su pesar, de cómo se había apartado de todos, de esa senda destructiva que había tomado mientras se le clavaba el chaleco Kevlar en la nariz… lo escuchó entre sueños, el cuerpo finalmente relajado, y sintió entonces que nadie más podría tocarla, allí al menos.
-¿Kate? -La movió un poco en ese abrazo al sentir su pesadez, bajando la mirada empañada. -Katie, ¿te desmayaste?
La chica se había quedado profundamente dormida contra su pecho tal cual en la posición que estaba, solamente siendo sostenida por él; tras unos segundos de meditación, dejó que ella se quedara con él en la cama, permitiéndole dormir contra él, pudiendo contemplar con mayor detenimiento todo el daño que le habían hecho y que el doctor mismo le había explicado con lujo de detalle. Las cicatrices sobre su rostro, el brazo aun con la negra escayola, ni siquiera los pies le habían perdonado. Estaba seguro de que debajo del entallado traje negro que le cubría desde el cuello hasta los tobillos habría un completo desastre, para provocar el miedo y quitar el dolor, a palabras del doctor.
No supo en qué momento se quedó dormido.
-.-.-.-.-.-
No pudo dormir esa noche. Permaneció parado frente al enorme ventanal de la torre hasta que el sol despuntó en el alba y le dio de lleno en el rostro; intentaba estar molesto, preocupado por el hecho de que las sospechas de su madre eran ciertas, pero acabó pensando en aquella chica, Kate, que estaba bajo el control de ese hechizo… y cuyo rostro era sumamente parecido al de su madre, Sigyn.
Cerró los ojos verdes, tratando de relajar su metódica cabeza. Acabó decidiendo que volvería a verla, no demasiado pronto, tampoco quería verse como un completo desesperado. Solo era curiosidad, claro está, pues ella podía estar cerca de su despreciable padre. Acabó tomando su forma de lobo y se echó a dormir en el laboratorio más grande, ignorando garrafalmente las alarmas y advertencias que acabaron siendo acalladas por el magnate.
-.-.-.-.-.-
Iba a ser la una de la mañana, pero el doctor Evans no parecía importarle si su seguridad corría peligro (o es que quizá ocultaba algo como cualquier hombre cuya mirada era tan sombría como la de él); ambos caminaron por la tranquila ciudad, apenas con autos dispersos pasando a deshora por las siempre humedecidas calles. Era extraño, pues no se sentía incomoda o alerta con ese sujeto, sino todo contrario. Se preguntó de pronto si no estaba haciendo con ella lo que ella creía que hacía con él.
-Sé que tú y el señor Barton trabajaron antes como agentes. -La sorprendió con aquella pregunta tan directa. -Supongo que se conocían de antes.
-Así es, en Shield. -Dijo con calma. -Me amenazó inmediatamente al llegar, con que no hiciera algo indebido.
La torre estaba visible desde donde se encontraban charlando, destellando contra el cielo nocturno de la madrugada como una especie de mensaje que gritaba "seguimos aquí, por si nos necesitan"; dentro de sí tuvo un estremecimiento que, por fortuna, fue capaz de ocultar a la casi intrusiva mirada del doctor. Sentía que Steve estaría cerca, quizá…
-¿Tenías planeado algo así?
-No, claro que no. Solamente quería ser útil.
-¿Crees serlo?
-Si puedo cumplir con las expectativas del equipo, sí.
-Te complaceré. -El doctor se detuvo en una intersección, mirando hacia un punto muerto. -Tanto tú como la agente Bishop cumplen perfectamente un punto vital en este equipo tan fuerte. Parecen presionar puntos importantes en el sargento, el señor Barton y el señor Harper, además de que eres muy vistosa. Atraes la atención de quienes te rodean. Barton tiene razón de desconfiar de ti, clara señal de que es un hombre mucho más inteligente de lo que aparenta. -Frunció levemente el ceño.
-Supongo que por eso estaba con ellos. -Y miró hacia la brillante torre.
Como si fuese una broma del destino, se topó de frente con la mirada azulada de Steve Rogers, que se encontraba de pie al otro lado de la calle. En esta ocasión le fue completamente imposible ocultar su sorpresa, y agradeció que el militar llevaba ropa civil en vez del azulado uniforme que lo distinguía.
-¿Un conocido? -Cuestionó el doctor.
-Es… la persona con quien no compartía mi ideología.
El semáforo peatonal cambió, y ella pudo ver como comenzaba a caminar exactamente en dirección hacia ella sin dejar de mirarla. Trató de hacerse la desatendida y seguir su labor como acompañante del doctor, pero el mismo la detuvo.
-Te veo en ese café. -Le susurró de manera discreta.
Se sintió extraña de pronto cuando el doctor se alejó caminando hacia la derecha, donde, sí, había uno de esos cafés de 24 horas que la hizo pensar si él, con toda su elegancia, podría con la clase de gente que había en ese lugar por la misma hora. Al ver nuevamente al frente, ya tenía a Steve parado ante ella con un gesto de preocupación que antes no le había distinguido. Incluso alcanzó a percibir una extraña ansiedad proveniente de él que no supo interpretar.
Hubo un silencio muy extraño, completamente incomprensible para ambos.
-Nat. -Comenzó él, tratando de mantener un tono suave de voz. -Me alivia verte bien…
-Por favor, no podemos hablar ahora. -Dijo, y su voz se escuchó casi como una súplica.
-¿Qué…?
Retrocedió unos cuantos pasos para alejarse de él, topándose con la pared del edificio que se encontraba en la esquina. No podía, la estaba intimidando, a ella. A la Viuda Negra. Él no se movió de su lugar, limitándose a apretar los finos labios en un gesto de frustración reprimida.
-Entiendo.
-No lo entiendes, Steve. Quisiera… quisiera… pero no es el momento.
-¿Habrá entonces un momento, Nat?
De nuevo, silencio. En él la pelirroja finalmente pudo aceptar lo que significaba ese hombre para ella, casi como un breve clic en su cabeza… y todo volvió a ser nítido. Tuvo que sonreírle, y notó que él se había ruborizado de pronto. ¿Acaso había llegado a la misma conclusión que ella?
-Lo habrá, te lo prometo. -Susurró, notando que había vuelto la seguridad a ella.
Fue entonces cuando decidió irse donde el doctor, tratando de asimilar lo que le había sucedido durante ese fragmento de la noche. Pronto comprendió que ella misma se había frenado al no aceptar lo que realmente sentía por él, la razón por la que aparecía tanto en su mente al grado de hacerla dudar de si misma cuando Tony le asignó esa misión. Notó que el doctor estaba charlando con una joven camarera, la cual reía cual colegiala, confundiéndola un poco tras entrar en el café empujando una de las puertas transparentes.
-Me alega que pudieras entretenerte sin mí. -Dijo al llegar hasta la mesa.
Aquella camarera la miró, e inmediatamente reconoció su derrota ante aquella beldad pelirroja, optando por ir tras la barra para traer sus pedidos pendientes; el doctor le dirigió una sonrisa cordial, indicándole con la mano que tomara asiento frente a él en la amplia mesa, de sillones acojinados en un sobrio color beige.
-¿Te fue bien con tu amigo?
-Mejor de lo que hubiera esperado. -Tomó asiento, dejando las manos suavemente recargadas en la mesa de fórmica. -Aunque no fue bien, por supuesto.
-Mal por él, perder una mujer como tú por una ideología.
-Bueno, aun hay muchos peces en el río.
El doctor había sonreído de medio labio, quizá algo suspicaz. Ella comprendió que lo tenía donde quería… pero tenía la sensación nuevamente en ella. De traición.
