Capítulo VI.
-Ahora. -Pronunció el doctor.
Fue un gatillazo doble.
En lo alto de aquel edificio, de frente a la enorme torre donde los Vengadores se resguardaban, Kate se preparó con una metódica rapidez para apuntar y disparar a su objetivo antes de que el mismo sistema de vigilancia la detectara, guardando en su cabeza las instrucciones exactas que Clint le había dado. Tanto calibre debió causarle un tremendo retroceso en el momento del disparo, pero no fue así. Pudo ver con nitidez en su objetivo electrónico cómo Tony Stark caía gravemente herido tras el disparo dado con su típica certeza. Fue sacudida por una sensación de culpa que no pudo expresar.
Al mismo tiempo, el joven doctor presionó un interruptor que guardaba en su mano izquierda, resguardado en su edificio junto a un impaciente Clint de pie tras él, que mostraba su incomodidad siempre que entraba en esa glamorosa sala; había hecho funcionar finalmente ese aparato misterioso que resguardaba tan celosamente en el sótano (el cual ni siquiera James había podido ver). Pronto, un agudo pitido los ensordeció por acaso dos o tres segundos, para dejar después un denso silencio precursor a la calamidad que había ocurrido.
-¿Doctor? -Cuestionó el arquero tras recuperar su audición.
-El problema de los súper, señor Barton, es esa misma palabra. "Súper". -Hablaba con jovialidad, mientras miraba sonriente por el amplio ventanal que daba el paisaje a la ciudad. -Quitando su habilidad superior no son más que simples humanos, sin mayor problema que… el espíritu rebelde. Pero así podrán probar lo que se siente ser un ser incapaz, dependiente…
Lo escuchó hablar, tratando de contener aquella sensación que tenía en su interior para evitar exponerse delante de ese perspicaz sujeto. Confiaba en Kate, pero…
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Falcon había resguardado a Tony con la mayor delicadeza que le fue posible, considerando que estaban bajo ataque, dejando un rastro de sangre por toda la estancia; al mismo tiempo, el resto del equipo (limitado a Steve y Bruce) se lanzó por el ventanal dispuestos a darle caza al asesino de su compañero, sin saber exactamente qué era lo que iban a encontrarse fuera. Las alarmas despertaron entonces a Hank Pyn y a la princesa asgardiana solamente para ponerlos en alerta, haciendo que el primero llamara al aparentemente sordo de su compañero y la rubia corriera hacia donde iba Sam arrastrando al herido para tratar de ayudarlo.
-¿Qué fue lo que sucedió? -Cuestionó la chica, genuinamente preocupada.
-Hay un grupo afuera que…
Hubo un sonido agudo que ensordeció a todos unos instantes, a excepción de Sigyn que tuvo una sensación familiar en ella, arrojándolos prácticamente al suelo; por fuera, tanto Steve como Bruce siendo Hulk, tan pronto tocaron el suelo fueron arrojados por el sonido ante los pies de aquel extraño ejército. Hulk intentó arrojarse contra el Soldado de Invierno, quien no se inmutó ante tal ataque, pero el distintivo color verde había comenzado a atenuarse lentamente en su piel, así como a disminuir su enorme tamaño… hasta volver a ser nuevamente Bruce Banner el científico. Su gesto de sorpresa ante lo sucedido duró muy poco, pues el sargento le soltó un fuerte puñetazo tan pronto lo tuvo en frente, con la mano derecha, dejándolo inconsciente contra el pavimento.
-¡Bruce! -Gritó Steve tras recuperar su audición y noción.
-Ataquen. -Exigió James con sobriedad.
Aquel grupo se expandió de manera inmediata tras la orden, con dirección a la torre; en la entrada del edificio ya se encontraba Bobby, vistiendo aun una especie de pijama de blusa y pantalón holgado, así como Scott con su traje distintivo en color rojo, quien ya comenzaba a disminuir de tamaño para ser imperceptible a los enemigos. Steve, sin el traje puesto, pero con el escudo firmemente sujeto, se levantó del suelo solamente para darse cuenta de que tenía en frente a su amigo desaparecido, quien lo miraba como si fuese un completo desconocido… pero no parecía tener intención de atacarlo.
-Bucky. -Volvió a hablar, notando de reojo a los demás soldados pasar entre ellos, incluso sobre el inconsciente Bruce. -Por favor, tú sabes que esto no es lo que queremos.
-Lo sé. -Contestó el sargento, con un tono de voz neutro, como si estuviera automatizado. -Pero es inevitable. Lo siento, Steve.
Comenzó a caminar junto con el resto de su equipo, evitando a su amigo como si de pronto no existiera, dejando al capitán sumamente confuso con esa extraña actitud; notó entonces como ese equipo, con Bucky siempre al frente, se limitaba a sacar gente inocente de los edificios adyacentes para evacuarlos, para luego dirigirse a la torre en un ataque más o menos sincronizado. Pasos corriendo alrededor de él. Se llevó el comunicador que llevaba en la muñeca en forma de reloj a los labios, bastante consciente de lo que estaba sucediendo, y sobre todo…
"…Eres el único capaz de darles cordura y mostrarles la realidad, eres el líder que ellos necesitan…"
-Abandonen la torre. -Ordenó por el comunicador. -Reúnanse en el centro provisional. Mantengan a Tony resguardado hasta que tengamos contacto médico en el punto de reunión de emergencia.
Hubo un distintivo chasquido que él supo distinguir como la afirmación, dándole también la certeza de que Tony seguía vivo ya que no hubo el largo pitido que anunciaba bajas; tuvo un leve gusto dulce en la boca, como un perfume floral que ya había percibido antes. Se giró de inmediato, buscando con la mirada aquella larga melena roja, esos intensos ojos aguamarina que lo miraban con divertido reproche. Gente, soldados que ya lo habían avistado y pretendían atacarlo. Disparos rebotaron en su escudo en ese preciso instante, el cual lanzó poco después para noquearlos en el acto. Estaba muy acelerado, nervioso, pero no era por Bucky.
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Natasha se permitió durante unos momentos el verse inquieta, un poco vulnerable, pues estaba acompañada de aquella chica Kate, la atrapada en su cuerpo al igual que James (comprendiendo que probablemente Clint y ella se encontraba en la misma posición ahora); notó el gesto indignado de Logan, sin poderes gracias a ese aparato que el doctor había construido en el sótano del enorme edificio, saliendo al frente de la mansión donde los X-Men se resguardaban bajo el nombre de una escuela para estudiantes superdotados, la agresiva mirada la atravesaba con tanta dureza que parecía tener aun sus poderes. No habían sido agresivos con ellos, pero… pensaba en la torre. En sus excompañeros. En él. En esa nota.
-Están todos asegurados. -Dijo aquella monótona chica. -Los problemáticos al menos.
-Reportaré al doctor.
-¿Pasa algo?
Guardó silencio durante unos segundos, mientras miraba como aquellos asustados adolescentes entraban en los vehículos blindados que los reubicarían, intentando contestarle sin verse lo suficientemente sospechosa como para provocar preguntas comprometedoras. James se lo había advertido.
-No he dormido bien, imagino que tú tampoco. Te vi con Clint, inconsciente.
La arquera no contestó, el rostro inexpresivo ante lo que sucedía frente a ella. Tuvo la sensación de que ese "hipnotismo" en el que estaba envuelta era mucho más intenso que el de James, a pesar de que podía hablar con mayor nitidez que antes lo hacía muy lentamente… trataría de sacarle lo que pudiera, sutilmente, ya que teóricamente se encontraban del mismo lado.
-Sí. -Susurró, y notó sus labios tensos.
-El doctor me comentó que somos una parte importante del equipo, pero no comprendo por qué entre nosotras tenemos diferente trato con respecto a ellos.
-Fuimos… atraídas de diferente manera.
-Debemos aprovechar esta situación, el lugar donde estamos.
-¿Cómo?
-Complacer, por supuesto. A nuestro objetivo.
Kate entonces le dirigió la mirada. Nat entendió que ella había comprendido perfectamente.
-Por supuesto.
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Fenrir pudo notar la destrucción hasta casi diez minutos de que ocurriera, saliendo del laboratorio con trozos de material cayéndole encima, pisando de paso un enorme charco de sangre midgardiana, así como soldados con armas siendo detenidos por su madre, quien ceñía su armadura de obsidiana; suspiró, irritado, tomando de la cara a uno de los agresores que intentó atacarlo, con la intención de reventarle la cabeza.
-¡No los mates! -Exigió la dama con autoridad al ver sus homicidas intenciones.
-Bien. -Chasqueó la lengua, arrojando al sujeto al suelo.
-Hay que asegurarnos que puedan escapar. -La rubia combatía con facilidad contra aquellos enemigos, usando el dorso sin filo de su espada. -No podemos permitir que mueran, no ahora… son necesarios para finalizar tanto sus planes como los nuestros.
Lo aceptó con demasiada facilidad. Notó entonces que algo había cambiado dentro de él, tras acceder a la petición de su madre… intentó ser igual de áspero que antes, pero no pudo, fue muy extraño para él. Combatió al lado de su madre sin tomar su forma de lobo o siquiera portar su negra armadura, considerando de pronto que si se excedía podía borrarlos de la forma más repulsiva posible.
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-¿Qué fue exactamente lo que sucedió? -Cuestionó Barbara, ya con su traje blanco y negro puesto.
Steve se encontraba en el estrecho vestidor, escuchando por su comunicador lo que ocurría en la sala de reuniones del punto de emergencia, situado bajo tierra en las afueras de la ciudad. Al retirarse la sucia y rota camiseta blanca de deporte, notó que algo había caído al suelo desde ésta.
-Dos situaciones. -Comenzó el doctor Pyn, llevando su atuendo de Yellow Jacket, de pie frente a una pequeña mesa de la que se desplegaban hologramas. -La primera, fuimos atacados por ellos presionando nuestros puntos débiles. La segunda, es ese aparato extraño que neutralizó todas las habilidades y poderes provenientes de la mutación.
Era un trozo de papel con letra escrita a mano. Era su letra. Recordó su mirada entre la penumbra de la noche anterior, y su respiración se agitó un poco.
-Entendemos que… el reactor Arc fue robada para que tomara su… alcance. -Decía Bruce, inquieto, llevado encima una bata de laboratorio además de su pantalón roto. -Pero el causante real… es algún objeto que… sobre pasa nuestra capacidad…
"Probablemente me odies por permitirlo, pero era necesario. Es la manera en la que trabajo, desde adentro… ahora eres el líder del grupo que debe levantarse, ahora es el momento. Hablaremos con mayor detenimiento tal como te lo prometí. Pd. Lo siento, por aquello de la confianza."
-No sabemos entonces a qué nos enfrentamos. -Exclamó Sam, aun sin quitarse las ropas manchadas de sangre, dándole un aspecto más lúgubre a sus palabras.
-Hay una persona que probablemente sabe más que nosotros al respecto. -Steve, ya en su distintivo uniforme azul, entró a la pequeña sala con su aire autoritario, provocando que todas las miradas cayeran en él. -Si es que no interviene con sus planes.
-No, señor Rogers. -Habló Sigyn, de pie firmemente contra una de las estrechas paredes, portando aun su armadura y el rubio cabello trenzado sobre el hombro. -Mi compañero Fenrir ha salido a investigar al respecto, ya que, por un instante, creí sentir aquello que buscaba.
-Deben ser discretos, no queremos que el caos se intensifique. -El soldado se mostró firme, notando como había obtenido la atención hasta de aquella rubia beldad asgardiana. -El resto tenemos que resguardar a aquellos que lograron escapar de su ataque, procuren no llamar la atención. Por ahora hay que confiar en Fenrir.
Confiaría en Nat. Tenía que hacerlo, por el bien del equipo, por Tony… por él mismo, que realmente tenía el deseo de confiar en ella.
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Hubo más batallas de las que hubiese creído.
Dentro de sí misma admiró muchísimo a aquellos que seguían peleando contra The Powerless, aun cuando quizá eran mucho más débiles que los humanos normales; esos tres días, gracias a la hermosa pelirroja y al arquero, se mantuvo muy al límite de las peleas que ocurrían en las calles de la ciudad, donde pudo haber lastimado muy gravemente a aquellos que consideraba sus aliados, sus jefes, sus amigos. Gracias a las órdenes del doctor, que le obligaba a disparar a muerte.
Pero Clint lo sabía.
Descubrió que era capaz de ir a lugares específicos si mantenía su cabeza ocupada con pensamientos ajenos al destino que tenía previamente visualizado; esa noche había huido del doctor, que parecía estar sumamente distraído con la espía voluptuosa, y del mismo arquero que tenía una naciente necesidad por estarle pisando los talones siempre. Acabó escondida en la azotea solitaria de un edificio bancario abandonado por el ajetreo, agotada pero incapaz de dormir. Se negaba a acabar con Clint cual niña temerosa, su orgullo no se lo permitía a consciencia.
Fueron los veinte minutos más placenteros que hubiese tenido desde que acabó presa de ese montón de locos, hasta que su cabeza comenzó a arrojarle intensos flashbacks cargados de eléctrico dolor físico, haciéndola gritar y retorcerse por ese mismo dolor en el suelo sucio, uno tan agudo que casi se vuelve completamente loca. Se levantó con mucho esfuerzo, sosteniéndose de la barda de la azotea, dispuesta a arrojarse de ese quinto piso para acabar así con ese tormento.
-Me ha costado encontrarte, Kate. Debería lanzarte un hechizo de ubicación…
Su voz. Se giró, rabiosa, solamente para mirar al enorme lobo negro y plata con intensos ojos verdes frente a ella; fue una visión muy breve y extraña para ella, pues pronto aquella bestia se había transformado en ese siniestro muchacho, Fenrir, en un traje en color negro y plata como si fuese una especie de príncipe oscuro, capa incluida ondeando con la brisa nocturna.
-¡Deberías quitarme permanentemente el hechizo! -Gritó con rabia.
-Te desgarrarás la garganta de nuevo. Cálmate.
-¡No me pidas semejante tontería…!
Hubo silencio entonces, en el cual Fenrir parecía esperar aquello que le había pedido; era muy extraño, pues Kate no era capaz de sentir odio o resentimiento hacia él, a pesar de su aspecto tan maligno no desprendía un aura como tal, sino todo lo contrario: pasivo, calmo, hasta podría jurar que infantil. Acabó limpiándose el rostro con las manos, y el agotamiento finalmente amenazó con dejarla inconsciente de nueva cuenta.
-Lo siento. -Pronunció ella con mayor calma. -Estar atrapada no es una sensación grata.
-Lo sé, lo entiendo. -Se cruzó de brazos, intentando verse más dominante de lo que realmente era. -Lo he intentado, por cierto.
-¿Qué cosa?
-Comprender cómo quitarte ese hechizo de forma permanente, pero no puedo competir con tal nivel de destreza arcana, solamente sé que con el tiempo se desvanece. -Resopló, notándose de pronto malhumorado. -No es mi intención competir con ese sujeto, ni siquiera soy un hechicero, pero…
-¿Hablas del doctor Evans?
-Hablo de mi padre, el hombre que estoy buscando.
Kate se quedó conmocionada con lo que acababa de escuchar… ¿el doctor tenía un hijo tan adulto? Se parecían, sí, como para pasar por hermanos, pero de eso a ser padre e hijo.
-¿Qué edad tienes, Fenrir?
Su voz se escuchó suave, nítida. Aquel muchacho acabó tomando asiento al lado de ella sin importarle si se ensuciaba la ostentosa capa o el elegante traje de príncipe, manteniendo un gesto relajado en el fino rostro.
-Setescientos cuarenta y dos años.
-Es una broma.
-En Hellheim el tiempo corre de manera distinta.
-Bueno, en ese caso… ¿cuánto tiempo es en… aquí, Midgar?
-No lo sé. -Confesó de pronto, notándose confundido. -Dormí un tiempo antes de llegar aquí con mi madre, antes tenía… ¿diecisiete? Pero ya no me siento de esa edad, si lo pienso detenidamente. -Se miró las blancas manos, desnudas.
-No te ves tampoco de esa edad, pero los asgardianos tienen esa cualidad. -Dijo, remembrando a Billy.
-No soy asgardiano. Soy un gigante de hielo. -Hubo silencio, y la arquera sintió que quería decir algo más. -Criado por un gigante de fuego.
Kate sonrió de medio labio, extrañada de pronto por la sensación que le provocaba el hacer ese gesto. Fenrir le había parecido sumamente adorable.
-Eso quiere decir que el doctor Evans es un gigante de hielo también, ¿no es así? Que puede tener esa apariencia por el mismo motivo que tú. Que es tu padre, a final de cuentas.
-Es lo que parece.
-¿Te molesta tanto?
-Más de lo que podrías comprender.
-Explícamelo.
