Capítulo VIII.

Oscurecía, pero la gente no dejaba de pasar con un andar demasiado acelerado, como si presintieran que el quedarse demasiado tiempo podía acarrearles problemas innecesarios; el doctor Liam Evans estaba de pie en la calle, contemplando con una sonrisa satisfactoria cómo sus planes marchaban a la perfección, todos sus estudios, sus teorías ahora confirmadas… sabía que él estaba destinado a grandes propósitos, gloriosos a su manera de ver, lo supo desde que tuvo consciencia de sí mismo.

Pero esa sensación lo abrumaba. El sofoco irreal atrapado en su cabeza como una memoria de años atrás, un fantasma que, muy secretamente, anhelaba volver a contemplar, tanto que…

-Señorita. -Pronunció a la noche, entre el bullicio de la gente. -No debería estar aquí.

Llevaba un atuendo de minifalda negra ajustada a sus muslos, botas altas del mismo color, blusa holgada color azul cielo y un liviano suéter que le venía un poco largo aperlado; pudo ve aquel precioso cabello rubio ondularse con la brisa nocturna, los ojos azules perdidos en el movimiento de la gente, ese gesto de severa preocupación que siempre la acompañaba cuando se encontraba con él. De pie al otro lado de la calle, era tan nítida que el impulso por ir tras ella fue incontrolable. Una hermosa ilusión con aroma a flores frescas. Estaba entonces a dos o tres metros de aquella ilusión cuando cayó en cuenta de que ella lo había mirado… ya no era una niña de quince años, había crecido un poco y ese cambio la había hecho irremediablemente hermosa, toda una reina a pesar del liviano atuendo que llevaba en ese momento.

-¿Sigyn? -Cuestionó, mientras la sorpresa lo invadía completamente, rápido y sacudidor como un trueno.

Aquella hermosa joven había pasado por un gesto de gratificante asombro antes de obsequiarle una encantadora sonrisa, haciéndolo corroborar que realmente era ella antes de que pudiera pronunciar alguna palabra.

-Hola, mi querido Loki. -Susurró la chica.

Pudo ver su azulada mirada empañarse con lágrimas.

-.-.-.-.-.-

-Estoy… estaba realmente enojada con él, furiosa. -Guardó silencio unos segundos. -No imaginé que ellos estarían entrando por la azotea. Les saboteé el plan unos momentos, pero estaba completamente indefensa y… James me derribó con tanta facilidad que aun le guardo rencor. Entiendo que nada de eso fue su culpa, pero…

-También está siendo controlado por mi padre.

-Eso lo comprendo. -Resopló. -Después solamente hubo tortura, casi no recuerdo todo lo que ocurrió en ese lugar, solo que cuando pude salir ya no era capaz de controlar mi cuerpo, era solamente mis pensamientos atrapados en mi cabeza.

-No te sientas culpable por lo que hiciste en esa condición. No era lo que tú deseabas a final de cuentas.

-Lo sé, pero… aun así una parte de mí siente que pude haberlo evitado. -Miró el suelo unos segundos, antes de volver al rostro del joven. -Tu turno.

Ella y Fenrir se habían quedado charlando en aquella misma azotea, recargados en una barda sucia, contemplando el cielo nocturno extrañamente brillante; no estaba virtualmente pegada a él, pero le era posible percibir como si una onda gélida proviniera de su persona. Gigante de hielo, dijo… ¿qué tan literal podía tomar esa expresión? Fenrir había guardado silencio unos momentos, haciéndola creer que no iba a hablar.

-El sujeto que conoces como "Doctor Evans" no es exactamente mi padre, sino una versión más joven de él. Yo soy su hijo de una generación pasada, sobreviví al Ragnarök porque ya había tomado mi lugar en el Hellheim.

-Es una reencarnación, podría decirse.

-Mmm… sí, puede ser.

-¿Reencarnó como un Midgardiano?

-No, mi padre es completamente un gigante de hielo, nació en Jötunheim, pero fue criado en Asgard.

-Wow, espera, la historia me suena conocida. -Se sintió bruscamente nerviosa.

-Lo es. Se repite una y otra vez cada cierta cantidad de años.

-¿Quién es tu padre, Fenrir?

-.-.-.-.-.-

Andaba entre los edificios con mucha discreción a pesar de llevar el atuendo civil, no quería quedar atrapado en aquellos nerviosos tumultos que caminaban bajo una falsa calma, aquella prometida por el nuevo líder. No había perdido su capacidad de súper soldad, por cierto, lo cual le pareció peculiar… ¿sería que él ya había pasado de ser una mutación? Miró su reloj de pulso, un regalo de Tony, extremadamente complejo bajo un atuendo analógico muy sencillo. ¿Sería una especie de burla, al ser alguien tan simple con un complicado poder?

Se giró hacia un estrecho callejón, mientras percibía que la sensación de ser seguido era cada vez más certera; se detuvo de forma discreta tras un contenedor, fingiendo buscar algo en su chamarra de piel café, atento sin embargo, la azulada vista al frente en la gente acelerada. Hubo pasos sigilosos. Tan pronto calculó que estaría a su lado, se lanzó contra el supuesto agresor tacleándolo contra una puerta de emergencia, rompiéndola de forma aparatosa; acabó sometiendo al agresor contra una pared, envueltos en la oscuridad de una bodega, notando como intentaba forcejear para quitárselo de encima.

-Pierdes tu tiempo. -Dijo, tratando de no perder el control. -Sigo teniendo más fuerza de la que tú puedes soportar.

-Steve… Steve.

La soltó en ese momento, aterrado, notándola caer al sucio suelo cuando la soltó; la chica intentaba tomar aire de forma ruidosa, y se sujetaba el brazo izquierdo, que estaba inmóvil. Entre la penumbra pudo ver su larga cabellera roja atada en una cola de caballo, y ese perfume floral extremadamente sutil llegó a su nariz.

-Nat. -Pudo pronunciar apenas.

-Creo que me disloqué el hombro. -Se incorporó, aun jadeando. -Al menos sé que tú sigues siendo el mismo, me alegra bastante. Escucha, no tenemos tiempo, se supone que…

-¿Qué está pasando? -Exigió, ya con mayor firmeza.

-Tony me pidió que me infiltrara con ellos para poder detenerlos desde dentro, pero debía parecer una verdadera traición para que funcionara. -Tomó aire de nuevo. -Por eso lo hice. Estuve informándolo periódicamente, pero no pude acercarme lo suficiente a ese aparato que el doctor guarda en el sótano.

-¿Qué pasa con Clint? ¿Con la arquera de Shield? ¿Con… Bucky?

-No sé lo que Clint pretende en ese lugar, terminé tomándolo como un enemigo más de quién cuidarnos, él es quien ha dado mayor facilidad de acción al doctor Evans, sabes que es sumamente inteligente aunque no lo aparente. -Chasqueó un poco, y Steve pudo ver cómo bajaba la mano hacia su costado. -James y Kate están bajo una especie de hipnotismo por parte del doctor, no son capaces de responder de manera física más que por órdenes suyas aunque si pueden cruzar unas cuantas palabras….

-Natasha.

La chica se había inclinado un poco, presa del dolor. La tacleada que el rubio soldado le había dado le causó algo más que el brazo dislocado… iba a ser divertido tratar de explicarlo; Steve se había acercado a ella, tomándole del brazo de forma cuidadosa, aunque aquello le causó un dolor tan agudo que por poco suelta una blasfemia.

-Puedo acomodarlo. Quítate el saco.

-Te estas volviendo… sumamente atrevido. -Comenzó a quitarse el saco color azul oscuro con bastante lentitud, quedando con una blusa negra de tirante sobre el pantalón de mezclilla. -No sé si asustarme o sentirme muy…

-Va a dolerte.

-Estoy consciente de ello.

Fue doloroso, tanto que por unos instantes perdió el conocimiento sin hacer algún sonido audible; cuando volvió a abrir los ojos se encontró sostenida por él, y su cabeza estaba levemente apoyada sobre el hombro del soldado.

-Me desmayé. -Susurró, con la vista puesta en las botas de su compañero. -No se supone que debas verme tan vulnerable.

-¿Por qué no?

-Cuestión de orgullo. -Se incorporó de forma inmediata, notando que, aunque seguía allí, el dolor en su hombro había aminorado considerablemente. -Tan pronto sea capaz de trazar un mapa completo del lugar te lo haré llegar. No es seguro el medio electrónico ya que está siendo controlado por la mayoría de ellos, cortesía del agente Barton.

-¿Qué sugieres? ¿Paloma mensajera?

-Si prefieres una paloma a mí, está bien. -Se colocó de nueva cuenta su saco tras levantarlo del suelo, fingiendo que nada le dolía. -Sabrás cuando tenga información para ti y el equipo, yo me encargaré de avisarte. ¿Cómo está Tony?

-Estable, pero aun no recobra la consciencia.

-No creo que la chica haya fallado por error… si Clint está tras esto…

-¿Crees que haya sido a propósito?

-Sabes que él es incapaz de matar una mosca, mucho menos permitiría que Kate lo hiciera.

Hubo un pitido de alarma, el cual la pelirroja calló con brusquedad.

-Tengo que cambiar de posición.

-Nat, espera…

-Lo siento, Steve. -Comenzó a caminar en reversa de forma cuidadosa sin embargo, mirándolo aún entre la penumbra como si tratara de ocultar lo dolorida que se encontraba. -Por la pérdida de confianza. Sabes que es la manera en la que trabajo.

-Sabes que odio como trabajas. -Comenzó a caminar tras ella, firme, sereno.

-Sé que odias los secretos. Culpa a Tony cuando despierte.

-No escapes a tu responsabilidad.

-No lo hago. -Se detuvo en la puerta rota. -Enfrentaré las consecuencias de mis actos cuando todo haya terminado… pero me iré con la certeza de que todo lo que hice fue para un bien común mayor.

Le gustaba, debía admitirlo. Mucho. Había cambiado de una manera maravillosa, o quizá simplemente había comenzado a conocerla de una forma tan profunda que, por unos momentos, pensó que podía competir con Clint. Por eso permitió que lo besara. Apenas había llegado a donde estaba la chica de pie cuando ella misma se lanzó contra él, rodeándolo por el cuello con su brazo sano, robándole un efusivo beso de sus labios que trató de prolongar un poco al atreverse a tomarla por su cintura. Breve, pero certero.

No dijo nada más. Solamente se marchó entre el bullicio de la gente.

-.-.-.-.-.-

-La situación es mucho más grave de lo que pensaba. -Se vio muy alterada. -Ellos deben saberlo.

-En este momento hay poco que tus amigos puedan hacer contra él, sin sus poderes, y sin Thor. No me agrada la idea, pero todo quedará en manos de mi madre.

-¿Tu madre? ¿Ella es la gigante de fuego?

Fenrir asintió con calma. Era obvio para Kate el desagrado que sentía por su padre era equivalente al amor que sentía por su madre. Cerró los ojos, aturdida y sumamente cansada, tratando de prolongar un poco más ese momento.

-Gracias, Fenrir.

-¿Por qué?

-Por contarme todo esto. Sé que es duro para ti, solo con haberte escuchado.

El muchacho la miró de reojo, consternado de pronto. Tenía ya la cabeza de la chica recargada en su brazo, los azulados ojos cerrados en un sueño liviano.

-¿Kate? -Le llamó suavemente, mientras movía el brazo un poco. -Kate, ¿te dormiste?

Resopló a la noche, sin saber exactamente qué hacer, no era una situación común en su vida; acabó cubriéndola con su capa casi completamente, pues estaba consciente de que ella, como todo midgardiano, no era tan tolerante al frío como él. Tras una hora de silencio, se transformó en su forma de lobo y rodeó a la chica, teniendo la sensación de que se exponía demasiado. Acabó dormitando un rato después.

-.-.-.-.-.-

No hubo palabras después de aquel encuentro.

El doctor Evans se limitó a llevar a aquella hermosa niña hacia su base, ante la asombrada mirada de todos sus soldados, de sus espías y ayudantes cercanos; el motivo del silencio de Sigyn era un completo misterio para él, pero sabía el propio.

Vergüenza.

No sabía exactamente qué hacer. ¿Enojarse por seguirlo? ¿Disculparse por dejarla sin mayor explicación? ¿Mostrar lo complacido que se sentía? Lo siguió hasta lo que era su habitación en el enorme edificio sombrío sin mostrar algún gesto en ese rostro refinado de princesa, el cual no cambió hasta que cerró la puerta tras ellos y se encontraron completamente solos. Aun en ese momento fue incapaz de hablarle, teniéndola frente a él en la penumbra.

Sin duda ella era su debilidad. Su rostro angelical le provocaba querer mandar todo al diablo y… ella había alzado sus finas manos, aquellas que no parecían saber lo que era el portar una espada, para tomar su rostro con la delicadeza usual en ella, descubriendo cuánto había extrañado su templada caricia.

-¿No vas a decirme nada, amor mío? -Susurró Sigyn dulcemente.

-No sé que decirte. -Confesó con voz neutra.

-No es usual en ti verte tan intimidado. -Había ladeado sutilmente la cabeza, las doradas ondas rozando su rostro y hombros. -Has logrado poner reinos de cabeza, ¿y una dama te quita las palabras? ¿Dónde está mi esposo, que tomaba con facilidad las riendas de cualquier situación?

La rodeó en un efusivo abrazo, apegándola a él, besando con desesperación sus labios cálidos queriendo perderse en ellos nuevamente tal como en el pasado; en ese instante todas las ilusiones se desvanecieron, y él volvió a ser lo que era, el príncipe Loki de Asgard, portando su distintivo traje verde, negro y oro, así Sigyn llevó de nueva cuenta su corona sobre el ondulado cabello rubio, y el liviana vestido verde y oro que caía con gracia hasta arrastrar por el suelo.

-¿Qué haces aquí? -Cuestionó finalmente, intentando verse dominante mientras la tenía atrapada en su abrazo.

-Buscaba a mi amado, que se fue muchas olas atrás. -Susurró ella, encogida en su abrazo sin mayor temor o incomodidad. -Mi destino es estar a tu lado, lo acepté desde el inicio… por eso seguí tu rastro a través de las ramas del Yggdrasill, me tomó tiempo, pero todo ha valido la pena. Te he encontrado.

-No, Sigym. Se supone que tú no debías estar aquí hasta el final.

-Loki, no puedo percibir a Laevateinn… ¿qué pasa?

-Por eso te decía que no debías estar aquí. -Resopló, soltándola un poco de aquel opresivo abrazo. -La he utilizado de una manera distinta.

La rubia princesa se notaba preocupada. La jaló consigo hacia el ventanal de la habitación, rodeándola poco después en un medio abrazo, manteniendo la mirada esmeralda sobre la ciudad.

-En todo este tiempo no dejé de estudiar, ¿sabes? Laevateinn es una espada increíble, capaz de destruir reinos enteros… y de crear. Pero para usar toda su capacidad necesita energía excedente de los reinos.

-¿Excedente? No lo comprendo.

-No tiene sentido destruir lo que quieres conquistar. Estuve experimentando un poco y descubrí que puedo quitar energía excedente a la vida en general, no matarlos por supuesto, no sirven de nada muertos. Lo he estado haciendo en cada reino, los dejo desprotegidos al quitarles el excedente de "poder", y acab siendo un líder para ellos. ¿Qué te parece?

Ella se había quedado en silencio unos instantes antes de obsequiarle una hermosa sonrisa cálida, encantadora.

-Comprendo, amor mío.

Incapaz de contenerse por mayor tiempo, volvió a besar a su esposa, a quien tanto había echado de menos.