Lo advertí, mientras mas presionada estoy la inspiración viene a mi más rápido…

Sin hacerle más largo el cuento los dejo que lean, espero disfruten el capitulo… algunas cuestiones se van a aclarar y otras se sumaran, ¡adivinen!

Les mando un besote enorme a todooooooooooos, gracias por los reviews y MP!

Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra de Oda-chin!


Nueva Vida

Date cuenta cual es la situación

Ya era tarde, las estrellas se mantenían en lo alto anunciando la bella noche, tintineando alegremente alrededor de la luna. Dejó caer la maleta sobre el piso, alzó la vista y contempló la casa que estaba frente a él, una sonrisa se manifestó de su rostro; estaba muy feliz por estar de vuelta.

Buscó la llave en la jardinera, donde se supone que debería de estar, pero no la encontró, lo cual le pareció un tanto extraño. Tocó un par de ocasiones con fuerza, estaba seguro que si seguían manteniendo sus hábitos nocturnos todavía estarían despiertos.

Tras esperar unos segundos alguien abrió, quedándose muy sorprendido, casi no creyendo lo que sus ojos veían. Después del ligero impacto que esa persona le había originado se abalanzó contra él en un gran abrazo, por poco llevándoselo de espaldas. El menor de la casa al escuchar el alboroto se asomó a la puerta, observó a las dos personas que estaban ahí y corrió con suma emoción. Al igual que el otro se le echó encima al recién llegado.

-Puedo suponer que me extrañaron –bromeó el rubio.

-No puedo creer que ya estés de vuelta, Sabo –dijo muy feliz Luffy.

-¿Por qué no avisaste que llegarías hoy? Pudimos organizar algo -le reclamó el mayor.

-Si no fueras tan colérico te hubieras enterado –lo regañó-, además le avise ayer a Luffy.

-Es cierto –se rió el menor-, pero como pasaron tantas cosas no me acordé de contarte.

-No tienes remedio.

-¿Qué les parece si seguimos la charla adentro? –pidió Sabo.

-Debes de tener muchas historias geniales, quiero que me cuentes todo –habló muy emotivo Mugiwara.

-Claro. Supongo que ustedes también tienen mucho que decirme.

-Más o menos –rió nervioso.

Milagro, esa era la palabra para describir ese día, aun no acababa de creer que la mañana estuviera tan mortalmente silenciosa. Por primera vez había arribado sin tener que ver las peleas matutinas de los hermanos D., lo cual era sumamente reconfortante, pero por ello sospechoso.

Podía reconocer a uno que otro individuo que la semana pasada se jactaba de ser el más rudo, esos que causaban alboroto y que constantemente desafiaban a los cabecillas de la universidad, pero ese día en particular, nadie parecía tener ánimos de iniciar una pelea. El ambiente era aterradoramente tranquilo, aunque muy reconfortante para ella.

Algo atrajo su atención, toda la mañana había escuchado tanto a chicas como chicos cuchichear sobre la llegada de alguien, específicamente todos mencionaban algo como "el Rey ha vuelto", pero no entendía a que se estaban refiriendo; pero lo que le quedaba muy en claro era que al parecer esa persona ejercía un miedo tremendo a toda la comunidad, podía verlo en la cara de preocupación de los chicos cada vez que alguien mencionaba al susodicho.

Para medio día, cuando caminaba a la clase que tenía junto con Kaya y Vivi se quedó pensando, ahora que lo recordaba, el primer día de clase Nami le había dicho algo al respecto, ella mencionó que el Rey no había llegado, por lo cual Ace y Luffy mantenían las cosas en "orden" en su ausencia. Tenía mucha curiosidad por saber de quién se trataba, pues al parecer él tenía la capacidad de controlar al par de morenos.

La atmosfera en ese edificio era la misma que en el resto del campus, daría uno de sus brazos porque así fueran todos y cada uno de sus días en la universidad; si esa persona estaba ejerciendo el efecto de mantener todo en orden en esa ocasión, deseaba que lo pudiera hacer durante todo lo que le restaba de su vida universitaria en Raftel.

Deslizó la puerta del salón e ingresó como sin nada, suspiró larga y tendidamente antes de saludar a Vivi, aún sentía el bochorno por la escenita del domingo en la mañana. Cuando le dirigió la vista no pudo evitar asombrarse con lo bella que lucía la peli celeste ese día, sin duda, había puesto mucho empeño esa mañana para lucir tan espectacularmente hermosa.

-Vivi, luces tan bella –le dijo con emoción.

-Gracias, me alegró que mi esfuerzo sea notorio –le sonrió.

-No seas modesta, la verdad que no te esforzaste tanto –habló Kaya.

-¿Es una ocasión especial? –preguntó Shiro.

-Algo por el estilo –dijo con pena.

-Hoy tendrá una cita con alguien muy especial.

-Kaya… -la regañó.

-Apuesto que esa persona estará muy complacida, no tienes porque apenarte –la animó Yashiro.

-Que amable –le sonrió.

-Más le vale a ese tonto de Ace tratar bien a Vivi- pensó la castaña.

Al terminarse la clase las tres chicas salían de lo más felices del edificio. Mientras el trío cruzaba por el jardín, una voz familiar las llamó pidiendo que se detuvieran; pararon su andar y contemplaron a Ace, quien corría detrás de ellas.

-Buenas tardes Ace-kun –saludó cordialmente Kaya.

-Hola –dijo para todas con una sonrisa-. Vivi este día luces perfecta.

-¿Insinúas que regularmente no lo estoy? –preguntó ofendida.

-No, nada de eso, pero ya sabes…

-Maldita sea, no puedo verlo sin que su imagen se me venga a la mente –pensó Yashiro mientras desviaba su vista del moreno.

-¿Te ha regañado mucho? –lo cuestionó con humor Vivi.

-Lo normal, justo como esperaba.

-Tienes suerte que sea tan paciente.

-Solo le doy el gusto –se rió-. Mira, allá vienen.

Las chicas voltearon en la misma dirección que Ace, a lo lejos miraron a Luffy en compañía de Zoro, Usopp y un rubio al que Yashiro jamás había visto. Cuando estuvieron más cerca, la castaña pudo percibir que tenía mucho parecido con el niño de las fotos en la casa de los morenos.

Lo primero en hacer el desconocido fue abrazar con fuerza a Vivi, cuando por fin rompió el abrazo, depositó un tierno beso en los labios de ella. La peliceleste estaba colorada por la pública demostración de amor de parte del blondo.

Con una cara de incredulidad Yashiro observó asombrada el cuadro que tenía en frente, ¿Quién era ese sujeto? y ¿porque estaba besando a Vivi? Miró de soslayo a Ace, quien tenía un semblante muy neutral. No estaba entendiendo nada y necesitaba explicaciones.

-Siento mucho venir hasta ahora Vivi, estaba ansioso por verte.

-Yo también te eche de menos –volvió darle un abrazo.

-¿Pero qué rayos pasa aquí? –se dijo Shiro en total confusión.

-¿Y a dónde iremos? –preguntó Luffy.

-No lo sé, esperaba que ustedes propusieran algo –le contestó Sabo, enseguida se fijó en el único rostro que no le era familiar- ¿Quién es ella?

-Ella es Mashiro.

-Mi nombre es Yashiro.

-Está viviendo con Nami –siguió el menor con la introducción.

-Mucho gusto Yashiro-San, mi nombre es Sabo, soy hermano de este par –señaló a los morenos.

-¿Hermano? No me esperaba eso…

-Espero que seamos buenos amigos –le extendió la mano.

-Si claro –la estrechó.

-¡Vámonos! –Gritó Luffy.

El grupo caminaba de lo más feliz rumbo a la salida, Yashiro no podía evitar cavilar al respecto de lo que había presenciado hace unos instantes, estaba segura que Ace y Vivi tenían algo, si bien no oficialmente, era algo.

La pareja iba hasta el frente, seguidos detrás de Luffy y el resto de los chicos, Kaya iba a su lado al fondo. No podía pensar en otra cosa que no fuera el descubrir que realmente pasaba en ese triángulo amoroso, es decir, Viví había aceptado una carta de parte de Ace y lucía realmente feliz porque él se la había dado; por otra parte ¿Cómo se atrevía Ace a intentar algo con la novia de su hermano? Y porque la peliceleste daba pie a que toda eso juego se prestara, ¿Sabo estaría enterado de la situación?

Lo más importante de todo ¿Qué rayos le importaba a ella toda esa situación? Hizo una mueca y miró a Ace. Por las palabras que él había dicho posiblemente solo se había declarado a Vivi, y ella al ser tan buena persona no supo cómo cortarle de lleno su ilusión. Probablemente, en esos momentos el moreno la estaba pasando muy mal.

A ciencia cierta no sabía que por qué tiró de su manga para hacer que se acomodara a su lado, dejando que los demás se adelantaran un poco. Ace la miró extrañado, aun así no dijo nada hasta que ella decidió hablar.

-Lo que estás haciendo no está nada bien –dijo con desasosiego.

-¿Qué?

-Se que debe de ser difícil, pero, lo que pasa entre Vivi y tu…

-Lo que pasa entre Vivi y yo… -repitió con seriedad.

-Sabo es tu hermano ¿Por qué le haces eso? –lo regañó alzando un poco la voz.

-¿Exactamente qué es lo que sabes?

-La carta que le diste el otro día…

-¿De qué carta hablan Ace? –preguntó Sabo, quien había alcanzado a escuchar lo último.

-¡Ninguna! –se apresuró a responder mientras tapaba la boca de Yashiro.

-¿Estás bien?

-Olvidaba que tenía algo importante que hacer –rió nervioso-, Shiro-chan y yo nos desviaremos por aquí… nos veremos más tarde –se despidió mientras arrastraba a Yashiro junto con él.

-Pero… -No terminó de hablar Sabo, pues el moreno prácticamente había salido huyendo.

Corrió lo más rápido que pudo y cuando al fin estuvo seguro que estaba fuera de alcance de su hermano se detuvo. Soltó a Yashiro, quien de un respingo se apartó de su lado.

-¿Qué fue todo eso? –le reclamó la castaña.

-Lo mismo digo. ¿Y cómo es que sabes de la carta?

-Pues… fue casualidad, te miré mientras se la dabas.

-Sabo no debe de enterarse –la amenazó.

-Es tu hermano ¿Cómo te atreves?

-Pues no pude evitarlo, pensé mucho en si hacerlo o no, aunque no lo creas.

-Debes de estar muy dolido, pero, lo que haces no está bien –puso su mano en su hombro, como queriendo reconfortarlo-. Si necesitas hablar con alguien, puedes contar conmigo.

-¿Dolido? Más bien es por venganza –dijo pensativo.

-¿Venganza?

-Si, Sabo me debía una.

-¿Y estas usando a Vivi para tu venganza? Yo que pensé que realmente te gustaba –dijo ofendida.

-¿Gustarme? –Preguntó incrédulo y se echó a reír del comentario- ¿De dónde sacas que me gusta Vivi?

-Tú… le diste una carta de amor ¿no?

-Claro que no –hizo un mohín tan solo de pensarlo le disgustaba-, se trata de una fotografía de Sabo, que por ningún motivo él quería que Vivi la tuviera, pero ella la deseaba más que nada. Así que aprovechando que él no estaba, se la di como parte de mi venganza. Pero a cambio le pedí que guardara el secreto.

-Pero tú… tú no querías que ella fuera tu modelo…

-Eso… es que Sabo es el sujeto más celoso del universo, en verdad odia que otras personas miren a Vivi. Si él se enterara que posaría para la revista, muy de seguro ocasionaría un alboroto. No quería problemas por ello, así que les ahorre el sufrimiento a muchas personas.

-Entonces… ustedes no tienen nada –suspiró.

-No.

-Bueno, entonces disculpa el número que te hice.

-No pasa nada.

-Me da gusto –le sonrió, alzó su brazo para observar la hora-. ¡Faltan 3 minutos para mi próxima clase! ¡Crocodile me va matar si llego tarde!

-Eres muy divertida –se rió de su exagerada reacción.

-Silencio, que de no ser por tus extraños actos no hubiera ocurrido esto en primer lugar –lo regañó.

-Yashiro –llamó su atención antes de que se marchara-. Gracias por preocuparte por mi –le sonrió.

-No te emociones –aparentó desdén- solo fue por curiosidad.

-Aun así…

-Me alegra que no seas de ese tipo de personas.

-Oye, con respecto a lo del otro día…

-Dije que haría cómo si no hubiera visto nada, así que dejemos esa… situación en el olvido –respondió muy normal, como si de verdad no le afectara.

-Menos mal –suspiró aliviado.

-Si corres tal vez puedas alcanzarlos –le dijo mientras tomaba rumbo a su salon de clase.

-Creo que sí, bien, nos vemos luego –se despidió para seguir al grupo.

Al final todo había sido un mal entendido por parte de Yashiro, ellos no tenían una relación, Vivi no engañaba a Sabo y Ace jamás traicionó a su hermano; era un alivio, aunque no era su problema. Mientras corría para poder llegar a tiempo su celular comenzó a sonar, miró el número y sonrió satisfactoriamente antes de contestar.

-Hola Izan -saludó muy feliz.

-¿Fue mi imaginación o acabo de verte con Portgas D. Ace? –preguntó con humor.

-¿Me estas observando? –Se detuvo y comenzó a buscarlo a sus alrededores- ¿Dónde estás?

-Entonces si eras tú… mira que considerada, una semana en Osaka y ni siquiera me has llamado.

-Lo siento, iba a llamarte pronto.

-Si claro…¿Qué hacías con Portgas?

-Nada en especial, solo hablábamos.

-Parece que ya te llevas muy bien con su grupo.

-Ni lo menciones, ellos son mucho para mí.

-¿Has visto a Law? –Preguntó muy serio.

-Algo así, pero él no me vio –dijo con tristeza.

-Aún no sabe que estas aquí… me ha preguntado mucho por ti últimamente.

-Buscaré el momento adecuado para hablar con él, de momento sigue ocultando el hecho de que estoy aquí.

-No sé cómo se te ocurrió entrar en la misma universidad, tú si eres tonta.

-¡Izan! –Le llamó la atención- Tú sabes cuánto significa Law para mi, por eso mismo quise venir aquí, para tratar de solucionar todo.

-Lo sé, lo sé, no me regañes –dijo con desanimo-, en todo caso te buscaré después.

-Bien. Y gracias por meterme en el grupo problema –habló con sarcasmo.

-De nada. Solo cumplí con la petición de alguien…

-¿Qué significa eso?

-Nos vemos Hiro-chan –colgó.

-Nunca vas a cambiar –Observó el celular fijamente, de pronto volvió a su apresurado paso, ya era muy tarde.

Una semana había pasado, maravillosa, mágica e increíble; todo seguía en total tranquilidad en la universidad. De hecho en esa semana solo tuvo que presenciar una pelea de Zoro con los hermanos Nyaban. Fuera de ese percance nada había ocurrido. Solo le quedaba una duda ¿Quién era ese tal "Rey" al que todos temían?

Otro día más, ilesa de los incidentes "atípicamente" universitarios; o eso pensó antes de ver como de nueva cuenta estaban Jabra y Kaku peleando con Bellamy. Al parecer el rubio no escarmentaba con cada castigo que los de seguridad le daban.

Aun recordaba que hace no mucho había salido golpeada por la culpa de ellos, así que mejor decidió buscar otro camino. Sin embargo, al cambiar de dirección chocó contra uno de los amigos del vandálico chico, causando su enojo por interrumpir en su huida.

-¿Qué haces estorbando en medio del camino? –la alzó por la blusa.

-No… no fue mi –trataba de zafarse el agarre.

-Ahora veras lo que les sucede al los que se meten con nuestra banda –la arrojó con brusquedad.

-Lo siento –dijo temerosa.

-Estupida…

-No creo que esas sean palabras para dirigirse a una señorita –vociferó alguien mientras se acercaba.

-¿Quién dijo eso? –volteó en todas direcciones el hombre.

-Discúlpate y márchate en este instante si no quieres que algo malo suceda –dijo francamente mientras se colocaba entre Yashiro y su atacante- ¿Qué dices Ross?

-R…Rey…Rey Sabo –tartamudeó con espantó.

-Estamos esperando.

-Debes estar loco si crees que me rebajare a realizar lo que pides –se colocó en posición de ataque.

-Te lo advierto…

-¡Cállate!

Ignorando las advertencias del rubio, el sujeto se le echo encima, con claras intensiones de hacerlo pedazos. En un abrir y cerrar de ojos Sabo había vencido al escandaloso vándalo; no tuvo que esquivar su ataque, era lo suficientemente débil como para detenerlo con una mano. Suministrando la fuerza necesaria, con el mismo puño del sujeto, le regresó el golpe, quebrándole la nariz y dejándolo de rodillas muerto de dolor.

¿Cómo no lo había pensado antes? ¡Qué tonta! El mismo día que Sabo llegó al campus la oleada de peleas habían parado. Así que Sabo era el Rey del que todos hablaban y temían… y ahora sabía porque.

-¿Estás bien? –Preguntó con suma cortesía el rubio.

-Sí, muchísimas gracias.

-No es nada, odio que se metan con los más débiles.

-Me sorprende que seas el sujeto al que todos temen… no sé –hizo una mueca- lo imaginaba muy diferente.

-Solo es un apodo absurdo –se rió-, de hecho fue Ace quien comenzó a llamarme así. Luego todo mundo se refería a mí como "el Rey Sabo".

-Te agradezco mucho que infundas tanto miedo a las personas –tomo su mano-, casi no hay peleas y eso me hace muy feliz.

-Lo dices por mis hermanos ¿verdad? –Volvió a reír- Vivi ya me ha contado lo que has sufrido.

-No me lo tomes a mal… es solo que, tu grupo es muy rudo para mí.

-¿No te interesaría aprender a defenderte?

-¿Qué? –Preguntó confusa.

-Si… así le podrás dar una paliza a quien se atreva a molestarte.

-No lo había pensado.

-Luffy mencionó que un amigo suyo también quería aprender a pelear ¿Por qué no te unes?

-No suena tan mala idea –se llevó la mano a la barbilla-, así podré tener la tranquilidad que tanto deseo.

-Excelente -dijo animado.

-Bueno, ya me voy –tomó sus cosas del piso.

-Yo también voy a casa, volvamos juntos.

-De acuerdo.

Sentados en la sala de la casa de Sanji, los implicados en cuestión observaban a los cinco candidatos a entrenador personal, quienes estaban en fila frente a ellos. Debían de elegir a uno para que se convirtiera en su entrenador, para así aprender a defenderse. Aunque el verdadero problema era saber quién sería el más adecuado.

Yashiro pasó la vista por cada uno, primeramente Zoro: ¿Qué tan efectivo sería aprender a usar las espadas? Luciría muy interesante, sin embargo, no pensaba que él fuera un buen maestro para ella, todavía recordaba el golpe en la cara del primer día, así que no, tal vez si se tratara de Tashigi lo consideraría… y ya que no era posible, el peliverde estaba descartado.

El siguiente era Sanji, tenía una cara de "elígeme a mí" que la asustaba, hasta parecía ver cómo sus ojos se transformaban en unos corazones por tenerla con él, fuera de eso, el estilo del cocinero no iba con ella. A continuación estaba Luffy con su sonrisa boba como siempre, y aunque pareciera una buena opción tenía que pasar, dado a todo el drama que le habían contado sobre la vida de Chopper, el castaño seguramente pensaba en elegirlo él y no sería tan malvada como para romper su ilusionado corazón que apenas deseaba salir a la luz.

Al lado de Mugiwara estaba su peor pesadilla: Ace, que si no fuera por todo lo extraña que la hacía sentir posiblemente se lo pediría a él, pero no, debía de mantener su distancia, detener el motor que se encendía con su sola presencia. Pero más allá de eso, quería conservar el recuerdo que le hacía llegar de "esa" persona, no profundizar en conocerlo, pues sabía a la perfección que cuando eso ocurriera, terminaría por darse cuenta que eran dos personas completamente diferentes –y que de hecho eso era-, más erróneamente no quería aceptarlo. Solo quería ver en él lo que le convenía, solo necesitaba de Ace lo superficial, eso que le recordaba a "él".

Así que el único que restaba era Sabo, que de hecho, parecía el más normal de todos. Tenía la fuerza y el carácter necesario para mantener todo en orden, ¿Así que quién mejor que él? Estaba decidido, el Rey Sabo sería su sensei.

-Creo que la persona más adecuada para mi es Sabo, por lo tanto lo elijo a él –dijo muy convencida.

-Yo…yo escojo a Luffy –habló Chopper con pena.

-Bien, entonces ya está decidido –se puso de pie Nami.

-Menos mal, la verdad es que no quería tener a nadie bajo mi mando –confesó el espadachín.

-Shiro-Chan –le lloró Sanji- ¿Por qué eliges a ese bárbaro?

-¿De qué hablas?

-En la que te metiste, te deseo buena suerte –le dijo Ace.

-¿Qué? –preguntó espantada.

-No les hagas caso, ya verás que aprenderás muy rápido –trató de reconfortarla Sabo.

-Bien Chopper, no has podido hacer una mejor elección –dijo muy feliz el moreno.

-Cuento contigo, Luffy.

-Usopp y yo nos encargaremos de que te conviertas en un experto luchador.

-Ahí va un buen niño a estropear su vida –susurró Shiro al ver al trío festejar.

Al día siguiente del acordado compromiso, explícitamente, Sabo le había dado indicaciones a Yashiro de que hacer. Primeramente, el par de hermanos había citado a sus pupilos en un gimnasio del vecindario.

Llegada la tarde, los castaños llegaron simultáneamente al lugar del encuentro, observaron el edificio y no pudieron evitar sentirse un poco inquietos al respecto. Leyeron en la parte frontal de la construcción (que tenía aspecto de almacén) el nombre "Gimnasio Foxy", y un zorro plateado con unos guantes de box colgando del cuello.

Ambos pasaron dentro del edificio; el lugar era muy amplio, en el centro había un cuadrilátero de boxeo, dos superficies acolchonadas: en una se encontraban sacos de box y otra sin ningún aditamento. En otra sección se encontraban una gran diversidad de aparatos para hacer ejercicio. Al fondo estaban los baños y las regaderas.

-Sorprendente –susurró Chopper.

-Tengo un mal presentimiento –pensó Yashiro.

-¡Acá estamos! –gritó Luffy.

Los recién llegados voltearon a la voz del moreno, quien salía de lo que parecía ser la oficina del encargado, detrás de él lo seguían Sabo, Ace y Usopp.

-Muy puntual, eso me agrada –dijo Sabo.

-¿Por qué en un gimnasio de Box? –No pudo evitar preguntar Yashiro.

-Nada en especial, es que Luffy tiene un trato con el dueño.

-Si por trato te refieres a una amenaza… si –se burló Usopp.

-Lo importante es que Foxy dejara el lugar privado para nosotros mientras dure el entrenamiento.

-¿Y qué hace este sujeto aquí? –Señaló con el dedo al pecoso.

-Ace hace ejercicio en este lugar –respondió Luffy.

-Eso sonó como si te disgustara que estuviera aquí –se quejó Ace.

-Basta de dramas –cortó la conversación el rubio-. Yashiro vamos a lo nuestro.

-Sí.

Cada grupo se dispuso a lo suyo, Usopp y Luffy se llevaron a Chopper a los colchones, donde parecían platicar amenamente, Ace estaba en los aparatos iniciando su ejercicio, mientras que Yashiro y Sabo estaban sobre la lona.

-Este será tu itinerario –le dio un papel-, te advierto que soy alguien muy serio cuando de entrenar se trata.

-¿Qué es esto? –preguntó con un espanto total al observar el contenido.

-La rutina diaria, tendrás que aportar mucho de tu tiempo para tener éxito.

-¿Correr 6 kilometros tres veces por semana? ¡Estás loco!

-Los otros cuatro días solo correrás 2 kilometros. Hay una rutina de ejercicios completos.

-¡¿Quieres matarme?!

-Solo será para comenzar.

-Eres un tirano –le lloró.

-¿Qué es lo mejor que sabes hacer? Deportivamente hablando.

-Pues… soy rápida corriendo, aunque no tengo mucha resistencia.

-Perfecto, entonces ya se con que trabajaremos primero.

-O sea que… ¿aparte de este martirio –levantó la hoja para que supiera que se refería a ello- tendremos más cosas que hacer?

-Claro… la rutina es para que la hagas en tu tiempo libre, cuando vengas al gimnasio trabajaremos en tus habilidades.

-¡Esto es insufrible! –le dio la espalda al rubio.

Sus ojos se posaron en la ancha espalda del pecoso, quien estaba sentado muy concentrado en perfeccionar su escultural cuerpo (y estaba segura que no era posible llegar a superarlo más). Como una completa boba se quedó siguiendo sus movimientos, el sudor que resbalaba entre sus torneados músculos y el tatuaje. Gracias a Dios le daba la espalda y no podía ver su vergonzoso estado de admiración.

-¡No! No, no, no, no –agitó su cabeza en negación-. Ese sujeto… siempre está metiéndose como la humedad en mi vida. Cree que puede andar por ahí mostrando su… inexplicable pero bien formado cuerpo como sin nada –pensó con resentimiento-. Voy a ignorarlo, es lo mejor para mí.

-¿Estás aquí? –Preguntó Sabo mientras pasaba su mano repetidamente frente a su rostro.

-¿Qué? –dijo con sobresalto- ah sí, continuemos con el martirio… digo, el entrenamiento.

-¿Te gusta Ace? –lanzó la pregunta como si fuera cualquier cosa.

-¡Claro que no! –Respondió "casi" ofendida solo por el hecho de mencionarlo-. No sé dónde sacas eso…

-Solo era un simple cuestionamiento… además es algo muy normal.

-No te confundas, yo tengo una relación con alguien más –bajó la vista.

-Me disculpo por ser tan imprudente, entonces.

-Está bien –le sonrió.

Mejor hubiera preferido que Sabo le hiciera preguntas incómodas sobre sus sentimientos que estar soportando eso. Dada las referencias que Yashiro le había dado sobre sus habilidades, el muy… listo, la tenía en medio del piso de espuma tratando de esquivar sacos del tamaño de un balón de baloncesto.

Los golpes venían de todos lados y en gran cantidad, no sabía qué demonios hacer, ¡y vaya que dolía el cuero! Uno de los pequeños sacos le golpeó la nuca, lo cual hizo que se fuera de rodillas al piso. Ya llevaba con ese ejercicio una media hora, su cuerpo estaba adolorido por los golpes y no tenía más fuerzas para seguir.

-Eso estará bien por ahora –afirmó Sabo.

-No… puedo levantarme –trastabilló.

-Necesitas mejorar enormemente tu agilidad y resistencia Yashiro-San –le dio la mano en señal de apoyo.

-De seguro mañana no podré moverme…

-Es lo más probable.

-Eres tan malvado Sabo…

-Vamos, es solo un poco de esfuerzo para una meta muy provechosa.

-Más te vale que así sea –suspiró cansada.

No hubo más tardes tranquilas a partir de ese día, ahora todo su tiempo libre se enfocaba en hacer los ejercicios de la maldita hoja que Sabo le había dado. Para empezar, el primer día que intentó correr los 6 km solo alcanzó a correr sin parar 400 metros, después de eso, su vida salía prácticamente por cada poro de su cuerpo, apenas completó 1km y con mucho –demasiado- esfuerzo. Y como si la rutina de ejercicios no fuera suficiente trabajo, por las tardes tenía que soportar los impactos de los balones de cuero, que de momento era en lo que el rubio se enfocaba.

Lo único buena era que Sabo le daba dos días libres a la semana de su tortura personal, aun así, tenía que cumplir con la rutina.

Golpeaba con fuerza el costal de box, pero cada vez que su puño hacia contacto con este se quejaba y agitaba su mano señalando que le provocaba un ligero dolor. Estuvo repitiendo lo mismo por un rato, hasta que alguien curioso, específicamente Ace, se acercó a ella para ver qué era lo que hacía.

Lanzó un golpe al saco pero este nunca lo tocó, su puño había sido interceptado por Ace, quien la sujetaba con fuerza. Yashiro lo miró un poco confusa, él solo sonrió y tomó su mano entre las suyas, delicadamente comenzó a quitar las vendas que la cubrían.

-¿Qué haces? –preguntó Shiro.

-Tienes mal vendadas las manos, en lugar de ayudarte para amortiguar el golpe solo te haces más daño –respondió sumamente amable mientras seguía retirando el vendaje.

-Sabo es muy despiadado, ni siquiera me ha dicho como hacerlo –se quejó.

-Necesitas aprender algunas cosas por cuenta propia.

-Intuyo que aprendiste por necesidad –le dijo mientras veía como rehacía el vendado.

-Los tres, de hecho –se rió-. Presta atención para que la próxima vez puedas hacerlo tu sola.

-Claro… -respondió tímidamente.

Las manos del moreno parecían jugar con las suyas, pasando sus dedos entre los de ella, rozando delicadamente la piel descubierta; el rostro de Ace lucía un tanto melancólico, no por ello menos perfecto de lo que era. Cuando terminó con una de sus manos enseguida Yashiro subió la otra, él no se la había pedido pero aun así se la ofreció, casi exigiendo que no dejara de tocarla. Con suma paciencia el pecoso terminó el trabajo en ambas manos, dejándolas justamente como debería de ser su correcto uso.

-Muéstrame cómo golpeas –pidió Ace.

-Bien… pero no te burles –tiró un golpe al costal, le seguía doliendo pero definitivamente no como antes de que corrigieran su desastre.

-Lo estás haciendo mal.

-Ya lo suponía –bufó.

-Fíjate en cómo lo hago.

Yashiro se hizo a un lado para dejarle libre el paso al moreno, se colocó en posición y tiró un golpe rápido, el saco se movió hacia atrás por la fuerza de impacto.

-¿Pudiste verlo? –preguntó el pecoso.

-¿Qué se supone que tenía que ver? –dijo despistadamente.

-Voy a hacerlo más lento, pon atención en mi puño –lanzó de nuevo un golpe pero en cámara lenta, aun así con igual de poder- ¿ahora?

-Creo que no estamos en el mismo canal –respondió sintiéndose un poco tonta. Ace se rió del comentario.

-Cuando estoy a punto de tocar el costal giro mi muñeca, esto evita que vaya a dislocarla si golpeo muy fuerte.

-Entiendo…

-Dependiendo de cómo quieres que sea tu ataque moverás tu mano, generalmente para infringir daño usas los nudillos, pero corres más riesgo de lastimarte –le explicó.

-La experiencia hablando –se burló.

-Sabo quiere desarrollar tu agilidad, porque dada tus aptitudes es lo más fácil. Pero debes de saber que es mejor un buen golpe, que un golpe rápido –prosiguió-, no siempre el que da el primer golpe es el ganador.

-Ya veo…

-Aunque si tu oponente es rápido y golpea bien estas perdida –comenzó a reír.

-Gracias por las esperanzas –dijo con sarcasmo.

-Intenta golpear de nueva cuenta.

-Girar, nudillos, dedos, velocidad –repitió antes de lanzar su puñetazo. No sentía que algo realmente había cambiado.

-Sigues haciéndolo mal, observa con cuidado –empleando una velocidad moderada golpeó el saco por tercera ocasión.

-Esto es muy difícil –se quejó.

-Solo es cuestión de práctica.

-No debí elegir a Sabo…

-Basta de quejidos –se posicionó detrás de ella-, te ayudaré.

Tomó su mano, colocando la suya sobre esta, estaba parado por detrás, sumamente cerca. Susurrándole en el oído le pidió que colocara su dorso lo más cerca de su palma posible, para que así pudiera sentir sus movimientos y poderlos imitar.

Apreciaba todo el calor del cuerpo del moreno, de nuevo ese agradable aroma que despedía inundaba su sentido del olfato. Su brazo se movió al compás del desplazamiento del cuerpo de Ace, chocando su espalda inevitablemente contra su torso. Lo menos que prestaba atención era a lo que en realidad le estaban tratando de enseñar. Sintió el golpe del puño del pecoso contra el suyo una vez que impactó el objeto.

Soltó el aire que estaba conteniendo desde que tomó su mano, ¿Cuánto más la iba hacer sentirse así? ¿Por qué siempre parecía haber algo que los acercara de esa manera? No lo sabía, y de lo que si estaba muy consciente era de lo acelerado que ponía su corazón.

Pero no era la única, inconscientemente Ace se había quedado prendado en el rostro sonrojado de Yashiro, degustando cada mínima facción. No era su plan el acercarse tanto cuando le ofreció su ayuda, pero ahora, ya que la tenía prácticamente en sus brazos, la cosa era diferente. Al parecer también sus latidos estaban apresurados.

Desde hace unos momentos ya habría tenido que soltar su mano, pero seguía sosteniendo su puño contra el saco. Cuando la castaña volteó su rostro en dirección de Ace no esperaba que la estuviera observando, sus rostros estaban muy cercanos, demasiado de hecho. Como si no fuera suficiente ya sentir sus brazos rodeándola, ahora tenía esos preciosos ojos negros clavados en los de ella. Ambos sentían que no podían ruborizarse más, pero estaban equivocados.

De no ser porque Luffy gritó el nombre de Ace, bien pudieron haberse quedado en esa posición un rato más. Rápidamente el moreno soltó su agarre y se apartó de Yashiro, ambos se dieron la espalda y se quedaron sin decir nada por unos instantes.

-Si… si repites lo que te dije, es probable que mejores –dijo muy nervioso el moreno.

-Gra- Gracias –contestó de igual manera Shiro.

-¡Ace! ¿Qué tanto haces? ¡Ven! –Gritó el hermano menor.

-¡Ya voy! –corrió hasta él.

-¿Qué fue eso de hace unos momentos? La calidez de Ace aun sigue recorriéndome en un extraño escalofrío… pero no logro entenderlo, mientras más trato de tomar distancia, más cerca se mantiene de mi –se dijo a sí misma mientras lo miraba ir con su hermano.

El entrenamiento de Sabo seguía siendo un martirio total, después de 2 semanas de estar asistiendo diariamente sentía como toda su vida se iba. A pesar de que no podía correr los 6km no bajo ni un metro menos, al contrario, le advirtió que cuando pudiera hacerlo aumentarían más y cada vez más, hasta que su condición fuera envidiable.

Los sacos de cuero seguían golpeándola ¿Quién en su sano juicio le haría semejante barbaridad a una indefensa mujer? Claro, olvidaba con qué clase de sujetos estaba tratando, pero no podía echarse para atrás a esas alturas.

Si tan solo se la pasara como el otro grupo…. Chopper parecía mejorar, quien lo hubiera dicho, el chico era habilidoso para el combate. Se abrazó de una esquina del cuadrilátero, estaba cansada de tratar de golpear a Sabo.

-Es todo por ahora –dijo el rubio mientras se quitaba los guantes.

-Gracias…al cielo –trató de tomar compostura.

-Lo estás haciendo bien, solo falta práctica.

-Eres un monstruo, déjame tomar un respiro por lo menos –Sus piernas flaquearon y cayó sentada al suelo.

-Resististe más de lo que pensé –tomó asiento frente a ella.

-Chopper parece divertirse mucho –se acostó sobre la lona y volteo hacia atrás-. No tienes mucho parecido a tus hermanos…

-Eso es un tanto obvio, después de todo, no somos hermanos biológicos –dijo como sin nada.

-¿De verdad? –Volvió a sentarse- ¿Qué hay de Luffy y Ace? ¿Ellos son medios hermanos?

-No, ninguno de los tres tenemos lazos sanguíneos. Pero eso no significa que no nos queramos como tales.

-Sorprendente… no lo hubiera imaginado.

-Pensé que alguien te lo había contado ya.

-No, creo que olvidaron mencionarlo.

-Ya lo sabes entonces –le sonrió-. Date un baño y vayamos a casa –se puso de pie.

-A la orden –respondió con humor.

Le sorprendió un poco que la luz estuviera encendida a esas horas, si bien no era tan tarde, generalmente la pelirroja dormía alrededor de las diez, y ya era pasado poco de media noche. Nami estaba sentada en el sillón junto a la ventana, la cortina estaba ligeramente abierta, permitiendo observar hacia la calle. Lucía un poco taciturna, lo cual preocupo a Yashiro.

-¿Todo está bien Nami? –Preguntó al verla.

-Si… no te preocupes –respondió un tanto afligida.

-¿Segura? –insistió.

-Por supuesto. ¿Qué haces despierta?

-Solo voy por un vaso con agua.

-Debe ser muy duro soportar todo ese entrenamiento.

-Como no tienes una idea –le dijo mientras servía agua en un vaso.

-Esfuérzate mucho Shiro-chan.

-No duermas tarde Nami, que descanses –se despidió de la pelirroja.

Nami suspiró con pesar, estaba cansada pero aun no podía dormir, tenía que esperar, como siempre lo hacía. Una media hora después de que Yashiro despertara llegó lo que tanto esperaba, el sonido de una piedra chocar contra el cristal logró despertarla, abrió los ojos y corrió un poco más la cortina.

El farol amarillento iluminaba débilmente al revolcado chico, de seguro la había tenido difícil esa ocasión, aun así, logró sentir un alivio profundo al verlo. El chico alzó la mano en señal de saludo al darse cuenta que Nami se había percatado de su presencia, la pelirroja hizo lo mismo y ambos sonrieron simultáneamente. Así como había llegado el moreno se perdió entre la oscuridad de la calle. Cerró la cortina y manifestó su sosiego en un gran suspiro, se levantó y caminó hasta su habitación, ahora podía dormir tranquila.

Era como un ritual cada vez que esa situación se presentaba, sabía de antemano que el trabajo en el que estaba implicado Luffy era peligroso, que cada vez que tenía un encargo no había seguridad que regresara sano y salvo. Por eso había acordado con ella que siempre que regresara de sus trabajos pasaría por la casa de Nami, para hacerle saber que estaba bien y que nada malo le había ocurrido, y claro que ella siempre esperaba en ese sillón, al pie de la venta para esperarlo.