Sentía que estaba escribiéndola historia interminable en lugar del fic de "nueva vida", y es que ha quedado taaaaaaaaaan largo el capitulo que me sorprendo (y de hecho tuve que excluir muchas cosas para que no fuera maaaaaaaas largo).

Hoy le di mucha guerra mi pecoso hermoso y un poquito a Nami. Espero les guste mucho el capitulo.

Les mando un beso gigantesco! GRCIAS POR SUS COMENTARIOS!

Disclaimer: One Piece no me pertenece, todo es obra de Oda-Chin


Nueva Vida

Nada está bien, así que está bien

A pesar que sabía de antemano que obtendría la misma respuesta seguía marcando el mismo número, una y otra vez la voz de la operadora hablaba diciendo que el número estaba fuera de uso; para su gran molestia.

De no ser por la delicada mano que tocó su hombro tras su espalda, hubiera pasado ahí toda la tarde. Colgó el teléfono y sin voltear a verla, tomó su mano y recargó su mejilla sobre el dorso. La mujer besó la coronilla del hombre entre sus azabaches cabellos y habló con franqueza.

-Sabes que no contestará, no insistas –cortó sus esperanzas, aun así, su voz era muy dulce.

-Tendré en ese caso que ir a buscarlo –se quejó.

-No te lo perdonará si lo haces.

-¿Eso cambiaría algo?

-Es difícil para él… solo nosotros somos responsables de las decisiones que tomamos.

-Pero se niega a escuchar explicaciones –dijo con molestia.

-Es tan terco como tú –le sonrió mientras acariciaba su mejilla.

-No puede negar mi sangre por mucho que no le parezca.

-Trataré de hablar con él.

-Cuando menos no te odia a ti, con eso me basta.

-No te odia… solo no puede aceptar tu amor.

-Las decisiones que tomamos…. –pensó con el semblante perdido.

...

Parado a un costado de ella hizo una mueca, era la tercera ocasión en la semana que sucedía eso y para nada era de su agrado. Estaba un tanto extrañado por esa actitud, pues generalmente siempre estaba atenta y participativa en clase. Pero esos días en particular en cuanto entraba al salón, se tiraba sobre la paleta y caía rendida en los brazos de Morfeo.

Golpeó su cabeza con el libro, pero ni eso la inmuto en su imperturbable sueño; tan solo se rascó la cabeza y entre murmullos volvió acurrucarse en su lugar. Thatch suspiró resignado y dio por terminada la clase… si Yashiro seguía así tendría que llamarle la atención seriamente.

Con gran esfuerzo Kaya y Vivi lograron despertar a la castaña del reino de los sueños. Ni siquiera se sorprendió al ver que las clases habían terminado, con desánimo tomó su maletín y siguió a sus amigas fuera del edificio. Estaba realmente agotada, así que involuntariamente terminaba dormida en la mayoría de las clases en contra de su voluntad.

-Shiro-chan… luces muy mal –le dijo Kaya con preocupación.

-No he dormido bien hace tiempo…

-Se nota.

-Creo que debes de abandonar tu entrenamiento –sugirió Vivi.

-No, ha pasado un mes y no pienso tirar todo por la borda –contestó sin ganas mientras tomaba asiento en una banca del parque.

-Pero mírate… pareces un zombie –señaló la rubia.

-Eso es bueno, me gustan los zombies.

-Yashiro, piénsalo por favor.

-¿Vas a quedarte aquí? –preguntó Vivi.

-Sí. Adelántense ustedes –respondió toda adormilada.

-Ten cuidado –se despidieron ambas.

-Ustedes también.

Suspiró con sumo pesar, era verdad, estaba al borde de su límite de resistencia, pero si ya había logrado aguantar hasta esas alturas, no retrocedería ni un paso. Colocó su mochila en el extremo de la banca y se acostó usándola como si fuera una cama, tapó sus ojos con su antebrazo y trató de relajarse.

Entre parpadeos abrió los ojos, había poca luz y a juzgar por los matices de rojos la tarde estaba cayendo. Sintió una ligera opresión en sus muslos y espalda, alzó la vista apenas reconociendo a quien la llevaba en brazos. No sabía por qué razón Sanji estaba cargándola, entre su adormilada voz cuestionó al rubio.

-¿Qué pasó?

-Te encontré dormida en el parque, por más que trate de despertarte no pude hacerlo.

-Qué vergüenza, me quedé toda la tarde dormida.

-¿Estás bien?

-Sí, ya puedes bajarme.

-No me molesta llevarte –le sonrió con un poco de picardía.

-Puedo caminar –respondió molesta al percatarse de la mano que trataba de colarse indebidamente a donde no tenía ningún asunto.

-Yashiro-Chan no es bueno que una mujer se quede dormida así como así por ahí, podría pasarte algo malo –la aconsejó el rubio mientras la bajaba.

-Ya me di cuenta –miró de mala gana a Sanji.

-Te acompaño hasta tu casa, así podré ver a mi Nami-chwan.

-Debe de estar preocupada –pensó mientras miraba las llamadas perdidas en su celular provenientes de la pelirroja.

No tardaron mucho en llegar al departamento, para subir los escalones Yashiro tuvo que sujetarse con fuerza del barandal para lograrlo. Mientras trataba de abrir la puerta de la entrada, Nami se anticipó y abrió desde dentro.

-¡Nami-Chan! –gritó Sanji al verla.

-Discúlpame Nami –se abrió paso entre la pelirroja y el eufórico rubio.

-Estuve llamando toda la tarde… ¿Dónde te metiste?

-La encontré dormida en el parque –dijo Sanji.

-¿Qué? ¿Por qué?

-No lo sé, solo me quedé un rato y sin querer… no pasó nada.

-Calentaré la comida, ve a darte un baño –sugirió Nami.

-Muchas gracias a los dos –inclinó la cabeza antes de hacer lo que su compañera le dijo.

-Le advertí que no escogiera a Sabo como entrenador –dijo Sanji mientras encendía un cigarrillo.

-Hablaré con Luffy para que le comente sobre esto.

-Nami-chan, ya que estamos solos… -trató de pasar.

-Muchas gracias por todo Sanji-Kun, nos vemos luego –lo empujó de regreso.

-¡Espera! –trató de detenerla mientras cerraba la puerta.

-Adiós…

Los minutos pasaban y al parecer la castaña aun no salía de su habitación, lo cual preocupo a Nami, quien sin pedir permiso pasó al cuarto de Shiro. Ya imaginaba que algo así iba a suceder; medio cambiada con su pijama estaba tirada sobre la cama, durmiendo como si no lo hubiera hecho en años. No había mucho que hacer, salvo hablar con Sabo de la situación.

-¿Por qué demonios no contesta? –se preguntó molesta Nami, mientras mantenía el celular pegado a la oreja.

-¿Hola? –contestó Usopp.

-¿Usopp? ¿Dónde está Luffy? –preguntó confundida al no ser el dueño quien atendiera la llamada.

-Está…ocupado –Respondió no muy seguro.

Nami apenas pudo escuchar la respuesta entre tanto escándalo.

-¡Pásame a Luffy en este instante! –Le gritó molesta.

Usopp le pasó el teléfono al otro moreno, quien entre quejidos aceptó la llamada.

-Nami…

-¡¿Por qué demonios no atiendes tu teléfono?! –Lo regañó- No importa de momento, Luffy necesito que hables con Sabo.

-¿Sabo?

-Si… es sobre Yashiro.

-¿Mashiro? –volvió a preguntar entre un escándalo.

-Si… -comenzaba a irritarse.

-¡Usopp! ¡Deja de hacer trampa!

-¡Pon atención a lo que te digo! –le gritó totalmente enfurecida.

-¡No hago trampa! ¡Tú estás distraído hablando por teléfono!

-¡Ustedes dos! –se escuchó la voz enojada de Nami proveniente del auricular incluso más fuerte que la de ellos.

-Na…Nami no te enojes –dijo Usopp-. Haber Luffy, voy a ponerle pause al juego.

-¿Qué decías,Nami? –preguntó cómo sin nada Mugiwara.

-Quiero que hables con Sabo sobre Yashiro, dile que ella está agotada por el entrenamiento y que deberían de pararlo.

-¿Mashiro dijo eso?

-No, pero… ella no luce nada bien –dijo preocupada.

-Pero si ella no quiere detenerlo ¿de qué se preocupan?

-¡Luffy! Tu solo dile eso a Sabo ¿puedes?

-Si… -coreó aburrido.

-Gracia. Buenas noches, Luffy –dijo dulcemente.

-Adiós Nami –colgó ignorando olímpicamente las intenciones de la pelirroja.

...

En las calles poco iluminadas a las afueras de la ciudad tres hombres perseguían en carrera a un sujeto. El que iba a la delantera se le notaba que poco le faltaba para caer rendido, en su paso derrumbaba cuanta cosa estaba en el camino para obstruir el paso a las personas que venían siguiéndolo.

Pero nada de lo que hacía tenía efecto, aquellas personas estaban sumamente enfocadas en atraparlo, quitándose de encima cada ridículo obstáculo que les ponía. Al final, el sujeto cayó resbalándose por el asfalto húmedo. Ya no había escapatoria, aun así quiso levantarse en una esperanza poco probable.

Quien iba más cercano a él de sus perseguidores, lo devolvió al suelo de una patada. Se agachó para tomarlo por la camisa y así comenzar con el interrogatorio. La caza nocturna había concluido al fin.

-Y dime ¿Qué es lo que quiere Teach en esta ocasión? –preguntó el moreno con sumo desprecio.

-No voy a decir nada –respondió muy valiente el hombre, a pesar de saber que ya no tenía escapatoria.

-Vamos… si hablas tal vez te dejemos ir –se acercó un castaño a donde estaba el par.

-No tenemos esa política Thatch, no le mientas –se metió el rubio-. Mejor dile que no acabaremos con el tan…dolorosamente.

-Marco, no me gusta cuando te pones tan serio –se quejó el castaño.

-No me sacaran información sobre Teach así hagan lo que hagan…

-Te recomiendo que no me hagas perder la paciencia.

-Ace es muy temperamental, ni se diga lo impulsivo… comienza a decirnos lo que sabes –dijo Thatch mientras miraba como el pecoso llevaba contra la pared al sujeto.

-Veamos qué es lo que tienes por aquí –Marco se acercó a él y comenzó a registrarlo-. No parece tener algo importante…

En eso su mano se pasó por el bolsillo superior de la camisa del sujeto, encontrándose ahí un encendedor de oro, el cual en la parte de enfrente tenía las iniciales CB grabadas. Confundido, Marco le mostró el objeto a Thatch quien al igual que el rubio lo miró con expectación.

-¿Qué significa esto? –Le mostró el encendedor.

-Tú no trabajas para Kurohige… -aseveró Marco.

-¿Entonces por qué hiciste todo eso? –Preguntó Ace.

-Si se meten con el padrino están acabados –Sentenció.

Dicho esto el sujeto pateó su bota contra la pared, esto hizo que una pequeña arma de fuego saliera de la suela. El disparo automático fue directo al muslo de Marco, quien cayó por el impacto. Ace ante la sorpresa aflojó su agarre, lo cual le permitió al enemigo escaparse. El moreno iba correr tras él, pero Thatch lo detuvo, priorizando la herida del rubio.

-¿Estás bien, Marco? –preguntó el castaño mientras hacía presión en la herida.

-¿Tú qué crees? –ironizó.

-Al parecer está bien –le sonrió Ace-. Vamos, hay que llevarte con un médico.

...

Abrió la puerta de la casa lentamente, tratando de no hacer ruido; sin ganas de explicar él por que de su estado, sin embargo, sus hermanos estaban sentados en la sala esperándolo. Los ojos de Luffy se clavaron en la sangre del pantalón de Ace, e inmediatamente corrió hacia él para saber si algo malo le había pasado.

-¡Ace! ¡¿Estás bien?! –preguntó alarmado.

-Sí, no te preocupes.

-¿Y esa sangre? – Sabo se acercó a ellos.

-Es de Marco –dijo entre un suspiró y tomó asiento en la sala.

-¿Qué ha pasado?

-Las cosas se complicaron… pero Marco está bien.

-Eso explica por qué llegas a estas horas –dijo Sabo-. ¿Y qué fue exactamente lo que ocurrió?

-Perseguíamos a alguien que supuestamente estaba relacionado con Teach… pero al final resultó ser un hombre de Gang.

-¿Cómo pudo pasar eso?

-No lo sé, Sabo. Creí que él nada tenía que ver con Shirohige.

-Luffy, ¿no se supone que tu grupo está tras él?

-Sí, pero no hemos encontrado nada raro.

-Hay que mantenernos pendientes de igual manera.

-Sabo… -miró a su hermano a los ojos- sabes que no dejaré que algo malo pase, no de nuevo.

-Lo sé Ace, por eso dejo a Shirohige en tus manos.

-Estoy hambriento –se quejó Luffy, rompiendo totalmente el aire de seriedad-. Sabo, prepara algo para cenar.

-¿Y cómo qué se te antoja?

-Por cierto ¿Qué hacen tan tarde despiertos?

-Estábamos esperándote… y hablábamos de Mashiro –dijo Luffy.

-¿Por qué de ella?

-Nami llamó y dijo algo de terminar con el entrenamiento.

-Al parecer Yashiro está llegando a su límite –respondió el rubio desde la cocina-. Sanji la encontró dormida en el parque, además, Vivi también me llamó preocupada.

-Thatch igual comentó algo al respecto esta tarde… ¿Qué piensas hacer?

-Detener el entrenamiento.

-¡Pero Mashiro quiere seguir entrenando!

-¿Tú qué opinas, Ace?

-No lo sé, las últimas semanas ha estado evitándome completamente, así que no se que está pensado.

-¿Le hiciste algo? –preguntó curioso el menor.

-No que yo sepa –hizo una mueca infantil.

Sabo al otro extremo comenzó a reír de la respuesta, Ace a veces podía ser tan ingenuo como el mismo Luffy. Para el rubio estaban un poco más claros los motivos de ese distanciamiento.

-Oye Ace ¿Qué te parece si te haces cargo de ella? –sugirió Sabo.

-¿No estás escuchando lo que te digo?

-Hablaré con Yashiro-San, ya verás que aceptara el cambio. Además… siempre estabas reganándome por ser tan pesado con ella, creo que a ti se te da mejor la enseñanza.

-Como quieras.

-Dejaremos que esta semana descanse.

-¡Dejen de hablar cosas aburridas! ¡Tengo hambre!

Todos eso días le habían caído de maravilla, todavía no sabía por qué el rubio le había permitido holgazanear de esa manera, siendo que siempre era muy estricto; pero que importaba, al final de la semana ya tenía todas las pilas bien cargadas, a pesar de que regularmente tuvo que vérselas con alguien en particular:cuando no era uno de los hermanos era el otro. Pero ni eso le iba a perturbar su buen humor, pues iniciado la siguiente semana comenzaría de nuevo con el martirio.

Le sorprendió un poco que todo el grupo estuviera reunido en la entrada principal, Nami le hizo señas para que se acercara a donde estaban. Cuando llegó no pudo evitar ver de mala gana a Luffy, pues en todo lo que iba de la semana le había hecho la vida imposible.

-¿Qué hacen todos aquí? –preguntó Yashiro.

-Estamos organizando un viaje a la Playa de Atami ¿Quieres ir? –Dijo muy feliz la pelirroja.

-¿Con todos ustedes? –Dijo sin humor al ver a los tres hermanos, Zoro y a Sanji.

-Anímate Mashiro, será divertido. También invite a Chopper.

-¡Especialmente no quiero ir contigo!

-¿Por qué? –preguntó enojado.

-Todavía preguntas… toda la semana estuviste molestándome.

-Yo no recuerdo nada –se hurgó la nariz.

-Lunes: compré un pan con carne, específicamente el último. Solo me descuide un segundo y ya estaba en tu bocota. Y por si fuera poco, comenzaste un alboroto en el comedor, el cual terminó por ocasionar una guerra de comida ¡que acabó con todo mi almuerzo!

-No lo recuerdo…

-Martes: Recién llegaba a la escuela cuando a Zoro y a ti se les ocurrió hacer una demostración de cortar sandias con los ojos vendados.

-Eso fue divertido –dijo entre risas.

-¡Me arrojaste una mitad! Termine toda sucia y tuve que regresar a cambiarme a casa.

-Luffy –le llamó la atención Nami.

-Miercoles: fuiste a nuestro departamento, causando un alboroto mientras perseguías a quien sabe quién. Kalifa te estaba siguiendo, y como justamente pasaba por ahí pensó que también era parte de tu desastre y nos llevó a seguridad.

-Por eso llegaste tarde –dijo Sabo volteando a ver a Luffy.

-Y este día, para no romper con la tradición, ¡también me causaste problemas! –dijo molesta.

-Eres imposible Luffy –se burló de él, Ace.

-Así que no… gracias, no quiero ir con ustedes a la playa.

-¿Te quedarás entrenando entonces? –preguntó Sabo.

-¡¿Qué?! –Exclamó impactada.

-Si… no creas que te quedaras sin hacer nada todo el fin de semana, ya te di buen tiempo para reponerte.

-Pero…

-Dejaré a una persona encargada de ti… no sé, tengo algunos amigos que les interesará.

-Sabo…

-A menos de que cambies de opinión y vayas con nosotros… –le sonrió maliciosamente.

-¡De acuerdo! –Gritó irritada- Iré con ustedes. Pero te advierto Mugiwara que si….

-Vamos a organizar nuestras maletas Yashiro –la interrumpió Nami-, será sumamente divertido.

La pelirroja se llevó del brazo a Shiro, quien aún seguía renegando del moreno.

-Te dije que la iba a convencer de ir –le dijo Sabo a Vivi haciendo una señal de victoria.

-Eres un chantajista –se rió.

-El fin justifica los medios.

-Sabo ¿Crees que es buena idea que vayamos todos? –Preguntó Ace.

Los dos hermanos se apartaron un poco del resto.

-Shanks le dijo a Luffy que solo tenía que recoger algo, no es una misión peligrosa. Aun así quiero ir por lo sucedido contigo la otra ocasión, no expondré a Luffy innecesariamente.

-Por eso mismo lo digo, podemos ir nosotros tres sin complicaciones.

-Saji y Zoro también estarán ahí. Luffy y los chicos recogerán el paquete el viernes por la noche y tendremos el resto del fin de semana para nosotros. Tú y yo serviremos de apoyo.

-Esperó que lo de Gang no sea un mal presagio.

-Confío en que estarás ahí para protegerlos, vamos a pasarla bien ¿de acuerdo?

-Si… -respondió no muy convencido.

-Además Vivi tiene muchas ganas de visitar esa playa… -se llevó las manos a la nuca.

-Lo sabía –dijo con fastidio.

El viernes por la tarde acordaron verse en la estación del tren a punto de las 3 de la tarde, Luffy tenía que llegar a Shizuoka a mas tardar a las 8 pm y sería un viaje de casi tres horas. Los únicos que faltaban por llegaran eran Usopp, Zoro y Chopper, el menor de los hermanos estaba impaciente por arribar a la reconocida playa de Atami-chi.

Al verlo, en cuanto cruzó el umbral, ninguna de las cuatro chicas presentes pudo evitar gritar de emoción, los hombres se miraron extrañados al no comprender la reacción de ellas. Los recién llegados también mostraron una cara de incredulidad, mientras que las chicas seguían embelesadas con el pequeño que venía a su lado.

Si bien Chopper era un jovencito de 15 años, su carita sumamente tierna y de facciones finas lo hacían parecer menor; su piel apiñonada y los cabellos castaños que se acomodaban juguetonamente en su rostro lo hacían lucir sumamente encantador, casi como un muñequito de felpa. Misma razón por la cual prácticamente las cuatro salieron corriendo a abrazarlo.

-Chopper luces tan tierno –le dijo Vivi mientras lo aprensaba contra su cuerpo.

-Tu cabello es tan bonito –Yashiro acariciaba su melena.

-Pareces todo un muñeco –le dijo Nami.

-Vivi… yo también quiero abrazar a Chopper –pidió Kaya.

-No…no crean que me hacen feliz con eso –habló tímidamente, lo cual lo hizo ser simplemente más encantador.

-¡Ace, tómanos una fotografía con Chopper! –dijeron al unisono las cuatro, señalando al moreno.

-¡Maldito afortunado! –se quejó Sanji.

-Chopper es un popular –se echó a reír Luffy.

Minutos después dentro del vagón, todos se disponían a tomar sus asientos correspondientes (en realidad solo se acomodaron como les dio su gana), sería un viaje relativamente largo, así que había que aprovechar la situación.

Rápidamente Luffy tomó la ventana, aunque al final siempre se quedaba dormido le gustaba curiosear de vez en cuando. Vivi y Sabo tomaron asiento juntos, Zoro sin pensarlo se apropió de dos asientos y se tiró para poder dormir a sus anchas, Ussop tímidamente invitó a Kaya sentarse con él, mientras que Chopper por obviedad dejó pasar a Luffy y se colocó con Sanji.

Solo había tres asientos libres y tres personas sin lugar, así que había dos opciones, Nami o Ace… y estaba segura que Nami no iba a dejar pasar la oportunidad de ir todo el camino junto al moreno. Así que sin chistar y muy resignada tomó un lugar de los dos que estaban libres.

Justamente cuando la pelirroja se disponía triunfantemente a ocupar el lugar que le correspondía, entrometidamente y sin preguntar Ace ocupó este sitio junto a Luffy. Nami se quedó en shock, no creyendo que precisamente Ace (quien se jactaba de apoyarla en su relación al 1000%) le estuviera haciendo eso. Por otra parte, Yashiro suspiró tranquila.

-Ace ¿qué se supone que haces ahí? –trató de sonar paciente.

-Quiero ir con Luffy durante el viaje, hace mucho que no viajamops juntos.

-¡Ese es mi lugar!

-Nami ¿te molesta que Ace se siente a mi lado? –preguntó Luffy, sin comprender la verdadera razón por la cual peleaban.

-No, pero…

-Nami es muy comprensiva, no le molesta ¿verdad? –Le sonrió con desfachatez.

-Te voy a matar Portgas D. Ace –le susurró con mucha ira.

-Siento mucha pena por Nami… pero no pienso compartir tanto tiempo a solas con ese hombre –pensó Yashiro mientras veía acercarse a la pelirroja.

Fue un viaje de muchos murmullos por parte de Nami y lo mejor que podía hacer Shiro era ignorarla de momento, aunque ya le había hecho prometer que le ayudaría a vengarse de Ace. Por parte de los demás todo estaba en orden, Zoro roncando al fondo mientras Sanji (quien iba una fila adelante) se encargaba de molestarlo. Chopper platicaba con Kaya de lado a lado, en lo que Vivi le mostraba a Sabo imágenes de la playa a la que visitarían. Los ojos castaños de Nami se clavaban con suma ira en el par de morenos, quienes apenas a la media hora de camino se quedaron completamente dormidos y Luffy como siempre, prendido del cuerpo de su hermano mayor.

Todos dejaron escapar un silbido de exclamación al ver la entrada del hotel, Shanks no había escatimado en gastos cuando muy amablemente (y sin ser su responsabilidad) alquilo 3 lujosas habitaciones en uno de los mejores hoteles del lugar, con vista a la playa, circo, maroma y teatro. En ocasiones le gustaba consentir al pequeño Luffy, después de todo, era casi como un hijo para él.

No podían pedir más espacio en cada habitación, realmente eran grandes y contaban con absolutamente todo lo necesario e innecesario que pudieran pensar. La vista de la terraza a la playa era sumamente hermosa, la puesta de sol estaba en su apogeo; podían apreciarla a través de la gran puerta corrediza de cristal, haciendo así perfecta su llegada.

Las chicas se hospedarían en una habitación, pues era tan grande para estar 4 personas con las mayores comodidades. Contiguas a estas estarían los muchachos: Sabo, Chopper, Usopp y Sanji en una, mientras que Luffy, Ace y Zoro en otra.

Esa noche, escoltadas las chicas por Ace, Sabo, Chopper y Usopp salieron a recorrer la playa. En cuanto a Luffy y los otros se hacían cargo de la misión que Shanks les había encomendado. Atami-chi era una playa sumamente hermosa, no por nada se encontraba entre las mejores de todo Japón, y era una fortuna que estuvieran ahí para disfrutarla… aunque en esos momentos, había alguien en particular que no estaba del todo tranquila.

-Nami ¿todo está en orden? –preguntó Yashiro al notar su semblante entristecido.

-Sí, creo que el viaje me agotó un poco.

-Debes de estar triste porque no has pasado tiempo con Luffy, apenas y llegamos se fue.

-También debe de ser por eso –se frotó los brazos con ambas manos, la noche era fría.

-¿Por qué se fueron esos tres? –preguntó curiosa. Yashiro no sabía aún nada del trabajo de todos ellos.

-Tuvieron que ir a un encargo, en realidad por eso vinimos a Shizuoka.

-Ya veo…

-¡Nami! Mañana juntemos caracolas –llegó corriendo Chopper hasta ellas-. Doctorine dijo que le llevara unas cuantas.

-Me parece bien –le sonrió-. Vayamos a meter los pies al agua, haber que tal esta.

-¿No van a enfermarse si hacen eso? –dijo Shiro.

-No creo que les pase algo –habló Ace, mientras se colocaba junto a la castaña.

Yashiro solo se cruzó de brazos y ambos se quedaron parados observando al par que brincaba las pequeñas olas que llegaban a la orilla. Un silencio incomodo se estaba haciendo presente entre los dos, y antes de que Ace pudiera decir lo que estaba pensado, Kaya y Usopp se acercaron a donde estaban; salvando así el extraño ambiente que recién comenzaba a formarse.

Al día siguiente, muy temprano por la mañana, alguien tocaba la puerta desesperadamente. Apenas y eran las 7:00 am y esa noche se habían desvelado jugando cartas mientras esperaban el regreso del moreno y los otros dos. Kaya con esfuerzo pudo levantarse para abrir, encontrándose como era de esperarse con Luffy, quien sin pedir permiso pasó hasta la habitación donde dormían las 4.

-¡Nami! ¡Despierta! –zangoloteaba la pelirroja en la cama. Sin éxito se movió a la cama de al lado e hizo lo mismo con Yashiro- ¡Levántense! ¡No hay que perder tiempo!

-Tengo sueño, no molestes –la castaña se escondió entre las cobijas, ignorando la petición del moreno.

-¡Tengo hambre! ¡Vamos a comer algo! –Gritó para todas, mientras jalaba las cobijas de Shiro y las tiraba a un lado.

-¡No hagas eso!

-¡Dejen de gritar los dos! –Se levantó con poco humor la pelirroja, arrojándoles una almohada a cada uno.

-¡Vámonos!

-Nos daremos un baño y después saldremos –dijo Kaya-. Por favor aguarda en tu habitación Luffy-kun.

-Bueno –hizo una mueca señalando su fastidio-, pero no tarden mucho.

Caminando por la ciudad los 11 chicos buscaban un restaurante para comer, pues en un berrinche por parte del menor de los hermanos los habían corrido del comedor del hotel, así que vagabundeaban por la ciudad buscando algo para alimentarse.

Ocasionalmente se detenían para tomarse fotografías, las cuales en un 80% se trataba de Chopper en compañía de las 4 chicas, o en su defecto, Chopper con alguna de ellas individualmente, exceptuando a Yashiro, quien se negaba a pedírselo personalmente a Ace, así que todas sus fotografías eran en grupo.

Al final encontraron un local que vendía Takoyaki y todos estuvieron de acuerdo en comer eso. Adentro del lugar, volvió a repetirse lo mismo del vagón de tren: Nami estaba a punto de sentarse junto a Luffy cuando impertinentemente Ace le pidió a su hermanito que los acompañara a él, Usopp y Chopper en la mesa donde estaban, y claro que el moreno no iba a negar una petición por parte de Ace, por lo cual, ignorando completamente las intenciones de Nami –como de costumbre- se fue con ellos.

Pero la situación no se acababa ahí, prácticamente la acción se repetía en cualquier lugar al que iban, no importaba donde fuera ¿a caso Ace estaba teniendo un ataque de celos de hermano? ¿O simplemente estaba tratando de fastidiarla? Igual no importaba cual fuera la razón, la pelirroja estaba sumamente enojada y no dejaría pasar por alto semejante traición por parte del mayor.

-¡Vamos ahí! –señaló muy emocionado Luffy un cartel que decía "exposición medieval".

-Creí que veníamos a disfrutar de la playa –se quejó Sanji- ¡Yo vine a ver hermosas damas en bikini!

-Esto es mucho más emocionante Sanji –lo jaló del brazo hasta la gran casa de aspecto occidental- ¡De seguro hay armaduras!

-Oye… yo no quiero entrar a ese lugar.

-Parece interesante ¿Tienes miedo cocinero pervertido? –lo retó Zoro.

-¡¿Por qué tendría miedo?! –respondió enojado.

-Vayamos a echar un vistazo y después iremos a pasar el día en la playa –sugirió Vivi.

-Yo apoyo a Vivi –alzó la mano Chopper.

Los interiores eran un tanto escalofriantes, había armaduras de todo tipo, con lanzas, picos y cuanta cosa. También entre los objetos figuraban varios aparatos de torturas usadas en esos tiempos, dejando ver lo muy doloroso que sería estar en cualquiera de ellos.

Luffy no paraba de exclamar por lo emocionado que se encontraba, brincando de un lugar a otro y tratando de convencer al guía de que lo dejara ponerse una armadura, pero no importaba cuando insistiera, siempre la respuesta era no; por tal motivo le había pedido a su hermano una fotografía con cada armadura del recorrido. Así que ahí estaba de nueva cuenta los D. pegados como si se trataran de uno solo, esta vez, a petición de Luffy.

La paciencia de Nami estaba agotada rotundamente, así que usando su ingenio malvado, figuró una estrategia para deshacerse –por lo menos momentáneamente- del pecoso.

Mientras todos muy curiosos observaban una pintura de lo más extravagante sobre un duelo de caballeros, la pelirroja se llevó del brazo a Ace a un cuarto, poniendo de pretexto que le sacara una fotografía con algo en particular que se encontraba ahí.

-¿Estás segura que aquí es? No miro nada –dijo Ace.

Apenas y podía caminar con la imperceptible luz de una lámpara de petróleo en el escritorio.

-Si… más adelante está –sonrió con malicia desde sus espaldas, mientras lo hacía pasar a la oscura habitación.

-¿Qué hay aquí? –dejó su cámara en una mesita que apenas y alcanzaba a divisar.

-Será una fotografía especial para Luffy… hay unos grilletes y pensé que sería de su agrado ver a una damisela en apuros…

-Eso suena pervertido –se acercó a Nami, quien jalaba los grilletes que estaban sujetados con una cadena desde el techo.

-Ayúdame a ponerlos –le pidió.

-No sabía que tuvieras gustos tan extraños… -se acercó a ella.

El pecoso subió sus manos para alcanzar los grilletes que colocaría en las muñecas de la pelirroja, pero antes de que así lo hiciera, Nami se le adelantó colocándoselos a él. Por unos instantes Ace quedó perplejo sin entender lo que la chica estaba haciendo. Trató de zafarse de ellos sin éxito alguno, después de todo, eran elementos de tortura y estaban diseñados a la perfección para evitar que alguien escapara.

-No Ace… no tengo gustos extraños –le sonrió poniéndose frente a él con una pose de victoria.

-¿Qué estás haciendo? –Preguntó aun no creyendo lo que había hecho.

-Desde la salida en Osaka me has estado fastidiando mis momentos con Luffy, así que te mantendré un rato aquí, en lo que puedo pasar un tiempo agradable con tu hermano.

-Nami no estés jugando.

-Eso te enseñara a no intervenir en mis planes –lo señaló con el dedo mientras que con la otra mano jugaba con las llaves-. Vendré por ti más tarde.

-¡Espera! Puedo explicarlo… -trató de convencerla mientras la pelirroja, que dejaba las llaves en la mesa cercana, pero fuera del alcance de él.

-Para que veas que no soy tan mala… –le decía mientras desabotonaba pacientemente su camisa- hace mucho calor aquí, así te refrescaras un poco.

-¡Deja de ser tan perversa!

-¡Tú te lo buscaste! –Se apartó de él y tomó la cámara- Nos vemos en un rato Ace-kun –le sonrió mientras cerraba la puerta tras ella, dejando al pecoso atado con las manos sobre su cabeza.

Para cuando se dieron cuenta estaban los dos completamente solos, voltearon a los alrededores pero los pasillos estaban desiertos. Se habían quedado tan entretenidos con la pintura, que no se percataron cuando los otros siguieron con el recorrido.

-¿A dónde se fueron todos? –preguntó Yashiro.

-¿He? –alzó la ceja despistadamente Zoro- Se fueron por acá –señaló un camino al azar.

-Vayamos a buscarlos entonces

Más o menos estuvieron unos 15 minutos deambulando por todo el edificio, pasando constantemente por los mismos lugares una y otra vez. Yashiro comenzaba a debatirse entre la orientación del peliverde o la habilidad del grupo para evadirlos. La armadura de bronce sosteniendo un hacha en la intersección del corredor indicaba la tercera ocasión que llegaban al mismo lugar, cansada de caminar sin sentido se detuvo para decirle a Zoro que sería ella quien se encargaría de buscar a los muchachos. Sin embargo, antes de poder decir algo, el espadachín ya se había perdido de su vista.

Tenía dos opciones de camino y se decidió por el de la izquierda, había varias puertas que permitían el ingreso a las cámaras donde guardaban las armas. Entraba y revisaba una por una, con la esperanza de hallar a sus camaradas.

La poca luz de esa habitación no le dejaba ver con claridad, pero aun así se atrevió a entrar. No parecía haber nada en realidad ahí, así que decidió salir; sin embargo, antes de hacerlo un ruido extraño al fondo llamó su atención haciéndola ingresar de nueva cuenta.

Fue a la mesa y tomó la lámpara para ver que era el sonido. Mentiría al decir que no le causó impresión encontrarlo atado, pero más que nada era graciosa la penosa situación del moreno, más allá de lo sumamente erótica que podía resultar la escena, era bastante cómico su semblante molesto.

-¡No te burles! –le gritó Ace al observar la risita que comenzaba a escaparse de la boca de Shiro.

-Eso te pasa por meterte con Nami –se puso frente a él.

-Ayúdame a quitarme estas cosas.

-No quiero –le sacó la lengua.

-¡¿Qué?!

-¿Necesitas un pañuelo? Se nota que no la estás pasando bien –se burló de él al verlo envuelto en sudor.

-¿No vas a sacarme de aquí? –frunció el ceño.

-Esperaré a que Nami lo haga –le sonrió.

Sin verlo venir, astutamente y aprovechando la cercanía entre ambos, Ace atrapó entre sus piernas a Yashiro, atrayéndola hacia él. La chica trató de forcejear para liberarse, pero tenía todas las de perder dada la fuerza del moreno, quien con sus manos se sujetaba de la cadena y mantenía sus piernas abrazadas de la cadera de la castaña.

De nueva cuenta la distancia que había conservado durante las últimas semanas estaba siendo acortada, no sabía pensar claramente cuando lo tenía cerca suyo.

-Si yo no salgo de aquí…. tú tampoco.

-¡Suéltame! –gritó.

-No te conviene gritar, alguien vendrá y no estás en una posición muy buena que digamos.

-Me estoy quemando con la lámpara, muévete – el objeto había quedado entre ambos.

-Las llaves están sobre la mesa, alcánzalas y te soltaré.

-Suéltame para que vaya por ellas.

-Si lo hago vas a escapar…

-Eres igual de fastidioso que Luffy, tal vez más…

-Nada de esto estuviera pasando de no ser por tu culpa –le reclamó Ace.

-¿Mi culpa? –preguntó ofendida.

-Si no hubieras estado evitándome, no tendría que haber estado con Luffy todo el tiempo.

-¿De qué hablas? –preguntó confundida.

-¡Me estas quemando! -Se quejó el pecoso.

-Perdón… -alejó la lámpara del cuerpo de ambos.

-Te liberare solo un poco, trata de alcanzar las llaves que están sobre la mesa –le dijo mientras dejaba de ejercer presión en ella.

-Bien, pero están lejos, no sé si pueda –se dio media vuelta para darle la espalda.

-Solo estírate –le susurró.

-No… hagas eso –dijo nerviosa al sentir la respiración de Ace en su cuello.

-¿Qué?

-Olvídalo.

Columpiándose sobre las piernas del pecoso trató de llegar a la mesa, pero apenas y podía alcanzarla en la posición que tenían. Antes de que por la misma inercia regresara hacia atrás dejó la lámpara sobre la mesa. Bufó enfadada por no haber alcanzado su objetivo, ahora estaba tenuemente aluzada, y de nueva cuenta contra el pecho del moreno.

-Te lo dije, suéltame para ir por ellas.

-No.

-¡Ace! –Exclamó enojada.

- Inténtalo otra vez.

Ace la había liberado un poco más, con ello pudo tomar la esquina de la mesa y haciendo un esfuerzo mayor, tomó las llaves de los grilletes. Empujándose contra la madera regresó a la embarazosa posición. Giró de nuevo para quedar frente a frente.

Por un breve instante esos ojos negros se quedaron observando los tersos labios de la castaña entre la penumbra, pasó saliva pesadamente mientras se paraba de puntas y se acercaba aun mas a su cuerpo para poder alcanzar la cerradura. Los pechos de Yashiro se acercaron peligrosamente a su torso y eso lo hizo estremecer. Desvió la vista a un lado antes de que su mente comenzara a pensar cosas indebidas, pasaron un par de segundos y no parecía haber sucedido nada.

-¿Qué pasa? –volteó hacia los grilletes.

-No veo nada, además apenas y alcanzo…

-Apresúrate, mis manos ya me arden de sujetar la cadena.

-Deja de moverte, no me ayudas con eso.

En ese preciso momento la puerta se abría en su totalidad, dando la luz de la entrada justamente en ellos dos. El peliverde se quedó pasmado unos segundos al encontrarlos en tan comprometedora situación, parpadeó un par de veces y sólo expresó un tranquilo «lamento interrumpirlos», para después cerrar la puerta y dejarlos con su "intimidad". El par estaba sumamente avergonzado por ser descubiertos de esa manera, aunque no estuvieran haciendo nada malo.

-¡Ves lo que ocasionas! –le gritó Shiro.

-No estaría aquí de no ser tu culpa.

-¿Sigues con eso? Yo no te dije que te metieras en el camino de Nami.

-Tuve que hacerlo porque tú estabas evitándome –le reprochó.

-¿Solo por eso? –preguntó confundida.

-¿A caso te caigo mal? –lanzó la pregunta con suma seriedad.

-Ace…no es eso –bajó sus manos y las puso inconscientemente en el pecho de él.

-¿Entonces? –hizo un mohín.

-Es solo que me haces sentir un poco extraña… quería saber si alejándome de ti podía sentirme normal de nueva cuenta.

-¿Extraña? –repitió mientras liberaba en su totalidad el cuerpo de Shiro.

-¿Por qué habría de molestarte que te ignorara? –se apartó de él.

-Creí que éramos amigos… así que si estabas evitándome por algo, no quería causarte problemas.

-Lo haga o no igual me los causas –le sonrió-, dejare de hacerlo… pero ya no molestes más a Nami.

-De acuerdo. Como prueba de amistad quítame esto –hizo sonar las cadenas.

-Ya se me habían olvidado –rió- Buscaré una silla o algo, aguarda un momento.

Cuando salieron fuera del edificio todos estaban bajo un árbol esperándolos, pues eran los últimos en llegar. No se hicieron esperar las miradas acosadoras de Zoro y Nami, que por lo visto ya le habían informado del "porque" de su ausencia; motivo por el cual la pelirroja no se había aparecido para liberar al pecoso. Ruborizados a muerte Yashiro y Ace no dijeron nada, evitando dar explicaciones a los otros de su tardado regreso.

Más tarde llegó por lo que todos estaban esperando, especialmente Sanji, y el verdadero motivo disfrazado de la visita a Atami-chi: la playa.

Los ojos de del rubio ceja rizada casi salen de sus órbitas por la gran cantidad de mujeres en sexys bikinis, disfrutando del calor, la arena y el mar. Claro que no podía quejarse de las cuatro chicas que estaban acompañándolos, pues ninguna se quedaba atrás en cuanto a belleza.

Contrastando las lujuriosas intenciones del cocinero, los otros parecían estar más enfocados en clavar las sombrillas en la arena y salir corriendo a darse un buen chapuzón en el mar. Y para no romper la tradición como en el resto del día, aprovechando la dulzura de Chopper, todas quisieron una fotografía; más fue imposible tomarla, puesto que Nami se había quedado con la cámara y la había dejado olvidada en la recamara… y nadie tenía deseos de regresar al monstruoso hotel para buscarla.

Discretamente Usopp codeó el estomago de Luffy para llamar su atención, una vez que el moreno le prestó atención le dijo que mirara a donde Nami, quien estaba colocándole el bronceador en la espalda a Shiro. Tanto la pelirroja como la castaña tenían un cuerpo envidiable… Sabo era todo un maestro en perfeccionar cuerpos.

-Luffy, eres muy suertudo –le dijo con picardía el narizón.

-¿Por qué? –preguntó muy inocente, ya con la vista en otro lugar.

-¡Solo un completo idiota como tú no se daría cuenta del por qué! –Le gritó Sanji mientras le daba un golpe en la cabeza.

-¡Sanji, eso duele!

-A Luffy no le interesa el físico ¿verdad hermano? –dijo Ace.

-No entiendo de que están hablando….

-Pero no tiene nada de malo en ocasiones disfrutar de lo que tenemos –el pecoso pasó su brazo por el cuello del menor.

-¿He?

-Hazle caso... Ace ya lo disfruto hace unos momentos –dijo Zoro con sorna.

-Fue un mal entendido.

-Si claro, esa clase de mal entendidos ocurren muy a menudo en el mundo real.

-¿De qué están hablando, Ace? –preguntó Luffy.

-Nada en particular –rió nervioso.

-Entonces dejen de hablar y vamos a meternos al mar.

-¿Ya sabes nadar? –le preguntó Sabo.

-Por supuesto que no –dijo con si verdaderamente fuera un orgullo-. Pero tengo muchos flotadores –le sonrió.

-Yo tampoco sé nadar –confesó el más pequeño del grupo.

-Entonces te compartiré de mis flotadores.

-¡Gracias Luffy!

-Yo puedo enseñarte si tú quieres Tony-kun –dijo Kaya.

-¿Enserio? –preguntó muy ilusionado.

-Por su puesto.

-¡Vamos a divertirnos! –gritó Mugiwara.

La arena estaba caliente, pero poco les importaba, según Luffy ese era el objetivo de ella: quemarte los pies para salir corriendo y meterte al mar. Los juegos playa entre los chicos estaban tornándose impetuosos, especialmente por la competencia entre Sanji y Zoro; no importaba a que decidieran jugar, ellos dos hacían de la competencia en equipo algo personal.

Después de casi ahogarse con una enorme ola, Luffy decidió iniciar su propia competencia de castillos de arena contra Usopp, esos dos estaban igual que el otro par, la única diferencia era que sus competencias no acababan con amenazas de muerte, de ahí en fuera, eran tan estúpidas como las del espadachín y el cocinero. Nami entendió (por milésima vez) que no competía contra Ace, sino más bien contra la inocencia de Luffy.

Yashiro se dejó caer rendida sobre la toalla puesta en la arena, debajo de la gran sombrilla, la piel le ardía un poco pues no estaba acostumbrada a estar expuesta tanto al sol. El tiempo gélido de Hokkaido había hecho muy sensible su piel a los rayos solares, ese era el verdadero motivo por el que no deseaba ir a la playa.

Metió la mano a la hielera para tomar un poco de agua, grande fue su molestia cuando notó que ya se había terminado toda. Mirando a su alrededor vio a un par de chicas que estaban comiendo granizado, la boca se le hizo agua y se levantó de su lugar para ir a buscar el puesto.

Se sentía un tanto cohibida por las miradas indiscretas de los hombres alrededor, mirando impúdicamente sus curvilíneas formas que salían a relucir con el bikini que llevaba puesto. Aun faltaban dos personas delante de ella para que la atendieran y ya estaba sumamente harta de las miraditas que le lanzaban. Justo cuando pensó que no podría resistirlo más algo inesperado pasó.

Sintió una caricia en lo alto de su espalda que fue a dar hasta su hombro, los vellos de todo su cuerpo se erizaron ante el contacto de la mano, que la apretaba simultáneamente con fuerza y delicadeza, al mismo tiempo que hacía que ambos cuerpos se acercaran bastante. No entendía por qué su cuerpo no había respingado al contacto, cómo si ya estuviera acostumbrado a esa presencia. Alzó la vista encontrándose a quien instintivamente esperaba, Ace.

-Lamento haberte hecho esperar –dijo el moreno.

-¿Ah? No hay problema –le siguió el juego, miró de reojo a los hombres que hace un segundo la observaban, dándose cuenta que ya miraban a otro lado.

-¿Y de que lo vas a pedir?

-Fresa… -No sabía porque, pero subió su mano para tocar la de Ace que se mantenía todavía en su hombro.

-Espero tengan de mora azul –sonrió al sentir los dedos de Shiro y le tomó la mano.

Momentos después los dos salieron del local, Shiro tenía que esconderse detrás del granizado para que el pecoso no se percatara de lo nerviosa que estaba, todavía existía un leve rubor sobre sus pómulos, aun no creía que Ace hubiera hecho eso; sin embargo, a diferencia de la castaña, el moreno parecía muy normal.

-Gracias por lo de hace rato –dijo Shiro.

-¿Por qué? –Preguntó mientras se metía una cucharada a la boca- Yo soy el que debe de tarde las gracias.

-¿Cómo?

-Por seguirme el juego, captaste más rápido de lo que pensé. La fila era muy larga y no quería estar ahí tanto tiempo, así que cuando te miré pensé en ese plan –le dijo sumamente feliz.

-O sea que ¿fingiste que éramos… -evitó decir la palabra- solo para adelantarte en la fila?

-Si…

-Todo el tiempo estás inmiscuyéndome en tus cosas raras –le reclamó al no ser lo que ella había pensado.

-Pero valió la pena, el granizado está delicioso ¿quieres? –le ofreció poniéndole la cuchara frente a su boca.

-No gracias, no me gusta mucho la mora azul… -dijo de mala gana.

-Solo pruébalo, está muy bueno –insistió acercando cada vez más la cuchara.

-No quiero, basta…

-Abre la boca.

-Detente –le ordenó enojada frunciendo el ceño.

-No me obligues a meterlo en tu boca.

-Eres un demente, yo compré el mío de fresa porque es el sabor que me gusta… si quisiera de mora, hubiera comprado uno –ya estaba molesta del infantilismo del moreno. Ace solo se reía de sus comentarios.

-Luces muy linda cuando te enojas –le dijo con una amplia sonrisa.

-Basta de burlarte de mí –desvió su apenado rostro en otra dirección.

-¿Vas a probarlo? –continuó.

-¡Suficiente! –gritó histérica.

No era una mentira, solo una verdad a medias, aun así no quería decirle que, efectivamente, su segundo motivo de ir hasta ella y abrazarla habían sido los sujetos que la miraban lascivamente, ninguno de ellos tenían derecho de siquiera desearla con la vista; cosa que resultaba imposible, hasta para él…

Pero no era el caso, como lo había dicho antes, era normal que tuviera que fijarse en el cuerpo de una bella mujer, después de todo era alguien joven y podía darse esos lujos sin parecer un rabo verde como los del puesto. Aunque debía de admitir que lo que más llamaba su atención de parte de la castaña era su peculiar forma de ser; desde el día en que le reclamó lo de Vivi, algo había atraído su atención en ella.

-Shiro-chan vayamos al hotel –dijó Ace, haciendo que la ojivioleta se tropezara por la proposición.

-¿Ir al hotel? –preguntó con nervios.

-Sí, vamos a tu habitación.

-Oye, en que…

-Nami dejó mi cámara ahí, necesito que abras la puerta para buscarla.

-Eso… -suspiró- siempre hace que mal interprete sus acciones –pensó.

No podía culparse de tener esos pensamientos, el moreno era mortalmente seductor sin siquiera pretender serlo. Que ilusa al pensar que las cosas mejorarían cuando decidió poner en marcha su plan para sacarlo de su vida… ahora por ello sentía culpabilidad por el embrollo que le causó a Nami, según Ace por culpa de ella, ¿Cómo pretendía saber que le afectaría? Aunque eso solo la había dejado más confundida… él la extrañaba de cierta manera.

El hotel no estaba muy lejos de la playa, pero cómo se trataba de una zona exclusiva, pocas personas transitaban el camino de regreso. Shiro iba muy pendiente descifrando en su mente el por qué de las acciones del pecoso, dado esto, no pudo poner el cuerpo pesado para evitar que la caída fuera menos dura, apenas alcanzó a meter las manos.

Empujándola del hombro, Ace, la aventó a un lado para evitar que recibiera el golpe de la persona que había osado en atacarlos. Al no concretar su primer golpe fijó su atención en el moreno, quien ya se interponía entre la castaña y el sujeto, su mirada expresaba mucha ira.

La pelea entre ambos no se hizo esperar, ¿un ladrón a caso? No, si ese trataba de un asalto no tendría caso por parte del ladrón atacar de esa manera a Ace, así que se trataba de algo más. La persona con la cual combatía Ace estaba en un nivel distinto de sus regulares contrincantes, podía saberlo por sus movimientos, aun así, el moreno no daba pie a una posible derrota.

De repente Shiro sintió como algo aprisionaba su cuello, levantándola del piso y dejándola mínimamente con la posibilidad de respirar de manera adecuada. El pecoso notó al segundo atacante que estaba dañando a la castaña, pero aun no terminaba con su rival; el cual aprovechando la distracción lo golpeo en el estomago.

El golpe lo hizo perder un poco el equilibrio, sin embargo, no tardó en reponerse. Su combatiente sacó un arma de fuego para dispararle, pero la velocidad de Ace fue mayor, y antes de que pudiera tirar del gatillo golpeó su brazo haciendo volar la pistola. Mientras el objeto quedaba momentáneamente suspendido en el aire, el moreno golpeó con el codo el rostro del sujeto, aprovechando así para tomar el arma en sus manos. Una vez haciéndose de ella, la usó para impactarle con la empuñadura en la nuca, dejándolo fuera de combate.

El hombre cayó en el piso y en una fracción de segundo Ace estaba apuntándole al otro, quien tenía a Yashiro apuntándole de igual manera con una pistola. Ambos se miraron fijamente, no parecían desistir en bajar las armas.

-Suéltala –Ordenó muy fiero Ace, quien clavó su mirada en el brazo que estaba sobre el cuello de Shiro, las mismas iniciales CB sobre esté.

-Baja la pistola.

-Hazlo tú primero. Ella nada tiene que ver…

-Hagamos un intercambio, no tengo intenciones de morir este día.

Sin despegar la vista del hombre ni dejar de apuntar, Ace se agachó para levantar al inconsciente.

-Déjala ir y te daré a tu compañero.

-No confió en ti.

-No cometas el error de pensar que soy como ustedes. No sé qué es lo que quiere Gang con nosotros, pero no lo obtendrá fácilmente –agudizó su mirada, dejando ver muy en claro que iba enserio.

-Por algo Teach tiene tanto interés en ti… dice que eres su favorito entre los hombres de Shirohige.

-Así que Gang tiene un trató con él, me sorprende de hecho.

-Toma… -el sujeto empujó a Yashiro hacia Ace. Y este hizo lo mismo con el otro.

-¿Estás bien? –preguntó el moreno mientras la abrazaba.

-Si… estoy bien –contestó abrumada mientras correspondía a la acción de Ace.

-La diferencia entre nosotros, muchacho, es que podemos formar una alianza sin tapujos. Sabes perfectamente que sus líderes no congenian… tú y tus hermanos no pueden ganar solos en esta guerra.

-Cállate –expresó con furia, aun seguía apuntándole con el arma.

-Iremos por todos... Shirohige, Dragon, Shanks, Shiki…Roger… -dijo mordazmente.

-¿Qué dijo? –pensó exaltada Yashiro, no pudo evitar abrazar con más fuerza a Ace.

-Maldito –rabió el moreno.

-Nos estaremos viendo Hiken no Ace.

No tuvo más remedio que dejarlos escapar, sentía unas ganas inmensas de golpear a alguien o algo por la impotencia, pero de momento tenía que informales a los otros sobre lo que estaba sucediendo. Tomó aire para despabilarse y puso atención a la persona que tenía en brazos, la apartó un poco de su lado y le sonrió como si nada hubiera pasado.

-Fuiste muy valiente.

-Yo… -no sabía que decir, sus manos estaban temblando.

-La verdad fue de gran ayuda que no te impacientaras. Si hubieras llorado o algo por el estilo me hubiera desesperado más.

-¿Qué fue todo eso? –le preguntó mientras se cruzaba de brazos para contenerse.

-Trataré de explicártelo más tarde, necesito que vayamos con Sabo y los demás –le dijo mientras la tomaba de los hombros.

-De acuerdo…

-¿Segura que estas bien? Siento muchísimo que tengas que pasar por esta situación.

-Creo que me lastimé la muñeca derecha –respondió con la voz quebrada, aun así no derramó ni una sola lagrima.

-Si necesitas llorar hazlo, no te reprimas –volvió a abrazarla.

-Estoy cansada de hacerlo… no quiero llorar nunca más –se escondió en su pecho-, pero la muñeca me duele mucho.

-Tal vez Kaya o Chopper puedan hacer algo, vamos a buscarlos.

Los cinco chicos se apartaron del grupo para hablar en privado, por el semblante de Ace ya intuían que no sería nada agradable lo que les diría, sumándole a eso que Yashiro estaba siendo atendida por Chopper y Kaya.

-Los hombres de Gang nos atacaron hace unos momentos.

-¡¿Qué?! –Gritó Luffy.

-Creí que no habían tenido complicaciones en su trabajo –dijo Sabo para los hombres de Shanks.

-Nadie se presentó para hacernos frente –respondió Sanji en lo que encendía un cigarrillo.

-Me han confirmado lo que ya suponíamos.

-No me digas que…

-Al parecer Marshall D. Teach y Capone Bege tienen una alianza –apretó los puños.

-¿Desde cuándo? Y mejor aun ¿Por qué? –la voz de Sabo comenzaba a sonar inquieta.

-Amenazaron diciendo que irían tras Shirohige y los demás.

-¿Qué vamos hacer Luffy? –preguntó Zoro a su capitán.

-¡Patearles el trasero! –respondió impetuoso. Los demás suspiraron resignados.

-El ataque inicial no fue dirigido hacia mí, se fueron directo contra Yashiro.

-Irán por los más débiles del grupo… eso indica que nos están vigilando –dijo Zoro.

-No preocupemos más a los otros de lo que obviamente ya lo están. Especialmente a Chopper y Shiro-San que no saben nada –habló Sabo.

-Lo primero que haremos es informar de esto. Sabo, moviliza a tu gente. Si Teach y Gang tienen una alianza posiblemente Kurohige esté siendo cubierto también por la policía.

-Llamaré a Iva-San para que esté al tanto.

-Luffy, lo mismo para ti –ordenó el moreno.

-¿Qué hay de los otros? –Sanji hizo referencia al resto del grupo.

-Obviamente no podemos dejarlos descuidados. Luffy cuida de Nami, Sanji y Usopp ustedes cuiden de Kaya, Ace te encargaras de Yashiro, Zoro protegerá a Chopper y Obviamente yo cuidaré de Vivi.

-Bien –respondieron todos.

-Nos iremos mañana por la mañana. Sanji, tú y yo investigaremos ahora por la noche –decretó Sabo. A lo que todos estuvieron de acuerdo.

Obviamente todos estaban esperando explicaciones de lo sucedido. Relatando lo ocurrido como un simple encuentro por parte de los hombres de Teach a Ace aclararon las cosas, no había la necesidad de subir la tensión en todos. Ace previamente le había pedido a Shiro que no dijera nada de lo que había escuchado.

Así que mientras los chicos abrían bien los ojos para evitar nuevos incidentes, dejaron que el resto siguiera divirtiéndose normalmente. Yashiro se quedó a descansar en compañía de Nami e inquieta por las palabras del sujeto que la había atacado no esperó mucho tiempo para esclarecer sus dudas sobre algo en especifico.

-Nami ¿puedo preguntar algo? –dijo cabizbaja.

-Adelante…

-¿Qué sabes de la relación entre Ace y Law?

-Bueno, no mucho en realidad, ¿Por qué el interés en Law? –preguntó curiosa, ante la inesperada pregunta.

-Nada en particular –contestó nerviosa-, es solo que hace tiempo los miré hablando y…

-¿De verdad? –dijo con sorpresa.

-¿Por qué la expresión?

-En realidad Ace y Law fueron amigos, pero hace tiempo ocurrió algo y dejaron de hablarse totalmente. Por eso me sorprende que llegaras a verlos, no se llevan muy bien desde entonces.

-Ya que Ace está inmiscuido en ese tipo de cosas, debió conocer a Law por ello… él también está en problemas con esos sujetos –pensó- ¿Sabes de dónde se conocen?

-Al parecer Trafalgar también está protegiendo a alguien, él y Luffy están una especie de alianza después del problema que tuvo con Ace.

-Y… exactamente ¿Por qué terminaron así esos dos?

-Deberías preguntárselo mejor a Ace, no le agrada mucho ese tema.

-¿Tan así?

-Ahí viene… pregúntale –se levantó para cederle su lugar al moreno y se marcho a la playa, donde se encontraba Luffy.

-¿Cómo está tu mano? –preguntó el pecoso sentándose junto a ella.

-La muñeca sigue hinchada –le mostró el vendaje-. Lo ves, siempre están metiéndome en problemas –bromeó.

-En verdad lo lamento.

-No tenias manera de saber que algo así ocurriría.

-Pues…

-Ace… –llamó su atención, estaba a punto de preguntar sobre su relación con Trafalgar Law pero de último momento se acobardo- ¿Qué significan tus tatuajes? –cambió totalmente la pregunta.

-El de mi espalda representa a los hombres bajo el mando de Shirohige, es mi mayor orgullo ¿no es genial? –dijo muy feliz.

-Sí, es bonito –le sonrió-. El de tu brazo no lo entiendo ¿un error?

-No –se tocó el brazo izquierdo-. Este es por Sabo…

-¿Sabo?

-Cuando éramos pequeños, él sufrió un grave accidente… Luffy y yo pensamos que no lograría sobrevivir. Así que, le prometí a Sabo que si era capaz de lograrlo me tatuaría su nombre –sonrió con humor-. Obviamente él no me obligo, así que solo coloque la S.

-Eres alguien muy entregado ¿cierto? –Lo miró dulcemente.

-Daría todo por las personas que quiero. Sin pensarlo.

-¿Por qué siempre tiene que usar sus exactas palabras? –pensó.

-¿Qué hay del tuyo? –preguntó mientras se hacía para atrás, para poder ver la espalda de ella.

-¿El mío? –Se tocó el hombro derecho, señalando la pequeña "H" que estaba ahí- Es por un apodo de mis amigos, no tiene nada de grandioso como los tuyos –mintió.

-Ya veo…

En la noche, tirados en círculo sobre la alfombra, estaban los chicos jugando cartas, aprovechando los últimos momentos en el hotel. Sabo y Sanji ya habían salido para realizar las investigaciones pertinentes en relación con la alianza entre Kurohige y Gang.

Desde el balcón miraba el reflejo de la luna llena sobre el mar, sintiendo la brisa marina sobre su piel. No podía dejar de cavilar al respecto, la idea le daba vueltas una y otra vez sobre la mente; era una posibilidad muy remota, pero no por ello imposible. Se dejó caer con pesadez sobre la silla y miró al cielo estrellado.

-Tenía la esperanza de que Law hubiera dejado de hacer eso. Izan siempre evitó decírmelo porque sabía que me preocuparía… ¿Por qué Ace tiene también que ser partícipe de estas locuras? –habló para sí misma-. No pude preguntárselo por temor a su respuesta… ¿Por qué demonios me gustan esa clase de hombres? –se auto reprochó- Espera… -hizo una mueca- Ace no me gusta.

Yashiro volvió aquejarse y confundida por sus pensamientos comenzó a patalear al aire, en eso, su celular comenzó a sonar, atendió la llamada muy feliz por quien se trataba.

-¡Hola! Te estuve llamando toda la tarde ¿Cómo estás? –atendió con ánimos la castaña.

-¿Hiro-chan? ¿Estás ahí?

-Papá ¿me escuchas? –se puso de pie.

-¿En donde estas?

-En… ah… un viaje… escolar.

-No te entie... –el sonido se cortaba.

-¿Qué rayos pasa con la señal? –dijo molesta-. Espera, trataré de llamarte desde otro lugar.

Tenían prohibido abandonar la edificación, pero valiéndose de que estaban entretenidos jugando jenga (que sabrá Kami de donde lo habían sacado) salió para poder atender la llamada. Por lo visto todo el lugar tenía muy mala recepción, por lo cual a hurtadillas salió a caminar entre las calles cercanas.

-¿Ya me escuchas bien?

-Hiro-chan ¿Dónde estás?

-En… por ahí, haciendo algo de la escuela –rió con nervios.

-¿Cómo has estado? Últimamente ya no me llamas tanto –se quejó el hombre.

-He estado muy ocupada papá, aun así, me encuentro bien –dijo entre una sonrisa fingida.

-Me da mucho gusto.

-¿Tú estás bien? ¿No ha pasado nada extraño? –preguntó preocupada.

-No. Todo está normal, como siempre.

-Qué alivio –suspiró.

-¡Yashiro! ¡¿Qué estás haciendo afuera?! –gritó el moreno, que venía detrás de ella persiguiéndola.

-¡¿Estas con un muchacho a estas horas?! –Exclamó entre una mezcla de enojo y preocupación al escuchar el grito.

-¡Ace! -Exclamó como un regañó.

-¿Por qué saliste del hotel? –preguntó el pecoso una vez que la hubo alcanzado.

-¡¿Estas en un hotel con un hombre?! –podía sentir la ira desbordante en el cuestionamiento.

-Volvamos a la habitación –dijo Ace.

-¡Yashiro! –gritó furioso.

-¡Cállate de una buena vez! –Le tapó la boca al moreno- Papá no es nada de lo que piensas –se apresuró a corregir.

-¿Entonces qué es?

-Te lo explico luego ¿está bien? Te quiero, cuídate mucho –terminó la llamada y miró de mala gana a Ace- ¡¿Cómo se te ocurre ir gritando por la calle esas cosas?! –lo regañó.

-No lo hubiera hecho si hubieras permanecido adentro como lo ordenamos –se defendió.

-Deja de excusarte, es la tercera ocasión en el día que me causas un problema.

-¿Rompí el record de Luffy? –sonrió divertido.

-A mi no me causa gracia.

-No fue intencional.

-Como todo el tiempo…

-En fin, ya que estamos aquí, vayamos a comprar Unagi, cerca de aquí hay restaurante donde lo traen desde el lago Hamana.

-Tu cerebro está dividido en dos: comida y peleas -suspiró con resignación.

-Buena parte del tiempo –se echó a reír.

-¿Y el Unagi sabe bien? –preguntó mientras seguía el paso de Ace.

-La anguila de Hamana es la mejor de Japón.

-Confiaré en tus gustos cu… -no pudo terminar la frase por la impresión, el moreno había tomado su mano.

-Trata de apresurar el paso –dijo con severidad.

-¿Qué pasa?

-Nos están siguiendo…

Tenía que buscar un lugar apartado, pues esas personas no se tentarían el corazón para atacar a los civiles de alrededor. ¿Por qué tenía tan mala suerte? Los problemas parecían seguirlos a donde fueran.

Encontró una calle desierta, no muy lejana. Colocó a Yashiro detrás de él y encaró al sujeto. Piel morena y cuerpo robusto, con una melena larga al igual que su bigote; se cruzó de brazos y sonrió con mucha malicia al observar a Ace.

-Avalo Pizarro –dijo el nombre con desprecio.

-Mucho tiempo sin vernos.

-Supongo que tú eres quien trajo a los hombres de Capone ¿o me equivoco?

-No voy a negarlo –aun mantenía la sonrisa.

-Si piensan que se saldrán con la suya, están sumamente equivocados.

-Deja de hacerte del rogar, únete a nosotros –le extendió la mano.

-Moriría primero.

-¿Tendré que llevarte a la fuerza entonces?

-Ace… -susurró con temor Shiro.

-Tranquila, no va a pasar nada malo.

-Muy galán… pero no puedes asegurar eso –comenzó avanzar hacia ellos.

-Confía en mí.

Antes de que Pizarro llegara hasta ellos, el pecoso se adelantó. El primer movimiento de su parte fue un jab, que el grandulón se cubrió a la perfección. Todos conocían muy bien las habilidades de Hiken, que gracias a ellas se había hecho de una descomunal fama, misma razón por la que Teach estaba interesado en él; Ace era un diamante en bruto y quería ser él quien lo puliera para su beneficio.

Avalo solo estaba cubriéndose los ataques del moreno, todos tenían estrictas órdenes de no dañarlo salvo que fuera necesario y el robusto hombre tenía la fuerza para contenerlo momentáneamente, además, en su egocéntrica forma de ser, se negaba a luchar en serió con él.

En un astuto movimiento por parte del grandulón se deshizo del moreno, empujándolo con su cuerpo para derribarlo. Sin que le estorbara el pecoso, Pizarro decidió someter a Ace de una manera distinta: Yashiro sería un perfecto rehén para hacer que el muchacho hiciera lo que él pedía.

Cuando iba sujetarla por el cuello, no supo de donde tomó el valor y la fuerza para golpear el rostro del sujeto, quien no se esperaba en lo absoluto el ataque por parte de la castaña. Enfurecido por la osadía de la chica le lanzó un puñetazo.

El impacto recayó totalmente en su hombro e inevitablemente soltó un alarido de dolor. Cayó con una rodilla sobre el piso, mientras que con la otra mano se sostenía el brazo herido. Apenas y había alcanzado a interceptar el golpe de Pizarro que iba dirigido a Shiro.

-¡Ace! –gritó alarmada.

-Estoy bien, quédate atrás –se puso de pie, aun sosteniéndose el hombro.

-Estás herido…

-No es nada.

-Ya no tienes escapatoria –sentenció Avalo.

-Calma tus ansias perversas Pizarro –habló alguien a espaldas del grandulón.

- Mira a quien tenemos aquí…

-Sabo, Sanji –dijo con esperanzas la castaña.

-Que interesante reunión, pero creo que no me dará tiempo de saludarlos con propiedad a todos.

-Saca tu sucio culo de aquí – manifestó Sanji.

-No tengo intenciones de pelear con los tres al mismo tiempo –se abrió paso a las espaldas del moreno-. La proposición sigue en pie, reconsidéralo Ace.

Avalo salió de la calle e inmediatamente abordó un lujoso automóvil, dejando al grupo atrás. El par de rubios se acercó a dónde estaban los otros e inmediatamente asistieron a Ace.

De regreso a la habitación en el hotel, todos mostraban preocupación, Luffy estaba más que colérico por no haber estado presente en la contienda y así haberle dado su merecido al rufián al mando Kurohige; no era su batalla directamente, pero cualquiera que se atreviera a dañar a su amado hermano entraba en su lista negra.

Gracias a la resistencia y fuerza Ace el golpe del sujeto no había terminado por dislocarle el hombro, que de haber sido otro, de seguro si lo habría conseguido, aun así no quitaba el hecho de que estuviera adolorido, pero no era realmente la gran cosa.

Las explicaciones estaban de más, resultaban innecesarias a esas alturas, todos y cada uno sabia que sus vidas corrían peligro constante, que de un momento a otro, la felicidad que los rodeaba podía apagarse en su totalidad. Afortunadamente el día de mañana regresarían a Osaka, sus dominios y donde, por lo menos, podían disfrutar de un poco más de paz.

Pese a que le insistió mucho en que no necesitaba ayuda se negó a escucharlo, estaba molesta y triste a la vez por no haber sido de utilidad, al contrario, en ambos casos solo había sido un estorbo para el moreno.

Zoro y Luffy estaban roncando en profundo sueño, al final, el agotador día en la playa había superado su enojo. Ace estaba sentado recargando sobre el respaldo de la cama, mientras que Yashiro se había colocado a su lado en una silla. ¿Cómo podía dormir con esos ojos violetas clavados en él? Más que eso, le hacía sentir muy intranquilo su mirada entristecida.

-¿Necesitas algo? –preguntó Yashiro al ver que Ace se movía un poco.

-No… oye en verdad no hay tienes que hacer esto, puedo valerme por mi mismo. No fue nada de gravedad.

-Quiero hacerlo, después de todo, fue mi culpa que te lastimaran.

-Ya te lo había dicho. No pienso cuando se trata de proteger a las personas que quiero –le sonrió.

-Pero eso no repondrá lo que te hicieron.

-Fue genial cuando lo golpeaste –se rió.

-¿Me estas escuchando a caso? –lo regañó.

-No quiero oírte pedir disculpas. En realidad todo fue culpa nuestra, sabíamos que algo así podría pasar y aun así nos arriesgamos.

-Todos ustedes están trabajando en algo peligroso –dijo con aflicción-. Yo… temía que te sucediera algo malo –sin querer unas lagrimas resbalaron por sus mejillas.

-Yashiro…

-No quiero pasar por esa horrible situación, no otra vez, no con Ace –pensó.

-¿Por qué te preocupas por mi? ¿Es que no estabas asustada? –preguntó mientras que con sutileza limpiaba sus mejillas.

-Claro que me asuste… aun así, estaba más preocupada que otra cosa.

-Eres muy extraña –tomó asiento al borde de la cama-, primero me evitas completamente y luego dices que te preocupas por mí, no te entiendo.

-Que te ignore no me hace insensible –musitó.

-Sabes… me da la impresión de conocernos hace tiempo.

-Hace un mes que nos conocemos…

-Graciosa, no hablaba de eso… es algo, no sé, diferente.

-Para serte sincera, la primera vez que te miré, me pareciste alguien familiar. Pero no estoy segura si nos habíamos visto en algún otro lugar.

-¿En otra vida tal vez? –preguntó con emoción.

-No creo en esas cosas…

-Aburrida –hizo un puchero.

-No me insultes –dijo ofendida.

-¡Si quieren hablar salgan afuera! –gritó exasperado Luffy aun algo dormido.

La madrugada aun era preciosa, incluso más que horas antes, la luna casi rozaba con el amplio océano, fundiendo sus blancos colores en el agua salada. El viento frio le recordaba a las tardes de primaverales en Hokkaido, aunque la vista era un tanto diferente, no por ello menos bella; especialmente al parecer de Ace. Sus ojos tan negros como la noche se embelesaban con el panorama, extasiados en esa piel clara que estaba descubierta del ropaje.

-Cuéntame sobre su trabajo –le pidió mientras se recargaba en la contención del balcón.

-Somos como una especie de "escolta" para personas con mucho poder. Por ejemplo: yo estoy protegiendo a Edward Newgate, el padre de Sabo. Mientras que Sabo trabaja para Dragon, el padre de Luffy –dijo con seriedad.

-Entonces ¿Luffy trabaja para tu padre? –trató de obviar dada las referencias.

-Para Shanks… aunque algo tiene que ver con ese sujeto.

-¿Ese sujeto? ¿Te refieres a tu padre?

-Él no es mi padre –expresó con paciencia y sin una pizca de remordimiento por sus palabras- mi único padre es Shirohige.

-¿El papá de Sabo? Eso es un poco cruel…

-No hay nada que repudie más en la vida que a él, tal vez ni a Teach…

-Debes de tener tus razones, me supongo.

-Vayamos a dormir –le sonrió.

-Ve… si se te ofrece algo estaré aquí

-Pues se me ofrece que vayamos a dormir juntos.

-¿Juntos? –preguntó ruborizada.

-No juntos…juntos… quise decir que –respondió nervioso- ¿Quién piensas que soy? ¿Sanji?

-Pues emplea bien tus palabras.

-La cama junto a Zoro está desocupada, úsala. Eso quise decir –Aclaró con pena.

-Todos dicen que eres alguien muy listo, pero sinceramente me haces dudarlo –caminó hasta la puerta.

-Es tu culpa que actúe así.

-¿Por qué siempre estas echándome la culpa de todo? –lo regañó.

-Porque no hay otra persona que me haga sentir así–dijo sin meditar lo que acabada de decir.

-¿Sentir cómo? -Se atrevió a preguntar.

-Inusual –respondió secamente mientras la empujaba adentro de la habitación-. Ahora vete a dormir, mañana saldremos temprano.

-De acuerdo. Si necesitas al…

-No ocupo nada, solo duérmete.

-Después no te quejes porque no soy amable contigo –renegó ante la interrupción.

-Buenas noches Shiro-chan –ignoró el comentario.

-Buenas noches, Ace.

Después de un fin de semana muy ajetreado, comprendió que los problemas dentro de la universidad eran solo un juego, que todo lo que pasaba ahí simplemente servía de distracción para todo el grupo. No pensó que estaría tan deseosa de respirar el aire de la ciudad de Osaka.

Lástima que ese pensamiento solo le durara de la puerta de su casa a lo que entraba al salón, pues en cuanto puso un pie ahí, lo primero que vieron sus ojos fue la portada de la revista escolar que alguien, entre risas morbosas, sostenía muy contento.

En ese preciso instante tres reacciones diferentes tenían lugar en cada polo del campus.

-Demonios –dijo Ace al observar entre sus manos la portada.

-Sempai, esta vez has mandado muy buenas imágenes –le dijo un compañero junto a él, que observaba muy feliz el interior de la revista.

-Debí mezclar las fotos cuando Sabo me sorprendió viéndola. Espero que no se enoje mucho –pensó el moreno.

Mientras que en el salón de la castaña, como si fuera un gato rabioso, le arrebato la publicación a su compañero.

-Esta fotografía… por el lugar, debe ser en el cuarto de hotel. ¿Cuándo? –pensó Yashiro.

-Ace tiene tanta suerte de que chicas tan sexys posen así para él –dijo alguien que también miraba la revista.

-Fue cuando estábamos cambiándonos, Nami tenía su cámara, por accidente debió haber tomado la fotografía. En la playa nadie tomó ninguna otra, por eso no me di cuenta –pensó.

-Me pregunto quién será…

-Aun así ¡¿Por qué demonios publicas esa fotografía Portgas D. Ace?! ¡Voy a matarte! –gritó en sus adentros.

En una banca dos jóvenes ojeaban muy curiosos el interior de la revista, con un semblante de bobos al contemplar a la chica que ahí aparecía, sus ojos recorrían cada línea curva de la castaña (que estaba desnuda de la parte superior, dando la espalda) y hubieran seguido así de no ser porque alguien comenzó a quemar el papel. Exaltados soltaron la revista y reclamaron al culpable.

-¿Por qué hiciste eso? –preguntó molesto un castaño que llevaba un gorro verde.

-Porque me dio la gana –contestó sin humor aparente.

-Hoy amaneciste de mal humor ¿cierto? –dijo el otro, que también tenía un gorro extraño.

-Mi día se acaba de convertir en uno malo, así que no molesten.

La llama seguía consumiendo el papel lentamente, él no podía dejar de observarlo, justo como si el destino le estuviera jugando una broma, o tal vez le estaba dando indicios de algo. Se tiró en la banca y miró al cielo. Podía apostar su nombre a que conocía esa persona, no importaba que estuviera de espaldas; llevaba mucho tiempo conociéndola como para no recordar su silueta ¡Y con un demonio si la conocía! Sabía que era ella… tan bien como que su nombre era Trafalgar Law.


No se preocupen, esto no se convertirá en KHR o algo por el estilo... es para darle más emoción, que One piece sin acción no es OP!

besos...