¡Hola gente bonita!
Comienzo con un una pregunta ¿Un beso en la mejilla cuenta como primer beso?... para mí un "primer beso" es en los labios, pero ha saber.
Se supone que son vacaciones y debo de tener más tiempo libre, pero me explotan en mi casa por todo el tiempo que no estuve… aun así, espero actualizar pronto.
Les mando un beso a todas, que estén de maravilla disfrutando estas fechas.
Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra del majestuoso Oda-chin.
Nueva Vida
Queriendo casi sin querer
-¡Pon atención a mi cuerpo, no a mis pies! –gritó Ace.
-No puedo –se quejó Yashiro.
-Claro que puedes.
Había dicho "su cuerpo", ¿pero qué parte en específico? Levantó la vista del piso y observó esos hermosos ojos negros, olvidando por completo lo que estaba haciendo. Gimió de dolor cuando el pie del moreno presionó el suyo, alarmada por el impacto quiso retraerse, ocasionando que cayera sentada al piso acolchonado.
-¿Estás bien? –Ace se puso de cuclillas frente a ella.
-Te dije que no iba a poder –hizo un puchero.
-Cuando estés peleando no puedes simplemente ver los pies de tu oponente, también tienen algo que se llama manos ¿sabes?
-Pero si no miro tus pies, no podre moverme para que no me pises.
-Es como cuando bailas –se puso de pie-, no ves los pies del otro ¿o sí? Solo sigues sus movimientos por la forma en que su cuerpo se desplaza.
-Tiene lógica, pero… no es mi caso, yo ni siquiera sé bailar –se levantó.
-Intentémoslo de nueva cuenta.
No podía evitarlo, si miraba su cuerpo se distraería (maldita maña suya de andar medio desnudo en el gimnasio), si miraba su cara quedaría prendada en sus facciones de niño o en los bonitos ojos negros que brillaban como estrellas. Así que seguía fijándose en los pies de Ace, lo cual molestó al moreno, quien golpeó su cabeza con la mano como si fuera un hacha; Yashiro volvió a gritar.
-Que injusto –Shiro se llevó las manos a la cabeza.
-Tú lo haces complicado.
-Algunas personas no nacimos para pelear.
-Es instinto.
-¿Por qué tengo que aprender a esquivar? ¿No debería de golpear a alguien? Un costal con tu rostro podría ayudar –dijo muy feliz.
-Eso no fue muy amistoso que digamos –frunció el ceño.
-Cómo tampoco que hayas puesto mi fotografía para que todos la vieran.
-Ya te dije que fue un error, sin querer esa foto se mezcló con las que mandaría para la revista.
-¡Debiste quemarla en cuanto la viste! –reclamó enojada.
-No era tan fácil, era una bonita foto.
-¡Cállate! Por tu culpa tuve que soportar todos esos comentarios.
-Todos decían que te mirabas muy bien, no te quejes. Además nadie supo que se trataba de ti.
-Aun no sé si confiar en que fue un accidente.
-¿Crees que iba a querer que alguien más te viera así? –preguntó naturalmente ofendido.
-No lo sé –dijo con pena- ¿no querías?
-Me refiero a que no expondría a mis amigos de esa forma –desvió su vista de ella.
-Dejemos ese asunto. Aunque no signifique que vaya a perdonarte.
-Terminemos por hoy.
-Me parece bien, tengo mucha tarea por hacer.
Lo mejor de entrenar era lo bien que le caía la ducha al terminar, desestresando sus músculos y relajándose por lo menos 10 minutos en completa soledad. Llevaba entrenando con Ace poco más de una semana, y para ser honestos había puesto menos oposición de la que pudo imaginar cuando Sabo le dijo que ya no sería él quien fuera su encargado.
Ace era amable y servicial, eso le había quedado sumamente claro el día de la visita a la playa, además de verdaderamente simpático; si podía enfocarse en verlo simplemente como amigo, como un mortal más en la tierra, todo estaría bien. Ese era su principal pensamiento, dejar de ver a Ace como un retrato de "él", no se lo merecía, no después de cómo la había protegido.
Cuando salió de los vestuarios observó al pecoso recargado de pie contra un pilar, cruzado de brazos y con una carita muy infantil. Al terminar el entrenamiento la esperaba para acompañarla hasta su departamento –como también lo había hecho Sabo-, solo que a diferencia del rubio, Ace cuando menos 1 de 3 veces se quedaba dormido.
Ese día Luffy ni nadie más se había aparecido por el gimnasio, así que tenía que despertarlo por su cuenta, cuando generalmente era su hermanito quien lo hacía. Ace tenía un inquietante problema de narcolepsia, que Yashiro no se había percatado de el hasta que comenzaron a trabajar juntos. Prácticamente podía quedarse dormido en cualquier lado y en cualquier posición, y no sabía si catalogar eso como asombroso o ridículo.
Claramente audible, Shiro le pedía que despertara mientras lo movía del hombro, pero era inútil, el moreno parecía estar muy distante del mundo real. Por más que lo movía no lograba despertarlo, aunque a consecuencia de esos movimientos el chico se le vino prácticamente encima. La castaña cayó de espaldas y Ace sobre ella ¡y ni eso lo hizo despertar!
Trató de quitárselo de arriba pero era muy pesado para sus debilitados brazos, intentó de hacerlo rodar, pero en cuanto pudo moverse un poco hacia un lado los brazos de Ace la rodearon, abrazándola mientras descaradamente usaba su estomago como almohada.
Ahora mucho menos podría quitárselo de encima, bufó enojada y se resigno a poder záfaselo. Extendió sus brazos a lo largo y cerró los ojos. ¿Siempre debería de ser así? ¿Quién era el encargado de cruzar sus caminos constantemente? No lo sabía, pero solo esperaba que Zoro no se ocurriera perderse de camino al baño y apareciera por ahí esa tarde.
-¡Hola! –Coreó feliz- ¿Por qué no me habías llamado?
-Yashiro… -dijo una voz con aflicción.
-¿Pasa algo? ¿Por qué tu voz suena tan amarga?
-En verdad lo siento mucho.
-¿De qué estás hablando Law? No entiendo…
-Te fallé, ojala y puedas perdonarme…
El teléfono no fue el único que cayó al piso fragmentado en mil pedazos, ella también estaba derrumbada, pero en cambio, era su corazón el que se desquebrajaba con cada palabra. Llorar era todo lo que podía hacer, era lo único que le quedaba ya.
Las luces estaban apagadas, el sol se había ocultado y el lugar estaba siendo consumido por las penumbras. Se llevó una mano al rostro, palpándose los ojos para comprobar que no estaba llorando de verdad, que solo lo de unos segundos antes había sido un sueño, un recuerdo lejano de una fecha que no deseaba rememorar.
-Debe ser porque la fecha se aproxima… tenía tiempo, que no soñaba esa ocasión –pensó.
Sus manos bajaron hasta la maraña de cabellos que descansaban en su estomago, eran finos y sedosos, nada mal para tratarse de un hombre. Pasó la yema de sus dedos por la mejilla del pecoso, causándole un poco de cosquilleó, Ace solo se meneo para acurrucarse más.
-Oye, no te pongas tan cómodo así porque si –reclamó Shiro al dormido chico.
-Luffy… -susurró Ace.
-No soy tu hermano, ya levántate –trababa de empujarlo de los hombros.
-¿Compraste nuevas almohadas? Son muy blandas –dijo entre sueños mientras la abrazaba a un mas y clavaba su rostro en el abdomen de ella.
-¿Me estás diciendo flácida? –se quejó- Que patética luzco hablando con alguien dormido.
-Huelen bien… ¿me las puedo quedar?... Están tibias.
Las manos de Ace se deslizaron debajo de la camisa de Shiro, acariciando su espalda, mientras la rodeaba por completo. La castaña no sabía qué hacer, quería moverse, o por lo menos eso era lo que pensaba, pues su cuerpo parecía estar más pendiente en prestar atención al abrazador contacto por parte del moreno.
No era posible que lograra ponerla en ese estado tan desequilibrado, pero a su favor, diría que cualquiera en su posición se sentiría de la misma manera, incluso podría apostar que sus lunáticas fans estarían rogando por más; pero no ella.
Pellizco sus mejillas, estirándolas lo más que podía para lograr despertarlo por el dolor, tuvo que ser insistente por qué no aparecía querer hacerlo, pero lo consiguió. Con pereza se distanció del cuerpo de Shiro, ella respiraba agitadamente y tenía el rostro totalmente sonrojado. El pecoso se sobaba sus mejillas que también estaban algo coloradas, pero no sabía por qué le dolían.
-¿Qué pasó? –preguntó todo adormilado.
-¡Te quiero a dos metros de mi! –le gritó mientras se alejaba de él.
-¿Ya es de noche?
-La próxima vez te dejaré dormido…
Sin haberle especificado lo que había ocurrido, ambos salieron del gimnasio rumbo a sus respectivos hogares. La mayoría del tiempo el camino era animado, al parecer Yashiro se había ganado mucha confianza ante Ace, pues siempre le contaba cosas acerca de sus proyectos, de sus hermanos o cualquier otra ocurrencia que hubiera hecho o estuviera planeando hacer. Ella siempre lo escuchaba atentamente, riendo con frecuencia de todas las tontas locuras de él, especialmente las que hacía con sus hermanos; había una lista muy grande de travesuras de parte del trío cuando eran pequeños.
Al final del recorrido solo había un sereno "buenas noches" por parte de ambos, acompañado de una sonrisa gentil de Ace; la curvatura ascendente de los labios del moreno era una perfecta recompensa por una tarde de extenuante ejercicio. Cada vez que cerraba la puerta detrás suyo suspiraba, un largo y pesado suspiró… Ace se estaba convirtiendo precisamente en lo que no quería.
Poco antes de llegar a su casa, una lujosa limosina negra se interpuso en su camino, quedando la última ventana del coche a su lado. Frunció el ceño al ver el distintivo en el automóvil, pero antes de que pudiera objetar algo, la voz proveniente de adentro lo tranquilizó. Recargando sus brazos sobre el techo del auto sonrió divinamente a la mujer, mientras se asomaba por la ventana. No dijo ni una palabra y tan solo se limitó a entrar.
-Que sorpresa que se encuentren aquí –dijo Shiro mientras tomaba asiento en la sala junto a sus dos amigas.
-Llegas más tarde de lo usual, ¿Ace te retuvo mucho? –Preguntó Vivi.
-Algo así… -contestó nerviosa- ¿Qué hacen?
-Nada en particular, solo charlábamos –dijo Nami.
-Salí con Sabo y aprovechando que estaba cerca quise pasar a saludarlas.
-Una cita, que lindos –comentó Shiro.
-No hagas que me sonroje.
-Debe ser agradable salir de vez en cuando con tu novio –expresó la pelirroja con melancolía.
-Ahora que lo dices, desde que estoy aquí no he visto que salgas con Luffy… y son ya dos meses.
-Luffy no parece interesado en ese tipo de cosas –dijo resignada-. Además a ti tampoco te he visto salir con tu supuesto novio, Shiro-chan.
-Ah… eso es porque, no podemos de momento –la inquietud en sus palabras hacia dudosa la respuesta.
-Es verdad, nos dijiste que estabas en una relación pero nunca te he visto con él… y eso que también está en Osaka. –dijo la peliceleste.
-Tampoco nos has dicho su nombre.
-No sean tan curiosas, ya lo conocerán…. luego –musitó.
-Yo que pensé que tal vez podríamos tener una cita tripe –suspiró Nami-, con lo ocurrido en Atami-chi… sería perfecto, Vivi, Sabo, Ace, tú, Luffy y yo.
-¿Qué pasó en Atami? Yo no me enteré de nada.
-Nada, no ocurrió nada –se apresuró a responder Shiro-. Solo fue una confusión por parte de Zoro.
-¿A sí? –expresó con desanimo Nami.
-¿De qué están hablando?
-Olvidemos ese tema –se hizo la desentendida la castaña-, mejor hablemos de cosas más interesantes.
Después de un par de horas de una buena plática, Yashiro se encargo de esperar junto con Vivi debajo del edificio a que llegaran por ella. Y aprovechando la ausencia de la otra, idearon un plan para crear una cita entre Nami y Luffy, claro que sus dos hermanos mayores debían de poner de su parte, ya que el menor era un caso perdido en las cuestiones amorosas.
La noche siguiente el operativo "hacer entrar en razón a Luffy" daba inicio por parte del los dos hermanos. Mugiwara no sabía por qué estaba sentado acusadoramente en el sillón, mientras los otros dos estaban frete a él muy serios. Debían emplear las palabras adecuadas para que el moreno pudiera entenderlos. Luffy comenzaba a desesperarse pues ninguno decía nada, solo lo miraban como queriendo descifrar su ingenua mente.
-Si no tienen nada que decir, iré a comer algo –trató de levantarse pero Sabo lo regresó al asiento.
-Escucha Luffy, lo que te diremos a continuación es muy importante –comenzó el rubio.
-Tú quieres a Nami ¿no Luffy? –preguntó Ace.
-¿He? –Hizo una mueca- Si… también los quiero a ustedes, a Usopp, Zoro, Sanji, Vivi, Chopper… -comenzó a contarlos con los dedos.
-No de ese tipo de querer –lo corrigió Sabo.
-Cuando vez a Nami… debes de sentir algo diferente. No sé, como… cuando Sabo parece bobo al estar con Vivi.
-¡Oye! ¿Qué clase de ejemplo es ese? –se quejó el rubio.
-No tengo la culpa que te comportes así.
-Como sea… ¿Qué sientes cuando ves a Nami?
-¡¿Por qué me hacen esas preguntas?! –preguntó enojado el menor y un tanto ruborizado.
-No te enojes… -trató de tranquilizarlo Ace.
-Yo no te preguntó cuando te sonrojas por ver a Mashiro.
-¡¿Qué?! No mientas –se defendió el pecoso.
-Te he visto en el gimnasio muchas veces –lo señaló con el dedo.
-¿Qué tienes que decir a eso hermano? –dijo son sorna el rubio.
-No estamos hablando de mi, el problema es Luffy –quiso desviar el tema al punto original.
-Cierto. No te preocupes Luffy, ya tendremos tiempo de atormentar a Ace.
-Deberías ir un día de estos, es muy divertido verlo así –se rió, pero enseguida el otro moreno le dio un golpe en la cabeza.
-¡Cállate!
-¡Ace! Eso dolió.
-¿Podemos enfocarnos en el asunto en cuestión? –dijo el pecoso.
-Haber Luffy, retomando mi pregunta ¿Cómo te sientes cuando ves a Nami?
-Pues… -el pequeño se llevó la mano a la barbilla y comenzó a pensar. Fruncía el ceño un poco frustrado-, creo que siento miedo.
-Supongo que es natural –dijeron al unísono.
-Escucha Luffy, lo que Sabo quiere decir es que si Nami te hace sentir algo que nadie más puede conseguir.
-…Miedo.
-¡Deja el miedo por un segundo! –gritó exasperado el rubio.
-Hermanito –Ace puso sus manos sobre los hombros de Mugiwara-, a ti te gusta Nami… solo que no lo sabes con total seguridad.
-Para que puedas descubrir tus sentimientos, iras este fin de semana con ella a una cita.
-¿Qué? –dijo fastidiado.
-Ace, Vivi, Yashiro y yo estaremos ahí para supervisar que todo salga a la perfección. No tienes que preocuparte de nada.
-Pero Sabo… no quiero ir…
-Será en el parque Sabaody –su otro hermano contoneó los boletos frente al menor.
-¡De acuerdo! –le arrebató las entradas. Comenzó a brincar de emoción sobre el sillón.
-Siempre tan astuto Ace.
-Solo son años de conocerlo.
Ambos sonrieron maliciosamente al ver a su pequeño hermano brincar con felicidad, ya lo habían convencido de asistir, ahora solo quedaba ver que la cita fuera un éxito total.
Sería un maravilloso día… o al menos esperaban que así fuera, todo dependía de las ganas que Mugiwara pusiera en su cita. Sus hermanos habían dado muchas indicaciones al moreno de que hacer, desde el momento en que llegara por Nami hasta cuando regresaran y la dejara en la puerta de su casa. Por supuesto que Luffy jamás haría las cosas como tal, por eso estaban los cuatro de incognito siguiendo al par.
Yashiro había salido desde temprano de la casa, dejándole una nota a su compañera de que llegaría tarde por la noche, inventándose que estaría en casa de alguien haciendo un trabajo. De parte de los otros no había ningún problema, solo esperaban que Luffy no fuera a salírsele de la boca que ellos los estaban siguiendo.
La entrada del parque era sumamente llamativa, haciendo alusión a un castillo de cuento de hadas, en la parte delantera tenía un gran cartel iluminado que decía "Sabaody Park", dejando ver a sus espaldas algunos juegos mecánicos. Decir que Luffy estaba emocionado era poco, parecía un niño en navidad abriendo regalos.
El moreno salió corriendo, no sin antes llevarse a jalones a Nami de la muñeca. En su mente estaba muy presente ese nombre "Nami", pues sus hermanos lo habían mencionado como unas quinientas mil veces por la noche y en la mañana mientras le daban las instrucciones para su "exitosa" cita. Realmente no recordaba mucho de qué hacer, pero mientras tuviera a la pelirroja cerca de él (en otras palabras, no la olvidara por algún juego) suponía que sus hermanos no se enfadarían.
Luffy miraba en todas direcciones, no decidiéndose a que atracción subir primero, también estaban los dulces ¡había muchos y de todo tipo! Aunque no era el único que estaba emocionado al respecto. Del otro grupo Shiro y Ace estaban también de lo mas emocionados, aunque la castaña combatía contra sus deseos de salir corriendo como lo había hecho Luffy, aun así no dejaba de exclamar sorprendida por la inmensa variabilidad del parque.
-¡Nami! Subamos a la montaña rusa primero –brincaba emocionado-, espera, mejor al carrusel. No, a las trazas giratorias…. !Ah! no se ha cual subir primero.
-Tranquilo, podremos subir a todos…
-¡Que divertido! –Gritó feliz- Estoy muy contento de que hayamos venido –dijo con una gran sonrisa.
-Yo también, Luffy –le devolvió el gesto.
Por un breve instante la emoción de moreno paso a segundo plano cuando miró la sonrisa de Nami ¿siempre había sido así de bonita? ¿O era que todas las extrañas palabras de sus hermanos hacían que la percibiera así? De cualquier forma, su corazón comenzaba a latir cada vez con mayor velocidad, haciendo que la sangre coloreara sus mejillas.
Cerca de ellos, escondidos tras una carpa, el grupo de cuatro chicos miraba la escena… o eso se suponía que debían estar haciendo todos. Shiro estaba encantada con todas las luces y decoraciones del lugar, todo estaba tan preciosamente arreglado que le encantaba. Mientras que Ace observa los juegos, esperando que Luffy decidiera subirse a uno realmente divertido para poder acompañarlo.
-¡Ustedes dos! –Llamó su atención Sabo- Se supone que estamos aquí por Luffy.
-Es que hay tanto que ver –dijo con ilusión Yashiro.
-Admite que también estas emocionado hermano.
-Si lo estoy… pero no venimos a eso.
-Ya que estamos aquí también podemos divertirnos un poco –dijo Vivi.
-¡Vamos por helado! –gritó felizmente Shiro.
-Yo quiero subir a los juegos –se quejó Ace.
-Va a ser un largo día… -suspiró con resignación el rubio.
A primera vista el parque Sabaondy había sido buena opción, pero Sabo ya no estaba tan seguro que si era lo mejor para una cita donde se suponía que Luffy debía de entender sus sentimientos por Nami. El moreno tenía una seria preferencia por los juegos rápidos y especialmente los que involucraban vueltas, y si bien era cierto que Nami se aferraba como sanguijuela al menor, este por estar tan pendiente de lo divertido que era, no prestaba la debida atención. Pero quien hubiera dicho que, por otra parte, el parque ayudaba a limar las asperezas entre Ace y Shiro, que parecían estarse divirtiendo más que todos.
Era la tercera ocasión en que Mugiwara y compañía subían a la montaña rusa; los otros cuatro estaban ya mareados con ganas de vomitar (pues Ace había insistido en subir a los mismos juegos siempre y cuando no fueran a descubrirlos), ¿Cómo podía aguantar tanto? De seguro el chico tenía un estomago de acero.
Un tanto mareada Nami tomó asiento en una banca, Luffy se quedó parado frente a ella esperando a que se recuperara para subir a otro juego más.
-¿Estás bien? –preguntó Mugiwara.
-Si…
-Que poco aguantas.
-No me compares contigo –suspiró.
-¿Qué más quieres hacer?
-Cualquier cosa que no tenga que ver con vueltas.
-Entonces… vayamos allá –señaló un lugar.
De fachada lúgubre y con un fantasma en la entrada, la casona tenía un letrero viejo que decía "Casa del horror". La pelirroja miró el lugar un poco angustiada, pensando en si era buena idea entrar o no; sin embargo, sus dudas se vieron involuntariamente disueltas por la emoción de su acompañante. Una vez que entraron, los otros se dispusieron a seguirle el paso.
Adentro no se miraba absolutamente nada, el recorrido era a pie a través de un pasillo estrecho donde apenas cabía una persona. Nami caminaba detrás de Luffy, sujetándolo de la camisa, muerta de miedo al no saber que se aparecería de pronto. Un poco más atrás, Sabo lideraba el recorrido, seguido de Vivi, Yashiro y Ace. Constantemente todos se tropezaban entre sí, pues la visibilidad era prácticamente nula.
-¡Me tocaron el trasero! –Gritó Nami, aferrándose más a Luffy.
-¿Si? ¿Quién? No miro nada –preguntó con desdén y se detuvo.
-No lo sé, yo tampoco puedo ver.
Detrás de ellos también había problemas.
-No me gusta este lugar –dijo con miedo la peliceleste al escuchar el grito.
-Tranquila Vivi, todo aquí es mentira –trató de tranquilizarla Shiro con una falsa seguridad.
-Eso no sonó muy convincente –se burló Ace.
-No estás ayudando Ace –lo regañó.
-¿Quieren callarse? Van a descubrirnos…
-Fue culpa de Shiro-chan.
-¿Qué? Siempre me culpas a mí por todo –dijo enojada.
El gritó de Vivi retumbo en todo el pasillo, haciendo que los otros tres también gritaran por la sorpresa.
-¿Qué pasa Vivi? –Preguntó Sabo.
-Alguien me tocó la pierna –dijo temerosa mientras abrazaba al rubio.
-Pensé que habías visto un fantasma o algo así –respiró aliviada Shiro.
-Sigamos avanzando o perderemos a Luffy.
No lograron caminar mucho en silencio, pues ahora era Yashiro quien había dado el grito en el cielo, respingando chocó contra Vivi. Enojada se volvió en dirección a Ace.
-¡No me toques! –le lanzó una patada dándole en la espinilla.
-¡Eso duele! Yo no te toqué.
-Tú vienes detrás de mí, eres un pervertido.
-Ya te dije que no me confundas con Sanji –se defendió.
-Tranquilos, probablemente se trate de una persona ajena a nosotros.
-Es cierto, puede ser –dijo Shiro.
-¿Lo ves? No fui yo.
-Vivi, camina delante de mí –pidió Sabo.
-De acuerdo.
-Ace –dijo con severidad el rubio para su hermano.
-Entiendo –afirmó el moreno.
Atravesando el corredor oscuro, llegaron a un cuarto lleno de maniquíes como si fueran zombis que se movían mecánicamente y hacían ruidos desagradables. Ace prácticamente tuvo que sacar a rastras a la castaña que insistía en permanecer un rato más en la habitación. Después de eso, otro corredor oscuro, donde escucharon los alaridos de Nami más adelante, seguidos de la clásica risa de Luffy.
Pobre Vivi, iba muerta de miedo al frente de la expedición, pero era necesario según los planes del buen Sabo. De la nada aparecían fantasmas, gritos, luces, entre otras cosas espeluznantes que hacían asustar a las tres chicas, cada vez que escuchaban los gritos de Nami adelante, sabían que algo las iba a espantar también en poco tiempo.
El último tramo consistía, otra vez, de un corredor sin luz. Los hermanos estuvieron atentos todo el tiempo, pidiéndoles a las chicas que no hicieran más ruido del necesario. Sabían que iban a encontrar algo tras el consecuente grito de la pelirroja. Y como si de adivinos se trataran, Sabo, ágilmente antes de que una mano extraña tocara a su preciosa novia, la sujeto con rabia. Un respingo se oyó del propietario cuando el rubio lo jaló con mucha fuerza, haciendo que saliera de su escondite.
Era una suerte que estuviera en competa oscuridad, si no lo hubiera golpeado más de lo que lo hizo; nadie tocaba a Vivi y se salía con la suya así como sin nada. Justo cuando ambas chicas vislumbraban la salida en un destello de luz, la última sorpresa hizo que saliera su corazón por los aires, pues no se esperaban que de último momento, cuando se supone que ya todo había acabado, saliera un enorme gorila gritando como loco. Casi en llanto corrieron en conjunto, fuera de la horrible casa.
-Eso fue divertido –dijo Ace, muy sonriente.
-¡Silencio! –gritaron las dos, ya con la voz ronca de tanto hacerlo.
-No sé cómo te pueden gustar los Zombis y tenerle miedo a otras cosas, es ilógico.
-No compares a mis adorados cadáveres andantes con espíritus flotantes, son muy distintos.
-Son paranormales…
-Sabo ¿podemos ir por algo de agua? –pidió Vivi.
-Claro, solo deja buscar al pequeño Luffy.
El moreno reía como sin nada, mientras la cara de Nami denotaba claramente el mismo sufrimiento de las dos chicas. Sabo se acercó un poco y le arrojó algo para llamar su atención, mugiwara volteó en todas direcciones hasta dar con el rubio, le sonrió y después quedó extrañado de las señas que este le hacía: tenía ambas manos sujetadas entre sí en el aire, mientras que le deletreaba algo con los labios que no podía entender. El menor movió la cabeza a un lado, con un claro signo de interrogación en sus ojos. Desesperado por que no entendía lo que trataba de decirle el rubio, Ace, sujetó la mano de Yashiro y la alzó en el aire, señalando la acción con la otra.
Luffy sonrió y asintió indicando que entendía lo que le trataban de decir. Ace bajó el brazo de ambos, pero sin soltar la mano de Shiro, quien estaba ligeramente apenada por la acción del moreno. Después de estar parados unos momentos aun sujetados, el pecoso pareció darse cuenta de lo que había hecho y liberó el agarre. Ambos se miraron apenados, lo cual Vivi intervino acertadamente con un comentario bromista sobre Sabo.
El menor de los hermanos, entendiendo lo que tenía que hacer a continuación, tomó la mano de Nami delicadamente, lo cual sorprendió mucho a la pelirroja, pues era la primera vez que lo hacía de esa manera, sin la necesidad de hacerlo para correr algún lado. Nervioso, pero aun sonriendo, mugiwara y Nami caminaban entre los puestos del parque sujetos de la mano.
-Muy bien Luffy, lo estás haciendo genial –dijo Sabo para sí mismo.
-Nami debe de estar muy contenta –sonrió Shiro al ver la escena.
-Es tan romántico caminar de esa manera –habló soñadoramente la peliceleste.
-Vivi… ¿quieres que lo hagamos también? –preguntó con algo de pena.
-Sería muy agradable.
La chica se movió hasta quedar a un lado de Sabo, quien aun mas tiernamente de cómo lo había hecho Luffy, tomó la mano de su novia.
-Me siento un poco fuera de lugar ¿tú no? –preguntó Ace para Shiro.
-Definitivamente –dijo mientras veía los desplantes de amor de la pareja- ¿vamos por helado?
-¿Crees que haya de mora azul?
-¿No te cansas de todo pedirlo de ese sabor? –dejaron al meloso par.
-No.
-Lo supuse…
El recorrido tuvo su siguiente parada en el circo. Lugar perfecto para aplicar "la técnica" muy conocida entre los hombres. Estaban sentados los cuatro en un extremo de la gradas, mientras que Nami y compañía en el centro, todos se dispusieron a disfrutar de la función. Pero antes de que las luces fueran cortadas, el par de hermanos intentaba hacer que Luffy volteara; una vez que lo consiguieron sin que su acompañante se diera cuenta, bizarramente entre ellos le mostraron "la técnica", ya que las dos chicas habían ido a comprar golosinas. El menor comenzó a carcajearse por la escena, si bien no era cosa del otro mundo, verlos a ellos hacer eso (y más por que le habían dicho las intenciones por las cuales se hacía, que era lo verdaderamente divertido) era muy gracioso. Nami miró confundida a Luffy, pues no paraba de reír, pese a esto no captó la razón.
Las luces se fueron y el show dio inicio. Los reflectores no eran lo suficientemente efectivos como para saber si el menor había hecho caso de las indicaciones de sus hermanos. Pero poco le importaba al pecoso, pues estaba muerto de la risa junto con Shiro, por el espectáculo... Buggy y sus hombres eran muy cómicos. Al final, Luffy no hizo lo que sus hermanos le dijeron, la maniobra era un tanto personal para su gusto; ya con tomarle la mano era mucho para él.
Carrusel, la góndola, Kamikaze, sillas giratorias, caída libre, entre otros más, por todos ellos pasaron los seis chicos, incluida una última vuelta en la montaña rusa. No era tan romántico como se supone que debería de haber sido, pero todo indicaba que lo estaban disfrutando y eso era lo que realmente contaba.
Para finalizar su travesía por el maravilloso parque, lo único que les quedaba, y lo que si era muy tierno, era subir a la Noria con tu pareja, por lo tanto, como broche de oro, esa sería su última parada. Nami y Luffy entraron primero y unas góndolas después subieron los cuatro chicos. La vista era preciosa, desde la altura podía verse el mar y los grandes edificios.
Desafortunadamente los sueños románticos de la pelirroja se vieron apagados por dos acompañantes poco civilizados, a los cuales Luffy había dado seguimiento en su frenesí por la impecable vista. Del otro lado, Vivi y Shiro estaban pegadas al cristal, asombradas por el panorama.
-Todo es se ve tan bonito desde aquí arriba –dijo muy contenta la peliceleste.
-Lo sé. Me alegra poder subir a una atracción tranquila.
-Es perfecta para unos enamorados.
-Pues ahí está Sabo, aprovecha –bromeó.
-Tal vez la próxima vez puedas venir con tu novio.
Sentía como la palabra "novio" resonaba una y otra vez como un eco dentro de la góndola, instantáneamente miró en dirección a Ace, quien la observaba de forma neutral. No sabía que responder, y había dos razones muy buenas para ello, en primera: porque no podía decir con ligereza que eso no era posible, y en segunda: no quería hablar sobre él frente a Ace.
La otra chica esperaba una respuesta por parte de Shiro, pero no salía nada de su boca. Sabo, quien estaba al lado de Ace al otro extremo, conocía muy bien a su hermano, así que podía notar los ligeros y casi imperceptibles cambios en su rostro al escuchar la oración de Vivi, por ello, antes de que la tensión aumentara, decidió intervenir en pos de los dos.
-Vivi, de aquí puede verse tu mansión –se acercó a ella.
-Eso es mentira –se asomó por el cristal.
-¿No es esa que esta allá?
-Pues no estoy tan segura…
-Hasta ahora, nunca le había mencionado a Ace que estaba en una relación. ¿Por qué siento miedo de que lo sepa? ¿Se alejará de mí si se lo digo? –pensó.
-Sabo lo sabía, aun así nunca me dijo nada… aunque no tenía por qué haberlo hecho. Incluso Shiro-chan tampoco lo menciono. Es solo el asombro de primera instancia, no es nada –caviló Ace para si mismo.
-Oye Ace, el edificio de papá también se ve desde aquí –llamó a su hermano.
-¿De verdad? –preguntó emocionado.
-Sí, ven a verlo.
-Tienes razón –dijo feliz-. Mira Shiro-chan, ese es el edificio de Shirohige.
-¿Cuál? –se puso a su lado, quedando los cuatro en fila.
-Aquel de allá –señaló con el dedo.
-Esas señas no me sirven –lo regañó.
-Es el que queda justo enfrente –dijo Sabo.
-No cabe duda que son hermanos…
Después de la vuelta, todos estaban preparados para regresar. Había sido un día largo pero muy divertido. Los chicos estaban escondidos detrás de uno de los pilares principales de la entrada, mirando a la pareja en cuestión que abandonaba el parque.
-¿Y cómo creen que estuvo la cita? –preguntó Sabo mientras miraba al par marcharse.
-¡Divertida! –respondieron al unísono Ace y Shiro.
-¡No la de ustedes! –gritó.
-Eso fue grosero –dijo la castaña–Ha estado bien, aunque no creó que hayamos avanzado mucho con Luffy…
-Pero Nami parecía divertida pese a todo –recalcó Vivi.
-Yo también pienso que fue buena –habló Ace.
-Bueno, entones nuestra misión acaba oficialmente aquí ¿qué van a hacer ustedes dos? –preguntó el rubio a su hermano.
-Shiro-chan y yo iremos a comer algo –le pasó el brazo por el cuello.
-No tengo hambre gra… -no alcanzó a terminar pues el moreno tapó su boca y se la llevó.
-Tengan mucho cuidado –se despidió Vivi.
Luffy caminaba detrás de Nami, tomando valor para sacar afuera las palabras que necesitaba decirle a la pelirroja, pero era tan difícil comenzar que ya le dolía la cabeza de solo estarlo pensando. Tomó aire profundamente y exhaló, Monkey D. Luffy no era ningún cobarde.
-Nami… -le habló temeroso.
-¿Qué pasa Luffy? –la chica detuvo su andar y volteó a verlo.
-Yo… -tragó saliva- quiero decirte algo.
-Te escucho.
-Esto… pues… -miraba en cualquier dirección que no fuera ella.
-¿Si?
-Como ya no…no estamos saliendo…yo...
-¿No estamos saliendo? ¿Qué quieres decir? –Preguntó preocupada.
-Si, como no estamos saliendo… creo que puedo decirte esto…
-Espera Luffy, hace tres meses, cuando me pediste que saliéramos ¿a qué te referías?
-Ah, esa vez, te pregunte si querías salir conmigo… dijiste que sí y así lo hicimos ¿no?
-Entiendo –sonrió a medias-, supongo que te referías a salir en esa ocasión específicamente y no como…
-Pero lo que quiero decir ahora es que…
-Déjalo así Luffy –dijo con aflicción.
-Pero…
-Volveré a casa sola, no te preocupes –su voz estaba a punto de quebrarse.
-¿Nami? –dijo con preocupación.
-Nos vemos luego, Luffy…
Unas pequeñas gotas de lagrimas escaparon de sus ojos, no quería que la viera llorar, debía suponer que aun siendo Luffy todo era muy extraño; ni un beso, una palabra de amor, ni siquiera había tomado su mano hasta antes de ese día, y eso era porque realmente nunca habían tenido una relación como ella había pensado. Era doloroso de admitir, pero esa era la realidad.
No iba a dejarla avanzar un paso más, porque no existía nada más doloroso que ver a sus seres queridos abatidos en tristeza, y peor aún, si él era el responsable de esa pena. Sujetó su mano con mucha fuerza, incluso más de la necesaria, pero no dejaría que esa situación se quedara como estaba.
-Escucha Nami –habló con mucha seriedad.
-Déjame ir… -musitó.
-¡No hables! –Le ordenó en un gritó. La mirada de Luffy estaba ensombrecida-. Ahora que hemos terminado de salir… puedo decirte esto sin sentir presión.
-No quiero oírlo –cerró sus ojos.
-Por alguna razón que no entiendo –su vocecita de niño comenzaba a salir-, tu… ¡ah! ¿Cómo lo digo? –Dijo exasperado y se rascó la cabeza con la mano libre- Cuando estoy contigo… me siento raro… mi corazón late deprisa… me siento como un tonto al igual que Sabo… en ocasiones me sonrojo como Ace…
-¿Qué estas tratando de decirme?
-¡No lo sé! –Soltó su mano y se agachó llevándose las manos a la cabeza.
-Luffy –se puso a su altura-, entiendo…
-¿Si? –Volteó a verla- Entonces ¿sabes por qué me pasa esto?
-No.
-Ace dijo que si me sentía confundido podía hacer "eso" –pensó Muwigara.
-Ya no importa, solo vámonos –se puso de pie.
-Nami…
No podía creerlo, dado que ni en un millón de años se hubiera imaginado que fuera a ser él quien precisamente diera pie a semejante acto. Fueron unos pocos instantes donde sus labios presionaron los suyos, casi inocentemente, y pese haber sido muy breve, era lo suficientemente agradable para un primer beso. Luffy sonreía de oreja a oreja de lo más feliz, mientras que Nami estaba de todos colores, sin saber que decir por la inesperada acción del moreno. Volvió a tomarla de la mano, muy seguro de sí mismo y comenzaron andar uno al lado del otro.
Miraba sorprendida como preparaba el sexto Okonomiyaki en la plancha, parecía muy diestro, aunque realmente no tenía mucha dificultad el prepararlo. Una vez listo le ofreció un poco a Yashiro pero lo rechazó, con uno ya estaba por bien servida. Ya con el estomago a reventar salieron del local.
-No sé donde te cabe tanta comida –dijo Shiro.
-Solo tienes que acostumbrarte a comer bien. Tú deberías intentarlo, si no te quedaras enana por siempre.
-Soy de estatura promedio, son 163 centímetros orgullosos.
-Ahora que lo pienso creo que ya no vas a crecer –puso su mano en la cabeza de la chica.
-Tu tampoco –lo empujó.
-Sigo siendo 22 centímetros más alto, no importa.
-¿Y por qué estamos hablando de estaturas?
-No se…
-Como sea, me voy a casa.
-Espera –la detuvo- ¿Qué tal si Nami y Luffy están en tu departamento?
-¿Tú crees?
-Puede ser una posibilidad.
-No me gustaría interrumpirlos, que tal si… ¡No!
-Vamos a mi casa.
-No hay de otra, no quiero vagar toda la tarde. Después de todo le dije a Nami que no llegaría temprano.
-¡Ah! –Gritó- No sé a dónde han ido Sabo y Vivi… ¿Y si están ahí?
- Llámale.
-Buena idea –comenzó a buscar el número de Sabo en el directorio-. ¿Y si le llamo y están ocupados también?
-Genial –dijo con fastidió- ¿Qué hacemos?
-¡Ya se! Llamaré a casa…
-Si están ahí será lo mismo que si lo llamas al celular.
-No. Veras, nosotros tenemos un método para saber cuando no queremos ser interrumpidos si estamos en casa –Llamó y esperó a que entrara la llamada, una vez que lo hizo colgó.
-¿Qué fue eso?
-Si la llamada entra normalmente quiere decir que puedo ir a casa. Cuando no es así, solo tenemos que desconectar la línea del teléfono y así la llamada será desviada.
-Oye ¿no es un poco extraño eso? Además ¿Qué demonios hacen para tener que usar ese método?
-Es una buena pregunta. No lo sé, nadie ha desconectado la línea nunca –se rió.
-¡Entonces para qué demonios idearon eso!
-Tal vez algún día se ofrezca.
-Son tan raros. Pero bueno ¿podemos ir a tu casa entonces?
-Creó que sí.
Para Ace aun era una sorpresa que Yashiro hubiera aceptado ir junto con él a casa, especialmente por que estarían solos. Después del mucho batallar, por fin podían llevar una buena relación, al parecer la castaña estaba aceptando o al menos tolerando su presencia. Irónicamente los papeles se habían invertido entre ambos: mientras que Shiro estaba esforzándose por ver al moreno como un amigo y vagamente lo lograba, Ace comenzaba a cuestionarse de sus verdaderos sentimientos. El nerviosismo que sentía cuando estaba a su lado no era normal, claro que no… ¿pero estaba del todo mal? Ahora sabía que ella tenía algo con alguien, y le molestaba; no simplemente porque lo tuviera, si no por estar envuelto en la misma situación otra vez.
Cuando llegaron a la casa del pecoso, antes de siquiera entrar, Ace miró la hora en su reloj; sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta del garaje. Entró, indicándole a Yashiro que lo siguiera, cuando encendió las luces, la castaña no pudo evitar sorprenderse por el hermoso deportivo rojo. Ace abrió la puerta del conductor y le pidió que subiera.
-¿Un Viper? –preguntó con ligera confusión.
-Sí.
-No cabe duda que eres todo un niño rico…
-Es mi dinero.
-Supongo que para lo que hacen les deben de pagar muy bien.
-El viejo es generoso con sus hijos –le sonrió mientras se recargaba sobre el techo.
-Te va el estilo deportivo.
-Entra –dijo mientras se subía al carro.
-¿A dónde vamos? –Abrió la puerta del copiloto.
-Quiero ver a alguien, pero no puedo dejarte sola.
-¿Está bien que vaya?
-No hay problema, además también quiero que la conozcas –encendió el auto.
-Si tú lo dices…
La majestuosa iluminación del inmenso edificio era asombrosa, el hotel The Ritz-Carlton era considerado uno de los mejores de todo Osaka, eso le hacía suponer que la persona a la cual visitarían era alguien sumamente importante. La música del elevador, más que relajarla solo hacía acentuar su inquietud.
Al abrirse las puertas del elevador lo primero que percibió fue el agradable olor a flores del ambiente, que solo hacia más reconfortante el living room de colores neutros. Ambos pasaron e instantáneamente un hombre se dirigió a Ace respetuosamente, se apartaron un poco de Shiro, dejando que ella curioseara un poco la sala.
Obviamente la habitación estaba personalizada, pues no eran los típicos decorativos del lugar. Caminó hasta el estante de madera en la pared, de pronto sintió un cosquilleo en sus pies; bajó la vista dándose cuenta que el culpable era un pequeño gato de color blanco. Sus ojos brillaron como si hubiera encontrado un tesoro, lo tomó y comenzó acariciar su albino pelaje.
Mientras tocaba el cuerpo del felino, miraba los tres cuadros posados sobre la repisa. De la nada el gato saltó, derrumbando todos los portarretratos, alarmada por el escándalo del animal lo volvió a cargar en brazos, quitándolo del lugar. Levantó los cuadros tirados, llevándose una gran sorpresa con el último: era Ace de pequeño, vestido de traje y a juzgar por su semblante estaba molesto, a su lado se encontraba una mujer, la misma del cuadro que estaba en la casa del moreno.
Los ojos de Ace estaban fijos en la imagen de Shiro con el gato en brazos, mientras que ella miraba atentamente la fotografía. Apenas y ambos parpadeaban, las miradas de los dos se encontraron, al cavo de unos segundos sonrieron para después transformarse una risa.
-¿Por qué te ríes? –preguntó Shiro.
-¿Por qué lo haces tú? –se acercó a ella.
-Rayos, no puedo creerlo.
-No me di cuenta antes, que extraño –miró la fotografía que antes estaba observando la chica.
-Hace 12 años en Kyoto… eras tú –volvió a sonreír.
-Por eso sentía que te conocía.
-Cambiaste mucho, ya no tienes esa cara de amargado.
-Pues tú no cambiaste mucho que digamos.
-¡Claro que sí!
-Solo crecieron algunas cosas… -miró las indiscutibles curvas de Shiro.
-Eso es grosero –lo empujó.
-Dije la verdad, no tiene nada de malo –se quejó.
-Tus malos modales siguen intactos.
-No me recuerdas a mí, pero sí que tenia malos modales…
-Corrección, sigues teniéndolos.
-Sabes que eso no es cierto –tomó asiento en un sillón.
-En algunas ocasiones solamente –se colocó a su lado.
-¿Cómo fue que paso?
-Por el gatito.
-No. Fue tu escandaloso llanto –sonrió.
Apenas y podía caminar, aun así seguía avanzando lo más rápido que podía, entre sollozos por el miedo. Un pequeñito felino se asomaba entre sus brazos, mirándola con unos enormes ojos azules. Torpemente sus pies se trabaron haciendo que callera al suelo, no pudo evitar soltar en un descontrolado llanto.
Desde arriba, recostado sobre la rama de un árbol, el pequeño que se encontraba descansando comenzaba a perder la paciencia con cada segundo que el horrendo llanto no cesaba. Esperó por unos segundos, pero la niña parecía querer formar un lago con sus lágrimas. Bajo del árbol muy enojado.
-¡Cállate! –Le gritó en el momento que sus pies tocaron el piso.
La niña guardo silencio por breves momentos, pero al ver la cara malhumorada del moreno volvió llorar, aun peor que antes.
-Que molesta –Chasqueó Ace.
Antes de que pudiera irse, la niña tomó su blanca camisa por la espalda. De rodillas contra el suelo y con los ojos húmedos.
-A…ayúdame –pidió tímidamente sollozando.
Poco o nada le importó al pecoso, que de un movimiento se liberó del agarre, le dio la espalda y continuó avanzando. Unos pasos después, la niña sujetó su mano, inmediatamente un escalofrío corrió por su columna, haciendo que se ruborizara levemente; aun así no volvió su mirada.
-Por favor… -dijo con la voz quebrada.
-No –contestó con un tono amargo. Bruscamente zafó su mano.
-Pero… -sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¿Debería golpearla? No, es una niña –pensó con fastidio.
-Me persiguen y no sé qué hacer –comenzó a llorar.
-¡Cállate! –Gritó- No hay nada que me moleste más que un llorón.
-Son muchos y no puedo hacer nada.
-Suerte.
¡Con un demonio! ¿No iba a dejarlo ir? Ahora estaba sujeta a su pierna, aferrada a no dejar que avanzara ni un paso más. Trató de empujarla con el pie libre, pero no parecía querer desistir.
-¡Idiota! ¡Suéltame!
-¡Por el gatito!
-¿Gato? –se fijó en el animal que llevaba en el otro brazo.
-Solo quiero buscar a su familia. Unos niños le estaban haciendo daño y yo…
-¿Y a mí que me importa?
-¡Bien! –Gritó molesta mientras lo soltaba- Lo hare yo sola, no te necesito.
Shiro-chan se puso de pie con dificultad, se había lastimado un tobillo en la huida, lo cual hacia que le fuera doloroso el pisar. Sujetó con fuerza al minino entre sus dos brazos y cojeando comenzó a avanzar. Ace, quien hasta ahora no se había fijado bien en ella, notó el hecho de que no podía caminar, además de que sus ropas estaban sucias y desgarradas, también había algunos rasguños en su brazos ¿a caso había peleado con los niños esos? Ace revolvió su cabello con una mano, mirando como entre brincos la niña trataba de moverse, suspiró resignado.
-Oye… -la llamó desde atrás.
-¿Qué? –preguntó de mala gana sin parar de caminar. Ace se colocó frente a ella.
-Sube… -se acuclilló y señaló su espalda.
-¿Vas a ayudarme? –se tiró sobre la espalda del moreno.
-Por el gato –dijo secamente.
-Gracias –dijo feliz mientras rodeaba el cuello de Ace con sus brazos.
Sujetándola bien, el niño tomó compostura y así iniciaron la búsqueda de la familia del pequeño felino blanco, el cual también iba sujeto a la espalda del Ace, clavando sus pequeñas uñas en su hombro, haciendo que respingara de vez en cuando por las punzadas.
-No creo que su mamá este lejos, debe de estar preocupada.
-¿Tanto problema vale?
-¡Claro que sí! –gritó impetuosa.
-¡No grites tan cerca!
-Perdón –susurró- ¿No te has cansado?
-No pesas nada.
-¿Vives en Kyoto?
-No.
-¿Cuántos años tienes?
-Diez.
-Yo tengo siete.
-Igual que Luffy –pensó.
-¿Cómo te llamas?
-A…
-¡Ahí esta! –Exclamó felizmente.
Una gata albina se asomaba entre unos arbustos, a su lado podían verse dos gatitos más de similar tonalidad. Yashiro bajó de un brinco de la espalda de Ace y se acercó despacio hasta el animal.
-Señora, su hijo está bien –le dijo a la gata mientras le mostraba al cachorro.
A pesar de la buena acción, el animal interpreto erróneamente la situación. La madre se crispó y se le fue encima a la castaña, pero antes de que pudiera clavar sus uñas en ella, Ace le dio un golpe con la mano, arrojándola al suelo. Todo fue muy rápido, así como el puñetazo que la chica le había dado al moreno en la cara.
-¡Tonto! ¿Por qué hiciste eso? –preguntó enojada.
-¡Eso debería decirte yo! –respondió igual de molesto.
-Lo siento mucho señora, solo quiero devolverle a su hijo –soltó al gatito, inmediatamente corrió hacia su madre.
-Acabo de salvarte y te preocupa más el gato –musitó indignado.
Los cuatro felinos huyeron juntos entre los matorrales, al parecer ninguno se había lastimado. Yashiro sonrió muy contenta.
-Me da mucho gusto que ya estén juntos.
-Idiota…
-¡Deja de llamarme así!
-¡Me golpeaste! Te llamaré como yo quiera –le volteó la cara con el seño fruncido.
-Discúlpame… -dijo con pena.
-Me voy.
-Gracias por tu ayuda –le hizo una reverencia.
Cerró los ojos resignado, le era imposible ignorar los quejidos de quien venía siguiéndolo, a pesar de ser igual de molesta que su hermano menor, no podía hacerse de la vista gorda. Se detuvo para esperar a que lo alcanzara, una vez que llegó hasta él, volvió subirla en su espalda.
De entre la espesura de los árboles, sobre las copas, se asomaba el tejado del palacio al cual se dirigían. No hacía falta decir que el pecoso estaba más que feliz por deshacerse de la molestia con la que –literalmente- estaba cargando.
Antes de poder entrar a los jardines de la edificación, un grupo de niños, de más o menos de la edad de Ace, aparecieron de la nada; eran 5 en total y tenían aspecto de pocos amigos. Yashiro abrazó con más fuerza al moreno mientras los veía interponerse en el camino, Ace entonces supo que muy probablemente habían sido ellos quienes atacaron a Shiro.
-¿Dónde está el gato? –preguntó el más alto de todos.
-Lo regresé con su madre.
-¿Con que nos divertiremos ahora?
-¡No deben de maltratar a los animales! –Gritó muy fiera.
-No te quieras pasar de lista –dijo otro.
-¿Quién es ese mocoso? –cuestionó un pelirrojo.
-Él no tiene nada que ver –se bajó de su espalda-, su problema es conmigo –se paró frente a Ace.
-Una chiquilla no debe de meterse en cosas de hombres –avanzó el líder.
-¿Hombres? –Bufó Ace- No creo que un hombre abuse de su ventaja contra un pobre animal y una indefensa niña.
-¿Qué dijiste?
-Críos –Vilipendió con una sonrisa maliciosa.
Él que iba más adelante empujo a Yashiro para sacarla del medio, los otros cuatro avanzaron de igual manera para enfrentarse contra Ace, quien no parecía angustiado en lo más mínimo; clara diferencia a la castaña.
Cuando el líder del grupo lanzó su primer golpe el moreno brinco alto, pisando el hombro del niño para conseguir más impulso. Antes de bajar, aprovechando corto un trozo de una rama. Al descender golpeó al chico en la cabeza con la vara, quien cayó de rodillas dolorido. Ace sonrió con arrogancia y volvió su vista a los otros cuatros, que se fueron contra él.
No se hubiera imaginado que un niño con ese aspecto flacucho podría tener tanta fuerza, estaba acabando con cada uno de la manera más fácil posible. Cuando todos estuvieron sobre el suelo, dolientes por la paliza que les había propinado el moreno, suplicaron por que los dejara en paz. Ace chasqueó la lengua y les exigió que se retiraran del lugar si no querían que los volviera a humillar. Los cinco salieron corriendo, llorando por la golpiza.
-Llorones –se cruzó de brazos.
-Sorprendente –susurró Yashiro.
-Oye tu –la señalo con la vara- ¿Estás bien?
-Sí.
-Haciéndote la valiente…. que inútil.
-No imagine que fueras tan fuerte, me sorprendiste.
-Ya falta poco para llegar.
-Eres tan frio –se quejó.
-Cállate y súbete a mi espalda.
Subieron las escaleras para llegar al pasillo del Honden, una vez arriba la castaña volvió a bajar, esta vez más despacio; con tanto brinco había lastimado más su tobillo. Sin decir nada el moreno comenzó a descender por la escalinata; pero antes de hacerlo en su totalidad, recibió una pequeña sorpresa. Los suaves labios de Shiro le dieron un pequeño y tierno beso en la mejilla. Ace rápidamente se llevó una mano a la zona, ruborizado más que nunca en su vida, Yashiro solo le sonreía simpáticamente.
-Mamá me dijo que cuando un chico hace algo bueno por ti le agradeces con un beso –dijo muy inocente.
-O… ¡Oye! –le gritó aparentemente enojado.
-¿Qué?
-¡Tonta! –Fue lo único que pudo decir antes de salir corriendo.
-¡Gracias! –Vociferó mientras agitaba su mano- No me dijo su nombre…
La risa de ambos resonaba fuerte en toda la sala, pero no podían parar de reír, la situación era muy graciosa. Ahora sabia que el niño que le prestó ayuda se llamaba Ace, y que la pequeña llorona que había crispado sus nervios era nada más y nada menos que Yashiro. Cuando pararon de reír sus miradas se encontraron, la primera en bajar la vista fue ella.
-¿Qué le pasó al chico amargado que conocí? –preguntó curiosa.
-Recibió algunas clases de modales…
-Hay una diferencia descomunal entre el tú de antes y el de ahora. Igual me agradas de las dos maneras… aunque me hayas llamado Idiota muchas veces.
-Siento haberte dicho eso –inclinó la cabeza.
-No sé cómo pude olvidar todo ese evento. Creo que fue porque mi padre me regaño mucho esa vez por las heridas y la ropa sucia.
-Yo lo recordaba vagamente, aun así, nunca imagine se hubiera tratado de ti.
-Me alegra no tener ya la costumbre de besar a los chicos cuando me brindan su ayuda –dijo aliviada-, si no hubiera tenido que besarte muchas veces más…
Las palabras fluyeron de su boca como si estuviera dando la hora, un silencio incomodo se hizo entre ambos. Shiro observaba el gato sobre su regazo, sintiendo la penetrante mirada de Ace sobre ella. Lo miró de soslayo, estaba sonriendo de manera majestuosa: como siempre.
-A mí también me alegra que ya no lo hagas. Tengo que confesar que ese fue el primer besó que una chica me dio.
-Mentira –volvió a verlo.
-¿Por qué iba a mentir? Aquí la única culpable eres tú, por andar regalando besos como sin nada.
-Lo siento mucho –dijo preocupada.
-¿Por qué ese tono? No es una reclamación o algo por el estilo.
-Aunque no fue un "primer beso" –dijo pensativa-, eso es algo como más…
-Un beso es un beso, no importa en donde.
-Pero el primer beso, no sé, es especial.
-Lo fue para mí…
De nuevo el silencio incomodo se hizo presente, las mejillas coloradas de Shiro hacían referencia a cuanto le habían asombrado las palabras de Ace; como sin nada, le estaba confesando que ella fue su primer beso ¿Cómo esperaba que reaccionara? ¡Estaba hablando de Ace! El soltero más codiciado de todo Raftel, claro que nadie se iba a enterar de eso, sería como cavar una tumba, donde la envidia la sepultaría viva. Aunque, tenía que admitir, que no se sentía mal el tener ese título en la vida del moreno.
Antes de que pudieran seguir con los recuerdos, una mujer entró a la habitación: Cabello largo de color rosa que caía en ondas, unos ojos color caoba, piel blanca y algunas pecas sobre sus mejillas, vestía un bonito vestido largo de color blanco; pero solo había una palabra para describirla, hermosa. Ace se levantó y le dirigió una reverencia, la mujer sonrió cordial y alegremente.
-Shiro-chan, ella es mi madre –presentó el pecoso.
-Mucho gusto, mi nombre es Yashiro –se inclinó de igual manera.
-Mamá, ella es Yashiro, una amiga.
-Encantada de conocerte, Portgas D. Rouge –dijo cordial-. Me sorprende que vinieras a visitarme, hijo.
-Te vas mañana, no estaba seguro si podría venir a despedirme.
-La madre de Ace es tan bonita, además ambos tienen mucho parecido –pensó la castaña.
-¿Qué les parece si tomamos un poco de té?
-Solo si lo preparas tu –bromeó Ace.
-Es una alegría que aun recuerdes su sabor.
-Nunca lo olvidaría.
-Volveré en unos momentos –se despidió antes de salir de la sala.
-Mamá es una experta preparando el té, también tiene habilidades sorprendentes en Ikebana. Los arreglos florales que ves, ella los hizo todos.
-Rouge-San es sorprendente –dijo con ilusión- ¿Crees que pueda enseñarme el arte del Ikebana?
-Claro que si, aunque será difícil ya que ella vive en Tokyo.
-Ah –expresó desanimada.
-Tal vez la próxima vez que venga puedan reunirse y te enseñe algo, te avisare.
-Seria genial, tu madre tiene tan buen gusto –comentó mientras recorría todo el lugar con la vista.
-Lo vengo notando desde hace tiempo, eres muy pendiente con los detalles.
-Claro –le sonrió y volvió a tomar asiento-, en realidad a mi me gustaría ser diseñadora de interiores…
-¿Entonces qué haces en contabilidad? –preguntó curioso.
-Papá espera que me convierta en eso. Como hija única siento que debo de complacerlo.
-Te equivocas, debes de ser lo que tu corazón quiere. Si no vivirás frustrada toda tu vida.
-Ya lo he aceptado, no me molesta.
-Tu tono de voz me dice que no es así…
-Así es…
-Ni siquiera sabes usar una hoja de cálculo ¿Qué esperanzas tienes?
-No voy a discutir este tema contigo –dijo molesta.
-Tan solo es un consejo, pero, recuerda que debes de vivir tu vida sin arrepentimientos –expresó muy seguro.
-En ocasiones dices cosas muy geniales –comentó entre risas.
-¿En ocasiones?
-Y es un cumplido…
-Muy graciosa.
La madre de Ace era sumamente agradable, además de simpática, sencilla y fácil de tratar; el moreno no mentía, el té que preparaba sabia exquisito, como ningún otro que hubiera probado. Conversaban amenamente de temas sin mucha relevancia, sin embargo, en cada gesto, en cada palabra, podía notar todo el amor que se profesaban Rouge y Ace. Ella siempre lo llamaba de manera cariñosa, usando palabras como "amor" o "cariño", y a pesar de que el moreno solo la llamaba "mamá" sabía que existía un desbordante sentimiento de amor hacia ella.
Pasaron un par de horas en su compañía, aguardando el momento adecuado para llegar a casa. Cerca de las 9 de la noche se preparaban para marcharse, su madre se despidió afectuosamente de ambos, gustosa por la agradable tarde que los dos le habían traído. Antes de marcharse el moreno habló unos momentos a solas con ella, después de eso abandonaron el edificio; Ace no tan contento como antes de que conversara a solas con Rouge.
La luz del semáforo estaba en rojo, lo único que podía escucharse era el sonido del motor del automóvil. El moreno tenía un semblante serio, meditabundo, el cual Shiro no quería romper, sin embargo, su curiosidad le estaba ganando.
-¿Es difícil ser el hijo del afamado Gold Roger? –se atrevió a preguntar.
-No sabría responder eso. Te lo dije, no considero a ese sujeto como mi padre –respondió muy serio.
-¿Por eso llevas el apellido de tu madre? A decir verdad, me sorprendió mucho que fueras el hi… -se interrumpió voluntariamente.
-Engendrar un hijo no te hace padre…
-Es difícil asimilarlo para mí. Mamá murió cuando tenía 9 años, así que papá se convirtió en alguien muy importante para mí- dijo con pesar.
-No vivo con ellos desde los 5 años. Ellos me dejaron al cuidado del abuelo de Luffy, como mamá sufre muchos problemas de salud no podía cuidar de mí y yo no podía darle problemas.
-Eso es muy triste…
-A Roger no lo veo desde hace 15 años, solo mantengo contacto con mi madre –sonrió de manera sardónica-. En cuanto pude cambie mi apellido –el auto volvió a avanzar.
-Ya veo.
-No es tan malo, gracias a eso conocí a Sabo y a Luffy –la sonrisa en su rostro cambio radicalmente-, ellos dos son lo mejor que me ha pasado. Así que está bien.
-Las cosas siempre pasan por algo… supongo –trató de reconfortarlo.
-Puede ser.
Apagó el carro frente a su departamento, si bien era Nami y Luffy quienes habían tenido una cita, parecía que ellos también lo habían hecho así; se divirtieron juntos en el parque, fueron a cenar, ¡hasta Ace le presentó a su madre! Jamás el moreno se convertiría en un simple mortal para ella, porque no lo era. No lo fue en su pasado, no lo era un su presente y probablemente no lo sería en el futuro.
Esos ojos negros estuvieron sobre ella todo el día, pero no le molestaba, al contrarío, era muy placentero encontrarse con su mirada; casi adictivamente la buscaba, las oscuras orbes como la misma noche. Tenía que admitir que era un vicio, aunque le costara aceptarlo, estaba perdidamente embelesada con ese mirar, tal vez un poco más que de su atractiva sonrisa.
El único problema con esa mirada era lo mucho que la cohibía, como si ser hermosa no fuese suficiente, era también seductora a muerte. Frotó sus manos por lo inquieta que se encontraba, aun no sabía que decir para despedirse de él.
-Gracias por traerme hasta aquí –dijo con nervios.
-Por nada. Nami debe de estar esperando por ti.
-Cierto, buenas noches, te veré en el entrenamiento –Alzó la vista, tenía que ver esos ojos por última vez.
¿Cuántas sorpresas debía de llevarse ese día? ¿Cuánto más se resistiría a lo que ya parecía inevitable? No sabía por qué en realidad se detuvo a escasos centímetros de su boca, aunque fue fracción de segundos, le pareció eterno el tiempo en que tardo en moverse hacia su mejilla. Los cálidos labios de Ace tocaron su piel de manera abrazadora. En los dos segundos que estuvo cerca de ella su corazón se detuvo, solo para regresar a latir de manera acelerada.
-Gracias por escuchar –dijo muy feliz el moreno, con una gran sonrisa en su rostro.
-De…de nada –casi ni podía hablar.
-Buenas noches.
-Buenas noches –respondió desorientada mientras descendía del auto.
La pelirroja debía estar en las nubes o en algún cuento de hadas, estaba tirada sobre el sillón dormida, con una sonrisa un poco pretenciosa acompañándola. Era una suerte, así no la vería entrar en un estado tan vergonzoso; sonrojada como jitomate, temblando, sudando frió y con un escalofrió por todo el cuerpo.
Se deslizó por la puerta de su habitación hasta el piso, clavando su rostro entre sus rodillas. Si así la hacía sentir un simple beso en la mejilla ¿Cómo hubiera sido si en realidad la hubiera besado en los labios? Una parte de ella quería saberlo y la otra no, era tan contradictorios sus deseos que le frustraba no poder decidirse entre el hecho de aceptar que le gustaba Ace de verdad o negarlo y atribuírselo de nueva cuenta al recuerdo que en él veía.
-No vine a Osaka por esto. Estoy aquí porque quiero solucionar mis problemas –se levantó-. Ace no se merece que le haga eso, no después de lo bien que se ha portado conmigo –tiró su cuerpo sobre la cama-. Y para poder poner las cosas en orden, debo de hablar primero con Law… es hora de que lo vea.
Sacó su celular del bolsillo, tecleó un mensaje corto y conciso »Lamento no haberte dicho antes que estaba en Osaka. Quiero que nos veamos. Hiro-chan«, vaciló unos momentos antes de presionar el botón de enviar. Suspiró pesadamente cuando la notificación del mensaje enviado apareció en la pantalla, estaba expectante sobre si recibiría una respuesta o no, después de todo era un número viejo.
Al cabo de unos treinta minutos, casi cuando estaba por vencerla el sueño, el móvil vibró indicando un mensaje recibido. Miró el icono mucho tiempo, porque de esa respuesta dependerían muchas cosas. Dio abrir… »¿Cuándo?«.
-Tardó media hora en responder "¿Cuando?" –Pensó con humor-. Directo como siempre, aunque parece molesto… ¡Se supone que yo soy la molesta aquí!
»Te buscaré pronto…«
Siempre olvido mencionar cosas importantes xD tengo teflon en la cabeza...
"La técnica" ... bueno, así me la contaron a mi U_U no se como lo llamen en sus países, ya saben, lo típico que hacen los chicos en el cine y lugar así de "estirarse" y pasar el brazo por detrás para abrazar a una chica.
