Feliz año Nakamas :) espero se hayan divertido mucho. Ya casi se nos acaban las vacaciones.

Un capitulo bastante corto, pero les dejo muchos cuestionamientos sobre lo que se viene en los próximos dos capítulos.

Muchisisisisisisimas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz TTwTT

Les mando un beso del tamaño del mundoooooooooo! *

Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra de la mente singular de Oda-chin.


Nueva Vida

¿Qué respuesta estoy esperando?

El coche aparco frente a su departamento, los parabrisas se encargaban de limpiabar la lluvia que caía sobre el vidrio delantero.

-Será la segunda vez que te lo pregunte, esperó una respuesta sincera esta vez. ¿Te gusta Ace? –La voz del rubio sonaba seria.

-Yo… tengo alguien a mi lado –respondió con tristeza.

-¿Esa persona realmente existe?

-Define la palabra existir…

-Escucha Yashiro-san, no sé lo que pasa entre supuesto sujeto y tú, tampoco lo que sucede con Ace y contigo; sin embargo, no quiero que deposites falsas esperanzas en Ace.

-No lo hago –dijo cabizbaja.

-Inconscientemente lo haces, y de la misma manera estas llegando a sentir algo por él.

-Quisiera que no fuera así…

-Perdona si soy duro, pero Ace es mi hermano.

-Eso sonó lindo –le sonrió.

-Ya hiciste que dijera cosas vergonzosas –hizo un mohín.

-Los hermanos… siempre dan problemas.

Sin duda alguna el otoño era su estación favorita, los colores rojizos y cálidos de las hojas le parecían más que hermosos, lograban calmar un poco su ansiedad, aunque la oscuridad de la noche los hiciera prácticamente imperceptibles. Otra razón para amar el otoño, especialmente Octubre, eran sus lunas, las más hermosas del año siempre se presentaban en ese mes. Lo cual era una completa lástima, porque no había tenido la cabeza como para poder apreciarla.

No esperaba que estuviera esperándolo en la puerta de su casa, se detuvo a unos pasos de ella para observarla, Yashiro no levantó la vista ni por un momento, tampoco dijo nada. Abrió la puerta y le indicó que pasara sin tener que hablar, esos ojos grises la siguieron todo el tiempo, clavándose en su espalda como una estaca. Tomó asiento en la sala y él frente a ella, Yashiro se encogió en el lugar, sin saber cómo empezar. Law simplemente la miraba serio y sin demostrar particularmente alguna emoción en su rostro.

-¿Tuviste problemas en el hospital? –inició la conversación la castaña.

-Solo me quede más tiempo.

-Ya veo…

-Hablemos claro, si no te molesta –dijo con mucha seriedad.

-Yo… no se qué paso.

-Es muy obvio ¿no crees?

-Cuando vine aquí… no tenía en mente que algo así ocurriera.

-¿Fue Ace la razón por la cual no me habías buscado?

-No… bueno, al principio no era así.

-¿A qué has venido a Osaka realmente?

-Sabes perfectamente porque estoy aquí, Law.

-No mientas Yashiro.

-¿Yashiro? –Preguntó sorprendida- Debes de estar muy molesto…

-Es la segunda vez que ese sujeto pasa sobre mi –susurró para sí mismo.

-¿A qué te refieres?

-Sabes lo que siento y pienso de ti. Pero eso no significa que quiere ser tu segunda opción.

-Yo no dije eso.

-Siempre ha sido así después de todo –se puso de pie-. Por lo menos se que ya no te duele.

-No es así…

-Lograste olvidarlo con su ayuda, debe ser muy bueno.

-Te equivocas –dijo enojada.

-No parecías afligida mientras lo besabas… creó que ya superaste bien la situación.

-¡Tú no sabes cuánto he llorado todo este tiempo! ¡No digas algo tan cruel! –sus ojos se humedecieron.

-No hay necesidad de seguir con el juego de Hiro-chan ¿cierto?

-¡Eres un idiota! –gritó muy molesta, enseguida abandonó la habitación.

Suspiró pesadamente… tal vez se había pasado un poco con sus comentarios. Caminó hacia la puerta principal, estaba cerrada, se recargo en ella y pensó unos instantes antes de comenzar. No quería herir sus sentimientos, no más de lo que ya sabía que la estaban atormentando. La situación era difícil, no solo para ella, también para él y Ace. ¿Por qué precisamente tenía que ser Portgas el sujeto del que se había enamorado? ¿Por qué no otro?... si fuera alguien más, tal vez lo haría más fácil para todos.

-No puedo evitarlo, he tenido este sentimiento desde hace muchos años… así que, supongo, me siento con autoridad para poder decirte estas cosas. Sé que te sientes culpable por esta situación y no pongo en duda que quieras comenzar una nueva vida, y eso es… conmigo o sin mí.

Abrió la puerta lentamente, sabía que ella estaba ahí, la conocía como la palma de su mano. Siempre después de una discusión corría para que fueran detrás de ella, generalmente escondiéndose detrás de la puerta… varias veces en el pasado se había ganado un buen golpe por hacer eso.

-No tienes que pedirme disculpas a mí, tampoco a Ace… después de todo, ni él ni yo somos nada de ti –se acuclilló detrás de ella, quien estaba sentada en el piso.

-Me duele porque no puedo olvidarlo por más que lo intento –le dijo llorando.

-Ni siquiera debes pedirte disculpas a ti misma, lo que haces no está mal… déjalo ir.

-Ya ni siquiera sé lo que siento –lo abrazó.

-Tienes miedo de volver a querer a alguien…

-Fue una promesa…una que estoy rompiendo.

-Déjalo ir… Hiro.

Los 6 chicos entraron al establecimiento que decía en lo alto "Shakky's Rip-off Bar". La puerta rechinó mientras Luffy corría la puerta, atrayendo la atención de los escasos clientes que estaban ahí. Un espacio más o menos grande, con una barra larga y mesas redondas con algunas sillas para acompañar. Los muchachos pasaron a una zona un poco más privada, igual una mesa circular pero a diferencia de las otras, esta era rodeada por un sillón de cuero, el cual solo dejaba un hueco para pasar.

Una mujer madura de pelo corto y negro llegó directamente a la mesa, se paró con porte autoritario en lo que fumaba de su cigarro, pasó la vista por todos y cada uno, sonriendo ante sus expresiones, de izquierda a derecha: Ace, Sabo, Zoro, Usopp, Luffy y Sanji.

-¿Lo de siempre? –preguntó mientras tiraba una bocanada de humo.

-Shakky, hola –saludó contento Luffy.

-Monkey-chan ¿Por qué esas caras? –dijo para todos.

-¿Qué otra cosa podría hacer? –Habló Usopp con humor.

-Animo, son jóvenes, no pasa nada.

-Dile eso a Sanji y Ace, ellos son los abatidos –se burló Sabo.

-¡Con una mierda, Sabo! ¡Yo no estoy triste! –le gritó el ceja rizada.

-Casualmente coincide con el hecho de que Bonney te rechazó… de nuevo-siguió Zoro.

-Marimo, ¿te crees muy valiente al decir eso? –lo cuestionó muy fiero.

Sanji se le fue encima al espadachín, pero como Usopp y Luffy estaban entre ambos, el golpe que iba para el peliverde terminó en el rostro de Mugiwara. Molesto comenzó a pelear con Sanji, llevándose de paso al pobre narizón, ahí estaban los tres peleando entre manotazos, jalándose las mejillas, hasta que Ace intervino pidiéndole a su hermano que se calmara. De mala gana el hermano menor dejó en paz al rubio y se disculpó sin mucho ánimo del pelo chino.

-Parece que ya están de mejor humor –les sonrió Shakky-. Iré por sus tragos.

-Que sean tarros grandes –pidió Zoro.

-Deberías traer mejor el barril –dijo Ace mientras se apoyaba su rostro en la palma de su mano.

-No creo que debas de beber tanto –le dijo Sabo.

-Le seguiré el paso a Zoro, no te preocupes.

-¡Exactamente por eso me preocupo!

-Vamos, solo serán unos cuantos tragos –ameno el peliverde.

-Ace está triste, déjalo ser, Sabo –lo regañó Luffy.

-El problema es que si él se embriaga ¿Quién lo llevará a casa? –se quejó- así que yo no podré beber tranquilo porque de seguro tendré que llevar sus traseros de vuelta.

-Cuida a Luffy, él es quien no sabe beber.

-¡Oye! –Reclamó- Entonces te reto a ver quien aguanta más.

-Yo entro a esa apuesta –dijo Sanji.

-No puedo dejar pasar algo como esto, veremos si pueden superarme –Habló muy seguro Zoro.

-Oigan, no se olviden del gran Usopp-sama… ya verán que les ganaré.

-Pues si todos están de acuerdo… -miró Sabo a Shakky que regresaba con las bebidas sobre una charola- lo siento Shakky, parece que aremos un poco de alboroto.

-Pueden usar las habitaciones de atrás si quieren –repartió los tarros.

-Gracias, tal vez lo necesitemos –dijo Usopp.

-Pidan lo que quieran, ya saben –dijo la dueña antes de irse.

Siguiendo el orden en cómo estaban sentados, Ace levantó el tarro y comenzó con el brindis que siempre hacían.

-Por Sabo –comenzó él para darle la palabra al siguiente y así sucesivamente.

-Por Zoro.

-Por Usopp.

-Por Luffy.

-Por Sanji.

-Por Ace –finalizó el cocinero.

-¡Hasta el fondo! –Gritaron al uníoslo.

Era la sexta ronda para Zoro, quien aún seguía fresco como lechuga. Al tercer tarro todos entendieron que jamás le seguirían el paso al espadachín, Sabo, Sanji y Ace iban por la cuarta, mientras que los otros por la tercera, ya un poco mareados el par de morenos (especialmente Luffy).

No recodaban de quien había sido la idea de ir a dejar sus penas en el bar, de seguro había sido Zoro como pretexto para ir a tomar, que importaba, no era el alcohol el que lo hacía olvidar todo su drama amoroso, si no la buena compañía de sus amigos… tal vez mañana, aprovechando el sábado, le diría a Thatch que salieran, eso si la resaca lo dejaba.

-De…deberíamos…traer a Chopper –propuso entre su ligero hipo, Luffy.

-No seas idiota, es menor de edad… de hecho tú también, tienes suerte de que Shakky te deje beber aquí –le dijo Sanji.

-Ya casi cumplo… los 20, Usopp también.

-Antes que tú… así que te dejaremos –dijo con malicia el narizón.

-Usopp –le lloró mientras lo abrazaba- tú no me dejes…

-Ves, te dije que tenías que cuidarlo a él –señaló Ace.

-Luffy, vamos a la barra. Te pediré algo para que comas –se levantó Sabo.

-¡Comida! –Mugiwara dio un brinco.

-Tal vez así se le baje un poco –dijo Zoro mientras veía como el par de hermano se marchaba.

En eso, la puerta del local se abrió, los chicos voltearon curiosos para saber de quién se trataba. Eran Marco y Thatch quienes entraban muy campantes, el copetón con más ganas que el rubio, aparentemente. Ace alzó la mano para llamar su atención, en cuanto se percataron del grupo, los dos hombres se dirigieron hacia allá.

-Hola Ace, no esperaba verte por aquí –dijo Thatch.

-Lo mismo digo

-Se nota que están con ganas… -habló Marco al ver al ver las botellas sobre la mesa.

-¿A que debemos el honor? –preguntó el castaño.

-Nada en particular –respondió con un falso desdén, Ace.

-Mujeres –dijo al fondo el peliverde, muy quitado de la pena, después de todo no era su problema.

-¿Mujeres? –Thatch se echo a reír por el comentario del espadachín- ¿Tú Ace? ¿Llorando por una mujer? –las lagrimas comenzaban a salir de sus ojos.

-¡No estoy llorando! Además, ¿Qué tiene de malo si así fuera?

-Él siempre galardonado como el más deseado en toda la universidad, Portgas D. Ace –reflexionó el rubio sensei-. Es un poco extraño…

-No solo es él, también Sanji está llorando –señaló Zoro al rubio con la botella en mano.

-¿Qué? –Exclamó impactado el castaño- ¿Cómo es que justamente ustedes dos están en esta situación?

-¡Yo no lloro por nadie! –golpeó la mesa.

-Que ridículo Ace… espera a que se lo contemos a los otros –codeó Marco a su compañero.

-Espe…Espera… -trató de tomar aire- no puedo parar de reír.

-Muy gracioso ¿no? –se quejó el moreno.

Pero no era la única visita esa tarde. Mientras Thatch se retorcía de la risa por la particular situación de su colega, dos personas más entraron al bar y pasaron cerca de los muchachos, sin ninguna motivo en especial se detuvieron junto a ellos.

-¿No deberían de estar haciendo tarea o algo así? Mocosos –dijo rudamente Smoker.

-Lo que faltaba –murmuró Sanji mientras le daba un gran trago a su bebida.

-¿Qué motivo hay para que su revoltoso grupo beba así? –preguntó Crocodile mientras le daba una vista rápida a la mesa.

-¿Tendría que haber una? –contestó enojado el ceja rizada.

-Insolente…

-¡Hey, Somokey! – retrucó Mugiwara, quien se acercaba a la mesa junto a Sabo.

-No me llames así –dijo con su áspera voz.

-Ahora hasta niños de preescolar dejan pasar –protestó Crocodile.

-¿Qué haces tú aquí? Mugiwara –lo cuestionó el cabello blanco.

-Vine con mis amigos…

-Por lo general no les hablaría, pero la situación es muy divertida –se metió Thatch-. Lo que pasa es que estos chiquillos de aquí –señaló al pecoso y al cocinero- están dejando sus penas amorosas en manos del alcohol.

-¿He? –Ambos hicieron una mueca.

-¡Thatch! –lo regañó Ace en un grito.

-Patéticos –escupió mordazmente Crocodile.

-Mejor vayamos a otro lugar, donde no haya niños –le dijo Smoker a su compañero.

Justo cuando estaban dispuestos a irse, el grito de Mugiwara los detuvo.

-¡Shanks! –gritó muy feliz Luffy al verlo entrar, llamando la atención de todos.

-Que divertido –se rió Sabo en lo que veía acercarse a los dos sujetos, al ya numeroso grupo.

-Luffy, chicos, que coincidencia –saludó feliz el pelirrojo.

-Roronoa Zoro, espero no olvides que mañana hay entrenamiento –sentenció Mihawk al verlo muy campante consumiendo alcohol.

-Marco, Thatch… también Smoker y Crocodile, que raro verlos a todos juntos –dijo sorprendido Akagami.

-Una mala casualidad, es todo –respondió con desinterés Smoker.

-¡¿Qué estás haciendo?! –gritó Shanks golpeado a Luffy en la mano.

-¡¿Por qué haces eso?! –le reclamó.

-Eres menor de edad, no puedes beber. Ni tu tampoco –señalo a Usopp, quien comenzó a sudar frió.

-Pero es por Ace y Sanji…

-¿Ustedes, chicos? ¿Qué les paso? –volteó a verlos.

-Mujeres –respondieron todos al unísono, a excepción claro de los dos acusados.

-¡Oh! Es eso… -dijo muy normal, pero después una risita comenzó a salir de sus labios.

-¡¿Qué es esto?! ¡¿Un espectáculo?! –Sanji volvió a golpear la mesa.

-Cálmate cocinero pervertido…

-¡Me calmo una mierda, ya estoy harto!

-Para ti es fácil decirlo Zoro… -habló Ace.

-Sí, tú tienes a Perona y a Tashigi tras de ti –terminó de decir Luffy.

El peli verde quiso morir en esos instantes, todo el alcohol que no le había hecho efecto en sus numerosos tragos se le estaba subiendo a la cabeza. Las miradas de Mihawk y de Smoker se clavaron instantáneamente en el espadachín una vez que Luffy terminó la frase. ¿Qué era peor? ¿La sobrina de Mihawk, Perona? O ¿La sobrina de Smoker, Tashigi?

-Cuida tus pasos, Roronoa Zoro –Las palabras de Smoker se clavaron como un cuchillo en su pecho.

-Pe...Pero… yo

-¿Qué tienes que decir al respecto? –preguntó su sensei.

-¡No me interesa ninguna!

-¿A caso insinúas que Tashigi es poco para ti?

-¡Yo no dije eso!

-Entonces ¿quiere decir que eliges a Tashigi-chan por sobre Perona? –La pregunta llena de malicia salió de la boca de Sanji. Venganza, dulce veganza.

-Maldito cocinero –rabió en su interior el peliverde.

Afortunadamente Zoro escapó bien librado de la mortal pregunta del rubio. Smoker y Crocodile se marcharon del bar, por lo visto los chicos les habían quitado las ganas de permanecer ahí. Cuantas ganas tenía el peli verde de cortar en pedazos a Luffy por su indiscreta intromisión, pero de momento se lo dejaría a Shanks, quien estaba regañándolo… aunque al final, él terminó invitando las siguientes rondas de tragos para Mugiwara, Usopp, Mihawk y él.

Marco y Thatch se habían unido a la mesa, supliendo el lugar del par de morenos. Ace ya estaba al borde de la histeria con los comentarios sarcásticos del copetón referente al tema, especialmente cuando a Sabo se le "salió" decir que era Yashiro. Sanji y Zoro siguieron peleando toda la noche. Aunque sin duda los más contentos eran Marco y Sabo, que más que afectarles las discusiones de los dos pares, se estaban divirtiendose con ellas.

...

Esa noche le parecía más fría de lo normal. Decir que estaba segura de lo que iba hacer no era del todo cierto, sin embargo, necesitaba contarle todo a alguien, hablar con la verdad por primera vez desde su llegada, dejar de esconder su dolor para ella sola. Tocó la puerta de la habitación de Nami, dudo en pasar, pero si lo que Law le había dicho era cierto, no tenia por que sentirse mal al respecto, ¿no estaba haciendo mal? De eso quería convencerse y una segunda opinión no le caía mal.

Su risa sardónica reflejaba como se encontraba en esos momentos, sumándole las gruesas líneas que escurrían desde sus ojos hasta caer en sus rodillas. Cada palabra que salía de su boca quemaba su garganta, pero sacaba un peso de encima. Las sonrisas ocasionales que provocaba la conversación no compensaban el dolor que la cubría, mismo que había llegado hasta la pelirroja, pues también lloraba junto con ella.

Al final de escuchar toda la explicación, tan solo pudo abrazarla, era todo lo que estaba al alcance de sus manos. Miró sus ojos hinchados y su boca reseca. ¿Qué era peor? ¿Haberse enterado de la verdad o seguir especulando sobre su situación sentimental? Yashiro se limpió las lágrimas con sus muñecas y le sonrió feliz, eso la tranquilizó un poco.

-Gracias por escucharme Nami.

-Para eso son las amigas –sonrió.

-¿Podrías guardar el secreto?

-Si… -respondió nerviosa.

-Quisiera poder decirlo fácilmente, sin embargo, aun duele mucho como para poder hablar de ello.

-Shiro-chan… si supieras que las cosas son aun más complicadas de lo que crees –pensó la pelirroja.

-Considerando mi situación… ¿tú qué harías, Nami?

-Si eso llegara a suceder, yo… supongo actuaría similar a como lo estás haciendo.

-Debería olvidarme de ambos, sería lo mejor –dijo meditabunda.

-¿Por qué ha de ser Ace y no otro? –se preguntó desesperada.

-¿Estás bien?

-Si… es que me quede muy impactada por todo.

-Lo lamento.

-Yashiro –puso su mano sobre el hombro de ella-. No importa a quien elijas, te apoyare.

-Gracias, me alegra mucho escuchar eso.

-Todo saldrá bien.

-Eso espero. Iré a descansar –se levantó de la cama.

-Lo necesitas, fue una plática agotadora.

-Gracias Nami –volvió a abrazarla antes de salir.

La pelirroja se quedo en su lugar, procesando por segunda vez todo lo que acaba de escuchar en voz de Shiro, comparando lo que ella sabía para entrelazar los acontecimientos. Se dejó caer de espaldas a la cama, cerró los ojos y comenzó a bramar, desesperada por no saber qué hacer.

-¿Y ahora qué hago? Jamás hubiera imaginado que Yashiro sería esa chica. ¿Por qué será que Law no le ha contado la verdad a Shiro-chan? Tampoco Izan… ¡¿Y porque tuvo que enamorarse precisamente de Ace?! ¿Qué pasaría si él se enterará de quien es Shiro-chan? Posiblemente… ambos se dejarían en definitiva. Me temo que esta vez, Ace lleva todas las de perder.

...

No sabía qué hora era, pero sus cansados ojos indicaban que ya era madrugada, así que ¿Quién iba a estarla llamando en esos momentos? Palpó descuidadamente el buró a un lado de la cama en busca de su celular, ni se tomó la molestia en revisar de quien era la llamada.

-Diga… -contestó muy adormilada.

-Ya…Yashiro –tartamudeó.

-¿Ace? –preguntó con sorpresa, despertando en su totalidad. No hablaba con él desde el incidente.

-Escu…escucha –su voz sonaba rara.

-¿Estás ebrio?

-No… ¿crees que… el alcohol me iba a ganar? –dijo ofendido, sin embargo, era cierto, estaba ebrio.

-Parece que así es.

-No me… importa… que tengas a… alguien más…

-¿Qué? –preguntó con asombro.

-Me gustas…

-A…Ace… no digas tonterías.

-Me gustas… -volvió a decir, y más allá de su entorpecido acento, podía notar un ligero tono de seriedad al decir esas palabras.

-No estás bien… hablaremos después ¿de acuerdo? –dijo con pena.

-Estoy bien –contestó enojado.

-Yo…

-Me gustas… -insistió.

-Basta… haces que me sienta avergonzada.

-También…te gusto… ¿cierto?

-No sabes lo que dices…

-Te quiero –dijo casi inaudible.

-No lo digas tan a la ligera…

Esperaba más irreverencias de parte de él, pero no dijo nada más, probablemente se había quedado dormido en lo que hablaban. Tenía una ligera sensación, de que ya había tenido una conversación por el estilo. ¿Cuánto más debía de llegar justo en el momento preciso? Como si anticipara sus pensamientos… tenía un rubor por todo el rostro y una sonrisa disimulada, ¿Qué esperaba por respuesta? Ni ella sabía lo que sentía…

Miró como los segundos seguían corriendo, ni siquiera había colgado el teléfono, de hecho si prestaba atención y escuchaba, podía oírlo resoplar al otro lado de la línea. El color carmín seguía en sus mejillas, mientras que su corazón latía aceleradamente… aunque estuviera ebrio, se había confesado ante ella, tan simple como si hablara de cualquier otra cosa. Colgó, espero unos momentos hasta que dejó de sonreír por la emoción de haber escuchado esas palabras.

Esperaba de todo corazón que él no estuviera borracho, o por lo menos lo suficientemente consiente como para poder contestar y hacer lo que iba a pedirle. Marcó y espero a que atendieran.

-¿Yashiro-san? –Atendió con normalidad, para su total alivio.

-Sabo… lo siento por llamar tan tarde.

-¿Pasa algo?

-No en realidad, es solo que… Ace me llamó y…

-¿Te dijo algo inapropiado? –preguntó inquieto ante los posibles comentarios de su hermano.

-Solo dijo tonterías. Pero, quisiera que borraras la llamada en su celular.

-Por lo regular no es así, discúlpalo –le explicó en lo que iba al cuarto del moreno.

-¿Él está bien? –dijo con preocupación.

-Pues… -hizo una mueca al contemplarlo tirado en la cama, completamente desalineado- creo que sí.

-Me alegro.

-Oye, al menos quítate la ropa –lo regañó Sabo.

-Me gustaría verlo en estos momentos –se rió Shiro.

-Yo espero que se arreglen pronto los dos, no quiero traerlo muerto cada fin de semana –se quejó el rubio en lo que eliminaba el registro.

-Solo quiero poner en orden algunas cosas. Lamento las molestias.

-No pasa nada. Listo –volvió a tirar el celular a la cama.

-Gracias, por favor no le digas nada de esto.

-Descuida. Buenas noches.

-Que descanses.

Parecía una misión imposible ir a la universidad, tenía que estar pendiente en todas direcciones para no tener que topárselo, de hecho, había decidido tomarse libre la clase de Thatch toda la semana con tal de no llegar a verlo. ¿Con que cara iba hacerlo después de lo que le dijo?... Si es que lo recordaba. Pese a todo, sabía que en el fondo, tenía la esperanza de que apareciera frente a ella, como siempre, cuando menos lo esperaba. Pero ese no había sido el caso, ya habían pasado alrededor de 10 días desde lo del beso y 3 desde la llamada, tiempo en el cual no había establecido contacto directo con él.

Gracias al cielo, Vivi y Kaya entendían el por qué de su ausencia y no la hostigaban con preguntas innecesarias. Quería contarles a ellas también la verdad, como lo había hecho con Nami, pero no consideraba adecuado andar divulgando eso, más porque faltaba poco más de dos semanas para el encuentro por que estaba esperando, el motivo principal de su intercambio a Osaka.

Las tardes ya no le sabían igual desde que había comenzado a compartirlas con ella. Tenía que admitir que extrañaba sus quejas constantes, sus lloriqueos, pero sobre todas las cosas… su aroma, ese mismo que lo incitaba a querer estar cerca todo el tiempo, a buscar pretextos absurdos para acercarse más de la cuenta y llenarse de el. Pese a todo, la vida seguía su curso normal con o sin ella, por eso estaba ahí, ejercitando su cuerpo como de costumbre.

Para cuando terminó su rutina, Luffy, Usopp y Chopper también acababan con su entrenamiento, así que los cuatro entraron a las regaderas. El vapor inundaba el baño por completo, mismo que dejaba una sensación agradable por todo su cuerpo… aunque el buen rato no duró tanto como él hubiera querido.

-¿Shiro-chan ya no va a venir? –preguntó Chopper para Ace.

-No, ya no vendrá –respondió tranquilo.

-Ya veo –siguió lavándose el cabello-, tal vez la vuelva a ver en la biblioteca de medicina…

-¿Medicina? –dijo Usopp.

-Ah sí, Kaya-chan dijo que podía ir ahí a leer sin problema.

-¿Qué hacía Mashiro en ese lugar? –Se metió Muwigara.

-No lo sé, tal vez fue a visitar a su amigo…

-¿Qué amigo? –La curiosidad de Ace estaba a flote.

-Sí, parecían muy cercanos.

-¿Sabes quién es?

-Me dijo su nombre, es… Law.

-¿Law-chan? –Ladeó la cabeza Luffy.

-Chopper… ¿estás seguro? –preguntó Ace.

-Creó que si…

-Vaya… Mashiro es amiga de Law-chan, que coincidencia –se rió el moreno.

-Hey, Luffy, no creo que eso le agrade mucho a Ace –dijo con preocupación el narizón.

-Ambos son de Ishikari, ahora que lo pienso –habló el pecoso.

-Pueden ser amigos de infancia –especuló el menor.

-Tal vez…

Lo seguía desde atrás con una cara de absoluto fastidio, con las manos en los bolsillos y una mueca. Claro que tenia muchísimas mejores cosas que hacer que estarlo acompañando en su patética "investigación"… debió haberle dicho que no cuando le llamó anoche anterior por teléfono solicitando su ayuda. Soltó una bocanada de aire, un hombre de su edad no tenía nada que hacer metiéndose en problemas de niños.

Por estar renegando mentalmente, chocó contra la espalda del moreno. Ya iba a reclamarle, pero, la mano de su compañero lo empujó hacia atrás, en lo que se escondía en una esquina, apenas sacando un poco la cabeza para poder ver. Lo sujetó del hombro, impidiéndole seguir avanzando.

-¿Qué pasa, Marco? –preguntó, Ace.

-Esto es ridículo e innecesario.

-Claro que no. Quiero saber quién es él.

-Pregúntaselo y ya.

-Me niego, además, no finjas como si no hubiéramos hecho esto.

-No por motivos tan infantiles…

-Deja de quejarte, voy a perderla de vista - volvió a echar un vistazo.

-¿Cuál es mi función aquí? –se cruzó de brazos.

-¿Cómo que cual? Eres un maestro, si estoy contigo recorriendo todos lados no parecerá tan sospechoso.

-Se lo hubieras pedido a Thatch en ese caso.

-Él es muy molesto. Si llegaran a descubrirnos diré que te estoy acompañando.

-Por eso te digo que es mejor que se lo preguntes, ¿es tan difícil?

-Quiero saber contra quien estoy luchando… estoy cansado de pelear contra alguien invisible –reanudó el paso.

-¿Y sospechas de alguien?

-Tal vez…

-En 30 minutos tengo que volver a la universidad, te lo advierto –le dijo viendo su reloj.

-No te preocupes, creo que ya puedes volver –habló muy serio mientras se detenía.

-El que busca, encuentra –afirmó al observar lo mismo que Ace.

Los nudillos de su mano estaban blancos por la fuerza que estaba imprimiendo en apretar los puños, su mirada estaba ennegrecida y por todo su ser corría un sentimiento de impotencia. Quería correr hasta ellos, quitársela de los brazos y hacer que dejara de verla de esa manera, magullar su sonrisa. Sabía que experimentaría algún tipo de resentimiento si la encontraba con otro sujeto, pero… Law, Tafalgar Law… no quería creerlo. ¿Por qué él? ¿Por qué no otro? Habiendo tantos hombres en Hokkaido.

Tal vez lo que más le dolía era su cara de felicidad, ardía en su pecho al verla sonreírle de esa manera tan despreocupada. Era una notoria diferencia entre la manera como lo miraba a él y como estaba en esos instantes mirando a Law. Envidia, ¿esa sería la palabra? Posiblemente… que sentimiento tan patético y ruin.