Hola!
Hay miles de razones por las cuales no había actualizado "Nueva Vida", pero al final ninguna justifica estos dos meses sin capitulo nuevo. Espero redimirme de mi cruel acto injustificado TwT.
Gracias, gracias, gracias por hasta ahora seguir aquí a pesar de que soy mala por no agilizar este asunto. Espero que no se me presenten los problemas que tuve con este capítulo en particular.
Sin más ni más por ahora me despido. Ojalá ahora si nos leamos muy pronto!
Gomu gomu no gigant kiss :*
Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es Obra de Oda-chin.
Nueva Vida
El dolor es más llamativo que la felicidad
Tenía esa costumbre de arrojar piedras al lago siempre que estaba molesta, la conocía tan bien como la palma de su mano, no para menos después de tantos años juntos. Una tras otra las tiraba, haciendo que rebotaran en la superficie varias veces, una oleada de recuerdos le hicieron sonreír; Hiro, Izan, ella y él constantemente hacían ese tipo de competencias en el pasado, donde siempre era Yashiro quien ganaba. Avanzó en su dirección.
-Toma –habló para atraer si atención, cuando volteó le arrojó una pequeña caja de color malva.
-Gracias –respondió feliz- ¿puedo abrirlo?
-Como gustes.
-¿Cómo te fue en el viaje? –Shiro preguntó al moreno mientras abría su regalo.
-Bien.
-¡Es precioso! Muchas gracias Law –agradeció muy emocionada por su pequeño regalo. Una cadena de oro blanco con un dije de una flor violeta.
-De nada.
-Ayúdame a ponerlo.
Los dedos de Law acariciaron el cuello de Shiro, el aroma que su cabello despedía era muy agradable, ¿Por qué él no podía tenerla? ¿Por qué toda su incondicional devoción nunca había dado frutos? Abrochó la cadena, la giró para observarla, había hecho una buna elección pues combinaba perfecto con sus ojos.
-¿Te tomó mucho tiempo escogerla?
-Conozco tus gustos muy bien.
-Lo sé –sonrió a penas notoriamente.
Se paró en puntas y un así tuvo que tirar del suéter de Law para hacerlo bajar un poco más, sus cálidos labios depositaron un beso en la fría mejilla del moreno, era lo más que podía darle. Lo abrazó con fuerza, intentando no sollozar en su presencia.
-¿Qué sucedió? –Le preguntó Law ante su inusual comportamiento.
-No es nada –musitó contra el pecho del médico.
-Puedes engañarte a ti misma, pero no a mí.
-Si tuvieras que tomar una decisión, pero si está afectara a otra persona ¿Qué harías?
-Haz lo que te haga feliz.
-Hacer eso sería egoísta, además, le traería problemas a las personas que quiero –dijo con tristeza.
-Portgas es lo suficientemente fuerte como para defenderse solo, no necesita tu ayuda –habló tranquilamente el moreno, Shiro ante la sorpresa de las palabras de Law dejó de abrazarlo.
-Y-yo no estaba hablando de eso… -dijo un tanto ruborizada.
-Enfrenta el hecho Hiro, no puedes contenerlo más.
-Law… ¿acaso tú?
-Mantendré al margen a Joker y Vergo, de ellos no debes preocuparte.
-¿No te importa? Realmente ¿no te importa que quiera estar al lado de Ace?
-Es la decisión que tomaste y la respeto –se cruzó de brazos.
-Lo siento, lo que menos quería era hacerte daño porque sé muy bien todo lo que has hecho por mí. Desde siempre has permanecido a mi lado…
-Suficiente, no necesitas recordarme lo que ya se.
-Perdón –susurró.
Tenía que jurarse que esa iba a ser la última vez que probara aquellos labios sin su consentimiento, esos por los cuales moría por tener la exclusividad. Tan finos y suaves, tan afables al contacto. Debía ser ese un beso de despedida. Solo de pensar en lo que vendría después, en tener que ver como su aliento sería robado por el que alguna vez llamó su amigo sería muy duro.
-Mañana celebraran su cumpleaños ¿irás a verlo? –Preguntó Law al liberar a Shiro.
-Law…¿por qué?
-Después de esto ya no podré hacerlo más. Tengo principios también.
-Siempre estoy haciéndote sentir mal –expresó con mucha tristeza.
-Pensemos en algo. Dudo que tu padre te deje de ir de buenas a primeras –desvió el tema, lo que menos quería en esos momentos era ponerla más triste de lo que ya estaba.
-No sé si deba ir… debe de estar molesto conmigo, siempre le hago lo mismo.
-Si Portgas sigue siendo el mismo que conozco se le pasará. No es tan infantil como aparenta.
-¿Estas lanzándole un cumplido? –dijo con cierto humor ¿Cómo no? Si ambos se declaraban enemigos de casi muerte.
-Solo dije que no es "tan" infantil.
-Tu… sigues apreciándolo ¿verdad?
-Deja de especular y planeemos esto…
Ace hizo una mueca, no estaba del todo feliz por aquel relato, que bueno que le había ayudado pero eso no justificaba el beso, aunque como fuese en esos momentos no tenía el derecho de reclamar absolutamente nada. Solo esperaba que por el bien de la humanidad a Law no se le ocurriera hacer algo como eso de ahora en adelante.
-Y eso fue lo que paso –dijo Yashiro.
-No tenías que haber detallado tanto ¿sabes?
-Pero si no te lo decía y después te enteraras ibas a molestarte…
-Puede ser.
-Entonces ¿todo en orden?
-Si…
Miraba con cierto desconcierto a su amigo, había estado muy serio desde ayer y conocía la razón. Lo que si desconocía era el porqué de tales actos, temía en pregunta pero su curiosidad era mayor.
-Hey Law ¿estás seguro de esto? –Preguntó Bepo un tanto temeroso.
-Todo está hecho, así que no hay vuelta atrás.
-Pero sabes que esto traerá más que simples problemas con tus hermanos. Lo veas por donde lo veas que ellos estén juntos no son más que problemas.
-Lo sé.
-Hiro-chan podría…
-Para eso cuenta con nosotros ¿no?
-Claro, pero…
-Además, confío en las habilidades de Ace.
-¿Por qué decides ayudarlo?
El moreno sonrió, sin embargo no respondió esa pregunta. Al menos no a voces.
…
Con las pláticas familiares de parte de Garp el día transcurrió rápido y la hora de que Shiro regresara a Hokkaido llegó. Ambos estaban sentados en la sala de espera del aeropuerto, Ace estaba inusualmente serio en ese momento recargado contra el puño de su mano izquierda, al parecer poco o nada le agradaba la idea de que ella tuviera que volver. Yashiro sujetó su brazo derecho, recargando su cabeza en el hombro del moreno.
-Volveré en diez días. No es tanto tiempo.
-¿Y por qué no te quedas de una vez si no es tanto tiempo?
-Te lo explique.
-Odio que estés con Law –sacó a relucir tan natural y sin preocupación como de costumbre.
-¿Seguimos con eso? De no ser por él no estaría aquí –le reclamó.
-Ya lo sé…
-¿Estas celoso?
-Un poco, tal vez…
-No quiero comenzar a pelear recién formalizada nuestra relación ¿te parece?
-¿Entonces vas a quedarte? –volteó a verla.
-¡Ace!
-De acuerdo, de acuerdo –le sonrió-. Confío en ti.
-Me alegra escucharlo porque mi relación con Law no está en discusión –aseguró sin bacilar.
-Dije que confío en ti, más no en Law –frunció el ceño.
-Después de tantos años y de tantas cosas al final estoy contigo ¿no?
-Sí
El desplante de amor por parte de la joven pareja era observado por unos ojos curiosos, no sabiendo si reír por la imprudencia de aquellos dos o por los posibles acontecimientos que vendrían acarreados resultado de lo que observaba. Sacó un celular negro de su abrigo, esperando con paciencia que atendieran del otro lado.
-Espero que sea importante –recalcó el oyente sin ánimos.
-Sin duda le va gustará saber esto… parece que tendremos problemas muy pronto.
-¿A qué te refieres? –Cuestionó furioso.
-Se llevará una sorpresa sin duda alguna…
Los segundos se convirtieron en minutos, los minutos en horas y las horas en días. Así, en un abrir y cerrar de ojos el tiempo dispuesto había transcurrido. El clima de Osaka no se compraba en absoluto con el duro invierno de Hokkaido. Pronto comenzaría un nuevo semestre en la universidad y con él otras aventuras por vivir, quien sabe que retos nuevos le traería Mugiwara y compañía, más ahora que habían entablado una relación más cercana.
En unos cuantos meses todo había cambiado, si bien no era radicalmente, esos cambios eran los que necesitaba para poder darle vuelta a la página y comenzar de nuevo a escribir en blanco. Cada momento, cada palabra, llanto y risa habían logrado darle una oportunidad de volver a vivir con las mismas ganas que hacía un tiempo. Estaba muy agradecida con cada uno de sus nuevos amigos, agradecida con el tiempo, con el lugar… ir a Osaka no había sido una mala elección.
La primera vez que había puesto un pie en esa ciudad no estaba sonriendo, pero esta vez era todo lo contrario… estaba realmente feliz de haber llegado de nuevo al sitio que se había convertido su nuevo hogar; uno que seguiría trayéndole más y más sorpresas.
-¿Estas segura? –Le preguntó Law al volante.
-Sí. ¿Tú no? –Respondió Shiro.
-Me da igual realmente.
-No mientas… ¿estás preocupado por mí?
-Sabes a lo que me refiero.
-Lo sé, pero ya no importa, estamos por llegar.
El coche aparcó afuera de su departamento, había llegado sin avisarle a nadie, queriendo darle una sorpresa a Nami, particularmente a Ace. Después de un par de días por fin podría estar en brazos del problemático chico azabache.
¿Cómo debía catalogar con exactitud la situación? Los cuatro se miraron perplejos, Law terminando de bajar la última maleta del portaequipaje, Yashiro a su lado cargando un pequeño león de felpa, Ace un tanto desalineado (juraba no tenía mucho de haber despertado) junto a la cuarta presente que descendía de las escaleras acompañada del moreno.
Fue un silencio incomodo de unos cuantos segundos, Shiro abrazó aun con más fuerza su muñeco en un gesto muy infantil, Law la miró por el rabillo del ojo, figurándose lo que podía estar pensando. Era mejor acabar con tan dramático encuentro de una vez por todas.
-Nojiko-san –el primero en abrir la boca fue el médico.
-Law, cuanto tiempo –saludó cordial, inmediatamente sus ojos se posaron sobre la castaña a su lado.
-Yashiro –la llamó Ace al acercarse un poco más a los dos.
-¿Si? –respondió tímidamente, cuanto le costaba alzar la vista y mirarlos juntos. Las fotografías se quedaban cortas al capturar la innegable belleza de Nojiko.
-Pensé que llegarías hasta caída la noche.
-Bueno, si… pero…
-¿Qué haces tú aquí? –Preguntó molesto Ace para Law, quien sonrió a un más ante su enojo.
-La he traído, ¿no es obvio?
-Siguen llevándose igual de mal ¿cierto? –Se rió Nojiko de la situación.
-Yo pude haber ido por ti al aeropuerto de habérmelo dicho –Que niño, la estaba regañando en medio de la calle.
-Quería darte una sorpresa –murmuró apenada.
-¿Todo bien ahí? –Asomó Bepo la cabeza desde el automóvil.
-Bepo-chan ¡Hola! –Saludó muy contenta la hermana de Nami.
-¡Nojiko-chan!
-Que incomodo es todo esto. A penas y son las nueve de la mañana ¿Por qué están juntos? –pensó Shiro.
-Al menos no venían solos –masculló Ace.
-¡Pero que grosera soy! –Dijo exaltada la morena de cabellos lilas- Soy Nojiko, la hermana mayor de Nami. Mucho gusto –se presentó ante Shiro.
-El gusto es mío. Mi nombre es Yashiro –inclinó la cabeza-, gracias por permitirme vivir en su casa.
-No hay problema con ello –le sonrió.
-Gracias.
-La novia de Ace es muy linda –comentó sin ningún reparo Nojiko, sorprendiendo un poco a la ojivioleta.
-Claro que lo es –afirmó el moreno y avanzó a esta ella para recibirla con un galante beso.
Todos entendían la indirecta de eso. Law no quiso observar, en su lugar prefirió analizar la reacción de Nojiko, después de todo ella era la ex novia de Ace y con quien Yashiro estaría viviendo a partir de ahora; aún si no le agradaba su relación con Hiken, Hiro seguía siendo su prioridad ante todo.
-¿Y a donde se dirigían? –Intervino de nueva cuenta Bepo.
-A comprar algo para el desayuno –respondió Nojiko.
-Es verdad, lo olvide –dijo Ace.
-Law ¿puedes acompañarme?
-Claro –contestó sin interés aparente.
-Ayuda a Yashiro-chan con sus cosas –le ordenó Nojiko a Ace-, yo me encargo del resto.
-No es necesario –terminó diciendo sin pensarlo Shiro.
-Hiro –Habló en tono severo el médico. La castaña se encogió de nuevo entre su peluche al notar el regaño de su amigo.
-Vamos entonces –deslindó toda tensión la otra chica.
-Nos veremos después Hiro-chan –se despidió Bepo.
-Gracias por todo –dijo Yashiro en tono quedo.
Una vez que los tres se marcharon Shiro tomó una de sus maletas, dispuesta a entrar sin pedir explicaciones de nada, tampoco esperaba que él se las diera. Ace tomó la otra que estaba en piso y le quitó la que llevaba en manos la castaña. Ambos entraron en silencio, el moreno ya intuía el porqué de su desganada actitud.
Tomó aire antes de abrir la puerta, sintió como su corazón se encogía un poco, debía poder ser lo suficientemente madura para vivir en el mismo techo que la ex novia de Ace, las cosas eran complicadas no simplemente por ello, sino que se trataba de la querida hermana de su preciada amiga Nami. Sea por donde lo viese tenía mucho que perder.
No era precisamente la escena que tenía en mente, aunque francamente no tenía una en específico. Los sillones estaban movidos, había restos comida regada por todos lados, y al fondo de la sala roncando gloriosamente se encontraba el menor de los D. abrazando inocentemente el pequeño cuerpo de Chopper. Nami estaba dormida también al lado contrario de ellos.
-Sabo está de viaje con Vivi –comenzó a explicar Ace-, Nami quería ver a Luffy pero ya sabes cómo es él. Cuando no hay trabajo en sábado solemos mirar películas… así que terminamos aquí a petición de Nami, aunque Luffy rompió sus planes románticos cuando trajo también a Chopper. Igual la pasamos muy bien.
-Ya veo –musitó, así que salía con ella por el hecho de haber dormido en su casa al desvelarse viendo algunas películas.
-Nojiko y yo despertamos temprano y pensamos en comprar algo para desayunar.
-No tienes por qué darme tantas explicaciones –le sonrió a medias.
-Parecía que lo necesitabas…
-Disculpa si fui grosera.
-Dejemos tus cosas primero antes de hablar.
Un poco más de tiempo ahí y juraba que vomitaría, no solo era el sabor, ni no que también el mandito olor que despedía la harina. Ella lo sabía perfectamente y aun así no le importaba, Bepo mantenía una discreta risita burlona. Todo fuera por el bien de Hiro.
-¿Quieres que te compre un pan? –preguntó divertida Nojiko a Law.
-Apresúrate y déjate de bromas –dijo con cara de asco.
-¿Tú quieres uno? Bepo
-S-si… ah, lo siento.
-Siguen igual que siempre, me alegro.
Respiró profundo una vez fuera de la tienda, que tortura tan más grande. Volvió a mirar a la chica, queriendo descifrar lo de hace unos momentos. Nojiko no era para nada tonta y pronto captó la insipiente mirada puesta sobre ella.
-Nami me contó la historia –se adelantó a las conclusiones de Law.
-Bien.
-Ella es la chica por la que tanto te preocupabas. Me sorprende que actúes de una manera tan relajada.
-Así son las cosas.
-Ace parece realmente muy feliz, me da mucho gusto. Desde lo de Hiro-kun las cosas habían sido complicadas para él… para ambos.
-Supongo.
-La vida es tan extraña a veces, ¿no lo crees Bepo?
-Si~.
-Como sea –dijo Law.
-Tal vez debas buscarte una novia también, Law –bromeó la chica.
-No te metas en los asuntos de otros.
-Amargado –le hizo un puchero.
Tal cual había dejado su habitación al regresar a Hokkaido terminado el semestre es como permanecían sus cosas. Ace nunca antes había estado ahí, así que le sorprendió lo un tanto extraño que era; por un lado todas esas figuras de zombis acomodadas en estantes y alguno que otro poster de series relacionas con ellos, en otras repisas había figuras de un animal en particular, al igual que en su cama y en un montículo en una esquina del cuarto, el mismo tipo de felino que cargaba en los brazos: un león.
Pero más allá de la extraña decoración hubo algo que llamó su atención en particular: las fotografías. No pudo evitar sonreír con un poco de pesar, Yashiro agachó la cabeza al darse cuenta, ¿Qué podía decirle en esos momentos? Sentimientos muy complicados gobernaban en esos instantes en los corazones de ambos. Para nada el recuentro que tenía en mente.
-Hace tiempo que no miraba una fotografía de Hiro-kun. Tengo algunas, pero las guarde después de lo que sucedió –se animó a decir el moreno mientras tomaba la más próxima a él. Cuando menos había otras cuatro más.
-Perdona, no tuve la oportunidad de arreglar la habitación –expresó triste. Ace probablemente sentía lo mismo que ella cuando lo observó en aquellas fotos, para nada quería hacerlo sentir de esa manera-. Voy a aguardarlas –le quitó el retrato de las manos.
-Dejemos al menos una ¿está bien? –Dijo muy sonriente para la total sorpresa de Shiro.
-¿Estás seguro? Es decir…
-Sí. Es alguien importante para ambos.
-De acuerdo.
-¿Puedo elegirla yo?
-Claro…
Colocó tan solo cuatro de los retratos sobre la cama, manteniendo uno sujeto contra su pecho, era una fotografía muy bonita sin duda, pero ya no más en esos instantes, no para Ace. Con calma y aun manteniendo su impecable sonrisa retiró el marco de las manos de la castaña, observando con algo de melancolía aquella foto que guardaba celosamente. En esos instantes Yashiro quería romper en llanto, pese a todo, aún era muy difícil.
-Definitivamente esta no será –dijo con un refrescante tono de humor el moreno. La mirada húmeda de Shiro pareció recuperarse ante su elocuencia.
-Lo supuse –le sonrió. A nadie le gustaría ver como alguien más besa a la persona que amas.
-¿Qué te parece esta? –le mostró una.
-Me agrada.
-Entonces, la pondremos aquí –La colocó justo frente a la cama, sobre una repisa.
-Lamento el ataque de celos que tuve hace unos instantes.
-Es normal. Descuida, sé que Nojiko lo entiende. ¿Podrás permanecer aquí sin problemas?
-Creo que si –tomó asiento en su cama.
-Quiero reponer todo lo mal que la has pasado por mi culpa –se acuclilló frente a ella-. ¿Me dejarías intentar hacerte muy muy feliz?
Las manos de Ace estaban tibias, contrarrestando el crudo invierno que reinaba en el ambiente y helaba cada fibra de su ser. Los ojos del hombre que tenía frente ella no mostraban vacilación alguna, pero la sonrisa amarga que sus labios denotaba su aflicción. No quería ver más esa expresión de culpabilidad, no cuando él había sido quien la había sacado de su doloroso pasado, aun si era él mismo quien se culpara de su sufrimiento.
…
Los días de asistir a la universidad llegaron, para algunos de sus amigos (incluido Ace) sería su último semestre, lo cual hacía un poco deprimente el inicio de clases, pero viéndole el lado bueno Luffy ya no tendría con quien andar corriendo cazando gente para pelear… o eso pensó Shiro hasta que miró como el trio monstruoso hacía de las suyas al tercer día de haber regresado; teniendo a Luffy cerca los problemas jamás se acabarían.
En el nuevo semestre solo compartía una clase con Vivi, a todas las demás debía verlas fuera de clases, pero eso no era un problema ya que astutamente habían coordinado sus horarios para al menos una vez por semana poder salir a almorzar juntas. La vida en Raftel ya tenía otro color, pero algunas de sus costumbres seguían fieles al pie de la letra.
-Esto no puede ser cierto –dijo con pánico al mirar la portada de la revista escolar.
-Vuelves a ser la protagonista junto con Ace-sama –le dijo una compañera.
-No es algo de lo que me alegre ¿sabes?
-Pero que envidia… ser la novia de Ace… -comentó con un gesto infantil.
-Creo que debo de cuidarme mucho de ahora en adelante –pensó la castaña al sentir las miradas asesinas del sequito de fans de su novio.
Más tarde ese mismo día, para culminar como una cereza en el pastel elaborado de odio femenino, Ace había ido a buscarla a clases, generando más recelo en la población. Era todo un fastidio tener que caminar por los pasillos escuchando rumores por aquí y por allá. Tal vez pronto necesitaría ir con un terapeuta para manejar tanta frustración.
Sinceramente hablando, no había pasado tanto tiempo con Ace que digamos, recapitulando: solo había estado un día con él, después regresó a Hokkaido, volvió, pasó un domingo junto a él y en lo que iba de la semana no lo había visto mucho dado que estaba ocupada organizando su nueva carga académica. No se diga de Ace quien a un paso de graduarse tenía mil cosas encima.
-Vayamos a comer juntos –le propuso el moreno.
-Lo siento, pero ya había quedado con Kaya y las chicas de ir a comer. Este día es cuando todas…
-Está bien, no importa –dijo animado.
-¿Cómo va tu proyecto?
-Pues, más o menos.
-¿Más o menos?
-Accidentalmente arruine un rollo que necesitaba, así que tendré que recuperar todo ese trabajo.
-Que mal, ¿podrás terminar a tiempo?
-Claro –le sonrió-. Entonces me voy. ¿Te veo esta noche?
-De hecho… -hizo una mueca, Ace no necesitó más para saber el resto.
-Estaré ocupado a partir de mañana con Marco y los chicos.
-No me gusta que vayas a ese tipo de cosas –desvió la vista de él.
-Lo sé y lo entiendo –acarició su mejilla-. Estaré bien.
-¿Lo prometes? –tomó su mano.
-Sí.
-¿Dando espectáculos tan temprano? –dijo alguien.
-Deja de fastidiar ¿quieres? –respondió con poco tacto el moreno.
-Thatch-sensei, buenos días.
-¿No tienes cosas mejores que hacer? –dijo Ace.
-¿Y evitar molestarte? Claro que no –le sonrió con desfachatez.
-Muy gracioso…
-Yo me tengo que ir, Nami y las chichas esperan por mí.
-Ten cuidado –le dijo Ace.
-Tú también. Llámame cuando tengas tiempo.
-Lo hare.
-Thatch-sensei, cuide bien de Ace, por favor… es un poco impulsivo.
-Cuenta conmigo.
-Oye… soy yo quien cuida tu espalda –se quejó el moreno.
-Te veo después.
Eso era todo lo que necesitaba en esos precisos momentos, un pequeño y sutil detalle de afecto, y aunque fuera egoísta decirlo; sentirse amado. Los labios sobre su mejilla, su delicada mano sobre su cuello, el aroma de su cuerpo. No había nada más.
Así una cotidiana, más no tranquila, primera semana de clases concluyó.
No había más luz diurna, la penumbra estaba consumiendo todo a su paso. No podía evitar sentirse mal consigo misma, apenas y comenzaban con su relación y poco tiempo había quedado para ellos dos. Solo habían tenido llamadas ocasionales y breves, Ace trabajaba arduamente como siempre, arriesgando todo por el hombre al que juraba lealtad absoluta. Imposible no preocuparse por su bienestar, de sentir esa inmensa preocupación y miedo horrendo al cuestionarse si volverá con bien y a salvo… ya le habían quitado a una persona valiosa por recorrer esos senderos, no soportaría perderlo a él.
Aquella mano acarició con delicadeza su mejilla, haciéndole cosquillas. Sin abrir aún los ojos tomo la mano que se paseaba por su rostro, ¿no era un sueño? ¿Era verdad? Parpadeó un par de vez para que su vista pudiera adaptarse a la poca luz, frente a ella estaba una silueta difícil de reconocer. Sin tomarse el tiempo para meditar, pronunció lo que tenía su mente ocupada en esos instantes…
-Hiro… -susurró mientras removía algunos cabellos del rostro de la persona que tenía frente a ella.
-Lo siento, no soy él –respondió quedamente. Era una fortuna que la penumbra escondiera la sonrisa amarga que enmarcaba el rostro de Ace.
Yashiro se movió bruscamente apartándose del moreno para sentarse en su misma cama, Ace quien estaba sobre el borde la misma la miró con ternura, no por ello dejaba de sentir esa extraña sensación en su pecho. No, él no era Hiro, no era el chico del que estuvo enamorada por tanto tiempo y que por su culpa había muerto.
-Perdona por venir y entrar sin avisar –se disculpó el pecoso.
-No esperaba que vinieras hoy, después de todo es sábado.
-Logre desocuparme relativamente temprano, así que quise venir a verte…
-Ya veo –musitó apenada.
-Parece que te desperté en medio de un sueño agradable.
-En realidad… era una pesadilla –dijo cabizbaja-. Gracias por despertarme.
-No pudo ser si soñabas con Hiro-kun.
-En mi sueño estaba parada frente a su tumba, él estaba ahí, viéndome… mostrándome la manera en que…
No quería escucharlo de sus labios, no otra vez, no más. Tampoco quería recordar aquella fatídica noche, esa de malas decisiones. La abrazó fuerte contra su pecho, mucho menos deseaba verla llorar. ¿Sería su amor suficientemente fuerte como para olvidar tan doloroso recuerdo? ¿Realmente podría con sus manos forjar un camino de felicidad para ella? Para Ace no existía otro culpable de la infelicidad de Shiro más que él, sin embargo, ahora tenía en sus manos la oportunidad de redimir todo aquello… al menos de intentarlo.
-No quise hacer que te sintieras mal –se aferró a un más al cuerpo de Ace-. En verdad estoy bien. Estoy feliz de que estés conmigo.
-Estaré contigo siempre que tú quieras. Incluso cuando no –acarició su cabello.
-Tengo miedo de perderte a ti también. De perder a la persona que más quiero.
-Puedo suponer que esa persona soy yo ¿verdad? –dijo con un humor más renovado.
-Tonto –alzó la vista para verlo.
-No te preocupes por mí ¿de acuerdo? Se mantenerme a salvo, además, tengo a muchas personas que cuidan mi espalda.
-¿Puedo preocuparme solo un poquito?
-Pero solo eso –le sonrió.
-Te extrañe mucho –dijo de manera infantil, tan solo para abrazarlo de nueva cuenta y hundir su rostro en el pecho del muchacho.
-Igual yo. ¿Qué te parece si mañana hacemos algo divertido? Solos tú y yo.
-¿Qué hay de tu trabajo?
-Estoy libre.
-¿Sera una cita?
-Eso supongo.
-Me parece bien.
-¿Ya estas mejor? –preguntó con sumo interés.
-Sí, gracias por preguntar.
-Bien, entonces me voy a casa.
-¿Tan rápido? –se apartó de él.
-Ya es tarde. Descansa.
-Esperare con muchas ansias el día de mañana –le sonrió.
-Duerme para que llegue aún más rápido –besó la frente de Shiro antes de levantarse.
-Buenas noches Ace.
-Hasta mañana.
Se miró frente al espejo por enésima vez, quería estar perfecta para él, después de todo era su primera cita juntos. Una vez aprobado su décimo quinto conjunto salió rumbo a la cocina para tomar algo de agua, ahí estaba su otra compañera de cuarto.
-Buenos días, Nojiko-san –saludó cordial, ella era la única a la cual entre todo el grupo agregaba un honorifico, tal vez porque se sentía un tanto intimidada.
-Buenos días Yashiro –respondió alegre-. Luces maravillosa, ¿vas a una cita? –preguntó cómo sin nada.
-Sí, o algo así –confesó con pena, era incomodo hablar sobre el tema con ella.
-Siéntate ahí –señaló la silla la mayor. Yashiro acató la orden de inmediato-. Arreglare tu cabello un poco. Hay que verse más que perfectas –le dijo mientras tomaba entre sus manos las castañas mechas de su compañera.
-Gr-gracias, no tienes por qué molestarte en hacerlo.
-No pasa nada. Siempre es importante la ayuda femenina.
-Nojiko es una mujer muy amable, madura y de buenos sentimientos, no debería de sentirme así –pensó Shiro.
-¿Y a donde irán?
-No lo hemos decidido todavía.
-Abríguense bien, hace un poco de frio, no vayan a resfriarse –sugirió.
-Claro…
Nojiko siguió acomodando el cabello de Shiro, revisando meticulosamente que la elección de peinado fuera la mejor para ella, parecía contenta haciendo ese tipo de cosas. Yashiro por otro lado estaba un poco nerviosa, tenía una pregunta en mente, una que le rondaba en la cabeza desde hacía algún tiempo. Tenía que animarse a decírselo.
-Nojiko-san –la llamó Shiro un tanto seria.
-Dime –ella estaba a las espaldas de la ojivioleta.
-¿Fue doloroso para ti cuando… Ace y tu terminaron? –Al final lanzó la pregunta, después de todo, Ace la había dejado por haberse enamorado de ella… pero eso era algo que Nojiko no sabía.
-Un poco, si –respondió con sinceridad-. Pero seguimos siendo excelentes amigos, así que no hay problema alguno.
-No cualquiera aceptaría algo así, te admiro por eso.
-Vamos, no es la gran cosa. No se puede tener un hombre que se ha enamorado de otra persona.
Esa revelación tomó por sorpresa a Shiro, ya que el mismo Ace había dicho que él nunca reveló el verdadero motivo por el cual había terminado con ella, ¿eso quería decir que Nojiko conocía todos los acontecimientos cómo sucedieron?
-¿Ace te lo dijo? –No le quedó más opción que afrontar el hecho.
-No. Pero no necesita ser un genio para darse cuenta. Disculpa si te ofende, pero, conozco muy bien a Ace como para no percatarme de la situación.
-Es difícil de imaginar, ustedes lucían muy enamorados –dijo con pesar.
-Los hechos superan las apariencias.
-Aun así.
-¿Por qué estamos hablando de eso? Ya no importa. Somos amigos y nada más existe fuera de eso. Así que no te preocupes.
-Ha, no era esa mi intención –se disculpó apenada.
-Quedaste estupenda, anda, dejémonos de cosas tristes –la hizo levantarse.
-Supongo que llamaré a Ace…
-Diviértanse mucho.
Yashiro se quedó en la sala esperando al pecoso, la plática con Nojiko le daba vueltas en la cabeza, no podía evitar sentirse tonta al respecto, ella dudando de la bondad de Nojiko y al final resultó ser una gran persona.
El sonido de la puerta anunció un visitante, con nervios se levantó para salir.
-Buen día Ace –saludó amablemente.
-Ha… -gesticuló ridículamente como si hubiera olvidado como hablar.
-Te estuve llamando por teléfono hace unos segundos pero nunca atendiste, ¿lo has roto de nuevo?
-Lo olvide en casa –respondió con inquietud. Yashiro no tardó en percatarse de su nerviosismo, lo cual la hizo sentir de la misma manera.
-¿Nos vamos?
-¿Qué rayos me pasa? –Pensó- S-sí, vamos.
Ambos subieron al elegante deportivo rojo perteneciente al moreno, Ace echó andar el carro, avanzaron un poco y ninguno parecía querer decir algo. Por el rabillo del ojo el moreno observaba lo aún más hermosa que estaba su novia ese día; llevaba el cabello semi recogido, usaba un vestido blanco a la rodilla, botas marrón y una capa a la cintura a juego con su calzado. Inevitablemente y para su sorpresa eso lo cohibía muchísimo, Yashiro era envidiablemente bella.
-¿Sucede algo malo? –Preguntó con aire de tristeza la castaña al notar la poca emotividad de él.
-Todo lo contario.
-¿Entonces?
-Es solo que –sintió como ridículamente sus mejillas comenzaban a denotar sus emociones.
-¿Solo qué?
-Tenía pensado ir a un lugar, pero ya no quiero.
-¿Por qué no?
-No quiero que alguien más te vea –reveló en un gesto infantil de su parte.
-Esa es una respuesta muy boba –se rió de él.
-Claro que no –defendió su punto-, no digo que normalmente no te veas ben, pero hoy… te ves más linda que de costumbre.
-Gracias –dijo apenada.
-Y sé que te molestaras si empiezo a pelear, por que inevitablemente lo haré si alguien comienza a observarte detenidamente.
-Solo buscas excusas para pelear ¿no es así?
-Las estoy tratando de evitar en esta ocasión.
-Entonces, ¿A dónde planeas ir?
-Ya verás…
¿Quería un lugar solo? Pues que mejor aprovechando las temperaturas bajas de enero para visitar la playa. El viento soplaba una brisa gélida pero soportable. Ambos caminaron tomados de la mano hasta la orilla, con el único propósito de escuchar las olas marinas romper.
Ace sonrió complacido, tenía todo lo que deseaba a su alcance y no iba a permitirse que se le escapara de las manos. Acarició su mejilla y poco a poco fue acortando la distancia entre ambos, esperando complacer a sus labios que pedían a gritos rozar los de su amada.
Justo en el instante en que imperceptiblemente tuvieron contacto, el teléfono celular de Shiro comenzó a sonar, ambos sonrieron para el otro.
-Es Luffy –dijo Yashiro al revisar la llamada.
-Qué raro.
-Hola –contestó shiro.
-¡Ace! –Gritó escandalosamente- ¡Dime en donde esta…
-Creo que es para ti –le pasó el teléfono sin escuchar del todo al otro moreno.
-¿Qué sucede Luffy?
-¡No lo encuentro por ningún lado! ¿Dónde está el videojuego que usamos anoche? –dijo desesperadamente.
-Creo que lo miré sobre la repisa que está en la sala…
-¡Oh, gracias!
-De na… -no terminó de decir cuando su pequeño hermano ya había colgado.
-El D. menor es todo un caso serio.
-Olvídalo. Estábamos en una parte importante…
Volvió a tomarla con delicadeza, realmente no soportaba más un segundo sin degustar el sabor de su boca, y justo cuando comenzaba recién a disfrutar del placer de esta, el maldito teléfono en sus manos volvió a sonar… se trataba de Luffy, otra vez.
-¿Qué? –dijo con fastidio el moreno, no podía enojarse con su hermanito, pero ya le había arruinado el momento dos veces.
-Nada, solo quería decirte que ya lo encontré –informó de lo más feliz.
-Me alegro por ti.
-Nos vemos Ace.
-Adiós.
-Eso te pasa por ser el hermano mayor –rió Shiro.
-De hecho establecimos que Sabo era el mayor… pero esa es otra historia.
-Ya veo.
-¿Qué te parece si apago esto? Después de todo dije: solos tú y yo.
-Me agrada la idea.
-Cambiando de tema, ¿tienes problemas en clases? –indagó muy curioso pese a que sabía la respuesta a ello. Dejaría lo del beso para otro momento.
-Algo… ¿Quién te lo dijo?
-El mundo es pequeño –se encogió de hombros.
-Mentiroso…
-Te lo dije una vez, si no es lo que te gusta es mejor que lo dejes o vivirás frustrada.
-Es complicado para mí, papá se desilusionaría mucho si lo dejo.
-Puedo pagar tu escuela si él no quiere apoyarte –dijo como sin nada.
-¡Claro que no! –Gritó ofuscada- ¿cómo se te ocurre? No permitiría eso nunca.
-¿Por qué? –Frunció el ceño-. Sabes que el dinero no es problema alguno.
-No es precisamente eso, si no que…
-¿Te da pena que lo haga?
-Abuso de confianza –dijo entre su puchero de vergüenza.
-Sabes que haría cualquier cosa por ti.
-¿Eso incluye ser amigo nuevamente de Law? –Desvió la plática de manera bromista. La cara de fastidio de Ace señalaba sin palaras la respuesta.
-Podría pensarlo –confesó para la total sorpresa de la castaña.
-¿En verdad? -dijo con mucha ilusión.
-Suficiente… no quiero hablar de ese sujeto.
-Vayamos a caminar entonces –lo tomó de la mano. Ace sonrió asintiendo a su petición.
El nulo reparo en considerar su estómago al momento de optar por dirigirse a la playa lo hizo regresar al poco tiempo a la ciudad. Fue un recorrido de sol a sombra, de norte a sur, de este a oste. Desde la calle Tyuodori para degustar de un buen plato de comida, hasta el gran castillo de Osaka, pasando por centro Umeda Chika a curiosear un poco, lo cual los llevó hasta el Parque Tennoji para visitar su zoológico y para culminar un perfecto día romántico nada más y nada menos que pasear en la inmensa noria de Tempozan, disfrutando de un atardecer muy bello.
Fue un completo día inolvidable para ambos, hacía mucho tiempo ninguno se había dado la libertad de experimentar de nueva cuenta aquellas extrañas emociones al estar en compañía de una pareja sentimental. Tenía que admitir que sentía aires de grandeza por ser la novia del asediado Portgas D. Ace y a pesar de que sabía que muchas de las miradas que recibía eran de mera envidia, no le importaba, por que consiente estaba que muchas de ellas las tendría mientras durara, así que solo quedaba inflar el pecho de orgullo por ser la elegida entre tantas.
-Estoy súper exhausta –estiró el cuerpo Shiro al salir del auto.
-Fuimos a muchos lugares. Luffy de seguro me reclamara por no llevarlo al zoológico –comentó el moreno mientras abría la reja de la entrada del patio de su casa.
-Pero le hemos traído recuerdos, le gustaran.
-No conoces a Luffy.
Por unos breves instantes el mundo era color rosa completamente, lejos de preocupación, de peleas, malos entendidos, sufrimiento y basura; si, tan solo un instante bastaba para echar todo abajo: una mirada y una sola palabra.
Al escuchar el carro estacionarse frente a su casa, los dos hermanos de Ace salieron de inmediato, él los conocía tan perfectamente bien que en fracción de segundos se percató de que algo sucedía, en sus rostros podía ver la preocupación andando.
-¿Qué sucede? –Los cuestionó enseguida con igual de preocupación. Yashiro se mantuvo a su lado sin saber que pasaba.
-Ace –habló sabo-. Tratamos de comunicarnos con ustedes pero no lo conseguimos, te buscamos pero no tampoco logramos encontrarte, lo siento en verdad.
-Me estas asustando, Sabo –dijo Shiro.
-Roger llamó –La inusual seriedad de Luffy indicaba que algo pasaba, pues si hubiera sido una llamada ocasional como las que él solía hacer estaría burlándose.
-¿Qué dijo?
-Tómalo con calma ¿sí? –sugirió el rubio.
-¡Dímelo ya! –Gritó con desesperación el pecoso, su corazón estaba acelerado, tan solo esperaba que no fuera lo que se temía.
-Rouge esta grave en el hospital –le reveló Sabo con todo el tacto que pudo, porque sabía bien lo importante que era la mujer para su hermano.
Ace no dijo anda por unos momentos, todos quedaron en silencio ante las palabras del rubio. Los nudillos de Portgas se tornaron blancos de la fuerza que empleaba para apuñar sus manos. Pareció murmurar algo y salió deprisa a dentro de su casa.
-¡Ace! ¡Espera! –Le gritó Luffy, estaba muy preocupado por él, temía que fuera a descontrolarse en esa situación.
-¿Qué vas a hacer? –Lo cuestionó Sabo, los otros dos también siguieron el rumbo de Hiken.
-Ir a Tokyo, obviamente –tomó su celular y comenzó a marcar.
-Es lo más lógico –dijo su hermano mayor entre un suspiro.
-Vista, necesito que preparen un vuelo a Tokyo de inmediato –comenzó a realizar sus movimientos, mientras hablaba se alejó de sus hermanos y Shiro.
-Esto es terrible –musitó Yashiro en completo desanimo.
-Deberías… deberías acompañarlo –le dijo Sabo.
-Tal vez sea más una molestia para él.
-Conoces la historia de Ace ¿no?
-Algo…
-Entonces debes de saber que tendrá que verlo aunque no quiera, la situación lo amerita –Hablo en completa seriedad mientras veía como su hermano preparaba una maleta de lo más express.
-¿Roger?
-¡Yo iré contigo, Ace! –Se acercó Luffy a donde él, adelantándose a las propuestas de su hermano.
-No te preocupes, estaré bien –le sonrió el pecoso, pero esa sonrisa distaba mucho de ser la ocasional alegre del muchacho.
-Creo que no deberías ir solo. Deja que Yashiro te acompañe –le dijo Sabo.
-Solo si tú quieres… -Shiro lo miró con suma compasión, debía estar sufriendo mucho, lo sabía porque ella había estado en una situación similar.
-Ace… -Lo llamó el moreno menor con preocupación.
-De acuerdo –cedió.
¿Por qué las cosas habían dado ese giro tan repentino? ¿A caso era que toda la felicidad que había experimentado solo era para soportar tan amarga noticia? Si existía una sola cosa en el universo que temiera perder para siempre esa era a la mujer que le dio la vida. Los recuerdos de una madre amorosa en sus primeros años de vida llegaron a su mente, no compartían techo desde muchísimo tiempo; sin embargo, los momentos en que estuvieron juntos como familia no los olvidaba jamás.
Los besos antes de dormir, las canciones de cuna, el obento por la mañana, las palabras de amor y de consuelo, todo venía como una oleada de punzantes recuerdos, que más que confortarlo lo hacían sentirse aún más miserable. Tantos años lejos de ella, tanto tiempo echado a la basura por una sola decisión; una que él no había tomado pero que lo orilló a tener que hacerse a un lado de tan maravillosa mujer.
Portgas D. Rouge no podía morir, no debía hacerlo…
