¡Hola!

Les traigo el siguiente capítulo (con un título feo por que no se me ocurrió uno mejor)… no tengo mucho que contarles salvo que vivo para hacer las prácticas y después de dos meses ya no me duermo en las tardes jajaja.

Como siempre muchas gracias por todos sus comentarios, los lectores anónimos y así toda clase de gente bien linda que visita el fic. Un gomu gomu no gigant kiss para ustedes :***

Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra de la mente (con ayuda de material xxx) de Oda-chin.


Nueva Vida

La felicidad no consiste en tenerlo todo

-Ace, llegamos.

Abrió los ojos sin estar plenamente consciente o seguro de las palabras que había escuchado, parpadeó unos segundo, suspiró, tratando de alejar el cumulo de estrés que estaba concentrándose en su espalda.

Una mujer de largos cabellos azulados y mirada segura los esperaba al lado de un lujoso automóvil blanco, que dada la situación, Shiro podía intuir que se trataba de una amiga –socia- de Ace. Aun con sus brazos cruzados le sonrió al pecoso, sin interés pero con cortesía, lo mismo hizo para su acompañante antes de que ingresaran todos al que sería su transporte.

-Te lo agradezco Whitey Bay –comentó Ace con reparo.

-No pasa nada, es un favor por otro –se cruzó de piernas para observar aún mejor a la pareja que tenía al frente suyo. Ace no tardó en descifrar su postura.

-Ella es Yashiro, mi novia.

-Mucho gusto –dijo Shiro agachando la cabeza.

-Igualmente. Ya había escuchado el rumor –expresó bufona.

-Thatch, ¿estoy en lo correcto? –Quiso saber el moreno.

-Bramenko, de hecho.

-No lo hubiera pensado.

-Trabajé con Hiro en una ocasión, era un buen chico –miró a Yashiro.

-¿Aquí no hay privacidad? –dijo con humor, sus dos acompañantes sonrieron, después de todo ya no era un secreto.

Aquel gesto de felicidad distaba en gran medida a los sentimientos que gobernaban en su interior en aquellos instantes. Los pocos recuerdos que mantenía de su vida en Tokyo lo torturaban, no por que hubieran sido los peores o realmente malos, sino todo lo contrario, lo que hacía un enorme desajuste de emociones.

El golpe de realidad nubló su vista el observar el gran edificio del hospital. Inconscientemente apretó sus manos contra sus rodillas, tragándose el nudo en su garganta. Whitey Bay los dejó justo en la entrada, no podía dudar o cuestionarse el hecho de que su padre estaría allí, así que sin miramientos y con paso firme ingresó.

El silencio era doloroso para Bellany, significaba que Ace no tenía suficiente confianza en ella como para contarle de sus sentimientos por Roger más allá de lo que todos sus allegados sabían. Comprendía que no estaba ahí para cuestionarlo, estaba parada junto a él para ser su apoyo cuando realmente necesitara hablar… fuese en esos momentos, al día siguiente o nunca.

-¿Puedes esperar afuera por unos momentos? –Dijo Ace mientras contemplaba la que era la habitación donde se encontraba su madre.

-Como gustes, ¿estás bien? –Preguntó con preocupación.

-Claro –le dedicó una falsa sonrisa, una de la cual Yashiro se percató de inmediato.

-Todo estará bien –terminó por decir después de besar la mejilla de Ace y retirarse.

No encontraba las palabras existentes para describir el momento, era la mezcla de tres sentimientos; odio, amor y tristeza. Era un cuadro que hacía mucho tiempo no veía, la persona junto a la cama también parecía cavilar ante la sorpresa y pese a todo el sufrimiento que probablemente estaba sintiendo, la felicidad inundaba su corazón en esos momentos… una que sabía de antemano que no era correspondida.

Los dos pares de ojos negros se encontraron, ningún cedió por un segundo, más de quince años sin verle la cara, era doloroso, mucho. Roger separó sus labios en un intento para decir algo, pero nada pareció salir de su boca, solo mantuvo su esplendorosa sonrisa bajo el gran bigote negro, Ace se mordió el labio inferior en señal de su frustración.

Desvió su vista a la mujer que dormía sobre la cama y avanzó hasta colocarse a su lado, contrarió a donde estaba su padre. Con decoro acarició el dorso de su mano, tenía ganas de llorar como un niño, como aquella vez cuando Sabo había sufrido su terrible accidente y pensaron que iba a morir, esa clase de sentimiento era el que tenía, pero a diferencia de antes ahora era todo un hombre; no uno frio, pero si uno que no lloraba fácilmente.

-¿Cómo está? –Preguntó monótono, no porque no le importara su estado de salud, sino porque la pregunta era dirigida hacia su padre.

-Un poco mejor, al menos eso dijo el doctor hace unas horas –respondió Roger tranquilamente.

-Es fuerte, saldrá adelante –afirmó al ver el respirador que le ayudaba a mantenerse estable.

-Me da gusto que estés aquí, hijo.

"Hijo", la palabra oscureció la mirada de Ace, aunque no quisiera reconocerlo eso era… al menos biológicamente hablando. Si hubiera sido ese otro lugar, otro momento, no habría dudado ni un segundo en renegarle al respecto, en alegar que no tenía derecho alguno de reclamar algo que no merecía, pero estando al lado de su madre le era imposible.

-Quiero estar un rato con ella, ¿puedes dejarme solo? –pidió con toda la tranquilidad que en esos momentos pudo reunir.

-Bien –se puso de pie y avanzó hasta la puerta, antes de salir volvió a mirar a su muchacho.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? Ace había crecido muchísimo, y si bien mantenía algunas facciones infantiles podía ver a través de ellas para darse cuenta que ya no era aquel niño que debía proteger. Detrás de la sonrisa que Roger mantenía al dejar atrás la habitación de su esposa se escondía una amargura, esa que siempre lo perseguía desde aquel fatídico día.

Alzó la vista para observar una mujer recargada contra la pared. Sus ojos se abrieron como dos platos, se ajustó el saco guinda que llevaba puesto y negó con la cabeza sonriendo divertidamente. No podía estar equivocado, por que aquella chica de cabellos castaños y ojos violeta era la viva imagen de su difunta amiga. Recordó viejas conversaciones que le hicieron ensanchar aún más la curvatura de sus labios… pobre Shiki, pero así eran las cosas.

Las mejillas de Yashiro se colorearon de un bonito color cereza al sentirse observada por el gran hombre de bigote negro, no existía duda en que aquel era nada más y nada menos que el tan famoso Gol D. Roger, el padre de Ace. No sabía que decir o hacer cuando observó que se dirigía hacia ella, ¿acaso Ace le había comentado que estaba esperándolo ahí afuera?

-Hola. Tú debes ser Yashiro-chan ¿o me equivoco? –Cuestionó Roger muy animado, conmocionando a la chica al frente suyo.

-Si –dijo perpleja- ¿Ace le habló sobre mí?

-Para nada –sonrió y le dio algunas palmadas en la cabeza amistosamente-. Eres igual a Nanami-chan.

-¿Usted conoció a mi madre? Supongo, ya que también conoce a mi padre –se auto respondió al instante, en breves segundos se percató de que tenía un problema…

-Kinjishi Shiki, si –se echó a reír.

-Sabe quién soy, eso significa que Ace puede también saberlo si se lo dice, maldición, ¿por qué nunca pensé en que me reconocería? –Se dijo a si misma desconsolada.

-¿Estas bien?

-Es solo que… no esperaba que supiera quien soy.

-Nos vimos una vez hace algunos años, pero no creo que me recuerdes.

-Debió ser en Kyoto, imagino.

-Exactamente.

-Y… ¿cómo se encuentra su esposa? –Le preguntó con mucha pena.

-Un poco mejor, es una mujer fuerte, sé que saldrá adelante.

-Confió en que así será. Tuve el placer de conocerla hace algunos meses, es una persona muy linda.

-Lo sé, Rouge estaba muy feliz por eso, me dijo que había tenido un encuentro con la hija de Nanami-chan.

-¿También se conocían?

-Eran muy buenas amigas.

-Que sorpresa tan más agradable, no tenía ni la más mínima idea.

-¿Tu y Ace son novios? –Preguntó curioso, cohibiendo a Shiro.

-Si –afirmó tímidamente. Roger lanzó una gran carcajada.

-Apuesto que a Shiki no le hace nada de gracia.

-Sobre eso –se frotó las manos con nerviosismo-. Papá no sabe nada aún y me gustaría mantenerlo en secreto de momento, para papá y Ace.

Las palabras de Yashiro tomaron por sorpresa a Roger, caviló unos segundos ante las posibles razones, sin embargo, cuales fueran no eran de su incumbencia.

-De acuerdo.

-Gracias –suspiró aliviada.

-Ace posiblemente se tome un tiempo allá dentro, ¿quieres comer algo?

-Bueno, no lo sé… -musitó.

Poco o nada le importó los murmuros de la castaña al gran Gol D. puesto que la tomó del brazo y se la llevó consigo a regañadientes. Ace ya estaba enojado con él, otro poco no haría la diferencia.

Estaba serio de muerte, ni se diga que su cara obviamente denotaba a sus anchas lo molesto que estaba por haberlos encontrados juntos, Yashiro trató de explicarle pero simplemente él no quiso oír nada al respecto, autoritariamente la tomó del brazo y se la llevó de la presencia de su padre. Ambos estaban fuera del edificio, esperando a que algún subordinado de Whitey Bay llegara por ellos.

-¿Estás muy molesto? –Preguntó con miedo la castaña.

-Debí golpearlo cuando pude –murmuró entre dientes.

-No estaba haciendo algo malo, solo amablemente me invitó a…

-¡No quiero que te relaciones con él! –Gritó de manera descolocada, eso asustó a Yashiro ¿era el mismo Ace de siempre quien tenía al lado?

-Entiendo –dijo cabizbaja y con notoria tristeza.

La propiedad de Whitey Bay era grande, no esperaba menos para alguien relacionada con el mundo al que tanto temor infundía en Shiro. La gran casona blanca de estilo escandinavo se realzaba entre la naturaleza de las inmediaciones, tenía un aire familiar y acogedor, al menos no parecía toda una casa mafiosa.

-Disculpa por no dejarte quedar en la casa principal –Habló Whitey Bay al momento de verlos bajar del coche.

-Aquí está bien, tampoco tenías por que ofrecérmela completa –respondió Ace.

-Es muy bonita –comentó Shiro.

-Pasen –ofreció la peli azul con un ademan.

-En realidad solo vine a dejar a Yashiro, yo regresaré al hospital.

-¿Qué? – recriminó la castaña.

-No quiero tenerte ahí el resto del día, volveré tarde así que no te molestes en esperar.

-Se supone que vine para estar contigo…

-Ayúdame quedándote aquí, estaré más tranquilo.

-Pero…

-Ya, haz lo que te dice –se metió Whitey Bay ante la negativa de Yashiro.

Los ojos de Shiro poco a poco se fueron humedeciendo, nublándole la vista, quería luchar contra el impulso de llorar, conteniendo la horrible sensación de su garganta; Ace lo notó. Estaba siendo injusto, tal vez hasta un poco impulsivo como de costumbre, pero le costaba tomar cordura en presencia de ese hombre, así que para evitar nuevos números era mejor tenerla lejos hasta que pudiera acostumbrarse a estar en presencia de Roger. Le dedicó un cálido abrazo que Hiro-chan correspondió al acto, Ace besó su cabeza y la miró a los ojos.

-Perdona por molestarme –musitó pegando su frente a la de ella, poco le importaba que tuvieran espectadores.

-No quiero ser una carga…

-No lo eres, es solo que… dame un poco de tiempo para procesar todo lo que pasa.

-¿Estarás bien?

-Sí, descuida –besó su frente.

-¿Habitaciones separadas o junta? –Volvió a interrumpir humorísticamente Bay al ver la escena romántica.

-Junta –dijo Ace con una impecable sonrisa.

-¡Separada! –Gritó ofuscada la castaña. La otra mujer se echó a reír.

-Que sea como guste –se refirió el moreno a Shiro- Ya me marcho.

-Ten cuidado y no armes mucho alboroto.

-Lo intentaré.

Otro rostro familiar por los pasillos del hospital, ¿hacía ya cuánto tiempo? Las canas ya invadían aquel cabello que había decidido dejar crecer, al igual que con la peculiar barba de la misma tonalidad blancuzca. Al ver al moreno sonrió amistosamente, se ajustó las gafas y aguardó su llegada.

-Rayleigh –San –saludó cordialmente Ace-. Ha pasado mucho tiempo.

-Ni que lo digas muchacho, un gusto tenerte de vuelta.

-No diría precisamente "de vuelta", al menos no de la manera en que ellos lo desean –se encogió de hombros.

-Al menos estás aquí.

-Gracias por velar por mi madre.

-No agradezcas por cosas como esas.

Ace pareció prestar atención a uno de sus bolcillos, se trataba de una llamada, específicamente una de sus hermanos; con tantos apuros había olvidado llamarles de vuelta para que supieran que estaba bien.

-Disculpa Rayleigh –dijo antes de contestar-. Luffy…

-¡Ace!¡Tonto!¡¿Por qué no has llamado? Todo este tiempo preguntándome si estas b…. –Los quejidos infantiles de Luffy poco a poco se fueron alejando.

-¿Cómo estás? –Preguntó esta vez Sabo, mucho más relajado que el moreno menor.

-Mamá parece estable en su recuperación y eso es lo que cuenta.

-¡Sabo! ¡Yo también quiero hablar con Ace! –Se escuchaba al impetuoso D. al otro lado de la línea.

-Tranquilo, en un momento te lo paso ¿de acuerdo?

-Perdona por preocuparlos, pero les aseguro que todo está bien…

-Tómalo con calma –Sugirió el rubio, aún a kilómetros podría notar lo dificil que era para Ace mantener todo bajo control estado cerca de Roger.

-¡Sabo! –Gritó exasperadamente Luffy.

-Está bien, está bien, toma –le dio el teléfono, la risa de Ace emergió desde la bocina, esos dos siempre sabían cómo hacerlo sentir mejor.

-¿Qué sucede Luffy? Ya dije que estoy bien…

-Ne, Ace… ¿ya viste a Roger? ¿Sigue siendo igual de genial que siempre? –Preguntó con desbordante ilusión, Ace no podía culparlo, siempre había sido un gran fan de su padre, pero no por ello iba a tolerar esa clase de preguntas en esos precisos momentos.

-Luffy –pronunció con seriedad. Adiós a la sonrisa que le había sacado antes.

-¿Qué? –Preguntó distraídamente, Ace suspiró profundamente, si no hubiera sido él ya lo hubiera matado vía telefónica… aunque fuera físicamente imposible.

-Rayleigh-san está aquí conmigo ¿quieres hablar con él? –Volteó en dirección al nombrado, quien arqueó la ceja ante la inusual propuesta.

-¡Rayleigh-osan! ¡Claro!

-Te lo encargo por unos momentos –le extendió Ace el teléfono al hombre. Ray gesticuló en su rostro algo que podía interpretarse como un "ya que".

-Si... –tomó el móvil- ¿Luffy-kun?

Durante el tiempo que Ace se mantuvo en vela por su madre el doctor le había dado detalle sobre la historia clínica de Rouge. Sabía de antemano que ella tenía una condición débil desde siempre, mucho antes incluso de conocer a Roger; se trataba de una extraña enfermedad que poco a poco iba desgastando su cuerpo. Las complicaciones se habían puesto al tope cuando ella y Roger decidieron convertirse en padres, pero después de meses de arduas dificultades vieron el fruto de su amor y esfuerzo: Ace.

Pese a ello, la felicidad no duró tanto como ambos hubieran deseado. Tras el consecuente parto, Rouge presentó serias complicaciones que la obligaban a mantenerse en reposo total, así que los cuidados del pequeño Ace recayeron mayormente en su padre, al menos hasta el año y medio de nacido. Una vez recuperada, como toda madre amorosa, Rouge con gran devoción dedicó las veinticuatro horas del día en su bebe, uno que al paso del tiempo fue tornándose en un niño demasiado inquieto y deseoso por ir más allá.

El ímpetu del joven heredero, Gol D. Ace, era más de lo que Rouge podía soportar, claro que a ella no le molestaba en lo absoluto que su hijo fuera tan despierto y vivaz, pero para su condición, cuidar de un niño así era más que agotador. Roger por otro lado estaba en los momentos más envolventes de su trabajo, dejándole escaso tiempo para dedicárselo a su familia, después de todo debía poner en orden todo lo que había dejado en el tiempo que dedicó en el cuidado de su esposa e hijo. Era obvio para él que alguien tan despierto como Ace no tardó en hacerlo a un lado, es decir, no estaba para él cuando posiblemente necesitaba de "un padre", cuando estaba creando sus primeras memorias a conciencia haciendo uso de razón.

Pero la cosa no estalló hasta aquel horrible día donde no hubo más remedio, donde decidieron que el futuro de su hijo no sería, de momento, cerca de ellos. Enviaron a Ace lejos, por su bien. Él sin entenderlo, ellos con un gran pesar.

En ese lugar conoció a dos niños, unos que se encontraban en su misma situación, estaban los tres ahí sin saber por qué; Ace y Sabo recién cumplidos los seis años y el pequeño Luffy de tan solo tres. Ace sabía que de no haber sido por aquellos dos muchachos muy de seguro habría ido por un camino aun peor. Le había costado aceptar a Luffy en un principio por ser el menor y tener una actitud tan terriblemente optimista y despreocupada, pero al final, junto a Sabo, terminaron por convertirse en grandes amigos, más que ello: hermanos.

El contacto físico de aquella robusta mano contra su hombro logró despertarlo de su letargo, de las memorias pasajeras que en sueños habían sido atraídas a él. Miró con desagrado a la persona que había osado en tocarlo, el hombre de gran bigote negro sabía a la perfección el significado de la mirada proveniente de hijo; no se inmutó ante el desasosiego y habló.

-Es tarde, ve a descansar, yo me quedaré con tu madre –Lo animó Roger, su rostro no dejaba mentir sobre su fatiga, más que física, emocional.

Ace miró la hora, cerca de las dos de la mañana. Gruñó por debajo y salió de la habitación después de amorosamente depositar un beso en la mejilla de su madre, no sin antes advertirle a Roger que estaría ahí a primera hora del día.

Levantó la copa de vino y dio un sorbo mientras acomodaba las piezas de todo lo que su compañero le estaba diciendo, no estaba convencido al igual que él de que las cosas resultarían beneficiosas para ambos. La irrelevancia del acto cómicamente se convirtió en una encrucijada para sus futuros negocios.

-¿Qué haremos entonces? –Quiso saber Marshall D. Teach ante su predicamento.

-Obviamente si la matamos los resultados serán los mismos que ahora –advirtió su socio Capone Bage.

-No es más que un problema, siempre ese sujeto metiéndose donde no debe.

-Admite que por eso lo quieres en tu bando. Portgas D. Ace no es cualquier cosa.

-¿De qué me sirve cargarme a tantos de sus hombres si al final se nos viene un monstruo mucho peor?

-Puede que sea una estrategia de Shirohige para asustarnos –reflexionó tras cruzarse de piernas.

-No. El viejo no hace ese tipo de cosas.

-Tracemos un plan cuidadosamente. Mantengamos vigilada a la chica y decidamos que hacer después –propuso Gang.

-He escuchado muchas cosas sobre Kinjishi Shiki, me pregunto ¿Qué tanto de eso será verdad?

-No queras una alianza entre Edward Newgate, Gol D. Roger y Kinjishi Shiki ¿no es cierto? –dijo irritado- suficientes problemas tenemos con los primeros dos.

-Eso me hace recordar a un cuarto que posiblemente podamos usar a nuestro favor –sonrió con malicia Teach.

-Parece interesante, cuéntame un poco…

Apenas y había logrado dormir unas cuantas horas, pero el sueño y el cansancio pasaban a segundo plano tratándose de la situación, no podía pensar en conciliar el sueño cuando su madre estaba en tan penoso estado.

Roger se marchó al ver llegar a su hijo en compañía de Shiro, era mejor así, evitar dramas innecesarios ante personas ajenas a su problemática. Era sorprendente como los modales de Ace pasaban de largo tratándose de Roger, simplemente era una persona distinta en su presencia.

Las horas pasaban con lentitud en aquella habitación, que aunque estuviera llena de arreglos florales no quitaba el desolado ambiente.

De pronto, un movimiento repentino, un sobresalto por parte de Ace; al fin estaba reaccionando. Los dedos blancos de Rouge comenzaron a cobrar vida, tratando de apuñar su mano. Sus ojos marrones observaron inquietantes el entorno, estaba desubicada, pero ya había pasado muchas veces por ese tipo de situaciones así que mantuvo compostura.

-Avisaré al doctor –Dijo Yashiro para Ace mientras corría a buscarlo.

-Mamá, soy Ace, ¿estás bien? –Preguntó amorosamente el moreno mientras tomaba su mano.

-Hijo –pronunció débilmente.

-Me alegra que hayas despertado.

-¡Rouge! –Exclamó su esposo sobre el marco de la puerta, estaba que no lo creía.

-Me hace muy feliz –dijo con una sonrisa a penas notoria al ver a los dos hombres a su lado. Había despertado de una pesadilla para encontrar una realidad insuperable.

Ace no pudo evitar sentir pena por ello, es decir, estaban los tres ahí, como ella siempre lo había deseado… pero era simplemente eso, estar juntos físicamente, por que por mucho que fuera el deseo de su madre no podía lidiar con la presencia de Roger.

El doctor llegó, Rouge pudo divisar entre los tres hombres que la rodeaban a la chica que se encontraba debajo del arco de la entrada, sonrió también para ella. Los ojos de Yashiro se fueron nublando poco a poco y antes de que fuera a romper en llanto salió del cuarto.

No podía evitar derramar todas esas lágrimas, unas que eran extrañamente de felicidad y tristeza, estaba muy contenta de que por fin la madre de Ace hubiera despertado, pero ese sentimiento de bienestar le recordaba su profunda desesperación cuando su familia no corrió con la misma suerte y tuvo que enfrentarse a la muerte de su madre. Sus manos intentaban desesperadamente limpiar los vestigios de su llanto, pero era imposible, aquellas lágrimas seguían fluyendo de sus ojos.

La calidez de los fuertes brazos que la rodeaban lograron confortarla un poco, sollozaba entrecortadamente mientras correspondía a tan gentil acto. Ace suspiró contra la melena castaña de Shiro, había pensado solamente en él todo ese tiempo.

-Lo lamento, olvide lo de tu madre –susurró apenas audiblemente. Hiro negó con la cabeza.

-Me da mucho gusto que Rouge-San haya despertado –dijo tras controlarse unos instantes.

-Fui muy egoísta.

-No te disculpes, es lo normal –le sonrió, sus ojos ya estaban un poco inflamados.

-Realmente me siento muy tranquilo de saber que estaba a salvo de momento. Pero no debí olvidarme de tu dolor, debe ser duro.

-Tan solo fueron algunos recuerdos, nada que no haya superado.

-Gracias Yashiro –la abrazó a un más contra él.

-¿Qué ha dicho el doctor?

-Necesitan monitorearla un poco más, pero al parecer se encuentra bien.

-Es muy buena noticia.

-Con seguridad querrá irse en cuanto antes, es muy testaruda y no odia los hospitales –Le comentó el pecoso mientras removía los restos de lágrimas del rostro de Shiro.

-No se lo permitirán… ¿o sí?

-Tiene un buen doctor en casa y todos los cuidados necesarios, además –hizo una mueca de fastidio-… Roger es influyente.

-Eso significa que iras…

-Tendré que ir a casa –dijo en un suspiro.

Efectivamente, tal cual había predicho, un día y medio después de que Rouge despertara la trasladaron a las comodidades de su residencia. Con ello implicaba un asunto poco grato para Hiken, más allá de su inconformidad por que dejara el hospital.

Aunque la situación no era la mejor de todas, era una oportunidad que no se presentaría jamás –o al menos de que pasara de nuevo lo mismo, por lo cual la madre de Ace imploró a su hijo el quedarse en casa con ellos, y tras renegar cientos de veces, no pudo más que ceder ante los deseos de Rouge.

Era un dolor de cabeza escuchar la misma expresión proveniente de todos los sirvientes de la casa, una que por cierto no era tan majestuosa y despampanante como alguien de la categoría de Gol D. Roger pudiera costear, eso era tal vez de las contadas cosas que le agradaban a Ace del lugar.

No podía ocupar su antigua habitación, es decir, toda ella estaba diseñada para un niño, él que era cuando abandonó esa casa. Tener que entrar en la recamara de sus padres era como un castigo, afortunadamente trasladaron a Rouge a un cuarto especial, donde tendría todo lo requerido para su monitoreo.

Ace más que simplemente cansado parecía estar al límite, sabía que estaba agotado mentalmente, no solo por lo de su madre, quien afortunadamente mejoraba poco a poco, sino por convivir con el hombre a quien tanto despreciaba, por tener que permanecer en esa casa que tantas memorias le devolvía a su mente.

Recostada a su lado pasó sus dedos por la melena azabache de Hiken hasta bajar a su mejilla, él muy bobo se había quedado dormido mientras comía, claro que Shiro ya había quitado todos los platos y restos de comida de la cama, incluso batallando contra la anatomía del moreno logró dejarlo en una posición medio decente.

Acarició sus labios con la punta de su dedo índice, siguió la línea de su mentón y bajó sin prisa hasta su clavícula, justo a donde la camisa que llevaba puesta se lo permitía. Pasaban más de las once de la noche, no quería despertarlo puesto que sabía lo mucho que necesitaba descansar, suspiró profundamente para controlarse. A pesar del frio el cuerpo de Ace se mantenía muy tibio, dejando una agradable sensación al abrazarlo. Besó su frente y decidió acompañarlo en su letargo.

La vista de la ventana daba justo al jardín del patio delantero, su favorito. La fuente de querubines se encontraba apagada, sin querer sonrió al recordar cuantas veces se había metido ahí y los sirvientes lo habían regañado. Desde que tenía uso de razón siempre había sido un niño travieso y problemático.

El reflejó de su persona en el ventanal no le mostraba a un joven diferente al de aquel entonces, al menos para él así era; aún era todo un travieso, más en compañía de Luffy, problemático ni se diga… entonces ¿en que si había cambiado? ¿Estatura? ¿Sus modales? ¿Y por qué de pronto le interesaba esa pregunta?

Viró al escuchar el ruido a sus espaldas, Yashiro había despertado ya, Ace no se movió del ventanal y le sonrió al ver como la mirada de su novia no era otra más que de preocupación pura.

-¿Cuándo despertaste? –Preguntó Shiro adormilada.

-Una hora, más o menos.

-¿Qué hora es?

-Casi las cuatro de la mañana –Dijo mientras avanzaba hasta ella.

-Deberías dormir, mírate –lo regañó.

-Lo intentaré –se dejó caer a la cama.

-Hazlo entonces.

Claro que dormir le sentaría muy bien, pero antes, era justo y necesario para él un gesto de amor. Con delicadeza tomó entre sus manos el rostro de Shiro, quien estaba a su costado. Tenía sus labios a un suspiro de distancia, el sonido de su corazón palpitar pedía clemencia a una tortura que él mismo se estaba imponiendo, los miró con cautela antes de comenzar a besarlos.

Jugó en el interior de su boca tanto como quiso, incluso se atrevió a morder sus labios en más de una ocasión. En esos momentos sentía deseos de realizar muchas cosas, no por que estuviera insatisfecho, si no que la misma satisfacción lo hacía querer más.

Tomó distancia de aquellos labios y rodó hasta colocarse a horcajadas sobre Shiro, usando de apoyo sus manos, las cuales estaban cada una al lado de la cabeza de ella. Los ojos violetas de Yashiro miraron directamente a los negro de Ace, ambos sabían muy bien lo que sus cuerpos estaban pidiendo.

-Iré a dormir a mi habitación –dijo Ace tras pensarlo unos segundos, aún estaba sobre ella.

-Sí, será mejor –le sonrió completamente sonrojada.

-No quiero moverme –confesó con un semblante de lo más serio.

-Tienes que.

-¿Puedo besarte de nuevo? –Acercó su rostro a Shiro de nueva cuenta. Debía admitir que la seducción era algo que se le daba muy bien.

-Uno pequeño –alcanzó a susurrar antes de que Ace le robara el aliento.