Disclaimer: One piece no pertenece, todo es obra de Oda-chin.
Nueva Vida
Es de noche en la ciudad
-¡Hasta el fondo! –Gritaron al unísolo.
El brindis característico del grupo resonó dentro de todo el bar. Shakky detrás de la barra sonreía amenamente ante el buen humor de los jóvenes. Incluso Hacchi, el bartender, parecía animado con su alboroto usual.
-¿Entonces tu madre ya se encuentra bien? –Preguntó Sanji para Ace.
-Sí, al menos cuando la dejé parecía estar más repuesta.
-Me alegro –simpatizó el rubio.
-¿Cuál será el reto de esta noche? –dijo Zoro, con una sonrisilla malvada.
-Seguirte el paso a ti, definitivamente no –comentó con humor Sabo.
-No sean niñas…
-La última vez nos fue muy mal –recordó Usopp su horrible resaca.
-Tengo malos recuerdos también –dijo Ace refiriéndose a sus llamadas en plena ebriedad.
-Luffy, ¿Qué pasa? Estas muy serio –Le habló el narizón a su amigo.
-No es nada, solo que... estaba pensado.
La inigualable seriedad en las palabras de Mugiwara hizo que todos sus amigos abrieran los ojos como dos platos, sorprendidos por las reveladoras palabras del menor. Luffy pensado, imposible.
-¿E-en qué piensas? –trabó Zoro su lengua, era un hecho histórico.
-Anoche –reveló entusiasmadamente-. Anoche estaba viendo un programa sobre astronautas –todos asintieron, Luffy continuó-. Todo era sorprendente…
-¿Y? –ese era Sabo, preocupadísimo de que ahora su hermano quisiera ser un hombre espacial.
-No entiendo… o no sé –negó con la cabeza.
-¿Qué? –dijo Sanji.
- ¿Hacer eso es más difícil en el espacio? –Ladeó la cabeza, muy curioso.
Todos cavilaron al respecto de que era "eso". Los segundos transcurrieron y nadie decía nada, sorprendidos por el interés del Luffy en el tema, no es que Luffy fuera un total perdido en el, pero… si tal vez el más inocente al respecto. Ace carraspeó audiblemente, tratando de afrontar la pregunta de su hermano.
-He tenido sexo en el agua y es más o menos difícil, placentero, pero difícil –espetó nada más y nada menos que…
-¡Sanji! –Gritó Usopp.
-¿Qué?
-Pervertido –musitó Zoro.
-No te hagas el virgen inocente marimo.
-No lo hago –rechinó los dientes.
-¿En el agua? –Después de su estupor Luffy articuló palabra.
-¡Santo cielo! –dijo exasperadamente Sabo.
-Apuesto que nadie de los aquí presentes ha tenido sexo en el espacio, así que no tengo la menor idea de si es difícil o no –respondió Ace sobre los gritos de Sanji y Zoro.
-Para que lo sepas soy muy tradicional en la cama –comentó Zoro entre las voces de todos.
-Oh marimo, todas tus mujeres deben de aburrirse tremendamente contigo.
-¿Quieres pelear? –se puso de pie Zoro, golpeando la mesa son sus muslos.
-Aquí y ahora –lo desafío Sanji.
-No puede ser esto cierto –Sabo llevó su mano hasta su cara.
-Ves lo que causas Luffy –lo regañó Usopp.
-¿Yo por qué?
-Cálmense ustedes dos, no venimos a pelear –dijo Ace, tratando de tranquilizar a las fieras que tenía a los lados.
Todos volvieron a la calma, tratando de mantener control sobre la situación.
-Luffy ¿quieres tener sexo? –Preguntó, indiscreto y nuevamente Sanji.
-¿Debería?
-Sí… bueno, no… o sí –Luffy era tan desesperante, Ace estaba volviéndose loco.
-Es algo normal –tranquila y sabiamente Sabo tomó palabra-. Pero cada quien decide cuándo, o cómo –miró a Sanji inquisitivamente- y lo más importante con quien.
-Si tienes alguna duda no temas en preguntarnos –añadió Ace.
-Excepto a Sanji –murmuró Zoro. El rubio frunció el ceño ¿qué demonios?
-¿Y qué tiene que ver el sexo en el espacio con cagar en el espacio? –comentó al fin el azabache.
La mandíbula de todos fue esta el suelo… ese era por siempre el inocente Luffy. Cuan apenados estaban todos por haber pensado en que eso era eso.
-¡Es tu culpa Sanji! –Señaló Ace-. Si no hubieras mencionado lo del sexo en el agua…
-Oye, un segundo. Todos aquí pensaron lo mismo –objetó golpeado la mesa con el puño.
-Yo entendí desde el principio, por eso no dije nada –aprobaba Usopp su postura con la cabeza.
-Otro virgen inocente –rodó los ojos Sanji.
-¡Hey! –protestó Zoro por segunda vez.
-No te preocupes marimo, puedo pasarte algunos tips.
-¡Metete tus tips por el culo!
No hacía falta mencionar que el único en disfrutar del espectáculo era Luffy, quien sonoramente reía a carcajadas por las ocurrencias de sus amigos. Era muy agradable tener tardes así de "tranquilas" y relajantes.
Tardes que esperaban no cambiasen nunca.
La semana pasada había sido una completa y total mierda para Ace, así que estaba profundamente agradecido de volver a su, no tan normal, pero cotidiana vida. Ese pequeño grupo de cinco chicos siempre le sacaba una sonrisa, aunque fueran desesperantes en ocasiones.
El cuento de Zoro y Sanji era uno de nunca acabar, por eso ya no le prestaban tanta atención, pues por más que alguno se esmerara por apaciguarlos siempre volvían a lo mismo. Por otro lado Usopp y Luffy discutían tranquilamente sobre sus retos personales, al parecer Luffy había perdido en los últimos tres y estaba un poco frustrado al respecto: hablaban sobre quien podría gritar por más segundos.
Cerca de media noche se despidieron de la dueña, afortunadamente los seis podían ponerse de pie por su cuenta, no habían bebido tanto; salvo Zoro, pero él ya estaba muy bien curtido.
-¿Sucede algo? –Quiso saber Sabo al notar los inquietos ojos del otro rubio.
-No iremos a la cama temprano –comentó mientras encendía un cigarrillo.
-Estaba alguien esperándonos fuera del bar –dijo Zoro-. Lo vi al salir.
-Perfecto, estaba buscando alguien en que descargar mu furia –tronó sus dedos Ace.
-¿Vamos a pelear? –preguntó Luffy con ilusión.
-No te emociones tanto –Usopp golpeó la cabeza del moreno con su palma.
-¿Puedo? Sabo –insistió Mugiwara.
-Siento como si fuéramos niños de secundaria…
-A veces nos portamos como tal –sonrió Zoro ante el comentario de Sabo. Realmente lo disfrutaba.
Siguieron su camino un poco más, haciendo caso omiso al hecho de que estaban persiguiéndolos, pues no podían pelear en media avenida exponiendo la vida de los civiles. Deliberadamente cruzaron un parque, que para esas horas de la noche ya debía estar casi desierto. Ese sería su campo de batalla.
Luffy corrió a los columpios, subiéndose en el más próximo para balancearse de pie en el; quería pelear, pero los juegos también le gustaban muchísimo. El resto se colocó en otros distintos: Sabo y Zoro sobre una rueda giratoria, Ace al final del resbaladero, Sanji y Usopp en otros dos columpios más al lado de Luffy.
Los minutos pasaban, pasaban y pasaban, pero nadie se acercaba a ellos, ¿qué se supone que significaba eso? Morían de aburrimiento –salvo Luffy quien muy mono seguía balanceándose con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Van a venir o no? –se quejó Ace, dejando caer su cuerpo en el resbaladero-. Muero de sueño.
-Tal vez sean paranoias nuestras… o de Zoro y Sanji –dijo Usopp.
-Pero si quisieran hacernos algo ya lo habrían hecho ¿no? –De un brinco Luffy llegó hasta el suelo.
-Sigue ahí, lo siento –afirmó Sabo-. Pero no estoy seguro ya de sus intenciones.
-¿Deberíamos entonces ser nosotros los primeros en saludar? –Saboreó Zoro en sus labios las intenciones malsanas de su frase.
-Vayamos –dijo Luffy.
-Puede ser una trampa –comentó Usopp.
-Tan solo pateémosle el culo de una buena vez para poder ir a dormir –fue la sentencia del cocinero.
-Votos por la idea de Sanji –dijo Ace, alzando la mano. Zoro y Luffy apoyaron la noción.
La mayoría dictó atacar.
-Vamos –ordenó el pecoso al levantarse de su lugar-. Ustedes quédense aquí –se refirió a Usopp y su otro hermano.
-Bien –aprobó el pelochino.
-Tengan cuidado.
La iluminación en la arboleda del parque era casi nula, dejándole entrever un aspecto lúgubre. Luffy lideraba al grupo, sonriente como toda la vida.
-Luffy, no bajes la guardia –lo regañó su hermano ante su despreocupada actitud.
-Pero no gano nada mortificándome.
-No, porque seré yo quien tenga que saltar en tu defensa.
-Oh, marimo el guardaespaldas virgen –comentó mordazmente Sanji.
-¡Para con eso!
-¡Sal de donde quiera que estés! –gritó Luffy a todo pulmón.
-No me gusta esto –alerta desenvainó una espada el peliverde.
Hubo un ruido, como un cuchicheo lejano. El sonido de los arbustos en movimiento advertía al grupo del acercamiento de una persona. Todos tomaron posición de ataque.
Aun con la poca luz les fue difícil ver por completo el rostro de la persona que estaba frente a ellos, quien súbitamente había caído de rodillas con la cabeza gacha y apoyándose de sus manos. No decía nada abiertamente, pero balbuceaba algo, cómo si no pudiera realmente decirlo.
-¿Qué demonios? –Replicó Ace.
-¿Es tu pariente? Zoro –preguntó Luffy después de percatarse de que aquel hombre tenía el cabello verde.
-He tú, ¿Quién eres? Y ¿qué quieres de nosotros? –dijo Sanji.
-Lu… yo… lo –Las palabras no querían salir de su boca, estaba tan nervioso.
-¿Qué dices?
Luffy se acercó a esta él, poniéndose de cuclillas a su lado para poder observarlo. El sujeto peliverde agachó a un más su cabeza y comenzó a sollozar.
-¿Estás bien? –Quiso saber Mugiwara, hasta para él ya era extraño todo.
-Luffy-sempai –dijo quedamente en un murmullo.
-¿Lo conoces? –Preguntó Ace.
-No lo sé.
-¿Cómo te llamas? –demandó Zoro.
-Bartolomeo… Zoro-sempai.
¿Tú nos estabas siguiendo?
-Sí. Lo siento. Sanji-sempai.
-Okey, esto se está poniendo incómodo.
-¡¿Todo bien allá?! –Gritó Usopp.
-¡Sí! –respondió Luffy.
-¿Qué tal si vamos a un lugar con más luz y seguimos hablando de sempais? –bromeó Ace.
Ya de nuevo en el parque con el resto del grupo todos miraban curiosos al chico frente a sus ojos, parecía ser más o menos de la edad de Sanji y Zoro. Cuanta extrañeza existía en él, pues su aspecto de punk solo contrastaba con su tímida actitud.
-Entonces solo eres un admirador de Luffy –dijo con mucho alivio Usopp.
-De todos ustedes –cambió su tono a uno más efusivo-. Pero ciertamente Luffy-sempai es mi ejemplo a seguir.
-No tienes por qué sentirte apenado por querer hablarnos, digo, sé que tenemos mala reputación pero… no somos tan malos –comentó Sabo.
-Tampoco tienes que seguirnos como colegiala enamorada –renegó Sanji, era repulsivo imaginar que había un hombre espiándolo en lugar de una hermosa mujer.
-Claro, Sanji-sempai.
-Entonces… ¿quieres venir con nosotros?
-Lu-Luffy-sempai… -estaba a punto de llorar otra vez.
-Que sujeto tan más divertido –comenzó a reír el pequeño del grupo.
Justo en el instante en que estaban por marcharse, de la nada salió un bolt de ballesta, clavándose en un barandal de los juegos. Miraron en todas direcciones pero simplemente nada parecía dar indicios de un atacante. Sabo bajó el bolt, divisando una nota en el.
Tengo algo importante para ustedes, si quieren recuperarlo deberán ir a la siguiente dirección…
"Algo importante"… esa fue la palabra que crispó a todos.
-¡Vivi!
-¡Chicas!
-¡Kaya!
-¡Mis katanas!
-¡Yashiro!
-¡Luffy-sempai!
-¡Carne!
-¡¿Pero qué rayos les pasa a ustedes?! –Señaló Sabo a Zoro y Luffy por su estúpida respuesta.
-¿No debiste decir algo así como: Bonney? –Preguntó Ace a Sanji.
-Yo me preocupo en general.
-¿Qué hay contigo? Luffy está aquí –Usopp le dio un golpe en la cabeza a su recién nuevo y extraño miembro.
-Llamaré a Vivi –dijo Sabo.
-Buena idea –secundó el pelochino.
Los seis llamaron: Sanji tuvo obligatoriamente que ver por el bienestar de la pelirosa, y Zoro a regañadientes fue obligado a llamar a Tashigi. Después de cerciorarse de que cada una estaba a salvo la duda asaltó de nuevo sus mentes: ¿algo importante?
-Si las chicas están bien eso quiere decir que la carne peligra –Muy en su papel Luffy defendía su punto.
-Hagamos un círculo y dejemos a Luffy fuera para poder hablar con seriedad.
-¡Ace! –renegó Mugiwara.
-Esto es serio –también se llevó un regaño por parte de Sabo. Luffy hizo pucheros, pero no podía contradecir al par cuando se unía en su contra.
-Nunca había pasado esto.
-Empiezo a sospechar de ti –señaló el rubio a Bartolomeo.
-¡Jamás haría algo que pusiera en peligro a Luffy-sempai!
-¿Seguro?
-Sanji, basta. Si Bartolomeo dijo que no lo hizo entonces yo le creo –lo defendió Luffy. El corazón de Bartolomeo estalló en mil pedazos por la emoción.
-¿Debemos ir?
-Zoro, de seguro es una trampa.
-Lo sabemos Usopp, pero ¿qué otra alternativa nos queda?
-Ace tiene razón. No sabemos qué es eso que tienen… me aterra de solo pensarlo –comentó Sabo.
-Entonces eso es todo ¿iremos? –replicó el otro rubio.
-Será una larga noche.
Buena noche se les había ocurrido andar cómo peatones, el lugar que acordaba la carta estaba retirado de su localización. Juzgando por el hecho de que sabían dónde estaban, rebosaba la posibilidad de que en esos precisos momentos estuvieran siguiéndolos.
Iban a la boca del lobo, con toda seguridad.
-Oye ¿no es ese Luffy?... y su grupo.
El comentario de su compañero le hizo voltear hacia la calle, donde del otro lado de la acera iban corriendo un grupo de siete chicos. No era extraño verlos juntos, pero a juzgar por su semblante sabía que algo estaba mal. Además, no reconocía al sujeto con el pircing en la nariz.
Cuadras más adelante, ya fuera del centro, entre la multitud de un mar de feromonas, los ojos bellamente azules de aquel hombre también fijaron la vista en el grupo. Frunció el ceño, enojadísimo por tener que haberlos visto esa noche. El mar de hormonas coreaba su nombre, pues pese a su semblante molesto seguía viéndose como un Dios griego.
Parecían haber corrido un maratón, a ninguno parecía cruzarle por la cabeza la palabra "taxi" o algo por el estilo. Ya estaban por los barrios bajos de la ciudad… que de hecho, bien conocían. En esos momentos el pelirosa pensó en que había sido una mala idea haberlos seguido después de verlos, y de hecho, si no apuraba el paso estaría a punto de perderlos.
-¿Aún falta mucho para llegar? –Preguntó Usopp, estaba comenzando a cansarse.
-No lo sé, creo que no –respondió Sabo.
Su recorrido fue interpuesto en un callejón oscuro, varios maleantes bloquearon el paso de los chicos, quienes no parecían bajar el paso de su carrera. No tenían tiempo para ellos.
Justo al momento en que Ace iba dispuesto a golpear al primero que se le viniera encima otra persona se adelantó a él. A sus espaldas también escucharon el familiar sonido de los puños chocar contra la carne.
Uno a uno iban cayendo, siendo tumbados de una buena patada o un certero golpe. Abriéndose paso entre los caídos se reveló su salvador.
Bonita reunión en la desolada periferia de Osaka.
-Duval –dijo un Sanji un tanto anonadado.
-Joven maestro, no se preocupe, me haré cargo de ellos.
En la retaguardia del grupo había otra sorpresa.
-Coby, Law –esperanzadoramente dijo Usopp.
-¿Law? –Ace volteó en dirección al nombrado, ¿qué rayos hacía él ahí?
-Luffy-san, chicos –tomó aire el pelirosa, no había corrido así en siglos.
-¿Qué haces aquí? –La rabia de Ace comenzaba a salir, obviamente la pregunta iba dirigida al moreno.
-Eh Law, que coincidencia –intervino Luffy, metiéndose en medio de los dos.
-No es coincidencia. Bepo los miró pasar y decidí seguirlos.
-Igual yo –comentó Coby.
-¿Sucede algo? –preguntó Law.
-No te incumbe –respondió Ace. Ya estaba por írsele encima.
-¿Qué los trae por aquí? –No es que Duval estuviera extrañado por encontrarlos, pero si era curioso verlos trabajar juntos… a menos de que fuera algo sumamente importante.
-Nos enviaron una nota…
Mientras Zoro y Bartolomeo seguían jugando con los delincuentes que habían osado atacarlos, el resto explicaba a los recién llegados como habían pasado las cosas.
-No imaginaba que pelearas tan bien –comentó el espadachín a Bartolomeo.
-Gracias por el cumplido Sempai –dijo rojo a muerte.
-Les daré una mano también –se apuntó Duval-. Lo que sea por el joven maestro.
-No es necesario –Sanji encendió un nuevo cigarro.
-¿Vienen? –Preguntó Luffy a los dos restantes.
-Parece peligroso, pero iré con ustedes. Tal vez pueda ser de ayuda.
-No te necesitamos Law, ya somos demasiados –renegó el pecoso. Su noche era mala, no quería fuera peor.
-¿Eres el líder acaso? –Le dedicó una de sus más irónicas sonrisas-. Bien Mugiwara, los acompañaré.
El grupo cada vez iba aumentando ¿eso también era parte del plan del enemigo? Precian más sospechosos que de costumbre y si alguien los llegará a ver por ahí deambulando seguramente pensarían que estaban en medio de algo grande. No era común, para los conocedores del bajo mundo, ver a tantos chiquillos talentosos como ellos en manada.
Y las sorpresas seguían reinado esa noche, una tras otra iban apareciendo en el camino, haciendo la más bizarra para ellos en mucho, mucho tiempo.
-Ese grandísimo hijo de puta –espetó Sanji, rabiando de ira.
-Usted lo dijo maestro –secundó Duval.
Suspiraron resignados, al menos quienes conocían la historia. Eran como una sola persona pero en tres versiones de color rubio diferentes. Zoro no sabía a cuál de los tres odiar más.
-¿Qué haces tú aquí? –Preguntó el rubio quien había hecho gala de presencia en aquel sucio callejón.
-No ¿tú que carajos haces? –devolvió la pregunta Sanji.
-Solo de ver tu horripilante rostro me enferma.
Ambos zafiros azules se sostuvieron la vista varios segundos, sacando chispas de por medio. Tan solo la mirada azabache de Duval competía con ellos.
-Estamos en medio de algo importante ¿te importa? No tengo tiempo para ti –dijo el cocinero.
-Lo que faltaba –comentó Sabo.
¿Quién podría ser proclamado como el chico más popular entre las damas? ¿Sanji? Si no fuera un mujeriego, ¿Duval? De no ser por sus guiños extremadamente horribles o ¿Cavendish? A pesar de su bipolaridad extravagante.
-¿Podemos mover esto a otro lado? Por favor, Sanji –pidió clemencia a los cielos Ace.
-Terminaré rápido.
Sus peleas se habían originado desde el momento en que ambos comenzaron a robarse novias mutuamente. De hecho, Duval también estaba inmiscuido, pero él no se metía con las chicas de Sanji. Cavendish odiaba a todo ese grupo, incluido Law, quienes habían reducido enormemente su número de admiradores. Pero de entre todos, al que más odiaba era al rubio.
Cavendish detuvo la patada de Sanji elegantemente con su espada, ¿Qué demonios? ¿Quién se creía? ¿Zoro? Ese hombre era como la fusión de sus más odiosas pesadillas.
De pronto, de la nada, una explosión resonó cerca, levantando una cortina de humo y tierra. No había sido un ataque para ellos, pero si estaban conscientes de que eso había retumbado prácticamente a su lado. Salieron a la calle, ignorando la pelea entre aquellos dos hombres.
Todos abrían el paso por lo poco que se lograba observar. La escena indicaba que un inmueble cercano había sido prácticamente reducido a escombros, ¿quién habría sido capaz de hacer algo así? ¿Las mismas personas que estaban amenazándolos?
Antes de que la cortina de polvo desapareciera pudieron ver como un hombre alto corría en dirección a ellos, con mucha posibilidad el responsable del altercado. El grupo de muchachos le abrió paso, después de todo no era su problema.
El único que pareció no haberle llegado el mensaje fue a Mugiwara, pues se quedó en medio de la acera como un completo tonto. El individuo que corría en su escape chocó contra el chico, tropezándose y dejando caer lo que llevaba consigo: barras de oro.
Luffy tomó una entre sus manos, curioso por saber de qué se trataba. El polvo apenas comenzaba a disiparse.
-Deja eso Luffy, vámonos –le ordenó su hermano mayor.
-¡Mugiwara! –Gritó colerizado el hombre con el que había chocado, alzando por el cuello del suéter al chico.
-¡Oh! –Silbó como sin nada-. Hola Kid.
Cuando todo volvió a quedar claro los espectadores irremediablemente fijaron su atención en numeroso grupo sobre la banqueta. Ahí estaba el botín del ladrón, haciendo lucir como cómplices a todos aquellos chicos.
Los disparos provenientes de las armas de fuego no se hicieron esperar, afortunadamente ninguno había dado en su objetivo. No les quedó más remedio a los doce muchachos que correr por sus vidas fuera de aquel peligroso vecindario, dejando el botín tirado.
Corrieron sin rumbo fijo, tanto como les fue posible. Para cuando se percataron de todo ya estaban demasiado lejos, a las afueras de la ciudad, justo con la costa del océano pacifico a su lado.
La noche apenas comenzaba.
Esta vez hay notas al final…
Tuve una crisis existencial con ese fic, llegue a un punto que pese a tener todo planeado de principio a fin no supe cómo seguir… así que deje pasar el tiempo para que mi mente ordenara de nuevo su mundo.
Fui grosera por no avisarles, lo siento muchísimo, ya que esto sin ustedes no es nada. Rasen me decía que pusiera el anuncio de Hiatus, pero de hacerlo sabía que dejaría pasar todavía mucho más tiempo y definitivamente no quería dejar esto sin terminar. Era como presión psicológica para mí.
Respecto al capítulo, es como un tributo a Dressrosa (para los que siguen el manga), que hasta la fecha sigue siendo una locura total. Contiene ligeros spoilers, este más con respecto a Bartolomeo y el siguiente sobre Cavendish… espero no arruinarles la sorpresa a quienes no lo siguen.
Este capítulo iba ser auto conclusivo pero decidí mejor dejarlo en dos partes… para darle más emoción, y de paso no esperar más tiempo para actualizar.
Les agradezco a quienes todavía sigan por aquí después de una larga espera, vamos de vuelta con mucha fe.
Un beso enorme. Nos estaremos leyendo :*
