¡Hola hermosas!
Seguimos avanzando con el fic, espero mantener este ritmo más constante.
Mil gracias por sus comentarios y sus visitas :' ) me hacen inmensamente feliz.
Hay mucho amor que repartir… así que pongo alto a mi palabrerío.
Les mando como siempre un Gomu Gomu no Gigant Kiss *
Disclaimer: One piece no me pertenece, toda su obra es propiedad de Oda-chin.
Nueva Vida
Bajo la sombra de un viejo árbol
Miró en el espejo las terribles ojeras que tenía, tampoco es que el semblante depresivo que cargaba encima le ayudaba a lucir un mejor aspecto. Aun así trató de arreglarse lo mejor que pudo: maquilló un poco su rostro, escogió un bonito vestido blanco, aprovechando que el frio no era tan intenso, incluso calzó botas de tacón.
Era temprano, tal vez mucho para una visita, pero necesitaba hablar con Ace, dejarle en claro lo que había pasado la noche anterior. Llamó a la puerta, en breve el rubio de los hermanos abrió.
-Hola Yashiro –saludó cordial, aunque no podía evitar sentirse sorprendido por la visita.
-Buen día, Sabo.
-Pasa –hizo un ademan- ¿Qué te trae por aquí? –Era una pregunta muy estúpida, sabía lo ocurrido puesto que Ace se lo había contado.
-¿Está Ace? –No quiso darle más rodeos al asunto.
-Sabes –tomó asiento el sillón. Yashiro lo imitó del otro lado frente a él-. Se fue esta mañana muy temprano.
-Pero son apenas las nueve.
-Dijo que tenía trabajo.
-Si… -dijo cabizbaja.
-Puedes llamarle.
-Lo intenté ya, pero su teléfono está apagado.
-Nada nuevo –murmuró. De su bolsillo sacó su celular y comenzó a marcar-. Marco, hola –saludó, Yashiro palideció en nerviosismo, realmente le estaba llamando -. ¿Ace está por ahí? Podrías pasármelo. Claro, espero.
-Sabo…
-Me devolverá la llamada enseguida.
En cuestión de nada el teléfono sonó, Sabo le dio el celular a Shiro.
-Hola Sabo ¿sucede algo? –Respondió Ace, un tanto jovial.
-Ace… -fue el tímido susurro que escapó de los labios de Shiro.
-¿Shiro-chan? –parecía sorprendido-. ¿Qué sucede?
-Nada realmente –su tono parecía normal, al menos-. Estoy en tu casa, viene a verte y…
-Ah lo siento, surgieron cosas de improviso.
-¿Tendrás tiempo?
-Lo dudo.
-Oh, bien –de nuevo esa incomoda sensación en su garganta-. Entonces mañana…
-Estaré ocupado también. Tal vez podremos hablar el martes –hubo un silencio, después Ace continuo-. Creo que tampoco podré ese día…
-N-no te preocupes –sus ojos estaban nublados ya por las lágrimas que comenzaban a salir.
-Ten cuidado de regreso a casa. Pídele a Sabo que te acompañe, me sentiré más seguro.
-Claro.
-Te buscaré luego. Adiós –colgó, sin siquiera esperar una respuesta.
Yashiro dejó descansar sus manos entre sus rodillas, sollozando lentamente hasta que no pudo más y rompió en llanto, olvidándose que Sabo estaba en esos momentos con ella.
-¿Por qué mentiste? –Fue la pregunta de Marco a su compañero.
-No lo sé –suspiró desganado.
-Muy maduro de tu parte.
-Solo quiero pensar bien las cosas…
Por más extraño que pareciera ese lugar le ayudaba a pensar, allí arriba, fuera de los ojos de todos, tenía esos momentos de privacidad que necesitaba.
...
El rubio se levantó de su lugar para acercársele, inmediatamente Yashiro lo abrazó, llorando con mayor intensidad mientras hundía su cara en el estómago del chico.
-Cálmate –le aconsejó, de manera de consuelo pasaba su mano por la espalda de la castaña.
-Él… está evitándome –Dios, ¿qué sería de ella de no ser por Sabo en esos momentos?
-Sabes que es un niño a veces. Pero entiéndelo tú también.
-P-pero yo… yo lo amo.
-Deja que su cabezota se enfríe un poco. Ya verás como todo saldrá bien.
-¿Tú crees?
-Si –le sonrió, difícilmente podía dudar de tan simple respuesta.
-Gracias.
-Te invito a desayunar, ¿qué dices? Sería una lástima que luciendo tan bonita lo desperdicies.
-¿Vivi no se molestará?
-No lo creo. Anda ve al baño a componer esa cara toda llena de mocos que tienes.
El comentario le sacó una sonrisa, ¿por qué no todos los hombres podían ser como él? Pero aunque Sabo fuera perfecto así, ella tan solo quería al cabezota de su hermano. Y todos parecían saberlo, menos Ace.
-Buen día Luffy –saludó Shiro a un recién levantado Mugiwara.
-¿Eres tú Mashiro? –Se talló los ojos-. ¿Estás bien? –juraba haber visto lágrimas en sus ojos.
-Claro.
-Ah Luffy, saldré con Yashiro-san a desayunar, ¿quieres venir?
-¡Claro!
-Ve a cambiarte.
Y el día pasó, tranquilo gracias a la compañía de sus dos amigos, hermanos del hombre por el cual en esos momentos estaba sufriendo. Y en parte lo entendía, porque las palabras que le había dicho a Law, por dolorosas que fueran para Ace, eran la verdad. No por ello significaba que le quería por encima de él ni mucho menos.
Pero por más que intentara explicárselo, por más que se lo repitiera mil veces nunca iba a caberle en la cabeza que ese querer se trataban de uno muy distinto al que le profesaba a él.
Si no lo amara como lo amaba jamás hubiera aceptado comenzar esa relación. Lo quería tanto pese a todo y simplemente él no quería verlo…
Con ese pensamiento se fue a la cama, agotada mentalmente por tanta divagación. Esperaba y sus problemas se solucionaran pronto; Ace ya tenía de por si muchos como para ella convertirse en uno más.
Volvió a llorar esa noche, aferrándose a su almohada para silenciar sus lamentos. Así fue hasta que cayó presa del sueño, sin saber cuándo…
Sentía un roce sobre su mejilla, un delicado vaivén desde su cien hasta su barbilla. Se removió inquieta bajo el edredón, tenía frio, así que jaló de este para arroparse mejor, pero fue imposible; parecía atorado con algo.
Abrió los ojos con pesadez, le dolían y estaban hinchados por tanto llorar. Justo a su lado, sentado a la altura de cadera estaba Ace, contemplándola de manera seria. Ace sonrió un poco antes de remover unos cabellos del rostro de Shiro. Inclinó su cuerpo y plantó un sutil beso en sus labios.
-Perdón si te desperté –habló muy quedito.
-¿Qué haces aquí?
-Quería verte.
-¿Qué hora es?
-Tarde.
-¿No pudiste esperar hasta que amaneciera? –sacó una de sus manos debajo de la cobija y acarició el rostro del moreno. Le costaba un poco ver entre la oscuridad.
-Perdóname. Luffy dijo que te vio llorar.
-No ha sido nada.
-Es lo que menos quiero, al parecer es lo que mejor se me da –aquello había sonado con mucho pesar.
-No es cierto Ace. Me haces feliz… en verdad.
La cama de Shiro no era demasiado grande, pero abrió un poco de espacio para que Ace se recostara a su lado. Ambos quedaron cara a cara, degustando las facciones del otro ante lo que la oscuridad de la noche les permitía.
-Quisiera ser el único para ti, es todo –reveló el moreno.
-Ace, eso es…
-Egoísta. Pero para mí tú eres la única.
-¿Desde cuándo te volviste tan inseguro?
-No lo sé. Sabes, ser la segunda opción es duro, pero la tercera –chistó divertido, no por ello lo decía en broma.
-¿Tercero? ¿A qué te refieres?
-Obviamente el numero uno aquí sigue siendo Hiro –señaló su corazón en la punta de su dedo índice.
-Deja de hacerte esto –cerró sus ojos, ¿Por qué no podían hacer a un lado ese tema?
-Sinceramente –se levantó de su lugar para sentarse en la cama- ¿A quién elegirías de estar los tres en este momento aquí?
Hubo un silencio momentáneo, de duda, a lo que pudo intuir el moreno.
-Es una pregunta estúpida –contestó Yashiro. Pero ¿a quién engañaba? Si le había pasado un nombre por la cabeza.
-Ambos sabemos la respuesta –sonrió Ace con desaire.
-Tú eres el que está aquí conmigo, en mi cama. No Law, no Hiro, no nadie más. ¿No te basta eso?
-Molería a pedazos a otro que no fuera yo –comentó burlón, después le dio un beso a Shiro.
-Estaba asustada de que furas a dejarme…
-No haría eso –pegó su frente con la suya.
-¿Quieres quedarte esta noche conmigo?
-¿Segura?
-Sí…
Ese hombre era de las mejores cosas que la vida le había dado, lo amaba muchísimo, y a pesar de que no había pasado tanto tiempo desde que se había enterado de la verdad acerca de todo lo sucedido con Hiro y su vida en Osaka, intentaba con todas sus fuerzas tratar de superarlo.
Y Ace realmente se esmeraba en ayudar.
No había sentido nunca esa necesidad por parte de él, parecía ansioso y más que eso dependiente. Aquel beso que la poseía en esos momentos estaba a mil años luz de aquellos cotidianos y sutiles de su diario vivir. Existía en esos momentos la más pura esencia del deseo.
A esas alturas Ace intuía que debía pedírselo, pero sus acciones ya estaban hablando por él mismo. Bajó lentamente de su boca hasta su cuello, reclamando con fervor aquella piel. Estaba prisionera contra el respaldo de la cama y el cuerpo de Hiken.
Yashiro acarició la melena azabache, tirando un poco de ella cada vez que deseaba ahogar un gemido de su boca. Ace se sacó la camisa por encima de la cabeza, mostrando su bello torso desnudo que en esos momentos era más que una silueta. Volvió a inclinarse para besarla y las manos de Shiro se perdieron en el recorrido de su espalda.
La mano derecha del pecoso ascendió por debajo de la blusa de Yashiro, quien sin nada que obstruyera su camino podía tocar aquel pináculo de felicidad.
-No –dijo la castaña con mucho esfuerzo.
-¿No quieres? –Ace sacó su mano intrusa.
-Ahora no.
-A veces cuesta contenerse. Perdón.
-Bueno, es que…
-¿Aún quieres que me quede? –Preguntó tras colocarse la camisa de nueva cuenta.
-Claro.
La noche, o lo que restaba de ella, pasó sin mayores percances, salvo Ace su insufrible dolor en el vientre… que al cabo de un tiempo no tuvo más remedio que ignorarlo y dedicarse a dormir.
Cuando fue de mañana, al despertar, Yashiro notó que Ace ya no estaba más a su lado. Miró el reloj de mesa sobre su cómoda, eran poco más de las ocho, seguía teniendo sueño pero decidió levantarse para ver donde estaba metido el pecoso.
Cuando atravesó la puerta de la recamara, andando sobre el pasillo escuchó su voz e inmediatamente otra más acompañándolo. Se asomó un poco por el hueco del corredor, que justo daba al comedor. Ahí estaban Ace y Nojiko.
-¿No puedes? –preguntó la Nojiko. Estaba deteniendo su cabello por lo alto para que no le estorbara al moreno.
-Es difícil –se quejó, entretenido en lo que fuese que estuviera haciendo.
Yashiro sintió un hueco en el estómago, aún era difícil verlos juntos.
-Demonios, agacha más la cabeza.
-Si no puedes déjalo así –se quejó la hermana de Nami.
-Tengo que…
-Por cierto, anoche me diste un susto tremendo cuando te colaste por mi ventana.
-Ah perdón, ya era muy tarde y no quise tocar la puerta.
-Sí, ya me lo dijiste. A ti no se te quitan esas malas costumbres.
-No te quejabas de ello en aquel tiempo….
-Tus dedos están fríos –emitió una sutil risa-. Eso es una novedad.
-Es porque me acabo de lavar las manos.
Rayos, la estaba tocando. Torpemente Yashiro salió de su escondite, pero como ambos estaban dándole la espalda no se percataron de ello.
-B-buenos días –dijo Yashiro, sintiendo pena por interrumpirlos, ¿de qué iba esa patica?
Ambos voltearon su cabeza hacia ella. Ace sonrió encantadoramente, igual que Nojiko.
-Buen día Yashiro –Nojiko fue la primera en saludar.
-Shiro-chan, buen día.
-Yo…
-¿Puedes ayudarme? –Le dijo la otra chica- Ace es muy bruto.
-¡Oye!
-Claro.
El collar de Nojiko se había atorado con unos cuantos hilos de su blusa, no era una tarea difícil, pero considerando la brutalidad de Ace de seguro Nojiko no le había dejado jalonear todo. Con paciencia Yashiro deshizo el nudo.
-Muchas gracias Yashiro. Bien, los dejo. Me voy –se despidió, esfumándose inmediatamente fuera de la casa.
-¿Qué haces despierto tan temprano? –Preguntó Shiro.
-Fui al baño –se encogió de hombros-. Luego me encontré a Nojiko y me pidió que le ayudara.
-Ya veo…
-¿Dormiste bien?
-Perfectamente ¿y tú?
-Excelente.
-Preparé el desayuno. ¿Algo que quieras en especial?
-Lo que sea está bien, no soy muy exigente.
Todo eso se sentía tan bien, podría acostumbrarse sin mucho esfuerzo. Ella preparando la comida, él jugando por ahí. No podía pedir nada más que esa simple felicidad.
Mientras batía unos huevos los brazos de Ace rodearon su cintura, procurando de no obstruir las labores culinarias de Shiro. Despacio desnudó uno de sus hombros de la castaña y plantó un casto beso ahí.
-Tengo que irme, es una emergencia –le dijo aun con sus labios puestos en su piel.
-Si no hay más remedio.
-Pero te prometo que te recompensaré por esto.
-¿Si?
-Te llevaré a cenar esta noche. Pasaré por ti a las ocho… no, nueve.
-De acuerdo –le sonrió.
-Otro día será ese desayuno –beso sus labios.
Estaba segura de que si se esforzaban lo suficiente podían salir adelante con su relación. Ambos estaban enamorados uno del otro y no había ninguna razón con más poder para mantenerlos unidos.
Justo había llegado a la hora acordada como todo un caballero, aunque a juzgar por el hecho de que en sus cabellos seguían húmedos podía intuir que apenas había tenido tiempo de llegar a casa –si es que lo había hecho- para bañarse y mudarse de ropa. Lucía glorioso vestido con esa camisa negra de mangas largas, jeans y bufanda color chedron. Dios, no había hombre más hermoso que él.
Miró su atractivo ser de reojo, tenía una bonita sonrisa pintada en su rostro mientras manejaba a quien sabe dónde; sin embargo, no podía ocultar cuan fatigado se veía de todo. Últimamente no dejaba un problema cuando ya se estaba metiendo en otro.
Acarició su nuca, aun húmeda. Estaba cansado, sí, y pese a ello estaba llevándola a cenar.
Aparcaron cerca del puerto, Yashiro estaba un poco consternada por ese hecho ¿a dónde la llevaba? Ace la condujo hasta un pequeño bote de motor, junto a él estaba un hombre vestido de blanco y un mecate azul sobre el cuello.
-¿Cenaremos en ese bote? –Bromeó la ojivioleta.
-Si –respondió mientras la hacía pasar al diminuto navío.
-¿Es enserio?
-Claro que no boba. Iremos al Baratie.
No lo entendió del todo hasta que miró el gran restaurant flotante en las costas de Osaka. Lucia realmente magnifico en la soledad del mar. Contaba de tres pisos con sus propios balcones, además tenía un gran mástil con velas de color amarillo y blanco, simulando de esa manera un barco. El piso más alto era de color rojo, al igual que las paredes de la entrada, que eran rodeadas completamente por una gran cubierta. Al frente, con enormes letras doradas iluminadas estaba plantado el nombre del lugar: Baratie.
-Es hermoso –susurró para Ace en cuanto sus pies tocaron el restaurante.
-¿Verdad?
-Hola Ace –Saludó un hombre corpulento de tez morena, llevaba un traje de cocinero azul marino y zarcillos en ambas orejas.
-Hola Patty.
-Una cita ¿eh? –Alzó ambas cejas, formando un "OK" con sus dedos.
-Así es.
-Pasen por favor.
El hombre llamado Patty caminó delante de ellos. Yashiro miraba en todas direcciones, curioseando cada detalle del restaurante. Era grande y había muchas mesas circulares cubiertas con manteles blancos.
-Debe ser un lugar muy popular para traer a todas tus chicas –le dijo Shiro a Ace.
-Ni que lo digas, la vista es hermosa.
Yashiro pateó la espinilla de Ace por debajo de su mesa, no muy duro, pues sabía que estaba bromeando. Pero era verdad, la vista era impecable con todas esas luces de la ciudad a lo lejos.
-La persona que nos recibió parecía conocerte, fuera de bromas ¿vienes seguido? –Preguntó tras observar el menú. La comida era cara.
-¿Te refieres a Patty? Oh bueno, somos conocidos. Sanji trabajaba aquí hace no mucho.
-¿De verdad?
-Sí. Este lugar es como su hogar.
-Su comida es deliciosa. ¿Aprendió de aquí?
-El dueño y Chef principal es el padre de Sanji.
-No sabía eso…
-Sanji es reservado con su vida privada. Pero así son las cosas.
-¿Y Zoro tiene linaje de algún antiguo shogun? –Bromeó, todos parecían ser hijos de celebridades.
-Pues…
Fue el inicio de una larga charla, eso hasta que la comida llegó a su mesa. Era un manjar de los Dioses, efectivamente Sanji no había pedido su tiempo en el Baratie, tenía su mismo sazón, aunque honestamente la comida del rubio era mejor… pero no por mucho.
-Sé que debes estar cansado y aun así me has traído. Gracias –comentó Shiro. Ya estaban disfrutando de un exquisito pie de fresa como postre.
-No hemos tenido tanto tiempo para nosotros como quisiera. Al parecer nuestro diario vivir parece más ajetreado que de costumbre.
-Tienes razón.
-Sabes, me hizo muy feliz despertar contigo esta mañana. Quisiera así fuera siempre.
-P-para mí también fue agradable -¿qué a él no le daba pena decir esa clase de cosas?
-¿Te gustaría que viviéramos juntos? –lanzó la pregunta de una manera seria, para que supiera que no estaba bromeando.
-¿Disculpa? –dijo totalmente anonadada.
-Podría comprar una casa. La que tú quieras –hablaba con tanta ilusión, como un niño escogiendo juguete nuevo.
-Olvidaba que puedes despilfarrar tu dinero como sin nada –oh, como si ella no pudiera hacer lo mismo.
-Contrario a lo que piensas no suelo gastarlo así como así.
-¿Quién lo dice? ¿Tu viper?
-Es lo más caro que he comprado. No ando despilfarrando mi dinero –frunció el ceño.
-Lo sé –sonrió. Ace relajó sus facciones.
-¿No te gustaría? –insistió.
-Me encantaría, pero… aún no estoy lista. Es decir, todavía ni siquiera nos conocemos bien.
-Podríamos conocernos en el camino.
-¿Y qué dirá Garp-san? No va a gustarle nada.
-Es verdad –comentó con cierto humor.
-¿Y tu madre?
-Ella estaría bien con eso.
-Además, apenas cumpliré los veinte.
-Ya eres una adulta.
-Obviamente mi padre no pensará eso…
-Sí, entiendo, es un no.
Parecía un poco malhumorado, pero debía tender que era un paso muy grande para ambos.
-Te amo, Ace.
Era la primera vez que escuchaba esas palabra de la boca de Shiro, y aunque de momento hubiera sonado como si las dijese para que se callara y cerrar el tema, sabía que no era así. Lo estaba diciendo de corazón, de verdad, sin una pizca de duda o vacilación.
Lo que restó de la velada no fue tan animada, tampoco el regreso en el auto; por que Ace había respondido tan solo con una de sus joviales sonrisas, él no había pronunciado esas dos pequeñas palabras que tenían tanto peso, y Yashiro, no podía más que sentirse decepcionada al respecto.
Cuando llegaron a casa, Shiro rápidamente salió del auto sin darle tiempo al moreno de abrir su puerta como siempre lo hacía, estaba triste y él lo sabía.
-Yashiro –le llamó antes de que subiera otro escalón más. Justo sobre el que estaba parada quedaban a la misma altura.
-Dime.
-Sé que estas enfadada porque no lo dije.
-Para nada. Sé bien que no puedo obligarte a decirlo si no lo sientes –aparentó desdén, pero la verdad es que si le había dolido el detalle.
-No lo dije porque no quería, no porque no lo sienta –aclaró.
-Bien –daba igual el motivo, después de todo no lo había dicho.
Tomó su cabeza con ambas manos para atraerla más cerca de él. La punta de sus narices estaban rozándose y el vapor de la boca de Ace chocaba contra sus labios.
-Tan solo quería guardarlo para un momento mejor. No teniéndote ahí al otro lado de la mesa.
-Dije que estaba bien.
-Eres tan mala mintiendo –sonrió, después besó sus labios rápidamente.
-Lo sé…
-Te amo… ¿eso también lo sabes?
Maldita sea, ¿Cuántas veces más la iba hacerla llorar? Afortunadamente las pequeñas lágrimas que rodaban por sus ojos eran de felicidad. Lo amaba y él a ella, el mundo no podría ser mejor.
Rodeó su cuello con sus brazos, besándolo como respuesta. Ace se aferró a su cuerpo, que ya estaba un poco helado debido a la fría noche.
-No llores –dijo Ace mientras secaba sus lágrimas.
-Lo siento. Pero estoy muy feliz –volvió a abrazarlo. Ace no llevaba saco, aun así estaba tibio.
-Tienes que entrar o vas a congelarte.
-¿Puede verte mañana?
-Y los días que siguen también…
El cielo era de otro color, el mundo mismo era de otro color; bendito el lugar, momento y hora en que sus caminos se habían cruzado.
No podía faltar la típica mañana en Raftell con Luffy haciendo alboroto, claro que junto a él su dúo dinámico: Zoro y Sanji. Estaban corriendo de Jabra, quien tenía una cara de los mil demonios, a saber que habrían hecho esta vez para enfadarlo tanto.
De camino a clases cruzó miradas con el espeluznante de Kid, no hizo más que agachar la cabeza y hacer como si no hubiera visto que estaba robándole dinero a un chico, ¿cómo es que siempre lo descubría en esos momentos? O era muy descarado o Shiro tenía mala suerte.
La revista escolar tenía los chismes de siempre, afortunadamente nada sobre ella y Ace o alguna vergonzosa pose. Hojeó un poco el contenido antes de que llegara el maestro: las fotografías de Ace sobre la torre Tsutenkaku eran preciosas, tenía mucho talento y estaba profundamente orgullosa de él.
Era un día normal en la universidad.
-¿Saliste ya? –Preguntó Ace a Shiro.
-No ¿cambiaste de número telefónico? –comentó al observar el número no registrado.
-Lo de siempre, ya sabes.
-Deberías dejar de hacer rica a la compañía de teléfono, después de todo Roger siempre seguirá llamándote.
-¿Y en dónde estás? ¿Paso por ti? –El tema de su padre estaba descartado desde siempre.
-En la biblioteca central, estoy estudiando y todavía me falta un poco más, puedes irte a casa sin mí.
-No tengo apuro, esperaré por ti.
-¿Seguro?
-Si… voy para allá.
En unos cuantos minutos Ace ya estaba sentado frente a ella. Sin tener mucho que hacer se quedó sentado como niño bueno en su silla, aguardando a que Shiro terminara.
Había perdido la noción del tiempo, cuando alzó la vista Ace estaba dulcemente dormido apoyando su mentón contra la palma de su mano. Yashiro sintió un poco de pena, de seguro no había dormido bien desde lo de su madre.
-Ace… vamos a casa –susurró para no molestar a las otras personas.
Iban saliendo del campus por la entrada principal, Ace cargaba algunos libros que Shiro había tomado prestados para seguir estudiando en casa, antes de que abandonaran el lugar una voz sumamente familiar llamó a la castaña.
Ambos voltearon a ver al emisor, Yashiro dio un paso al frente instintivamente, pero enseguida volvió a retroceder.
-Hiro, Portgas –dijo a manera de saludo.
-Hola Law –saludó discretamente. Ace no dijo nada.
-Que coincidencia –dijo el médico.
-¿Te molesta si hablo un poco con Law? –Preguntó Shiro para su novio. ¡Claro que le molestaba!
-Solo hablaran –articuló, más para él que para Yashiro-. Ve…
-¿De verdad? –Abrió bien los ojos con asombro puro.
-Si… -masculló, la verdad no estaba conforme, pero iba hacer una excepción en esos momentos… porque tal vez ellos dos tenían algo que arreglar.
-Gracias –besó su mejilla.
-Yo llevaré esto a tu casa –alzó los libros-, no te preocupes.
-De acuerdo –sonrió-. ¿Tienes tiempo Law? –preguntó al otro moreno.
-Sí.
-Te veo después entonces –plantó un beso territorial en los labios de Shiro.
-Oh, por favor… -habló Law, como si no supiera que lo hacía solo para fastidiarlo.
-Cuídala –advirtió Hiken antes de marcharse.
-Me sorprende que haya aceptado… -murmuró la ojivioleta.
-¿A dónde vamos?
-Donde gustes, pero si tienen comida mucho mejor. Muero de hambre.
Así habían terminado en una discreta cafetería no muy lejos de la universidad.
-¿Necesitas hablar de algo? –preguntó Trafalgar.
-No realmente. Solo creo que no hemos pasado tanto tiempo juntos desde que volvimos de Ishikari.
-Culpa a tu novio por ello.
-¿Sabes cuánto me estresan sus peleas? –dijo irritada.
-No.
-Ambos dijeron que no se odian, entonces ¿por qué actúan como perros y gatos?
-Supongo que ambos somos muy territoriales. No lo sé con certeza.
-Si ustedes dos se llevaran bien sería mucho más fácil para mí.
-No seremos dos amigos que se tomen de la mano –frunció el ceño.
-Pero ambos son imprescindibles para mí, ¿es tan difícil comprenderlo? Porque Ace parece no entrarle eso en la cabeza ni a punta de palos.
-Deja simplemente de forzarnos a que nos veamos de distinta manera.
-Sabes –agachó su cabeza-, la otra noche se molestó por lo que te dije… él no entiende la relación que tengo contigo.
-Pero ya están bien.
-Oh si, hablamos un poco de eso… aunque no aclaramos ese punto concretamente.
-¿Y qué quieres te que diga? –alzó los hombros.
-Él parece tenerte muchos celos…
-Qué bueno que así sea.
-¡Law! –lo regañó.
-¿Qué es lo que quieres? ¿Qué te aconseje?
-Pues… sí.
-Prácticamente me pides que me ponga en mi propia contra.
-No lo tomes así.
-Ace no es Hiro, aunque llegues a pensar eso, lo sabes ¿verdad?
-¡Claro que lo sé! –replicó molesta-. Quiero a Ace por quien es… ¿qué les pasa a ustedes sacando a Hiro todo el tiempo al tema?
-¿Ace lo hace?
-Si… de hecho la otra noche prácticamente me cuestiono sobre si lo elegiría a él frente a Hiro.
-¿Y qué respondiste? –Preguntó muy curioso.
-Ace es mi presente. Y estoy bien con ello.
-Es una forma indirecta de decirle que Hiro…
-¡Hiro ya no está más aquí! –Alzó la voz llamando la atención de los otros comensales. Bajó el tono al darse cuenta –. No quiero hacer comparaciones… no las hay.
-Detesto cuando te pones así de pesada.
-Tú eres el culpable.
-Pensé que hablábamos de Portgas.
-No quiero hablar de Ace, ni de Hiro en estos momentos. Por cierto ¿has visto a Izan? Hace mucho que no se de él.
-Tengo tiempo sin tener comunicación con Izan.
-Él ha estado muy distante de nosotros… ¿habrá pasado algo?
-Nada, que yo sepa.
-Deberíamos buscarlo.
-Si… tal vez deberíamos.
-Cambiemos de tema… cuéntame cómo te va en tu trabajo, el normal.
-¿El normal? –sonrió.
La plática entre los dos se extendió un par de horas más. De cierto modo extrañaba poder compartir el tiempo con Law, después de todo él seguía siendo su mejor amigo, la persona que siempre le había dado su hombro para llorar, quien siempre le tendía la mano cuando necesitaba.
Para cuando llegó a casa ya era un poco tarde, estaba asombrada por el hecho de que Ace no hubiera llamado ni una sola vez o estuviera espiándolos por ahí… o al menos ninguno de los dos se había percatado de su presencia. Y la razón de ello la encontró justo en la cocina de su casa.
Portgas estaba sentado frente a la mesa mientras Nojiko recogía los platos de ella, Yashiro parpadeó varias veces. Así que… durante todo el tiempo que estuvo con Law, Ace había estado en compañía de Nojiko. Eso no podía más que hacerla sentir incomoda.
-Justo acabamos de terminar de cenar. Pero ha quedado mucho por si tienes hambre –le dijo Nojiko.
-Descuida, comí algo con Law –dijo a propósito-. ¿Qué haces aquí? –interrogó a Ace.
-Esperándote…
-No tenías por qué hacerlo.
-Se lo dije, pero él insistió en quedarse –comentó la hermana de Nami.
-¿Puedo quedarme más tiempo?
-No. Debo estudiar y no quiero distracciones.
-¡Pero pasaste toda la tarde con Law! –replicó molesto.
-Si te preocupaba que estuviera con él toda la noche ya has visto que no. Ace, realmente no quiero discutir por milésima vez…
-Shiro…
-Has lo que quieras, iré a mi cuarto.
¿Qué había sido toda esa discusión sin sentido? Estaba molesta por haberlo encontrado con Nojiko, ¿qué no tenía otra persona a la cual recurrir? Era su exnovia por el amor de Dios. Además estaba el interminable tema de Law… que al parecer jamás iba a morir pensé a que parecía ya superado.
Y lo de "has lo que quieras" lo había tomado demasiado literal el pecoso. Mientras Yashiro trataba de concentrarse en el libro que tenía frente a ella Ace rondaba de arriba abajo en su habitación. Los pasos de Ace hacían eco en su cabeza, incluso su respiración agitada podía sentirla en el oído. Lo hacía a propósito, no dejaba que se concentrara en lo que le competía. Aun así, se esforzó por ignorarlo.
Los ojos curiosos de Ace se detuvieron en lo alto del ropero, ahí estaban las fotografías de Hiro y Yashiro que supuestamente habían guardado hace tiempo. Algunas estaban de pie, otras acostadas. Y lo único que pensó fue en que Shiro las había sacado para poder verlas de nuevo y había olvidado regresarlas al lugar donde debían estar. Volvió a mirar todas y en cada una de ellas, Yashiro estaba sonriendo alegremente, su mirada brillaba y parecía que no había algo más preciado para ella que el hombre que tenía al lado.
Tomó asiento sobre la cama, justo al costado de donde estaba Yashiro tratando de estudiar. Tenía el ceño fruncido y parecía muy irritada. No… él no era Hiro para hacerla inmensamente feliz. Estaba obsesionado con la idea y no podía más que dolerle el hecho de ni siquiera ser capaz de tolerar su amistad con Law como si lo había hecho el otro.
-Lo siento –dijo al final el pecoso.
-No. Yo lo siento. Estaba enojada, perdón.
-En verdad hice un esfuerzo con lo de Law, pero siempre pueden más mis celos.
No necesitaba que dijera algo más, tampoco tenía deseos de hablar y acabar de nuevo en un mar de discusiones sin sentido. Sin prisa besó los gruesos labios de Ace, esos que sabían hacerla enloquecer. El moreno tampoco se quedó atrás y de un movimiento la llevó de espaldas a la cama. Cuando sus bocas al fin se distanciaron apreció esos hermosos ojos de color violeta, si tenía un deseo, por ridículo que fuera, diría que ese era ser el primero en todo lo que le fuera posible.
-Ve a casa a dormir… lo necesitas –trató de convencerlo Shiro mientras acariciaba sus rostro.
-Necesito estar contigo.
-Deja de ser tan testarudo, ¿te has visto en el espejo últimamente? Luces fatal Ace.
-¿Eso crees? –hizo una mueca.
-Si…
-¿Por qué las fotografías de Hiro están afuera? –No pudo evitar preguntar.
-No es lo que estás pensando…
-Si quieres mantenerlas fuera está bien –dijo forzadamente, en realidad él no quería eso.
-Estaba buscando algo y olvidé regresarlas a su lugar.
-Te creo – y a pesar de que lo había dicho sinceramente en una parte de él seguía la duda.
No fue la única noche que habría de tenerlo en su habitación, porque durante los siguientes días Ace había estado allí con ella, tal vez para recompensar todo el tiempo que no habían podido estar juntos por x o y razón.
La rutina diaria era agradable hasta cierto punto, Yashiro comenzaba a preguntarse si Ace realmente no tenía nada más que hacer que estar con ella todo el día después de la universidad, de hecho Ace no había mencionado absolutamente nada sobre ir a donde Shirohige o algo por el estilo y eso que ella bien sabía lo mucho que le importaba esa cuestión al moreno.
Fuera de eso, mientras estudiaba Ace generalmente se dedicaba a observarla, o aprovechaba para dormir una siesta en lo que Shiro terminaba, y justo después venía el "cierto punto"… Ace comenzaba a comportarse tal vez como cualquier novio lo haría estando a solas, y es que Portgas ya no era un chiquillo de secundaría… ni ella tampoco, pero si al menos tres años menor que él.
-Quiero que lo hagamos –dijo Ace mientras la miraba con esos ojos que no despedían nada más que seducción pura.
Extrañé mucho a todos los chicos, especialmente las riñas Cavendish-Sanji…
Pero apuesto que no esperaban este final ):B
Besos
