No recordaba nada, estaba en la camilla y le dolía la cabeza terriblemente, tenía vendado y veía un poco borroso, sentía una fuertes nauseas pero podía resistirlo, estaba en la cama mientras la pelinegra yacía apoyada en la orilla de la cama, al parecer se había quedado preocupada, la miro un momento, a pesar del estado desgastado en el que se encontraba aun le parecía linda.

Tocó su mano, estaba fría debido a la noche y de cómo había dormido, ella por inercia la apretó hasta que abrió los ojos y se levantó de golpe. Miró asombrada y con los lentes desajustados junto con el cabello despeinado.

-buenos días-dijo el sonriéndole

-b-buenos días, Dino... ¿cómo te sientes?

-como si me hubieran dado una paliza

-una paliza tuviste, fue Kyoya -suspira - el... te escucho tu extraña y loca propuesta así que te dio una paliza, luego me dijo que se iba... no hubo mucho que hacer

-mmm ya veo ¿estas tu bien?

-¿yo?-sonríe- estoy bien

-¿Y?

-¿y qué?

-no respondiste mi pregunta, Selene

-¿cuál pregunta?-dijo estirándose

-vas a ser mi esposa ¿o no?

-¿bromeas? ¿Era en serio?-dijo con un leve sonrojo-ni siquiera nos conocemos

-no me importa, mi sueño es que cumplas tu sueño, lo mereces

-mi sueño no tiene fin... ¿aun así?

-sí, así que ¿qué dices?

-sinceramente, creo que deberías ir con un psicólogo, estás loco, casarte con una extraña es demencial-dijo desarmándose su bollo- además ¿y tu familia? los Cavallone... ¿que se supone que haré con eso?

-nada, tú seguirás en lo tuyo...podrás hacer lo que quieras

-mañana te vas de alta médica-dijo antes de salir del lugar

¿Se había detenido a meditarlo?

Bueno, él sabía que debía casarse alguna vez pero jamás supo que debía ver en una buena esposa, ni siquiera en una decente pero esta parecía la correcta, tenía un puro y enorme corazón, quizás se había apresurado pero quería hacerlo, quería conocerle más y sobre todo quería verle sonreír.

Al día siguiente él ya estaba vestido y listo para irse, la mujer fue a echarle un vistazo antes de que se marchara y despedirse a la vez, el pequeño pajarito amarillo estaba acomodado en la cabeza de la mujer durmiendo tranquilamente mientras el rubio le miraba molesto

-a los niños les agrada

-¿qué le sucedió?

-costilla rota-suspira- se quedara unos días aquí

-quiero que salgamos en una cita

-no tengo tiempo para una-sonríe- pero ten cuidado, no te seguiré extirpando cosas

-¿haz dormido?

-hay una cama aquí para los doctores de guardia, cuando está desocupada duermo un tiempo

-vamos a tener una cita, sin importar nada ¿entendido?-dijo tomando tus manos- tus manos siempre están heladas

-es que siempre debo desinfectarlos, es por eso que siempre están heladas

-¿cena?

-que no tengo tiempo-dijo con un tic sobre la ceja- debo irme ya... cuídate Dino, me gustaría decir que nos veremos, pero eso significa que volverá al hospital

-tienes razón pero aun así, nos veremos

Tomo su rostro con suma delicadeza y se acercó hasta ella para tomar posesión de sus labios, mientras la mujer se mantiene sonrojada e inmóvil. Pero esto fue detenido por el pequeño pájaro amarillo que picoteaba la cabeza del rubio tratando de alejar de la mujer, ella dio un paso atrás riendo. Tomo a la pequeña criatura entre sus manos y besó la mejilla del rubio antes de irse

¿Celos?

Y de el guardián pelinegro, el solitario jefe de Foundation que podía morderla hasta la muerte ¿acaso ella había sido mordida? probablemente no pero el interés de él por la joven doctora era más que inusual, jamás le había visto tan interesado en una mujer, Adelheid había sido lo más cercano a interesar pero era solo una rivalidad por el poder al igual que Tsuna.

Pero claro que eran celos, esa mujer le había atendido primero y a él le costó tanto que le tratara normal, que incluso le tuviera un poco de cariño. Pero el guardián tenía todas las atenciones de la mujer ahora que él se iba y no le agradaba absolutamente nada, debía planear algo

La mujer mientras estaba limpiando las heridas del rostro del pelinegro y revisando su vendaje en el abdomen, le decía algunas cosas arbitrarias para quitar la tensión cuando él le agarró el brazo e hizo que le mirara

-¿qué le dijiste?

-¿a quién?-le mira mientras él mantiene una expresión seria-oh... ¿hablas de Dino?... pues qué podía decirle, Kyoya... obviamente que no ¿por qué?

-nada

-¿seguro?... no parece a nada, estoy muy cansada como para pensar en tener citas y demasiado ocupada para concentrarme en una relación, demasiado endeuda para ser una buena mujer-sonríe- así están las cosas

-si pagó tu deuda, no tendrás que casarte con él

-no pagaré mi deuda y no me casare con el

-nosotros manejamos este mundo, Selene-dijo sentándose en la cama- podemos hacerlo

-lo sé pero me sentiría culpable y te debería la deuda, Kyoya ¿cómo te apagaría?

-no debes hacerlo

-si debo-dijo con el ceño fruncido

-se mi doctora personal-le toma un mechón de su cabello- solo me curaras a mi

-no haré eso, idiota-dijo separándose de él- sabes lo que quiero... puedes venir cuando quieras Kyoya pero no iré contigo-dijo antes de salir del lugar

-insensata...

La mujer está atendiendo a un niño con el brazo vendado, un accidente de auto, su madre estaba junto al niño y salió a firmar unos papeles, la mujer le inyecta lentamente un líquido, mientras ella sonreirá, le quitó la aguja y le sacudió el cabello

-¿doctora?

-¿sí?-preguntó cariñosamente

-¿tienes esposo?

-¿esposo?-dijo riendo- aun no pero el otro día recibí una proposición pero tuve que rechazar

-¿por qué?

-si me caso quizás no pueda seguir siendo doctora y me gusta serlo

-¡yo me casare con la doctora!

-lo lamento yo estoy primero-dijo el rubio desde la puerta con un ramo de flores

-¡Dino Cavallone!-dijo el niño emocionado

-hola niño-dijo sonriendo- ¿doctora me daría un momento?

-ahora no-dijo revisando el pecho al niños con su estetoscopio- se escucha bien

-¿Dino Cavallone fue quien le pidió que se casara doctora?

-así eso-dijo al levantarse, ahora debo ir a hacer otras cosas, tu madre ya viene, aprietas el botón si sucede algo o si necesitas algo

-ok-dijo animado- doctora deberías casarte con Dino Cavallone ¡él es millonario!

-pero las personas no se casan por eso-dijo antes de salir

El rubio la siguió insistentemente por cada habitación que esta revisaba, ya que la mayoría de los niños se conocían, insisten en que la mujer aceptara la invitación, incluso varias enfermeras le decían que aceptara, a pesar de que la mujer con una sonrisa decía que no, luego de un par de horas comenzaba a cansarse

-doctora Capellini -le detuvo el director- oh y Dino Cavallone ¿qué hace por aquí?

-director Cato-dijo estrechando la mano-tanto tiempo desde que no lo veo, bueno a mí me trae aquí su excelente doctora, sé que ha trabajado muchas horas y mi único objetivo es llevarla a que descanse

-¿cuántas horas lleva en servicio, doctora?

-veintidós-dijo algo indecisa

-lleva treinta y siete-corrigió él- creo que es más que suficiente

-tomate la noche doctora, sé que Dino será una buena compañía- dijo golpeándole la espalda antes de irse

-o-ok...-mira al rubio confundida

-de acuerdo no me agradezcas, necesitas una buena cena y una buena siesta-le toma la mano- ¿te gustan las flores?-dijo extendiendo las flores que traía

-si me gustan-dijo tomándolas y acercándose alas para oler las- rosas... son bonitas, pero prefiero los girasoles

-¿los girasoles?...

-piensas que son simples flores ¿no?-sonríe- predecible, bueno... a mí me parecen alegres como un niño, son realmente hermosas flores sonrientes

-como tú -dijo sonriendo-ok ¿qué es lo que más te gusta comer?

-me encanta el tiramisú

-ok ese es el postre, estoy hablando de comida

-me encanta la lasaña

-¿solo eso?... ok, conozco un buen lugar

-nos vemos afuera iré a dejar la credencial del hospital y todo, al final de cuentas lograste tu cometido-dijo antes de irse por el pasillo