Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto

Autora:NebelKattyto

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EL PRIMER AMOR NUNCA SE OLVIDA

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Género: Romance/ Drama

Personajes principales: Hinata H. /Sasuke U. /Itachi U.

Advertencias: Hurt/Comfort / Algo de Out of Character (OoC) / U.A/ One-shot.

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Capítulo Único

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El sol estaba casi cubierto por esponjosas nubes pero aún estaba iluminada la tarde. Hyuga Hinata estaba sola, como nunca antes. Y ahora tal vez más.

Miró dentro de los ojos de su pequeño. Ella se había enamorado antes de saber cómo lucía.

Hinata rememoró los días de amor y los besos apasionas ¡qué tonta fue creyendo que eso era amor! Pero no se arrepentía, de la tormentosa relación que tuvo ganó más de lo que en algún momento creyó que podría tener. Amor del bueno.

Sus manos tocaron sobre su gabardina, un vientre plano. Su mente viajó hacia su pequeña Hanabi-neesan, fue tan buena con ella siendo un fuerte apoyo moral en esos ocho meses y medio de antojos, cambios repentinos de personalidad y largas noches donde su pequeño milagro de vida parecía entretenerse jugando a las volteretas en su vientre pero eso no la molestó nunca. Ella prefería sentir como de vez en cuando perdía el aliento por algún brusco movimiento de su pequeñito y saber que estaba bien a tenerlo quieto y con el susto de tenerlo mal.

―Te traje un chocolatito amargo, cielo ―habló con ternura―. El dulce no es lo tuyo, ni siquiera en la leche.

El viento meció sus cabellos.

―Eras demasiado pequeño para probarlo y conocer su sabor pero sé... ―su voz se quebró―. Sé que este sería tu favorito.

Había prometido nunca más llorar frente a él pero no pudo evitarlo. Él la había salvado del abismo y ahora simplemente el destino se lo arrebataba de sus brazos.

A una distancia muy holgada el menor de los Uchihas caminaba en silencio. Ya llevaba tiempo que no iba a ese sitio. Los viajes y la vida loca lo tenían bien amarrado pero en algún momento él tenía que apartarse ―aunque sea un poco― de su vida bohemia.

Sus pasos iban pausados sobre la conocida ruta, desinteresado de las pocas personas a su alrededor. Giró una esquina y sus pasos se detuvieron en seco, al parecer el cuerpo reaccionó antes que él mismo.

Hinata, susurró en una lengua parecida al murmullo del viento.

Estaba a unos metros de ella, con la cabeza gacha y esa fragilidad que él conocía muy bien.

De pronto se siento extrañado por tenerla en ese lugar. Ese era un espacio exclusivo para pequeños de entre los cero a los seis años. La zona de adultos es más lejana.

― ¿Qué haces aquí, Hime? ―se preguntó a él mismo.

Aún estaba a medio camino. No tenía prisa, tuvo curiosidad y algo de remordimiento. Él había sido un patán con ella; la quiso, quizás hasta la amó pero en aquel entonces él solo pensaba en los buenos ratos y en divertirse dándole a su cuerpo lo que todo jovenzuelo con hormonas quiere, sexo.

La veía y a cada segundo notaba lo diferente que se veía a comparación del distante recuerdo de ella en una versión más juvenil. Si rostro estaba más delineado, su cabello más largo y parecía de un índigo más intenso contrastando con su piel de nácar. Llevaba un gabardina que igual daba atisbos de su contorneada figura y esa pose, aunque todo indicaba aflicción seguía siendo elegante y etérea.

Aún se recriminaba el hecho de haberla dejado, de la forma humillante como la trato. Quería reactivar su cuerpo, ir hacia ella y pedir perdón pero tenía miedo. No de que le insulte o de que quiera huir de él. Sino que tenía miedo ver de forma más nítida como todos los años de ausencia le caerían sobre él, que todo ese tiempo que creyó que fue feliz y libre en realidad no fue nada por no estar al lado de esa mujer que abandonó. De esa mujer que dejó por creer que fuera de ella conocería el amor y el placer como tierra en el camino.

Hinata, inconsciente de saber que un ojo la miraba íntegramente siguió en lo suyo. Juntó sus manos y comenzó a orar.

Cuando le habían dicho que su pequeño no tenía muchas esperanzas de vida su fortaleza se vio seriamente afectada pero no tuvo tiempo de ponerse como una niña torpe, indecisa y débil que solía ser. En cambio prefirió luchar con paciencia bajo ese mal tiempo. Había días buenos, donde su pequeño cielo parecía tranquilo en aquella cama de hospital. Había días donde veía la batalla fiera que el niño de sus ojos daba. En tres ocasiones donde ella estuvo presente y su pequeño parecía irse, en un segundo donde ella perdía el sentido de la audición y todo era fijación visual, su bebé le lanzaba una mirada tremola. Él parecía hablar con los ojos y una frase se elevaba como los juegos pirotécnicos iluminando su oscuridad: Quiero vivir.

Abrió los ojos y las lágrimas cayeron como si pesaran toneladas. Y lo entendió, era cierto. Esa frase cursi y que alguna vez le sonó tonta era verdad.

―Mi amor, yo... y-yo...―respiro hondo intentando calmar la sensación de ahogo en medio del llanto. Se sintió torpe por tartamudear. Aclaró su garganta―. Yo te amo tanto.

Sasuke abrió los ojos en su máxima expresión sin entender las palabras de Hinata.

―No hay dí-ía que no te extrañe ―entrelazó sus manos clavando se las uñas. Mierda, no quería tartamudear―. No puedo aceptar que en mi mente estés tan cerca y en físico...

Rompió en llanto, el peso de esos últimos de tres años agobiándola habían llegado a su límite. Simplemente ella contuvo tanto que su vaso ahora rebalsaba su contenido.

Pasaron largos minutos donde solo se oía el hipar de la pelinegra y el gaznar de alguna ave en vuelo en esa tarde donde el sol parecía querer guardar sus respetos a esa indefensa mujer.

Él intentó rememorar ese pasado con ella, sus sonrisas tenues y los sonrojos casi continuos. La forma en la que su voz disminuía cuando no quería tartamudear y la mirada suave y extrañamente honda que tenía. Él sintió más que cariño por ella, sí, podía aceptar que la amó. Que la amó y la deseo pero no la respetó. Y ese fue su pecado más grande.

Ella era dulce e inocente, y eso él siempre lo tuvo más que claro pero un día despertó en medio de un sueño cálido y vicioso donde los protagonistas fueron ellos en medio de una cama redonda. Había llegado la etapa sexual a su vida.

Al comienzo intentó ignorar esos pensamientos fugaces. Era consiente qué etapa estaba cruzando así que no se alarmo. Intentaba modular su energía sexual con los besos de su pelinegra y mucho deporte pero eso no funcionaría por mucho tiempo.

Las fantasías se hacían más persistentes y no podría ser de otro modo si cada fin de semana se encerraba con sus amigos a ver porno para aprender, según ellos.

Su libido a veces parecía dominarlo y un día lo hizo.

Él con su bien dotada labia convenció a su pequeña Hinata de probar la primera vez. Estaban solos en el cuarto de ella y un condón en el bolsillo izquierdo de sus pantalones aguardaba paciente ser usado.

Veía que su Hinata estaba muy avergonzada pero él fue más listo y apagó las luces dejando que la luz del ocaso fuera la fuente de luminosidad. Al parecer no erró pues Hinata se relajó un poco.

Sasuke sentía que lo que estaba por hacer con su novia era como la prueba final luego de tanta teoría. Intentó ser suave y darle confianza, besó la suave piel teñida de naranja de Hinata y dejó que ese sentimiento que apretaba su cabeza se mezclara con el placer.

Penetrarla no fue fácil. Ella era estrecha y por ratos parecía despejarse su nublada mente, en esos segundos de lucidez sentía que la rompería, que la lastimaría pero en ese momento su miembro entró todo en ella y la luz de la conciencia se apagó dejándolo a la deriva.

Y luego del placer-dolor algo inesperado sucedió. El condón se había roto.

Le tomó horas calmarla. Convencerla que no pasaba nada. Que era remoto que se embarace en su primera vez. Él quería cree eso. Realmente lo quería.

Luego de aquella vez ella se negó a intimar con él y simplemente enloqueció. Haberla probado y ser arrebatada de sus manos, de su piel. Eso él no lo aceptaba.

Hizo cenas románticas, la llevó a ver las vistas del mar, la llenó de detalles pero ella seguía diciendo no. Y Sasuke se cansó.

Empezó a rondar los amigos de su hermano mayor, por ende, las fiestas de cada fin de semana. Comenzó a poner escusas y repentinos pendientes que hacían imposible que él vea a Hinata y que ella lo vea a él.

No fue difícil perderse entre tanto cuerpo femenino bien dotado, él era guapo, no podía pedir menos de eso a sus amantes.

Y en medio de esas noches interminables un día ebrio no solo de alcohol, sino de machismo y prepotencia encaró a Hinata para decirle que ya no la necesitaba porque otras hacían, lo que él llamaba su deber de mujer para con él.

Lo que él no sabía es que esa noche perdería más que a Hinata.

―Hinata... ―regresó al presente.

Hinata elevó su rostro al cielo y cerró los ojos.

―Gracias por todo, cielito ―dijo con voz calma―. Tú me enseñaste el amor como nadie pudo... y quizás nadie podrá. Nunca. Porque nadie será tú. Nadie, mi tesoro.

Unas lágrimas rebeldes recorrieron sus mejillas pero fueron limpiadas rápidamente.

―Recuerdo que mi mamá, tu abuelita ―aclaró en una voz bajita―, solía decirme esa frase una y otra vez ―una sonrisa fresca salió de su garganta―. Yo no le creí mi bien. Pero es verdad. Porque tú lo eres.

Sasuke deseaba escuchar qué decía pero no pudo. Solo la vio gesticular seguido y al fin ponerse de pie. La vio besar la palma de su mano y luego extenderla. Después ella se alejó y cuando creyó prudente se acercó hasta ubicarse donde ella estuvo parada.

En una pequeña lápida se veía la foto de un bebé que sonreía, aún no tenía ni un diente y las mejillas las tenía sonrojadas. Era cachetón con un mechón de cabello en su mollerita. Sobre la lápida descansaba un chocolate negro ligeramente abierto. Sus ojos descendieron y leyeron:

«Aquí descansa Hyuga Yûhi, la luz de mis ojos. Mi primer amor.»

Su mente viajo a un antiguo pero claro recuerdo donde él se percataba lo afligida que estaba Hinata antes de su ruptura, y que cuando él rompió con ella vio sus claras intenciones de decirle algo pero él no le dejó. Entonces todo encajó.

Ella había querido decirle que estaba embazada.

El pecho se le hundió de manera dolorosa.

Corrió como nunca a la salida del panteón. A lo lejos escuchó la voz rasposa del vigilante intentando regañarlo pero ignoró los gritos.

Fue muy tarde, la calle estaba desolada. Llevó sus manos a su rostro, había llorado sin saberlo.

Se secó las lágrimas. Ella se fue pero él es un Uchiha, y los Uchihas no se rinden ante la adversidad. La buscaría. Le pediría perdón por todo el daño. Insistiría y juraba por la vida de ese pequeño ser que no conoció que él lucharía por volver a lado de su Hinata.

Mas Sasuke no sabía es que otro Uchiha había estado a su lado en todos los años de ausencia, que otro Uchiha había sido paciente y que ese otro Uchiha aquel mismo día recibiría la dicha de un sí de la pelinegra después de tantos años de perseverancia.

Ese otro Uchiha no era otro que Itachi.

Itachi la observó de lejos como la heredera de su clan al igual que él, como amiga, como la novia de su hermano menor. Fue testigo de llanto y el profundo sufrimiento que su estúpido hermano le clavo en el pecho a la indefensa Hinata. Tuvo la dicha de acompañarla esa tarde soleada al hospital y verla dar una nueva vida. Poco tiempo después fue el hombro amigo que la sujeto cuando se halló destrozada por el cruel arrebato de su primogénito. Él no se movió de su lado aun cuando era alejado pues era el hermano mayor del maldito basura Sasuke, como lo solían llamar los amigos de Hinata; él no pensó que en medio de tanto dolor él podría enamorarse y menos de ella pero se enamoró como un niño y ese día de tarde apacible al fin tendría un nuevo inicio. Aunque ellos siempre recuerden al pequeño de su amada.

Porque el primer amor nunca se olvida.

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Nebel dices así:

-Yûhi significa sol del atardecer.

He estado muy ausente pero insisto, la universidad me tiene como loca y en serio que no me doy abasto. En fin, este fic nació de uno de esos días nublados que tengo. Sí, en Lima está todo nublado y triste, al menos para mí. El fic tenía otro final, uno tal vez más trágico, aún estoy evaluando si ponerlo como si fuera otro capítulo siendo el mismo pero con el final que nació. Sinceramente no sé qué me pasa, yo me considero acérrima fan del SasuHina pero en mis fics termino haciendo que ella termine con mi Itachi.

Bueno, para mis lectores, los caseritos, déjenme decirles que no me he olvidado que les debo actualizaciones. Sigo teniendo el un nuevo capítulo de Dos en manuscrito pero cuando lo veo sé que ese único capítulo no los hará feliz. Espérenme que quizás pronto les dé buenas nuevas.

Hasta pronto.

Comentarios, si lo desean.