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La detective bajo las escaleras y se dirigió a la habitación de su hermano. Allí estaba él, esperándola sentado en un sillón.

Kate – Aarón.

Aarón - ¿Ya?

Kate – Si, subamos

Mientras los hermanos se dirigían al cuarto donde estaba la pelirroja, Rick estaba pensando en lo ocurrido minutos antes y decidió que terminaría de deshacer la maleta de su novia. Su novia, que bien sonaba eso. Cada vez que el escritor se acordaba de aquel día en el aparcamiento, cuando Kate le contó lo que sentía por él, cuando pudo probar sus labios después de 4 años de espera. Aunque técnicamente sea 1 año y medio debido a aquel beso robado cuando su misión era salvar a sus compañeros de una muerte segura. Para Castle, aquel beso fue real. Cuando vio que empuñaba el arma con su mano, supo que tenía que hacer algo porque si no tanto ellos como sus compañeros acabarían en la morgue. No se lo pensó dos veces y la apartó la mano del arma bruscamente, la cogió de la nuca, la miro fijamente a los ojos y la beso con la mayor dulzura posible. Él esperaba haber recibido una bofetada o algo similar pero lo único que hizo fue apartarse de él, mirarle a los ojos y volver a juntar sus bocas, pera esta vez de forma más salvaje.

Tras recordad todo eso, cogió su móvil, puso música y empezó a deshacer la maleta. Le llamo la atención la ropa que trajo su musa. No era su estilo habitual. Vaqueros, camisetas de manga corta, sudaderas, alguna camiseta de tirantes, camisas y un par de deportivas. El escritor se sorprendió al ver las últimas. "¿Playeras?" pensó. Nunca la había visto con ellas puestas. La verdad es que nunca la había visto con un zapato que no tuviera tacón. También encontró varios pantalones deportivos y algunos conjuntos de lencería con los que se dejó llevar por la imaginación. Poco a poco fue guardando la ropa y los zapatos en los armarios junto a la suya. Bajo toda la ropa, en la maleta encontró uno de sus libros "Frozen Heat". Sonrió al afirmar su teoría de que su querida musa era una gran fan suyo. Encontró un sobre. Le pico la curiosidad de abrirlo pero recordó un conocido refrán. "La curiosidad mato al gato" y dado que casi le "matan" allí arriba al espiarlas, decidió dejarlo dónde estaba. Con un poco de suerte, antes o después descubriría lo que contenía. También se encontró un objeto cuadrado y envuelto y enseguida callo en lo que era. Aquel regalo que le compro en su primera cita. Lo saco de la maleta y probo miles de técnicas para descubrir que era, pero por más que lo intento, nada. No lo conseguía así que después de varios intentos fallidos acabó por dejarle en su sitio y rendirse. Una vez se aseguró de que todo estaba ordenado, fue hasta el salón donde sus amigos estaban viendo la televisión en inglés. Habían cambiado el idioma para poder entender lo que decían pues, a pesar de las mini-lecciones de español, ninguno se enteraban de lo que decían.

******* Mientras tanto*********

La detective se paró frente a la puerta tras la cual estaba Alexis esperándoles. Se giró sobre su puntera para ponerse de frente a su hermano, le miró fijamente y se inclinó a preguntarle.

Kate - ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

Aarón – Pues claro. Se lo maslo que lo pasaste cuando estuviste en su lugar. Y tú, ¿Estas bien?

Kate – Si, entremos – Volvió a girar, respiro hondo y abrió la puerta.

Al verlos entrar, la pelirroja se tensó más de lo que estaba. "Se fuerte" se dijo a si misma "Hazlo por ti, por papa, por la abuela… por Kate" La joven sabía perfectamente lo mal que lo estaba pasando Beckett. Gracias a su estúpida adicción, la estaba haciendo recordar malos momentos y todo por su culpa. Después de convencerse a si misma, asintió con la cabeza y miro a los hermanos. Él tenía una pequeña bolsita y la identificó rápido. Allí llevaban las drogas. Las mujeres no se dijeron nada. Aarón le explico a la joven como iban a ser las sesiones y su hermana que estaba sentada junto a la pelirroja, la cogió de la mano. Ella al notar la cálida mano de la detective sobre la suya, la agarro con fuerza.

Pocos minutos después, Alexis ya tenía la droga en su organismo y la jeringuilla estaba fuera de su brazo. Durante el procedimiento, Beckett no la había soltado la mano en ningún momento. Aarón pregunto que si estaban bien, y ante la afirmación, se fue del cuarto dejándolas solas. Sabía de sobra que él no pintaba mucho ahí. Con quien tenía confianza era con Kate no con él y el hecho de ser su hermano no significaba que también tuviera que tener la misma actitud.

Al bajar las escaleras, se encontró a Castle, apoyado en el marco de la puerta mirándola televisión junto al resto de la gente, quienes estaban sentados en los dos sofás. El escritor se acercó a Aarón dispuesto a lanzarle infinidad de preguntas pero este le detuvo antes de que pudiera abrir la boca.

Aarón – No me han dicho nada.

Rick – Ya, pero antes estabas en la habitación y ahora venias de arriba…

Aarón – Hey tranquilo.

Rick – Lo intento, pero sé que algo está pasando, no soy tonto. Me preocupan las dos, sobretodo Alexis. Sé que está metida en algo pero que no me lo quiere decir.

Aarón - ¿Por qué piensas eso?

Rick – Soy padre. Desde que Alexis entró en la adolescencia, la llevo controlando cada movimiento sin que lo sepa. Más de una vez me ha pillado pero siempre encuentro otra forma de vigilarla. Poco a poco me ha ido demostrando que es de confianza y que no hace o al menos hizo ninguna estupidez. Pero desde hace cosa de un año la he notado diferente y no sé cuál es el problema. Me preocupa que tenga algo grave entre manos y no me lo quiera decir por miedo a que la castigue o algo parecido.

Aarón se quedó perplejo ante lo que oyó. Sin haberle dicho nada, Castle sabía más de lo que se imaginaba. Aunque en parte le comprendía pues cuando su hermana empezó a tomar drogas también parecía más distante. Por pena y orgullo estuvo a punto de contarle el secreto, pero entonces una imagen de su hermana con apenas los 16 recién cumplidos en su habitación con una jeringuilla en la mano a punto de inyectarse, volvió a su mente. Aquel día en que recibió una de sus peores noticias, aquel día que decidió centrarse en su hermana, aquel día en el que se olvidó del alcohol, aquel día en el que volvió a ver sufrir a la persona que más quiere y prefirió no decirle nada.

Aarón – No te voy a decir que no esté pasando nada, pero te prometo que todo está controlado y que antes o después te lo dirán – Le dio dos palmaditas en el hombro y se fue a la cocina para ir preparando la comida. Mientras el escritor se quedó fijo en el mismo sitio pensando en las palabras de Aarón.

Al cabo de un rato, las dos mujeres bajaron del piso de arriba. La pelirroja se metió en el salón junto a los demás y la detective se fue a la cocina donde su hermano intentaba preparar unos macarrones.

Kate - *¿Qué haces?*

Aarón - *¿Yo?*

Kate - *No, yo.*

Aarón - * Pues tú, acabas de venir, pero no sé muy bien a qué*

Kate - *A ver qué hacías idiota. Bueno, ¿Qué hay de comer?* - Cuando estaban solos, preferían hablar en español, se manejaban mejor.

Aarón - *Macarrones* - Cogió una pala de madera y sacó un macarrón del agua hirviendo, sopló un par de veces y se lo metió en la boca - *Uff ufff ¡Quema!*

Kate - * Mira que eres tonto, trae, déjame ayudar. ¿Cuánto tiempo llevan en el fuego?*

Aarón - *Pues no se… unos 8 minutos* - Dijo con la lengua quemada fuera.

Kate – *Ya están hechos* - Retiro la olla del fuego y se acercó a uno de los cajones para sacar el colador. Vertió los macarrones en él y volvió a poner la olla en el fuego. Cogió un bote de tomate y le echo prácticamente entero, junto a unas salchichas troceadas. Lo removió y cuando estuvo mezclado, le echo queso en polvo. Lo volvió a remover y cuando estuvo bien mezclado, ayudó a su hermano a poner la mesa.

A los pocos minutos, todos estaban sentados en la mesa elogiando a los cocineros, los cuales solo sonrieron. Cuando terminaron, Aarón se echó la siesta y Kate colocó la wii en la gran televisión para jugar en algún rato libre. Mientras Castle la ayudaba, el resto miraban los juegos.

Kate – Esto… ya está. ¿Nos vamos?

Espo – Si.

Jenny – Estoy deseando ver el pueblo.

Kate – Voy a despertar a Aarón.

Rick - ¿Necesitas la bocina? – El comentario generó risas entre los amigos.

Kate – No hace falta, tengo otro método más eficaz – Salió del salón después de guiñarle un ojo y se dirigió al sofá donde su hermano estaba durmiendo. Le movió un poco pero este ni se inmutó – Aarón, despierta, nos vamos a dar un paseo por Santovenia.

Aarón – Si claro… - Dijo medio dormido – Pasároslo bien.

Kate – Aarón, tú también vienes.

Aarón – Si ya… Cinco minutos más – Pegó un ligero empujón a su hermana y se volvió a acomodar.

Kate – Siempre igual – Se levantó y se dirigió al fregadero. Cogió un vaso y lo lleno de agua fría y volvió al sofá – No me has dejado otra opción – Y le volvo el agua en la cara.

Aarón - ¡Ah! ¡Esta fría! ¡Muy fría! – Después de secarse los ojos, miró a su hermana quien tenía una sonría en la cara - ¿No tenías suficiente con el bocinazo que ahora me tiras un vaso de agua congelada?

Kate – No te despertabas – Dijo levantando los hombros para quitarle importancia.

Aarón – Ya veras, esta te la guardo.

Kate - ¡Uy! ¡Qué miedo! Mira como tiemblo – Dijo con ironía poniendo cara de susto y agitando las manos – Venga, sécate y yo que tú me cambiaría la ropa, hace mucho frio como para que salgas mojado – Volvió a reírse y salió de la habitación dejando a su hermano pensativo.

Aarón – Si, tu ríete ahora, veras como luego lloras – Dijo en un susurro mientras se iba a su habitación pensando cómo se vengaría de su querida Kate.