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Tras despedirse de Jake, pusieron rumbo de vuelta a casa, recorriendo el mismo camino, solo que esta vez el camino estaba iluminado por una anaranjada luz que brillaba con muy poca fuerza. Pararon en un quiosco a mitad de camino del cual salieron Kate y Aarón con tres bolsas de gominolas que repartieron entre todos. Durante la mayor parte del camino, el escritor y su musa fueron agarrados de la mano.

Junto a la noche, cayó el frío y todos los estadounidenses empezaron a tiritar.

- Qu-ue frí-frí-frío – Dijo Ryan mientras se acurrucaba más a Jenny.

- ¿Cómo diantre aguantabais este frio? – Preguntó el escritor con la nariz completamente roja.

- Aguantando, te acabas acostumbrando – Contestó Kate, todavía con sus manos entrelazadas.

Mientras que los extranjeros no podían parar de tiritar, los hermanos iban únicamente con una sudadera puesta.

- Enserio Kate, ¿No tienes ni una pizca de frío? – Rick seguía sin creérselo.

- No, y si os quejáis ahora, no sé qué diréis en plena Navidad. Ahí yo, llevo abrigo.

- Decidido, no salgo de casa – Mientras lo decía, Castle movía exageradamente su cabeza hacia los lados.

- Venga quejitas, que falta poco para llegar.

Al cabo de 10 minutos llegaron a casa y poco a poco, acercándose a los radiadores, fueron entrando en calor.

- Bueno chicos, yo me voy a duchar – Al oírla decir eso, su hermano sonrió de forma malévola.

- Nosotros nos quedaremos aquí viendo la televisión – Contesto rápidamente para que nadie le estropeara su plan.

Una vez que se aseguró de que su hermano no podía orle, siguió hablando.

- Chicas, ¿Alguna tiene que usar el secador de pelo? – Todas negaron con la cabeza – Vale, aun así, no lo encendáis hasta que lo use Kate.

- ¿Por qué? – Se atrevió a preguntar la más joven.

- Pronto lo sabréis.

Veinte minutos después, se oyó un grito que venia del cuarto de baño. Al escucharlo todos se pusieron de pie y Aarón se escondió detrás de Castle mientras se reprimía una gran carcajada.

- ¿Era Kate? – Pregunto el escritor preocupado.

- Si, pero no te preocupes, no ha sido nada grave. Es más, es mi vida la que corre peligro, no la suya – Contesto Aarón.

Varios segundos después, Kate aparecía en la cocina cubierta por una toalla. Tenía el pelo mojado, recién lavado del cual, caían gotas al suelo. Pero estaba cubierto por unos polvos marrones. Traía el secador de la mano y en su cara se reflejaba ira.

- Te voy a matar – Dijo mirando fijamente a Aarón.

- Eso por empaparme hace unas horas con un vaso de agua helada – Hecho a correr al ver a su hermana dejar el secador de pelo en la mesa más cercana.

Los dos iniciaron una gran persecución por toda la casa. Pero el hombre tenía ventaja pues ella solo tenía puesta encima una toalla y al mínimo movimiento brusco se le caería. Al ver que no le iba a alcanzar, se dirigió de vuelta a la cocina donde sus amigos seguían asombrados. Había que tener mucho valor para hacerle eso a Kate. Las carcajadas se oían desde cualquier parte de la casa, pero al ver entrar a la detective, todos se callaron. Esta ni se inmutó, cogió el secador y se fue de vuelta al cuarto de baño.

Dos minutos después, Aarón aparecía por la cocina, donde el resto seguían inmóviles.

- ¿Se ha ido ya? – Susurro.

- ¿Cola-cao? Tío, has puesto tu vida en peligro – Comento Esposito quien no podía parar de reír.

- Ya bueno, merece la pena cualquier tortura solo por verla así de cabreada.

- Mira que es…No tenía otra cosa que ponerme que no fuese cola-cao – Gruñó desde el baño para sí misma mientas se sacudía el pelo.

- ¿Te ayudo? – Pregunto un sonriente Castle, entrando al baño.

- No hace falta.

- Déjame anda – Puso la "Mirada Cachorrito" como la había apodado Beckett y no se pudo resistir.

- Este bien – El escritor se apresuró a traer una silla y la mando sentarse en ella. Esta inclinó la cabeza para atrás, cerró los ojos y se dejó en manos de Castle.

- ¿Qué hiciste para acabar así? – Preguntó mientras la enjabonaba el pelo.

- Aarón. Esta tarde antes de ir a pasear no se despertaba y le tiré un vaso de agua helada encima. Y él, como buen hermano me la ha devuelto metiéndome cola-cao en el secador – Seguía con los ojos cerrados mientras disfrutaba del masaje de su novio.

- ¿Piensas devolvérsela? – Preguntó curioso.

- No creo, es decir, odio que me gaste este tipo de bromas pero en parte me lo merezco.

- ¿Y si lo hubiera hecho yo?

- No vivirías para contarlo.

- Me lo suponía – Y ambos rieron felices.