Para mi querida Fiancee, quien está de acuerdo conmigo en que la voz de Nathan cuando dice Fiancee es muy sexy. Y también para INievesI, con su hermosa voz, que me comenta siempre que puede. Un beso para las dos!


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*** Beckett POV ***

Y pensar, que hace dos días estaba contenta por haber visto a Jake. Que apenas me acordaba de ella. Que ocupaba un mínimo espacio en mis recuerdos. Y pensar, que hace unas horas todo iba maravilloso, todo estaba a la perfección. Y pensar, que si no hubiera encontrado esos papeles, ahora no lo estaría pasando tan mal. Y pensar en que ha podido ocurrir hace 26 años para haber llegado a este punto, en qué demonios ha pasado para no habérnoslo contado. Éramos sus hijos, merecíamos saberlo cuando ocurrió y no tantos años después. Aunque puede que él ya lo supiera, puede que fuese la única que no tenía ni idea. Solo de pensar que durante tanto tiempo, tantos años, no me dijeran nada ninguno de los dos se me forma un nudo en el estómago. Y pensar que aquí estoy, como cada año, en este sombrío lugar frente a un objeto con su nombre bordado. Pero esta vez es diferente. Esta vez necesito respuestas, pero sé que ella no me las puede dar, porque ya no está aquí… Mi dolor de cabeza aumenta cada vez más. Intento pronunciar la pregunta pero me resulta imposible. No puedo, cada vez que voy a hablar, mi voz desaparece. Sigo sin poder creerlo. Tenía 10 años.

Y sigo maldiciendo en mi cabeza esos papeles, en los cuales faltaba uno. El más importante. La razón por la que iba a suceder la segunda de mis peores pesadillas había desaparecido de sus hermanos, el resto de papeles. Y sé que la tiene él. Sé que nada más llegar a la casa, en algún momento en el que me descuidé, cogió ese papel para que no le viese. Para que no sufriera más, pero de lo que no se da cuenta es que, sabiendo que no se cosas, cosas importantes, sufro más.

Vuelvo a mirar su nombre, reluciente en la lápida. Noto como la vista se me nubla otra vez. Tengo ganas de salir. Tengo ganas de salir corriendo hacia donde esta él para que me enseñe esa hoja, esa maldita hoja, pero para mí alivio, una cálida y reconfortarle mano se posa sobre mi hombro, como pidiendo permiso para, pocos segundos después, unirse a la otra en mi barriga. Me transmite fuerza, amor, tranquilidad, seguridad, todo en un solo gesto que agradezco enormemente. Sé que esta vez paso lo que pase no estoy sola, le tengo a él, conmigo, siempre. Y el pensarlo hace que reúna el valor suficiente y, observando la tumba y agarrando a mi novio de la mano, suelto la pregunta que me estaba comiendo por dentro.

- ¿Por qué os ibais a divorciar?

4 horas antes…

Los primeros rayos de sol entraron por la ventana deslumbrando los ojos de la detective que los mantuvo abiertos gran parte de la noche. La idea de tener que volver a recordar todos esos momentos la llena de tristeza y más de una lágrima ha recorrido sus mejillas durante esas interminables horas, abrazada a su escritor. "Por lo menos esta vez, le tengo a él" se dijo a sí misma al notar como Castle la apretaba más contra él.

Al cabo de un rato, Rick abrió los ojos al notar como su querida musa se intentaba zafar de sus brazos.

- Hey, ¿A dónde vas? – Preguntó tirando de su brazo haciendo que se girara.

- Iba a ducharme – Bajó la cabeza. No quería que su novio la viera en ese estado. Ojos rojos e hinchados, nariz roja, mejillas mojadas y voz ronca.

- Kate, ¿Estas llorando?

- No, es solo que he pasado la mayor parte de la noche despierta y ahora estoy cansada – Intento poner su mejor sonrisa, pero era inútil, con él era inútil. Y la lágrima que estaba a punto de salir de su ojo no ayudaba.

- ¿Qué ocurre? – La agarró de la mano, pero ella se soltó enseguida con un movimiento brusco.

- No me pasa nada Castle – Y se metió en el baño contiguo a la habitación cerrando la puerta de un portazo.

El escritor algo frustrado por lo que acababa de ocurrir, se dejó caer de nuevo en la cama pensando en que la podía estas pasando para comportarse de esa manera. Siempre confiaba en él. Y debería hacerlo más ahora que estaban juntos pero en lugar de eso, se escapa y se encierra en el baño llorando.

45 minutos después, la detective entraba de nuevo en la habitación con la intención de hablar con Castle, pero para su sorpresa no estaba allí. Cuando iba a salir de la habitación, se acordó de una pulsera que su madre usaba mucho pues decía que la daba suerte y optó por ponérsela ya que dada la forma en la que había tratado a Rick, tenía que disculparse y las palabras de perdón no eran su punto fuerte. Mientras buscaba la pulsera, su mente estaba en otro mundo, pensando en cómo pedirle disculpas a su novio después de huir de él de esa forma. Poco a poco, fue abriendo los cajones, sin prestar mucha atención a lo que había dentro de ellos pero unos documentos la sacaron de sus pensamientos. Se cayeron al suelo y los cogió fijándose en los nombres que ponían en la carpeta.

Jim Beckett & Johanna Pérez

1988

Calculó cuantos años tendría ella entonces, y no la resultó difícil, las matemáticas eran su territorio en la escuela. 11 años. Tenía 11 años. Una vez que supo su edad, abrió la carpeta y empezó a leer atentamente todos y cada uno de los folios que había dentro. A medida que iba sabiendo lo que los documentos contenían, sus ojos se iban humedeciendo hasta soltar las lágrimas. En la última hoja, volvían a aparecer los nombres y bajo el de su madre había una firma. Faltaba la de su padre.

Se sentía traicionada, defraudada. Tenía 11 años y sus padres no fueron capaces de decirles que se iban a divorciar. O al menos no a ella, porque puede que su hermano sí que lo supiera. Pensó en llamar a su padre y montarle un espectáculo pero prefirió dejarlo para cuando llegara a Nueva York. Allí podría observar cada movimiento, gesto o articulación que hiciera y sabría si mentiría o no. También pensó en la razón de estar en España. Eran Navidades, tenía que disfrutarlas y no iba a dejar que unos documentos de hace 25 años la arruinen estas fechas. Ya hablaría más tarde con Aarón, ahora necesitaba disculparse con Castle.

Dejó los papeles en su sitio y se dirigió a la cocina. Justo antes de entrar se miró al espejo de la puerta. Se notaba que había estado llorando. Se limpió las mejillas pues las tenía húmedas, y entró. Nada más cruzar la puerta, un increíble aroma café recién hecho invadió su organismo. Entonces se dio cuenta de que Castle era realmente importante para ella. Era una parte de su vida, indispensable. Había pasado a formar parte de su día a día, con esos cafés cada mañana, sus locuras, sus enrevesadas teorías de la mafia o de la CIA y desde que eran pareja, el cariño que la daba.

Al igual que las abejas van a por polen a las flores, los estudiantes madrugan para ir a clase o las plantas giran en dirección al sol, el escritor siempre la esperaba con un café caliente. Era su propia rutina, y los dos salían recompensados. Ella con un único café y él con una sonrisa sincera que le encantaba. Y esta vez no fue muy diferente. Él la tendió el café, ella lo acepto, bebió un trago y le sonrió. Cada uno con su regalo de cada mañana durante los últimos 4 años.

Después de beberse casi la mitad del delicioso café, la detective se calentó las manos con la taza y levantó la cabeza para mirar al escritor. Este enseguida vio el dolor en sus ojos. Deseaba abrazarla y convencerla de que todo iba a estar bien, pero necesitaba saber porque había huido de él hace un rato. Esperó a que ella estuviera lista, sin meterla prisa.

- Kate… - Dijo sin poder aguantar más.

- No Castle, te debo una disculpa. No debí tratarme así – por más que intentaba aguantar las ganas de llorar, las lágrimas caían como si tuvieran vida propia, como si tuvieran corazón.

- Kate, déjame ayudarte.

- ¿Te puedo preguntar algo?

- Pues claro, dispara.

- En los papeles del divorcio, el primero que firma ¿Quién es?

- El que le ha pedido. ¿Por qué?

- Esta noche apenas dormí. Llevo planeando ir a visitar a mi madre al cementerio desde que llegamos a España y creo que hoy es el día. – El escritor entendió porque estaba tan brusca esta mañana – Lo paso mal, pero he encontrado unos papeles que no ayudan mucho. Mis padres se iban a divorciar. Ahora no sé qué voy a decirla. Sé que por más que la pregunte no me lo va a decir. Está muerta y por mucho que me duela debo admitirlo. Ya me lo dijo el doctor Bruke, está muerta y jamás podré defraudarla porque ya no está aquí conmigo pero no sé qué puedo hacer. En los documentos, la firma que había era de mi madre, lo cual quiere decir que fue ella quien le pidió, pero ¿Por qué? Falta la hoja donde se explica la razón. No la encuentro por ninguna parte, ha desaparecido y me da mucha rabia. Ni siquiera sé si Aarón lo sabía o no. Pero aun así, durante 25 años nadie tuvo la valentía suficiente de decírmelo… - Poco a poco, la voz de la mujer se iba apagando hasta pronunciar en un susurro las últimas palabras.

- Shhh – Se acercó a ella y la abrazó – Tranquila, estoy aquí, contigo, no estás sola en esto.

- Gracias – Fue lo único que pudo decir pues el llanto la controlaba por completo.

- Siempre.

20 minutos después, el escritor y su musa abandonaban la casa poniendo rumbo al cementerio. Durante el camino, no compartieron palabra. Kate iba al volante, como siempre y él la observaba con dulzura. Sabía que en los próximos minutos lo iba a pasar realmente mal, incluso en ese instante, podía ver como cada metro que pasaban, la tristeza en sus ojos aumentaba.

Cinco minutos después, ambos estaban bajando del coche cuando la canción "summercat" empezó a sonar.

- Es mi hermano – Dijo sacando del bolsillo su móvil que mostraba la foto de Aarón – ¿Qué quieres? – Su tono mostraba enfado y él se lo notó enseguida.

- …

- En el cementerio.

- …

- Si.

- …

- No, no voy sola.

- …

- Castle está conmigo.

- …

- No me pasa nada. Adiós – Y le colgó sin dejar que él pudiera contestar nada.

- ¿Estas enfadada con él? – Preguntó.

- No – Apartó la vista rápidamente.

- Kate…

- No lo sé. No sé si sabía lo del divorcio, porque si lo sabía te juro que… - no pudo terminar la frase pues el escritor la abrazó con fuerza.

- Lo sé, le mataras – La abrazó en el pelo y la agarró de la mano para caminar los dos juntos.

Cuando entraron al cementerio Castle notó como ella se derrumbaba. Pasearon durante 10 minutos, lentamente, Kate iba con la vista perdida y él observaba todo a su alrededor. Durante el paseo, el escritor notó su móvil vibrar, pero decidió no mirarlo. No le pareció importante, pues sabía que tanto su hijo como su madre estaban durmiendo en casa y Kate estaba con él. Cinco minutos después, la detective se paró de repente, fijando su vista en el suelo.

- Es aquí – Susurró. No tenía fuerzas para hablar.

- ¿Quieres que te deje unos minutos a solas? – Preguntó con una voz dulce. Pero ella simplemente alzó los hombros.

- Bueno, estoy aquí al lado. Si necesitas algo me avisas ¿Vale? – Asintió con la cabeza. Él la cogió la cabeza con las manos y la dejó un tierno beso en el pelo. Se alejó unos metros y cuando comprobó que no le miraba sacó su móvil para ver quien le había mandado el mensaje.

Durante 5 largos minutos, la detective observó el gravado de la lápida. Cinco minutos en los cuales las lágrimas caían sin control. Cinco minutos en los que recordó toda su infancia. Miles de pensamientos pasaban por su cabeza, pero uno destacaba entre todos. Aquellos papeles que encontró por la mañana. No tenía ni idea de si su hermano lo sabía, pero luego hablaría con él. Cada vez que intentaba pronunciar una sola palabra, un nudo aparecía en su garganta. Pero notó una cálida mano posarse en su hombro. Una mano amiga, de confianza, que al transmitía fuerza, cariño y amor. Segundos después notaba las dos manos del escritor entrelazadas en su barriga de forma que la abrazaba por detrás con dulzura.

- *¿Por qué os ibais a divorciar?* – Soltó de repente al sentir como sus fuerzas volvían a ella. Se sentía segura envuelta en los brazos de él -*¿Tan mal iban las cosas? Es verdad que un día empezasteis a discutir repetidamente pero de ahí a llegar al divorcio… ¿Qué demonios hizo papa?* – Bajó la cabeza y una sonrisa de nostalgia se escapó de su boca - *¿Te acuerdas de aquel escritor que tanto te gustaba? Pues mama, te presento a Richard Castle. Es guapo ¿Verdad? Y pensar que me ayudo a superar tu muerte* - Se mantuvo en silencio durante varios minutos – *Han intentado matar a Aarón. Los mismos que te asesinaron, están intentando acabar con cualquiera que tenga relación contigo o con tus compañeros. Ya lo intentaron conmigo, después con Aarón pero no tuvieron éxito. Y la hija de Jennifer Stewart no tuvo tanta suerte. Encontraré a los que te mataron, a los que intentaron matar a Aarón, a los que intentaron quitarme la vida y a los que se la quitaron a Aurora. Te lo prometo.*

Kate siguió contándole cosas a su madre, mientras el escritor la escuchaba atentamente. Apenas entendía una palabra que decía pues hablaba en español, pero le encanta su acento y la dulzura con la que la hablaba a su madre. Al cabo de un rato, la detective miró al reloj.

- ¿Nos vamos? Es la una.

- Si quieres quedarme más tiempo, nos quedamos. No tengo prisa.

- No, pero quiero volver otro día.

- Cuando quieras – Se fundieron en un tierno beso y se agarraron de la mano.

- Adiós mama, te quiero – Depositó la pequeña rosa que había comprado en la entrada del cementerio y tras mirar al cielo, ambos se marcharon de allí, de vuelta a casa.