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Llegaron a casa en pocos minutos y nada más entrar, Kate buscó a su hermano. No la resulto difícil encontrarle pues estaban todos sentados en los sofás. La detective se acercó a él, le agarró del brazo y sin saludar a nadie, se le llevó fuera de la cocina.

- ¿Qué ha pasado? – Preguntó Lanie, impresionada por la forma de actuar de Kate.

- Mejor que os lo cuente ella, en estos asuntos, prefiero no meterme.

- ¿De dónde venís? – Dijo Esposito, también preocupado. Se fijó en los ojos de ella al entrar. Eran como hermanos y odiaba verla llorar.

- Yo no os he dicho nada ¿Entendido? – Dijo tras mirar hacia los lados.

- Entendido – Respondió Ryan.

- Del cementerio.

- ¿Lo sabias? – Preguntó mirando con ira a su hermano, mientras este cerraba la puerta del salón.

- ¿Saber el qué?

- Esto – Cogió los papeles del divorcio y se los tendió.

- ¿Cómo les has encontrado? – Les cogió mientras echaba un vistazo por encima.

- Lo cual quiere decir que los escondiste tú – Le señaló con el dedo.

- ¿Yo? No. ¿Crees que si lo hubiera sabido antes no te lo hubiera dicho? – La preguntó subiendo el tono de voz, cosa que alarmó a sus amigos.

- Eso parece. Porque ni siquiera te ha hecho falta mirarles para saber lo que eran - Dijo cruzándose de brazos.

- ¿Desde cuándo los sabes?

- ¿Desde cuándo lo sabes tú? – Contraatacó ella.

- Desde hace dos días. Buscaba el anillo de compromiso de papá y les encontré.

- ¿Anillo de compromiso? – Dijo algo más tranquila.

- Sí. ¿Y tú?

- Desde esta mañana.

- ¿Y qué buscabas?

- La pulsera de la suerte de mama.

- ¿Para qué?

- Para algo. ¿Dónde está?

- ¿El qué?

- Aarón no te hagas el tonto conmigo, sabes que no funciona.

- Enserio, no sé de qué me hablas.

- El papel donde explicaba la razón del divorcio.

- No lo tengo – Contesto estirando los brazos y levantando los hombros.

- ¿Esperas que me lo crea? Porque si es así, vas muy mal encaminado.

- Te lo digo enserio Kate, no le tengo.

- Ya claro… - Dijo mirando hacia otro lado.

- ¿Es que acaso no me crees? – Preguntó enfadado.

- ¿Cómo quieres que te crea, si hace un minuto me has dicho que no habías visto los papeles, y después me dices que hace dos días?

- ¡Como que…! – Había subido mucho el volumen. El oír decir esas palabras a su hermana, le sentó como una apuñalada - Como que no me crees. Kate no te lo dije porque no quería verte sufrir.

- ¡Pues deberías saber que ocultándome cosas, me haces sufrir más! – Gritó a pleno pulmón.

- ¿Pero te estas oyendo? – Respondió él, al mismo tono - ¿Me estás diciendo que no puedes confiar en mí, cuando he estado toda mi vida contigo? Soy tu hermano Kate, no un amigo ni un conocido, soy tu hermano.

- ¿Te crees que no lo es? ¿Te crees que no lo he pasado mal esta mañana en el cementerio cuando he tenido que preguntárselo a mama?

- Eres incapaz de dar tu brazo a torcer ¿Verdad? – Dijo en un susurro.

- ¿A qué te refieres?

- Siempre que discutimos por algo, o sacamos algún tema del que no quieres hablar, te pones a la defensiva y dices cosas sin sentido.

- ¿Qué me pongo a la defensiva? ¿De qué hablas?

- Es cierto. Siempre incluso cuando no llevas la razón, sales ganando, porque eres una cabezota y los demás nos tragamos nuestro orgullo, dándote la razón.

- No, eso no es verdad.

- Lo ves, acabas de hacerlo. Sabes que tengo razón pero no quieres aceptarlo y te pones a la defensiva. Sabes que yo no tengo esos papeles pero siempre tienes que encontrar un culpable y esta vez me ha tocado a mí. No se puede tener la razón siempre y un "lo siento" nunca viene mal – Depositó los papeles encima de la mesa del salón y se marchó, dejando a Kate con las palabras en la boca.

La detective se dejó caer en el sofá, mientras oía como su hermano se dirigía al piso de arriba. Se cubrió la cara con las manos y notó como su nariz y sus ojos se humedecían. Necesitaba estar sola. Necesitaba pensar, y con los gritos que habían pegado, sus amigos les habrían oído.

Se levantó del sofá, se dirigió a su habitación de cuando era pequeña y abrió el armario empotrado. Dentro de esté, había pequeños cajones. Abrió uno y cogió una palestina, unas orejeras, un par de guantes, y se dirigió a su "nueva habitación". Se puso un pantalón de chándal, un forro polar y unas deportivas. Se colocó la palestina, los guantes y las orejeras y tras coger su móvil y las llaves, salió por la puerta de la cocina sin despedirse, ante la mirada de todos sus amigos.

- ¡Kate! – Gritó el escritor preocupado.

- Déjala, es mejor que esté sola – Respondió Aarón entrando por la cocina. Castle le miró y vio que traía consigo unos papeles.

- ¿Son…? – Preguntó algo indeciso.

- Así es. Igual te resulta algo incómodo pero necesito tu ayuda.

- ¿La mía? – Se señaló a sí mismo.

- Sí, eres el único que se ha divorciado – Dijo sentándose en una silla y abriendo la carpeta dónde estaban los papeles.

Mientras tanto…

La joven detective hecho a correr nada más cruzar la puerta que daba a la calle. Se colocó unos cascos y puso música desde el móvil. Cerró los ojos y se dejó llevar por el sonido de la canción. Sin darse cuenta, 5 minutos más tarde se encontraba en su lugar favorito del pueblo.

Un camino de tierra, extenso con un saliente a la derecha en forma de cuesta. Nada más bajarla, un pequeño terreno te daba la bienvenida. Varios árboles cubrían la parte de arriba, los cuales te daban una sensación más acogedora. El río, a tres metros de sus pies, sumándole la tranquilidad del lugar y el infinito ruido de la corriente del agua, aquel extraño pero especial lugar era su favorito.

Se deshizo de la coleta con la que se había recogido el pelo al salir de casa y se sentó en un tronco en forma de sillón, que había tallado hace muchos años. Dejó que su vista se perdiera en las aguas cristalinas del río mientras "Ho Hey" sonaba en los cascos.

3 horas después…

Un inquieto Rick no dejaba de mirar el reloj mientras daba vueltas y vueltas a la mesa.

- Han pasado tres horas y todavía no ha vuelto. ¿Y si la ha pasado algo? – Miró a Aarón quien estaba tranquilo, sentado en el sofá con los ojos cerrados.

- No la ha pasado anda, y ahora, estate quieto por favor.

- No puedo estarme quieto, no sabiendo que Kate está ahí fuera, durante tres horas, sola y sin comer.

- Primero, se conoce Santovenia como la palma de su mano. Segundo, ya es mayorcita, puede estar tres, cinco y siete horas por ahí sola. Y tercero, por la comida no te preocupes, volverá cuando tenga hambre.

- Es increíble que seas su hermano y no estés ni una pizca preocupado – Levantó el brazo y se llevó la mano al pelo con frustración.

En la cocina, solo quedaban ellos dos. El resto se habían ido a sus habitaciones, nada más terminar de comer. Todos estaban preocupados por Kate, pero aun así la dejaron espacio. Si la empezaban a llamar todos, sería peor.

Un fuerte golpe atrajo la atención de Aarón quien sonrió al oírlo. Su hermana acababa de entrar por la puerta del jardín y en breve estaría entrando por la de casa.

- Ya está aquí – Dijo aún con los ojos cerrados.

- ¿Quién? – Preguntó Castle sentado en una silla, agotado de dar vueltas.

- Kate – Al oír el nombre, el escritor se levantó como un muelle de la silla y clavó su mirada en la puerta.

Tal y como dijo Aarón, al minutos Kate entraba por la puerta. Rick, se acercó a ella de inmediato y la abrazó. Cuando se separaron, la miró a los ojos, preocupado pero ella le sonrió y negó con la cabeza haciéndole saber que todo iba bien.

- ¿Nos dejas un momento solos? – le preguntó acariciando su torso.

- Pues claro – Se dieron un tierno beso y él salió de la cocina, dejando a los hermanos solos. Ella se acercó y se sentó en el sofá, al lado de Aarón.

- Tenías razón – Dijo recostándose y mirando al techo – Soy una cabezota – Pero Aarón no dijo nada. Clavó sus intensos ojos verdes en ella y esperó a que continuase – Lo siento, no debí desconfiar de ti y… ¡Qué demonios! Eres mi hermano, está claro que te quiero y odio estar peleada contigo. Jamás he desconfiado de ti, pero la muerte de mamá me marcó la vida, fue demasiado para mí. Era una cría de 14 años y no me esperaba una apuñalada como el divorcio – Al decir esto último, las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y él, como buen hermano, se las limpio tras abrazarla.

- Tranquila, en realidad no estaba enfadado ni nada por el estilo.

- ¿Entonces? – Le preguntó con voz ronca debido al llanto.

- ¿De verdad crees que después de 36 años, me hubiera "revelado" – Al decir esas palabras, puso los dedos corazón e índice de ambas manos en forma de ganchillo - contra tu cabezonería ahora? Lo he hecho, para que te dieses cuenta, a mí me da igual que me trates con impotencia porque sé que a pesar de todo lo que tu boquita diga, me quieres. Pero ¿qué hay de los demás? ¿Crees que ellos te aguantarían tanto como yo? Estoy seguro de que más de una vez has impuesto tu opinión sobre la de los demás – Al oírlo, recordó cada pelea que había tenido con el escritor. En muchas de ellas, llevaba él la razón pero nunca dio su brazo a torcer y Castle se tragó su orgullo para seguir teniendo la misma relación con ella. Para que no se perdiera su amistad – Para la próxima vez, intenta pensar con la mente antes de hablar, y ser un poco más delicada con las palabras.

- Entendido – Le dedico una amplia sonrisa, seguida de un abrazo y un – Gracias.