Hola! No me matéis por favor u.u Sé que tendría que actualizar más de seguido y no dejar el KakaAnko de lado pero…entendedme, tengo otras obligaciones, pero prometo terminar esta historia. Más vale tarde que nunca^^

Aquí os dejo con el capítulo 3.

Todos los personajes que hay aquí pertenecen al baka de Masashi Kishimoto, menos: Nomi y Kai Hatake Mitarashi que nos pertenecen a Rairaku-san, Shira-san y a mí; Yukari Sarutobi Yuhi que también nos pertenece a nosotras tres; Bando, Misaki y Yami me pertenecen a mí!

…..

Correr…correr era lo único que podía hacer para ganar tiempo y maquinar el astuto plan que seguro que la llevaría a la victoria, o al menos tenía la esperanza de que se salvaría. Ella sabía que estaba en desventaja, aún así se conocía más o menos casi toda la zona y por donde podía pillar a aquellos tres intrusos por sorpresa por lo que los nervios iban disminuyendo cada vez más. Vaya si lo iba a hacer, no iba a permitir que acabaran con ella ni que se la llevasen, tampoco sabía la razón por la cual le estaban buscando "Ni que fuera una delincuente" se decía mentalmente la pequeña pelipúrpura a la vez que daba grandes saltos para poder ir de rama en rama.

El bosque era denso, demasiado pesado y sin casi luz que se colase por las largas y gruesas ramas de esa espesura. La arboleda estaba demasiado desgastada y antigua, los troncos ya eran centenarios y estaban cubiertos de ese musgo verde oscuro que tanto se caracteriza cuando hay humedad, al igual que en las ramas, éstas parecían que habían salido de un cuento de terror, realmente ese lugar era uno de sus favoritos. El Bosque de la Muerte estaba mucho antes de que la villa se creara, es más, ese conjunto de arboles era lo que en un pasado proporcionaba la mayoría de víveres para la villa, aunque con el tiempo las bestias feroces se adentraron en él y lo habitaron de tal manera que con el tiempo pasó a ser una de las pruebas más difíciles para poder ascender al rango chunnin.

La pequeña estaba intentando pensar en algún plan improvisado para poder salir de ese lío tan problemático para su persona, pero no podía negar que tenía cierto miedo a que ellos la hirieran, y es que nunca había presenciado en primera persona una pelea real; sí que era cierto que iba de misión con su equipo pero nunca les habían asignado una peligrosa, lo único que ella había matado había sido un tigre feroz que casi le clava los colmillos, aunque eso no era nada comparado con lo que se estaba enfrentando. Por mucho que la pelimorada intentara cavilar por qué demonios la perseguían a ella, no conseguía adivinar la razón, aún así ya no se iba a lamentar más, en cierto modo se sentía orgullosa de poder enfrentarse contra un shinobi de verdad, uno que realmente tuviera sed de sangre; si así era, ella también le iba a mostrar que era capaz de hacer con tal de sobrevivir a la pelea, pero tendría que pensar en el plan porque en realidad no era ni uno ni dos, si no que eran tres ninjas los que iban en su búsqueda.

….

Los pajarillos estaban más que revoltosos, y no era para menos ya que el cielo estaba bien despejado, ninguna nube estorbaba en ese manto celeste. Era un día espléndido y por suerte se encontraba junto a la niña más hermosa la cual esbozaba una alegre y radiante sonrisa. El encanto que desprendía la pequeña Yukari hacía que al peliplateado se le sonrosaran levemente las mejillas de ese modo mostrando su torpeza en esconder lo que verdaderamente sentía por esa chiquilla; era cierto que solo tenía nueve añitos, pero no podía evitar tratar a la ojirubí de una manera especial, se podría decir que era su mejor amiga con un toque un tanto especial.

Al pequeño peliplateado le daba brincos el corazón cada vez que ella dirigía su mirada hacia él, se sentía como si estuviera en una nube flotando. De verdad que ese momento no lo cambiaría por nada del mundo, aunque tenía la corazonada de que esa inmensa e indescriptible situación iba a terminar pronto puesto que los demás no iban a tardar mucho en llegar hasta donde ellos dos estaban, justo en el verde y mullido césped que había en el parque; así que, si quería que la pequeña Yukari se fijara en él, debía ocurrírsele algo pronto.

—Y…Yukari, ¿te apetece un helado? — inquirió el ojicaramelo con cierta timidez a la vez que sentía cómo los latidos chocaban fuertemente contra su pecho, la niña volteó su cabeza hacia él por lo que un súbito color rosado invadió sus mejillas, aunque pareció ser que a la ojirubí también se le contagió el rubor.

—Vale — respondió con vergüenza la pelinegra mientras asintió levemente con su cabeza, él simplemente sonrió.

Así que, dicho y hecho, el peliplata abandonó por unos instantes su lugar y fue corriendo hasta el pequeño pero agraciado puesto de helados que se encontraba justo al lado de la entrada del parque. La Sarutobi se quedó sola durante unos instantes, pero al oír unas conocidas voces, la niña buscó rápidamente con su curiosa mirada hasta encontrarse nada menos que con dos de sus amigas, que justamente también habían quedado esa mañana con los demás para jugar un ratito en esa zona verde la cual todos los niños de Konoha se sentían atraídos.

El parque era inmenso y es que, cuando los Akatsuki destruyeron Konoha, lo arrasaron todo así que se tuvo que construir otra vez el pueblo ya que la mayoría de casas y otras infraestructuras quedaron completamente derrumbadas. Al final se decidió que no estaría mal agrandar un poco el pueblo y, ya de paso, poder conseguir el terreno suficiente como para que hubiera una zona verde donde la gente pudiera pasear tranquilamente o para que los niños pudieran entretenerse con facilidad gracias a los columpios, por ejemplo.

Las dos niñas se acercaron hacia Yukari y acto seguido se sentaron en el suelo, junto a ellas traían una pelota y una cuerda, la Sarutobi simplemente rió entre dientes al ver lo bien preparadas que venían sus compañeras. Aunque una de ellas tuviera cuatro añitos y la otra siete, a diferencia de Yukari que había recién cumplido los nueve años, también se lo pasaba bien; se sentía como la hermana mayor de todo el grupo que, precisamente, no era pequeño, aunque todavía no se podía notar el jaleo puesto que faltaban muchos niños por llegar al punto de concentración.

A lo lejos pudo ver cómo Hinata Hyuga y Sakura Haruno se acercaban mientras estaban conversando de cosas que seguro a ella no le interesaban, aun así la ojiperla dedicó una agradable sonrisa a la pequeña ojirubí dándole a entender que le confiaba a su hija juntamente con la de la pelirosa, que se había despistado a causa del ruidoso saludo de Ino Yamanaka. Ella se estaba acercando al banco donde previamente se habían sentado las otras dos mujeres.

La rubia tenía cogida de la mano a su hija, pero ésta, al ver a las demás niñas jugar con la pelota y con la arena, rápidamente soltó la mano de su madre dispuesta a irse a jugar con sus mejores amigas.

— ¡Eh, Misaki! ¿Dónde te crees que vas tan rápido? — inquirió la Yamanaka apareciendo rápidamente justo delante de su preciada hija de ese modo impidiéndole el avance de sus pasos; ésta repentinamente frenó en seco sin más remedio que oír las palabras de su madre.

— ¿Has saludado a Hinata y a Sakura? Te recuerdo que el otro día te invitaron a sus casas y tú ahora no les has dicho ni "hola" — dijo la rubia cruzándose de brazos y observando a su hija con cierta molestia, eso lo notó la pequeña ojinegra por lo que, sin quejarse aunque sí liberando un pesado suspiro, dio media vuelta y corrió hacia el banco donde se encontraban las dos mujeres.

—Etto…Hola. —musitó risueñamente la de dos coletas rubias.

—Deja a tu madre, que últimamente está amargada. — bromeó la pelirosa a la vez que esbozaba una amplia sonrisa logrando contagiársela a la Hyuga y a la pequeña.

—Yo no estoy amargada, eres tú la que se amarga sola. — intervino la Yamanaka en su defensa mientras tomaba asiento a un lado de Hinata que, por casualidad, estaba vacío.

—Mentira, tus hormonas están revolucionadas.

—Las tuyas están demasiado paradas y creo que ya sé porque es.

— ¿Se puede saber qué estás insinuando, Ino?

— ¿Yo? Qué voy a insinuar. Nada.

—Si me tienes que decir algo, lo dices, cerdita.

—Oye frentona, que tu Sasuke no te de marcha, no significa que todas tengamos que pagar por ello.

— ¿Perdona?

—Estás perdonada, frentona.

—Sasuke es un caballero, no como Sai que…perdona, que Sai si es un caballero, lo compadezco por tener que aguantarte, cerdita.

— Oye, que mi marido cumple ¡y mucho!

—Lo mismo te digo con Sasuke.

—No me lo creo, con la cara de amargada que llevas… Si es que yo ya lo digo que…

—Chicas…—intervino Hinata con su peculiar voz intentando calmar el ambiente. Si es que nunca podían estar sin discutir, se decía mentalmente la Hyuga.

Mientras las mujeres "maduras" intentaban no tirarse de los pelos a la vez que una paciente Hinata intentaba que eso no ocurriera, los más pequeños se lo estaban pasando en grande en los columpios. Acto seguido apareció Kai Hatake con dos helados, uno en cada mano con el objetivo de ganarse aún más el corazón de la de ojos rojos, que dirigió su especial mirada hacia el de cabellos plateados haciendo que a él se le notara un leve sonrojo cubrir sus mejillas mientras que una inocentona sonrisa se esbozaba en su rostro.

—Toma, este es para…—intentó ofrecer el ojicaramelo con una pausada voz, pero justo cuando iba a tenderle el helado a la niña, sintió cómo un enérgico manotazo se incrustaba en su espalda provocando que el obsequio chocara contra su camiseta para después sufrir una caída forzosa contra la verde hierba.

— ¡Kai! ¡Cuánto tiempo! — exclamó una conocida y, para el pequeño Hatake, condenada voz ocasionando que el aludido volteara bruscamente intentando controlar el impulso de golpear al cabeza de cuenco.

—Bando… ¡Mira lo que has hecho! —vociferó un furioso peliplateado apuntando al otro niño con su dedo índice de ese modo haciendo que al ojimarrón se le escapara una sonrisa de ese modo expresando su inocencia.

—Vaya Kai, tienes que relajarte un poco que este miércoles son las pruebas y no querrás que te pegue una buena paliza. —habló con orgullo el niño de cejas pobladas mientras levantaba su pulgar expresando su bienestar.

El ojicaramelo lo dejó por imposible y dirigió su apenada mirada hacia la niña de ojos color rubí para comprobar que el helado no había ocasionado nada indebido, pero al hacerlo pudo ver cómo una cálida y alegre sonrisa decoraban el bello rostro de la chiquilla. En tal caso debía preguntarle si se encontraba bien así que cogiendo fuerzas entreabrió sus labios para dejar escapar aquellas palabras, pero justamente ella se le adelantó.

—Kai, tendrías que limpiarte el helado de la camiseta que si no tu madre…—las palabras quedaron en el aire, aunque a Kai no le bastó oírlo todo para imaginarse una aura oscura rodear el cuerpo de Anko Mitarashi mientras que dos incandescentes fogones cubrían sus ojos a la vez que un gran lanzallamas escapaba de los fauces de su madre.

Un escalofrío recorrió el cuerpo del pequeño pero antes de que pudiera volver a su estado normal notó cómo una delicada mano sujetó la suya de ese modo atrayéndolo.

—Ven, vamos a la fuente a arreglar este desastre. No quiero ver a mi madrina hecha una furia. — confesó la niña de cabello negro mientras tiraba del Hatake, que se ruborizó enseguida al percatarse de esa fabulosa escena. Entonces, los dos se encaminaron hacia una de las fuentes del parque para poder evitar la futura desintegración física del pequeño peliplateado a manos de su madre. Pero al visualizar mentalmente a su progenitora, no pudo evitar acordarse de su hermana.

—Yukari, ¿ha llegado ya Nomi? —inquirió con preocupación el ojicaramelo mirando al frente, odiaba pensar que algo malo le hubiera ocurrido a su hermana pequeña. Al fin y al cabo también era su responsabilidad.

—Mmm…no, yo no la he visto aún. ¿No venía acompañada de Izumo y Kotetsu? —se interesó la ojirubí con indiferencia sin soltar la mano del niño.

—Sí, pero… ¿y si les ha pasado algo? —una corazonada punzó su alma haciendo que él volteara su cabeza hacia el horizonte, aunque le fue imposible sentir nada.

—Kai, ya sabes cómo es tu hermana. Seguro que se han entretenido por el camino, bueno…más bien, Nomi habrá entretenido a los otros dos con sus bromas y comentarios. Seguro que están todos bien. —intentó convencer la chiquilla dedicándole una cálida sonrisa y brindándole una agradable sensación.

—Sí, supongo que sí. —quedó convencido el peliplateado apretando inconscientemente el agarre de la ojirubí de ese modo olvidándose de cualquier posible problema. Seguro que serían imaginaciones suyas.

….

Se estaba comenzando a cansar de correr por lo que, sin pensarlo, sacó un shuriken de la bolsa que llevaba colgada de la cintura y lo ató con el hilo ninja, que era mínimamente elástico. Después lo lanzó al árbol más próximo y, una vez que éste se enrolló en el tronco, la ninja dio un gran salto cosa que, gracias a la elasticidad de la cuerda, pudo elevarse por los aires de ese modo trasportándola a una rama mucho más alta. Una vez allí se dirigió al tronco y se sentó por culpa del agotamiento aunque siempre relajando su respiración puesto que no quería ser descubierta, de todas maneras no podía evitar el hecho de jadear con nerviosismo por culpa de la carrera que se había pegado. Cómo era posible que no hubiera nade en el bosque. Desechó la idea de rescate y, sin perder tiempo, asomó levemente su cabeza para poder captar todo detalle…

—Maldita sea, donde diablos se habrá metido esa niña—dijo uno de los atacantes a la vez que paraba en una de las ramas más bajas de los árboles. Acto seguido llegaron los otros dos.

—No pienses que voy a dejar que se escape, sabes que nos pueden dar una buena recompensa por llevarla al amo. —comentó el otro ninja que se situó al lado del primero.

— ¿Por qué paráis? —inquirió el último del grupo, que desconocía la razón por la cual sus compañeros habían "acampado" en la rama.

—Cállate, intento captar su chakra…—susurró uno por lo bajo para después cerrar sus ojos e intentar concentrarse mientras juntaba las palmas de las manos. A vista de la pequeña Mitarashi le pareció que su enemigo iba a realizar un jutsu, así que se preparó para lo peor.

— ¿Y bien?

—La he encontrado…—dijo el ninja dirigiendo su penetrante mirada hacia, efectivamente, el tronco donde se encontraba la pequeña, aún sin verla, pero sabía que ella estaba allí.

— ¡Muy bien, pequeñaja! Sal de ahí dónde estés y no nos obligues a ir a buscarte —vociferó con estruendo uno del grupo. A causa del grito, miles de pájaros levantaron el vuelo de ese modo formando una gran nube negra dirigiéndose por el are y tapando todo rastro de la luz que anteriormente se colaba levemente por las copas de la arboleda de ese bosque tan misterioso. Pasaron unos segundos y no recibieron respuesta.

— ¿No vienes? ¿Acaso tienes miedo?...Bien, pues si no lo haces, tendremos que ir nosotros. —dijo con una estrépita y amenazadora voz el líder del grupo de ese modo intentando meter presión a la niña, que aguardaba sin decir nada detrás del árbol.

El ninja comenzó a realizar sellos con la mano hasta dejar que un gran tornado se formara enfrente de ellos para acto seguido lanzarlo hasta su objetivo. Millones de hojas volaron alrededor del remolino de aire que invocó el hombre de ese modo levantando una molesta polvareda. Aprovechando la ocasión, el ninja se camufló mientras el tornado seguía girando hasta pararse finalmente.

Pasaron unos minutos y la gran columna de aire por fin había desaparecido. Ni rastro de la niña. Los tres shinobis se miraron mutuamente hasta que uno de ellos se cansó y, de un salto, se posó sobre la rama donde la niña se encontraba, pero para su sorpresa nadie se halló en ella. Inquirió una ceja preguntándose dónde demonios se había metido aquella jodida chiquilla mientras que se acercaba al tronco con paso cauteloso, no bajando la guardia en ningún momento.

— ¡Dónde demonios estás! —gritó furioso el ninja llegando hasta el tronco, pero aunque mirara hacia ambos lados no conseguía visualizar a la pelimorada. Maldijo para sus adentros su mala suerte pero, cuando ya estaba a punto de abandonar el lugar de un salto, se vio inhabilitado de poder moverse, sus piernas no reaccionaban y sus pies estaban clavados, metafóricamente hablando, en el suelo.

—Más cerca de lo que puedas imaginar, baka. —titubeó en un instante la divertida voz de su objetivo. Entonces de una bola de humo apareció, con los brazos cruzados, una niña de siete años con el cabello color púrpura atado en un sencillo moño, y con la mirada más vacilante que pudiera haber visto ese shinobi.

—Pero cómo… — intentó inquirir el shinobi lleno de perplejidad al darse cuenta que no podía mover ninguna de sus extremidades, estaba completamente paralizado. Apretó los dientes mientras dirigía su confusa y enfadada mirada hacia la pequeña Hatake, que sonreía con socarronería mientras iba acercándose en silencio hacía la posición que se encontraba el hombre malo.

Una vez a su lado, Nomi sacó hilo ninja y lo ato al árbol de ese modo evitando que pudiera moverse, aunque no le quitó aquello con lo que había conseguido paralizar a su enemigo. "Entrenar con Kai tampoco es tan malo" se dijo la ojiazabache para sus adentros mientras observaba con orgullo el líquido que ella misma había preparado segundos atrás y después había esparcido por el tronco y la parte inferior de la rama de ese modo logrando que el efecto paralizante surgiera efecto, aunque claro, eso no se lo iba a desvelar a su enemigo. Era preferible que se él se comiera el coco buscando el error que había cometido.

—Bueno niñata, a él lo has vetado pero esa chiquillada no va a surgir efecto en nosotros. —aclaró otro de los ninjas apareciendo detrás de la figura de la pequeña Hatake de ese modo pillándola por sorpresa. Ya sabía ella que no tendría que haber bajado la guardia, aunque ya era demasiado tarde. El otro shinobi se quedó mirando la pelea con expectación sentado en la rama del árbol contiguo.

La Hatake sacó un kunai de no se sabe dónde y lo hizo chocar contra el de su contrincante, que la esquivó con facilidad, aunque el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra y el shinobi no fue menos; basta aclarar que la pequeña se agachó y, estirando una de sus piernas, volteó en su propio eje de equilibrio de ese modo haciéndole la zancadilla y provocando que el ninja cayera al suelo. Entonces la pelimorada cogió carrerilla y se abalanzó contra el hombre consiguiendo rozar la mejilla de éste con el kunai, lástima que él se levantó enseguida.

—Vaya, para ser una mocosa no lo haces nada mal. Aunque aún eres demasiado inocente, te falta mucha más garra para que consigas derrotarme. —le espetó el contrincante pasándose la mano suavemente por su rostro de ese modo impregnándose de ese líquido rojizo que brotaba con lentitud del corte propiciado por la niña. En tal caso el enemigo no perdió más el tiempo y, sin otra opción, agarró a Nomi de por el brazo para después dar una vuelta sobre el cuerpo del mismo y así poder aplicar la fuerza suficiente como para lanzar a la pelimorada por los aires ocasionando que a ella no le diera tiempo a amortiguar el golpe.

Entonces Nomi Hatake chocó con brusquedad contra el duro y resistente tronco del árbol dejando escapar un gemido de dolor al notar cómo su espalda quedaba incrustada en la madera de éste, para después caer lentamente sobre la rama que estaba justo debajo de su posición actual. Quedó de rodillas maldiciendo a todo lo que se le pasaba por la cabeza mientras intentaba sobarse la espalda, aunque no llegaba a toda la extensión de ésta sólo con su mano.

Estaba segura que podía contra aquellos bastardos, pero por otra parte le daba la impresión de que carecía de las cualidades necesarias para poder enfrentar a alguien, apenas tenía chakra y solamente sabía unos cuantos jutsus que, según ella, no le servían para nada. Si al menos consiguiera sacar las jodidas serpientes de su brazo…aún así tenía miedo de que esa extraña marca le doliera, no quería volver a pasar por lo del día anterior, y más si en ese momento no estaba su madre o su padre para calmarla. No quería arriesgarse a perder el control.

—Bueno, me parece que esto está llegando a su fin, pequeña. Ahora vas a acompañarnos sin rechistar ¿entendido? —le exigió el otro shinobi, el que estaba sentado viendo el combate que él mismo ya daba por terminado.

—No. —se negó rotundamente la pelimorada intentando ponerse en pie puesto que el anterior golpe había sido demasiado duro para el frágil cuerpo de la ojiazabache. Le parecía que llevaba el árbol encima de su espalda, pesante y doloroso para su ser. Pero a pesar de todo, no iba a dejar que le tocaran ni un pelo por lo que iba a pelar hasta que hiciera falta, no iba rendirse, de eso estaba más claro que el agua.

—No seas tozuda, niñata. Además, en tu estado no puedes hacer gran cosa. Lo mejor es que lo dejes y te vengas con nosotros. Es inútil que opongas más resistencia, al fin y al cabo ya hemos ganado, somos tres contra uno y... bueno, es técnicamente imposible que tú puedas hacer algo más con el golpe que acabas de llevarte. —argumentó el enemigo escondiendo su kunai en la bolsa que llevaba en la parte trasera de sus pantalones mientras que una sonrisa de orgullo aparecía dibujada en su rostro junto con una mirada que demostraba un egocentrismo exagerado.

—El que debería abandonar…bueno, los únicos idiotas que deberían abandonar sois vosotros. No tenéis idea de con quién estáis peleando. — advirtió la pelimorada clavando sus oscuros y serios orbes sobre cada uno de los hombres que no se habían decidido a atacarla desde entonces.

— ¿A no? Y según tú… ¿con quién tenemos el honor de enfrentarnos? Si se puede saber. —dijo uno de ellos con la voz cargada de ironía mientras se acercaba con lentitud hacia la niña.

Por un momento la pelimorada se quedó en silencio y cabizbaja, no iba a darles la victoria en bandeja, tampoco era tonta. Es más, ella pensaba que iba a ganar… ¡por Kami, claro que iba a ganar! Ella era Nomi Hatake Mitarashi y por algo llevaba con orgullo aquellos dos apellidos, pero sobre todo llevaba con un orgullo sin igual la manera en que su ser había sido educado, así que pidió para sus adentros que Kami-sama fuera al menos una vez bueno con ella y le ayudara a ganar.

Entonces una sonrisa socarrona junto con una vacilante y a la vez sádica mirada traspasó los mechones color morado que le caían por la cara a la niña en el preciso instante en que ella alzó la cabeza de ese modo atravesando el alma del intimidado y acobardado shinobi, el cual paró en seco y retrocedió sutilmente un paso al presentir como una mala vibración recorrió entero su cuerpo.

—Os enfrentáis con la que os va a enviar al infierno. —sentenció ella rotundamente mientras se ponía en pie y cogía el único kunai que tenía.

Se acabaron las ñoñerías.

….

Esa mañana de domingo era una de las mejores…bueno, sería una de las mejores si él no estuviera trabajando. Daría lo que fuera con tal de poder estar con su familia, y es que no deseaba nada más que poder disfrutar aquello que para él era su mayor tesoro. No se perdonaba todo lo que le había hecho a Sakura y a Konoha; aún no podía imaginar cómo era que él, Sasuke Uchiha, se hubiera dejado influenciar por aquella sed de venganza la cual fue su mayor fuente de problemas. En tal caso ya habían pasado unos cuantos años, y el hecho de derrotar junto a Naruto Uzumaki a Madara Uchiha le había devuelto el voto de confianza.

Suspiró suavemente intentando impregnarse de esa brisa que tanto le gustaba notar en su piel mientras que caminaba con parsimonia por las calles de su ciudad. No pudo evitar el hecho de observar por encima cada una de las cosas que tanto le llamaban la atención, y es que no podía negar que había echado de menos ese ambiente tan rural pero a la vez ajetreado que le transmitían los habitantes de la villa. Todos sabían que él había sido un ninja renegado buscado por las cinco naciones shinobi, pero se lo perdonaron todo en el momento en que les salvó sus vidas y la de sus familiares e hijos.

Sin darse cuenta ya estaba subiendo las escaleras de la torre Hokage con el objetivo de poder hablar con su amigo…bueno, su mejor amigo. Sonrió para sus adentros al recordar aquel puñetazo que Naruto le atestó cuando apareció en el campo de batalla para poder enfrentarse al tipo enmascarado. Pero tan repentina y sorprendente fue la reacción que tuvo el Uzumaki que, en el preciso instante en que el pelirebelde se levantó del suelo sobándose la mejilla a causa del dolor propiciado, el rubio le dedicó un anhelado abrazo del cual el Uchiha no pudo evitar devolvérselo.

Serenó su sonrisa en el momento en que se acercó a la puerta del despacho del ojiazul pero para su sorpresa, después de dar unos toques en la puerta, nadie le dio permiso para entrar. De todas maneras el Uchiha no se extrañó que nadie contestara puesto que era normal no encontrar al Hokage de Konoha en su sala de trabajo, "Dobe" pensó el pelirebelde para sus adentros a la vez que intentaba pensar dónde demonios se podría haber metido Naruto. Cierto que era un buen Hokage, pero a veces se tomaba demasiados días de vacaciones. Volvió a sonreír, en alguna que otra ocasión él tampoco era demasiado competente en su trabajo, sobre todo cuando tenía pereza de ir a currar. Por un momento se acordó de su ex sensei, Kakashi Hatake. Él sí que era impuntual. Recordó las muchas excusas que se llegó a inventar el peliplateado con tal de convencer al equipo 7 de su retraso, lástima que nadie nunca le creía.

Suspiró con pesadez una vez más. Resignado, tomó la decisión de dar media vuelta y volver a la base ANBU, tendría que visitar a Naruto más tarde. Entonces, cuando menos se lo esperaba, se oyó un estrépito vocerío en toda la escalera de la torre Hokage haciendo que hasta él mismo se estremeciera. Sin dudarlo se asomó a la escalera para ver qué demonios era lo que estaba pasando.

— ¡Maldito seas, Naruto! ¡Mueve tu trasero hasta el jodido despacho y ponte a trabajar, coño! —vociferó una furiosa Tsunade desde sabe Kami donde mientras se oían sus intimidantes y seguros pasos subir la escalera. Sasuke pensó que los escalones se iban a romper.

— ¡Sasuke, ayuda! —pidió con desesperación el rubio, que subía a toda velocidad como alma que se lleva el diablo intentando no mirar hacia atrás puesto que un aura oscura envolvía el cuerpo de la rubia de dos coletas a la vez que dos intensas llamas aparecían en sus ojos mientras que ella misma subía las escaleras infundiendo miedo en todo el edificio.

—Hmp. ¿Otra vez en problemas? —inquirió el poseedor del Sharingan eterno poniéndose delante de la entrada de la última planta de la torre Hokage de ese modo impidiendo el paso al Uzumaki, que jadeaba de cansancio por culpa de esa carrera que se estaba pegando con tal de escapar de la que un día fue la quinta Hokage.

—Ayúdame Sasuke, una bruja loca quiere matarme. —dijo el ojiazul apartando el cuerpo del Uchiha para poder protegerse detrás de él.

—Naruto ni se te ocurra… —intentó defenderse el pelirebelde pero, para su mala suerte, ya era demasiado tarde. La pesadilla de todas las pesadillas ya estaba allí.

— ¡Tú! —se pudo escuchar una tenebrosa voz por parte de la ojimiel de ese modo infundiendo miedo tanto en Naruto como en Sasuke. Sí, Sasuke. Tal vez sería un Uchiha, pero nadie podía pasar desapercibido por parte de Tsunade. A ella le daba igual si era uno del clan más poderoso que había existido, pero si había hecho algo mal también tendría su castigo y en ese momento el gran error que estaba cometiendo era el de proteger al Hokage de la villa.

—Eso Sasuke. Tú. Dile que no se sulfure tanto. — habló el rubio mientras empujaba el cuerpo del ojiazabache hacia delante, aunque éste se frenaba con los pies, no quería recibir por culpa del irresponsable de su amigo.

— ¿Qué no me sulfure tanto?... —musitó Tsunade cerrando su puño e intentando controlarse lo mejor que podía, aunque con sólo pensar en la vaguería que Naruto mostraba a la hora de hacer el papeleo matinal le ponía enferma, por lo que una venita apareció en su frente. Ya no podía más. Naruto había pasado el límite. — ¡Cómo coño quieres que no me sulfure si mi despacho está lleno de papeles por tu culpa! Si tú no terminas con los tuyos yo no puedo enviarte los que tengo en mi oficina, que por cierto… ¡Está hecha una mierda! ¡Y todo por tu culpa! —gritó la Senju de ese modo haciendo explotar el detonante que tenía en su mente, aunque cuando quiso darse cuenta, ya estaba zarandeando el cuerpo de Sasuke. El Uchiha pensaba que ya estaba desmontado del todo, sus ojos daban vueltas y el mareo estaba reluciendo de su interior. En verdad esa mujer daba miedo.

— ¿Se puede saber qué haces tú aquí en medio? ¡Aparta! —exigió la ojimiel con autoridad, pero al ver que el cuerpo del ojiazabache estaba dando vueltas, decidió cogerlo por el cuello de la camiseta y apartarlo hacia un lado, que más bien fue un lanzamiento forzoso por parte de la antigua Hokage. Sasuke se apoyó en la pared intentando recobrar, no su integridad física, sino recuperar la integridad psicológica que en ese momento había perdido por culpa de aquellos dos psicóticos.

—Vamos Tsunade oba-chan, tranquilízate que no hace falta que te pongas de esta manera tan…exagerada por culpa de…

— ¿Exagerada has dicho? —inquirió por lo bajo la antigua Hokage mientras otra vena relucía sutilmente en su frente ocasionando que la furia de ésta aumentara considerablemente a cada palabra que escuchaba decir al que un día fue un simple gennin. —Mira, Naruto. No quieras saber lo exagerada que puedo ser en pegarte una paliza, así que… ¡Ponte a trabajar y a dejar de decir idioteces! — terminó gritando la mujer de pecho voluptuoso alzando sus puños a modo de amenaza ocasionando que el rubio no se lo pensara dos veces en salir pitando hacia su despacho de Hokage.

— ¿Y tú vas a estar parado todo el día? ¡Venga a trabajar, Uchiha! — ordenó la Senju con su autoritaria voz para después dar media vuelta con el objetivo de volver a su despacho.

Sasuke optó por hacer oídos sordos y esperar a que aquella terrorífica mujer desapareciera del lugar para así poder recomponer sus ropajes, y es que tanto zarandeo lo había dejado bastante desarmado.

— ¡Sasuke! — lo llamó la rubia de dos coletas de un grito, antes de desaparecer de la entrada del último piso, de ese modo consiguiendo poner los pelos de punta al pelirebelde. El ojiazabache simplemente se serenó y prestó la atención necesaria como para captar el mensaje.

—Dile a Sakura que mañana esté en el hospital a primera hora, no me da la gana meterme en los quirófanos tan pronto. — informó la ojimiel con ya una voz más tranquila pero sin dejar de hacerse notar y, ahora sí, desapareciendo del lugar con su peculiar taconeo dejando a Sasuke solo en el pasillo.

El Uchiha suspiró con pesadez y con paciencia para después encaminarse al despacho del Uzumaki, que seguro ya estaría más pausado. El ninja entró en la estancia sin tocar a la puerta, pero al hacerlo pudo encontrarse a su amigo del alma retrepado en la silla con los pies apoyados en la mesa mientras que montañas de papeles inundaban toda la habitación, juntamente con varios paquetes de ramen instantáneo. Sasuke estampó su mano en su rostro intentando no perder los nervios al ver tal cosa; él odiaba el desorden, aunque su casa a veces estaba patas arriba por culpa de los niños, pero lo único que ya le faltaba ver era el despacho de Naruto al filo de parecerse a un gallinero.

—Naruto, ¿piensas ordenar esto algún día o tenemos que esperar a que aparezcan cucarachas de la mierda que hay aquí? — inquirió el pelirebelde con la voz impregnada de resignación mientras observaba cada una de las cosas que formaban esa leonera personalizada.

—Nee, no me hagas creer que tú eres más ordenado que yo. Estoy seguro que Sakura-chan siempre tiene que estar diciéndote de todo. — Se defendió el Uzumaki para después liberar una amplia sonrisa al ver la cara de su compañero.

—Hmp, pues si Sakura me dice de todo, no quiero pensar en cómo debe de estar pasándolo la pobre Hinata. —Pinchó el poseedor del Sharingan eterno mientras daba unos vacilantes pasos hasta colocarse en frente del escritorio del Hokage dejando unos papeles sobre la mesa de éste.

— ¿Más trabajo? Mira Sasuke, no te rías de mí.

—Ja-ja-ja…—respondió sarcásticamente y por sílabas el Uchiha jodiendo aún más al rubio, que se llevó la mano a su frente.

—Muy gracioso, teme. — dijo el ojiazul con sarcasmo mientras abría el pequeño documento que segundos atrás el pelirebelde le había dejado sobre la mesa, pero después de hojearlo se quedó completamente confundido. — ¿Puedes explicarme de qué va esto? — inquirió Naruto arqueando una ceja de ese modo manifestando su desconcierto ante tal información.

—Joder Naruto, hay que dártelo todo hecho, ¿eh? —se quejó Sasuke cruzándose de brazos ante la pregunta que le había hecho el Hokage, aunque como fue de esperar pudo recibir una mirada de corderito degollado por parte del ojiceleste ocasionando que al Uchiha no le quedara más remedio que hacerle un breve resumen de esos dos folios. — En fin, resulta que ayer noche tres de mis hombres me informaron de algo que para mí, al menos, me resulta algo extraño. —Comenzó a decir el poseedor del Sharingan mientras pensaba en cómo transmitirle todo al Hokage de la villa.

— ¿Extraño?

—Sí. El escuadrón nº14 de los ANBU llegó ayer noche a mi oficina diciéndome que habían encontrado un cadáver de un campesino, entonces hoy mismo he ido a los laboratorios para poder ver con mis propios ojos al cuerpo. — siguió diciendo el amigo del Hokage, pero de repente paró de hablar puesto que no podía estar informando y a la vez ver la cara de repugnancia y asco que mostraba Naruto ante tales palabras.

—Joder Sasuke, siempre tienes que meterte en la olla de la manteca. — le juzgó el Uzumaki mientras ponía los pies en el suelo y se incorporaba en la silla de ese modo preparándose para escuchar lo que fuera.

—Tsk. Bueno…en tal caso lo que pude observar en el cadáver me resultó…inusual, para ser más exactos… lo que visualicé en el cuello me resultó inusual. —informó el Uchiha con la voz impregnada de suspense de ese modo haciendo que de cada vez más el Hokage prestara más atención a lo que su amigo le decía.

—Qué era lo que tenía en el cuello. — inquirió indirectamente el rubio clavando su pacífica pero curiosa mirada sobre los oscuros orbes de Sasuke Uchiha.

—Lo que tenía en el cuello parecía ser una mordedura. — le reveló él desviando su mirada hacia la ventana. El cielo estaba precioso ese domingo y… ¿una bandada de pájaros? Es más… ¿de cuervos? ¿En verano? Algo no iba bien.

— Sasuke, ¡eooo! —le llamó la atención el Uzumaki moviendo sus brazos y esperando una respuesta por parte del otro shinobi que parecía como si hubiera visto un monstruo. Finalmente el aludido le miró sin decir una palabra. — ¿Se sabe de qué animal es? — inquirió el rubio cogiendo un bolígrafo para después comenzar a entrelazarlo entre sus inquietos dedos.

— ¿Animal? No. No lo sabemos todavía pero lo cierto es que…hace unos días desapareció un herrero que vive en la frontera y no sabemos dónde está, a pesar de que ya han denunciado su desaparición y los ANBU lo están buscando sin descansar. — siguió el Uchiha liberando un suspiro de cansancio. — En resumen, ese animal…o lo que sea que esté haciendo estas cosas hay que capturarlo, no podemos permitir que siga atacando a gente indefensa e inofensiva. —matizó el ojiazabache masajeándose las sienes, pero no pudo evitar el hecho de volver a desviar su mirada hacia la ventana. Tenía una corazonada.

— ¿Sugieres que monte un equipo de rastreo? —propuso el Hokage tornando su voz más seria.

—Seguro que es un animal salvaje pero…no estaría de más esa opción así que eso del equipo de rastreo lo dejo en tus manos, Naruto. —sentenció el pelirebelde ya dando media vuelta para poder abandonar la estancia.

—Sasuke, ¿Nunca vas a llamarme Hokage-sama? —preguntó Naruto enarcando una ceja y haciendo énfasis a las últimas palabras mientras que dibujaba una media sonrisa en su zorruno rostro.

—Creo que dobe-sama te queda mejor. —vaciló el Uchiha con una sonrisa socarrona ya abriendo la puerta del despacho para después abandonar la estancia dejando solo a Naruto.

Según Sasuke, la soledad era la mejor compañía para ordenar las cosas, sobre todo si el entorno está lleno de cachivaches que lo único que hacen es convertir el ambiente en un auténtico desastre, como el despacho de Naruto Uzumaki.

….

Se podía oír el chirrido de los kunais cuando chocaban, incluso se podía observar como varias chispas se desprendían de las hojas metálicas de esas peculiares armas ninja. La tensión se hacía notar en el ambiente y las ganas de vencer al contrario ya comenzaba a impacientarse. La respiración de los ninjas enemigos estaba agitada, aunque no se podía comparar con la de la pequeña pelimorada cuyos músculos empezaban a entumecerse por culpa del cansancio. La niña jadeaba de agotamiento y sentía algo extraño en el costado, justo debajo de las costillas. Lo más seguro sería que el flato estuviera invadiéndola.

—Mira, niña de los demonios, ves olvidándote de llegar viva. ¡Voy a cortarte la cabeza!—amenazó uno de los shinobi clavando su dura mirada sobre la Hatake, que rápidamente se colocó en posición de defensa, lo menos que tenía que hacer era bajar la guardia, debía estar atenta a todo.

—Tsk, pues antes de que me cortes la cabeza yo voy a cortarte la lengua, a ver si te callas un rato y me dejas tranquila. —vaciló la ojiazabache dibujando media sonrisa sobre su rostro mientras que cogía sutilmente una bocanada de aire.

—Bueno, mejor terminamos con esta estupidez ya, ¿no? —matizó el enemigo con orgullo, y es que él estaba convencidísimo de que se llevaría la victoria en los próximos minutos.

La sonrisa que dejó entrever el shinobi encendió la alerta en la mente de la niña de ese modo obligándola a poner, si hacía falta, su sexto sentido en marcha.

De un momento a otro el de la villa del sonido situó su mano delante de su rostro, justo separándola unos escasos centímetros de su cara, para unir el dedo índice y corazón de ese modo preparándose para realizar un jutsu. Como si la pequeña Hatake supiera que era lo que él iba a hacerle se llevó la mano hacia su hombro izquierdo, justo donde afloraban la mayor parte de problemas. Entonces, un extraño flujo de energía materializado en un fino y casi transparente hilo fue a parar hacia la zona que la mano de la pelimorada cubría por completo de ese modo alterando los receptores de chakra de la pequeña.

Sin poder soportarlo más, la ojiazabache soltó el kunai que anteriormente había sujetado con su mano izquierda. El brazo había perdido fuerza y su respiración comenzaba a pesar por culpa de la fatiga y el dolor que ese tatuaje extraño le provocaba de ese modo dejándola en un estado latente y casi sin poder hacer nada para remediar esa torturadora sensación. El ninja sonrió para sus adentros, al fin y al cabo ese truco que Kabuto-sama le había mostrado no resultaba ser tan malo, y aún menos cuando se trataba en bloquear todo el chakra de los poseedores del sello del cielo.

—Se ha acabado la fiesta. —dijo el hombre malo para después volver a acercarse a la niña del cabello de tonalidad purpúrea, que hacía escasos segundos había caído al suelo de rodillas a causa de los síntomas que aquella dichosa marca le estaba causando, de ese manera dejándola K.O.

Un quejido de dolor fue arrancado de la garganta de la pequeña Hatake ocasionando que ella agachara la cabeza para poder concentrarse en no perder el control en esa situación, justamente. ¿Por qué le tenían que pasar esas cosas a ella? ¿Por qué no podía estar libre de dolores de cabeza como aquellos? ¡Por Kami-sama, sólo tenía siete años! Maldijo para sus adentros, por mucho que pensara en una escapatoria improvisada nada se le ocurría. Era imposible, su cuerpo no le hacía caso, es más, los espasmos comenzaban a arremeter contra ella de ese modo negándole cualquier movimiento voluntario y provocando que su respiración se agitara bruscamente a la vez que varias gotitas de sudor resbalaban de su frente y por su cuello. La sangre le ardía y el corazón bombeaba sin cuidado, parecía que iba a explotar en cualquier momento.

Esta vez no quiso darse cuenta y fue un grito lo que inundó esa zona del bosque ocasionando que otra bandada de pájaros alzara el vuelo formando en el cielo una desagradable cortina negra. EL shinobi sonrió con sorna al ver el estado en el que se encontraba la dichosa niña; en verdad esa chiquilla les había llevado por el camino de la amargura pero al final, como era de esperar, habían conseguido agotar sus reservas de energía y en ese momento la tenían ahí, casi al borde de la inconsciencia, o al menos eso era lo que ellos pensaban.

En fin, ya cansándose de caminar decidió que era la hora de dar la estocada definitiva por lo que, cogiendo su katana, se dirigió a toda velocidad con decisión y soberbia hacía el punto donde se encontraba Nomi Hatake Mitarashi. Comenzó a realizar sellos con sus manos y… ¡Demonios, qué fue eso! Paró en seco y volteó bruscamente para comprobar que lo que había presentido sólo era producto de su imaginación, pero no, lo que estaba visualizando era de lo más real, incluso ya podía notar que su piel comenzaba a estar más cálida de lo normal.

— ¡Katon: Gōkakyū no jutsu—se oyó de entre los arbustos puesto que el shinobi no atinó a ver quién era por culpa de la gran bola de fuego que se dirigía hacia él. Maldijo en voz alta y, retrocediendo unos pasos, consiguió tiempo para realizar un jutsu estilo agua de ese modo contrarrestando ese katon.

Después de ese contratiempo buscó con una furiosa mirada al individuo que le había amargado la fabulosa escena para capturar a la niña, pero lo único que pudo ver era cómo un par de hojas se carbonizaban en el aire mientras que la espesa bola de humo ocasionada por el choque de elementos naturales se disipaba lentamente. Acto seguido clavó sus oscuros orbes sobre la pelimorada pero, al pasar un par de segundos, un kunai cruzó por su rostro cortándole de esa manera unos cuantos cabellos de ese modo llevándose la banda ninja clavada en éste. Impresionado, el shinobi clavó sus asombrados ojos hacia las copas de los arboles ¡No podía percibir a nadie!

Otro Kunai salió disparado. El shinobi retrocedió un paso incrédulo de su poca habilidad para percibir chakra. No pasaron ni tres segundos y esa vez fueron dos shuriken los que giraron a miles de revoluciones por segundo persiguiendo al ninja, que esta vez tuvo que esquivarlos moviendo su cabeza hacia ambos lados. Acto seguido él observó a la niña de pelo púrpura, pero era imposible que fuera ella puesto que estaba al límite por culpa de la marca, entonces ¿Quién demonios era? Sin esperárselo, una lluvia de kunais y shuriken comenzaron a precipitarse desde el cielo hasta clavarse en el suelo y siempre buscando con destreza la sombra del enemigo. El hombre malo estaba empezando a ponerse nervioso así que, sin más remedio, buscó refugio retrocediendo unos cuantos metros mientras ganaba tiempo para pensar.

— ¡Muéstrate, cobarde! —vociferó con estruendo pero a la vez con miedo en la voz del ninja ocasionando que una malévola e intimidante sonrisa se oyera de entre los árboles.

—Me parece que no soy yo el que tiene miedo— se pudo escuchar por parte de aquella voz la cual hacía estremecer a cualquiera de ese modo provocando que varios escalofríos recorrieran la médula de el del sonido.

Nomi levantó levemente su rostro intentando buscar a duras penas el origen de aquella misteriosa voz por parte del enemigo, aunque ella juraría que no era la primera vez que la escuchaba. Le era imposible poder ver quién era, sus párpados pesaban como el plomo y el sello pulsaba contra ella constantemente por lo que no pudo evitar volver a soltar otro gemido de dolor mientras que daba un puñetazo contra el suelo deseando que esa horrible tortura terminara ya de una vez, pero lo único que eso hizo fue tensar el brazo de la pequeña así que otra brusca sacudida arremetió contra el ahora frágil cuerpo de la niña, de ese modo robando de su garganta con egoísmo un desgarrador grito ocasionando que los ninjas del sonido dirigieran su turbados orbes hacia ella.

—Ahora es mi oportunidad. —se dijo mentalmente el enemigo con decisión y orgullo para después comenzar a correr hacia donde estaba Nomi.

Como si del mismísimo diablo se hubiera tratado, una gran bola de humo apareció en un abrir y cerrar de ojos consiguiendo dibujar una silueta, aunque aún no se podía apreciar con exactitud quien era. Desconcertado, el shinobi paró en seco y no fue por la bola de humo, si no por la daga que esta vez se le aproximaba a la velocidad de la luz brillando a más no poder a causa de la peculiar hoja de metal la cual se caracterizaba.

Incrédula, la pequeña de los Hatake abrió lo más que pudo sus azabaches orbes al percatarse, ahora sí, quién era ese individuo que se encontraba a pocos metros de su lado: cabello negro pero alborotado dejando que algunos de los mechones fueran a su libre albedrío mientras que otros se precipitaban por su frente, eso sí, sin cubrir aquellos ojos capaces de intimidar al mismísimo Satanás.

—La fiesta se ha acabado para ti, imbécil. —fue lo que dijo con prepotencia el chico de cabello oscuro dándole la espalda a la pequeña pelimorada y asesinando todo rastro de orgullo del enemigo con su desafiante mirada para después dibujar en su rostro una media sonrisa socarrona, demostrándole así quien era el que mandaba en todo aquello y cómo iba a ser el final para ellos.

"Pobres desgraciados, no saben qué es lo que les espera" fue el único pensamiento que se cruzó por la laberíntica mente del niño. Eso sí que iba a ser divertido.

Continuará…

He aquí el final del tercer capítulo de Déja Vu. Espero que haya sido de vuestro agrado^^

¿Se merece algún review? Espero que sí

Siento la tardanza en actualizar, pero…digamos que le doy más importancia a otras prioridades como pueda ser el instituto. Entendedme, lo primero es lo primero.

Intentaré actualizar la próxima semana, pero no prometo nada. Después, ya no creo que vuelva a actualizar hasta el año que viene puesto que este Septiembre ya comienzo segundo de bachillerato y como que no es plan de pasar del tema.

A ver, a lo mejor actualizo el día menos esperado pero, no prometo nada. Tal vez aproveche las vacaciones de Navidad…no sé, no sé.

Bueno, desde donde estoy me despido.

Por cierto, sé que hacer publicidad no es lo mío pero hay dos autoras dignas de mención: Rairaku-san y Shira-san. Ambas son de SasuSaku pero en sus historias podréis encontrar KakaAnko así que yo no me lo pensaría ni dos veces en pasarme por su perfil. ¿Desde cuándo encontráis autoras SasuSaku que escriban KakaAnko? ¡Muy pocas!

Estamos trabajando en una historia conjunta que se llama El kínder de Konoha, ahí se puede ver nuestra evolución como escritoras de historias. ¡Os sorprenderéis de lo mucho que hemos mejorado! Jajajaj!

Bueno, nos leemos pronto!

Ja né!

By: Pochi-san.