Hola a todos/as. Siento haber tardado tanto en actualizar, pero el instituto no me deja ni respirar. Aún así, podéis comprobar que no dejo abandonado .

Bueno, ya no hace falta decir que todos los personajes menos Nomi Hatake, Kai Hatake, Yukari Sarutobi y Arashi Uchiha que son propiedad de Rairaku-san, Shira-san y mía, son de Masashi Kishimoto.

Espero que disfrutéis de la lectura.

El viento sopló con violencia azotando las hojas de los inmensos arboles que rodeaban la zona donde se estaba desarrollando esa intensa y, aparentemente, interminable batalla entre los tres ninjas del sonido y los otros dos shinobi. El cabello, tanto el del niño como el de la niña, iban acompasados por el exigente ritmo que las ráfagas marcaban mientras el silencio reinaba en ese duelo de miradas entre el ninja y el chico de cabello oscuro cual color era característico de un clan en específico, conocido por un místico e incomparable poder. Sus ojos tan profundos como el mismísimo mar pero traicioneros a su misma vez ocasionaban que más de uno se lo pensaran antes de que dijeran o hicieran algo indebido. Esos orbes aturquesados cuyo centro se tornaba de un azul más pálido provocaba en los demás un estado de tranquilidad que impresionaba a más de uno, por lo contrario.

Él le daba la espalda a la pequeña Hatake que aún seguía sin poder levantarse por culpa de esa torturadora marca, fuente de la mayoría de sus problemas ocasionando que ella misma se sintiera inferior ante él. Se sentía pequeña, diminuta, como un punto entre millones de letras provocando que su moral disminuyera sutilmente, de modo que bajó levemente su mirada hacia el suelo. Al final alguien había acudido a ayudarla, pero no esperaba que fuese ese niño su salvador. Sí, Arashi Uchiha siempre tenía que ser la última esperanza en todo, el que al final siempre conseguía arreglar lo imposible y el que siempre se llevaba los elogios y cumplidos; resumiendo, el nene de las nenas. Por eso mismo le odiaba a él entero.

La chulería con que el Uchiha hacía las cosas en general era para tirarse de los pelos. ¡Por Kami! ¿Por qué en ese momento tenía que aparecer? ¿Por qué el baka de Arashi? No es que no le estuviera agradecida por haberla ayudado, aún así la idea de deshacerse ella sola de aquellos imbéciles no estaba nada mal por lo que en esos momentos la rabia comenzaba a brotar de su interior manifestándose en una severa expresión de enfado y furia. Es que, para colmo, el ojiazul aún no se había volteado ni para mirarla a los ojos cosa que no pasó desapercibida por la pequeña de los Hatake; de esa manera le demostraba que, a pesar de estar los dos en el mismo grupo, él se sentía superior a ella y a la otra integrante del equipo haciendo de este modo un triángulo totalmente obtuso entre los tres.

El ego de aquel niñato le ponía la sangre hirviendo provocando que la tensión aumentara y más cuando Arashi se pasaba mirando por encima del hombro a los demás, aunque éstos fueran más altos que él. Sólo de pensar en eso deseó que se largara y que hubiera sido otro el que estuviera en su lugar, como por ejemplo un chunnin. La niña de pelo morado se cansó de ese silencio y decidió romperlo en millones de pedazos con su autoritaria voz.

—Vete de aquí, Uchiha. Esta no es tu pelea, así que… ¡largo! —exigió la ojiazabache imponiéndose ante todo y al borde de la histeria mientras intentaba controlar su tono de voz, aún así eso resultó ser una misión imposible puesto que una bandada de pájaros levantó otra vez el vuelo al escuchar el bocinazo que la niña había provocado.

—Hmp, para pelear primero hay que estar preparado y en tu caso…digamos que tendrías que levantarte del suelo, empezando por eso. —le respondió con frialdad el niño aún sin mirarla a los ojos porque no podía bajar la guardia con aquellos shinobi del sonido, no podía permitir que le pillaran por desprevenido, o al menos eso era lo que su querido padre siempre le había enseñado, hay que tener los cinco sentidos alerta en todo momento.

Lo que terminó de decir el mayor de los hermanos Uchiha cayó como un jarrón de agua fría sobre el orgullo de la ojiazabache que en esos momentos se había levantado a la velocidad del rayo puesto que no quería ver cómo la gran burbuja en la que ese chulo estaba metido iba creciendo minuto a minuto.

—Me da consejo el que se tropezó con una piedra en el parque el otro día—se burló la pequeña Hatake mientras se cruzaba de brazos y dibujaba una sonrisa altanera en su rostro, cosa que al niño no le agradó demasiado puesto que la seriedad que antes cubría su semblante se mezcló con la molestia nacida de su interior, aunque claro, él ya había aprendido a convivir con las bromas pesadas de Nomi por lo que ya sabía cómo contrarrestar algunas de ellas.

—Gracias a Kami que lo mío sólo ocurrió una vez, no como tú, que se tropieza más de una vez. —le contraatacó con superioridad el pelinegro sin variar su tono de voz consiguiendo que el pequeño detonante que la ojiazabache poseía en su mente sufriera un colapso masivo de ese modo provocando que ella misma explotara por dentro y una aura oscura imaginaria apareciera rodeando su inner.

— ¿¡Pues sabes qué te digo!? ¡Qué eres un torpe, egocéntrico, impertinente, hipócrita, chulo, feo y baka! —bramó con una velocidad digna de envidiar y casi sin poder entender lo que ella misma había soltado para después coger una gran bocanada de aire ya que éste se había agotado todo de una vez en esa cadena de insultos. En tal caso el Uchiha pasó olímpicamente de esas, según él, falsas acusaciones para poder voltear en ciento ochenta grados, de ese modo encontrándose con las más que furiosa Nomi Hatake Mitarashi, que no cambió su expresión a pesar de poder clavar su asesina mirada con la inexpresiva de Arashi.

—Pues tú…—comenzó a hablar el niño de pelo alborotado con una media sonrisa esbozada en su hermoso rostro, cosa que cabreó aún más a la pequeña que aguardaba con ansias la confesión del ojiturquesa. —…eres la niña más pesada que he conocido. —finalizó éste con extrema rotundidad para después volver a darle la espalda, dejando así a una encolerizada pelipúrpura que no podía evitar que el labio inferior dejara de temblarle por culpa de la rabia interior que se estaba formando en su cuerpo.

….

La casa se le hacía pequeña y todo por no poder das más de dos pasos y voltear de nuevo, para después repetir una y otra vez lo mismo. La preocupación que sentía Anko iba de cada vez más en aumento y lo peor de todo era que no sabía cómo apaciguar lo que estaba sintiendo, se estaba volviendo loca. Mira que les había dicho que estuvieran atentos de los niños, y a sus hijos les había repetido más de una vez que los quería en casa a la hora de comer, pero eran ya la una del mediodía y aún no habían aparecido por la puerta, ni había sido capaz de oír las estridentes voces de Kai y Nomi.

Fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua intentando hidratar su garganta y ya de paso relajarse un poco. Aún así tenía un mal presentimiento, tanto como ninja que como madre. Y si les había pasado algo ¡malditos Izumo y Kotetsu! Juraba por Kami-sama que si algo malo les había ocurrido a sus hijos se iban a enterar, de verdad que conocerían la verdadera furia de Anko Mitarashi. Enseguida tensó su cuerpo y por un momento se vio tentada a llamar a su marido pero enseguida desechó la idea; con lo que había ocurrido esa mañana entre ellos dos no podía hacerlo, simplemente no podía discutir con él y después ir en su ayuda.

Se llevó una mano a la frente apartando los mechones color púrpura que le caían e intentando no recordar lo que había ocasionado la discusión entre ellos dos, pero lo peor de todo era que no podía creer cómo su propio marido había insinuado tal cosa. Sí. Ni que hubiera sido ella la que hubiera deseado ser la primera portadora del selo maldito del cielo; todo fue culpa del degenerado de Orochimaru, ella no tuvo nada que ver y, si hubiera sabido que le pasaría lo que le pasó, hubiera abandonado el grupo de su exsensei más pronto que otra cosa. Entonces hubiera sido, tal vez, más feliz y en parte hubiera sufrido menos, además de no tener que preocuparse por el estado de la marca; ni hubiera hecho falta despertar casi cada noche empapada en sudor por culpa de las horribles pesadillas que la atormentaban, y lo peor de todo era que nadie se había molestado en preguntar si ella estaba bien, si necesitaba ayuda. Todo el mundo la veía cómo el monstruo traidor de Konoha que se largó con el sannin, y todo por buscar poder…sólo poder.

Por más que lo intentó, ella misma no fue capaz de controlarse y más de una vez, cuando su cuerpo ya estaba completamente cubierto por esas marcas negras, pensó que todo se terminaba, sólo le quedaría esperar abrazada a sus rodillas cómo la muerte le acechaba hasta que finalmente le hubiera arrancado el alma de cuajo.

La Mitarashi medió sonrió amargamente para después llamarse a sí misma "estúpida". Sí, ella era realmente imbécil. Después de todo lo que le ocurrió en su oscuro pasado sus habilidades no habían evolucionado casi nada, a pesar de que se fue con su sensei a recorrer el mundo ella fue incapaz de, al menos, conseguir más poder y volverse más fuerte; fue por su cuenta como realmente desarrolló sus habilidades como kunoichi. Siempre opinó que Orochimaru había sido un desgraciado pero lo que Anko sentía en esos momentos, tal vez, era que ella también había sido una desgraciada que no valía nada más que simple basura.

Entonces, cuando se enteró de que Sasuke había acabado con Orochimaru, se propuso a sí misma terminar con la vida del subordinado de su ex sensei, Kabuto Yakushi. Pero fue una inútil al pensar que podría llevar a cabo esa misión con éxito, incluso Tsunade no estaba a favor de esa repentina decisión, pero claro, cómo podía negarse ante la terquedad de ella así que la dejó por caso imposible y le concedió ese deseo. En contra de todo, no paró de buscar hasta que lo encontró y, sin tener nada planeado, peleó contra él dándolo todo pero lo más humillante fue cuando por una simple mordedura de serpiente quedó derrotada. Supuso que después él le habría propiciado una fuerte paliza para dejarla sin fuerzas porque, cuando despertó, los golpes y cortes que tenía sobre su piel no se los había hecho durante la pelea.

Suspiró hondamente y zarandeó su cabeza bruscamente. Después de torturarse mentalmente volvió a la pura y dura realidad de ese modo atrapando una vez más el recuerdo de sus hijos los cuales no habían aparecido en toda la mañana. Miles de malas sensaciones se mezclaron en su estómago, sólo pensar que algo malo les podría haber ocurrido a Kai y Nomi la ponía terriblemente enferma. Sabía que quedaría destrozada si le arrebataban a sus hijos, que no podría soportar toda la presión y el dolor que todo eso le ocasionaría y, posiblemente, se vería inmersa en una pena sin fin. Le llevó varios segundos pensar en un plan por si tenía que pelear contra alguien pero después de coger unos cuantos kunai y ponerse su habitual gabardina se dirigió con decisión y paso firme a la entrada; cogió las llaves con rapidez y se encaminó hacia el parque, que era donde en teoría tendrían que estar sus niños.

A cada paso que daba el corazón se aceleraba haciendo que su respiración se agitara levemente, pero sin que ella pudiera darse cuenta sus pasos iban cogiendo velocidad hasta el punto en que comenzó a correr en dirección al parque sin importarle nada más que la seguridad de sus hijos. Rezó por que estuvieran bien y es que en el parque no podía pasarles nada, pero claro, primero tendrían que haber llegado. Sin pasar por la puerta, la ojicaramelo evitó de un salto la valla que cerraba el recinto para después buscar con desesperación la figura de ellos, pero nada, no los veía, no los sentía ni a ellos ni a sus respectivos chakras. No estaban.

— ¿Anko-san? — se interesó una voz pausada y a su vez pacífica. La aludida volteo enseguida e intentó parecer calmada a ojos de la ojiperla.

—Hinata, ¿has visto a mis hijos? ¿Han estado por aquí? —preguntó la Mitarashi intentando camuflar la preocupación que en esos instantes la estaba invadiendo sin dejar a la chica contestar la primera pregunta.

—Sí. Kai sí que ha estado por aquí, pero…

— ¿Y Nomi? Izumo y Kotetsu la han acompañado ¿verdad? —volvió a preguntar la pelimorada dando un paso hacia delante y aguantando la respiración por culpa de la tensión que su mismo cuerpo estaba ejerciendo, de ese modo haciendo que sus nervios y la curiosidad que sentía se apoderaran de ella completamente.

Hinata calló y bajó su dulce mirada haciendo que parte de su rostro se ensombreciera a causa de los mechones que se precipitaban por su frente. Por la manera en que su exsensei estaba preguntando, Hinata podía intuir que algo malo podría avecinarse para la familia Hatake, pero no quería decepcionar aún más a Anko, que ansiosa estaba esperando una respuesta por parte de su exalumna. La Mitarashi estaba que se subía por las paredes, incluso su labio inferior comenzó a enrojecerse por culpa de esos mordiscos que ella misma se estaba propiciando por culpa de la tensión y la preocupación que sentía. De verdad que los nervios la estaban atacando de manera muy desconsiderada.

— ¡Hinata! —demandó la ojicaramelo con la voz atormentada poniendo ambas manos en los hombros de la Hyuga, la cual se sobresaltó ante tal acto desesperado de la kunoichi, que estaba impaciente por oír a la chica, por lo que la chica no pudo evitar no contestar.

—Nomi no ha llegado aún. —confesó la mujer del actual Hokage casi en un hilillo de voz.

Los orbes de la Mitarashi se desviaron hacia el suelo y después hacia ambos costados mientras ella estaba intentando asimilar lo que había escuchado. Cerró los puños intentando no hacer nada desapropiado a la vez que su cabeza comenzaba a dar vueltas haciendo que millones de horrorosas y desagradables escenas se recrearan en su confusa mente. Desgraciado el que se había atrevido a tocar a su hija.

—Anko-san, ¿hay algo de lo que preocuparse? —inquirió Hinata no muy segura de sus palabras mientras sus orbes perlados buscaban los desconcertados de la Mitarashi.

—No, todo está bien. —mintió la ojicaramelo esbozando una falsa sonrisa pero, a pesar de que sabía que no había convencido a la mujer del actual Hokage, no tenía tiempo de explicarle nada.

Después de dar unas ligeras gracias a la chica, la pelimorada salió chaspeada del parque para encaminarse a toda velocidad hacia la torre Hokage. Necesitaba ayuda, pero mientras estaba pensando en cómo pedirle al Hokage un escuadrón ANBU dispuestos a ayudarla pudo escuchar un grito desgarrador por parte de una lejana pero muy conocida voz, cosa que provocó la frenada en seco de la kunoichi que no se lo pensó ni dos veces en poner rumbo a la velocidad del rayo hacia uno de los lugares de Konoha que mejor conocía. Algunos lo conocen como el Bosque maldito… ¡qué demonios! Desde siempre ese lugar ha sido, es y será el famoso e intimidante Bosque de la Muerte. Cómo amaba ese sitio.

En un abrir y cerrar de ojos, los pies de la experta examinadora de los exámenes chunnin se posaron con firmeza sobre el arenoso y duro suelo con el objetivo de buscar el origen del grito, pero nunca podría haber imaginado que vería lo que en esos momentos sus dilatados ojos estaban presenciando.

Si el charco de sangre que había alrededor de los dos cuerpos que yacían en el suelo no era más grande, pensaría que aún estaban vivos. Los ojos de ellos estaban completamente cerrados y las ropas desquebrajadas daban una visión perfecta de los profundos cortes que adornaban sus cuerpos, dejando que la sangre corriera libremente por las extremidades para después caer gota a gota contra el suelo de ese modo dejándolo tintado de ese impactante color carmesí.

— ¡Mamá! —le llamó de repente una voz perfectamente familiar. La aludida dirigió su mirada hacia la persona que la había llamado con desesperación, pero no pasaron ni dos segundos y la silueta de Anko desapareció para después aparecer de nuevo, esta vez de rodillas, al lado de las otras dos pequeñas figuras, que también se encontraban arrodilladas en el suelo.

— ¿Estáis bien? Qué demonios ha pasado. —inquirió la pelimorada directamente a su hijo, pero de repente notó como la pequeña Yukari, impresionada y con el rostro lleno de lágrimas que previamente había estado siendo consolada por el pequeño peliplateado, se abrazó con fuerza a la kunoichi; ella sonrió con nostalgia y no dudó en recibir a la pequeña, que no paraba de sollozar sobre el hombro de la ojicaramelo la cual comenzó a acariciar con delicadeza el suave cabello de la niña.

—Kai, qué ha pasado. — volvió a preguntar Anko esta vez intentando sonar mucho más seria pero sin dejar de tranquilizar a la Sarutobi.

—No lo sé, mamá. Yukari y yo nos íbamos a casa, pero decidimos coger este camino porque era el más corto…y cuando llegamos Yukari gritó al ver a Izumo y Kotetsu así como están. No sé nada más. —En el momento en que su hijo pronunció el nombre de los dos shinobis tendidos en el suelo, el recuerdo de su hija volvió una vez más a inundar su mente.

—Kai, necesito que te quedes con Yukari y que cuides de Izumo y Kotetsu. Dudo que ellos…—entonces la kunoichi calló de inmediato de ese modo dejando el mensaje al aire, pero más que entendible.

— ¿Dónde vas, mamá? —preguntó el pequeño peliplateado siguiendo con su sorprendida mirada a su progenitora, que besó la frente de Yukari y alborotó aún más de lo que estaba la cabellera plateada de su hijo para después hacer unos sellos con sus manos de ese modo haciendo dos clones los cuales se situaron al lado de los dos niños.

—Tú, ves a buscar ayuda y tú quédate aquí cuidándolos ¿estamos? —ordenó con firmeza la mujer de las serpientes a los dos clones que no dudaron en hacer caso a la Anko original.

—Pero mamá…—musitó el pequeño ojicaramelo con preocupación por el bienestar de su madre, la cual no pudo evitar sonreírle de la manera más afectuosa y cariñosa que pudo de ese modo dándole a entender que ella estaría bien hasta que, finalmente, consiguió convencerlo. —Ten mucho cuidado. —le dijo Kai Hatake con una sonrisa esbozada en su bello rostro ocasionando que unas carcajadas por parte de la pelimorada se hicieran notar.

—Cielo, eso ya ni tienes que decirlo. —contestó la kunoichi dedicando al peliplateado una grata sonrisa para después guiñar uno de sus acaramelados orbes de ese modo provocando que los labios de Hatake dibujaran la mejor de las sinceras sonrisas.

Ante eso, la Mitarashi comenzó a correr hacia las vallas que aislaban el gran y peligroso bosque de la zona del pueblo con el objetivo de evadirlas con un ligero salto y así lo hizo. Unos segundos después ya no podía verse la figura de Anko, pues había desaparecido entre la espesura de los frondosos y misteriosos árboles que la naturaleza había creado en esa húmeda zona. Los dos niños se quedaron con el clon que la ninja había invocado, aún así la pequeña Yukari no pudo evitar acercarse más y abrazarse al cuerpo del niño de cabello plateado, el cual no dudó en corresponderle el abrazo de ese modo intentando evitar que el miedo y la sorpresa invadieran más el interior de la niña de ojos color rubí.

—Kai, ¿la madrina estará bien? —inquirió la pelinegra con preocupación sin dejar de abrazar al Hatake.

—Eso no lo dudes. Mi madre no es tan fácil de derrotar, ni mi padre puede con ella. —contestó el pequeño gennin esbozando una bonita sonrisa impregnada ligeramente de orgullo. De verdad que su madre era la mejor del mundo y él no dudaría nunca de su profesionalidad.

Para el niño de cabello plateado no había mejores ninjas que Kakashi Hatake y Anko Mitarashi, y Naruto-san, claro. ¡Cómo podía olvidarse del Hokage! Él era tan guay y tan poderoso que nadie se atrevía a pelear contra él, y el baka que se atreviera saldría perdiendo. A Kai le encantaba irse cuando podía con el Hokage, pues siempre terminaba entrenando con él y a veces casi que aprendía algún movimiento nuevo porque cuando él entrenaba con su padre, el proceso era demasiado rápido y le costaba pillar los diversos combos de ataques y la fusión de éstos con los ataques de chakra, como el chidori. Por un momento deseó que su padre dejara los escuadrones ANBU debido al poco tiempo que tenía libre, por lo que cuando llegaba a casa ya era de noche y él tenía que irse a dormir ya que al día siguiente solía haber academia o entrenamiento con el grupo.

A veces podía oír desde su cama como su madre discutía con Kakashi por culpa del poco tiempo que pasaba con ellos, pero siempre la Mitarashi cedía con la maldita excusa de que él necesitaba cambiar de aires y, si conservaba ese trabajo, ganaría más dinero que un simple shinobi. Aún así, Kai dedujo que a su madre no le importaba el dinero. De todas maneras él no podía hacer que su padre cambiara de opinión, por lo que callaría e intentaría aguantar hasta que pudiera.

….

Esos jodidos ninjas del sonido se lo estaban poniendo realmente difícil con las diversas lluvias de kunais que se precipitaban por el aire hasta caer en picado sobre las gruesas ramas de los enormes árboles, que era dónde se encontraban tanto él como Nomi. Podía presentir que la pequeña de los Hatake le costaba de cada vez más lidiar con la dura pelea contra los shinobi y con su propia batalla interior contra ese condenado sello.

Por un momento, el gennin pudo permitirse observar rápidamente el estado en el que se encontraba la niña, que precisamente no era muy bueno si no todo lo contrario, la salud de esa niña en esos instantes era deplorable: su rostro estaba levemente golpeado, sus piernas también estaban adornadas con unos cuantos moretones mientras que sus brazos tenían dibujados varios arañazos pero no muy profundos, y toda ella estaba empapada en sudor haciendo que algunas gotitas se precipitaran de su frente, pasando por su cansado rostro y deslizándose por su cuello.

De un momento a otro la niña reposó su espalda en el tronco del húmedo árbol intentando controlar su acelerada respiración y llevándose una de sus sucias manos a la marca de la maldición la cual estaba palpitando bruscamente sin importarle el estado de su portadora. La pelimorada podía notar cómo los pinchazos que arremetían dolorosamente contra ella iban en aumento de ese modo robándole algunos quejidos de su garganta. Ante eso, Arashi se vio totalmente incapacitado por poder quitar el sufrimiento de su compañera de equipo y, aunque quisiera, no podía simplemente por el hecho de no conocer la combinación adecuada para realizar ese extraño sello que su sensei realizaba para poder calmar a la Hatake, pues él sólo lo había visto una sola vez.

— ¡Arashi, cuidado! —vociferó la ojiazabache alertando al ninja de ojos azules, cosa que provocó que la atención del shinobi volviera a la realidad para poder evitar el golpe que iba a recibir por parte de uno de los degenerados aquellos.

Ambos gennin evitaron el atentado de uno de los ataques del líder del grupo, el cual sonrió para sí mismo mostrando su propio orgullo. Los otros dos ninjas enemigos se posicionaron al lado de su líder dando a entender que aquella pelea ya la querían dar por terminada, no les apetecían seguir con aquellos dos niños ya que la única razón por la cual estaban en Konoha era por la niña de pelo morado recogido en un característico y peculiar moño, al igual que su progenitora.

—Bueno, bueno…esto ya está listo, jefe— espetó uno de los shinobis con altanería mientras con la manga de su puerca camisa se secaba el sudor de su frente y parte de su sucio rostro.

—Sí, ya podemos terminar con estos dos engendros. Nos vamos a llevar a esa condenada niña y a él…—se paró a pensar el líder del grupo mientras medio sonreía con sorna, aunque dejó escapar una sonora carcajada en el momento en qué pudo ver cómo el ojiturquesa se posicionaba delante de la niña, dándole la espalda con la intención de evitar cualquier contacto entre aquellos hombres y Nomi a la vez que él se estaba preparando para defenderse con un kunai en la mano y una expresión de furia que era capaz de intimidar a los tres shinobi.

—Arashi…quítate de en medio —exigió la ojiazabache intentando controlar su agitada respiración entretanto se incorporaba para hacer el intento de, al menos, ayudar a su compañero que se sorprendió un poco al ver cómo ella estaba dispuesta a pelear con garras y dientes aunque fracasara en el intento.

—No seas estúpida, ¿no ves que no vas a durar ni un segundo en el estado en que te encuentras? Es de locos…estate quieta, Hatake. —dijo el chico intentando sonar razonable y, muy en su interior, intentando hacer recapacitar a la niña para que no cometiera ninguna insensatez. De todas maneras pareció ser que lo que él intentó no ocasionó otra cosa más que el aumento progresivo de la molestia y enfado de la pelipúrpura.

—Tsk, me parece que es menos loco intentar colaborar contigo que dejarte que mueras inútilmente y en vano por hacerte el valiente y el poderoso. —aseguró la ojiazabache caminando hasta llegar al lado izquierdo de el niño, que se molestó por el comentario de ella.

—Sabes que no intento tal cosa, pero si quieres que te maten sólo por no querer la ayuda de nadie, pues allá tú. —le dijo Arashi volviendo su mirada hacia los enemigos.

— ¡Basta de cháchara! ¡Se acabó! —vociferó con gran estruendo el hombre calvo dispuesto a dar por terminado el encuentro por lo que, sin dudarlo, comenzó a combinar varios sellos hasta que, finalmente, apareció en frente suya un gran escorpión de barro que de enseguida emitió un escandaloso chirrido dando a entender su poder.

Tanto Nomi como Arashi quedaron con los ojos desorbitados al presenciar el problemón que se les avecinaba en nada más de cinco minutos y lo peor de todo era que ni él ni ella sabían cómo parar a ese gran monstruo que tenía toda la intención de realizar algo peligroso. Desgraciadamente y debido al gran peso de la bestia, la rama dónde los pequeños ninjas estaban se rompió en mil pedazos por lo que con dificultad tuvieron que poner en marcha sus sensores ninja y conseguir saltar al próximo árbol para que, al menos, tuvieran tiempo para pensar un buen plan para escapar.

No obstante siempre no salen las cosas como una se espera, y justo eso fue lo que le ocurrió a la pequeña Hatake. Debido a la humedad y musgo que cubrían las cortezas de los troncos de ese misterioso y terrorífico bosque, Nomi se resbaló y sin suerte no consiguió agarrarse a la mano que le tendió su compañero; el monstruo invocado por el enemigo por fin vio su oportunidad para atacar y así lo hizo: abrió sus grandes fauces para recibir con gozo al cuerpo de la niña, y es que el hambre que tenía le obligaba a comerse todo lo que se cruzaba en su camino.

— ¡Nomi! —fue lo único que atinó a decir el Uchiha quedando atónito ante lo que se iba a avecinar, aún así él no podía moverse con facilidad debido al corte que le propició un kunai en su pierna lanzado por el enemigo en el preciso instante en que él intentó agarrar la mano de su compañera.

Sus azulados ojos reflejaban todo el sentimiento de desesperanza que en ese momento estaba invadiendo su cuerpo al ver cómo una de sus compañeras caía tan rápida pero a la vez tan lenta, y es que parecía como si el tiempo se hubiera detenido. No obstante, como si de la aparición de un milagro se hubiera tratado, los papeles se tornaron justo hacia el sentido contrario en el preciso y acertado instante en que el chakra azulado de la niña rodeó con rapidez su brazo izquierdo.

Los oscuros orbes de la niña se agrandaron de la impresión, pues sólo ella sabía lo que podía significar esa manifestación totalmente repentina de su propio chakra de esa manera haciendo que todos sus sentidos shinobi despertaran ocasionando la completa ignorancia de su mente por la dichosa marca que palpitaba sin cesar sobre su hombro izquierdo de ese modo provocándole el peor de los dolores que podían existir en la faz de la tierra.

Nomi sabía perfectamente lo que aquello significaba ya que su madre se había encargado de demostrárselo con su propio estilo, aquel que muy pocos podían presumir de poseer. La sonrisa más maléfica y endemoniada que ella nunca podría haber sido capaz de dibujar, se plasmó sobre su rostro mientras que su mirada, dura e intimidante, se clavó sobre el decidido monstruo, que tenía su mandíbula totalmente abierta para disponerse a devorar el cuerpo en suspensión de la pelimorada.

Entonces, concentrándose y demostrando todo lo que había aprendido durante el último mes, la pelipúrpura estiró por completo el brazo con la acumulación de chakra haciendo que varias serpientes salieran impulsadas de la extremidad a una gran velocidad con la intención de que éstas se dirigieran rápidamente a alguna rama del árbol más cercano. Y así ocurrió. Todas las serpientes se enrollaron con fuerza al tronco más próximo que encontraron de ese modo ayudando que la niña estirara su brazo con cierta dificultad, pero logrando darse impulso y escapar de la segura muerte que le hubiera esperando entre los afilados colmillos de esa dichosa invocación.

Aún así Nomi Hatake Mitarashi no se las daba de tonta, por lo que antes de dar un giro en el aire, la ojiazabache lanzó con precisión un kunai explosivo hacia el monstruo ocasionando que éste, con el simple roce del metal sobre la lengua del animal, diera un gran estallido resonando así en todo el bosque y ocasionando que una gran bola de fuego rodeada de un humo negro explotara en esa área del frondoso y húmedo lugar.

….

Hasta el más diminuto animal se hubiera dado cuenta del gran estallido que había explotado en el bosque y, aunque la mujer lo conocía como la palma de su mano, en esos momentos su mente estaba en blanco, pues lo único que ansiaba era llegar lo antes posible a la zona donde se encontraría su hija. A Anko no le resultó muy difícil adivinar dónde podría estar ya que por el humo que continuamente se colaba entre las enormes copas de los árboles permitía a la Mitarashi tener al menos una leve noción del paradero de su hija.

Su acelerada respiración provocaba que la garganta de la kunoichi empezara a secarse y todo por culpa de los acelerados pasos que daba intentando esquivar cualquier cosa que se interpusiera en su camino, de todas maneras ya estaba acostumbrada a correr durante horas ¡Por favor, era una Tokubetsu Jonnin! No podía permitirse frenar la gran carrera que se estaba pegando, y más cuando se trataba de salvar lo que más quería en ese mundo. Entonces acelerando más de lo que ya estaba el paso, la ojicaramelo se dirigió a la velocidad de la luz hacia dónde procedía el humo, pues no podía ser otra la zona donde, seguro, estaría Nomi.

….

Iban uno tras otro. Eso era lo que hacían los kunais que los enemigos lanzaban debido al repentino enfado que les invadía al ver con sus propios ojos como la gran invocación había desaparecido en una ruidosa explosión causada por tan solo una niña de no más de diez años.

La sonrisa socarrona que adornaba el rostro de la pelipúrpura no dejaba de causar una gran decepción a los ninjas, que ya habían colmado toda la paciencia. Y mientras ellos estaban intentando capturar a esa niña, el otro shinobi de ojos azulados no dejaba de incordiar y de desviar los ataques con unos misteriosos jutsus ¡Pero cómo era posible! ¡Sólo eran unos malditos criajos! Aún así ya estaba comprobado que aquella niña de pelo morado era la hija de una ex alumna del amo Orochimaru, bastaba ver el siniestro sello que adornaba la blanquecina piel del cuello de ella y el anterior jutsu de serpientes.

—No os vais a salir con la vuestra. ¡Abandonad! —vociferó uno de los hombres mientras desenfundaba la katana que llevaba a sus espaldas de ese modo intentando infundir respeto a los niños. — ¡Es estúpido! No podréis esquivar muchos ataques más. Mejor rendiros. —ofreció el ninja esbozando una media sonrisa de esa manera manifestando su total arrogancia ante el tema.

La mirada Arashi se cruzó con la cansada de Nomi, que jadeaba ligeramente ante la falta de fuerzas. Por un momento se quedó pensativo intentando pensar fríamente un improvisado plan para escapar de ese lío pero era incapaz, y todo por la presencia de la niña. No podía dejar de observarla con cierto resentimiento al no poder reprimir la mala sensación que recorría a Nomi por el cuerpo, y es que pelear con dolor por culpa del sello no debería estar siendo fácil para ella.

—Tenemos que acabar con ellos. —musitó la ojiazabache pasándose la mano por la frente para secar las gotas de sudor que resbalaban por su cara.

—Cómo se nota que nunca vas a llegar a se jonnin. —espetó el niño de cabello alborotado haciendo girar un kunai entre sus manos. Ante tal comentario, Nomi no reprimió las ganas de asesinarlo con la mirada. —Es mejor que abandonemos. No tenemos nada que hacer contra ellos. —finalizó el Uchiha volviendo su penetrante mirada hacia los enemigos, que tenían la intención de volver a atacar.

—Pues cómo se nota que tú nunca vas a llegar a ser un buen marido. —le escupió la Hatake volviendo también su mirada hacia el costado contrario mientras se cruzaba de brazos ante el descontentamiento que había causado el comentario del niño, que sólo resopló ante lo que había dicho ella.

—Tsk.

— ¡Basta de cháchara! ¡Se acabó, despediros del mundo! —gritó con aires de grandeza el enemigo para después echar a correr a toda velocidad hacia donde estaban los niños, que en milésimas de segundo se pusieron en guardia.

Como si de un terremoto se tratara, el sello maldito azotó contra el cuerpo de la pelimorada de ese modo arrancándole un quejido de la garganta mientras ella se llevaba una de sus manos hacia el hombro intentando reprimir aquellas punzadas que la torturaban continuamente. Ante la sorprendida mirada de Arashi, las piernas comenzaron a flaquearle por culpa de ese mar de llamas que la estaba quemando por dentro. Entonces, Nomi se vio obligada a apoyar su espalda contra el tronco del árbol debido a la falta de fuerzas que esa condenada marca estaba causando.

— ¡Pero qué haces, idiota! ¡Apártate! —vociferó la pelipúrpura de seguida que vio al chico de ojos aturquesados enfrente suya, dándole la espalda y dirigiendo su fija mirada hacia el enemigo.

—Aún es muy pronto para que vaya a tu funeral. —habló el pelinegro esbozando una media sonrisa al haber escuchado su propio comentario.

— ¡Pero qué dices! ¡A este paso voy a ser yo la que vaya a tu funeral! ¡¿Y sabes qué?! ¡Paso de llevarte flores a la tumba, baka! —gritó la niña sin saber cómo hacerlo para que ese idiota de Arashi se apartara de en medio y así no recibir una certera estocada.

— ¡Estáis muertos!

—Oye Nomi, quiero que sepas algo… —de inmediato el se puso en posición para atacar directamente.

— ¡Apártate! —era lo único que ella podía decir, pues a pesar de haberlo intentado no tenía fuerza suficiente como para poder moverse. No podía apartar a ese masoquista de ahí en medio ¡Maldición!

— ¡Ahhhhhhhhhhh! —el grito de guerra por parte del enemigo se hizo notar haciendo que este retumbara en toda la zona y ocasionando que el vuelo de los pájaros se alzara.

— ¡Arash…! —los ojos de la Hatake se abrieron desmesuradamente al presenciar lo que acababa de ocurrir. Nomi ahogó el chillido al encontrar el cuerpo del niño a escasos centímetros del suyo.

—Se acabó. —susurró el Uchiha al oído de la ojiazabache, que no podía estar más sorprendida ante la repentina reacción de su compañero de equipo.

—Baka, a qué te refieres. — quería saber la niña de pelo morado alejando al niño con sus manos para así poder mirarlo fijamente a los ojos.

— ¡Decid adiós!

—No estamos solos.

— ¿Qué? — la pelimorada frunció el ceño sin entender lo que estaba diciendo su compañero de equipo. Los niños siempre tendían a ser la criatura más extraña que podía habitar en la Tierra.

Las hojas de los arboles empezaron a azotar con violencia debido al brusco viento que se había levantado en unos instantes. Parecía como si el demonio hubiera hecho aparición ante los atónitos ojos que se quedaron esculpidos en los sorprendidos rostros de todos los ninjas menos a uno, claro estaba, que era el que ya lo había presentido. Las grandes zancadas que estaba dando el enemigo se pararon en seco, pues no quería acercarse a esa siniestra y poderosa presencia.

Con sigilo pero haciéndose notar, posó sus pies sobre la rama del árbol donde se encontraban Arashi y Nomi, pues sabía de sobra que esos ninjas ya no volverían a acercárseles. La brisa que bailaba libremente por el bosque se atrevió a acariciar su rostro mientras que sus mechones color del azabache se revolvían aún más de lo que ya estaba, aún así agradeció la frescura que se coló entre sus ropajes de ese modo causándole una grata sensación.

Su camiseta creaba ligeras ondulaciones de ese modo haciendo que la camiseta de rejilla que llevaba adherida a su piel, a su perfecto e uniformado torso, pudiera verse claramente. La prueba de que él también era un ninja parecía estar solucionada y verificada, pues la banda que llevaba grabado el símbolo de Konoha colgaba del cinturón que sujetaba sus azulados pantalones. Con parsimonia y tranquilidad fue desenvainando la katana que también llevaba colgada del cinturón de ese modo obligando a los ninjas de la lluvia a dar unos pasos hacia atrás.

Ellos no querían morir a manos de ese demonio, de esa criatura del infierno cuyos ojos parecían estar forjados en lo más profundo de un mar de llamas y hacían sufrir durante toda la eternidad a aquel que se atreviera a mirarlos fijamente. Se negaban a pelear contra él. No obstante preferían morir en ese lugar que no ser capturados y torturados por él. Por el elegido en su clan. Por el heredero predilecto del Sharingan. Por el asesino de Orochimaru-sama… Por Sasuke Uchiha.

—Jefe…qué hacemos. —susurró con el miedo impregnado en su voz uno de los shinobi a su líder, que aún estaba atónito ante la oscura presencia del ex miembro del esquipo Taka.

No podía atinar a decir algo, parecía como si las palabras se hubieran paralizado y, como consecuencia, negarse a salir de su boca.

—Jefe…qué…

— ¡Cállate! —ordenó con furia el ninja de la lluvia enviándole una asesina mirada. No era momento de hacer preguntas, sólo debían capturar a la niña y ese objetivo estaba más lejos de lo que él había calculado. Ahora tendrían que pensar algo para desviar la atención de Sasuke y así poder atrapar a esa niña de pelo morado que estaba camuflada, al igual que Arashi, por el cuerpo del líder de los ANBU.

Estaba boquiabierta ante la presencia del padre de su compañero de equipo. Nomi no podía dejar de observar su silueta mientras que la piel se le erizaba a causa de la extraña sensación que le causaba ese hombre. Ahora entendía a la gente cuando decía que Sasuke Uchiha era algo siniestro. No obstante se negaba a pensar que fuera un hombre malo. A pesar de esa mirada espantosa, Nomi sabía que él era una maravillosa persona y estaba convencidísima que daría su vida por salvar a Konoha. Entonces la niña se dijo para sí misma que algún día le gastaría alguna broma. Ante ese pensamiento, la pelimorada rio para sus adentros.

Aún así esa agradable sensación duró sólo unos minutos, pues el sello maldito se atrevió una vez más a arremeter contra ella de esa manera provocándole otra brusca sacudida haciendo que un leve quejido se escapara de su boca.

—Resiste un poco, Hatake. —habló por fin la masculina voz del poseedor del Sharingan eterno mientras la miraba de reojo, asegurándose que esa marca no se descontrolaría.

—Es muy fácil decirlo. —replicó la ojiazabache molesta. Sasuke esbozó una media sonrisa ante el rebelde comentario de la pequeña ¡Cómo se notaba que era hija de Anko Mitarashi!

Acto seguido, Sasuke volvió a fijar su penetrante mirada sobre el enemigo pero se sorprendió ante el hecho de que uno de ellos ya se encontraba enfrente suya para atravesarlo con su espada. Él bloqueó el ataque con facilidad, pero si estaba pendiente de su integridad física no podía controlar a los otros dos, que con desquite esquivaron el ataque directo de Arashi.

No cabía duda alguna de que era a ella a la que estaban buscando y debían cogerla por todos los medios si no querían ser ellos los que terminaran muertos. Aunque claro, a todo el mundo le llega su momento de gloria. Entonces, como si de un golpe de suerte se hubiera tratado, uno de los ninjas de la lluvia agilizó uno de sus movimientos y, por fin, logró atrapar el brazo de la pequeña, que reflejó la frustración y, tal vez, el miedo en sus ojos. Enseguida la alejaron del lugar donde se encontraban los dos Uchiha.

— ¡Bingo! ¡El ratón ha caído en la trampa! —exclamó de orgullo y alegría el hombre mientras evitaba la patada que iba dirigida a su rostro para después agarrar las manos de la niña.

— ¡Suéltame, cosa asquerosa! — replicó la pequeña de los Hatake mientras intentaba zafarse del agarre, pero era imposible.

— ¡La tengo! ¡Vámonos!

—Me haces daño —se quejó la pelimorada mordiendo la mano del ninja, pero este enseguida la golpeó en la barriga evitando que siguiera incordiando. — ¡Suéltame, desquiciado!—insultó la ojiazabache mientras intentaba zafarse una vez más del agarre, pues no pensaba rendirse. No quería irse con aquellos enfermos mentales.

—Me parece que no te han enseñado modales, pequeña…

—Los suficientes como para tratar a ratas como tú. —siniestra, intimidante y femenina voz. Peligro al acecho.

Si bien parecía que el demonio ya había hecho aparición, aquellos ninjas de la lluvia no sabían con quien estaban a punto de luchar. Sasuke Uchiha esbozó su media sonrisa al observar y, seguro, a predecir qué era lo que se avecinaba en esa área del bosque.

Las madres no se lo piensan a la hora de matar a aquel que osa enfrentarse a sus hijos, fruto de su vientre.

El afilado metal se pegó como una lapa al cuello del ninja haciendo que sus desorbitados ojos se clavaran sobre el Uchiha, pues no se atrevía a ver quién era la persona que estaba a punto de terminar con él.

—Se te ha acabado el chollo. —se burló con malicia la mujer que tenía al ninja totalmente atrapado bajo su poderosa y respetuosa presencia.

Nomi esbozó una amplia sonrisa al observar cómo su heroína había hecho aparición. Ahora ya estaba tranquila, pues estaba convencidísima de que no dejaría que nadie le hiciera nada.

Mamá era la mejor.

Continuará…

¿Me he demorado? ¡Sí! Mucho y realmente lo siento.

La causael instituto.

¿Muchos deberes y responsabilidades? Sí.

¿Cuándo vas a volver a actualizar? Cuando tenga tiempo. Después de la Selectividad supongo que seguiré con la historia aprovechando que ya lleva el verando.

¿Selectividad? Sí. Ese exámen…bueno, exámenes mortíferos que agotan las fuerzas de cualquiera u.u pero te permite ingresar en la universidad. Así que es muy importante aprobarlos.

¿Quiere decir algo más? Sí. Siento la espera de los lectores que se pasan por aquí. De verdad que no tengo tiempo para dedicar a las historias, aunque me pesa mucho. Intentaré actualizar pero no prometo nada. Gracias a todos por pasarse por esta historia y, si hay alguna queja, no reprimáis las ganas de expresar vuestra opinión con un grato review. De verdad que se agradecen.

¡Por cierto! Animo a los lectores de Naruto y, sobre todo, amantes del KakaAnko, que os paséis por este perfil Rairaku-san y leáis Avaricia Uchiha: Cadenas de sangre.

Es una historia que ha sido creada por mi compañera y por mí, y como es un KakaAnko…pues he pensado que os interesaría. Valdrá la pena ¡Ya veréis! Os animo a que os paséis. No os arrepentiréis ;) También queremos opiniones. No estarían mal a la hora de seguir escribiendo.

Bueno…desde donde estoy me despido con un abrazo muy fuerte.

PD: ¡Escritoras de KakaAnko! Pido actualizaciones ^^