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Pasaron las horas y con ella la mañana. Kate se la había pasado entera, en el piso de arriba componiendo la canción mientras vigilaba a Alexis y su reacción después del tratamiento. Estaba concentrada en la canción, cuando a la joven pelirroja le dio una sacudida. Enseguida dejó la guitarra y se acercó a ella con rapidez. La miró a los ojos y comprobó que les tenía rojos.
- Mierda – Musitó. Buscó en una de las estanterías un recipiente donde poder poner agua y cuando lo encontró se fue al baño y lo llenó. Volvió al lugar donde estaba Alexis tumbada y depositó el vaso en el brazo del sofá. Puso rumbo a la cocina, bajando las escaleras a toda velocidad, provocando que casi se cayera rodando por ellas y cogió un paño. Subió de nuevo y mojó el paño en el vaso con agua. Lo escurrió quitando el agua sobrante y se lo pasó por la frente a la joven, con mucho cuidado. Volvió a mojar el trapo, lo escurrió y se lo pasó por al frente. Así estuvo durante 30 minutos, notando como Alexis mejoraba. Al poco rato, la joven abrió los ojos. Estaba perdida. No sabía lo que había pasado pero el ver a la detective a su lado la reconfortó. Se incorporó con la ayuda de Kate y tras parpadear un par de veces, habló.
- ¿Qué me ha pasado? – Preguntó poniéndose la mano en la frente.
- Tuviste una mala reacción – Le contestó sonriendo.
- ¿Por qué? – Preguntó asustada.
- No lo sé – La agarró la mano, gesto que agradeció la pelirroja tranquilizándose – Luego le preguntaré a Aarón si hubo algún problema mientras te inyectaba, pero ahora descansa. Yo estoy aquí al lado. Si necesitas algo avísame – La dio un beso en la frente y se apartó del sofá, cogiendo la guitarra. Alexis se recostó de nuevo en el sofá y cerró los ojos.
- Gracias – Dijo a los pocos minutos.
- No tienes que darlas – Sonrió de nuevo.
Alexis maldijo el día en que se la ocurrió empezar a tomar drogas. No sabía cómo había acabado así, pero agradeció el tener a Kate a su lado. Cuando despertó, vio la preocupación en sus ojos. Entonces recapacitó y se dio cuenta de que se estaba jugando la vida cuando empezó a tomarlas. Pero entonces no se daba cuenta. Lo veía como una simple diversión sin peligro alguno. Se imaginó lo mal que lo debió de pasar para que Beckett las hubiera tomado. Y ahora, se maldijo a si misma por haber sido tan estúpida y caer en la tentación.
De repente, sintió un enorme dolor de cabeza, pensaba que la iba a explotar, pero el suave sonido de la guitarra hizo que poco a poco cayera en los brazos de Morfeo.
Mientras, una Kate más tranquila, seguía desahogándose con su voz y su guitarra. Hacía mucho tiempo que no tocaba la guitarra. Algún día después de un duro caso, se ponía a tocarla en su apartamento, al salir de la ducha. Pero había perdido mucha práctica y la costaba tocarla. Pero hoy, al pensar para qué iba a usar su hermano la canción, su mente se coordinó a la perfección con sus articulaciones, creando un hermoso sonido con el cual empezaría la canción.
Un viento congelador recorría las calles de Santovenia, provocando que nuestros amigos se quedaran en casa. A ninguno le apetecía pasar frío y mucho menos bajo la lluvia. Por la mañana, el día parecía perfecto. Un sol radiante entraba por cualquier lugar, sin ninguna nube para molestar, pero a medida que pasaban las horas, el tiempo empeoró y un gran manto de lluvia cubrió el pueblo entero.
En el salón, acurrucados con mantas, se encontraban todos, viendo la televisión. Hoy habían decidido dejarla en Español, para intentar comprender lo que decían, pero les era imposible. Los únicos que entendían algo eran los hermanos.
Kate, apoyaba su cabeza en el hombro del escritor, mientras este, tenía un brazo por encima de ella, de forma que ambos estaban en una postura cómoda. Apenas prestaba atención al programa que se retransmitía en el aparato. Estaba pensado que podían hacer. No había venido a pasar las Navidades en España, acurrucada en los brazos de Castle. Si estuviera en otro lugar u otro momento, la encantaría estar de esa forma. No había otro lugar dónde quisiera estar, pero debía aprovechar su tiempo allí. De pronto, se le ocurrió algo.
- Como veo que nos estamos quedando dormidos, se me ha ocurrido que podemos hacer para pasar la tarde – Dijo bastante animada, con un brillo especial en los ojos del que solo se dio cuenta el escritor.
Al escuchar la idea de la detective, nadie puso ninguna pega, y poco a poco todos se fueron levantando de los sofás para salir al hall. Allí, Kate había depositado las cajas y bolsas que bajó la primera mañana que estuvieron en España, con la ayuda de Jenny y Avril. Aarón fue a la cocina a por un cúter y lo usó para abrir las cajas. Cuando se deshizo del celo, vació las cajas, dejando asombrados a todos. Por el tamaño de las piezas, era un árbol enorme. Si, era falso, pero era enorme. Cuando montaron las piezas de la base, Kate miro a Aarón que le sonrió. Entre todos, montaron el resto del árbol. Medía unos dos metros, pero sin ningún adorno quedaba muy soso. Los hermanos se acercaron a otra de las cajas y empezaron a sacar un sin fin de objetos. Unos pequeños, otros medianos y por último los más grandes pero de todos los colores. Desde el rojo más llamativo hasta el azul más pálido pasando por el resto de colores. El escritor, emocionado, había empezado a colocar adornos en el primer sitio que pillaba del árbol, con una sonrisa enorme en la cara. Pero Kate le agarró del brazo y le paró. Ella negó con la cabeza, mostrándole unas luces de colores enroscadas. Él sonrió como un niño que acaba de romper un plato, y quitó todos y cada uno de los adornos que puso, mientras Aarón, Espósito y Ryan colocaban las bombillas. Una vez colocadas en el árbol, Lanie acercó el grupo de enchufes y las fue conectando una a una. Kate se acercó al interruptor para apagar la luz y una vez hecho, le hizo una señal a Lanie para que encendiera el pequeño botón rojo de la caja blanca donde estaban conectadas las pequeñas bombillas que iluminaban el árbol. La escena era preciosa. Y las pequeñas lucecitas iluminaban todo el hall. La detective miró a Castle quien estaba fascinado tenía un brillo especial en los ojos y su cara había tomado cierto color a… a muchos colores. Las lucecitas se reflejaban en la cara de todos. Decidieron colocar los adornos de esa forma, sin apagar las bombillas y sin encender la luz. Después de un buen rato, Alexis colocaba el último adorno en el árbol. La estrella fugaz. Kate desde pequeñita la había colocado ella, pues era tradición en su casa que el más pequeño de la familia la pusiera y, como en ese momento era Alexis, fue ella quien la colocó. Había quedado hermoso. Entre la mezcla de las bombillas y los adornos, la escena era preciosa. Se quedaron admirando el árbol durante unos minutos y Kate, sintió una fuerza de atracción enorme hacía Castle. No sabía porque. No sabía si era la emoción, el ambiente que había adquirido la sala o simplemente las ganas de besarle, pero sin que él se lo esperara, le agarró la cara con las manos y le besó. Él accedió enseguida, pasó sus manos a las caderas de su novia y ambos se besaron bajo las pequeñas lucecitas que les iluminaban. Era un momento mágico, que por desgracias, fue interrumpido por los aplausos de sus amigos. Pero a ellos les dio igual. Siguieron besándose hasta que notaron como les faltaba el aire. Cuando se separaron, ocho pares de ojos les miraban, con una sonrisa cada uno. Ambos se pusieron colorados y el escritor se llevó una mano a la nuca y miro al techo, soltando una carcajada al cabo de unos segundos, contagiándosela al resto. Decoraron el resto de la casa sin prisa, disfrutando del momento. Kate y Rick se encargaron de la cocina, colocando un pequeño arbolito decorado con adornitos diminutos y lucecitas, también pequeñas. Pusieron por el techo, colgando guirnaldas de colores verde y rojo y pusieron pequeños colgantes por los armarios. Aarón y Avril, subieron al piso de arriba, decorando cada rincón que encontraban con objetos que venían en las cajas. Jenny y Ryan se asignaron el salón, y Espósito y Lanie las habitaciones. Por otro lado, Martha y Alexis escogieron decorar la entrada por fuera. Pusieron una especia de gelatina pegada en la puerta de cristal en la que ponía: "Feliz Navidad" y algunos muñequitos de nieve y papa noel.
Media hora después, se reunieron todos juntos de nuevo en el hall, y se colocaron alrededor del árbol. Kate sacó de una de las bolsas un marcó de fotos. Lo colocó en una mesa de cristal y todos se acercaron a ver la foto. Estaba ella, su hermano y sus padres, con el árbol detrás. Todos sonrientes. Cuando la dejó sobre la mesa, sonrió y fue hacia su habitación, trayendo consigo otro marco de fotos, pero este estaba vacío. La miraron interrogantes y ella sacó su móvil.
- Creo que hay que ir renovando las fotos – Colocó el móvil encima de la mesita de cristal, puso el temporizador y les mandó a todos ponerse alrededor del árbol. Evidentemente se pusieron por parejas y cuando la detective vio que todos se habían colocado, pulso sobre la pantalla y la cuenta atrás comenzó. Se acercó rápidamente al grupo y se pegó a Castle. Él pasó una mano por encima de su hombro y la abrazó. Diez segundos después, Kate se acercó al móvil y observó la foto. Sonrió al instante y se la mostró a sus amigos que también mostraron felicidad al verla. Había quedado estupenda. Agachados, estaban Ryan y Jenny, cogidos de la mano. A su derecha, Espósito y Lanie. Ella tenía cogido a él del brazo. A su izquierda estaban Martha y Alexis ambas sonrientes. Arriba se encontraban las dos parejas restantes. A la izquierda, Aarón y Avril. Él la abrazaba por detrás y ella se apoyaba con cuidado sobre él. Y a la derecha estaban Rick y Kate, ella tenía una mano metida en el bolsillo trasero de él, pero no se observaba y él tenía un brazo por encima del hombro de ella, abrazándola con infinita ternura. Desde luego, adoraban esa foto. Todos y cada uno de los presentes en ella. Y esta, sería uno de los primeros recuerdos que tendrán de estas únicas y especiales Navidades.
