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Pasaron los días y llegó el fin de semana. Lo habían pasado en grande decorando el árbol hacía unos días, pero ¿qué es del árbol sin regalos?
Después de comer decidieron que cogerían el coche para ir a la ciudad. Sería la primera vez, excepto para los hermanos, que visitaban la ciudad y estaban ansiosos. Por la mañana, cada uno se dedicaba a sus prioridades.
Aarón y Kate, siguieron con el tratamiento de Alexis, pero ahora con mucho más cuidado, pues la sacudida de la otra vez no podía significar nada bueno. Muchos días era Kate la que se quedaba con la joven y así tenía tiempo para dedicarle a la canción. La pelirroja no dio ninguna otra señal sospechosa durante los días que transcurrieron y los hermanos se fueron tranquilizando después del susto.
Por otro lado, el escritor pensaba que esa mañana no iba a acabar nunca. Normalmente ya se aburría solo, en su habitación. Algunos días escribía, otros se ponía a jugar con su móvil y otros se los pasaba en la cama, tumbado y reflexionando. Pero aquella mañana sería mortífera. No solo estaba presente el aburrimiento común de todos los días, si no que se sumaba las ganas de ir a Valladolid de esa tarde. Pensó que se haría viejo, y la mañana todavía no habría terminado. Buscó algo para entretenerse, pero no encontraba nada y su pesadez iba aumentando. Probó a dibujar, pero nunca fue su punto fuerte, y enseguida lo dejó.
Acabó harto de estar en la habitación sin hacer nada así que decidió ir a la cocina. Allí estaba su madre, tomando un delicioso chocolate caliente para entrar en calor. Se sentó a su lado y la saludó, gesto que ella también hizo al verle. Miró hacia una cazuela roja que había en el fuego y la preguntó con la mirada si allí estaba el chocolate. Martha asintió y fue a por un vaso para llenarle. Una vez lo tuvo hasta arriba, volvió a la mesa y se sentó al lado de su madre.
Durante varios minutos estuvieron en silencio. Cada uno estaba sumido en sus pensamientos hasta que el escritor habló.
- ¿Sabes que están tramando Kate y Alexis?
- Querido, ¿Cuántas veces te hemos dicho Alexis y yo que no te metas en temas de mujeres? – Contestó su madre.
- Muchas madre, pero me preocupan – Dijo tomando un sorbo de chocolate.
- ¿Te preocupan? ¿Por qué? – Dijo ella muy tranquila.
- No sé. Pero creo que están metidas en algo gordo y no me lo quieren contar. No sabes nada ¿verdad? – Preguntó mirando fijamente a Martha. Ella se limitó a negar con la cabeza mientras bebía de la taza – Hable con Aarón un día. Me dijo que sí que estaba pasando algo, pero que lo tenían controlado. Eso quiere decir que es peligroso.
- Richard, no creo que sea nada peligroso. Si lo fuera, Alexis te lo habría dicho – Dijo ella con el fin de tranquilizarse.
- ¿Y si no lo ha hecho? Madre, si la pasa algo a Alexis te juro que…
- Lo sé – Le interrumpió – Jamás te lo perdonarías. No creo que esté metida en algo grave, pero aunque fuera así, está en buenas manos – Se levantó de la mesa. Dio un beso en el pelo a su hijo y salió de la cocina, dejando antes la taza en el fregadero.
Castle se quedó pensativo. Se le pasó por la cabeza la idea de volver a subir, pero recapacitó y decidió quedarse abajo, pues si subía, correría peligro de muerte. Además, Kate le había pedido espacio pues tenía que "hacer una cosa" aunque con la pista que le dio y los pequeños sonidos de guitarra que llegaban al piso de abajo, imaginó que se trataba de música.
Mientras tanto, en una planta más arriba, la detective estaba concentrada en la letra de la canción haciendo algunos ajustes para que quedara perfecta. La joven pelirroja se quedó asombrada. Kate tenía una preciosa voz y toca la guitarra genial. Se la imagino con su edad cantando en conciertos. Habría descartado la idea a la primera, pues Kate no era de esa clase de personas que muestran su don a todo el mundo. Pero nunca se lo había planteado. Nunca había pensado, ni siquiera había pasado por su cabeza, que Beckett supiera tocar la guitarra.
- ¿Desde cuándo tocas la guitarra? – No podía aguantar más y terminó preguntando.
- La primera vez que toqué la guitarra tenía 12 años, pero cuando aprendí a tocarla de verdad tenía 14 – Dijo mientras seguía concentrada en la canción.
- ¿Se tarda dos años en aprender a tocar la guitarra? – Preguntó interesada.
- Sí y no. Depende de ti y de las ganas que tengas de aprender. La verdad es que yo nunca he asistido a clases a sí que no te lo puedo decir con exactitud. Me regalaron una guitarra a los doce y al principio estaba muy emocionada. Siempre quise tener una pero al final me acabé cansando de ella porque apenas sabía tocar nada. Pero luego murió mi madre y la única vía de escape para mi rabia que tenía era la música, me encerré en mi cuarto durante varias semanas y dedicando 12 horas diarias como poco, acabé tocando la guitarra como una experta a los 14 – Al terminar su relato, se giró para quedar de frente con Alexis y la sonrió.
- ¿Tu madre murió cuando tenías 14? – Entonces Alexis se dio cuenta de la pregunta que había hecho. La dijo sin pensarlo y ahora daba lo que fuera por no haberla pronunciado.
- Si, tenía 14 años, a tres meses de cumplir 15. Y si, tu padre te dijo a los 18 porque yo le dije a los 18 – Alexis la miró con cara confundida y siguió hablando – Odio que la gente sienta pena por mí. Me hacen sentir como una persona indefensa ante el mundo, y no lo soy. Así que, si ya la sienten cuando digo que murió cuando tenía 18, imagínate si digo que murió cuando tenía 14 – Se encogió de hombros y la tendió la mano, para que se levantara con ella y bajaran las dos al piso de abajo a comer.
Varias horas después, Castle montaba en la furgoneta y cerraba la puerta para que Kate pudiera arrancarla y poner rumbo a la ciudad. El viaje se les hizo más corto de lo que pensaban pero a mitad camino, Aarón les había tapado los ojos a todos con diversos pañuelos. Los hermanos habían planeado aquello para que no pudieran ver nada durante el camino y así la sorpresa fuera mayor. Llegaron a la plaza mayor, y la pequeña de los Beckett metió la furgoneta en un garaje subterráneo. Entre ella y su hermano, ayudaron a bajar del vehículo a todos y a subir las escaleras hasta llegar a la superficie. Una vez allí, les dieron permiso para quitarse los pañuelos. Ninguno tenía palabras para describir lo que veían. Era simplemente hermoso. En medio de la plaza, una estatua de un jinete montado sobre su caballo. A la izquierda de este un árbol gigante de 8 metros. No era ni la mitad que el de Nueva York, pero era completamente diferente. Estaba decorado con lucecitas de colores y millones de adornos. Un belén gigante, ocupaba el resto de la plaza junto a un carrusel típico de aquellas fechas. Pero todo con infinitas luces que te daban una sensación de calidez y compañía. Si te fijaban en las personas, la mayoría eran familias con renacuajos correteando a su alrededor o grupos de amigos, como ellos, que pasaban las fiestas juntos. Nueva York era la típica ciudad que nunca duerme, llena siempre de incesables sonidos, la mayoría molestos. En cambio, Valladolid era más especial. Más tranquila, sin tanto alboroto, con mucha más historia y lugares que observar. El ayuntamiento estaba iluminado durante casi toda la noche. Los colores variaban. Algunas veces era azul, otra verde y otras era rojo, pero siempre quedaba elegante debido a su estructura.
Había seis calles para abandonar la plaza y tomaron una de ella que les llevaron hasta unas calles que estaban entrelazadas entre sí, llenas de tiendas de todo tipo. Desde una con artículos de belleza hasta otra con todo tipo de libros, pasando por tiendas de ropa, artículos de informática y cualquier cosa que necesitaras.
- Nos dividiremos en dos grupos ya que no sabéis Español – Dijo Aarón – Y nos iremos turnando para poder comprar cosas a todos sin que estén presentes. Para empezar, los hombres vendréis conmigo y las mujeres iréis con mi hermana – Se acercó a Kate y miró su reloj de muñeca – ¿Quedamos en la estatua de la plaza a las 19:00? – Preguntó comprobando que eran las 17:30.
- Me parece bien. Nos vemos en un rato – Se despidieron y se dispersaron entre la multitud, yendo cada grupo por un lugar diferente. Las mujeres empezaron por las tiendas de informática. La más interesada era Kate, pues estaba segura que allí encontraría algo para Castle. Dieron varias vueltas mientras iban encontrando cosas adecuadas para las personas a las que estaban destinadas. Salieron de la tienda con varias bolsas y se fueron hacia "la calle de la ropa" como la llamaba Beckett. Estaba repleta de gente, que en estas fiestas se preparaba con todo tipo de regalos, al igual que ellas. Hubo un momento en el que se cruzaron con los chicos, pero ellos no las vieron. Iban muy concentrados mirando todos los escaparates que ni las vieron cruzar. Solo fue Aarón el que se percató de ellas. Al cruzarse con la mirada de su hermana, levantó el brazo saludando con la mano. Kate, imitó el gesto, y siguieron cada grupo por su camino. Todavía les quedaba un rato para encontrarse todos juntos y cambiar los grupos.
Media hora después, los hombres esperaban impacientes la llegada de ellas. Habían quedado a las 19:00 y ya eran y veinte. Hartos de esperar, decidieron llamarlas y Aarón sacó su móvil, puso el altavoz y marcó el número de su hermana.
Muertas de frío, pero degustando una de las mejores explosiones de sabor que se haya podido tener jamás, Kate, Avril, Lanie, Jenny, Alexis y Martha disfrutaban de sus "Smooys". Iban cargadas con montones de bolsas, pero aun así lograban tener las dos manos libres para tomar su helado, colocando las bolsas en doblez de los codos. La detective se sobresaltó al notar la vibración de su móvil y lo sacó con rapidez. Era su hermano. Al principio se extrañó, pero inmediatamente miró la hora y se dio cuenta de que iban con 20 minutos de retraso. Se apresuró a contestar.
- Beckett – Sabía de sobra que era su hermano la que llamaba, y que no tenía que usar su apellido para contestar al móvil como en el trabajo, pero la costumbre es la costumbre.
- ¿Se puede saber dónde estáis? – Dijo algo enfadado.
- Pues… entrando a la plaza mayor ¿Por qué? – Dijo haciéndose la tonta.
- Porque llegáis 20 minutos tarde.
- ¿20? – Dijo tomando otra cucharada del helado.
- Si, 20 así que daros prisa – Dijo mirando al resto de los hombres.
- A su órdenes mi capitán – Y dicho esto colgó, informando al resto que habían conseguido picar a los chicos.
A los pocos minutos, las mujeres aparecían ante los hombres, con una tarrina rosa en la mano y muchas bolsas colgadas de los brazos. Ninguno dijo nada y esperaron a que ellas tomaran la iniciativa de hablar.
- Hola – Dijo Kate de lo más tranquila.
- ¿Sabéis lo que es la puntualidad? – Preguntó Aarón de burla.
- Yo sí, ¿Y tú? – Contesto ella en el mismo tono.
- Pues claro, y parece que tenemos distintas definiciones porque habéis llegado 20 minutos tarde.
- Ya lo sabemos pesado, pero se nos pasó el tiempo – Dijo ella sonriendo.
- ¿Qué es eso? – preguntó curioso el escritor.
- Una especie de helado, ¿Quieres probar? – Le dijo Alexis.
- Claro – Tomó la cuchara que traía su hija de la mano y lo probó – Ummm esta riquísimo. ¿Qué tiene? – Dijo al fijarse que tenía virutitas marrones oscuras y una especie de salsa pringosa, también marrón por todo el helado.
- Virutas de chocolate y chocolate fundido.
- Ala y ¿Podéis escoger lo que queráis? – Preguntó al observar el helado de su novia y comprobar que tenía otras cosas.
- Aja – Asintió Kate mientras se metía otra cucharada en la boca.
- ¡Yo también quiero uno! – Dijo el escritor casi gritando, poniendo morritos y cruzándose de brazos, como un niño pequeño. Esto provocó la risa de todos mientras caminaban de camino a la heladería para comprar "Smooys" para el resto.
