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Tras volver a la tienda de los "Smooys" y comprar uno para cada hombre, decidieron entre todos dejar el resto de las compras para otro día y aprovechar del resto de la tarde-noche. Dieron un paseo mientras se terminaban los helados, disfrutando del paisaje y del ambiente. Se respiraba ajetreo y felicidad. Era una sensación muy diferente a la ciudad americana y les estaba encantando. Anduvieron durante un largo tiempo, hasta que acabaron en la puerta de un bar. Todos se habían acabado sus helados así que entraron a tomar algo, para celebrar que estaban allí, todos bien. Sanos y salvos. Y así lo hicieron. Entraron dentro y mientras Kate les explicaba lo que era las tapas, Aarón iba pidiendo. Se sentaron en una mesa y a los pocos minutos, el camarero se acercó a ellos, con 7 copas de vino, una botella de agua, una fanta de naranja y un vaso de mosto, lo dejó en la mesa y se marchó a la barra de nuevo. Castle miró interrogativo a los hermanos quienes se cogían, él la fanta y ella el vaso de mosto.
- Tengo que conducir de vuelta a Santovenia y no creo que queráis tener un accidente – Le sonrió.
- Y a mí me han prohibido tomar alcohol hasta que tenga las heridas curadas – Se encogió de hombros, mostrando indignación.
- Tómatelo como un castigo por haber sido tan toca narices – Le dijo ella, dándole una colleja.
- ¡Eh! ¿Para qué me das?
- Me apetecía – Se levantó de la mesa y se aclaró la voz – Un brindis, por nosotros – Sonrió levantando su vaso, gesto que imitaron el resto.
- Por todos nosotros – Dijo el escritor - Los conocidos hace tiempo – Miró a todos los que trabajaban en la comisaría y a sus respectivas parejas – Y los conocidos no hace tanto tiempo – Ahora, miró a Aarón y Avril.
Chocaron los vasos formando un ruido que en alguna ocasión habría sido molesto, pero esta vez era un sonido que juntaba los corazones de todos los que estaban presentes. Hacia colisionar las almas de cada uno, prometiendo de alguna forma, que estarían siempre juntos. Unidos.
Eran una combinación algo extraña. Un hispano, formado en el ejército que ahora es un detective de homicidios. Otro hombre, más débil pero se volvía lo opuesto cuando se trataba de sus amigos o familia que también trabaja en la comisaría. Su mujer, una bella persona, tanto por fuera como por dentro. Una mujer muy guapa, que se mostraba dura hacía el exterior, pero muy frágil una vez que la conocías, compañera de los dos primeros. Otra mujer algo más mayor que el resto, pero una gran persona y actriz habitaba dentro de ella. Un hombre guapo, rico y bondadoso, escritor de novelas y apasionado de la lectura. Su hija, una joven pelirroja universitaria estudiosa. Un hombre dedicado a la pintura, con una reciente herida, pero preocupado al 100% de su hermana pequeña. Su novia, una hermosa mujer que trabaja junto a él. Y por último, una mujer hispana también, dedicada a la criminología como forense. Si, si te parabas a pensarlo, eran una combinación rara pero a pesar de sus grandes diferencias, sabían perfectamente que esa amistad nada ni nadie la podía separar. Era como las fichas de dominó. Si cae uno, caen todos. O, puede que solo caiga ese uno, pero el resto estén a su lado, para ayudarles a subir de nuevo.
Este es un momento de la vida, en el que te alegras de todo lo que ha sucedido en tu pasado. Absolutamente de todo, pues si algo no hubiera ocurrido, nada de lo que tienes ahora, estaría contigo. Verte rodeada de todas estas personas que sabes que nunca te abandonaran te transmite una sensación de calidez y armonía. Sientes que compagináis todos, cada uno con sus defectos y virtudes. Pero que sin ellos no serían los mismos. Es en este momento, cuando la detective a pesar de todo lo que sufrió y de lo mucho que desearía que su madre siguiera aquí con ella, siente que ha encontrado su sitio en la vida y mira al pasado con una sonrisa en la cara y no con los ojos humedecidos. Se encuentra rodeada de las personas a las que más quiere, y las que más la quieren a ella. Les mira a todos como sonríen y se divierten bebiendo cada uno de su vaso o copa y sonríe ella también por enésima vez este día. Vuelve a ser feliz. Completamente feliz, y hacía mucho tiempo que no se sentía así. El mismo tiempo que hacía que no veía a su madre. Poco después de que muriera, se acordó de una frase que la dijo millones de veces cuando seguía con ella. "Nunca permitas que las lágrimas de tu pasado, borren las sonrisas de tu presente" Ahora era cuando cumplía aquella frase. Miraría siempre al pasado, pero con una sonrisa por mucho que la costara, porque tenía motivos por los que estar feliz.
Después de brindar, se sentaron de nuevo en la mesa y esperaron a que el camarero les trajera las tapas. Los del otro lado del charco las miraron con cara extraña cuando llegaron a la mesa pero no se negaron a probarlas. Y habían hecho bien al aceptar comerlas. Estaban riquísimas. Era poca cosa, pues los hermanos les habían explicado que era como un entrante para la comida, pero que aquí en España las usaban para picar de bar en bar.
Al cabo de un rato, el camarero les trajo un plato de jamón. Kate se emocionó al verlo. Hacía mucho que no le comía y a decir verdad, echaba de menos su sabor. Cuando el camarero se fue, Aarón les invito a probarlo y en cuanto se metieron el primer cacho en la boca, querían repetir.
Tras acabar de comer las tapas y charlar un rato, se marcharon y siguieron caminando por las calles, ahora más pobladas. Eran alrededor de las 22:00 y había mucha gente por la calle paseando mientras ven las luces que decoran la ciudad. Y ellos se unieron. Caminaron por las calles observando los decorados de esta. Eran muy bonitos. No tan estrafalarios como Nueva York pero quedaba precioso. Era más fino, más refinado y les estaba fascinando. Vieron en una calle un puesto de castañas asadas y como les habían prometido el día que les invitaron a venir a España, compraron un cartucho para cada uno. Castle peló una y se la metió en la boca entera. En seguida estaba saltando y agitando la mano como si fuera un abanico hacía su boca. Cuando la consiguió tragar sin que su garganta ardiera, miró al resto que se estaban riendo a carcajada limpia. Al momento él también se estaba desternillando recordando cómo había sido tan tonto de meterse una castaña recién sacada de fuego en la boca. Cuando se tranquilizaron, siguieron con su camino comiendo las castañas. Al poco rato, tanto Kate como Rick se habían terminado las suyas y el último metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. La detective se agarró de su brazo y caminaron juntos. Aarón al verles, sacó su móvil y les pidió al resto que se apartaran un poco de ellos. En el momento perfecto, pulso a la camarita de la pantalla e inmortalizó el momento. La foto había quedado preciosa. Los dos agarrados justo debajo de una de las luces de la ciudad. Contento con el resultado, guardó su móvil y se aproximaron a ellos, que no se habían enterado de que les habían sacado una foto.
Hacia las doce de la noche, decidieron volver a Santovenia. Pusieron rumbo al aparcamiento y a los 20 minutos estaban de camino al pueblo. En el coche, siguieron charlando y agradeciendo a los hermanos por haberles traído a España. Llegaron a casa un rato después y se sentaron en la cocina. Encendieron la televisión y fueron guardando los regalos, cada uno en su habitación para que no lo vieran el resto. Una vez que todos los regalos estuvieron guardados, la detective se preparó una taza de leche, preguntando si alguien más quería una. Alexis se unió a ella y metieron a calentar dos tazas al microondas. Cogieron el cola-cao y lo llevaron a la mesa donde estaban todos sentado. Cuando el aparato empezó a pitar, Kate se levantó de la mesa, cogió ambas tazas y le tendió una a la joven que charlaba animadamente con su abuela. Entonces Kate decidió llamar a Gates para decirla que dejara de investigar. Estos días se lo había pasado tan bien, que el tema de la investigación se le había olvidado y sus vidas corrían peligro. Era un asunto más que urgente a sí que se aparató del resto y sacó su móvil del bolsillo. Marco el número de su jefa y espero a que contestara a la llamada.
- Gates.
- Soy Beckett señor.
- Inspectora Beckett – Dijo abriendo un cajón de su escritorio donde tenía todo lo relacionado con ella.
- Señor, he tomado una decisión. Si seguimos investigando, mi vida y la de mis seres queridos corren peligro a sí que la voy a pedir que abandone el caso – Le anunció toda seria. Gates no daba crédito a las palabras que acaba de escuchar. No viniendo de ella. Se esperaba que Beckett la hubiera dicho que siguieran investigando hasta encontrar a los culpables, pero la había dicho todo lo contrario. La había pedido que abandonara la investigación.
- Inspectora Beckett – Se aclaró la voz e intentó sonar lo más formal posible – Entiendo que quiera proteger a los suyos, pero necesitamos seguir con la investigación si quiere encontrar a los culpable.
- Mire Señor, no quiero faltarle al respeto pero es mi vida la que corre peligro y yo decidiré que hacer con la investigación.
Sabía que se estaba jugando su puesto como detective. Enfrentarse así a su superior y más aún a Gates, estaba segura de que la mandaría a dirigir tráfico pero no iba a permitir que nadie le quitara la vida y mucho menos a su hermano. Tenía que arriesgarse.
En cambio, a la capitana le sorprendió aquel cambio y encima la plantaba cara. La esperaría una buena charla cuando volvieran de las vacaciones, pero por ahora la haría caso. También creía que era lo mejor, al menos hasta que la inspectora estuviera también presente y no a miles de km de distancia.
- Ya hablaremos cuando esté presente inspectora. Hasta entonces, estaré dispuesta a apartar la investigación – Dijo tras permanecer unos minutos en silencio.
- Gracias Señor – Entonces Gates cortó la comunicación, dejando a Beckett con las palabras en la boca. Miró el teléfono y tras soltar un pequeño "Wow" Regresó a la cocina a dar la noticia a todos.
Al igual que ella, se quedaron asombrados del gran cambio de actitud de Gates. Se esperaban que siguiera investigando y que la hubiera echado una reprimenda a Beckett tras plantarla cara, pero todo lo contrario. Estuvo de acuerdo con ella de apartar la investigación al menos hasta que estuvieran de vuelta a Nueva York. Pero Aarón pudo ver el sufrimiento tras la sonrisa de su hermana. Sabía lo mucho que la estaba costando apartarse de la investigación de su madre y encima lo hacía para salvarle la vida. Se acercó a ella y la abrazó con todas sus fuerzas. Ella al principio se sorprendió de aquel gesto de su hermano, pero enseguida pasó sus brazos alrededor de su espalda.
- Gracias – Dijo Aarón, separándose un poco de su hermana y cogiendo su cara con las manos. Ella le sonrió y le volvió a abrazar mostrándole de esa singular forma lo mucho que le quería.
Siguieron hablando un rato hasta que se hizo tarde y poco a poco se fueron marchando a sus habitaciones.
En una de ellas, una pareja hablaba animadamente sobre lo sucedido ese día. Ambos se lo habían pasado verdaderamente bien junto a las personas que querían y con las que se encontraban a gusto. El hombre se acercó a ella y la abrazó por detrás. La mujer se estaba quitando los accesorios que se había puesto y cuando hubo terminado, se giró quedando frente a frente.
- ¿Estas bien? – Preguntó él, preocupado tras lo sucedido los últimos momentos.
- Mejor que nunca – Contestó ella, sonriendo y acercándose peligrosamente a sus labios. Se quedaron así unos segundos hasta que no pudieron aguantar más y se besaron apasionadamente, acabando en la cama demostrándose todo su amor.
