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Pasaron la noche celebrando la futura boda y divirtiéndose todos juntos. Kate cantó varias canciones más después de que los presentes insistieran en que lo hiciera y se lo pasaron en grande, olvidándose de todo lo demás. Disfrutando del momento. Mientras la detective estaba en el escenario mostrando todo su talento, Castle se acercó al bolso de su novia y sacó la cámara de fotos. Quería inmortalizar aquel momento porque sería uno de los mejores recuerdos de esas navidades. La hizo varias fotos e incluso grabó un pequeño video. Tras asegurarse de que tanto las fotos como el video habían quedado bien, guardó la cámara en el bolso y se acercó a la barra de bebidas. Se sirvió una copa y se sentó, observando a su novia cantar. Pero una mano llamó su atención tocándole el hombro. Estaba tan embelesado mirando a Kate que no se había dado cuenta de que Aarón se había acercado a él.

- No la quitas el ojo de encima ¡Eh! – Dijo sirviéndose también una copa, pero de agua. El escritor no sabía que decirle a sí que optó por mirarle y sonreír – Sobre lo del brindis de antes, no quería intimidaros. Bueno, a mi hermana si, a ti no – Ambos rieron.

- Tranquilo, no lo has hecho. Estoy seguro de que Kate es la mujer de mi vida y espero poder pedirla matrimonio algún día no muy lejano. Pero acabamos de empezar nuestra relación y quiero llevar las cosas con calma. Sin presionarla.

- Haces bien. Kate es muy especial con este tipo de cosas, y espero por tu bien que tengas mucha paciencia, porque la vas a necesitar.

- He criado a una hija. Supongo que tendré la suficiente paciencia – Levanto una ceja con una sonrisa de medio lado – Y la verdad es que he hecho un buen trabajo para haberla cuidado yo solo – Miró a Alexis que estaba en el escenario con Kate y Lanie. En su mirada se podía ver nostalgia.

- Sabes, he visto muchos hombres en la vida de Kate. De todos los tipos. Pero ninguno como tú – Dio un trago a la copa y puso mala cara – Estoy harto de beber esto – Señaló el agua y los dos hombres soltaron una carcajada – Bueno, a lo que iba. Pones su opinión sobre la tuya y haces lo que sea para verla feliz. Pero, no lo hagas siempre.

- No te entiendo – Dijo el escritor confuso.

- Estoy seguro de que si fuera por ti, gritarías a los cuatro vientos que estas con mi hermana – Castle asintió con la cabeza – Pero solo lo sabemos nosotros - Dijo haciendo un circulo con el dedo índice, mientras el otro hombre volvía a asentir - ¿Por qué? Kate no quiere que lo sepa nadie fuera de su entorno – Rick iba a intervenir pero Aarón le paró con la mano – Nunca la ha gustado la prensa relacionada con el cotilleo y mucho menos si trata sobre ella. Imagínate lo que harán cuando se enteren de que estáis juntos.

- La seguirán a todas partes – Contestó el escritor. No había pensado en eso.

- Exacto. Por ahora estoy de acuerdo con Kate. Esperar antes de anunciarlo. Pero, cuando ambos sepáis que la relación es sólida y tú estés seguro, llámame. Yo me encargaré de que poco a poco, todas tus fans se enteren. Oh y, cuidadito con ellas, porque Kate es muy celosa.

- ¿Celosa? ¿Kate? – Preguntó asombrado. Sabía que sería algo celosa, como todas pero no tanto como aseguraba su hermano.

- Celosa se queda corto. Si quieres seguir con vida, tanto por parte de Kate como mía, más te vale estar alejadito de ellas. – Sonrió seguro de sí mismo.

- Entendido – Tragó saliva. Sabía que si alguna vez la hacía sufrir, su hermano vendría en su ayuda y él estaría perdido - ¿Algún otro consejo?

- No por el momento. Según me vaya contando te diré – Chocaron las copas y bebieron el resto del contenido de las copas de un trago.

Kate les había observado desde el escenario. Cuando les vio chocar las copas, se acercó con el fin de sonsacarles algo. Castle estaba de espaldas al escenario y no divisó que venía. En cambio Aarón si que se percató de que se acercaba a ellos pero no dijo nada. Siguió hablando con el escritor de nada importante. Cuando estaba justo detrás de Castle, sonrió a su hermano quien le devolvió la sonrisa y abrazó por detrás a su novio, pasando sus brazos alrededor de su abdomen depositando un pequeño beso en la mejilla.

- ¿De qué estabais hablando? – Preguntó todavía agarrada a Castle.

- ¿Qué más te da? – Contestó su hermano sacándola la lengua.

- Nada interesante – Respondió Rick, tomando una mano de su musa y haciéndola girar como una bailarina para quedar entre su hermano y él. Se perdieron cada uno en los ojos del otro, y se fundieron en un tierno beso. Aarón que llevaba observando la escena, comprobó con sus propios ojos lo muy enamorados que estaban. Así que como no quería molestar, se marchó con cuidado sin que se dieran cuenta. Aunque lo dudaba porque estaban muy concentrados el uno en el otro. Mientras caminaba hacia el resto de la gente sonrió al saber que al fin, su hermana era feliz.

Tras pasar dos semanas en España, llego el 24 de diciembre y con él la alegría de todos. Kate fue la primera en despertarse y después deshacerse del abrazo de Castle, se dirigió a la cocina y miró el reloj del microondas. Las 7:00. Se preguntó a si misma que demonios hacia despierta a esas horas, pero no se volvió a la cama porque no conseguiría dormir y encima despertaría a Castle. Agradeció el haberse vestido antes de ir a la cocina y no seguir su costumbre de desayunar en pijama. Tomó su chaqueta del perchero y cogió las llaves del coche y el móvil. Como iba a estar sola, decidió ir a desayunar a un bar cercano llamado "Erchus". Tanto a ella como a su hermano les había encantado ir a tomar la primera comida del día allí desde pequeños. Servían un delicioso chocolate con churros y como el dueño era un amigo de su padre la conocía desde que era una cría. Llegó al establecimiento en unos veinte minutos y tras tardar otro cinco en buscar aparcamiento, se bajó del coche colocándose el abrigo pues se notaba que estaban a finales de diciembre. Entró al establecimiento y se sorprendió. Lo habían cambiado al completo. Era muy diferente a como lo recordaba ella. Se llevó una pequeña decepción al imaginarse que Miguel ya no sería el dueño, pero volvió a sonreír al verle aparecer por la puerta que daba a la cocina. El hombre nada más verla, se disculpó de las personas con las que estaba hablando y se acercó a ella con una gran sonrisa.

- Kate… - La abrazó depositando un beso en su pelo.

- Hola Miguel – Sonrió ella apoyada en el pecho del viejo hombre.

Para la detective, Miguel era su segundo padre. Siempre desde pequeñita les ayudó en todo, incluso cuando su verdadero padre no lo hizo. Poco después de que Johanna muriera, los hermanos estaban solos y Miguel les quiso ayudar, pero tuvo que salir del país pues su hija estaba enferma de cáncer y tenían que buscar una solución que en España no había. Nunca le guardó rencor por eso. Es más, le entendía. Ella habría hecho lo mismo. Los dos estaban en situaciones difíciles y aunque quieras hacer al resto felices, tienes que preocuparte por tu propia felicidad. Hacía muchos años que no lo veía y por su aspecto, supo que no estaba pasando muy buena racha. Ojeras, varios kilos menos, pero lo que más la extrañó es que llevaba maquillaje. Empezaron a hablar, de todo lo que había sucedido durante todos los años que habían pasado. Y después de recuperar la confianza, Kate le preguntó por su estado y él le explicó que su mujer había muerto por causas naturales hacía unos meses. Ella le dio el pésame y le abrazó con todas sus fuerzas. Miguel agradeció su visita y tras recordarse que ambos se tenían mutuamente, Kate marchó del lugar con el apetito saciado.

- Feliz Navidad – Le dijo justo antes de salir del local.

- Feliz Navidad a ti también Katie – Sonrió y la saludo con la mano mientras veía como abandonada su establecimiento.

Justo cuando iba a montar en su coche, su móvil empezó a sonar. Al ver el nombre sonrió.

- Hola

- Kate, ¿Dónde estás? - preguntó preocupado.

- Me desperté temprano y me fui a desayunar a un pequeño establecimiento. ¿Por qué?

- Me desperté y no te noté a mi lado. Abrí los ojos y comprobé los que mis manos me decían. Me levanté de la cama y al no verte en la cocina me asusté y me puse a buscarte. Como no estabas en casa te he llamado al móvil – Se oyó un suspiro al otro lado.

- Tranquilo cariño, estoy bien – Dijo ella al pensar en lo muy preocupado que debía estar para haberla narrado aquello. No le solía llamar cosas así, como "Cariño" o "Cielo" pero aquella vez se lo merecía. Se había preocupado por ella y la había buscado. No sabía por qué pero últimamente estaba más sensible que de costumbre y una pequeña lágrima de alegría recorrió su rostro – Paso a recoger una cosa y vuelvo a casa.

- Vale, te quiero – Dijo el escritor más tranquilo.

- Y yo.

A medida que pasaba la tarde, se podían ir viendo pequeños y grandes paquetes bajo el árbol. La casa se había llenado de alegría, canticos y bailes improvisados. Desde las ocho de la tarde, la cocina había sido precintada por los hermanos impidiendo a los demás acceder a ella. Habían decidido encargarse ellos de la cena para enseñarles lo que era la nochebuena española. Durante varias horas, se podía observar un gran ajetreo en ella pues lo hermanos no paraban de salir y volver a entrar, de coger algo y guardarlo al poco rato, de cocinar cosas y de encender fuegos. Un delicioso olor se iba apoderando de toda la casa, mientras el resto de amigos tenían que matar el tiempo con cualquier otra cosa mientras reprimían sus ganas de entrar a la cocina para saber lo que olía tan bien. Alrededor de las diez y media, Kate salió de la cocina para darse una ducha rápida y avisar al resto de que la cena ya estaba casi lista para que se pusieran sus mejores galas y esperar todos en el hall, al lado del árbol, hasta que ellos dos estuvieran también listos. Tras ducharse, dejó que lo hiciera su hermano y se ayudaron entre sí a darse los últimos retoques de su vestimenta. Ella llevaba un vestido color crema, que llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas. Era ajustado y con un solo tirante en el cual había un pequeño tejido de red del que colgaban unas cadenitas refinadas. El vestido tenía una pequeña curva justo debajo del pecho que hacía que fuera más elegante. Buscó en el armario los zapatos de tacón bastante alto de color crema y se los puso. Se colocó unos pendientes que caían hasta la mitad de su cuello, formados por pequeñas tiras de oro. También se puso un colgante a juego con los pendientes, solo que este tenía una pequeña piedra en el medio, parecida a una esmeralda, pero no pudo quitarse el colgante de su madre. Se maquilló un poco y se pintó las uñas de color crema también. Después de colocó frente al espejo y se recogió el pelo en un moño soltándose un par de mechones rizados en los dos lados. Cuando estuvo lista, se dirigió a la habitación de su hermano, con cuidado de que no la viera nadie. Al entrar no pudo evitar reírse al verle peleando con la corbata. Llevaba puesto un vaquero negro con una camisa gris, una americana negra y unos zapatos también negros. Nunca le habían gustado los trajes enteros y ella lo sabía por eso no le puso ninguna pega al verle con los vaqueros. Era su forma de vestir y le conocía lo suficientemente bien como para saber que hoy no iba a ser una excepción.

- Trae anda – Dijo cogiéndole la corbata y negando con la cabeza mientras recordaba que su hermano era incapaz de ponérsela solo.

- Gracias – La sonrió mientras la miraba como podía. Iba preciosa. Aun no se podía creer el ver a su hermana así. Siempre que se acordaba de ella, la imaginaba con sus vaqueros cortos y su camiseta de tirantes. Con sus inconfundibles converse verdes de militar y con el pelo recogido en una coleta bastante larga. Con tan solo 14 años. Y el verla hoy, con ese deslumbrante vestido y esos altísimos zapatos, maquillada suavemente y con esas joyas… Debía reconocer que era guapísima y que cualquier cosa la sentaba bien. El maquillaje la resaltaba los ojos y el vestido sus curvas. Iba espléndida.

- Esto… ya está. A ver cuando aprendes a anudártela solito – Dijo dándole varios golpecitos en el hombro.

Aarón la agarró de la mano y la abrazó. Ella se dejó y le abrazó también. Serían las primeras navidades que no celebrarían solos desde la muerte de su madre y querían que fueran especiales.

- Estas increíble – Depositó un beso en su pelo.

- ¿Seguro? ¿No me he pasado? – Preguntó separándose un poco de él.

- No, estás perfecta – La sonrió.

- Gracias y, tú también.

Salieron de la habitación para juntarse con sus amigos. Lanie llevaba un vestido azul de palabra de honor con el escote en forma de v, con un pequeño lazo justo debajo del pecho. Alexis llevaba un vestido también azul pero más oscuro de palabra de honor con un cinturón de tela del mismo color que el vestido anudado atrás, de forma que adelante quedaba una tela que se ceñía debajo del pecho y desde el cuál caían varias capas hacía abajo, una superpuesta sobre la otra. Avril llevaba un vestido morado de tirantes muy finos con el escote en forma de v, al igual que Lanie, pero unos centímetros más corto. Los hombres llevaban trajes de diferentes tonalidades, pero todos oscuros, combinados con camisas de diferentes colores solo que estas claras y con la americana correspondiente. Algunos llevaban corbata y otros no, pero iban todos fantásticos. Entraron todos juntos en la cocina-comedor. Los hermanos habían hecho un trabajo increíble. Habían bajado la intensidad de las luces y colocado toda la comida en la mesa, alumbrada por pequeñas velas. La imagen que daba era realmente preciosa. Se sentaron a comer y después de degustar la exquisita comida que habían preparado los hermanos, se sentaron de nuevo en la mesa para hablar. Conversaron durante largo rato hasta que Aarón sacó de la nevera una botella de champan y una de champín. Abrió el champan para el resto y el champín para él, ofreciendo a la más joven de todos quien aceptó pues todavía no la agradaba el sabor de la bebida con alcohol. Levantaron las copas y justo antes de brindar, Kate hablo.

- Me gustaría daros las gracias a todos. Hacía más de 20 años que había borrado estas fechas de mi calendario. Desde que murió mi madre, esta época suponía una gran tortura para mí. Los alumbrados, la música navideña, los regalos, las personas derrochando espíritu navideño… hace mucho tiempo que yo le perdí, le guarde en el fondo más profundo de mi ser a la vez que guardaba los adornos en las cajas poco después de saber que mi madre había sido asesinada y, gracias a vosotros, he conseguido volver a hacerle florecer. Muchas gracias y Feliz Navidad – Mientras narraba, una pequeña lagrimilla se deslizó por su mejilla. Cuando termino de hablar, Castle pasó un brazo sobre su hombro, apretándola contra él mientras brindaban todos juntos. Alexis, sin que nadie se diera cuenta, colocó la cámara de fotos encima de una mesa que estaba rodeada de sofás. Puso la cuenta atrás cuando Kate termino de hablar y la foto inmortalizó el momento justo cuando estaban todas las copas juntas en el centro. Y después de beberse el contenido de las copas, se abrazaron todos turnándose y deseándose feliz navidad.