El regreso de Tomoe
Capítulo 5: Viviendo con Tomoe
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Había pasado una semana desde la llegada de Tomoe; todos estaban más tranquilos. Como Tomoe era la encargada de los quehaceres de la casa, Kenshin decidió dedicarse completamente a buscar un trabajo, por tanto, la casa gozaba de más dinero y comodidades como siempre habían querido.
Kenshin salía desde temprano con Yahiko a ayudar en el Akabeko mientras Kaoru y Tomoe se quedaban juntas prácticamente toda la tarde. A pesar de que económicamente les iba bien, entre Kenshin y Kaoru habían menos acercamientos por "miedo" a que Tomoe sintiera celos o dolor al verlos juntos, algo que ponía a la joven Kendoka muy triste.
— Kaoru-dono – Llamó la mujer adulta a la chica.
— ¿Si? – Preguntó Kaoru que se encontraba en el dojo con nuevos alumnos.
— El almuerzo está preparado – anunció la mujer haciendo que todos los jóvenes olvidaran su entrenamiento y corrieran al pasillo a esperar un refrigerio.
— Está bien – sonrió Kaoru resignada. Todos siguieron a Tomoe y Kaoru se quedó en el dojo pensativa.
— Todo es tan tranquilo. Kenshin me dijo que la boda se pospondría hasta una temporada después. Pero no me dio tiempo de avisarles a los demás, así que en cualquier momento podrían llegar — Pensó la chica con amargura. Kaoru miró el suelo con pesar, pensar y pensar le hacía daño, claro, sin quitarse de la cabeza aquella amenaza que aún era desconocida para el resto de los habitantes del dojo Kamiya.
Poco después los chicos regresaron.
— Kaoru-San, continuaremos – Dijo uno de ellos con alegría.
— Esta bien, pero como ya están llenos de energía seguro que harán cien movimientos con la shinai –
— ¿¡Ehhh!? – se quejaron los alumnos.
— ¡Doscientos movimientos rápido! –ordenó y éstos lo hicieron sin muchos ánimos.
Tomoe la observaba con esa mirada que la caracterizaba, a pesar de lo sucedido veía a la chica bastante energética.
Al terminar las clases los jóvenes estudiantes se fueron adoloridos a casa, pues, tan solo llevaban un par de días en el dojo. Kaoru igual estaba agotada.
— ¡Qué bien! Ya son siete alumnos con Yahiko, que por cierto hoy faltó por ir al akabeko – comentó Kaoru a Tomoe para levantar los ánimos. Ésta no contestó.
— Con su permiso me retiro – Dijo Tomoe al fin mientras se metía a la cocina. Kaoru la veía con amargura, todos los días era lo mismo. Kenshin decía que era una mujer fría, pero nunca imaginó que tanto.
Por su parte, Kenshin estaba en el Akabeko con Yahiko, como era un viernes las personas de lejos solían ir a Tokyo, pues era la capital. El akabeko gozaba de mucha gente y había trabajo de sobra. Tae estaba que saltaba de alegría; sin duda era de las mejores épocas del año.
— ¡Kenshin una orden se Sopa de Miso! – Gritó Tae al actual "mesero".
— Ya voy – anunció Kenshin acercándose a ella.
El pelirrojo tomó los platos y los llevó, había mucha gente y apenas y se podía pasar entre ella.
— ¿Oro? – Dijo Kenshin al ser empujado a la izquierda.
— ¿Oro? – repitió al ser empujado hacia la derecha. Y así y con mucho trabajo llegó a la mesa a entregar la orden.
— ¡Ya era hora! – se quejó el hombre que esperaba su comida.
— Perdón – se disculpó el samurái, pero sin siquiera poder vocalizar bien lo llamaban de nuevo.
— Oh Tae, ¿en verdad deberías dejar pasar a tanta gente? – Preguntó Kenshin ante la multitud.
— Está muy bien, incluso tú estás ganando el triple de lo que deberías – Dijo la mujer alegre.
— Si, y gracias. Pero creo que es demasiado – sonrió.
— Kenshin esto lo hago porque sé que lo necesitan y ahora que puedo ayudar, ¡desde luego que lo haré! además así podrás comprarle detalles Kaoru. Recuerda que se van a casar – Mencionó la mujer con alegría.
— De cualquier manera es demasiado – Terminó él por decir.
— ¡Kenshin! ¡Ayuda! – El pelirrojo volteó y vio a Yahiko con bastantes platos de arroz. Inmediatamente el hombre fue a auxiliarlo.
De nuevo el samurái se encontraba en problemas, con tanta gente que no se iba apenas y podía caminar.
— ¿¡Oroo!? – Gritó Kenshin al ser empujado de nuevo.
— ¿¡Eh!? – Dijo Yahiko mientras buscaba con la mirada a su amigo. – Esta tarde será muy larga – refunfuñó el muchacho entre dientes.
Tomoe limpiaba las habitaciones, en verdad era una excelente ama de casa. Kaoru se bañaba en la tarde, si Kenshin la atendía bien con Tomoe se sentía igual que una reina, a pesar de ello su forma de ser la incomodaba mucho.
— ¡Llegamos! – Gritó el pelirrojo alertando a la chica. La Kendoka se vistió rápidamente y salió a recibirlos, sin embargo, Tomoe ya lo había hecho y se encontraban en la mesa disfrutando de la comida los tres. Kaoru sentía que quería llorar. Ver a Tomoe ahí la hacía sentir remplazada, cada vez que Kenshin regresaba de algún lugar ella lo recibía con una sonrisa y con su comida que nadie deseaba probar o Kenshin era el que la recibía a ella después de dar clases en el dojo Maekawa las pocas veces que iba al año.
— Hola Kenshin, Yahiko. Buenas Noches – se despidió Kaoru con un nudo en la garganta para después irse a su habitación.
— ¿Qué le sucede a Kaoru? Últimamente ha estado bastante sensible – Mencionó Yahiko.
— ¿Le ha pasado algo? ¿Tomoe? –Preguntó Kenshin a la mujer.
— Solo se metió a bañar y Salió así – Respondió cortante.
— Con su permiso – Kenshin salió de ahí y Tomoe lo miró con tristeza.
Kenshin siguió a la chica hasta su habitación, tal como había dicho Yahiko: Kaoru estaba muy sensible últimamente. El pelirrojo se asomó por la puerta de manera discreta y vio a una Kaoru acostada en el futón tapándose completamente con las cobijas.
— ¿Le sucede algo? – musitó mientras se introducía a la habitación.
— ¡No me sucede nada! – Respondió alterada confirmando la pregunta del hombre.
— ¿Qué pasa, Kaoru? –
— Nada, vete a disfrutar de tu cena. ¡Tomoe cocina delicioso! – Respondió de nuevo resaltando lo último.
— Kaoru, has estado demasiado rara. Dime que sucede – Dijo suplicante.
— ¡Kenshin vete! Solo quiero que te vayas, y me dejes sola – Dijo esta vez entre sollozos.
— ¿Le molesta que esté Tomoe? – Kenshin esperó su respuesta. – Es demasiado seria – Contestó al fin.
—Ella de por sí es así, perdone que la moleste con esto. Y lamento que la boda se haya cambiado de fecha pero no tengo el valor de casarme cuando ella esté viéndolo – Kaoru se sentó en el futón y lo miró. Kenshin se veía triste.
Él también lo vio y confirmó que lloraba. – Yo me quería casar – Susurró la chica lo suficientemente fuerte para que él la escuchara.
— Yo también – Dijo sincero.
— Pero dudaste. No sabías si escoger a Tomoe o escogerme a… mí – le replicó.
— No dudé eso – Kaoru lo miró con sorpresa.
— No dudé… no sabía cuál era la mejor decisión. No sabía que era lo correcto – Kaoru lo miró sorprendida y él le respondió con una tierna sonrisa.
— Entonces… Pero… ¿Tomoe por qué no?— titubeó.
— Porque ella fue parte de mi pasado. Y como una vez lo dije, ella se enamoró de Battousai, Battousai se enamoró de Tomoe. Battousai el destajador no es el mismo Kenshin que ves en estos momentos. Battousai el destajador no es el hombre que le pidió a Kaoru que se casara con él, si no Kenshin Himura, el antiguo vagabundo. Hubiera sido muy ilógico que no la escogiera a ella – Kaoru razonó a sus palabras.
— Pero ella es hermosa. Y sabe hacer cosas que yo no… —
— Eso no es importante –
— Kenshin. ¿Tú me quieres? – Preguntó de manera inocente.
Kenshin la miró. Era como una pequeña niña, una niña hermosa. Sus bellos ojos zafiro brillaban sin importar que tan oscura estuviera la habitación. Era imposible no amar a una mujer como Kaoru. Desde la primera vez que la vio la consideró una mujer bella, y estando enamorado de ella era la mejor de todas las posibles elecciones. No importaba Megumi, o cualquier otra mujer, ninguna era como la que estaba frente a él.
Kenshin sonrió y Kaoru lo miró hipnotizada esperando su respuesta. –Si te quiero – Dijo sonriente. Kaoru no se convenció de su respuesta y aún dudosa preguntó:
— ¿Y a Tomoe? – Kenshin dejó de sonreír y la miró con seriedad.
— Ella es muy importante para mí – Respondió tratando de cambiar el tema.
— ¿Pero aún la quieres? – Preguntó de nuevo. Kenshin se quedó mudo, le era difícil compararlas, de hecho, no las podía comparar.
— La quiero de manera diferente – Dijo de nuevo cortante.
Kaoru miró a la nada y pensó. Sabía que esas preguntas no le gustaban a Kenshin, pero no podía casarse con Kenshin mientras la angustia de que él ama a otra mujer la rodeara. Kenshin también lo sabía pero le era difícil decirle a una que la quería porque a la otra le dolería; ninguna lo merecía.
— Kaoru – la llamó. – ¿ya todos saben que nos casaremos cierto? – Preguntó buscando un tema de conversación.
— Si, no me dio tiempo de avisarles que se cambió la fecha así que llegarán en cualquier momento. Kenshin se levantó dispuesto a salir.
— Hasta mañana señorita Kaoru – Se despidió sonriente.
— Sólo di Kaoru – Dijo ella seria. Kenshin sonrió de nuevo.
— Hasta mañana Kaoru – el pelirrojo deslizó la puerta y la chica no pudo cambiar esa dura expresión durante toda la noche.
Tomoe estaba en el pasillo y vio salir al pelirrojo de la habitación.
— Hasta mañana señorita Tomoe – Dijo Kenshin dirigiéndose a la habitación de Yahiko.
— Kenshin – Lo llamó y este volteó enseguida.
— Me acompañaría a tomar té y charlar, no hemos tenido tiempo – Kenshin lo pensó un rato y finalmente aceptó.
Tomoe tomaba té pacíficamente con el pelirrojo.
— Hace tanto tiempo… — Dijo Tomoe recordando.
— Si, tu no envejeciste – Comentó él.
— Es raro – Dijo ella.
— ¿Qué es raro? –
— A pesar de mi extraña aparición no te has preocupado en preguntar cómo es que estoy acá –
— Tienes razón. Pero no lo he hecho porque me la he pasado pensando en que haré si Kaoru y usted están acá; eso es lo más importante –
— Si, pero no te preocupa –
— No importa eso para mí, en realidad agradezco mucho que eso haya sucedido, que estés viva hará feliz a muchas personas – Tomoe lo miró.
— Has cambiado mucho; antes sonreías de vez en cuando, ahora lo haces siempre –
— Han pasado doce años desde que la guerra acabó – comentó Kenshin. – Han pasado doce años desde que no eh matado a nadie y ahora lucho con mi Sakabato, y he defendido a la gente sin la necesidad de matar a alguien – Kenshin sonrió con más fuerza y Tomoe lo miró sorprendida hasta que de la misma manera le esbozó una sonrisa que parecía tímida, la sonrisa del pelirrojo era contagiosa.
— La última vez que me sonreíste fue antes de que murieras – Tomoe de nuevo se puso seria. – No lo recuerdo — dijo sincera.
Kenshin la miró. – Cuando Enishi llegó quería vengarse porque te había matado, me hizo creer que había matado a la señorita Kaoru — Kenshin dejó de sonreír al recordar. – Fue algo muy doloroso para mí, en realidad la había secuestrado ¿sabes quién me dijo que Kaoru estaba viva?— Tomoe lo miró sin comprender. – Tú, Tomoe – la mujer lo miró incrédula.
— Había soñado contigo, y me habías sonreído con mucha alegría – Tomoe lo miró seria aún y éste recupero una línea curva en la boca. – Y aunque ahora me mires seriamente, no dejo de recordar esa bella sonrisa que vi en mis sueños – Tomoe relajó el rostro.
— ¿Y amas a la señorita Kaoru? – Preguntó la mujer. Otra vez, Kenshin se quedó mudo; le dolía responder esas preguntas.
— La quiero mucho – Dijo cortante. Hubo un silencio, solo se oían los grillos que rodeaban en la noche por ahí.
— Buenas Noches… Kenshin – Tomoe se levantó se fue a dormir dejando al pelirrojo solo. Las cosas se dificultaban.
Kenshin estaba sentado en el pasillo alumbrado por la tenue luz de la vela a lado de él y rodeado por la hambruna de la noche; ese día ambas mujeres tan importantes para él le habían preguntado si quería a la mujer que había elegido como esposa. La verdad la quería mucho, pero no podía expresarse cuando Tomoe estaba ahí, no podía lastimarla a ella, nunca lastimaría a Tomoe.
Al paso de unos minutos Kenshin se dirigió a cerrar la cocina y dejar las cosas en su lugar. Luego, caminó por el pasillo. En su cuarto podía ver que Tomoe aún estaba despierta, pronto siguió caminando hasta pasar frente a la habitación de Kaoru quien dormía plácidamente. Kenshin deslizó la puerta suavemente y la miró en el futón; él hubiera deseado poder dormir con ella como si fuera su esposa. Siguió su camino y no pudo dormir hasta más tarde. Su cabeza lo atormentaba.
Pronto amaneció y la gente empezaba a poner sus puestos en el mercado; de nuevo era Domingo.
— ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! – se escuchó en la puerta del dojo. Eran las cinco de la mañana, razón por la cual todos descansaban arduamente. Pero como siempre, Tomoe se levantaba antes que todos, abrió la puerta.
— ¡Hola! – saludaron de manera alegre.
— Buenos días – Respondió Tomoe al saludo seriamente. — ¿Qué se le ofrece? – Preguntó la mujer al visitante. El hombre dudo al ver a tal mujer.
— ¿Éste es el dojo Kamiya, cierto? – Respondió con una pregunta. A pesar de que el letrero de afuera lo confirmaba, se le hacía extraño que una mujer desconocida fuera quien le recibiera.
— Sí – Respondió secamente.
— ¿Aquí vive Kenshin Himura? – Cuestionó para confirmar.
— Sí – Respondió nuevamente la mujer.
Hubo un silencio entre ambos. El hombre se sentía incómodo ya que, al parecer a ella no le incomodaba.
— Eh… y… ¿puedo pasar? – La mujer no contestó incomodándolo más.
— ¿De parte de quién? – Preguntó evadiendo la anterior pregunta del muchacho.
— De… —
— ¿Qué sucede? – Preguntó Kaoru que se acababa de levantar. Kaoru vio al visitante y se paralizó, se le olvidó si estaba enojada o feliz anteriormente y salieron lágrimas de sus ojos.
— ¡Sanosuke! – Gritó con fuerza. Lágrimas de felicidad.
Continuará…
Perdonen por la tardanza. Tuve problemas, desde la computadora y el internet a personales. La próxima vez tardaré menos en actualizar. Por favor dejen Reviews :C PERDÓN PERDÓN PERDÓN
Besos!
