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Charlaron durante varias horas. Cada cierto tiempo alguien se disculpaba y abandonaba el comedor para volver a los pocos minutos para poner el resto de regalos bajo el decorado árbol. A las doce en punto, se dirigieron al hall con el fin de abrir los regalos y se quedaron impresionados de la belleza de este. Antes con los adornos quedaba fantástico pero ahora con los regalos debajo, cada uno de un tamaño y color, no había palabras para describirlo. Todos tenían un brillo en los ojos debido a la emoción del momento y a las luces del árbol. Decidieron que Martha empezaría abriendo los regalos, pero antes de eso sacaron una foto. La mujer mayor se sorprendió al ver que no la esperaba un regalo sino más. Sabía que la tenían aprecio pero era la que menos conocía en general a la gente. Abrió unos cuantos en los que había ropa y joyas. La verdad es que la gustaron todos. Algunos eran muy estrafalarios tal y como los llevaba para las actuaciones y otros eran muy refinados, perfectos para su edad e incluso la hacían más joven. En uno de ellos ponía: Con cariño, de la 12. La emocionó el saber que los detectives y sus parejas también la habían regalado algo. Pero el último regalo, fue sin duda, el mejor. Y como no, se lo había dado su hijo y su nieta, con la colaboración de Kate también. Era la filmografía de muchas de sus obras, desde sus inicios hasta el presente y con una foto de ella, algunos años atrás como portada.
Los siguientes en abrir regalos fueron Ryan y Espósito que tuvieron regalos más o menos parecidos. Uno de sus parejas y el resto del grupo en general. Castle tuvo su momento con ellos pues a Ryan le regalo un "Vasito de Leche" hecho de goma espuma. Mientras que a Espósito le regaló un Ferrari miniatura con un hombrecito vestido del ejército y con un billete de lotería de la mano haciendo pequeñas hondas, como si el coche estuviera en marcha, también de goma espuma. La idea se le había ocurrido al recordar el caso donde mataron a un hombre que había ganado la lotería y Castle fue preguntando a todos que harían si la ganasen. Esposito le dijo que se compraría un Ferrari y gracias a eso se inspiró en su regalo.
Minutos después de que Esposito y Ryan le agradecieran con sorna al escritor por sus regalos, Lanie tomo el relevó y empezó a desenvolver paquetes. Varios vestidos, y joyas por parte de las mujeres. Uno le encantó y miró a su amiga con cara de sorpresa.
- ¿Cómo sabías que…? – Preguntó.
- Cuando estábamos deambulando por las calles en busca de los regalos para estos – Señaló a los hombres – Vi como mirabas el vestido. Se te caía la baba así que le cogí – La sonrió y la forense le dedicó otra a ella. Lanie siguió abriendo los regalos y le lanzó una mirada asesina a Castle al abrir un paquete. Varios trajes de forense de todos los colores con los guantes de plástico a juego. Verde, naranja, amarillo, morado, rosa, azul, blanco… En fin, de todos los colores. El escritor sonrió como un niño y la dijo que así iría conjuntada siempre. Ella le contestó que como se le ocurrió aquello y él dijo que la había visto más de una vez con los guantes del mismo color que el traje. Otro regalo que también emociono a la forense fue el de Alexis. Había hecho una especie de álbum con fotos del tiempo en el que la pelirroja estuvo haciendo prácticas con ella en la morgue. Se acercó a ella y la abrazó después de echar un vistazo a las fotos por encima.
La siguiente fue Jenny. Algunos siguieron los consejos de Ryan y la compraron lo típico que se compra a las mujeres. Zapatos, maquillaje, ropa… pero las mujeres tuvieron un detalle más bonito con ella y la compraron ropa para el futuro bebé que tendría con el detective. Aún no se lo habían contado a nadie, pero la extraña barriguita que la estaba saliendo a Jenny les delató. Como no sabían si era niño o niña, compraron la ropita de un color que le valdría a cualquier sexo y así no habría problema. Los futuros padres se sorprendieron mucho y se emocionaron tanto que pequeñas lágrimas de alegría recorrieron sus rostros, dando las gracias a sus amigos.
La siguiente fue Alexis. Tenía un regalo bastante grande y decidió dejarlo para el final. Recibió ropa, calzado y maquillaje. Después desenvolvió un pequeño paquete encontrándose con una cajita decorada con abalorios. Cuando la abrió, no pudo evitar ponerse a chillar como una loca. Eran las llaves de un precioso Volkswagen beetle azul oscuro. Su padre la dijo que el coche estaba en Nueva York, y que hasta que no llegaran allí que no le podría usar. Ella asintió y abrazó con fuerza a su padre repitiendo "Gracias". Después cogió con cuidado el paquete grande y empezó a romper el papel de envoltorio. Tras quitarle entero, se encontró con una caja negra. La abrió y su sorpresa fue enorme. Una guitarra azul, igual a la de la detective, pero con su nombre bordado en el cuerpo, justo debajo del puente. Alexis la observó con detenimiento, y se la tendió a Kate para que tocara algo. Ella al principió negó pero debido a la insistencia de la joven acabó aceptando y tocó una ligera parte de una canción. Alexis adoró el sonido que emitía el instrumento y se prometió a si misma que en sus tiempos libres la pediría a la detective que la enseñara.
Avril, por desgracia, era a la que menos conocían y muy a su pesar se dejaron guiar por Aarón a la hora de comprar los regalos. Como a todas las mujeres anteriores, sus regalos consistían en ropa joyas y maquillaje. Pero Kate quería darla algo especial y después de saber que su hermano la pediría matrimonio, pensó que sería el regalo perfecto. Lo comentó con Castle y aunque este no sabía lo de la pedida, aceptó encantado pues también le parecía una buena idea. Y allí estaba Avril, con una muñequita de goma eva muy parecida a ella y vestida con un traje de novia. La sorpresa fue enorme y no pudo evitar algunas lagrimillas. Miró a Aarón y este negó con la cabeza así que se acercó a Kate y la abrazó con todas sus fuerzas.
Después de varios minutos de emociones y agradecimientos, le tocó el turno a Aarón que abrió los regalos despacio y sin romper el papel pues sabía que a su hermana eso la ponía nerviosa. Los hombres le compraron un portátil de última generación, equipado con millones de cosas y una mochila para llevarlo a cualquier parte. Su hermana y Castle le compraron un muñeco de goma eva arrodillado en el suelo con un esmoquin y una cajita con un anillo en su interior. Aarón les miró y sonrió negando con la cabeza. Se imaginaba algo parecido, pero eso no. Aun así, el último regalo fue el mejor. Al quitar el papel decorado, se encontró con un álbum lleno de fotos de él y de Kate. De portada había una foto de ambos, ella subida a caballito en él en un gran parque lleno de árboles hace como poco 20 años. Aarón abrió el álbum y hecho un vistazo por encima a las fotos para luego verlas más detenidamente. Se paró en una especial. Kate iba con un peto negro, arremangado hasta las rodillas y con los tirantes colgando hacia abajo y con su nombre también hacia abajo en letras mayúsculas verdes en una pernera, una camiseta verde con el nombre en negro en el lado contrario al pantalón. Aarón iba con un peto negro, igual al de su hermana salvo que el nombre estaba en amarillo y con una camiseta amarilla firmada por todas partes. En el fondo, se podía ver diferentes grupos de peñas y un cartel colgado de una farola en la que ponía: Felices Fiestas, y debajo: San Juan.
- ¿Cómo la encontraste? – Preguntó.
- Me puse a mirar viejas cajas que había en la estantería de mi habitación y le encontré – Sonrió mirando el brillo especial en los ojos de su hermano.
- ¿Cuántos años teníais?- Preguntó Alexis.
- Pues yo tenía 17 y Kate 14 – Respondió Aarón
- ¿Y esa ropa? – Dijo Castle extrañado.
- Aquí durante las fiestas, los jóvenes se ponen este tipo de ropa. Se forman peñas y cada una tiene su local y su conjunto. Un peto y una camiseta con una sudadera. Son muy cómodos. A mí me encantaba llevarles porque significaba que durante esa semana no iba a dormir – Explicó con una gran sonrisa en la cara.
- ¡Que pasada! – Dijo Alexis – Ojala también fuera así en Nueva York.
- La verdad, fue una de las cosas que más eché de menos cuando me fui para allá – Apuntó Kate.
Después de la explicación, le tocó el turno a Castle. Varias camisas, algunos libros, corbatas… lo típico. Por parte de Alexis, recibió un abrebotellas en forma de placa de policía y una mini lamparita para poner en el portátil para cuando escribe por las noches. Se emocionó al saber que su hija se había acordado de él y justo después llegó el regalo especial. Una cajita con un lacito colocado encima. La abrió y se encontró con un rolex submarine negro. Le cogió y le miró, fijándose en la parte de atrás. Había un grabado. "R&K 12-12-12" El escritor se dio cuenta del curioso día en el que comenzó a salir con Kate. El día del fin del mundo. Se rio captando la atención de los demás y se acercó a su novia para besarla como nunca antes lo había hecho.
Después de esa escena de cariño, fue el momento de que Kate abriera sus regalos. Solo quedaba ella. Se agachó al lado del árbol y comenzó a rasgar papeles. Vestidos, maquillaje y colgantes fue lo que más abundó. Tomó uno de los cinco paquetes rectangulares que estaban apilados y se sorprendió al verlo. Seguidamente abrió los otros cuatro y miro a su hermano levantando ambas cejas. Volvió a observar las cinco novelas de la saga Nikki Heat en español, que estaban colocadas en el suelo. Ola de calor, Calor desnudo, Aumenta el calor, Calor helado y Calor mortal. No se había esperado eso. Después abrió un paquetito más pequeño y sacó una bolsa de tacto suave. La desabrochó y la puso hacia abajo dejando caer sobre su mano una preciosa cadena de plata brillante con un búho de ojos saltones también de plata colgando de ella. Detrás del búho ponía una R grabada en cursiva. La acarició con delicadeza y miró a Richard quien la miraba sin perder un detalle. Le sonrió y él a ella. Por último, tomó un regalo muy fino. Al abrirlo se quedó un poco aturdida. Era un DVD pero no tenía nada escrito. Se levantó y disculpándose, se dirigió a la cocina para ponerlo en el video. Todos la siguieron pues tenían intriga de que era. Todos salvo Aarón. Nada más empezar el video, un renacuajo se apodera de la pantalla mientras corre por toda la casa seguido del cámara. Los allí presentes reconocieron enseguida el lugar donde estaban. Era la misma casa en la que se encontraban en ese instante. Al llegar a la cocina, el crio pequeño se acercó a una mujer que estaba sentada en el sofá con un bebe en sus brazos. Desvió la atención del video para mirar a sus amigos. Todos la miraban expectantes.
- El niño pequeño es Aarón con 2 años y 8 meses. El que está grabando es mi padre. La mujer que está sentada en el sofá era mi madre – Contaba mientras en la cara mantenía una sonrisa triste.
- Y el bebe ¿Eres tú? – Preguntó Castle. Kate asintió y se echó a reír.
- Acababa de nacer ¿no? – Dijo mirando a su hermano.
- Creo que sí. Solo hay que verme – Miró a la televisión y todos le imitaron. Ahora, un niño con los ojos abiertos como platos, miraba a su hermanita recién nacida mientras intentaba llegar a tomarla la mano.
Se pasaron varias horas sentados enfrente del televisor sin perderse un solo minuto. Aarón había recopilado parte de su vida y de la de su hermana desde el nacimiento de ella hasta prácticamente el presente. Las 10 personas que estaban en la cocina observaron cómo había ido evolucionando la detective en su vida. Y el mayor cambio fue cuando murió su madre. Aun así, el video consiguió sacar muchas sonrisas.
Rondaba la medianoche cuando decidieron irse a dormir pues al día siguiente les esperaba un largo recorrido hasta llegar al lugar donde se reunirían con la familia de los hermanos. Al final habían accedido a ir y Kate llamó a sus primos para que contaran con ellos. Madrugaron y alrededor de las 13:00 llegaron a un gran terreno con un enorme chalet en el centro. La puerta de la verja que dividía la carretera del terreno estaba abierta así que aparcaron cerca y entraron sin ningún problema. Castle se fijó en su novia. Con cada paso que daban, se ponía más nerviosa y la temblaban las piernas. La agarró de la mano y espero unos segundos a su reacción. Parecía haberla calmado un poco pues sus piernas dejaron de temblar pero seguía nerviosa. Estaba muy nerviosa pues hacía muchos años que no les veía. Pero todos sus nervios se esfumaron al cruzar el umbral de la puerta de entrada del chalet. Sentados en una mesa se encontraban unas 50 personas charlando animadamente. Al oír la puerta moverse, miraron hacia ella y el silencio se adueñó de la sala.
- *¡Kate! ¡Aarón*! – Dijo un crío de apenas 5 años. Nada más verles, echó a correr hacia ellos. La detective se agachó y le cogió en brazos para pasarle segundos después a los brazos de su hermano. La gente que estaba sentada se fue aproximando a ellos y durante los siguientes cinco minutos lo único que hubo fueron abrazos, besos y más abrazos, unidos a las presentaciones de los americanos a los españoles y viceversa.
Nuria, una joven de unos 39 años, de pelo liso y rubio y bastante delgada, se acercó a Castle y le saludo con dos besos en la mejilla.
- *¿Eres Richard Castle, el escritor de best-sellers?* – Dijo mientras le miraba. Rick se quedó pensativo analizando las palabras de la mujer. Por mucho que fingiera, no entendía ni una sola palabra de Español. Para su suerte, Kate le vio algo abrumado y se acercó.
- *¿Le has dicho algo?* - Preguntó a su prima.
- * Le he preguntado que si es Richard Castle el escritor de best-sellers pero por lo visto no entiende Español* - Dijo ella sonreindo.
- *No, no lo entiende y si, si lo es.*
- *Pues dile que me firme un autógrafo y que encantada de conocerle* - La guiñó el ojo, fijándose en las manos unidas de la pareja que tenía enfrente. Jamás llegó a pensar que su primita pudiera estar en una relación con un famoso escritor de novelas y la preguntaría como le conoció, pero después. Todavía tenían toda la tarde por delante.
