CAPÍTULO 5: ¡El grupo Kenshin está de regreso!
— ¡Sanosuke! –gritó Kaoru entusiasmada con tal fuerza que todo el dojo Kamiya despertó.
Kenshin se asomó por la puerta y notó la presencia del castaño, el pelirrojo sonrió. Yahiko corrió y se lanzó a él de la misma manera que la Kendoka.
— ¡Vaya que me extrañaron! –comentó el visitante con agobio.
— ¡increíble hace tiempo que no te veía! – dijo la pelinegra con entusiasmo.
— Y bien sabes porqué vine… ¿cuándo se casan? –preguntó Sanosuke con alegría.
— Hola Sano –saludó el ex—Hitoriki inoportuno ante ellos.
— ¡Kenshin! –saludó Sanosuke con felicidad.
Todos se introdujeron a la casa dejando a Tomoe parada en la entrada sin comprender que pasaba. Pronto, la mujer cerró el portón y se incorporó a sus labores.
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— ¿Y cómo te ha ido? –preguntó el pelirrojo.
— Bueno, estuve un tiempo en China pero no me gustó. No entiendo para nada el chino y me costaba comunicarme con los demás –respondió el hombre. –Pero mejor díganme lo que está pasando aquí. ¿Esa mujer extraña quién es? ¿Cuándo se casan? –preguntó Sanosuke con desesperación una vez más.
— Bueno, lo que pasa es que todo está conectado. Es decir, todo tiene que ver… — titubeó la muchacha.
— Hemos pospuesto la boda –dijo para dejar los rodeos.
— ¿¡Qué!? –gritó ofendido el castaño. — ¿¡acaso estás dudando por esa mujer bonita!? –peguntó Sano.
— Es que Kenshin es un tonto –comentó Yahiko molesto. — Bueno, aunque yo también dudaría casarme con la fea cuando hay una mujer tan ¡bonita…! — El muchacho no pudo continuar al sentir el fuerte golpe en la cabeza por parte de la chica.
— ¿¡Estás diciendo que te enamoraste de esa mujer!? –gritó el castaño al pelirrojo.
— Sano…— lo llamó con cuidado. –Esa mujer es Tomoe Yukishiro –El castaño casi cae al suelo al escuchar algo tan fantasioso.
— A mí no me engañas. Ella murió hace más de once años, seguro que es un amor tuyo del pasado –comentó el hombre con rabia.
— ¡Sanosuke! –gritó Kaoru con suavidad. – Ella… si es Tomoe Yukishiro –dijo melancólica. Sanosuke notó a todos bastante serios con una pinta de "esto es increíblemente cierto" haciendo que éste se confunda.
— Entonces están preocupados porque Kenshin aún ama a Tomoe –dijo él sin muchos ánimos.
— Sano, es algo muy delicado. Tomoe no ha sentido pasar estos once años. Es como si tuviera dieciocho – El pelirrojo bebió un poco de té y se dispuso a hablar.
— Supongo que te mueres de ganas de darme un puñetazo en la cara –bromeó Kenshin sin la intención de hacerse el gracioso. –Una noche cualquiera ella apareció bajo la penumbra de la noche, hasta lo que sé llegó a buscarme. Desde ahí no sé qué hacer –
— ¡Casarte con la niña claro! –insistió Sanosuke.
— La boda aún sigue en pie, solo se ha cambiado la fecha. No te preocupes, estaremos bien. Me da mucho gusto que estés con nosotros, y si me disculpas… —El pelirrojo se levantó –Hoy es un domingo muy agitado, iré por Tofu –terminó de decir para desaparecer del lugar.
— Kaoru… —la llamó Sano. — ¿Estas bien? ¿En verdad no te incomoda esta situación? –La pelinegra se levantó y dio media vuelta.
— Hoy tengo clases en el dojo Maekawa, regreso al rato. Y Sanosuke… yo estaré con Kenshin pase lo que pase –dijo al mismo tiempo que se dirigía a la habitación.
— Mira que raros se han puesto. ¿Y tú? –Se dirigió al muchacho.
— Yo no tenga nada que hacer así que pensaba salir por ahí un rato –
— Entonces te acompaño –se animó el castaño.
— Iré solo, tengo… quiero estar un rato solo –
— Mocoso, ¡A mí no me engañas! ¡Seguro que quieres ir a ver a Tsubame! ¿No? –se burló Sanosuke.
— ¡Cállate y no me molestes cabeza de gallo! –refunfuñó el muchacho.
— De todos modos no te iba acompañar, vamos vete. Quiero averiguar más sobre esa mujer –dijo casi susurrando lo último.
Así todos se fueron y el hombre se fue al patio trasero donde efectivamente la mujer con aroma a cerezo blanco lavaba ropa. El hombre se quedó sorprendido con su belleza, casi maldiciendo a su amigo por tener a tantas mujeres a su disposición. A pesar de eso, sentía un pequeño rencor en ella ya que él sentía que faltaba una pieza al rompecabezas.
— Tomoe –la llamó dudoso.
La mujer volteó y lo miró con esos ojos gatunos que la caracterizaban. El hombre se quedó callado y pronto se dio cuenta que ella esperaba a que él prosiguiera.
— Verás… ¿Qué quieres conseguir con todo esto? – Tomoe no cambió su expresión. El hombre como mínimo esperaba que tonteara un poco, pero solo lo miró fijamente.
— ¿Lo conozco? –Sanosuke casi cae al suelo.
— Oh… sí. Lo siento, mi nombre es Sanosuke Sagara. Soy el mejor amigo de Kenshin y de los otros miembros del dojo Kamiya. Y estos dos han estado muy enamorados desde hace mucho tiempo. No creo que sea justo que de repente llegues tú esperando a que él tire esos diez años a la basura por ti –se quejó el hombre. La joven Yukishiro dejó la ropa por un momento y se secó las manos; se paró frente a él y abrió la boca.
— ¿A qué se refiere con conseguir algo? Llevo aquí un tiempo y solo hago lo mismo que siempre. Yo no he hecho nada para impedir la relación de ambos – Dijo al fin dejando a Sanosuke sin saber cómo responder a eso.
— Bueno… pero no… no se los has aclarado –
— ¿Aclarar qué? Desde un principio yo no he hecho algo que ahora deba aclarar –Sanosuke se sentía atacado por esas breves frases. ¿Esa era Tomoe Yukishiro? ¿Kenshin se enamoró de una mujer así? Es que era todo lo contrario que Kaoru.
El hombre opto por marcharse para mantener el poco orgullo que le quedaba.
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Kenshin caminaba de regreso a casa; en el camino encontró a su amigo.
— ¡Sano! ¿A dónde vas? –preguntó el pelirrojo.
— Me dieron ganas de caminar un rato. Regresaré más tarde –respondió cortante.
El hombre siguió caminando a casa y al llegar la notó un tanto sola.
— ¡He llegado! – anunció y pronto salió la solitaria mujer.
— Prepararé la cena –avisó ella.
— ¡Tomoe, espera! –
— ¿Qué sucede? –
— Como verás hay una nueva visita. Pronto llegarán más por lo que empezaremos a compartir habitación. Por suerte Yahiko se quedará en el cuarto de Sanosuke y eso me alivia pero pronto estarán Misao, Megumi, Aoshi, Okina, y tal vez los Oniwabanshu por lo que empezaremos a compartir habitación. Te lo digo para que no te sorprendas. Sé que será un poco incómodo pero no podemos hacer otra cosa— Aclaro el pelirrojo.
— No te preocupes –respondió ella y se fue.
Kenshin sonrió y se introdujo a su habitación. Era raro pero esta vez estarían solos Kenshin, Tomoe y Kaoru. El solo con dos bellas mujeres…
El pelirrojo golpeó su cabeza contra la pared un par de veces para autocastigarse por venir a su mente imágenes lujuriosas en un momento como ese. Pero, era verdad. Hace tiempo que no estaba con una mujer y para su mala suerte dos estaban indefensas y a su disposición, a pesar de todo jamás se atrevería a tocarlas con los problemas encima.
El hombre miró su Sakabato y se dio cuenta que tenía un buen rato sin que la sacara. Curioso, se acercó a ella y la desenvainó un poco. Miró el lado sin filo y recordó el día que conoció a Kaoru, en ese momento todo cambió para él. Ya no más un vagabundo que andaba sin rumbo por el mundo. Su mundo había cambiado y todo gracias a aquella bella muchacha. Nunca había apreciado su vida realmente hasta que la conoció. Pronto, sonrió ante eso.
Después, miro el lado cortante que lo hizo gemir de disgusto; de repente en su mente venía a su cabeza la imagen de todos esos asesinatos que él había cometido. Recordó la sensación en sus manos al cortar carne y hueso. Recordó la sangre de Tomoe en su rostro. En ese momento lanzó la espada lo más lejos posible de él.
— Ah… —gimió al sentir la mano húmeda; sin querer se había cortado al tirarla bruscamente.
— La comida ya está… —Tomoe no terminó de hablar al ver la mano de Kenshin.
Pronto la mujer ya traía unas vendas que colocaba cuidadosamente en su herida de.
— Te veo angustiado –admitió la mujer.
— Solo estoy… —Tomoe lo miró esperando a que dijera algo. – No sé qué hago –admitió él apenado.
— No te preocupes, aún sigues siendo para mí ese chico de quince años que necesita ayuda –Kenshin la miró melancólico y notó que Tomoe trataba de ser dulce con él.
— Gracias. Gracias por todo –Dijo el pelirrojo.
— No te preocupes –sonrió la mujer.
Pronto ambos salieron y se encontraron en el comedor con los otros dos hombres.
— ¿¡Qué hacían!? –se quejó Yahiko.
— Nada, mejor comamos ¿Y Kaoru? –se preguntó el pelirrojo notando la ausencia de la chica.
— Se fue poco después de ti en la mañana al dojo Maekawa. Ella regresará en la noche así que no te preocupes – Dijo el pelinegro.
Los cuatro comieron en completo silencio. Sanosuke y Yahiko se sentían realmente mal, como si hubieran remplazado a Kaoru por aquella mujer. Era un ambiente "desagradable".
Las horas pasaron y pronto oscureció. Yahiko y Sanosuke se fueron dejando a Tomoe y a Kenshin solos.
— ¡No os hagáis nada indebido! –advirtió el joven instructor de Kendo.
— No te preocupes niño, ellos ya son adultos –Dijo Sano mientas se alejaba.
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Kaoru regresaba a casa. Estaba agotada; siempre que iba al dojo Maekawa regresaba con simples ganas de dormir.
Al cruzar el portón notó soledad.
— ¡Estoy acá! – anunció. Pronto salieron ambos juntos provocándole cólera a ella.
— Buenas noches señorita Kaoru –saludó amablemente el pelirrojo.
— ¡Muy bien! ¿Está el baño? –Preguntó ella de mala gana casi sonando como una mujer mandona.
— Se lo preparé. Pero creo que ya se empieza a enfriar. De todos modos ahorita sigo poniendo más leña. No se preocupe dijo él con gentileza.
Kaoru de introdujo a su habitación dando fuertes pisadas. Sacó su Yukata y se metió directamente al baño.
Sintió el agua efectivamente tibia pero aun así siguió con su baño. Pronto empezó a sentirse en un ambiente más relajado al ver como empezaba a salir vapor del agua.
— ¿Tomoe? – preguntó.
— Soy yo señorita Kaoru – anunció el pelirrojo desde afuera. Kaoru se sonrojó.
— Oh… ¿Ya vas a terminar? –preguntó dudosa.
— No, me quedaré un rato más acá. Pero después iré a dormir temprano. Hoy estoy muy agotado.
— ¿Y… ya te… bañaste? –titubeó la chica.
— Bueno… solo me eche cubetazos en la cabeza para rápido –mencionó con humor.
— Oh… —dijo ella con el corazón acelerado.
— ¿Cómo le fue? –preguntó el pelirrojo.
— Bien, los muchachos empiezan a crecer. Ya no son unos niños –mencionó al recordar a los apuestos jóvenes.
— Que bien, pronto serán hombres. Bueno, señorita… si me disculpa me retiro, voy a dormir hasta mañana…—
— ¡Espera! –Kenshin se quedó quieto y Kaoru sintió que su corazón dejaba de latir momentáneamente. — ¿Acaso te irás allá adentro… con Tomoe? –se quejó ella con miedo.
—Bueno, no exactamente así pero… —
— ¿Por qué… no tomas… un baño… conmigo? – A Kenshin casi le sale sangre de la nariz.
— ¿¡Oro!? –Gritó.
— Recuerda que la otra vez antes de que Tomoe llegara me lo propusiste –Dijo ella con los nervios de punta.
— Bueno… solo era broma. Además sería una impertinencia de mi parte verla desnuda –Dijo el pasando saliva muy lentamente.
— Bueno… no será la primera vez que lo haces. Además no casaremos ¿no? – Kaoru quería cerrar la boca pero las palabras salían solas.
— Pero… señorita ¿está usted segura de lo que está diciendo? –preguntó el dudoso.
Kaoru no respondió y de repente no escuchó a nadie.
— Hasta mañana Kaoru –dijo el con suavidad.
— ¡Si estoy segura! – dijo casi gritando.
— Kaoru… —la llamó tratándola hacer reaccionar –Tomoe… —
— ¡Al diablo con ella! ¿¡Que hay de nosotros!? – Kaoru se tapó la boca y se abofeteó a sí misma por sus palabras.
De la nada escuchó a alguien entrar por la puerta. Era Kenshin, la mujer se sumergió en el agua al verlo frente a ella.
— No parece estar muy segura –rió el hombre.
— Es… enserio –Dijo con la cara más roja que un tomate.
Kenshin se quitó el haori dejando descubierto su torso. Kaoru gimió al sentir su corazón desbocado.
— Mejor lo dejamos así –Dijo Kenshin de nuevo.
— No… no importa – dijo ella aun temblando.
Lo que más le alarmó fue al ver que bajaba su Hakama lentamente e instintivamente se tapó los ojos y gimió con más intensidad.
Kenshin no pudo evitar sacar una risita.
— Kaoru…si no estás segura mejor me voy —rió una vez más.
— Seguro que Tomoe te ha visto así. Entonces no importa –repitió. Kenshin la miró sorprendido.
Cuando la chica lo miró él ya no traía nada encima haciendo que casi se desmayara. Pero él no era la excepción; le había costado mucho hacer que la sangre no se le subiera a la cara al ver a esa mujer desnuda frente a él. Miró la tina que no era tan grande así que ambos se acomodaron en cada extremo de ella, entrelazaron sus pies y dispusieron a relajarse. El agua subió, e incluso se derramó un poco. El pelirrojo se sintió aliviado; a pesar del tiempo que llevaba ahí jamás se había metido a bañar en esa tina, que, solo era para la chica frente a él.
Ambos se miraron. Kenshin notó la cara de Kaoru muy roja.
— Se ve graciosa –dijo al mismo tiempo que soltaba su rojo cabello de su típica coleta dejándolo derramarse en sus hombros.
— Eh… —dijo ella aún nerviosa.
— Kaoru… ya no me iré. Ya me trajo hasta acá y en verdad me está costando mucho tenerla así frente a mí y solo poder mirarla—
— ¿¡Que dijiste!? ¿¡Acaso dijiste una guarrada!? ¿¡A si no es el Kenshin que conozco!? –
— Se refiere al vagabundo. Ahora está con Kenshin Himura su prometido –dijo él aún sin podérselo creer.
Ambos se miraron de nuevo. Hubo un pequeño silencio.
La mujer notó que la cara de Kenshin mostraba alivio, desde la llegada de Tomoe sentía que sus culpas que llevaba en la espalda iban desapareciendo pero, también notó que el hombre era mucho más maduro que ella. Lo miró y notó unas pequeñas arrugas al costado de sus ojos y boca, a pesar de eso, aún se veía joven e incluso apuesto.
La chica se preguntó cómo se veía cuando era joven. Seguro que era más guapo y más energético o tal vez no, ya que Tomoe y él seguro eran una pareja bastante silenciosa.
— Kenshin… Tú y Tomoe… alguna vez hicieron cosas como… —
— Sí… — respondió suavemente, eso le cayó a la chica como una puñalada en el pecho. – Pero fue hace mucho tiempo –
— Entiendo –Dijo ella. Kenshin sacó la mano y a Kaoru casi se le salen los ojos al ver la mano de Kenshin ensangrentada y vendada.
— ¿¡Qué te pasó!? –se alarmó.
— Me corté con la Sakabato esta mañana –Kaoru lo miró con desaprobación y pronto le recorrió un escalofrío.
— ¿Y quién te vendo? –Preguntó de mala manera; Kenshin sonrió.
— Fue Tomoe, está muy celosa últimamente bromeó –
— ¡Cállate! ¡Es tu culpa! — se quejó.
— No se preocupe… —
— Kenshin… —Le llamó con tristeza. Él la miró atento.
— Hazme algo que solo me harías a mí. Algo por lo cual pueda confiar en que… tú me amas –sollozó.
Kenshin la miró sorprendido y se sonrojo un poco. "¿Algo que solo le haría a ella?" era bastante curioso.
— ¡AH! – gritó Kaoru al sentir algo bajo el agua. El pie de Kenshin había tocado la entrepierna de la chica subiendo sus colores al rostro.
— ¡Oh perdóneme! –Se disculpó alarmado.
— ¡No me refería a eso! –gritó con furia.
— No lo hice apropó… —Pronto sintió un puñetazo en la cara. — ¿¡Orooo, Orooo Oroo!? – Dijo al final.
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Continuará…
¡Hola! Como están. Seguro que con ganas de matar a esta mala escritora pero espero que les guste este capítulo que se los dedico a mis lectores. Muchas gracias por sus Reviews, en verdad me hacen muy ¡muy feliz! espero que les guste y recibir su apoyo. También no se sorprendan, recuerden que Kenshin al fin y en cuentas es un hombre así que no se me haría nada extraño que tuviera una mente indecente.
¡BESOS Y FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2014 ATRASADO A TODOS!
