49
Observaron al sospechoso durante un largo rato para ver a lo que se enfrentaban. Es algo que la gustaba hacer antes de adentrarse en la cueva del lobo. Fijarse en todos y cada uno de los movimientos que hace desde que entra en esa sala hasta que ella misma cruza la puerta para entrar. Algunos están nervios, les caen gotas de sudor por la frente o no paran de mover una pierna. Pero en cambio otros están muy tranquilos, sentados en la silla esperando. Este era de los primeros pero aun así tenía una mirada fría y oscura.
- Creo que es hora de entrar – Dijo Kate.
- Voy contigo – Contestó de inmediato el escritor. Y ambos salieron de la sala de observación para entrar en la interrogatorios mientras sus otros dos compañeros se quedaban tras el cristal observando.
Castle y Beckett entraron en la sala sin decir nada. Ella primero, él después, como de costumbre. La detective se sentó en una de las sillas que había enfrente del sospechoso y el escritor en la de al lado. Kate abrió la carpeta y se puso a leer los documentos por encima, para matar el tiempo. Las personas como Ayrton enseguida se ponían de los nervios cuando entraba pero no decía nada. Por eso la gustaba observarles antes. Así sabía cómo actuar al principio aunque después se cambien los papeles.
- ¿Qué hago aquí? – Preguntó el sospechoso nervioso. La detective sonrió. Su plan siempre hacía efecto.
- ¿Qué relación tenía con Alexandra Parkinson? – Preguntó ella.
- ¿Alexandra? ¿la ha pasado algo? – Ahora estaba asustado y preocupado.
- Esta muerta – Dijo Castle entrando en la conversación.
- ¿¡QUE!? – Gritó Ayrton, levantándose de golpe de la silla.
- Señor Ayrton siéntese – Contestó de nuevo Beckett.
- No, no, no… no puede estar muerta – Samuel escondió su cara con las manos una vez que se hubo sentado de nuevo en la silla - ¿Por qué?
- Eso es lo que intentamos averiguar. Se lo volveré a repetir, ¿Qué relación tenía con Alexandra?
- Es… bueno, era mi novia – Dijo abatido el sospechoso.
- ¿Su novia? – Preguntó Castle.
- Sí.
- Su hermano no nos dijo eso – Mencionó Beckett.
- Porque su hermano no lo sabía. Él siempre me ha tenido manía así que Alexandra y yo decidimos llevar nuestra relación en secreto. Si ese hombre se enteraba, sería capaz de matarme – Contó Ayrton. Cuando terminó con su relato, rompió a llorar de nuevo.
- Samuel, ¿Dónde estuviste la noche pasada entre las 00:00 y las 2:00?
- En casa de mis padres. Les estaba pidiendo consejo sobre cómo podía contarle a James, el hermano de Alexandra, que estábamos juntos. Me quedé a pasar la noche allí.
- De acuerdo – Se levantaron para marcharse de la sala. Cuando iban a abrir la puerta, una voz les interrumpió.
- ¿Sufrió? – Era Samuel.
- Sí. La pegaron una paliza antes de matarla – Contestó a los pocos segundos y cruzó la puerta, dejando atrás a un enfurecido Ayrton que no paraba de soltar improperios por su boca.
Cuando salió de la sala de interrogatorios, se dirigió a la pizarra en blanco para rellenarla con los nuevos datos que había conseguido. Mientras escribía, sentía la mirada punzante de Castle en ella así que después de varios minutos más aguantándola, se giró y le preguntó.
- ¿Qué?
- ¿Por qué le has dicho que sí? Es decir, podrías haberle dicho que no y así evitar que sufriera más – Razonó el escritor.
- Yo también he estado en ese lado de la mesa. Se lo que se siente y en ese momento lo único que quieres es saber la verdad. Sea cual sea – Reconoció ella y se dio la vuelta para seguir escribiendo.
- ¿Y que sabemos sobre el misterioso número? – Preguntó Castle para cambiar de tema.
- De momento nada. Espósito está investigándolo para ver si es alguna cuenta bancaria o alguna fecha.
- Pero, ¿Qué puede ser tan importante como para apuntarlo mientras te están matando?
- No lo sé – Dijo ella frustrada, pellizcándose el labio inferior – Quizá es un lugar, o algo así.
- ¿Un lugar? ¿Solo con números? Lo dudo.
- ¿Y entonces qué? – El escritor se encogió de hombros ante la pregunta de ella y buscó un trozo de papel para apuntarlo. Como no encontraba nada, cogió un trozo de hoja del New York Times.
- Un momento… - Cuando lo escribió se dio cuenta de algo – Algunos números si les pones del revés, son letras.
- ¡Claro! – Exclamó al detective y se apresuró a tomar la fotografía del papel con los números para girarla – Veamos, si lo giramos, los únicos números que tienen sentido son los treses, que serían es, los unos que serían ies, y el seis que sería un nueve.
- Entonces nos quedaría… 91E1E1E, que cosa más rara.
- Si, pero también puede ser 9Lelele.
- 9Lelele ¿Enserio? – Dijo el escritor - Y aunque fuera así, ¿qué pasa con los otros números?
- Puede que los pusiera para esconder los que significaban algo.
- Ni idea, pero la coartada de Ayrton se confirma – Les informó Ryan acercándose a ellos. –Estuvo en casa de sus padres toda la noche.
- ¿Y si los padres le están encubriendo? – Preguntó Castle.
- También se me pasó por la cabeza así que pregunté a los vecinos más cercanos y uno de ellos me aseguró que Ayrton se encontraba allí porque a las doce de la noche tuvo que ir a llamar a su puerta para pedirles que se callaran.
- ¿Qué se callaran? – Preguntó esta vez Beckett.
- Sí, por lo visto estaban discutiendo.
- Parece que Ayrton es una máquina de discusiones – Comentó Castle.
- ¿Te dijo sobre que estaban discutiendo?
- No. Pero si me ha dicho que cuando iba a entrar de nuevo a su casa, escuchó como daban un portazo y poco después oyó un ruido como si algo metálico callera al suelo.
- ¿Algo metálico? – Volvió a preguntar.
- Si.
- Vale, gracias Ryan – Pero otro hombre la interrumpió.
- No hay ninguna cuenta bancaria, ni número de teléfono al que haya llamado recientemente igual a este – Señaló la fotografía del trozo de papel con el número apuntado que había vuelvo a colocar en su sitio Kate. La detective resopló y volvió a mirar la pizarra.
- De acuerdo, Ryan sigue investigando el número. Espósito, tu encárgate de investigar a la víctima. Mira a ver si tuvo algún suceso extraño en las últimas semanas.
- De acuerdo Jefa – Dijeron a la vez y se marcharon cada uno a investigar.
- Hay que descifrar ese número sea como sea – Le habló a Castle alterada.
- Sí – Contestó él sin prestarla mucha atención. Estaba leyendo una noticia en el New York Times que le había llamado la atención – Mira, un viaje romántico en el expreso de Hei Sei. ¿Te gustaría ir?
- Castle por dios, céntrate en el caso – El escritor refunfuñó pero dejó a un lado el periódico para prestar atención a los números misteriosos. Esos 10 dígitos habían despertado su curiosidad y no se cansaría hasta que descubriese su significado.
