Disclaimer: El universo de Sherlock no me pertenece, es propiedad de su creador, Sir Arthur Conan Doyle y de la BBC.

Capítulo: Extra

Desperté temprano al día siguiente, mi cuerpo se sentía pesado y tenía los músculos agarrotados. Contuve el impulso inicial de estirarme al darme cuenta que John dormía plácidamente a mi lado. Su rostro se veía relajado, una media sonrisa se formaba en sus labios y tuve que cerrar mis manos en puños para resistir el impulso de acariciarle.

John había aceptado el hecho de que le haría pagar por lo ocurrido frente a Scotland Yard, aún no decidía que le haría, ciertamente el privarlo de sexo también me afectaría a mí, así que ello quedaba totalmente descartado.

Rodé mis ojos hastiado, no era tan creativo como John respecto al sexo, guardé aquel dato en mi palacio para acordarme de cambiar aquel pequeño detalle. Mi mirada se posó sobre la mesita de noche, sobre ella descansaba el vibrador y su control. Quizás podía hacerle pagar en el mismo campo en el que él se había aprovechado.

Con sigilo estiré mi brazo y tomé el control, había fallado la última vez, quizás sólo necesitase baterías nuevas. Tendría que salir a comprar.

Aburrido.

Aunque era un mal menor comparado con los beneficios que me traería, podría ver a John sumido en el placer sin que mi capacidad de observación se viera mermada por la excitación. Siempre que estaba con John no podía estudiar sus reacciones a gusto, siempre hacía algo que me distraía y borraba todas mis observaciones y notas mentales. Con el vibrador podía hacerlo a gusto.

Al menos hasta que lograra convencerlo para que se dejara tocar por alguien más mientras yo estudio sus reacciones.

Convencerlo y convencerme, no quiero compartirlo.

Estiré de nuevo la mano y tomé el pequeño objeto negro y suave, aquel insulso dispositivo había sido el culpable de mi tortura del día de ayer, se veía inofensivo apoyado en la palma de mi mano, tan pequeño y tan poderoso.

Me levanté con sigilo de la cama, tenía muchas cosas que hacer.

John pov

Desperté con la sensación cálida de unos dedos frescos sobre mi piel, conocía al dueño. Sonreí contra la almohada y abrí los ojos. Sherlock me miraba con los ojos oscurecidos y brillantes, se le notaba hambriento de placer.

—Es hora de pagar, John—susurró amenazante en mi oído. Aquella advertencia envió un escalofrío a la base de mi columna. Vaya manera de empezar el día.

— ¿Justo ahora?

Sherlock alzó una ceja con superioridad, era una pregunta obvia, sin embargo separo sus labios, los humedeció con la lengua y sonrió.

—Si, justo ahora—alzó la mano que mantenía contra el colchón, rebelando el vibrador negro que había usado en él—. Ley del Talion—sentenció con la mirada brillante.

Oh no, no, conmigo no haría eso, ¡Era Sherlock! Sólo Dios sabía que pretendía hacer conmigo y ese juguete infernal. Me vi siendo seguido de cerca por su mirada, corriéndome mil veces en distintos lugares del piso y a Sherlock tomando notas de la duración e intensidad del orgasmo.

—Sher... —traté de apartarlo de mi pero enseguida hizo gala de su fuerza y habilidad, en un parpadeo me encontré con el pecho presionado contra el colchón y las manos encima de la cabeza, sujetas con una sola de las suyas.

—No, John, dijiste que estabas dispuesto a permitirme hacer esto—murmuró con suavidad pasmosa en mi oído.

—Creo que lo he pensado mejor—repuse ignorando la gota de sudor que bajaba por mi frente y la erección que pulsaba contra las sábanas.

— ¿Seguro? —ronroneó acariciando mis glúteos.

—Si...no—Sherlock paseó un dedo por la separación entre mis nalgas. A la mierda todo.

—No pareces muy decidido.

Sopesé los pros y los contras, los últimos eran mayoría sin embargo en los pros había un factor importante: Se lo había prometido a Sherlock. No cumplirle era firmar mi propio pase a un monasterio de clausura.

O al infierno, ya que estamos.

—Esta bien—accedí.

A pesar de estarle dando la espalda juraría que lo vi sonreír como un lobo, me sentí la presa indefensa ante el ataque de un depredador, la víctima, y no me importó en lo más mínimo.

Sus dedos húmedos, asumo que por su saliva, recorrieron mi intimidad con delicadeza, sus labios paseaban por mi nuca y su lengua dibujaba formas inciertas a su paso, no pude contener los suspiros que escapaban de mi boca, suspiros que se convirtieron en gritos ahogados cuando sus dedos se abrieron paso en mi interior.

—Sherlock, oh Sherlock—mordí mis labios cuando rozó mi próstata con los dedos, lo hizo una y otra vez, con lentitud, como si grabara su forma y tamaño para futuras referencias.

Liberó mis manos y casi al instante sentí el frío lubricante derramarse entre mis nalgas, sus dedos empezaron a entrar y salir con mayor facilidad, con ritmo, su mano libre recorría los huesos de mi cadera y la piel de mis muslos. El calor empezó a crecer en mi interior, mi erección dolía por estar presionada contra las sábanas.

—Quiero que hagas todo lo que te pida—susurró, su lengua, suave y cálida recorrió el lóbulo de mi oreja al finalizar la frase. Sus dedos me abandonaron y en su lugar introdujo el dichoso vibrador—.Todo, John.

—Si, si, todo—accedí sin pensar.

—Juega para mí—exigió, apartando su peso de mi cuerpo.

Me di vuelta y al sentarme en las sábanas el vibrador se introdujo un poco más en mi interior. ¿Qué jugara para él? me ruboricé al instante de haber entendido su petición.

—Vamos, John—dijo con entusiasmo, tomó asiento a los pies de la cama, cruzó las piernas y apoyó su barbilla en los dedos. ¡Me iba a analizar!

—Sherlock.

Rodó los ojos, vi como sus dedos se movían un poco, enseguida el vibrador comenzó a funcionar, rozando mi próstata a cada movimiento, presionando mis paredes rítmicamente. ¡Era enloquecedor!

— ¡Sherlock!

—Has lo que digo, John—ordenó con voz neutra, sólo sus ojos traicionaban la calma que trataba de aparentar.

—Es…esta bien, Sherlock apágalo—empecé a jadear, un suave cosquilleo invadía cada célula de mi cuerpo, cerré mis puños con fuerza.

—Cuando obedezcas—dijo burlón.

—Mierda.

La velocidad aumentó y empecé a sudar, lentamente llevé una mano a mi miembro y la otra hacia mis testículos. Me encontraba imposiblemente duro y húmedo, estaba listo para explotar y seguramente lo haría con sólo un par de movimientos de mi mano. El vibrador se apagó, dejándome pensar un poco más.

Cerré los dedos alrededor de mi miembro y empecé a mover mi mano de arriba abajo, eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, estaba tan cerca de la liberación.

—Abre los ojos—ordenó Sherlock volviendo a encender el vibrador.

—Ah, Sherlock—abrí mis ojos y lo miré, sonreía de nuevo y continuaba mirándome como si fuera el más interesante de los cadáveres, el más brillante de sus experimentos.

Apagó el vibrador y continúe con el vaivén de mi mano, aceleré y empecé a masajear mis testículos, mi miembro palpitaba, listo para expulsar mi semilla cuando…

—Alto.

Me detuve al instante.

—Déjalo así, quiero ver cuanto tarda en bajar—se acercó a mi e inclinó su rostro hacia mi erección, la miró desde todos los ángulos posibles y sostuvo mis manos con las suyas—. No comprometas la integridad de este experimento.

— ¡Sherlock!

Y así fue como terminé en mi consulta en la clínica, todo fuera por huir de Sherlock y sus desgraciados experimentos. Aún puedo recordar su mirada analítica sobre mí cuando mi primera erección bajó.

—Ponte en cuatro, quiero ver cuanto tarda en subir y bajar si esta actuando contra a gravedad.

Aquello fue la guinda del pastel, ¡Yo no era su jodido experimento humano!

— ¿Doctor Watson? —una mujer se asomaba con timidez en la puerta, solté el borde del escritorio ¿Lo había estado estrujando? Y la miré con lo que espero fuera una expresión solícita y bondadosa.

—Si, el mismo, adelante por favor.

Sherlock pov

¡Mi experimento! John había prometido hacer todo lo que yo le pidiera, no podía irse y dejarme así, no podía. Era de vital importancia su colaboración. Al menos se había marchado con el vibrador puesto, había accedido a cumplir la Ley del Talión.

Esta era mi oportunidad.

Corrí al armario y me vestí como un vagabundo más, una sudadera ancha, pantalones de chándal rasgados, me despeiné el cabello y al salir me di unas vueltas sobre la basura de la señora Hudson

Seguí a John hasta la clínica, su consultorio quedaba convenientemente cerca de un árbol, subí al mismo y espié la consulta desde las ramas. John atendía a una mujer, parecía un simple y aburrido examen de rutina.

Hora de hacerlo emocionante, me dije.

Encendí el vibrador y disfruté de la tensión que invadió el cuerpo de John, le vi girar la cabeza como si me buscara por el consultorio, recorrió el mismo abriendo los armarios, revisó el baño y luego, le escuché disculparse apresuradamente con la paciente por su extraña actitud. Me oculté entre las hojas al verlo acercarse a la ventana con el ceño fruncido. Finalmente había descubierto mi escondite. Abrió la ventana y vociferó:

—Espero que te caigas de ahí y te rompas una pierna, Sherlock.

—Mi doctor me curará.

—No, dejaré que Sarah lo haga.

Aceleré la velocidad del vibrador.

— ¡Sherlock! No te atrevas—gimió cerrando los ojos. Se veía tan apetecible y tan a mi merced. Tan tierno.

—Corrección John, ya me atreví—. Subí más alto para espiar a gusto el consultorio.

—Sherlock, por favor—jadeó con el rostro tan rojo como un atardecer.

—Nop.

— ¡Sherlock!

En todo ese momento John no había corrido al baño a ocultarse de su paciente, interesante, entonces tenía alguna vena exhibicionista que podía explotar en el futuro. Anoté tan importante dato en mi palacio.

— ¿Doctor?

—Aaahh, si, disculpe, ya la atiendo, sólo, sólo…Aahh, ¡Sherlock!

Sonreí al verlo gritar mi nombre, mi miembro palpitaba en los pantalones de chándal, estaba completamente erecto y, puedo jurar, que hasta húmedo. Apagué el vibrador antes que John se corriera delante de su paciente, continué sobre el árbol admirando la escena siguiente.

Sarah podía ser temible si eso deseaba. Gritaba mucho algo acerca de conducta inapropiada y hablar con los árboles.

John abandonó el consultorio, así que baje del árbol y lo seguí a una distancia segura.

"Trae leche, se acabó"

SH

"Trae tu propia maldita leche"

"Aburrido"

SH

A pesar de su enfado, John entró al supermercado para hacer las compras. Le seguí y me mantuve siempre a un pasillo de distancia, encendiendo y apagando el vibrador cuando lo consideraba conveniente.

—Mierda ¡Sherlock Holmes! —gritó en la sección de las verduras espantando a unas monjas.

—Te voy a matar—amenazó en la sección de embutidos blandiendo un enorme salchichón—. Voy a comprar algo tan grande como esto y veremos quien será el que sufre.

—Maldito, Holmes—siseó en el área de lácteos, completamente abrazado a uno de los refrigeradores, creo que trataba de refrescarse.

Corrí a casa, llegué antes que él así que me di un buen baño y lo espere sentado en la cocina, John aún tardaba así que aproveché de mirar las muestras de una colonia de bacterias que estaba haciendo crecer en el moho negro del baño.

—Espero que no seas tan cínico como para negar el día que me has hecho pasar—bufó John nada más llegar.

No respondí y seguí mirando las colonias.

—Arrancaré ese insalubre moho mañana así que estudia lo que tengas que estudiar hoy.

—No te atreverías…—levanté la vista del microscopio—. Quiero ver si se puede matar a una persona con moho, de ello depende un caso que…

— ¡Me importa un bledo!

Encendí el vibrador.

— ¿Decías, John?

—Sherlock, deja eso ya—John se apoyó en la nevera.

—No.

— ¡Sherlock!

—Aun no, John.

—Maldita sea, Sherlock Holmes, vas a acabar con esto de una vez.

John me tomó de la camisa y me jaló hacia su cuerpo sudoroso, no pude poner resistencia, su fuerza superaba a la mía y quería ver hasta donde llegaría todo este arranque hormonal.

—Vas a saber lo que has provocado, Sherlock, esto no se quedara así—me desvistió en tiempo record, mi camisa acabó sobre la nevera, mis pantalones delante del microondas.

—John, no rompas nada—gemí al ver que quería tirar mi laboratorio.

—Sólo romperé una cosa esta noche.

—John…—arrancó el control del vibrador de mi mano y lo hizo añicos al cerrar el puño con fuerza, bajó sus pantalones de un tirón, su erección brillaba por el líquido preseminal— ¡John! —gemí ante la visión, no podía apartar la mirada de su cuerpo.

Me llevó al suelo de la cocina, siseé ante el contacto de la fría superficie contra mi piel, miré sus ojos, sus pupilas estaban completamente dilatadas, el sudor bajaba por su rostro y jadeaba descontrolado.

—No he sido el único que ha sufrido—dijo con sorna al ver mi roja erección.

— ¡Aaaahhhh! —John metió mi miembro en su boca de una sola vez, no hubo besos ni lamidas ni siquiera lo chupó un poco, sólo lo lubrico lo suficiente con saliva. Lo sacó de su boca, sacó el vibrador de su interior y me miró ansioso, esperando que yo dijera algo—. John, John.

—Dilo, Sherlock.

Sujete sus caderas con fuerza, ¿Cómo había acabado en el suelo de la cocina con John sobre mi? Esto era sólo un experimento, no tenía que terminar en sexo.

Por otra parte, tengo que admitir que durante el transcurso del mismo tuve que controlar mis impulsos, mi mente había disfrazado los mismos con simple emoción científica.

—Te necesito—admití.

John sonrió, alineó mi erección con su entrada y se dejó caer sobre ella. La sensación de sus paredes contrayéndose a mi paso, apretándome y sacando cada gramo de placer era indescriptible.

—Sherlock, eres tan grande—protestó John contra mi clavícula, sus dientes se enterraron en mi piel, rasgándola por el placer. Rasguñé sus muslos y lo atraje hacia mi pecho, empecé a mover mis caderas, sólo quería aliviar todo este calor, toda esta lujuria que no paraba de derribar mi palacio como una bola de demolición.

—Sherlock—abrí un ojo empañado por el sudor al escuchar la alarmada voz de Mycroft—.Asqueroso.

—Oh vamos, hermano, no tienes moral para quejarte.

—En la cocina—Mycroft cruzó el piso, tapándose el rostro con su paragüas hasta llegar al sillón de John, tomó asiento, cruzó las piernas y balanceó el pie en el aire.

—No me interesa el caso, vete—espeté tratando de tapar a John con su chaqueta.

—Dos meses, sicarios, el principado de Mónaco.

—No.

—Ya veo que prefieres…otras actividades.

—En efecto.

Mycroft rodó los ojos y se levantó, aún dándome la espalda abandonó la sala. Sonreí, había encontrado la manera de echarlo de mi piso. Al llegar a las escaleras dijo:

—Te espero en el Club Diógenes.

—Sigue soñando—envolví mis brazos alrededor de John y lo apreté contra mi pecho. Mycroft bufó, bajó las escaleras y salió del piso en silencio.

— ¿Tu hermano?

—Si.

—Joder.

—No importa, no incordiará en un buen tiempo.

—Supongo que eso es bueno—John bostezó—. El suelo es cómodo.

No iba a rebatir su argumento.

Fin

N/A: Espero que les guste ^^ y que lo hayan disfrutado ¿Reviews?