Se abrieron las puertas del ascensor. Y al otro lado se encontraban Russel, Noodle y 2-D, que seguramente bajarían a cenar.
-¡Murdoc! ¿Dónde estabas?- Preguntó la japonesa preocupada.
-Es largo y difícil de explicar…
La chica delgaducha salió del ascensor y con altanería se puso enfrente de los miembros de Gorillaz.
-Soy Boinae, la cantante de Expressi0n. ¿No ha venido Damon con vosotros?
-Sí pero… se ha tomado unas vacaciones con su mujer y su hija…- Le respondió 2-D con inseguridad. La chica chasqueó la lengua fastidiada.
-¿Que se ha tomado unas vacaciones en unos momentos tan tensos? –Gruñó Murdoc.- No podía elegir otro día…
-Pero vendrá Jamie.- Aclaró Noodle. Tarántula se fue al lado de Boinae. Empezó a analizar en su mente a todos los miembros, intentando buscar defectos. Fijó su vista en 2-D. Pensó que era bastante extraño, pero se le veía buena persona. Aunque no hay que juzgar a los demás por su aspecto.
2-D se desvió de la conversación que tenían todos al notar que alguien le vigilaba y miró a Tarántula. Ésta le saludó con la mano amigablemente y él hizo lo mismo. Murdoc le dio un tortazo.
-¡Face-Ache, que estoy hablando contigo!
-S-sí, lo siento Mudz…- Stu se sobaba la sien con dolor. La muchacha de ojos violetas entrecerró los ojos.
-¿Por qué le has pegado?
Todo el mundo dejó de hablar. Se hizo un incómodo silencio hasta que Tarántula habló de nuevo.
-Murdoc Niccals, ¿por qué has pegado el vocalista de tu banda?
-Porque no estaba atendiendo.- Esa situación le parecía bastante extraña al satanista, ¿por qué ella se preocupaba por un tipo como él? Ni que fuera su madre, niñera o… novia. Su estómago se encogió al pensar en eso.
-Eso no es motivo. Es como si tú por partirme las gafas yo te hubiera pegado un guantazo con el libro.
-Haya paz, haya paz…- 2-D intentó calmar la situación.- Ya estoy acostumbrado, no importa.
Tarántula iba a decir algo pero Boinae se le adelantó.
-¿Russel, eres tú?
Todos miraron al recién nombrado, que parecía nervioso. El baterista asintió con la cabeza.
-Ya decía yo que me sonabas… ¿Chócala, no?- La cantante extendió su puño para que Russel lo chocase con el suyo, y así hizo.
-Espera espera… ¿¡Es que os conocíais de antes!- Gritó histérico el satanista.
-Sí, ella era una chica que me visitaba en el psiquiátrico. Su padre me trataba y Boinae de vez en cuando me hacía compañía.
-Si es que el mundo es un pañuelo…- Dijo Noodle sorprendida. Escucharon unos pasos ligeros que venían del pasillo, y apareció la niña con la que se tropezó Murdoc horas antes. Enseguida saludó al bajista.
-¡Hola señor! ¿Se encuentra mejor?
-Errr…
-¿Es que te lo has encontrado antes?- Preguntó Boinae.
-Sí.
-¿¡Y no me lo has dicho!
-No.
-¿¡Y por qué!
-No sé. ¿Quién es?- Dijo señalando al bajista, que ya iría por su quinto cigarro.
-Tu rival. Él también toca el bajo.
La pequeña no podía tener los ojos más abiertos y empezó a dar saltos de alegría.
-¿Entonces vosotros sois Gorillaz? ¡Qué ilusión, soy fan vuestra!- Sacó una camiseta bastante arrugada con el logo de la banda y se la puso, pero al revés.- Ui. Bueno no pasa nada. ¿Me la firmáis?
A todos (y aunque no lo creáis, a Murdoc también) les pareció una chica bastante divertida y algo patosa. Le firmaron la camiseta y se la enseñó a Tarántula.
-¿Has visto mami, has visto qué majos son todos?
-Sí que lo he visto.- Le respondió con dulzura y Litané le cogió la mano.
-¿Es tu hija? Pero si eres muy joven… o eso creo.- Dijo la japonesa, no muy segura de sus palabras.
-Es mi hija adoptiva.
-Ah…
El ascensor, que se cerró hace bastante tiempo se abrió de nuevo, mostrando a un Jamie estresado y con muchas maletas encima. Las soltó todas de golpe, haciendo un estruendo bastante sonoro.
-¡Qué alegría veros! ¿Me podéis ayudar?- Todos menos Murdoc ayudaron con alguna maleta o estuches de dibujo. Jamie observó a las chicas.
-Así que vosotras sois las que nos habéis quitado nuestro sitio en la gira…- Dijo con un aura sombría.
-Pues sí.
-¿Y cómo lo habéis hecho sin que Murdoc se enfade?- Preguntó más divertido.
-¡Estoy enfadado!- Gritó el satanista molesto. Jamie pasó olímpicamente de él, pues se había quedado prendado de Tarántula.
-¡Eres muy bonita!- Exclamó el dibujante. La chica se giró porque pensaba que no se lo estaba diciendo a ella, hasta que cayó.
-Ah, me lo dices a mí… pues gracias.
-Oigan, ¿nos vamos a mi cuarto? Estoy cansado y tengo mucho calor. Quizás allí estamos mejor.
Todos estuvieron de acuerdo y siguieron a Jamie. 2-D retuvo a Tarántula un momento después de que todos entraran en la habitación.
-Muchas gracias por defenderme antes… fuiste muy amable.- 2-D sonrió mostrando los pocos dientes que le quedaban. Tarántula carcajeó levemente.
-De nada. Alguien tenía que pararle los pies.
-Oye… ¿Tu nombre es un apodo o es de verdad? Me pica la curiosidad…
-Ah, pues… No era mi nombre original pero me lo cambié a Tarántula.- Le explicó mientras entraban en la habitación y se sentaban. Jamie llamó al servicio para que trajesen un poco de té, y se sentó en frente de la baterista. No paraba de mirarla fijamente, cosa que la incomodaba un poco.
Boinae estaba sentada al lado de Murdoc, un poco asqueada. Odiaba mucho al bajista, se creía el centro del universo y no le dejaría que se quedase la gira. Con malas intenciones, la cantante le pisó un pie al moreno, que soltó un grito.
-¡Auch! ¿Por qué has hecho eso?- Preguntó mientras se sobaba el pie.
-Uy perdona, te había confundido con una cucaracha.- Boinae sonrió perversamente, Murdoc solo se limitó a callar para no soltar las burradas que se le pasaban por la mente.
Por otra parte, 2-D, Noodle y Russel hablaban de cómo se hicieron amigos el afroamericano y la cantante de Expressi0n.
-¿Y cómo es que se fijó en ti?- Preguntó Noodle.
-Pues verdaderamente no me acuerdo…- El afroamericano puso un dedo en su barbilla.- De lo que sí me acuerdo es que me ayudaba a salir de vez en cuando del psiquiátrico para dar un paseo y tomar algo.
-Entonces, era como una especie de cita, ¿no?- Dijo 2-D.
Al pobre Russel se le habían subido los colores. Tosió un poco y empezó a desviar el tema a otro punto.
Litané estaba entre Russel y Tarántula. Miraba con admiración las firmas de su camiseta. Estaba tan feliz que podría dar saltos y no cansarse nunca, para ella conocer a sus ídolos era bastante emocionante.
Jamie seguí ahí, mirando a la pobre chica, poniendo muecas extrañas y de vez en cuando entrecerrando los ojos, hasta que por fin abrió la boca.
-Oye, ¿te puedo dibujar?
Boinae se metió en la conversación.
-Mil novecientas libras.
-¿Qué? ¡No voy a pagar tanto para pintarla, soy pobre!- Lloriqueaba mientras se sacaba un pañuelo de su bolsillo.
-Posaré gratis.- La cantante quiso interrumpir pero Tarántula le mandó una mirada severa, y eso hizo que le bajara los humos. Boinae miró a Jamie con odio. El pobre sólo intentaba esconderse detrás de 2-D, ya que la chica le daba miedo.
Llamaron a la puerta y trajeron el té. Siguieron conversando un poco más, hasta que la tripa de algunos empezó a rugir por el escaso alimento consumido.
-¿Y si nos vamos a cenar todos juntos? Sería divertido.- Propuso 2-D feliz. Murdoc maldijo en mente al pobre vocalista ¡que tenían que ser enemigos, no amigos!
-A mí me parece bien.- Dijo Litané.
-¿Y por qué no nos vamos todos a cenar y que Murdoc y Tarántula tengan una cita?- Propuso Jamie.
-¿Y eso por qué?- Preguntaron la mayoría confundidos.
-¿No lo visteis en las noticias? ¡Ellos se dieron un beso y Murdoc gritó a los cuatro vientos que eran novios!
-¿¡Ya salió en las noticias!- Boinae no podía estar más impresionada y desilusionada.- Cada vez te odio más, Murdoc…
-¿Y a mí por qué?- Gritó indignado. Aunque pronto le dio igual y se prendió otro cigarro.
Boinae se puso a pensar mientras los otros discutían acaloradamente. A lo mejor el plan de Murdoc podía resultar positivo, y Tarántula por fin se daría cuenta de que ese hombre no le llega ni a la punta de los zapatos.
Pero, un momento, ¿Tarántula estaba enamorada de Murdoc? Seguramente no, pero con los engaños y trapicheos que éste podría planear, caería rápidamente en sus manos.
-¡Bueno, nosotras nos vamos!- Dijo de repente la cantante cogiendo de la mano a su grupo.- Viejo, ella te esperará a las… once en punto. Como no estés allí…
Y dio un señor portazo. Murdoc solo se hundió más en el sofá, susurrando entre dientes.
-Bueno Murdoc, arréglate para tu cita, ¿no?- Rió el afroamericano.
Las chicas entraron en la habitación de la vocalista, que empezó a buscar vestidos en su maleta desesperadamente. Litané se tumbó en la cama y Tarántula se sentó en el borde de la misma.
-¿Qué estás buscando?
-Vestidos sexys que te queden bien.- Dijo enseñándole uno, pero pronto descartó esa prenda y la tiró al suelo.
-No me quedará bien ninguno. Tú tienes la talla treinta y seis y yo tengo la cuarenta y dos.- Suspiró cansada Tarántula, mientras que Boinae le tiró un vestido a la cara. La chica cogió el vestido y lo estiró. Era de su talla. De color rosa pálido, con diminutos corazones negros de estampado. No tenía mangas, el escote era terminado en pico. Le llegaría más o menos por la mitad de su muslo. Lo más curioso era que tenía un pequeño velo detrás, en su trasero, que hacía que el vestido se viera largo.
-¿Tienes un vestido de mi talla en tu maleta? ¡Pareces un hada madrina!- Exclamó impresionada. Boinae rió ante eso y recogió un poco su ropa.
-Era el regalo de tu cumpleaños. Pero como no lo pudimos celebrar por estar tan ajetreadas con el trabajo pues… te lo doy ahora.
Tarántula se levantó y le dio un gran abrazo a Boinae, que se quedó sin habla. A continuación le dio un gran beso en la mejilla.
-Que gran amiga eres… no sé qué haría sin ti.- Le dijo feliz. La cantante solo agachó la cabeza, avergonzada por las acciones y palabras de su amiga.
Litané se limitó a probarse el vestido de su mamá. Le quedaba muy grande pero estaba muy linda.
-Ay, te queda muy bien.- Le dijo, dándole besos en la mejilla.- Pero ya te lo tienes que quitar, porque me lo tengo de poner, ¿vale?
Litané obedeció a Tarántula. Se quitó el vestido y empezó a ponérselo ella. Boinae se sentó en el suelo y de vez en cuando la miraba de reojo, no podía evitar mirarla de vez en cuando.
-Mamá, ¿Murdoc será mi papá?
Tarántula miró a Litané, que estaba tirada en la cama de nuevo, adormilada.
-No cielo, solo estamos fingiendo.- Le explicó. Litané se limitó a cerrar los ojos y a dormir.
Boinae se levantó y le dio unos tacones blancos a Tarántula.
-Toma, que también te los compré.
La chica se puso los tacones con algo de dificultad, eran demasiados altos.
-Boinae, ¿me puedes subir la cremallera? Es que no llego…- Dijo intentando alcanzar la misma. Inmediatamente la nombrada fue hacia su espalda. Cogió la cremallera y la empezó a subir lentamente. Observaba su espalda, llena de cicatrices. Y más arriba, su gran tatuaje. Terminó de cerrar el vestido, pensó en cosas muy extrañas en ese momento y de su boca salieron varios jadeos de agobio.
-Bu-bueno. Ya está.- Tarántula se fue al baño y se pintó un poco los labios, no sin echarse antes un poco de colonia. Salió y Boinae la abrazó fuertemente, mientras le decía unas palabras en el oído.
-Quiero que le vuelvas loco… así que usa tus armas de mujer, que tienes bastantes.
-Lo haré.- Antes de irse, cogió un colgante de su mesilla. Se lo puso, era bastante largo así que lo escondió en su escote.- Bye. Vendré tarde.
Tarántula salió de su cuarto. Todo se quedó en silencio, solo se escuchaba a Litané cambiar de posición en la cama. Boinae se fue al baño. Se miró al espejo varias veces. Cambiaba su peinado, subía sus senos e incluso observaba su trasero. Y de repente, empezó a llorar.
Un rato después, todos los que no tenían una cita bajaron a cenar al hotel. Se encontraron y se saludaron.
Todos hablaban animadamente menos Litané, que tenía cara de sueño. Hablaban de la cita que tendrían la chica dulce y el tío satánico.
-Creo que es la primera cita seria de Murdoc… espero que no la pifie.- Dijo el dibujante, jugando con las migas de pan.- Esa chica vale mucho.
-Que no van en serio.- Objetó molesta Boinae.
-Bueno, quién sabe…
La cantante mataba con la mirada a Jamie. Los camareros trajeron la comida y empezaron a degustar los platos en silencio. Noodle habló primero.
-Yo creo que Murdoc se puede enamorar… lo que pasa es que no ha encontrado a la mujer ideal.
-Claro, porque a todas las que se liga se las tira.- Dijo 2-D algo triste. Noodle le dio un codazo.
-No digas eso…
-A lo mejor tiene complejo de Electra.- Dijo Boinae tomando un bocado de su plato.- O algo parecido. ¿Murdoc tuvo madre?
-No, no tuvo.- Aclaró Russel.- Tú sabes mucho de estas cosas…
-Obvio, tener a un padre psiquiatra es lo que tiene.- Todos terminaron de cenar y cansados de este día tan agotador se fueron por fin a la cama, menos 2-D y Noodle, que fueron a comprarse unos helados y dar un paseo. Pasaron por una tienda de vestidos de novia y 2-D se quedó embobado mirando los caros vestidos y accesorios.
-Qué bonitos… cuando me case, quiero que mi novia lleve un vestido tan elegante como esos.
-¿Es que te vas a casar? Yo lo veo un poco… hortera.- Rió Noodle.
-Yo también, pero… si estás con la persona que amas, ¿qué más quieres?
-Yo nunca he sentido amor hacia una persona… quiero decir, no como el que le tengo a Murdoc, a Russel o a ti.- 2-D asintió.- así que no sé qué decir ante eso.
-El amor es… maravilloso, solo quieres ver a esa persona todo el tiempo, estar con ella, hacerla reír y que todo vaya bien a su alrededor.- Stu recordó a Paula y en los momentos en los que creía que ella también lo amaba. Se entristeció y tomó un poco más de su helado para calmar el ansia.
-Se ve bonito. Espero sentirme así algún día.- Noodle se puso junto a 2-D y le pasó una mano por la cintura, y éste por el hombro de la japonesa.
Los dos sentían una calidez extrema que se proporcionaban el uno al otro. Ninguno hablaba, no era necesario. Fueron al hotel, que estaba vacío y se dirigieron a sus habitaciones.
En otro lado, Murdoc y Tarántula iban andando hacia algún restaurante que estuviera abierto a estas horas. No había mucha gente por la calle, y la poca que había los miraban mal.
-Joder, ¿es que no hay ningún restaurante abierto en esta ciudad de mierda?- Se quejó Murdoc mirando a todos lados.
-Sigamos buscando, aunque… ya estoy un poco cansada.- Dijo Tarántula. A continuación se quitó los tacones.
-Te vas a hacer daño con algo.- Le advirtió Murdoc. La muchacha sólo encogió los hombros.
-Total, ya tengo los pies hechos polvo…- El satanista la miró de reojo. La verdad, no se había atrevido a mirarla fijamente, simplemente por la excitación que tendría nada más verla. Sus instintos nublarían su mente y lo incitarían a llevarla a un callejón oscuro donde podría tenerla.
Tarántula vio un restaurante a lo lejos. Tomó de la mano a Murdoc y lo llevó corriendo hacia el lugar. La chica preguntó si iban a cerrar ya, el mesero dijo que sí, pero por ser ellos les harían un hueco.
Entraron, vieron un par de parejas que ya terminaron de comer y estaban bebiendo o tomando el postre. Nuestra pareja se sentó en el lado más escondido e inhóspito. Pidieron una cena rápida, ya que la cocina cerró y no querían incomodar demasiado (o por lo menos Tarántula)
Empezaron a hablar de cosas sin importancia. De música, viajes… hasta que Murdoc tocó el tema de sus ojos. A Tarántula le molestaba que siempre se le diera demasiada importancia a ellos, pero no quiso cortar al satanista.
-De verdad, tienes unos hermosos ojos. Pero, ¿por qué los proteges tanto?
-No sé si decírtelo…- Dijo apoyando sus codos en la mesa, y poniendo sus manos en las mejillas.
-Si es un secreto no se lo contaré a nadie, linda. Pero si no me lo quieres decir es problema tuyo.
-No es un secreto. Bueno, yo tengo una enfermedad en mis ojos.- Murdoc agudizó el oído tras escuchar eso.- Mis iris no deberían ser violetas, sino azules. Es una pigmentación del color. A causa de eso, todo mi nervio óptico es débil, y no veo demasiado bien. He perdido a lo largo de los años el 20% de la visión.
Murdoc no supo qué decir. Tener una enfermedad no era para nada de risa Ya entendía por qué iba tan protegida el día en que la conoció.
-Pero ahora no llevas los ojos protegidos.
-Porque tú te cargaste mis gafas.
Silencio incómodo.
-Pues te compraré otras…- Dijo al fin Murdoc.- Y perdóname por ser tan indiscreto y preguntarte cosas tan incómodas.
El satanista suspiró. No se sentía demasiado bien después de haber hecho el ridículo. Pero unas palabras salieron de su roto y maltrecho corazón, para intentar arreglar la situación.
-Le doy tanta importancia a tus ojos porque fueron lo primero que vi en ti. Ni siquiera me paré a mirar tu cuerpo. Que por cierto… no está nada mal.- Murdoc se asomó un poco para ver el escote de Tarántula, la cual lo tapó con una servilleta, desilusionando al satanista.
-Murdoc Niccals, nunca pensé que le dirías eso a una mujer.- Dijo sorprendida. El moreno se molestó un poco, ¿no podía ser cariñoso y dulce o qué? Pero con la fama que tenía era lógico que pensara así de él.- Aunque tampoco me lo han dicho muchos hombres… así que muchas gracias.
Tarántula miró los ojos de Murdoc. También eran muy bonitos, pensó. Inconscientemente sonrió y el moreno se percató de eso.
-¿De qué te ríes?
-¿Eh? Ah, de nada…- Un leve tono carmín cubrió sus mejillas. Por fin les sirvieron los platos: estaban hambrientos.
Comieron en un abrir y cerrar de ojos. Murdoc pidió que les invitaran a beber, y le trajeron dos vasos de chupitos y un licor de hierbas. Le sirvió uno de ellos a Tarántula, hasta arriba.
-Sabes que no bebo.
-Mujer, un vasito no pasa nada… ¡venga, bebe!- Exclamó feliz, llenándose su vaso hasta arriba y bebiéndolo de un jalón. Tarántula miró el líquido verde, sin duda tenía buena pinta. Cogió el vaso y le dio un sorbo. Estaba bueno y sabía dulce, pero pronto su garganta empezó a arder.- ¿Qué tal?
-Está dulce, me gusta.
-Entonces toma la botella, que yo me pido otra.- Rió Murdoc, sin duda estaba de buen humor esa noche. Bebieron mucho, el moreno más que la muchacha, pero como estaba acostumbrado a beber alcohol le afectaba poco, no como a la chica.
-Ey Tarántula, ¿hacemos una apuesta?- Propuso Murdoc.
-Que no me vas a ver desnudaaa…- Rió Tarántula, bebiendo otro chupito.
-¡No es eso!.- Murdoc rió también y pasó de beber directamente del vasito a la botella.- Te propongo una apuesta…
-Uuuh, me encantan las apuestas. Dispara.
-Tú me tienes que enamorar a mí, y yo te tengo que enamorar a ti. Quien se confiese primero, pierde.
-Ajáaa… y qué apuestas… ¿tu Winni?
-¿Eeeh? ¿Cómo sabes de eso?- Preguntó riéndose.
-¿Te crees que no veo la teleeee? De todas formas no quiero tu caravana.- Rió Tarántula de nuevo, poniendo los pies en la mesa.
-¿Qué tal si apostamos la gira? ¿Y qué tienes en contra de mi Winnebago?
-Vaaale, apostamos la gira. Pero ahora estoy un poco borracha, no sé si hacerlo.
-Eso es que tienes miedo.- Murdoc dijo eso para picarla, y lo consiguió.
-¡De eso nada! Vale, apostamos.- Tarántula estiró la mano para sellarla con la de Murdoc. Pero ésta lo atrajo, lo cogió de sus mejillas y le dio un par de besos en los labios.
-Me está gustando esta apuesta…
-Sí, ¿y sabes lo que tienes que hacer para enamorarme? Comprarme unas gafas nuevas.
