¡Hola! Qué de tiempo amigos. Perdón por no actualizar antes, los exámenes de recuperación… pero a cambio os entrego el capítulo más largo que he escrito ¡quince páginas! Espero que las disfrutéis. Besos.
El satanista caminaba furioso, chocando con todas las personas que se encontraba. No quería pensar en ella, ni en que la dejaba sola, sólo quería ir al hotel y dormir. Llegó a la recepción, pidió la llave y se fue directo a su cuarto. Se quitó la ropa quedándose en ropa interior, y a continuación se acostó, pero no durmió. Simplemente, se quedó observando el techo.
Escuchó una risa cargada de maldad en el balcón, a lo que Murdoc se asustó y se levantó corriendo. Abrió la ventana, pero no logró divisar a nadie, para luego dar un suspiro no muy aliviado.
Se volvió a acostar, aunque ahora, con remordimiento de haberla dejado ahí. Supuso que ahora estaría en su habitación, si es que habría encontrado el camino al hotel. ¿Y si no lo ha encontrado? Pensaba cada vez más angustiado.
Tarántula se había sentado en uno de los muchos bancos del parque. Tenía mucho sueño, pero no podía quedarse dormida. Se le empezaron a pasar los desastrosos efectos del alcohol y le vino un horrible dolor de cabeza. Unas espesas lágrimas salieron de sus ojos, mojando sus mejillas. Ella no sollozó, ni gritó, solamente descargaba su tristeza a base de lágrimas.
Se sentía tan rota, tan engañada… y tan indefensa en ese momento. Unas nubes muy grandes y oscuras se empezaron a acumular en el cielo. Tarántula se dio cuenta y se refugió en uno de los árboles, antes de que la lluvia la alcanzara.
Y exactamente, comenzó a diluviar. Las gotas eran grandes y en mucha cantidad, una lluvia un tanto extraña para esta época del año.
La chica sintió una brisa muy fría que le recorrió cada centímetro de piel. Se giró nerviosa, haciendo la hipótesis de que había alguien ahí con ella. Sin embargo estaba sola.
Suspiró. Y dirigió su vista a la fuente, de la que empezó a emanar un agua bastante limpia. Y arriba de ella, una gran sombra negra.
Tarántula, sin embargo, no se asustó. Al revés, salió de la copa de ese árbol y se acercó a la fuente. Sus ojos se entrecerraron intentando identificar aquella sombra. Era un hombre con una capa negra y una máscara de gas que tapaba su cara.
-Hola.- Saludó.
-¿Qué haces ahí subido?- Preguntó Tarántula. De repente, aquel sujeto estaba al lado de ella, a cierta distancia. La chica sintió miedo y retrocedió unos pasos.- No eres humano, ¿cierto?
-¡Bingo!- Respondió con sorna. El Boogeyman la observó más, recorriendo su mirada por todo su cuerpo. Ella intentaba taparse como podía ante la atenta mirada de aquel demonio...- Bonitos ojos. Qué pena que se marchiten tan pronto…
-¿Insinúas que me quedaré ciega dentro de poco…?- Preguntó perpleja.
-Con los disgustos y peleas que te dará Murdoc, sí.
-¿Conoces a Murdoc?- Preguntaba cada vez más impresionada.
-Oh, sí. Lo conozco tan bien como la palma de mi mano…- El Boogeyman carcajeó sonoramente, haciendo que Tarántula se asustara más.- Oh linda no tienes por qué asustarte… bueno, en realidad sí.
-Menudo cínico…- Gruñó la chica.- ¿Y quieres algo de mí o qué?
-Sí sí, quiero algo…- El demonio se acercó a Tarántula, hasta que sus cuerpos quedaron pegados. La chica ojos lilas comenzó a respirar fuertemente, nerviosa.- Normalmente las personas de este asqueroso mundo me llaman a través de rituales… pero, tú me has llamado sin necesidad de eso… ¿cómo lo has conseguido?
-¡N-no lo sé!- Exclamó aturdida.- ¡Yo no te necesito para nada!
-Oh, en serio… ¿No quieres algo que no puedes conseguir? Pues a cambio de otro objeto, o ser vivo, te lo daré…
Tarántula se quedó pensando, con la cabeza agachada. Se apartó del demonio con suavidad.
-¿Y no hay "efectos secundarios"?
-Bueno, qué te puedes esperar de un demonio.- Rió. A continuación, le dio un papel a Tarántula, que lo cogió no muy convencida. Lo guardó rápidamente en su escote para que no se mojara.- Esa tarjeta es para que contactes conmigo, puedes pensarlo. ¿Trato hecho?- Preguntó el Boogeyman estirando la mano, para cerrar el trato. La chica asintió, y alzó la mano también.
Un segundo antes de apretar sus manos, el demonio desapareció, dejando perpleja a Tarántula.
Se quedó allí de pie, de nuevo, sola. La verdad, no entendía nada de lo que había pasado allí. Sintió que la lluvia dejaba de caer sobre ella, y algo la tapó de arriba abajo. Era una manta.
-¿Pero qué…?- Dijo perpleja. Murdoc la arropó junto a él.
-¿Eres tonta o qué? … ¡que vas a coger un resfriado!- Le regañó el satanista angustiado. La chica no habló. Murdoc supuso que estaba enfadada con él. La zarandeó un poco.- Oye, no debí marcharme así… sé que fue un poco idiota por mi parte. Entiendo que estés enfadada.
-No pasa nada Murdoc, volviste, y eso es lo que importa.- La chica sonrió débilmente, sin demostrar mucho énfasis. El satanista se alegró en parte, pero al verla tan seria le extrañó.- ¿Podemos volver al hotel? Estoy cansada.
-Sí.- El bajista pasó su mano por la espalda de Tarántula, hasta llegar a su hombro. Pusieron rumbo al hotel, Murdoc entablaba conversación de vez en cuando, pero la chica no participaba. La lluvia cada vez cesaba más y más, hasta quedarse nada más en unas finas gotitas de agua. Cerraron el paraguas que llevaba el satanista.
Llegaron por fin al hotel. Esta vez Tarántula se alegró un poco, podría darse una ducha caliente y dormir durante un par de horas, ya que empezó a amanecer.
-¿Quieres que te acompañe a tu cuarto?- Preguntó Murdoc.
-Si no te molesta…
Subieron al ascensor. Los botones ya estaban arreglados y la chica pulsó suavemente el de su piso. Cerró los ojos cansada. Le dolía muchísimo la cabeza debido al alcohol y Murdoc lo notó.
-Se nota que eres novata bebiendo, estás hecha una pena.- Le dijo con una sonrisa cínica.- Deberías tomar algún medicamento… Stu tiene una caja llena de pastillas.
-Gracias, le pediré una aspirina en cuanto lo vea.- Sonrió algo más animada. Llegaron a su habitación y la baterista abrió la puerta, quedándose apoyada en el marco.
-Si quieres te veo después.
Tarántula asintió. Se quedaron allí de pie, sin mirarse ni hacer nada. De pronto la muchacha se acercó a Murdoc y le dio un tierno beso en los labios.
-Puedes llamarme Helenka si te apetece.- Dijo entrando de nuevo en su cuarto.
-¿Helenka, así te llamas?- Preguntó encendiendo un cigarro. La chica sólo asintió. Cerró la puerta, dejando a Murdoc por fin.
El satanista volvió a su cuarto refunfuñando un poco. Él pensaba "¿Todo lo que hice por ella para solo recibir un simple beso?" aunque bueno, también fue la consecuencia de que se quedara sola en el parque. Dio gracias a Satán porque no le hubiera pasado nada malo, sino la culpa sería de él.
Entró en su habitación y decidió acostarse, pero al no tener nada de sueño, llamó a unas chicas de compañía.
Tarántula… o Helenka, estaba metida en la ducha tiritando ya que el agua no se regulaba. Después de unos minutos pasó a un agua tibia, muy agradable. Tan agradable que sus piernas temblaron del gusto. Se aseó y salió de la ducha con una toalla.
Se sentó en un tocador que había al lado de un armario. Se miró detenidamente.
-Estoy… estoy horrible ¿Qué me pasa?- Era verdad, estaba fatal. Se la veía cansada, con ojeras, su pelo no lucía el brillo que tenía siempre y sus ojos no tenían vida.- Será que necesito descansar…
Se secó el pelo y se puso su pijama, para acostarse y dormir varias horas, pero no pudo encontrar al Señor Morfeo, pues en el piso de abajo se escuchaban risas y gemidos bastantes… sonoros. Se levantó molesta sujetándose la cabeza, le dolía horrores. Se agachó y pegó su oreja en el suelo para oír aunque sea un nombre, para ir a quejarse.
Su corazón dio un vuelco al oír el nombre de Murdoc. Se levantó del suelo rápidamente y se asustó de sobremanera al ver al demonio enfrente de ella. Tal fue el susto que se cayó de culo.
El Boogeyman empezó a carcajearse de ella. Se levantó sacudiéndose su pantalón, un poco molesta.
-¿Qué haces otra vez aquí?- Preguntó educadamente, escondiendo su enfado. El demonio dio un par de vueltas alrededor de ella.
-Dímelo tú… me has llamada de nuevo.
-Ni siquiera sé como te he llamado…- El Boogeyman deambuló por la habitación, tocando y cogiendo las cosas de Helenka.- ¡Deja de tocar mis cosas!
-Está bien está bien pero… ¿Me puedo quedar con una de estas?- Preguntó cogiendo unas pantys de la chica.
-¡No!- Negó avergonzada, quitándole su ropa interior.- Por todos los cielos… te pareces a Murdoc.
-Creo que él es más cabrón.- Añadió riendo.- Oye, esa herida de tu cuello pinta muy fea. ¿Murdoc te intentó comer o qué?- Preguntó riendo más, parecían que se les iba a salir los pulmones, si es que tenía.
Tarántula fue corriendo al espejo del tocador, la herida se le estaba infectando. Sujetó su cuello apenada.
-Es un mujeriego…
-Y tanto.- Añadió el demonio.- ¿Pensabas que teníais algún lazo especial? Por favor… como no le ofrezcas sexo no se interesará en ti.
Por muy duro que sonase era verdad. La chica se despegó del espejo y se tiró en la cama, con posición fetal.
-Por cierto, me llamo Sun Moon Stars.- Dijo con cierto aire de felicidad.- ¿Cuál es tu nombre?
La chica se encogió un poco más y se giró, dándole la espalda al demonio.
-Me llamo Tarántula.
-Sí, en tus sueños. Ese no puede ser tu nombre real.- Vaciló Sun.
-Ya, es un mote. ¿Quién dijo que fuera mi nombre real?- Preguntó un poco fastidiada, pues quería dormir un poco y olvidarse de todo.- Si te doy mi nombre… ¿Te vas?
-Si quieres sí.
-Bueno, pues me llamo Helenka. Adiós.- Se despidió ella, tapándose con las sábanas.
-No olvides mirar la tarjeta.- Dicho esto, abrió el balcón y se fue. Tarántula se levantó y bajó las persianas, cerró ventanas y se acostó en la cama, quedándose por fin dormida.
Mientras algunos dormían, otros se despertaban. Como Russel, sólo él se levantaba temprano a excepción de sus compañeros, que dormirían hasta las diez u once.
Se duchó y vistió para ir a desayunar al hotel. Para su sorpresa encontró a Boinae salir de su habitación. Se la veía bastante dormida.
-Buenos días.- Dijo él alegre por verla. Ella sólo se limitó a bostezar.- ¿Has dormido bien?
-Pues no. Entre que me dormí tarde y que no podía conciliar el sueño… además hay alguien en una habitación que está armando bastante escándalo.- Respondió malhumorada. Russel emitió una pequeña risa, nunca cambiaría.
-¿Quieres… desayunar?- Preguntó un poco nervioso, le dolía la tripa como cuando era pequeño y ella le invitaba a salir.
-Sí pero…- Dudó por algunos segundos.- Bueno, vale. ¡Pero las manos donde yo pueda verlas!
Los dos rieron y entraron en el ascensor. Bajaron al restaurante del hotel y pidieron su desayuno, de mientras empezaron a conversar.
-¿Dónde están tus compañeros?- Preguntó ella.
-Seguramente durmiendo, se levantan un poco más tarde.
-Y tú eres madrugador, ¿cierto? Tan lindo…- Confesó Boinae con una sonrisa. Russel se puso nervioso y se levantó, moviendo la mesa bruscamente. La cantante sujetó su vaso para que no se cayera.- ¿Qué pasa? También te decía esas cosas cuando éramos niños…
Russel se sentó de nuevo, igual de nervioso y moviendo la mesa de nuevo.
-Pero ahora no somos niños Boinae, todo es diferente.
-No te entiendo…- Dijo confusa. Russel suspiró apenado. Nunca comprendería que estaba enamorado de ella. La cantante frunció los labios.- Mira, si tienes algo que decir hazlo ya, no esperaré toda la vida… ¿sabes? Hay otros hombres detrás mía y puede que algún día… muy muy lejano… me enamore de uno de ellos y tú te estarás lamentando por la oportunidad que estás desperdiciando ahora.- Trajeron los desayunos y Boinae empezó a comer muy agresivamente. Se nota que estaba hambrienta.
Russel solo estaba con la boca abierta. Pronto reaccionó y tomó una de las manos de la cantante.
-¿Querrías salir conmigo, Boinae?
-Vale.- Dijo… o intentó decir, pues su boca estaba llena de comida.
-¿Qué?- Preguntó Russel confuso.
-¡Que sí! Y suéltame la mano que quiero seguir comiendo.- Boinae devoró su plato y observó que Russel dejó su desayuno intacto.- ¿Oye, no te vas a comer los huevos y las tostadas?- Y le robó su plato.
Russel de repente se levantó y cogió a Boinae para levantarla en el aire.
-¡Soy tan feliz!- Exclamó con una sonrisa, y empezó a dar un par de vueltas para dejar después a la cantante en el suelo.
-Me vas a hacer vomitar.- Dijo Boinae riendo. Los dos se besaron torpemente y se sentaron para seguir desayunando.- ¿De verdad que no te importa que me coma tu desayuno?
-No, no me importa…- Le respondió con una mirada tierna.
-Oye, nosotras después de ensayar vamos a la piscina, si te apetece vienes con pelo azul, viejales y la niña.- Dijo Boinae bebiendo un poco de zumo.
-¿Este hotel tiene piscina?
-Sí claro. Está en la última planta.- La cantante cogió un periódico que aguardaba en la mesa de al lado ya que no había nadie en esa mesa y leyó el periódico detenidamente.
-Si te apetece que vayamos.
-Oh sí, sino no te lo hubiera dicho.- Le pasó el periódico a Russel, que lo cogió gustoso. Le echó un vistazo por encima, admirando la portada. Al parecer, todo eran noticias agradables.
-Entonces dalo por hecho.- Afirmó Russel. Boinae terminó de comer y se levantó de la silla.
- Me tengo que ir a mi habitación. Después hablamos, ¿vale?
Russel solo asintió. La cantante le dio un beso en la mejilla y se fue. El afroamericano llamó a un camarero, pidiendo cinco desayunos ingleses.
En una habitación, una princesa japonesa se lavaba los dientes con energía. Se había levantado con optimismo y buen humor. Se dio una rápida ducha y se vistió con un pantalón corto oscuro, unas botas y una camiseta de tirantes de color verde pálido. Salió del cuarto de aseo para observar que 2D aún seguía sobando en la cama.
Noodle lo zarandeó un poco para que se despertara.
-2D despierta que tenemos que ir a desayunar.- Le avisó.
-Cinco minutos más Noodle…
-Murdoc se va a enfadar…-Canturreó con sarcasmo y 2D se levantó de un salto, metiéndose en el baño. Noodle rió.- Oye Stu, voy a ver a Russel y a Murdoc.
-¡Vale, yo iré a desayunar después, y ten cuidado!
Noodle salió de la habitación siguiendo el consejo de 2D. Se fue primero a la habitación de Russel, llamó un par de veces pero no contestó. Entonces fue a la habitación del satanista, haciendo el mismo acto. Murdoc le abrió en calzoncillos.
-Hola princesita, ¿Qué pasa?
-Vamos a bajar a desayunar. ¿Vienes?
-Eeeeh… ahora estoy ocupado amor, en unos minutos salgo.- Dijo mientras miraba por el rabillo del ojo hacia atrás. Noodle lo entendió.
-Ajá, vale, te espero abajo.- Murdoc cerró la puerta y Noodle suspiró. Tomó el ascensor y pulsó el botón de la planta baja, pero el ascensor subió a la planta de arriba. La puerta se abrió, encontrándose con Tarántula.
-Buenos días… eh…
-Tarántula.
-Eso.
La baterista entró en el ascensor y las puertas se cerraron.
-Buenos días a ti también.- Dijo amablemente.- ¿Nadie te acompaña?
-No.- Noodle miró la cara de la mujer y abrió los ojos de sobremanera. Estaba hecha polvo. Además, ¿no se supone que era ella la que estaba con Murdoc? Tarántula se dio cuenta y giró la cara avergonzada.
-Ya, ya sé que estoy fatal…- Dicho esto se miró en el espejo del ascensor.
Noodle no quería ser grosera, pero era cierto, y no supo qué decir así que guardó silencio. Se fijó en su figura, la de curvas que tenía, en cambio ella era muy delgada y todavía estaba por desarrollarse.
-Perdona…- Dijo Tarántula, desconcentrando a la japonesa de sus pensamientos.- Esta noche haremos como una pequeña fiesta del pijama. ¿Te apuntas?
-Una fiesta del pijama… nunca he hecho una. ¿Es divertido?
-Claro.
-Bueno… pues… sí, voy.- Le dijo con una sonrisa. Se abrieron las puertas del ascensor y las dos salieron y se dirigieron al restaurante del hotel.
-¿Qué se hace en una fiesta del pijama?- Preguntó la guitarrista. Tarántula pensó.
-Pues vemos películas, comemos golosinas, hablamos hasta las altas horas de la madrugada… también jugamos a juegos.- Le explicó detalladamente. A Noodle se le iluminaron los ojos, no pensó que fuera tan divertido. Aunque también le entró algo de inseguridad porque no conocía a ninguna de las chicas.- …Y criticamos a los chicos.
-Uy, yo ahí tengo que criticar bastante.- Las dos rieron animadas. Llegaron al restaurante y divisaron a Russel, que estaba desayunando.
-Buenos días.- Saludaron al unísono. Russel les sonrió y las saludó.
-Perdona ¿has visto a Boinae por aquí?- Preguntó Tarántula, un tanto preocupada. Russel se puso nervioso.
-N-no, ¿por qué debería de saberlo?
-Perdona, es que creía que erais buenos amigos.
-Ah.- Suspiró el baterista aliviado. Creía que sabía algo de su relación con ella.- Creo que se fue a su habitación.
Tarántula le sonrió y le dio las gracias. La baterista se acordó de algo y se despidió de ellos, parecía que tenía prisa.
-Noodle, a las nueve en punto en mi habitación, ¿vale?
-¡Vale!- Dijo la japonesa con euforia.
Una vez que se fue, Noodle pidió un nutritivo desayuno, mientras que Russel la miraba confuso.
-¿A las nueve para qué?- Preguntó.
-Me invitaron a una fiesta del pijama.
-¿Enserio?- Russel se alegró, a Noodle le hacían falta un par de amigas para relacionarse más que con hombres.- Espero que te lo pases bien.
-Gracias Russ.
Trajeron su desayuno y en eso vinieron 2D y Murdoc, los cuales se peleaban. Russel dio varias palmadas para captar su atención.
-Buenos días por la mañana eh.- Saludó Noodle con sarcasmo. El satanista le revolvió el pelo, despeinándolo. La japonesa bufó y los dos se sentaron.
-Oigan las chicas nos invitaron a la piscina. Yo he dicho que sí vamos.- Explicó Russel que terminó de desayunar. Murdoc lo miró con furia.
-¿Y quién te dio permiso para decidir por mí, culo gordo?
-¡Bueno, pues voy yo solo! Mira tú el problema.- Le gritó. La verdad es que iba para ver a Boinae y pasar un rato agradable con ella. El satanista se cruzó de brazos.
-Yo también voy.- Dijo la japonesa.
-Y yo.- Se unió el peliazul feliz. Quería darse un chapuzón, con el calor que hacía últimamente…
Murdoc cerró los ojos. Analizó la situación.
-Pues ir. Yo no quiero saber nada. Pero NADA.- Recalcó el último "nada" haciendo que sonara más fuerte.
-Venga Murdoc, ven, que sin ti no será lo mismo.- Intentó convencerlo Noodle.
-Déjalo Noodle, hoy no está de humor…- Susurró el vocalista. El moreno lo escuchó y le dio un golpe en la cabeza.- ¡Ay!
-Eso por hablar.
Russel y Noodle suspiraron. Trajeron el desayuno de la japonesa y de paso el satanista y el vocalista pidieron los suyos.
La japonesa pensó respecto a Tarántula. La veía muy agradable y fue muy considerada al invitar a la japonesa a la fiesta y a la piscina. Sintió un sentimiento muy cálido y cariñoso en su pecho. Esto la hizo sonreír.
-Chicos.- Llamó.
-¿Qué pasa amor?- Preguntó Murdoc encendiendo un cigarro.
-Creo… que lo que os voy a decir es un tanto extraño.- Dijo dando una cucharada a sus cereales. Los chicos se extrañaron.- Es que… veo a Tarántula como… bueno, no sé explicarlo con exactitud.
-¡Hablando de ella!- Exclamó Stu.- ¿Qué tal ayer?- Le preguntó a Murdoc.
El satanista entrecerró los ojos. La verdad, no sabía muy bien lo que pasó ayer. O es que no quería procesarlo.
-No pasó nada.
-¿Nada de nada?
-Te he dicho que no.- Respondió el moreno fastidiado.
-¿Hola, existo?- Dijo Noodle agitando las manos.- ¡Que estaba hablando!
-Ah, sí, perdona Noodle, es Face-Ache que me desconcentra… sigue.
-Me parece que la veo como una hermana mayor, e incluso como una madre.
Los tres chicos se miraron.
-Bueno creo que eso es completamente normal. Oye, ¿Cuándo has hablado con ella?- Preguntó 2D.
-Me acompañó en el ascensor.
-¡Ah, ostias!- Gritó Murdoc sobresaltando a todos.- Tengo que comprarle unas gafas de sol. Noodle, ¿podrías ir a la óptica? Te daré diez libras.
-Quince.
-Hecho.- El satanista le dio las quince libras y el dinero para comprar las gafas. Noodle terminó de desayunar y se fue a comprarlas. Russel se despidió, dijo que se iría un rato a su habitación, que si necesitaban algo que lo llamasen.
Murdoc mientras desayunaba pensaba en el nombre de "Helenka". No tenía ni idea de dónde podía ser. Entonces le preguntó al vocalista.
-Fache-Ache, ¿a qué te suena el nombre de Helenka?
-¿Helenka? Mmm… a Helena.
-No, digo que de dónde puede provenir, idiota.- Bramó Murdoc.
-¡Ah!.- Si es que no nació para pensar… resonó en la mente de Murdoc.- Puede ser griego, aunque me suena más a nombre ruso. ¿Por qué lo preguntas?
-Tarántula se llama así.
-¿Enserio? Es un bonito nombre.- Dijo, dándole un mordisco a una tostada.
-La verdad es que sí…- Confesó el satanista. 2D abrió los ojos como platos. Murdoc se dio cuenta de lo que había dicho y puso una cara bastante seria, llena de maldad.- Como le cuentes esto a alguien te mato, ¿entiendes?
-Va-vale… ¿pero te gusta de verdad?- Preguntó un atónito 2D. Murdoc sin quererlo se avergonzó, quedándose en silencio. Había un ambiente muy tenso en el aire, que ahogaba a los dos chicos.- Pero… si tú no quieres a nadie.
Murdoc enfureció y se levantó, dándole un puñetazo a Stu en la cara.
-¿¡Te crees que no puedo querer a alguien!?- Le cogió del cuello de su camisa y lo levantó un poco.- ¿¡Que no puedo sentir!? ¡Pues siento! ¿Tan malo me ves como para no tener sentimientos?- Preguntó con un leve tono de dolor. Stu se arrepintió de lo que había dicho anteriormente y bajó la cabeza con los ojos llorosos.- Bah, no vale la pena.
Dicho esto lo soltó y se levantó.
En eso, vino Noodle con unas gafas de color morado oscuro puestas y se las dio a Murdoc.
-Toma. ¿Para qué las quieres?
-Para un regalo.- El moreno se fue, no sin antes dar una mirada fulminadora a 2D. Éste empezó a temblar y Noodle se dio cuenta.
-¿Estás bien?
-No mucho…
En otra parte, en un pequeño escenario que había en el hotel, tres chicas ensayaban animadamente. Aunque las tres estaban más torpes de lo normal hacían un esfuerzo por practicar sus canciones.
Boinae pensaba en lo que pasó con Russel. Estaba demasiado confusa, de verdad lo quería y deseaba verlo pero no pensó en las consecuencias.
-Boinae, ¿estás bien? Todo el rato te sales del ritmo.- Le dijo Litané.
-Ah, sí, es que no tengo demasiadas ganas de ensayar.- La niña se acercó a ella y le dio un cariñoso abrazo. La cantante respondió con ternura, acariciándole el pelo.
Tarántula solo bostezaba, sosteniendo las baquetas débilmente. Le dolía los ojos de una manera realmente horrible pero no dijo nada, no quería preocupar a nadie "por una tontería" o así lo consideraba ella. Sintió que alguien le soplaba la nuca fríamente, se giró asustada, esperando no ver nada, y así fue. Desde que le visitó ese tal demonio, no hacía otra cosa que sentir presencias y ver débiles sombras alrededor de ella.
Estaba realmente asustada. Seguro que ese demonio lo hacía para presionarla y firmar el contrato.
Desde ayer, le rondaba por la cabeza la proposición de Sun Moon Stars. También pensó en Murdoc ¿cómo es que el demonio lo conocía, acaso él también había hecho un trato?
-Pero… él no lo necesita.- Susurró.
Solo hacía un día que Gorillaz llegó a Orlando y había conocido a Expressi0n y ya los dos grupos estaban con la mente alborotada.
Tarántula bajó la mirada para descansar la vista de la luz. Los volvió a abrir y se topó con la mirada de Boinae.
-Estás espantosa. Creo que deberías ir a descansar. Por la noche hablaremos de la cita que tuviste.
La baterista se levantó, estirándose.
-La verdad es que tengo mucho sueño… nos vemos a las cuatro en la piscina.- Y se despidió, pero antes se dirigió a Litané.- ¿Te apetece dormir un ratito?
-¡Sí, sí!
Las dos se fueron y dejaron a Boinae sola, que se quedó ajustando su guitarra. Una vez hecho, tomó una púa y empezó a tocar, sin cantar. Los acordes invadieron aquel espacio vacío, triste. Sin quererlo, la vocalista empezó a cantar una de las canciones del grupo.
Y pareces que no quieres entender
Según tú eras honesto
Por cada paso que das
Todo se va volviendo más oscuro
Ilumíname con tu luz
Pero acaso, ¿tú tienes?
Tocó el estribillo y se animó un poco más. Cantó la canción entera y suspiró, agachando la cabeza para que después, creciera un sentimiento bastante amargo en ella. Todo lo contrario que había sentido al tocar la melodía.
¿Por qué estaba así? Ni ella misma podía identificarlo. Sus ojos se humedecieron y los limpió con sus manos. Estaba tan concentrada en ello, que no se dio cuenta de que Russel había estado ahí, detrás de la puerta, escuchando todo. El afroamericano entró y aplaudió, sobresaltando a la vocalista.
-Ha estado genial, de verdad.- Le felicitó él. Boinae emocionada, dejó la guitarra bruscamente en el suelo y saltó desde el gran escenario, haciendo que su falda tartán se levantara un poco. Sin más, saltó sobre Russel, abrazándolo fuertemente.
-Russel, Russel no me vuelvas a dejar sola.- Le suplicó llorando.- Prométeme que nunca te irás, por favor por favor…
El afroamericano no dijo nada, solo la sostenía mientras le acariciaba suavemente la espalda. Russel despegaba poco a poco a la chica de su cuello.
-No me mires, que estoy fea cuando lloro…- Le dijo sollozando. Russel rió
-Nunca pienses eso.- La cantante se despegó de Russel, para ahora abrazarse a su brazo.- ¿Me vas a contar lo que pasa?
-Simplemente me sentía muy sola. Y entonces apareciste tú. Por favor, no le cuentes a nadie esto…- Dijo con los ojos llorosos. El baterista le acarició el pelo para tranquilizarla.
-No diré nada.- El afroamericano se sorprendió muchísimo cuando la vio llorar, la verdad es que él nunca la había visto así de dolida.
-¿Te apetece ir a mi cuarto?- Le preguntó repentinamente Boinae. Russel se ruborizó.
-Vale…- Dijo simplemente. La cantante tomó de la mano al baterista, que a comparación con la suya, era bastante grande. Lo llevó hasta su habitación.
Pasaron un par de horas, hasta que llegó la hora de la piscina. Noodle convenció a Murdoc de ir, no se sabe como, pero iba a ir. Sería porque hacía mucho calor ese día, o porque Noodle tenía mucho sentido de la persuasión.
Total, fueron a la piscina. La japonesa y el vocalista se metieron en el agua sin dudar, mientras que el satanista se quedó en la tumbona. Russel dijo que iría después. A saber qué estaría haciendo…
-¡Noods! ¿Apostamos a ver quién puede aguantar más debajo del agua?- Preguntó Stu divertido.
-Pero si tú no aguantarías ni tres segundos… además tu salud es muy delicada, mejor que no…
-Vamos, no pasará nada. ¡Una, dos y tres!- Stuart se zambulló llevando consigo a Noodle, que le pilló por sorpresa, pero por suerte tomó aire antes de meterse debajo del agua. Tomó a 2D de la mano, asustada, y abrió los ojos. Vio a Stu con sus ojos negros abiertos de par en par y con una sonrisa en la cara. Se sonrojó completamente.
La japonesa cerró sus ojos. Pero los volvió a abrir cuando sintió que 2D soltaba su mano. Los abrió asustada y volvió a la superficie, dando una gran bocanada de aire. Al no ver al peliazul se asustó, y lo sacó del agua. Tardó en reaccionar, a lo que la japonesa empezó a darle fuerte palmadas en la espalda. Gracias a eso empezó a escupir agua y a toser de una manera descontrolada.
-¡Te dije que eres muy delicado, ¿y si te hubieras ahogado?!- Le gritó Noodle preocupada. Stu no dejaba de toser, se había puesto blanco. La gente de alrededor miraban la escena algo asustados.
2D miró los ojos de Noodle y se tranquilizó un poco.
-Gracias, Noods.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Por estar ahí siempre.- Stu abrazó a Noodle con mucho cariño.- Por cierto, gané yo.- Dijo con una sonrisa.
-Tsk, tonto…- Murmuró Noodle con vergüenza.
-2D, estás muy pálido, ¿ha pasado algo?- Noodle y 2D se giraron, encontrándose con Tarántula y Litané. Sus caras reflejaban preocupación.
-Casi me ahogo pero estoy bien.
-¿Qué? Creo que deberías salir un rato del agua…- Le aconsejó Tarántula. 2D le hizo caso y se tumbó debajo de una sombrilla, tomando algunas pastillas que sacó de la pequeña mochila que trajo. Noodle sin embargo, se quedó con ellas.
-Ya tienes mejor aspecto.
-La verdad es que sí.- Tarántula miró su reflejo en el agua, y después le dio un manotazo, haciendo que su imagen se distorsionara. Noodle y Litané se miraron confusas. Lo dejaron pasar y se fueron a bañar todas.
Después de estar un rato en el agua salieron y tomaron las toallas para secarse. En ese tiempo, entraron Russel y Boinae, que no andaba… demasiado bien. Murdoc la vio y empezó a reírse.
-¿De qué te ríes, idiota?- Dijo con furia la vocalista. El satanista empezó a reír más y más hasta que se le cayeron las lágrimas. Boinae le hubiera dado un puñetazo, pero no estaba en condiciones.
-¡Definitivamente no es bueno tener sexo con Russel!- Exclamó riéndose. El afroamericano tosió de una manera impresionante y Boinae se cruzó de brazos, alzando las cejas.
-Ah, ¿y contigo sí es bueno tener sexo?
-Esa pregunta te la debería de hacer yo a ti.- Respondió Murdoc tumbándose de nuevo en la hamaca.
-Tsk, mira viejo, yo a ti te echo un polvo que ves las estrellas.
-Mejor que me lo eche ella.- Dijo el satanista, señalando a Tarántula. La recién mencionada se dio la vuelta.
-Y a mí para qué me meten…- Susurró avergonzada.
Un rato después, todos se fueron a bañar de nuevo. Tarántula en un ágil movimiento se llevó a Murdoc a un sitio alejado de los demás. Este se sorprendió.
-¿Qué haces, por qué me has traído aquí?
-Shh...- Susurró, poniendo un dedo en los labios de Murdoc el cual sólo se limitó a callar.- Puede que nos esté viendo…
-¿Quién…?
-¡Calla!- Gritó alterada.- Perdona, últimamente estoy muy agobiada. Sólo escucha… verás, ayer en el parque, cuando me dejaste sola…- Murdoc desvió la mirada.- Divisé a alguien… encima de la fuente.
Murdoc ya se olía lo peor. Ese alguien fue Sun Moon Stars. Tomó a Tarántula de los hombros y la acercó un poco a él.
-Escucha tú ahora, que ni se te pase por la cabeza hacer un trato con él porque te joderá de por vida. Te molestará durante un tiempo, no le hagas caso, además ¿Cómo has contactado con él, lo has llamado desde algún Hell Hole?
La baterista negó con la cabeza.
-No tengo ni idea de qué es eso. O sea que, ¿tú ya has hecho un trato?
-Eso no es asunto tuyo.- El satanista soltó de los hombros a la chica. Ella se sobó los hombros, le había hecho un poco de daño.- No te metas donde no te llaman.
-¿Y tú qué? Dices que no haga ningún trato con él. ¿Qué más te da?
-¡Lo hago por tu bien, desagradecida!- Le gritó el satanista, señalándola con el dedo. Después suspiró.- Mira, solo hazme caso.
Helenka agachó la cabeza y asintió. Su pecho no podía estar más oprimido. Ella tenía tantas cosas que pedirle al demonio, sin embargo Murdoc se lo prohibió. Ella simplemente podía no hacerle caso y pasar de él, pero con la seriedad con la que hablaba la hizo echarse hacia atrás.
Murdoc palpó el bolsillo de su bañador y sacó las gafas de sol.
-Toma.
-¡Me las has comprado!- Exclamó feliz.- ¡Muchas gra…!
-¡Por favor no digas nada!- Gritó furioso. La chica calló de repente. Murdoc se fue de su sitio, dejándola sola.
-Desde luego es bipolar…- Y a continuación, se puso las gafas, luciéndolas con una sonrisa.
